En primer lugar, mencionar a Capde ya que para el capítulo anterior me inspiré en un capítulo suyo.

Gracias por todos los comentarios y por dejar vuestra opinión sobre hacer un salto temporal. Lo haré dentro de tres o cuatro capítulos para dejar como concluida esta parte. Y gracias por las ideas que me dais, no os preocupéis, que pondré alguna de las escenas que me estáis pidiendo ;)

-Por favor, estate quieto, Jaime – le pidió su madre una vez más.

-Creo que lo que quiere es coger el regalo de Jena que lo he dejado al lado de la puerta – dijo Castle.

Castle y Beckett se estaban preparando para ir a la fiesta de cumpleaños de Jena, la hija de Ryan, que cumplía tres años, pero se estaban demorando más de lo previsto ya que Jaime estaba de lo más revoltoso.

Kate, tenía a su hijo entre las piernas ya que ya se sostenía de pie, aunque agarrado siempre a algo. Estaba intentando peinarle unos pelos que se le habían quedado tiesos mientras dormía, pero estaba resultando tarea imposible. El pequeño, que había visto el papel morado brillante del envoltorio del regalo, no hacía más que mirarlo e incitar a sus padres para que se lo acercaran.

-Mamá, mamá, mamá – repetía una y otra vez señalando el regalo.

-No es para ti, cariño. Es para Jena - dijo Kate con paciencia.

-Nena – dijo él, repitiendo mal el nombre de Jena.

-Eso es.

-Ups, se me olvidaba – dijo Castle, cogiendo la cámara de vídeo.

-Voy al dormitorio a por mí bolso y nos marchamos. Castle – dijo, intentando captar la atención del escritor, que seguía con la videocámara.

-¿Si?

-Vigila a Jaime, se queda aquí agarrado al sillón, ¿vale?

-De acuerdo – dijo él mientras Kate se iba al dormitorio – Tengo que comprobar si esto tiene batería….

De repente sintió algo extraño, pero no se dio cuenta de qué era realmente hasta que, a través de la videocámara, vio a Jaime correr hasta el regalo.

-¡Kate! ¡Kate, corre, date prisa!

Jaime estaba dando sus primeros pasos.

-¿Qué ocurre? – dijo Kate al volver al salón precipitadamente. En ese momento, el pequeño había llegado hasta el regalo y se había parado en seco a observarlo.

-Ha caminado hasta ahí él solito – dijo Castle emocionado, señalando a su hijo.

-Oh, venga ya – dijo ella, creyendo que se trataba de una broma.

-¡En serio! Lo tengo grabado. Quédate ahí donde estás y llámalo, a ver si camina hacia ti.

Ella, sin terminar de creerlo del todo, hizo lo que Castle le había dicho. Se agachó y comenzó a llamar a Jaime. El pequeño, que todavía estaba embelesado con el papel de regalo, se volvió cuando escuchó a su madre llamarle. Al principio dudó, sin saber qué hacer, miró a su madre, sonriendo, que con los brazos abiertos le esperaba al otro lado del salón. Alzó su pequeño pie, tambaleándose un poco, pero al volver a posar otra vez el pie sobre el suelo y verse seguro los siguientes pasos vinieron solos.

-¡Lo estás haciendo, estás caminando! – dijo su madre, llena de emoción al ver cómo su hijo atravesaba el salón con paso tambaleante dirigiéndose hacia ella.

Al llegar a los brazos de su madre, está le abrazó y le llenó de besos. El pequeño se mostraba feliz ante las atenciones de su madre tras haber aprendido a caminar.

Castle, por su parte, estaba grabándolo todo, tan emocionado como Kate.

-Y estos han sido tus primeros pasos, Jaime, con once meses. Primero, deslumbrado ante un brillante papel de regalo morado y después, deslumbrado ante la presencia de tu preciosa madre – dijo Castle, narrando el momento a la cámara – Kate, saluda a la cámara.

Ella puso una mano delante para que Castle no le grabase. Jaime se soltó de los brazos de su madre y fue hasta su padre esta vez.

-Ahí está, el inicio de unos largos meses de agonía para tus padres, porque, a partir de ahora –dijo, cogiendo a su hijo en brazos y girando la cámara para grabarse - nos volverás locos queriendo ir de un lado para otro. Créeme, se de lo que hablo – dijo el escritor, concluyendo el vídeo.