/Último capítulo de la primera parte/
Este capítulo enlaza un poco con el anterior, los días en los Hampton.
La primera parte de este capítulo va dedicada a que llevaba un tiempo pidiéndome una escena entre los hermanos, espero que te guste.
Acababan de llegar a la casa de los Hampton donde les esperaban unos días calurosos, según había anunciado la meteoróloga por la radio.
-Deberíamos ir a comprar comida – anunció Castle, que había ido al frigorífico a por una cerveza fresca y se lo había encontrado vacío.
-Id los dos si queréis, yo me quedo con él – dijo Alexis, señalando a su hermano.
A Castle y Beckett les pareció bien y se marcharon al supermercado, mientras Alexis y Jaime se quedaron en casa.
-¿Quieres que salgamos fuera a merendar o nos quedamos dentro? – le preguntó Alexis al pequeño.
-Si
-Será mejor que salgamos fuera – dijo ella, sonriendo ante la inespecífica respuesta de Jaime.
Ambos salieron a los escalones del porche, desde donde se veía el mar a una corta distancia. Jaime lo miraba, atónito, era la primera vez que lo veía.
-Es el mar – le explicó su hermana.
-Maa – repitió él.
-Luego iremos a bañarnos, ¿quieres?
-Maa, maa – repetía el pequeño mientras daba pequeños saltos.
-Siéntate, no te vayas a caer. Luego vamos al mar, pero ahora tienes que merendar.
Alexis se arrepintió de haber propuesto salir al porche a merendar, pues a pesar de lo que había pensado en un primer momento, no fue una buena idea. Jaime apenas merendó ya que solamente repetía una y otra vez que quería ir al mar. Por eso decidió que lo más sensato era entrar dentro y poner la televisión mientras le daba la merienda, lo cual resultó del todo efectivo.
-Muy bien, te lo has terminado todo – le dijo, premiándole con un beso.
Tras la merienda, Alexis llevó a su hermano al orinal, ya que estaba aprendiendo a utilizarlo. Un cuarto de hora después, el pequeño seguía sin hacer nada. Se dedicaba a enredar sus dedos entre el pelo de su hermana, que estaba sentada en el suelo, a su lado.
-Jaime, tienes que hacer pis. Sino mamá y papá se enfadarán.
El pequeño, en lugar de hacer caso, en un descuido de su hermana se levantó del orinal y salió corriendo por todo el pasillo. Alexis se levantó para llevarlo de nuevo al orinal, pero antes de alcanzarlo Jaime se agachó y comenzó a hacer pis en el suelo.
-¡Nooo! ¡Jaime! – dijo ella, llevándose las manos a la frente.
Minutos después, el pequeño estaba metido en la silleta y Alexis limpiaba el pis del suelo.
-¡Ya estamos en casa! – la voz de Castle llegó desde la entrada.
-¡Al fin! – dijo Alexis, aliviada.
-¿Te ha dado mucha guerra? – le preguntó Kate.
La joven les contó todo lo ocurrido durante el tiempo que habían estado fuera, lo cual les sorprendió bastante ya que el pequeño no solía tener ese tipo de comportamiento.
-Lo hace porque como eres su hermana y nunca le riñes por nada, no te tiene tanto respeto, no te ve como una autoridad.
-Sea como sea, creo que tardaré un tiempo en volver a quedarme a solas con él.
A la mañana siguiente, después de desayunar fueron a la playa. Era la primera vez que Jaime pisaba la arena y estaba tan cerca del mar.
La arena estaba algo cálida por los primeros rayos del sol y a Jaime pareció no gustarle esa sensación, por eso en cuanto su padre extendió una toalla, él fue el primero en pisotearla y llenarla de arena.
Castle y Beckett se miraron, admitiendo que daba igual, ya que si la sacudían, el pequeño volvería a llenarla de arena. Tenían un hijo pequeño, no podían mostrarse quisquillosos con esas cosas.
-¿Quién viene a darse un baño? – preguntó Castle, sacando las gafas de buceo de la bolsa.
-Nosotros nos apuntamos – dijo Kate, extendiéndole la mano a su hijo.
-¿Tú te vienes, Alexis?
-Eh, sí, enseguida voy – dijo ella, que se había tumbado en su toalla con el teléfono móvil.
Los tres se dirigieron a la orilla. Jaime correteaba por la arena con dificultad, incluso se cayó un par de veces de culo. Cuando llegó a la orilla se paró en seco, no se atrevía a pisar el agua.
Sus padres entraron al agua, donde solamente las olas que llegaban a la orilla les cubrían los pies, pero aún así Jaime seguía sin querer entrar.
-Cuando yo era pequeña tampoco me atrevía a pisar el agua.
-¿Y cómo se te quitó el miedo?
-Mis padres me ayudaron con un juego.
Kate cogió a su hijo de una mano y Castle de la otra, y cada vez que venía una ola alzaban a su hijo un poco para que la saltase. El juego pronto pareció divertirle y sin darse cuenta, ya había entrado al agua.
-¿Te he dicho que estás muy sexy con ese bikini? – le dijo Castle a Beckett.
Ésta, le salpicó agua con el pie, riéndose. Él, para vengarse, la cogió rápidamente por la espalda y los muslos, llevándola un poco más hacia dentro.
-¡Rick, no! – gritaba ella, entre risas.
Pero él no le hizo caso y la tiró al agua. Cuando ella salió a la superficie, él corrió hacia la orilla, al lado de su hijo, riéndose.
Kate regresó al lado de Castle, le rodeó la cintura con los brazos y le dio un beso en la espalda, empapada de agua. Él le sujetó las manos por delante.
-¿Crees que debo preguntarle? –preguntó Castle, señalando con la cabeza hacia Alexis.
Su hija llevaba días más atenta de lo normal al teléfono y sonriendo tontamente cada vez que recibía un mensaje. De hecho, en ese preciso momento estaba hablando por teléfono, sentada en la toalla, sin dejar de reír.
-Deja que sea ella la que te lo cuente – le sugirió Kate.
Jaime, que había visto cómo sus padres se salpicaban agua minutos antes, comenzó a salpicarles él también. Los tres juguetearon un rato más en el agua, hasta que Kate se fue a la toalla a tomar el sol y Castle se quedó con su hijo en la orilla, haciendo castillos de arena.
Cuando solo llevaba unos minutos tumbada en la toalla, Castle regresó, con su hijo llorando en brazos.
-Se ha llevado a la boca un puñado de arena.
Kate se levantó rápidamente a ver si su hijo se encontraba bien. Tenía los labios manchados de arena, que ella le retiró con la mano.
-¿Pero ha tragado algo?
-Sí, se ha llevado un puñado a la boca – le repitió.
-¿Cómo has dejado que ocurriera? – le dijo ella, reprimiéndole lo ocurrido.
-Me he vuelto un momento a coger el rastrillo y cuando me he girado se la estaba tragando. Acto seguido ha empezado a hacer muecas extrañas, ya que debe estar bastante salada por el agua y no muy buena, y ha comenzado a llorar.
La detective se dio cuenta de que no era momento para culpar a nadie. Su hijo seguía llorando.
-No creo que le ocurra nada por haber comido un poco de arena, pero creo que es bueno darle un poco de leche, para que se limpie por dentro – sugirió Alexis – ¿Recuerdas cuando de pequeña comí hierba en el parque? La abuela estuvo todo el día dándome leche.
Kate siguió la sugerencia de Alexis y pareció funcionar, ya que durante el resto del día su hijo no se quejó de dolor en el estómago. Aunque después de lo ocurrido, optaron por quedarse en la piscina de la casa en lugar de ir a la playa.
Mientras Castle cambiaba a su hijo de ropa y lo secaba, Alexis y Kate fueron a preparar la comida.
-¿Puedo hacerte una pregunta? – le dijo la hija de Castle a Beckett.
-Claro – dijo ella, al mismo tiempo que metía la merluza al horno.
-¿Cómo supiste que estabas enamorada de mi padre?
La pregunta dejó pensando un poco a Kate.
-No lo sé, supongo que simplemente lo supe. Él era diferente a los demás. Siempre consigue sacarme una sonrisa, incluso en los peores momentos ¿Por qué, sientes algo así por alguien?
-Creo que sí. Lo consideraba mi mejor amigo, pero me he dado cuenta de que siento algo más por él. Pero tengo miedo de decírselo y que lo que tenemos ahora se esfume.
-Si quieres mi opinión, da el paso. Quizás él también siente lo mismo por ti y no se atreve a dar el paso; sino, es mejor que lo sepas ya.
-¿De qué habláis? – dijo Castle, que llegaba con su hijo en brazos.
-Kate me estaba dando un consejo – le contestó Alexis.
Castle no volvió a preguntar, había asumido que ahora, con Kate en la familia, había cosas que Alexis prefería hablar con ella primero.
El resto del día fue bastante tranquilo para todos, excepto para Jaime, que no paró de jugar en toda la tarde con cubos de agua. Esto le pasó factura después, ya que estaba agotado. Sus padres lo llevaron a la cama de arriba que habían amoldado para él poniéndole una barra de sujeción para que no se cayese, como hacía bastante calor, le dejaron durmiendo solamente con el pañal.
-Creo que ha crecido en estos últimos días – comentó Castle, observándolo.
-Todavía recuerdo cuando no medía más de cincuenta centímetros.
-Y cuando nos queramos dar cuenta habrá crecido mucho más.
Y aquí finaliza la primera parte de este fic, simplemente espero que os haya gustado y os agradezco mucho todas las reviews y que me sigáis leyendo y animando a escribir. En unos días actualizaré con la siguiente parte, que creo que gustará algo más. Espero que también sigáis ahí. Gracias.
