Siento si el capítulo ha quedado un poco 'ñoño'… El siguiente ya será el último de esta parte. Gracias por leerlo y por las reviews :)

Kate se calentaba las manos con una taza de café que Castle acababa de servirle, mientras él se sentaba a su lado, también con su taza de café.

-¿Seguro que no quieres un café, madre?

-Seguro. Aunque, guárdame un poco para más tarde, cuando Jameson me deje sin energías – dijo Martha.

La actriz estaba jugando con su nieto. Más bien, era su nieto el que jugaba y ella, simplemente le vigilaba y seguía por el salón esperando que no se metiese nada peligroso a la boca o se hiciese daño si se caía. A pesar de que Kate y Richard habían insistido en que todo objeto que pudiese ser peligroso para el niño estaba fuera de su alcance y que el salón era un lugar seguro para que éste corretease a su aire, Martha seguía empeñada, como buena abuela, en vigilar de cerca a su nieto.

-La semana que viene es el cumpleaños de Jaime – dijo Castle.

-Sabes que no quiero montar una enorme fiesta ni nada por el estilo. Ya te lo dije, Jaime es demasiado pequeño como para enterarse de algo así.

-Como sabía que me ibas a decir eso, había pensado en algo más familiar. Invitamos a mi madre, Alexis, tu padre, Ryan y Jenny y Espósito y Lanie.

-Me parece bien – dijo ella, sonriendo por saber que lo había ideado pensando en ella.

-Sobre el regalo...

-Suéltalo ya, ¿qué has pensado? – dijo Kate, preparándose para escuchar una de las magníficas ideas de Richard Castle.

-En realidad, quiero que sea una sorpresa para ti también. No te lo quiero decir.

-¿Debería asustarme?

-Oh, sí, querida, asústate – dijo Martha, interviniendo en la conversación – si supieras qué le regaló a Alexis en su primer cumpleaños.

-¿Qué le regaló? – le preguntó Kate, interesada.

-Convirtió su habitación en un castillo de princesas. Con toboganes, columpios, miles de juguetes…. Lo que te estés imaginando, pero a lo grande.

Kate miró a Castle. Lo cierto era que no le sorprendía tanto, pues ya conocía de sobra a Castle para creer que había hecho algo así.

-Quería que fuese algo especial. Además, el regalo también me hacía honor a mí, en parte, por el apellido. Y a Alexis le encantó; se convirtió en su lugar de juegos favorito durante años.

-En eso te doy la razón – comentó de nuevo la actriz.


Ella llevaba un rato despierta, pero como todavía era temprano y ese día no tenía que trabajar, decidió quedarse un rato más en la cama. Se arrimó un poco más a Castle y se acurrucó a su lado. Media hora más tarde decidió despertarle. Después de unos pocos meneos en el brazo, él entreabrió los ojos.

-Ey ¿Se ha despertado? – preguntó, todavía adormilado.

-No, todavía no – dijo Kate, mirando hacia el interfono.

-No me puedo creer que ya se haya pasado un año.

-No, yo tampoco.

-Parece que fue ayer cuando me diste la noticia, ¿te acuerdas?

Ambos recordaron el momento con nostalgia por lo rápido que había pasado el tiempo.

-¿Vamos a despertarlo?

Los dos se dirigieron al dormitorio de su hijo y, una vez allí, se pararon junto a la cuna a observarlo. Jaime, dormía plácidamente con su pijama de dinosaurios. Había crecido tanto, que la cuna ya se le quedaba pequeña. Dormía de medio lado, dejando ver solamente una parte de su cara, con sus mofletes regordetes.

Tanto Castle como Beckett, miraban embelesados a su hijo. Kate comenzó a llamarlo dulcemente para que se despertara. Cuando el niño se despertó y se encontró con sus padres allí, mirándolo, soltó una pequeña carcajada. Parecía feliz.

-¡Feliz cumpleaños! – le dijo su padre. El pequeño contestó con una sonrisa, para después estirarse.

Kate cogió a su hijo y lo llenó de besos y abrazos. Estaba realmente feliz por tener a Jaime; le había devuelto una felicidad que creyó perdida para siempre con la muerte de su madre.


Los tres pasaron la mañana juntos. Estuvieron jugando en el salón y después salieron al parque donde disfrutaron de una mañana soleada. A Jaime le encantaba montar en los columpios mientras sus padres lo balanceaban, además, para Castle y Beckett aquellos columpios tenían un significado especial.

A las cinco de la tarde comenzaron a llegar los invitados. Castle había llenado el salón de globos, a pesar de la insistencia de Kate en hacer una fiesta algo más sencilla, aunque lo cierto era que acabó por no importarle, viendo cómo su hijo miraba los globos entusiasmado.

La fiesta transcurrió con normalidad. Los adultos estuvieron charlando y riendo, mientras Alexis se ocupaba de Jaime y de Jena, la hija de Ryan. Mientras Jena no paraba de hablarle a Alexis de que en septiembre comenzaba el colegio, Jaime jugaba entretenido con todos sus juguetes.

Cuando llegó el momento de la tarta y los regalos, el pequeño andaba un poco desconcertado, seguramente no entendía a qué venía tanta expectación. Pero se mostraba feliz de que todos los invitados de la fiesta, pusiesen su atención sobre él. Con la ayuda de sus padres, sopló la única vela de la tarta.

Después, todos le fueron entregando sus regalos. El pequeño se volvía loco con los envoltorios, ya que le llamaban más la atención que el contenido de los mismos. Jim le regaló un balón de rugby y una camiseta de su equipo favorito; Martha optó por dos bañadores, un gorro y varios conjuntos de ropa; Jenny y Ryan un juego de piezas y dos libros interactivos; la pequeña Jena también quiso colaborar con un pequeño dibujo que le había hecho ella misma y que, según había dicho, eran ella y Jaime, aunque realmente no se apreciaba qué era; Espo y Lanie le regalaron ropa y un peluche; y su hermana le regaló un caballo balancín.

-Ha llegado mi turno – dijo Castle, entusiasmado.

El escritor fue hasta su despacho y volvió con un gran bulto envuelto en un papel brillante de color azul, con un lazo rojo.

Jaime lo abrió junto a su padre bajo la atenta mirada de todos los demás. Esta vez, Jaime le prestó más atención al regalo que al envoltorio. En cuanto vio el regalo, se quedó mirándolo con los ojos bien abiertos, entusiasmado.

Se trataba de un auténtico coche patrulla en miniatura, a la medida de Jaime. Con todos los accesorios que podría imaginar. Además, la matrícula del coche era el número de placa de su madre. Dentro del coche había una gorra de uniforme de policía, una placa, una pistola y un chaleco con el nombre del pequeño en el dorso.

-Te dije que le regalaría algo de policía – le susurró Espósito a Ryan por detrás.

-Sí. Te debo cinco pavos.

-Vaya, Castle, tengo que reconocer que esto es una auténtica pasada – le dijo Kate, mientras el resto seguían entusiasmados viendo el coche.

-Sabía que te gustaría. Además, lo puede disfrutar de aquí hasta que tenga seis o siete años y no quepa en el coche. Bueno, y ¿qué hay de tú regalo?

-Oh, sí. Un momento – la detective se acercó a Alexis y le indicó si podía acercarse a ella y a su padre – os lo quiero decir a los dos juntos.

-¿Y Jaime? ¿No es su regalo? – preguntó Castle, algo desconcertado.

-Sí, pero él ya lo disfrutará en su momento.

-¿De qué se trata? – preguntó Alexis, intrigada.

-He pedido cinco días libres en el trabajo, para que vayamos a la casa de los Hampton los cuatro juntos. Si tú también quieres venir, claro – dijo mirando a la hija de Castle.

-¡Claro! Me parece estupendo. Cuenta conmigo.

-Wow! Es una gran idea – reconoció Castle – nuestra primera vez en la playa juntos. Ups, eso ha sonado peor de lo que esperaba.


Cuando se fueron todos los invitados, Jaime cayó rendido en los brazos de su padre. Había sido un gran día para él. Sus padres lo arroparon en la cuna y después, se retiraron a su dormitorio.

-¿Sabes? Me ha gustado mucho tu regalo. Creo que lo vamos a pasar en grande – le dijo Castle, mientras la rodeaba con sus brazos por la cintura.

-El tuyo tampoco ha estado nada mal – le dijo ella.

-Sí. Yo siempre me ocupo de la parte divertida, y tú de la detallista – le dijo, antes de darle un profundo beso en los labios.