7. El Recodo de los Fresnos Susurrantes y el Guardián del Gran Roble
Según los pronósticos del centro meteorológico de Cloudsdale, habría en Ponyville una fuerte nevada durante los siguientes siete días, siendo el último día la última nevada del año antes de empezar oficialmente a recoger el invierno como era costumbre allí. Por supuesto, Rise iba a ayudar también en todo lo que pudiera y algunos estaban impacientes por empezar. Pero ese no era el problema que llamaba la atención en el pueblo. Todavía quedaban siete días, pero las reservas de madera para esos días estaban agotadas y muchas casas no tenían cómo sobrellevar estos últimos días de invierno polar. Nadie sabía qué hacer.
En Rise, todos soportaban el frío gracias a su gran reserva de energía ilimitada, por lo que estaban dispuestos a dar cobijo a quién lo pidiera, aunque incluso ellos tendrían un límite que espacio hasta con la tecnología de espacio plano. Sólo podían tener activos una serie de almacenes de este tipo y si abrían uno de más corrían el riesgo de que otro se cerrara y desapareciera (imagínate que desapareciera con gente dentro).
Ante la escasez de madera, algunos habían ido a buscarla, pero volvían con las manos vacías. Helga era consciente de esta pérdida y decidió que era hora de tomar una decisión. Así tal vez también los habitantes de Ponyville aprendieran a aceptarla también. Sin pensárselo más, se ofreció voluntaria para ir y tras varias negaciones de Hope finalmente partió hacia un lugar apartado junto a un hacha y unas provisiones que debían durarle una semana. La idea era que cogiese toda la madera que pudiera y la llevara al pueblo. Por desgracia, Helga olvidó algo muy importante:
- ¡Me he perdido!
Efectivamente, no era nada buena con los mapas e indicaciones. Pero había algo en lo que tampoco era precisamente buena: el rendirse. Siguió caminando y caminando por los páramos nevados tomándose alguno que otro descanso para recuperar fuerzas hasta que algo realmente raro pasó: de repente llegó a un lugar donde la nieve no caía. No había ni un trozo y por alguna razón hacía hasta calor.
- ¿Acaso este sitio es como el Everfree?
Tampoco había muchos animales y lo cierto es que muchos parecían amistosos como los de Ponyville. Helga se cruzó de hombros y decidió que ese era un buen lugar para empezar a recolectar. Sin pensarlo más, cogió su hacha y fue a buscar el árbol más cercano. Por suerte estuvo ayudando a su padre a talar árboles en Canadá desde los catorce años y eso le daba mucha experiencia en la materia y unos brazos fuertes, aunque no lo bastante musculosos para que parecieran los de una culturista, una gracia que su viejo siempre le repetía. El árbol tampoco era muy grueso, como todos los del lugar, por lo que tras unos cuatro golpes cayó al suelo inerte al grito de la chica con mechas de "¡Árbol va!". Luego arrastró el tronco hasta un sitio que eligió como refugio, donde empezar a cortarlo para poder transportarlo mejor hasta el pueblo. Pero de repente nota que algo sujeta su brazo y al mirar al suelo para ver qué era oyó una voz.
- ¡Oye!
- ¡AH!
Cuál fue su sorpresa cuando encontró al causante, una criatura bajita toda cubierta de un pelaje rojo-anaranjado con pobladas cejas y mostacho ambos de color crema que vestía un sombrero de copa y una bufanda, ambas marrones.
- ¿Eres tú quien ha cortado este árbol?
- Si…
- ¡Fuera! ¡Recoge tu hacha y lárgate de aquí!
- Ya… Y tú eres…
- ¡Eso no te incumbe!
- Vale, pues ya que no me dices quién eres tampoco tengo por qué tomar en cuenta tu autoridad.
- ¡Soy Leroy Bagginz, Guardián del Gran Roble y protector del Recodo de los Fresnos Susurrantes! Que, por cierto, es el bosque que estás talando.
- Guau, que pedazo de título que gastas… Sería más impresionante si pudiera entender qué significa.
- ¡Significa que este es mi hogar, el hogar de los pocos seres pacíficos del Everfree! ¡Y lo estás talando, especie de…! ¡Cosa!
- ¡Oye, oye! ¡Que yo no te he insultado!
- ¡Y mejor que no lo hagas!
- Mira, lo siento por talar tu querido árbol. Pero Ponyville necesita madera para el invierno.
- ¡Ellos ya tienen su suministro de madera!- bufó- ¿Qué pasa, que no les basta?
- Se ha acabado.
- ¿Cómo?
- Que se ha acabado. Kaput. Finit. Over. Se acabó. Se terminó. Adiós a la fiesta. Y la madera. Por eso he ido a buscar más. Yo y mis amigos les estamos haciendo sitio en nuestra casa, pero pronto no quedará sitio para todos y el frío pronto se volverá insostenible.
- Pero eso es imposible. El Gran Roble no puede quedarse sin madera.
- ¿Qué es ese Gran Roble del que hablas tanto?
- Es un árbol muy especial. Un árbol mágico que regenera sus gruesas ramas cada vez que son cortadas. Este árbol ostenta de toda la madera que los ponies necesitan para construir sus casas y al mismo tiempo sobrevivir al invierno.
- ¿En serio? Caray, con eso se tendría madera eterna para siempre.
- Exacto. Pero es imposible que se les haya acabado.
- Mira el pueblo, desde aquí se ve. Todos se van porque hace demasiado frío y no les queda con qué calentarse.
- No… No es posible. Esto no es bueno… ¿Quizás le ha pasado algo al Gran Roble de Ponyville?
- ¿Qué farfullas?
- Tengo que ir a ver al Gran Roble local cuanto antes.
- Vale, vamos.
- ¿Qué te hace pensar que tú vienes?
- Los habitantes de Ponyville son mis amigos. También tengo el derecho de ayudarles. Y voy a hacerlo. Ya puedes partirme en dos, no pienso parar.
Y sin decir más, se puso en marcha.
- Esta niña es más cabezota que una mula… ¡Eh! ¿Sabes siquiera dónde queda el Gran Roble?
De pronto, la chica se detuvo y luego se giró hacia a Leroy para encogerse de hombros. Leroy suspiró cansinamente.
- Entonces deja este trabajo a los profesionales, señorita.
- Ponyville también es mi hogar. Tengo tanto derecho a protegerlo como el que más.
- Bien, escúchame. Te eximiré del cargo de cortar este árbol del Recodo cuando hayamos llegado al fondo de la cuestión y cuando el Roble esté curado.
- ¡Entendido!
- Pongámonos en marcha.
- ¿Y cómo sabremos si el Roble está mal?
- Créeme: lo sabremos. Es muy expresivo.
La joven arqueó una ceja ¿Qué había querido decir con eso?
Caminaron entre el frío con lentitud ante la intensa nevada y tras atravesar el manto blanco consiguieron llegar hasta el lugar donde se hallaba el Gran Roble: un tranquilo claro cerca de los bosques de Ponyville. Allí se alzaba un enorme tronco tan grueso como un rascacielos y tan alto como una antena de comunicación de Nueva York que Helga dedujo era el Gran Roble. Y era obvio que algo malo le pasaba: el árbol se ha marchitado casi totalmente, sus ramas ya no son ni tan gruesas ni tan fuertes como parecían y su corteza era de un color cenizo apagado.
- ¡Ay, no! ¡Esto es una catástrofe! ¡El Roble está siendo envenenado!
- ¿Envenenado?
- ¿Qué pasa, aquí hay eco o algo? ¡Eso he dicho: envenenado! Algo tiene que estar matando sus raíces ¡No hay tiempo que perder! Revisa bien el tronco, tenemos que encontrar dónde está el daño o los ponies no volverán a tener madera para sobrevivir a este invierno jamás.
- Sin presión ¿eh?
Ambos rodearon todo el tronco mirando por la corteza de arriba abajo hasta que algo llamó la atención de Helga. Era una sustancia viscosa, negruzca y espesa, parecida al petróleo. Pero no olía a nada.
- Leroy, creo que tienes que ver esto.
- ¿Qué es?- en cuanto el Guardián se acercó, dio un respingo como impulsado por un resorte- ¡Por todas las arboledas sagradas! ¡Aléjate, muchacha!- empezó a empujarla sin darle tiempo a decir nada- ¡Atrás! ¡Ahora!
- ¿Pero qué pasa?
- ¡Es un Guismo!
- ¿Un qué?
- ¡Pero bueno, jovencita! ¡¿Es que no sabes nada?!
- ¡Sobre la fauna de este mundo no!
- ¡Pues tu padre debería enseñarte algo sobre este mundo para que estuvieses al tanto!
- Mi padre no está. Sólo tengo a Hope y la colonia.
- ¿Hope? ¿Me estás diciendo que llamas a tu pariente por su nombre pila?
- Hope no es pariente mío. Sólo mi guardián.
Al oírla, Leroy se puso serio de pronto.
- Ah. Vaya…
- Déjalo- la joven chica de mechas se giró a otro lado y luego miró hacia la raíz donde estaba incrustado el ser- ¿Cómo sacamos a ese bicho de ahí?
- Es… Difícil. Un Guismo es una especie de espíritu malvado de la destrucción salido del Tártaro que devora la vida tanto orgánica como vegetal. Los mata poco a poco y son muy buenos escondiéndose; pueden pasar meses ocultos a la vista de todos sin que nadie se dé cuenta, asi que sin duda debe de haberse escondido en la tierra para chupar la vida de las raíces del Roble.
- ¿Y cómo lo sacamos?
- Mmm… A ver…- el pequeño ser revisa la zona y encuentra una de las ramas del Gran Roble en una especie de almacén de madera que recoge- Creo que esto puede funcionar. Usaremos esta rama para que me siga al Recodo. Una vez allí, me encargaré de él.
- Pero ¿Qué pasará con tu hogar?
- No dejaré que le pase nada. Ahora atenta.
Lentamente, Leroy acercó la rama al ser gelatinoso y empezó a tocarlo como si de un bicho muerto se tratara.
- Ven, guismito, guismito, guismito… Mira lo que tiene para ti el bueno de Leroy.
En seguida, el Guismo se pegó a la rama y salió entero, mostrándose como una especie de ser gelatinoso con forma de babosa.
- ¡Ajá! ¡Ha picado! ¡Vamos, rápido al Recodo!
Una vez allí, Leroy pegó al ser al tronco talado.
- Al estar muerto el árbol, el Guismo no podrá alimentarse de él. Pronto desaparecerá y volverá al Tártaro, donde debe estar.
Pero algo pasó de repente, pues el Guismo dejó de moverse de inmediato.
- Oh-oh.
- ¿"Oh-oh"? ¿Qué quieres decir con "Oh-oh"?
- Se ha dado cuenta del engaño.
- Eso es malo, ¿verdad?
De repente la criatura se agitó, pasando de ser una babosa a una gran masa gelatinosa más alta que antes, oscura y sin forma fija, aunque la masa parecía tener una cabeza con boca y dos ojos pequeños, de color claro brillante. Parecía tomar la forma de un ajolote.
- Mucho.
- Ya lo veo.
De pronto, del cuerpo del Guismo salieron unos tentáculos que intentaron golpear a los dos compañeros, quienes saltaron hacia un lado para escapar.
- ¡Corred!- le gritó Leroy al resto de los animales del Recodo- ¡Corred muy lejos! ¡Alejaos de él lo máximo que podáis u os comerá a todos!
Todos obedecieron y salieron corriendo presa del pánico. Leroy, por su parte, sacó de su sombrero una red con la cual intentó atrapar al Guismo, pero fue inútil y acabó escapando entre los huecos de la red.
- Maldición. Dichosa forma gelatinosa inmaterial…
De pronto, el ser empezó a absorber los árboles cercanos, devorándolos a todos los que encontraba uno a uno.
- ¡No! ¡Que pare! ¡Hay que pararlo o todos los animales se quedarán sin hogar!
- Deja. Yo le distraigo y tú lo atraes a otro sitio.
- ¡No! Es imposible vencer a un Guismo directamente, niña. Te matará.
- ¿Se te ocurre alguna otra cosa?
- A mí si- dijo una tercera voz a su espalda.
Los dos se giraron para ver quién hablaba. Cual fue la alegría de Helga al ver a su amiga unicornio.
- ¡Twilight!
- ¡No hay tiempo para hablar! ¡Toma esto!- le tira un cristal blanco con forma hexagonal, el cual la chica humana cogió al vuelo- ¡Y tíraselo a ese Guismo!
Obedeciendo las indicaciones de la unicornio, Helga tiró el cristal a la criatura, provocando que un gran resplandor llenara el lugar y el Guismo desapareciera dejando solo el cristal, el cual cayó inerte al suelo.
- ¿Dónde está?
Twilight usó su magia para hacer levitar el cristal, mostrándoles a todos a la criatura, encerrada dentro del cristal.
- Tranquilos, es inofensivo ahora. Estará encerrado aquí hasta su traslado de regreso al Tártaro. Bien hecho, Helga. Gran trabajo.
Los siguientes días en los que pasó la ola de frío, el Gran Roble de Ponyville recuperó su vida poco a poco gracias también a los buenos cuidados de los ponies, con lo que recuperaron su suministro de madera infinita, aunque primero se aseguraron de que estaba lo bastante bien como para poder talar madera de sus ramas. Cuando la nieve se asentó, todos en Rise colaboraron con Ponyville en la tarea de recoger el invierno y entre todos pasaron un apacible día para dar la bienvenida a la primavera. Helga, por su parte, recibió muchas felicitaciones de parte de todos, Hope incluido, quien además también la regañó un poco porque pensaba que necesitaba dejar de seguir actuando por su cuenta en lugar de en equipo, pero la perdonó admitiendo que puede olvidarlo si ella aprendía a colaborar más en equipo con Rise de ahora en adelante.
- Bueno, bien está lo que bien acaba.
- ¡Habla por ti, pipiola!- gruñó Leroy, quien apareció de repente a su lado, sobresaltándola.
- ¿Quieres dejar de hacer eso?- se quejó ella, quien se levantó enseguida- ¿Qué quieres? ¿Y por qué estás todavía aquí?
- Verás, el Guismo se comió unos cuantos árboles de mi querido Recodo. Asi que me he visto obligado a mudarme a otro sitio junto a mi bosque para rehacerlo.
- ¿Mudarte?
- Si, es uno de mis poderes como Guardián. Puedo rehacer el Recodo a voluntad dónde quiera. Viene conmigo a todas partes si quiero.
- Vaya, que práctico…- de pronto, un pensamiento terrorífico cruzó por la mente de la chica con mechas- Espera. No me digas que…
- Ah, veo que te has percatado. Puesto que también eres responsable de haber destruido en parte un poco del Recodo, tienes que hacerte responsable. Por ello veo lógico que acojas a los animales y a mí en tú hogar.
- ¡¿QUÉ-QUÉ?!
- Tranquila, no ocupamos mucho espacio.
- ¡Olvídalo, viejo! Además, este no es sólo mi hogar. Si planeas quedarte, tienes que pedirle permiso a nuestro líder, Hope.
Entonces, el rubio apareció de repente, como si le hubieran invocado de la nada.
- ¿Me llamabas?
- Ah, justo a tiempo. Hope, dile algo.
- ¿Asi que tú eres Leroy Bagginz?
- El mismo.
- Dice que piensa mudarse aquí junto a su bosque.
- Es un pequeño Recodo de nada…
- ¡Dile algo!
El rubio miró a Leroy y luego a Helga, de nuevo a Leroy y le tendió a este último la mano.
- Bienvenido a la comunidad de Rise, vecino.
- Oh, qué agradable- contestó el ser devolviéndole el saludo a Hope- Muchas gracias, joven. Tranquilo, respetaremos vuestro espacio. Y mis amigos animales son de lo más simpáticos y apacibles. No atacarán a nadie.
- Pe-pe-pe-pe-pero…- masculló una estupefacta Helga.
- Podéis levantar vuestro hogar dentro del círculo de protección que hemos creado aquí dentro, entre el anillo que mantiene alejados a los animales peligrosos del Everfree. Así nos cercioramos de que no haya peligro.
- Será un placer. Muchas gracias. Disculpadme un momento.
Dicho esto, se alejó un poco de ellos para palmear un par de veces, invocando de la nada una larga ristra de árboles y maleza que recordaba a la selva negra alemana. Y también un pequeño montículo al frente donde se encontraba dentro de este una casa que recordaba a los agujeros de los Hobbits. Sin duda, el hogar de Leroy.
- Espero llevarme bien con todos. Bueno, tengo unas cosas que ordenar, asi que con vuestro permiso yo me retiro ¡Nos vemos, vecinos!
Hope miró a Helga, quien dejó su expresión de pasmo para poner cara de póker mientras miraba fijamente al rubio.
- ¿Esto es alguna especie de castigo por no colaborar en equipo con Rise?
- Que va. Es el castigo por talar uno de los árboles de su recodo. Acostúmbrate, algo me dice que va a estar mucho tiempo por aquí haciéndonos compañía.
Dicho esto, se alejó. Helga puso cara de resignación.
- Que suerte la mía.
