Muchísimas gracias por los comentarios que me dejáis, de verdad, se agradecen.

Os dejo con la segunda parte de Nuevas Experiencias, donde Jaime ya tiene cuatro años, espero que os siga gustando. Espero reviews :)

Kate ayudó a su hijo a ponerse el pijama y después lo arropó en la cama.

-Mamá, ¿cuándo va a venir papá?

-No lo sé, cariño.

Castle había ido a una reunión con su editora y varios publicistas para preparar el lanzamiento de su próximo libro.

-¿Puedo esperarle despierto?

-No cielo, es muy tarde – le contestó ella, mientras le retiraba un mechón de pelo que le caía sobre la frente.

-Es que quiero que me cuente un cuento.

-¿Te lo cuento yo?

Jaime torció la boca, en un gesto pensativo. Mamá no contaba los cuentos igual que papá, pero mejor eso que quedarse sin cuento.

-Vale.

Se levantó de un salto de la cama y fue hasta la estantería en la que estaba el libro que su padre le leía cada noche, después volvió a meterse dentro del edredón y le indicó a su madre por dónde tenía que comenzar a leerlo.

Antes de terminar el cuento, Jaime ya había cerrado sus pequeños párpados. Kate le besó la frente y salió del dormitorio, dejando la puerta entreabierta. Ella también estaba agotada, así que se marchó a dormir sin esperar a Castle.


Cuando despertó por la mañana, sintió su brazo alrededor de su cintura, le dio un beso en la mano y lo dejó descansar un rato más.

Entró al dormitorio de su hijo y corrió las cortinas, dejando así pasar la tenue luz de la mañana. Agachándose junto a la cama, le dio unos suaves meneos en el brazo.

-Buenos días – le dijo cuando el niño entreabrió los ojos.

-Buenos días – le contestó él, abrazándose al cuello de su madre y dándole un fuerte beso. Por suerte, a Jaime nunca le había costado levantarse por las mañanas y era fácil lidiar con eso.

La Detective bajó a preparar el desayuno ante la insistencia de su hijo en vestirse solo. Quince minutos más tarde, el niño bajó, vestido, aunque se había puesto la sudadera del revés. Una sonrisa se dibujó en el rostro de su madre al verlo. Le ayudó a ponérsela bien y le felicitó por lo bien que lo había hecho, a pesar de ese pequeño fallo.

-Venga, a desayunar – le dijo mientras le ayudaba a subir a su sillita.

El pequeño se estaba comiendo su bol de cereales y ella bebía su café, cuando Castle apareció en el salón. Llevaba todavía el pijama y el pelo alborotado que hacían juego con su rostro adormilado. A ella le encantaba verlo así, lo encontraba tan mono.

-¡Papá! – El pequeño se bajó de la silla en cuanto lo vio y salió corriendo a abrazar a su padre.

-Cuidado capeón, o me tirarás al suelo – dijo provocando unas carcajadas en su hijo.

Después de volver a colocar a Jaime en su silla, se acercó a Kate y le besó en los labios.

-¿Qué tal fue la reunión?

-Bien. Haremos un lanzamiento aquí, otro en Los Ángeles y otro fuera del país, seguramente en Europa, pero el lugar todavía está por determinar ¿Qué tal tú, encontrasteis al asesino?

-Todavía no, los chicos tenían que ir a buscarlo esta mañana.

En ese momento, Kate recibió un mensaje.

-¿Han cogido al asesino? – preguntó Castle, animado.

-Sí. Si vas a venir será mejor que vayas a vestirte.

Después de coger una tostada y arremolinar el pelo de su hijo, el escritor salió disparado a vestirse.

-Mamá, ¿tienes que ir a coger a un malo?

-No cariño, tío Espo y tío Ryan ya lo han cogido. Yo tengo que interrogarlo.

-¿Y qué es interrogarlo? – preguntó el niño, ante la curiosidad que le causaba la palabra.

-Pues… interrogar es hacerle unas preguntas, para saber si él es el malo o no – el pequeño pareció quedarse conforme con la explicación - ¿has terminado de desayunar?

-Si – sonrió el pequeño, mientras le mostraba a su madre el boll vació.

-Venga, será mejor que nos vayamos ya o llegarás tarde al cole, ¿Rick, estás listo? - dijo, alzando un poco más la voz.

Castle salió con un zapato puesto y el otro en la mano, provocando las risas de Kate y de su hijo. Mientras él terminaba de calzarse, Kate le colgó la pequeña mochila con el almuerzo a Jaime en su espalda y los tres salieron del apartamento.


Jaime salió disparado a abrazar a su padre y se colgó de su cuello, como de costumbre al salir del colegio.

-¿Sabes qué papá? Hoy he escrito algunas palabras yo solo.

-¿En serio? ¡Eso está genial! Dentro de poco ya podrás escribir libros, como yo.

-Si – dijo él, entusiasmado – la profesora me ha dicho que lo he hecho muy bien.

-Y yo estoy muy contento.

El pequeño sonrió, orgulloso. Al ver que pasaban de largo el parque, se extrañó y preguntó a su padre:

-¿Hoy no merendamos en el parque?

-No. Hoy vamos a un sitio que te gusta mucho más que el parque.


Cuando las puertas del ascensor se abrieron, el niño salió disparado hasta encontrar a su madre, que estaba al lado de la pizarra.

-¡Mamá!

Antes de que a su madre le diese tiempo a reaccionar, tenía a su hijo abrazado a una pierna. Una sonrisa divertida se dibujó en su rostro y se agachó junto a él, abrazándolo y dándole un fuerte beso.

-¡Mamá, hoy en el colegio he escrito unas palabras yo solo!

-¿Tú solo? Ala, pero eso es genial, me lo tienes que enseñar, ¿vale? ¿Qué te parece si después de merendar escribes algo mientras papá y yo terminamos un trabajo?

-¡Vale! – dijo Jaime, emocionado por poder mostrar lo que había aprendido.

Entraron en una de las salas de trabajo que tenían en la comisaría, para así no molestar al resto de detectives de la brigada y cerró la puerta. Tenía entre manos el caso de un personaje famoso y creían que el asesino podría tratarse de un fan, para eso, tenían que leer todas las cartas que la famosa había recibido en los tres últimos meses. Ese fue el motivo por el que Gates no se opuso en absoluto a que Castle fuese con Jaime a la comisaría tras recogerlo del colegio, sabía que el escritor era un habilidoso lector.

Kate abrió la mochila de su hijo y sacó el tupper con fruta para que Jaime fuese merendando.

-¿Dónde están los chicos, ya se han escaqueado del trabajo sucio? – preguntó Castle, bromeando.

-Qué va, ya les gustaría. Les he dejado diez minutos de descanso, ahora vendrán.

-¿Qué es lo que haces? – preguntó Jaime, acercándose a la silla donde estaba sentado su padre.

-Pues – contestó él, ya concentrado en la tarea – busco una carta.

-¿Y cómo sabes qué carta es la que buscas? Hay un montón – dijo, ojeando con los ojos bien abiertos el montón de cartas que había esparcidas por la mesa.

-Busco una escrita por un malo.

El pequeño no preguntó más, ya que en ese momento Ryan y Espósito entraron por la puerta.

-Yo! ¡Pero mira qué grande estás! Creo que has crecido desde la última vez que te vi – le saludó Espo, mientras hacía con Jaime una especie de saludo.

-¿Qué tal estás campeón? – le dijo Ryan, mientras le arremolinaba el pelo.

-¿Me podéis enseñar la sala de tiro? – les preguntó el pequeño.

-¿Que te enseñen la sala de tiro? Ahí no pueden entrar los niños – le dijo su madre, al mismo tiempo que le echaba una mirada furiosa a Ryan y Espo.

-Lo siento colega – dijo Espo.

-Pero yo quería ir – se quejó el niño. Los detectives le habían hablado de la sala de tiro anteriormente y le prometieron enseñársela algún día.

-Tú lo que tienes que hacer es venir aquí a terminarte la fruta.

Diez minutos más tarde, Jaime estaba aburrido viendo como los adultos no dejaban de ojear una carta tras otra.

-Mamá – le susurró a su madre, intentando no alzar la voz para no molestar a los demás - ¿puedo dibujar?

Su madre le ofreció un papel en blanco y un bolígrafo y continuó con su tarea. El niño, aburrido, estaba dispuesto a deslumbrar a todos escribiendo algo, como lo había hecho en el colegio. Y así lo hizo, solo que no del modo que esperaba.

-¡Mirad lo que he escrito yo solo! – dijo alzando la voz para que todos le oyesen.

Todos miraron sonriendo la hoja que el pequeño sostenía, pero fue Castle, que estaba más cerca de él quien se dio cuenta de qué era lo que había escrito.

-No sigas preguntando o te mataré – leyó el escritor – ¿Jaime, de dónde has copiado esto?

-Es lo que pone en esta carta – dijo, señalando una carta que había sobre la mesa.

Beckett la cogió rápidamente y la leyó.

-Creo que acabas de ayudarnos a resolver un asesinato.