6. El Trío Terrible y la historia de la Isla de Oro
- ¡Cara moco!
- ¡Cuatro ojos!
- ¡Estirada!
- ¡Cerda!
- ¡Basta ya de palabrotas, callaos las tres!
Otro día más en la colonia humana de Ponyville y otro día más con problemas. Desde que llegaron siempre habían sido un incordio, pero esta vez estaban llegando a ser incluso peor. Ellas eran Audrey, Joy y Sally, tres niñas revoltosas que no se llevaban bien para nada y se pasaban todo el día peleándose entre ellas. Audrey era la marimacho, pelo corto rojo, ojos verdes y siempre vistiendo más como un chico que como una chica. Joy era la sensata, pelo negro y ojos azules. Y Sally era la femenina: pelo rubio y ojos miel. Las tres no se llevaban bien y nunca se habían llevado bien. Sus familias eran vecinas y por eso se conocían, pero no ayudó en su relación para nada. Asi que imaginaos cuando se decidió que compartirían colonia en Rise por el resto de sus vidas. Su problemática y difícil relación no hizo sino complicarle el trabajo cada vez más a Hope. Suerte que Rainbow, Pinkie y Rarity le echaron una mano, de lo contrario no habría sido capaz de detenerlas. Todas decidieron quedarse cerca para ayudarle si necesitaba algo.
- Chicas, ahora somos una piña. Tenemos que trabajar juntos por nuestro futuro.
- ¡JAMÁS!- dijeron las tres al unísono.
- Al menos han estado de acuerdo en algo- le susurró Rainbow a Rarity.
- Mirad, si lo veis bien, en el fondo no sois tan diferentes. Podéis ser amigas.
- ¡¿Acaso te has vuelto loco?!- exclamó Joy.
- ¿Yo amiga de esta pecho plano y esta estirada?- comentaba Audrey- ¿Y qué más? ¿Una noche de sol?
- Definitivamente no. Además, es mejor estar solo que mal acompañado- dijo Sally.
- ¡Eso debería decirlo yo!
- ¡No creo, porque para eso primero tienes que estar acompañada por alguien!
- ¡Perra…!
- ¡Basta ya!- tomó finalmente la palabra Hope- ¡U os lavaré la boca con jabón hasta que escupáis detergente por las orejas!
Las tres se callaron, algo relajadas. Seguramente la visión del jabón y el agua les hizo pensar.
- Mirad- suspiró Hope- No tenéis por qué ser amigas, pero al menos podríais intentar colaborar.
- Es imposible, Hope- comentó Joy- Jamás vamos a llevarnos bien. No importa lo que pase.
- Si- dijo Audrey- Las personas que son diferentes no están hechas para colaborar. Mira la historia de la humanidad, sin ir más lejos. Mira adónde nos ha llevado.
- Precisamente por eso tenemos que intentar cambiar nuestra forma de ser.
- Mira, sé que te estás intentando mantener unida la comunidad, pero da igual lo que digas: nunca colaboraremos y mientras una esté con la otra aquí, no dejaremos de pelear. Es imposible que un grupo de personas completamente distintas colaboren.
- Venga ya- tomó la palabra Rainbow- Eso no es cierto ¡Díselo Rarity! Recuerda cuando te peleabas con Applejack.
- Sí, es cierto. Yo también me peleaba mucho con Applejack porque somos muy distintas, pero al final descubrimos cómo colaborar*.
- Pero nosotras somos distintas. Y nunca podremos llevarnos bien. Digas lo que digas, eso no va a cambiar.
Hope suspiró, pero una idea se encendió en su cabeza de repente.
- ¿Tú crees?- sonrió él- Pues yo conozco a cuatro personas que no piensan lo mismo.
- ¿Eh?
- ¿Alguna vez habéis oído hablar de los Tres Mosqueteros?
- ¿No dijiste que eran cuatro?
- Es el título de la historia.
- Ah.
Así, Hope decidió ilustrar a las chicas con la historia de Alejandro Dumas. Las chicas acabaron volviéndose muy interesadas por esta historia y más cuando llegó la hora de combatir contra villanos, salvar reinos, vivir aventuras y vivir romances.
- Y así, los Athos, Porthos y Aramis, los Tres Mosqueteros, junto al joven D'Artagnan salvaron a su reino y siguieron siendo un equipo, viviendo aventuras dentro del cuerpo de Mosqueteros, el cual fue reconstruido gracias a ellos. Porque más allá de la justicia, más allá del honor, más allá de la amistad, sólo hay una frase: ¡Uno para todos, y todos para uno!
A lo lejos pudo oir aplaudir a Rainbow y Rarity.
- ¡Bravo! ¡Bravo!- dijo eufórica la pony rosada.
- Simplemente magnífico, querido- comentó Rarity- Esa fue una gran historia.
- Si- dijo Audrey- Pero sigo sin querer ser amiga de estas dos petardas.
- ¡Esa tendría que ser mi frase!- saltó Joy.
Hope se desesperó, llevándose las manos a la cara en gesto de exasperación.
- Me temo que no habéis captado el meollo del asunto.
- ¡Ni queremos captarlo!
Dicho esto, se marcharon.
No obstante, el cuento de Hope sobre los Mosqueteros les inspiró tanto que quisieron saber más de estos cuentos. Las chicas acabaron peleándose por tener los mejores cuentos de la biblioteca y al final casi rompen algunos. Cuando las historias de su biblioteca no fueron suficientes, pidieron permiso a Hope para ir a buscar más libros en la biblioteca de Ponyville y este aceptó, admitiendo para sus adentros que era mejor que leyeran tranquilas a que se pelearan sin cesar.
- ¿Asi que buscáis historias de aventuras?- les preguntó Twilight- ¡Habéis venido al sitio correcto! Tengo justo lo que necesitáis. Todo un clásico.
- ¿Cómo se titula?- preguntó Audrey.
- La Isla de Oro.
- Oooooooh…- dijeron las tres al unísono.
- Si me permitís, me gustaría leérosla.
- Nah, mejor danos un número a cada una.
- Es que sólo tengo este.
- Oh, entonces está bien.
La unicornio se aclaró la garganta y empezó a relatar. En sí, era una historia muy larga, pero se puede resumir en un par de párrafos.
Hace años, cuando la tierra era una y el Océano corría como venas entre los ríos y lagos que cruzaban sus cordilleras y montes rocosos, Equestria estaba sumida en una época paz. Pero al mismo tiempo había un velo sombrío que llenaba la tierra. Grandes riquezas, tesoros escondidos. Tierras inexploradas. Increíbles aventuras. Mundos exóticos… La palabra "misterio" tenía poder, y algunos están atraídos por ese poder. Y fueron en busca de esa aventura. Montados en sus barcos y naves, viento en popa a toda vela, los marineros y bucaneros del mundo zarparon en busca de nuevos destinos y lugares desconocidos. Había nacido la época de los navegantes y exploradores.
Pero con el tiempo en el que fueron creciendo estos exploradores de lo desconocido, también aparecieron sus peores enemigos.
Se les llamaba piratas.
Y los piratas codiciaban poder y riquezas por encima de todo.
El más temible de ellos era el Capitán Flintlock. Flintlock no se conformaba con robar a navegantes, nobles y reyes, conseguía robar incluso a otros piratas. Con el tiempo su leyenda se hizo cada vez más grande y cuanto más crecía esta, más fuerte se volvía él. Su golpe más grande fue cuando robó toda la fortuna de los dvergar, su gran depósito de oro, y se lo llevó a una lejana isla
Pero con el tiempo la avaricia se apoderó de Flintlock y empezó a desconfiar de todos, incluso de su tripulación.
Al final, Flintlock encontró un lugar seguro para su tesoro, una isla abandonada en mitad del Océano. Y cuando finalmente había asegurado su tesoro, lo enterró en una cueva con el resto de su tripulación. Pero el egoísta Flintlock pasó por alto un detalle y es que en el mismo momento en el que enterró a su tripulación la tierra que le sostenía se hundió sobre sus pies y le enterró también a él.
Cuando el Gran Continente se separó hasta quedar en su estado actual, la isla se perdió de los mapas para siempre y la época de los navegantes desapareció para siempre de la historia.
Se cuenta que aún a día de hoy el tesoro descansa tranquilamente en la montaña, esperando que alguien lo encuentre o que palie para siempre la codicia del terrible pirata unicornio Flintlock.
- Guau…- dijeron las tres niñas humanas al unísono.
- Lo más increíble es que esta es una de las cientos de historias que se contaban durante la época de los aventureros navegantes del Océano.
- Espera- saltó Audrey- Entonces ¿es real?
- Una parte de ella sí. Pero lo cierto es que nunca encontraron el tesoro de Flintlock. Pero se cree que su isla está cerca de Ponyville, en algún lugar del Gran Lago Cristalino. No obstante, yo creo que…- para cuando Twilight se giró, las tres pillastres habían desaparecido- ¿Chicas?
Y la unicornio se temió lo peor.
Las chicas se habían tomado caminos distintos, pero habían llegado al mismo pensamiento: ¡un tesoro enterrado!
- Aventuras, emoción, diversión, riquezas, fama…- se decía Audrey
-Y lo mejor: ¡Lejos de Rise, de Hope con sus lecciones de "amistad" y también de esas bobas!- siguió Joy
- Una oportunidad así no se desprecia- pensó para sí Sally.
- Tengo que…
- Conseguir…
- Ese…
- ¡…Tesoro!- dijeron las tres a la vez.
En realidad, no son tan diferentes como creen… (¬_¬U -suspiro-)
Pronto, las chicas se hicieron cada una con un mapa, descubriendo que esa isla estaba bastante cerca pero que era difícil de localizar debido a la densa niebla. Era la Isla de la Bruma, como la llamaban, pero también era la Isla de Oro del Capitán Flintlock. Cada una se hizo con un bote, unas provisiones y una copia del mapa que mostraba la ubicación de la isla. Esa noche, las tres se escabulleron cuando nadie miraba. Esa era su noche, su gran noche especial.
Poco sabían cuánto de especial iba a ser. En cuanto Audrey llegó a la costa, se topó con las demás chicas y todas se sorprendieron.
- ¡¿Qué narices estáis haciendo vosotras aquí?!- preguntaron las tres a la vez.
- ¡Largo, yo he llegado primero!- dijo Audrey.
- ¡Vete a comer tierra, gusano!- se defendió Joy.
- ¡Largaos las dos, yo llegué antes!- gritó furiosa Sally.
- ¡Ni hablar, el tesoro es mío!
- ¿Alguien ha dicho "tesoro"?- preguntó una cuarta voz en la lejanía.
- Pues claro, ¿o qué te crees que es esta isla?
De pronto, las tres se detuvieron en seco y pronunciaron la misma pregunta.
- ¡¿Quién ha dicho eso?!
- Yo- de entre la maleza salió algo parecido a un perro mapache de pelaje revoltoso y color café, pero capaz de hablar y con comportamiento humano. Y algo más alto que cualquier otro ser de su raza.
- ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHH HHHHHHHHHHHH!
- ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHH HHHHHHHHHHHH!
- ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHH HHHHHHHHHHHH!
- ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHH HHHHHHHHHHHH! ¡¿Por qué estamos gritando?!
- ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHH HHHHHHHHHHHH! ¡Un monstruo!
- ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHH HHHHHHHHHHHH! ¡¿Un monstruo?! ¡¿Dónde?!
De pronto todos dejaron de gritar bajando de volumen poco a poco. Se quedaron en silencio mirándose sin decir nada. Por alguna razón, aquella criatura no parecía ser consciente de lo que era… ¿O tal vez si?
- ¿Ya se ha ido?- preguntó este- Es que los monstruos dan mucho canguelo.
- Esto…- empezó Audrey.
- ¿Si?
- Es que… El monstruo eres tú.
- ¡¿Qué?!- de pronto se vio enfadado y giró la cara en gesto de disgusto- ¡Qué infamia! ¡Me has insultado, no pienso volver a ajuntarte!
- ¡Pero si ni siquiera nos conocemos!
- Ah, es cierto. Soy Rig, el perro mapache. Mucho gusto ¡Espera un momento! ¡Si he dicho que no pensaba volver a ajuntarte!
- Rig, déjalo ya- dijo otra voz entre la maleza- Sólo asustas a nuestras invitadas. Estás dando una pésima primera impresión.
- Entonces creo que deberíamos presentarles a la tropa.
- ¡Buena idea! ¡Seguidnos!
Sin comerlo ni beberlo, las chicas fueron arrastradas por el mapache hasta un claro del bosque, donde empezó algo parecido a una representación musical.
Somos la Manada, somos la Manada y este es nuestro hogar
¡Quenadiesecreaquenoshemoscol adoeh!
Somos amigos, somos amigos y nos gusta la diversión
¡Yquenadienosloquitejamás!
- ¡Rig!
- Vale, vale. Ya paro.
Soy Rig el divertido perro mapache
Una forma sutil de decir "infantil"
¡Ey!
Me llamo Mord, el arrendajo. El más increíble soy.
Sí, si…
¡Cállate, Ski!
Yo soy Ski, el orangután. Sed bienvenidas a mi fortaleza de la soledad
Pero si nunca has vivido solo.
Déjame en paz
Donde las dan las toman, je, je, je…
Mi nombre es Marg, la petirrojo ¡Por fin otras chicas con las que hablar!
Yo soy el lirón Ben ¡No rompáis ramas que os la cargáis!
Es un obseso de la limpieza.
¡Te he oído!
Yo soy Elyn, la topo ¡Pienso igual que Marg!
Me llamo Pip, soy un ganso (no, es en serio) ¡Gusto en recibir visitas por fin!
Somos la Manada, somos la Manada y este es nuestro hogar
Somos amigos, somos amigos y nos gusta la diversión
¡Bienvenidas!
Tras una ronda de aplausos, todos acabaron haciendo buenas migas. Lo cierto es que aunque las chicas nunca habían visto a seres como esos en su vida. Tras un rato conversando, las chicas les hablaron del Capitán Flintlock y su gran tesoro, oculto en alguna parte de esa isla en la que se encontraban.
- Caray, yo siempre creí que este era una gran roca muerta- comentó Rig.
- Esta isla solía estar en medio del Gran Océano- le dijo Marg.
- Ah, entiendo. Entonces es una importante gran roca muerta.
- ¿Asi que en algún lugar de este islote hay un tesoro?- preguntó Mord.
- Eso mismo- le contestó Audrey, arrebatándole el mapa a Joy- ¡Y voy a ser YO quien lo encuentre!
- ¡Que te has creído tú eso! ¡Yo lo vi primero!
- ¡Las tres escuchamos la historia al mismo tiempo, cerebro de mosquito!
- ¡La única que prestaba atención era yo! ¡Vosotras dos estabais durmiendo!
- ¡Cállate, tú eres la única que se duerme cuando alguien se explica algo!- saltó en medio Sally.
- ¡Entonces iré a buscarlo yo sola!- gritaron las tres.
- Chicas, chicas- las separó Marg- Tranquilidad. No tiene por qué ser así. Además, esta isla puede ser peligrosa de noche. Mejor vamos todos juntos y luego decidimos cómo repartir las ganancias. Estamos hablando de Flintlock ¿verdad? Seguro que su tesoro es el más grande de todos los Océanos, es riqueza más que suficiente para todos.
- Mmm…
Pese a que el grupo las convenció, las tres niñas seguían sin fiarse la una de la otra. Tras un largo viaje entre la maleza de la selva, a la mañana siguiente el grupo encontró la ciudad pirata fantasma de Flintlock en el centro de la isla, donde les habían contado que todavía estaba habitada… Por fantasmas. Pero no fue hasta llegar al centro de la isla que el grupo descubrió la localización del tesoro de Flintlock. Llegando hasta la montaña del centro.
- Una… Montaña… De… Oro…- dijo Ben, patidifuso.
- Debía ser un auténtico codicioso avaro, el muy pirata- dijo Mord.
- Tengo sed- dijo Joy- Voy a beber algo de agua y luego hablamos del tema.
Pero en el preciso instante en el que la chica bebió de la fuente, la escupió al suelo.
- ¿Qué pasa?- preguntó con sorna Audrey- ¿Demasiado vulgar para vuestro buen gusto, princesita?
- ¡Esto es agua de mar!
- ¿Qué?- la chica pelirroja bebió un poco y luego imitó a su compañera- ¡Es verdad! ¡Qué asco! ¡Esto no hay quien se lo beba!
- ¿Agua de mar?- dijo Mord- Qué raro… Aún no es época.
- ¿Época de qué?
- La isla tiene un ciclo de 140 años y pasa la mitad de ese tiempo bajo el agua debido a que el lecho oceánico se deforma por la actividad volcánica y causa que la isla entera quede bajo el agua. Luego vuelve a la superficie como un corcho.
- ¿Cómo es que habéis sobrevivido aquí con semejante lugar?
- Sólo pasa cada 140 años según nos dijo nuestro rey Samos. Y aún no es la época.
- No sólo hay agua salada en los estanques- dijo Joy- También están filtrándose por las paredes rocosas y montañas y solamente pudo haber llegado por el subsuelo y que la isla está por hundirse más rápido que los cálculos de tu rey.
- ¡No es posible! ¡El rey nunca se equivoca!
- ¡Es un rey, no un dios! Y según mis cálculos debemos tener unos dos días máximo, puesto que el tercero ya lo gastamos ayer.
- Oh-oh.
- Esto es peligroso- dijo Pip- deberíamos volver a la costa.
- ¡Pero si aún no hemos descubierto el tesoro!
- Un tesoro no es tan valioso como nuestras vidas, Audrey.
- Hemos llegado demasiado lejos para echarnos atrás ahora.
- Mira, a mí también me fastidia.
- ¡Qué te va a fastidiar a ti! ¡Acabamos de llegar y ya quieres volver corriendo a esconderte tras las faldas de mamá! Bueno, eso sería si la tuvieras una…
- ¡Retira eso!
- No.
- ¡Que lo retires!
- Sólo he dicho la verdad.
- ¡No fue la misma verdad que utilizaste para decirte a tu papá que no te dejara porque fue culpa tuya que se fuera con otra mujer aparte de tu madre!
Entonces Audrey le dio un puñetazo a Joy con todas sus fuerzas, haciendo que cayera de espaldas. Joy devolvió el golpe y siguieron peleándose a lo bestia con golpes, heridas y demás.
- ¡Perra!
- ¡Guarra! ¡Por eso se fue tu padre!
- ¡Y tú no tienes mamá porque nunca te quisieron de verdad!
- ¡Basta ya las dos!- las separó Marg- ¿Estáis locas? ¡Os vais a matar!
- ¡He tenido suficiente de todo esto! ¡Me voy a buscar el tesoro yo sola!
- ¡Pues vale, muérete y danos el beneficio de perderte de vista para siempre, pero no me arrastrarás contigo!
- ¡No te quiero cerca de mí, bruja! ¡Dame eso!
- ¡El mapa es mío!
- ¡Y un cuerno!
- ¡No, yo lo necesito más!- saltó Sally- ¡Idos las dos, yo me llevaré a mis nuevos amigos conmigo!
- ¡Claro, serán los únicos que tengas! ¡Porque no tienes ni padres!
- ¡Piérdete, cara pedo!
De tanto tirar, el mapa acabó roto en tres pedazos.
- ¡Mirad lo que habéis hecho!
- ¡Esto es culpa tuya!
- ¡Es tuya!
- ¡Vete, muérete y déjame en paz de una vez!
Dicho esto último entre las tres, todas se fueron por caminos distintos. Sally cogió a la Manada y se metió en la maleza, camino hasta su bote, mientras Joy se iba tras el suyo y Audrey se fue a por el oro.
Joy caminó enfadada en dirección a la costa, esperando volver cuanto antes donde Rise. Par de estúpidas… A quien le importa. Si se daba prisa, llegaría antes de que nadie lo notara y quedaría completamente exculpada de la desaparición de las otras dos. Revisó su mapa para ver si su dirección estaba bien, pero cuando revisó el mapa vio que la parte que tenía indicaba el camino del centro, no de la costa… Y mucho menos la zona donde estaba su bote. Seguramente esa parte la tendría alguna de las otras dos. Resignada, se fue dondequiera que estuviesen Audrey o Sally a buscar su parte del mapa antes de que amaneciera. Si es que llegaba a amanecer antes de que la isla se hundiera.
Audrey consiguió llegar hasta lo alto de la montaña gracias a la escasa pendiente y cuando echó un vistazo a lo alto del volcán, vio un montón de oro derretido juntado con joyas y demás tesoros.
- Pellízcame, estoy soñando… Mejor pensado, que nadie me pellizques. Sólo necesito un pequeño trozo de este oro y seré famosa y rica para siempre…
Pero en el preciso momento en el que se acercó con una rama para impregnarla del metal precioso, algo surgió de entre las rocas. Y cuando Audrey alzó la vista para ver que era, gritó a pleno pulmón.
En la selva, Sally estaba construyendo una balsa improvisada a toda prisa con la ayuda de la Manada.
- ¿No crees que te has pasado un poco con ellas?- preguntó Mord.
- Es su vida, allá ellas y que se pudran.
- Desde mi punto de vista, son las tres las que se han pasado demasiado- le susurró Ben a Mord.
- ¡Ey!- de entre la maleza surgió la niña morena.
- ¡Joy! ¡Me alegro de que estés bien!
- Gracias, Marg. Pero no me quedaré mucho- se giró a Sally- Dame tu mapa.
- Tú ya tienes el tuyo.
- No me muestra la ubicación de la costa. Déjame ver si el tuyo sí.
- Piérdete.
- ¡Óyeme, mocosa! ¡Dame ahora mismo ese mapa!
- ¡No quiero!
- Allá vamos otra vez…- se quejó Ben.
- ¡Basta ya las dos!- las interrumpió Marg- ¡Discutir, discutir, discutir! ¿Es que no sabéis hacer otra cosa? Menudas amigas estáis hechas.
- ¿Amigas?- rió Joy- ¿Yo y esta cría? Que gracia. No somos amigas, nunca hemos sido amigas y jamás lo seremos. Todos usáis esa palabra con tanta ligereza. Amigos, amigos, amigos… ¿Quién los necesita?
- Creía que nosotros éramos amigos.
- Pues creías mal. Nos acabamos de conocer, nos hemos echado unas risas y ya está. Eso es todo. Eso no nos hace amigos.
- ¿Cómo puedes ser tan cruel?
- ¡¿Cruel yo?! ¡¿Acaso yo he dejado tirado a alguien?! ¡Yo no he abandonado a nadie! ¡Estoy encerrada en una colonia con todos los niños que solían abusar de mí, pero no abandoné a nadie como mi mamá! ¡Todos actúan ahora como una gran comuna de hippies, como si nunca nada hubiera pasado, pero ellos se reían de mí sin parar!
- Joy…
- ¡Y luego mamá me abandona! ¡Pero me da igual, he aprendido la lección: no te preocupes por nadie más que tú mismo! ¡Esa es la gran lección de la vida, cómo hizo mi mamá!
- No, eso no es así…
- ¡¿Tú crees que lo estás pasando mal sólo por eso?! ¡Al menos te prestan atención! ¡Nadie se fija en mí porque a nadie le interesa una huérfana inútil!
- Chicas…
De pronto, las dos se quedaron mirándose y por un segundo una se metió en el lugar de la otra. Era algo nuevo, algo raro. Algo llamado empatía y misericordia. El sentimiento que muchos en su tierra habían olvidado durante la guerra.
Pero antes de que pudieran saborearlo mejor, apareció Audrey pegando gritos. Tras un rato, se detuvo y miró a todos.
- ¡El Capitán Flintlock se ha levantado de su tumba y viene a buscarnos!
- ¿Qué?- preguntó Mord con el entrecejo fruncido.
- Supongo que no esperarás que…- pero Joy no pudo terminar su frase, ya que un fantasmagórico unicornio con ropajes de pirata apareció justo detrás de la pelirroja dando alaridos terroríficos- Vale, olvídalo. Tienes razón ¡CORRED!
Todos obedecieron esa demanda, pero pronto se les acabaría el camino y no tendrían adónde ir al acercarse a un risco. Todos se hicieron una piña.
- Estamos atrapados- dijo desesperado Mord.
- ¡Esto es genial, simplemente genial!- se lamentaba Audrey- ¡Voy a morir junto a una panda de animales antropomórficos y dos paletas humanas! ¡No hay nada peor!
- ¿A quién llamas tú paleta?- se quejó Joy.
- Chicas, no es el mejor momento para…
- ¡Te digo a ti, energúmena sin madre!
- ¡Eres una…!
- ¿Una qué? ¡Dilo! ¡Venga, dilo! ¡Te mueres de ganas por decirlo! ¡"Eres una hija no deseada"! ¡Dilo! ¡Dilo si tienes bemoles! ¡Ya me da igual! ¡Sí, es cierto, mis padres no me querían y por eso me mandaron con mis tíos! ¡Y luego ellos me abandonaron cuando me sacaron el poco dinero que me dieron mis padres! ¡¿Y qué?! ¡Yo no lo elegí! ¡Yo no elegí nada de esto!
Todos se quedaron en silencio de pronto hasta que Ben tomó la palabra.
- Escuchad, chicas. Sé que ninguna de vosotras ha tenido una vida fácil, pero eso es precisamente lo que os hace amigas.
- ¿Qué estás diciendo? Eso no tiene sentido.
- Os odiáis las unas a las otras porque os veis reflejadas. Veis todo el dolor y miedo que habéis pasado y por ello os despreciáis. Pero es precisamente por todo lo que habéis pasado que podéis confiar la una en la otra. Porque no deseáis que se repita de nuevo.
Todas se miraron y luego compartieron una tímida sonrisa.
- Chicas- dijo Mord- Esto es muy tierno y todo eso, pero nos sigue persiguiendo un fantasma loco que seguramente nos mate por profanar su isla.
- Eso lo veremos- dijo desafiante Audrey- Escuchad, tengo un plan.
Al rato llegó Flintlock, seguido de cerca por toda su tripulación. Al llegar encontraron a sus invitados no invitados.
- ¡Marineros de agua dulce!- les maldijo- ¡Voy a pasaros a todos por la quilla por intentar robar mi tesoro, polizontes! ¡Vuestras almas son mías!
Cualquiera en esa situación estaría muerto de miedo, pero las chicas tenían un plan. Recordando las aventuras de los Tres Mosqueteros, las chicas se disponían a enfrentar al pirata fantasma con la misma técnica que usó D'Artagnan cuando llegó a París: retando a quien se interpusiera en su camino.
- ¡Capitán Flintlock, te reto a un duelo de espada!
Ante estas palabras, todos los fantasmas rompieron a reir en carcajadas.
- ¿Qué pasa? ¿Tienes miedo, fantasmita?
Pero al oir esa frase las risas se apagaron al instante.
- ¿Encima te burlas? Niña, tu vida va a ser muy corta. Acepto ese duelo.
- ¡Un segundo!- saltó Joy- ¡Yo también demando un desafío ahora!
- ¡Y yo, y yo!- la siguió Sally.
La banda de piratas se sintió algo desconcertada por estas afirmaciones, pero Flintlock no tenía dudas.
- Muy bien, pelearé contra vosotras tres a la vez. Y así haremos tres tumbas por adelantado.
Entonces el capitán adquirió forma física e hizo aparecer cuatro espadas usando su magia: una para él y las otras tres para las niñas.
- Recoged vuestras armas, pequeñas.
Todos rieron al ver a Audrey forcejear por recogerla, pero esta luego le guiñó un ojo a Sally y esta se lo devolvió a Joy, quien a su vez también se lo devolvió a Audrey. Entonces la pelirroja consiguió arrancar la espada y lanzarla por los aires, haciendo que todos se quedaran mirando al objeto. Pero cuando este cayó al suelo y no vieron a nadie donde antes estaban los polizontes de Flintlock. Todos se quedaron de piedra mientras el viento soplaba.
- ¡Idiotas!- les gritó el capitán pirata a sus tripulantes mientras regresaba a su forma fantasmagórica- ¡Nos han engañado! ¡Encontradlos ahora!
Todos se pusieron en posición de firmes y se dividieron para cubrir terreno.
- La vieja táctica de distraer y huir- dijo Joy con cierta decepción mientras caminaba con el resto hacia el bote- Que vergonzoso.
- No somos expertos en espada, asi que había que improvisar- le contestó Audrey- ¿O preferías quedarte a pelear con él?
- No, gracias.
- Bueno, mejor volvamos antes de que Hope nos empiece a echar en falta- añadió Sally.
- Si, seguro que si nos descubre nos castiga.
- ¿Quién es ese Hope de quien habláis tanto?- preguntó Pip.
- Es nuestro protector- dijo Joy.
- Nuestro líder- añadió Sally.
- Y a veces actúa como un padre- terminó Audrey.
- Es muy listo, muy fuerte…
- Y muy cariñoso.
- Y él solo derrotó a un malvado que quiso destruir nuestro hogar… Bueno, tuvo algo de ayuda por parte de sus amigos también, asi que no lo hizo solo del todo precisamente.
-Vaya, vaya- dijo Pip- Es bueno saber que tenéis a alguien que os cuide.
- Si- dijo Mord- Siempre es bueno tener a un padre a tu lado.
- ¿¡Q-!? ¡Hope no es nuestro padre!
- Ya sabes a qué me refiero.
En esencia, ellas lo sabían, pero para Audrey era algo vergonzoso. Nunca había tenido algo parecido a un padre antes… Cuando volviera, iba a contarle estos sentimientos a Hope cuando estuviera lista sobre qué era él para ella. De pronto la tierra tembló, haciendo que todos casi cayeran al suelo. La tierra empezó a abrirse sin control y de entre las rocas salieron mares de agua sin parar.
- ¡La isla se hunde!- gritó Ben.
- ¡No es posible!- le dijo Joy- ¡Aún tenemos dos días!
- ¡Chicos, mirad!- exclamó Sally- ¡El volcán…! ¡El volcán ha estallado!
- ¡Mi tesoro!- se lamentaba Flintlock- ¡Mi preciado tesoro! ¡Maldita naturaleza, no te llevarás mi tesoro! ¡Es mío! ¡Mío! ¡Sólo mío! ¡Recuperadlo, bribones!
- ¡Pero señor, la isla se hunde! ¡Es imposible…!
- ¿¡Acaso quieres morir por segunda vez, alférez!? ¡Haz lo que te digo! ¡Rescatad mi tesoro! ¡Mi tesoro!
Pero antes de poder hacer nada, ríos de oro derretido se esparcieron por la superficie de la isla, llenándolo todo al instante.
- ¡No! ¡Se derrama! ¡Se cae! ¡Se pierde! ¡Mi tesoro se hunde! ¡NOOOOOOOOOOOO!
Y al final la tripulación se hundió con él cuando el suelo se derrumbó sobre sus pies, sin posibilidad de escape.
- ¡La erupción debe de haber afectado a las placas tectónicas de la isla y se derrumba por ello!- gritó Joy para que la oyeran entre el ruido.
- ¿¡Dónde vais cuando esto sucede!?- preguntó gritando Audrey a Mord.
- ¡Cuando eso pasa solemos tener tiempo para refugiarnos en el único pedazo de tierra que queda sin sumergir, pero es la primera vez que veo un hundimiento tan violento! ¡Dudo que quede nada cuando se hunda!
- ¡Pues entonces a los botes!
Las tres niñas y la Manada habían tomado su decisión, pero por desgracia los botes con los que ellas llegaron hasta la isla fueron tragados por el duro oleaje formado por el temblor de tierra. La isla sigue derrumbándose y todo parece perdido. El equipo se reúne alrededor de un peñasco que aún no ha caído mientras ve ante ellos el desolador espectáculo.
- ¡Vamos a morir!- gritó Rig.
Las niñas, por su parte, empezaron a llorar.
- Mamá…- dijo Sally- ¡Mamá!
- ¡Papá!- lloró Joy.
Ojalá yo tuviera a quien llamar, pensó Audrey mientras veía a sus amigas desesperadas. Sabiendo que es el final, todos se abrazaron en gesto de reconciliación para al menos irse con la conciencia tranquila. Entonces Audrey sólo pensó en un nombre que gritó a pleno pulmón a los cielos mientras lloraba.
- ¡HOPE!
Entonces, como creada por un milagro, apareció un cohete rojo con número negros y tres reactores. La cara de Audrey se iluminó al ver a su vieja amiga.
- ¡Es la Nadezhda!- gritó.
La compuerta se abrió de par en par, revelando allí al joven rubio, quien lanzó una cuerda hasta sus rescatados.
- ¡Cogeos a ella!- gritó.
Todos obedecieron y subieron sin dudarlo al vehículo que era su salvación mientras veían a lo lejos cómo la isla se hundía.
Una vez abordo, las chicas se esperaban un buen rapapolvo por parte de Hope, quizá una bofetada o unos azotes, aunque Hope no era muy de levantar la mano. Las tres se pusieron delante de él y justo cuando cerraron los ojos para recibir la zurra Hope las abrazó a las tres.
- Tontas, me habíais asustado- dijo solamente.
Las tres niñas se abrazaron a Hope y rompieron a llorar de alegría y arrepentimiento, pidiendo disculpas sin parar. Pasado ese momento, Hope les secó las lágrimas y volvió a los mandos de la nave, donde luego admitió a las niñas:
- En cuanto lleguemos a Rise estáis castigadas a lavar platos por una semana.
- ¿¡Eh!?- gritaron las tres.
- Es vuestro castigo por desobedecerme.
- Pe-pe-pero…- dijo patidifusa Audrey.
- Ni una palabra más.
Resignada, esta bajó la cabeza junto a sus amigas.
- Devuélveme a la isla.
Las tres asintieron entre las carcajadas de la Manada, quienes luego se identificaron ante el humano.
Al día siguiente, la Manada se marchó en busca de un nuevo hogar gracias a la ayuda de Twilight. Tras la peligrosa situación por la que han pasado las chicas, estas acabaron volviéndose amigas, pero los consiguientes días no dejan de ser un puñado de revoltosas que siempre están buscando aventuras y problemas (más de una vez involucrándose con las CMC, con quienes hicieron buenas migas e incluso les divirtió cuánto se parecían con ellas).
- He creado un monstruo- le dijo Hope a Twilight.
- No es tan malo.
- No, es peor: He creado un trío de monstruos terribles.
- ¡Ey!- dijo Audrey a sus amigas al escuchar a lo lejos a Hope- ¡Ese es un buen nombre para nuestro grupo!
- ¿Nombre?- dijo Sally
- ¡Las Crusaders tienen también un nombre para su grupo, asi que nosotras también debemos tener uno!
- Me parece bien, pero… ¿Qué nombre es ese que has oído?
- ¡Desde hoy nos llamaremos el Trío Terrible!
Entre alabanzas y ánimos, las tres niñas humanas se vitorearon mutuamente y chocaron las manos al unísono.
* Ver el episodio 8, "Look Before You Sleep", de la Primera Temporada de My Little Pony: Friendship is Magic
