Gracias por los comentarios y por leerlo :) En un par de capítulos comenzaré con la parte nueva.

A duras penas, Castle consiguió terminar de darle a su hijo la papilla de frutas. El pequeño solamente tenía ganas de jugar. Ambos habían estado ya ese día en el parque, pero a ninguno parecía haberles agotado aquello, por lo que el escritor no tardó en idear un nuevo juego con su hijo.

Se dirigió a una de las estanterías del salón, con Jaime siguiéndole los pasos y cogió una caja de la estantería. La colocó en la mesita del salón para abrirla. El pequeño miraba con fascinación la caja, sin saber con qué le iba a sorprender su padre esta vez.

-¡Tachán!

Jaime se quedó mirando con atención el interior de la caja, sin entender de qué se trataba.

-¿Te gustan? – le preguntó su padre con ilusión - ¡son espadas láser! ¡Nuestras espadas láser!

-Aser – dijo Jaime al mismo tiempo que intentaba sacar una de las espadas de la caja.

Con cuidado, su padre tuvo que ayudarlo a sacarlas para que no se rompiesen. Pero cuando Castle se disponía a mostrarle en qué consistía el juego, Jaime ya estaba danzando torpemente por el salón zarandeando la espada láser en alto. Cuando se quiso dar cuenta de lo que estaba a punto de ocurrir, ya era demasiado tarde, el jarrón ya estaba volando por los aires tras una sacudida echa por Jaime a propósito.

-¡El jarrón de tu madre no! – gritó Castle cuando el jarrón cayó al suelo hecho pedazos.

El pequeño, que no entendía muy bien que aquello que había hecho estaba mal, soltó una carcajada y continuó danzando felizmente con su espada láser, hasta que Castle se la quitó de las manos, tratando de evitar más accidentes, y Jaime se puso a llorar.

-Lo que has hecho está mal – le riñó su padre.

En ese momento, la puerta del loft se abrió, aunque para alivio de Castle, no era Beckett, sino Alexis.

-¿Qué ha ocurrido? – preguntó la joven a su padre tras ver el desastre formado en el salón.

-Parece ser que Jaime no ha entendido bien el objetivo del juego y en lugar de luchar conmigo, ha entendido que debía romper objetos – dijo señalando el jarrón de Kate.

Jaime, que continuaba llorando en mitad del salón, desconsolado tras haberse quedado sin su nuevo juguete, avanzó torpemente y con los ojos inundados en lágrimas hacia su hermana, que le cogió en brazos sin dudarlo.

-Papá, ¿qué esperabas? Sólo tiene once meses, apenas sabe andar, ¿cómo quieres que entienda la técnica de un juego?

-Ya… - dijo Castle, desanimado por el resultado de lo que le había parecido una gran idea.

-Ya aprenderá – dijo Alexis, intentando animarle un poco – Ahora creo que deberías arreglar eso, antes de que llegue Kate.


Cuando Beckett llegó a casa el jarrón estaba en su sitio, pegado todo lo mejor que Castle había sido capaz. Mientras a ella no le diese por observarlo de cerca, él estaría a salvo.

Jaime, que jugaba con Alexis en el suelo, gateó hasta su madre en cuanto la vio llegar. El amor que se tenían entre ellos era tan profundo que a veces Castle sentía unos extraños celos de su propio hijo. Aquella era una de esas ocasiones: Kate cogió a su hijo en brazos y lo llenó de besos, mientras Castle esperaba.


Tras acostar a Jaime, Castle y Beckett se quedaron a solas en el salón viendo la televisión. Ella, tumbada, apoyaba la cabeza en las piernas de él, mientras éste le acariciaba el pelo.

-¿Qué tal ha ido el día? ¿Se ha portado bien Jaime?

-Sí. Como siempre.

-¿Cómo siempre? – Preguntó ella, extrañada por la respuesta tan corta de Castle – Normalmente me cuentas cada detalle de vuestros juegos.

-Cierto – debería dar más detalles o ella descubriría lo ocurrido – Hemos estado en el parque, donde ha estado a punto de comerse un puñado de tierra – ella soltó una pequeña carcajada y él continuó su relato – después de estar un rato persiguiendo palomas nos hemos venido a casa para merendar. Me ha costado un gran rato conseguir que se coma todo, pero finalmente lo he logrado.

-¿Y después? – preguntó ella, queriendo saber más.

-Nada. Después llegó Alexis y ha estado jugando con ella – concluyó él, variando la historia por su propio beneficio - ¿Y qué tal tu día?

-Aburrido. Poca acción y mucho papeleo. Y…. llegó a casa y parece que tú estés cansado también - insinuó ella, cambiando el tono de su voz.

-Jaime me agota. Pero todavía tengo el cuerpo para más acción hoy.

-¿Estás seguro? – Preguntó ella, mientras se inclinaba, acercando cada vez más su boca a la de él – Podemos dejarlo para otro día.

-Tantos tiempo juntos y todavía no sabes de lo que soy capaz – le dijo él, retirándole un mechón de pelo de la cara.

-Demuéstramelo – dijo ella en un susurro, justo antes de besarle.

-Si es lo que quieres….

Castle le quitó la camiseta de estar por casa a Kate y la tiró al suelo, mientras le acariciaba la espalda, desnuda. Retirándole el pelo hacia un lado, comenzó a besarle el hombro, pero ella le frenó en seco.

-¿Qué ocurre, no te está gustando? – preguntó él, desconcertado.

-No sé, dímelo tú – dijo ella, con tono enfadado, mientras señalaba la mesita del salón.

-Oh… el jarrón…. Verás, Jaime y yo estábamos jugando y…. lo tiró - dijo, poniendo cara de cachorro apesadumbrado.

-Y se te ha olvidado contarme esa parte del día – dijo ella, intentando mostrar su enfado.

-No quería que te enfadarás, así que, con todo mi esfuerzo, lo intenté reconstruir pegando todas las piezas.

Ella cogió la camisa que minutos antes había tirado Castle al suelo y se marchó al dormitorio.

-Pero…¿entonces, no vamos a continuar?

-No – dijo ella, ya desde el dormitorio. En realidad aquel jarrón no le importaba tanto como el hecho de que Castle no se lo hubiese contado. Dejarle con las ganas de hacerlo en el sofá le quitaría las ganas de no contarle las cosas la próxima vez, pensó.

-Vamos, no puedes dejarme así, no ha sido para tanto – se quejó él desde el salón – ¡Te compraré otro jarrón!