14. La amenaza cerniente

Apenas unas horas antes y sin saber muy bien cómo o por qué, en mitad de Canterlot se había presentado un Hueco, un rastreador, el cual es destruido gracias a los Cuatro Temibles y Hope Hart, quienes sabían que seguramente no tardarían en dar con ellos y sin duda ir al planeta, por lo que la Princesa Celestia reunió al Consejo de Equestria en Canterlot para una reunión de emergencia en la cual decidirían qué iban a hacer con la amenaza cerniente del nuevo enemigo que se acercaba a ellos. Políticos y representantes de todas partes del reino de Equestria, ponies de tierra, pegasos, unicornios y hasta los mismísimos lores de la Casta Real junto con las Princesas, el capitán de la Guardia Real Shining Armor, su teniente Brave Soul, la Princesa Cadence y los Elementos de la Armonía se habían congregado todos juntos en una misma sala a debatir el siguiente paso. No es que fuera la primera vez que eran atacados, pero sí era la primera vez que les atacaba un enemigo de otro planeta.

- Primero lo primero- tomó la palabra Sir Hightopp- Usted mismo dijo que no llegarían a alcanzarnos ¿Cómo es posible que al final lo hayan hecho?

- No lo sé. Los Huecos no pueden volar y menos viajar por el espacio.

- ¿Cómo es eso?

- Para asegurarnos de que no nos persiguieran, borramos todo dato de la creación de máquinas de vuelo y espaciales. Aunque sus cuerpos no necesiten comer o respirar, son incapaces de sobrevivir a las bajas temperaturas del espacio y quedarían inutilizados y perdidos entre la gravedad cero del espacio.

- Entonces ¿Cómo han conseguido llegar hasta aquí?

- Tenía una ligera duda sobre quién podía decirnos eso.

- Los Katastrophes- dedujo Lady Primrose.

- Exacto. Aunque los tenemos bien vigilados, decidí que tal vez había una posibilidad de que alguno de ellos hubiera contactado con Deus al haber hecho Sansker un trato hace tiempo, asi que decidí mandar a Tifa y Shinobu a ver si sabían algo.

- ¿Descubrieron alguna cosa?

- Kairos no estaba en la isla, había desaparecido. Revisamos los alrededores con unas cámaras centinelas, pero ni rastro de él.

- ¿Y adónde ha huido?

- A ningún sitio en Equestria, créame. Hemos mandado centinelas a todas partes con los mejores soldados rastreadores de Canterlot y no hay ni rastro de él.

- Pero ¿Cómo?

- Hace tiempo oí que Deus se había apoderado de un sistema de teletransportación, pero era a corta distancia. No es posible usarlo para ir de una galaxia a otra. Además, destruimos todos los sistemas de teletransportación en una incursión a gran escala contra ellos hace tiempo. No quedó ni uno… Puede que haya conseguido crear el suyo propio.

- ¿Y cómo es que no previó eso, Lord Hart?

- ¿Se supone que tengo que estar pendiente de cada minúsculo detalle que suceda en la vida de mis enemigos?

- Suficiente- interrumpió la Princesa- Sea como sea lo que haya pasado o cómo haya sucedido, lo hecho, hecho está. No tiene sentido lamentarse.

- Lo cierto es- interrumpió Jet Set- ¿Cómo de serio deberíamos tomarnos este atque? Ni siquiera sabemos si vienen a parlamentar.

- ¿Parlamentar?- tomó la palabra un sarcástico alicornio Hope- No lo dice en serio.

- Lo digo muy en serio, Lord Hope. Usted bien dijo que eran inteligentes.

- En realidad, los definí como "máquinas de matar".

- Puede que hayan evolucionado en este tiempo.

- Lo dudo.

- ¿Cómo está tan seguro? Bien podríamos ir a pedir la paz con un gesto amistoso.

- Ya entiendo, lo que sucede es que tiene una mente escéptica sobre los deseos del enemigo ¿Quiere un ejemplo de su mortalidad? Muy bien. A ver, mencione una ciudad. A ser posible, grande.

- Manehattan.

- ¿Población?

- Diez mil ponies. Quizá más.

- Todos muertos a primera vista.

- Pero ¿Por qué?

- Porque ellos creen que deben morir. Los equestres son diferentes, y lo que es diferente está mal. Es definitivo, limpieza étnica, y ahora que saben que hay vida en otros planetas harán lo mismo en cada galaxia cercana hasta reducir el universo a un montón de cenizas. Quizá se autodestruyan entonces, no sé. Ni siquiera ellos lo saben. Y no les importa. Y en cuanto a su idea de "hacer amigos", señor Set, la única opción que aceptarán será la rendición total y sumisa para su consiguiente exterminación. No más.

Jet Set tragó saliva.

- ¿Alguien más tiene alguna duda sobre lo serio de esta situación?- le espetó Hope al resto de los presentes. No hubo respuestas- Bien.

- ¿Y qué podemos hacer?- tomó la palabra Sleepy Head, más despierto que nunca (parecía ser que los rumores eran ciertos: podías despertar a Sleepy Head de verdad con un susto y una situación de crisis mundial era un auténtico susto para él)- ¿Podemos repelerlos? ¿Hacer frente a esta crisis de algún modo?

- Proteger a todos los civiles en refugios será nuestro principal objetivo. Hay refugio seguro más allá de las Grandes Colinas y la Cima Tenebrosa. Tenemos amigos allí que nos ayudarán a protegerlos.

- ¿Y cómo detendremos al enemigo?- tomó la palabra Sir Hightopp.

- Gracias a Hope sabemos de su modo de actuar en situaciones de conquista. Atacarán la capital de Equestria, Canterlot, para acabar con el grueso de nuestras fuerzas. Luego irán atacando los pueblos más alejados y aislados de ella para atacar los más alejados y así conquistarán el planeta. Asi pues, si hemos de detenerlos en algún momento tendrá que ser aquí. Reuniremos a nuestras tropas en este sitio mientras que pequeños pelotones se encargarán de avisar a los demás pueblos para que se protejan.

- Su majestad- interrumpió el Profesor Genius- Sea sincera: ¿tenemos alguna posibilidad de ganar?

- He estado discutiéndolo con los mayores consejeros y viendo los datos reunidos sobre Lord Hope, con nuestras defensas lo más probable es que no podamos detenerlos. Mi intención es aislarlos de una forma u otra usando con mi hermana un hechizo de protección que mantendrá el planeta a salvo. Es una magia poderosa que requiere mucho tiempo y concentración, pero servirá para mantenerlos alejados para siempre. A ellos y cualquier enemigo que trate de atacar Gaia.

- ¡Pero majestad!- saltó Genius- ¿Qué será de ustedes? ¡Esa magia requiere que se queden fuera del planeta y dejarán sin dirigente a Equestria!

La sala estalló en murmullos y palabras de miedo.

- Por favor, calma- tomó la palabra Jet Set- La princesa sin duda habrá pensado en algo.

- ¿Estás insinuando que alguien puede sustituirlas?- saltó un pony de tierra- ¿Quién? ¿Quién es tan poderoso como para traer el día y la noche? ¿Quién guiará este reino tan bien como ellas?

- Hemos pensado que la Princesa Mi Amore Cadenza sea nuestra sustituta. Le hemos enseñado el poder de traer el día y la noche a este mundo. Estaréis bien.

- ¿Yo?- dijo una sorprendida Cadence.

- Si, querida. Siento mucho encomendarte esta tarea sin decirte nada, pero no tenemos a quién más recurrir.

- Pero Princesa…

- Sé que puedes hacerlo.

- ¡Un momento!- saltó esta vez Jet Set- Si la Princesa Cadence es nombrada nueva regente, eso significa que la capital de Equestria pasará a ser el Reino de Cristal ¿Qué será de nuestra ciudad?

- ¿En serio?- Rainbow Dash no daba crédito a lo que estaba escuchando- ¿En una situación así te preocupa el estatus?

- Cuando la guerra pase, sería bueno saber que seguimos disfrutando de una buena posición. El futuro de Equestria y de nuestros descendientes es importante para nosotros.

- ¡Diréis de vuestros intereses!- saltó un pony de tierra- ¡A vosotros los unicornios lo único que os importa es saber que seguiréis siendo igual de asquerosamente ricos que nunca!

- ¡Cómo te atreves!

- ¡Es la verdad!

- ¡Si señor, tiene razón!- saltó un pegaso- Vosotros los unis siempre habéis sido tan condenadamente altaneros y superiores porque las princesas han vivido toda su existencia durante más de mil años en vuestra querida ciudad y ahora que vais a perder eso tenéis miedo de no ser tan superiores cuando las princesas nos dejen ¿Por qué por una vez no podéis ser más condescendientes con los demás? ¡Mientras vosotros perdéis el tiempo hablando de sandeces y haciendo burocracia los demás nos partimos el lomo trabajando como esclavos para que disfrutéis de vuestros cómodos asientos! ¡Os toca arrimar el hombro por una vez al menos!

- ¡Qué valiente eso viniendo de un pegaso que vive en las nubes, alejado de los problemas de la tierra!- exclamó a la defensiva otro noble.

- ¿Problemas?- interrumpió el pony de tierra de antes- ¿TÚ me hablas de problemas? ¡Nosotros tenemos que pelear por nuestras vidas a veces sin los lujos o comodidades de las que disponéis vosotros protegidos por vuestras grandes murallas y distinguidos palacios! ¿Cuál es vuestro mayor miedo? ¿No conseguir ese diamante por el que tanto habéis pagado que ha costado el sufrimiento y trabajo de unos honrados granjeros de rocas? ¡No me hables ahora de lo que no entiendes!

- ¡Mejor en nuestras pezuñas que en las de un bruto sin cerebro!

En ese instante, la sala estalló en abucheos y discusiones, enfureciendo a todos. Incluso las princesas se metieron en medio junto con los Elementos en un vano intento de detener la situación. Hope sintió una punzada de dolor atravesándole el pecho. Todo se caía a pedazos. Sin las princesas para mantener el orden, todos se matarían los unos a los otros. Estas criaturas no podrían sobrevivir sin ellas. Iban a sacrificarse por su culpa. Todo iba a suceder otra vez. Otra vez. Igual que en la Tierra. Otro Éxodo, otro comienzo sin fin. Como un bucle que se repetía una y otra vez sin cesar… No. No otra vez. No de nuevo. No esta vez.

- Yo lo haré- dijo en tono normal para luego alzar la voz- ¡YO LO HARÉ!- irrumpió finalmente, haciendo que los presentes callaran.

Celestia cerró los ojos, temiéndose que fuera a decir eso. Todos se giraron a verle.

- Yo iré a detener el ejército de los Huecos.

- Hope, no tienes por qué luchar nuestras peleas.

- De la misma manera que vosotros no tenéis por qué luchar las mías. No dejaré que el mal de mí planeta destruya también este. Antes moriré defendiéndolo.

- ¿Por qué?- preguntó un patidifuso y confundido Jet Set.

- Porque ellos vienen a destruir lo que yo he llegado a amar, lo que todos hemos llegado a amar- miró a sus amigos, luego a los presentes, luego a Celestia- Nunca más- todos guardan silencio- Además, ¿soy o no soy un habitante de Equestria también? ¿No tengo el mismo derecho a proteger mi hogar como cualquier otro?

Nadie se atrevió a decirle nada. Nadie salvo Shinobu.

- Tono (señor), cuando te conocí me salvaste la vida enfrentándote a esos matones. Desde ese mismo instante juré que viviría para protegerte a ti y a tu familia como un samurái debe hacer. Fracasé intentando salvarlos a ellos, pero no a ti. Y es por eso que sería un deshonor que mi señor vaya a la guerra sin mí. No iré a ningún otro lugar que no sea a vuestro lado en el campo de batalla y ambos sabemos que no puedes ir solo. Déjame ir contigo. Déjame luchar a tu lado y poner mi acero a tu servicio para enfrentar a nuestros enemigos. Déjame luchar por el único futuro que nos queda a la humanidad y a los equestres. Por Rise, por ti y por quienes amo, atesoro y respeto- se puso de rodillas y agachó la cabeza- ¡Onegaishimasu! (por favor)

Hope asintió. Iba a necesitar una espada.

- Mi madre- empezó Tifa- solía contarme que cuando la guerra de Irak mi padre se fue como soldado y ella me cuidaba mí y a mis hermanos pequeños, mordiéndose las uñas y esperando de recibir al menos una sola noticia sobre él por ínfima que fuera. Cuando las Guerras Huecas fue igual, pero era yo quien me comía las uñas pensando que no veríamos otro mañana ninguno de nosotros. Ya no quiero simplemente seguir mirando desde una cocina como si nada mientras los demás mueren a mí alrededor. Y es por eso que no voy a dejar ir a mi hermanito pequeño y al hombre que amo solos a una batalla impredecible. Yo también iré.

¿Cómo negarle a una mujer el estar con los dos hombres que amaba? No podía dejar fuera a Tifa aunque Shinobu insistiera un millón de veces.

- Seré grande, sí. Seré fuerte, tal vez- dijo Coop- Pero cuando las Guerras estallaron me sentí tan débil e impotente como cuando murió mi hermano pequeño recibiendo un disparo por mí. Tenía ocho años y a día de hoy sería tan grande como yo si siguiera vivo. Desde entonces tenía miedo de perder a quienes me importan, pero esta vez serán ellos los que teman por perder. Estáis todos locos si creéis que vais a iros sin alguien que os proteja cuando no veáis venir un ataque sorpresa. Necesitáis mi escudo.

Un protector. Le habría gustado dejarle a él si Tifa no iba a estar, pero esa expresión decía que iba a acompañarles sí o sí.

- Empecé a entrenar en artes marciales porque quise aprender a defenderme cuando los demás se metieran conmigo- siguió Henry- pero entonces me di cuenta de que me estaba convirtiendo en aquello que quise vencer desde un principio. No me sirvió para proteger lo que quería. No me sirvió para aprender nada. Ahora quiero usar mi fuerza inútil para algo más que dejar que acumule polvo en algún recoveco oscuro de mi mente. Quiero usarla para proteger mi nuevo hogar. Y eso es el campo de batalla con vosotros, chicos. No os dejaré ir a menos que mis puños estén en este equipo.

Un luchador. Los Cuatro Temibles estaban unidos a Hope Hart una vez más.

- ¡Ey, mi banda no se va a ningún sitio sin mí!

- ¡¿Rob?!- exclamó sorprendida Twilight.

- Parece que eso es increíblemente difícil- comentó sarcástica la princesa del sol- teniendo en cuenta que ellos han sido invitados a un consejo privado y tú no.

Rob miró nervioso a todas partes mientras sonreía forzosamente, pero pronto recobró la compostura.

- Cargáis con las esperanzas de muchos, amigos. Si esta es la voluntad de nuestros huéspedes, necesitarás a un cronista que revele la verdad.

No contaba con ello, pero sabía que Rob iba a pegarse a ellos como una lapa con tal de que le dijeran que sí. Aunque Hope se aseguraría de que volviera a casa sí o sí. No era discutible.

- Los Cuatro Temibles (¿debería decir cinco?) con Hope Hart. Sois un signo de buena suerte desde que detuvisteis a Sansker. Tengo fe en vosotros, chicos. Algo me dice que tenéis posibilidades. Rezo por vuestra buena fortuna, Risers.

- ¡Los Pretorianos!- saltó de pronto Rob.

- ¿Qué?- preguntó Hope.

- He pensado en este como nuestro nombre: los Pretorianos. Ya sabes, como la Guardia Pretoriana. También había pensado en algo como los Espartacos o los Leónidas por lo de la batalla de las Termopilas, pero este queda algo mejor. Tiene algo… No sé, más…

- Rob, en serio- interrumpió Henry- Déjalo. No es el mejor momento.

El joven miró a los demás, que tenían una expresión de pasmo sin precedentes. Dándose cuenta de la situación, se sonrojó levemente y agachó la cabeza un poco.

- Oh… Claro. Perdón.

Celestia, sin embargo, rió ante la ingenuidad y positividad del joven humano. La ayudaba a casi olvidar que estaban en guerra.

- Asi pues- retomó la conversación Hope- No hace falta que aisléis el planeta. Si su tecnología funciona como sé que funciona, entonces existe la manera de cómo alterarla a nuestro favor. Sólo necesitamos un poco de tiempo.

- ¿Cuánto tiempo?

- No mucho. Sé que el enemigo también necesita su momento para hacer preparativos y venir aquí. Hablamos de viajar a otro planeta, asi que les llevará más tiempo. El suficiente para nosotros de prepararnos.

- Bien pues, Lord Hope; id. Cumplid con vuestro cometido.

- Si, majestad.

Ya en privado, Hope recibió una visita de su novia, obviamente desesperada.

- No lo hagas.

- Fluttershy, no me pidas eso.

- ¡¿Por qué has tenido que decir eso?! ¡¿Por qué te has presentado voluntario?! ¡Puedes morir y no quiero que mueras!

- Yo tampoco. Pero Deus es mi responsabilidad.

- No puedes hacerte responsable de los actos de los demás.

- Los actos de Deus son míos.

- ¿De qué estás hablando?

- Es cierto que te conté cosas sobre Deus y su ataque, pero no todo. Deus no fue una antigua creación de la humanidad: fue creación mía. Y fui yo quien le pidió que creara a los Huecos.

- ¡¿Qué?!

- Yo creé a Deus cuando sólo tenía diez años. Su función era ensamblar y programar robots de servicio doméstico y desde que le creé, desde que empezara sirviendo como ayudante en mis trabajos, en todos ellos, siempre me ha considerado su único amigo, casi como un padre. Steinhart lo robó para el gobierno y lo convirtió en un ordenador usado para la defensa contra el terrorismo para encontrar y analizar posibles desastres y atentados ante su gran habilidad para predecir acontecimientos más rápidamente que cualquier analista. Por ello, me siente enteramente responsable de Deus y por esa razón le salvé, no sólo por los Biónicos. Y por eso creó a los Huecos.

- Pero… ¿Por qué?

- Quería darle una lección a la humanidad. Nadie iba a aprender por las buenas, asi que lo harían por las malas. Usando a los Huecos como intermediarios de la ira de Deus, humanos y Biónicos se unirían en un mismo grupo de aliados que pelearían juntos para detener una amenaza común. Nadie vería la diferencia. Pero en última instancia Deus tomó las riendas y me traicionó. Quiso que me uniera a él. Me negué y fui con mi familia y los demás, esperando tal vez una oportunidad para detenerle de nuevo. Nunca llegó.

- Y ahora quieres enmendar ese error.

- Si.

- Lo entiendo, Hope. De verdad que lo entiendo. Y si yo fuera la amiga de Deus también haría lo mismo, pero no a costo de quiénes me importan. No lo hagas, por favor. O morirás.

- Lo siento, Flutters, pero igualmente lo haré o seremos todos los que muramos.

Ante esas palabras, la pegaso lloró desconsolada sobre el pecho de Hope.

- Pero…- gimió- Pero si verdad… Si de verdad los Huecos fueron un ejército lo bastante fuerte como para… Para destruir la vida de un planeta… ¿Cómo esperas enfrentarlos y ganar?

- Fluttershy…

- ¡Lo más probable es que mueras y no quiero eso! ¡No quiero! ¡No lo acepto! ¡Por favor, no lo hagas!

El alicornio la abrazó para tranquilizarla, sin mucho éxito. Luego musitó algo a su oído cuando de pronto entró un soldado en la sala.

- Lord Hope- dijo- Disculpe la interrupción, pero el Profesor Genius le está esperando.

- Gracias, soldado. Dígale que voy ahora mismo.

- Señor…

El soldado se retiró tras un gesto militar respetuoso. Hope miró a Fluttershy, con lágrimas aún en la cara, y la besó. Se separó de ella un momento.

- Nadie va a morir.

- Hope…

- Nadie va a morir en una tierra de paz. Te lo aseguro.