Os dejo con un nuevo capítulo. Me alegra saber que el primer capítulo de esta segunda parte os gustó, espero que siga siendo así, gracias por leerme y por los comentarios (no me cansaré de decirlo xD).
Kate estaba agachada en el suelo, junto al sofá, atando los cordones de uno de los zapatos de su hijo; mientras tanto, Castle intentaba recoger la mesa.
-Ya está - le dijo Beckett a su hijo cuando hubo terminado, dándole un beso mientras le arreglaba el pelo con la mano.
Jaime se levantó, satisfecho con su nudo y se dirigió al otro lado del salón, donde tenía sus muñecos de Luke Skywalker y Darth Vader.
La detective se puso a ojear su móvil.
-¿Algún asesinato? – le preguntó Castle.
-No, es Lanie.
-¿Algo importante? – preguntó él, al ver que ella se había quedado pensativa al mirar el teléfono.
-Qué va – dijo, restándole importancia – me dice de quedar esta noche e ir a tomar algo, pero..
-Pero nada – le cortó él – ve con ella y diviértete. Jaime y yo estaremos bien.
Ella le sonrió y se acercó a su lado, hasta rodearle el cuello con los brazos.
-¿Seguro que no te importa?
-Seguro – contestó él, antes de besar sus labios.
Por la tarde, Beckett tuvo que volver a la comisaría a terminar de resolver un asesinato. Como era sábado, Jaime no tenía colegio, así que Castle se quedó con él.
-¿Te apetece que vayamos al parque un rato?
El pequeño se encogió de hombros.
-Anda vamos, así te espabilas un poco – El niño se había tumbado en el sofá y llevaba un rato medio adormilado.
Pero tras un rato jugando al balón en el parque, Castle notó que su hijo estaba más desanimado de lo normal.
-¿Te encuentras bien?
-Papá me canso – se quejó él, con un hilo de voz, para después tumbarse en la hierba. Su padre se sentó a su lado.
-¿Es porque mamá va a salir esta noche?
Jaime negó con la cabeza. Entonces, Castle se fijó en que los azules ojos de su hijo estaban algo irritados, le puso su mano en la frente y, efectivamente, comprobó que tenía fiebre.
Beckett y él tenían como acuerdo no consentir demasiado a su hijo, pero cuando se encontraba enfermo siempre era un buen momento para hacer excepciones. Castle cogió en brazos a Jaime, que se agarró fuertemente a su cuello, hasta dejarlo casi sin respiración, y se dirigieron de vuelta al loft.
Cuando llegaron, Kate ya estaba allí.
-Mamá, estoy enfermo – se quejó el pequeño a su madre.
-¿Qué le ocurre? – le preguntó ésta a Castle.
-Parece que tiene algo de fiebre – dijo él, después de haberse estirado tras dejar a su hijo en el suelo.
Kate se arrodilló junto a su hijo y le pasó una mano por la frente. El niño apoyó la cabeza en su hombro, abrazándola.
-Voy a darle jarabe para la fiebre – dijo Castle.
-Quizás será mejor que no salga esta noche – dijo Kate, al mismo tiempo que cogía a su hijo en brazos y lo sentaba en la encimera de la cocina.
-Ni se te ocurra dejar a un lado tus planes por eso. Jaime y yo nos quedaremos viendo una peli, ¿verdad? – dijo, dirigiéndose esta vez hacia su hijo.
El niño escondió la cabeza en el hombro de su madre y comenzó a sollozar. Ésta, le cogió la cara y vio cómo varias lágrimas rodaban por la mejilla de su hijo.
-Mamá, no quiero que te vayas – dijo en un tono apenas audible para después volver a apoyar la cabeza contra su hombro.
Kate le frotó la espalda y volvió la cabeza hacia Castle.
-Escucha – dijo el escritor, dirigiéndose hacia su hijo – mamá solo va a tomar algo con la tía Lanie y vuelve enseguida. Ella también se tiene que divertir.
Jaime volvió a emitir un profundo sollozo.
-Nosotros podemos hacer una sesión de cine y comer palomitas.
Al escuchar eso, el niño alzó la cabeza.
-¿Podremos ver Up? – preguntó entre sollozos. Kate esbozó una sonrisa.
-La que tú quieras – le respondió su padre.
Dos horas más tarde, Jaime esperaba sentado en el sofá a que su padre trajese las palomitas para poder empezar a ver la película. Kate, salió del dormitorio. Llevaba un vestido negro, algo informal, pero lo suficientemente arreglada para salir a tomar algo un sábado por la noche.
-¡Mamá, qué guapa! – dijo Jaime, tapándose la boca con las manos de forma exagerada al verla.
-¡Wow, sí, estás guapísima! – dijo el escritor desde la cocina, cogiendo el bol lleno de palomitas. Ella sonrío, ante los halagos de sus dos chicos.
-Adiós cariño – dijo la detective, agachándose junto a su hijo y dándole un beso.
-Adiós mamá – dijo el niño, abrazándola fuertemente.
-Que no coma muchas palomitas, le pueden sentar mal en el estómago – dijo, ahora dirigiéndose a Castle – y llámame si pasa cualquier cosa, ¿de acuerdo?
-De acuerdo, no te preocupes, tú solo sal y pásatelo bien. Y, sobretodo, no ligues.
La detective le dio un manotazo en el brazo, sonriendo. Él se acercó a su boca para darle un beso.
La película estaba a punto de finalizar, cuando Jaime comenzó a quejarse de un fuerte dolor en el estómago y, casi sin poder advertirlo, vomitó de lleno en la alfombra. El niño, asustado y todavía quejoso del dolor de estómago comenzó a llorar. El escritor, sin importarle mancharse con el vómito que su hijo tenía en el pijama lo cogió en brazos y trató de tranquilizarlo.
-Papá, ¿puedo dormir esta noche en vuestra cama? – preguntó, entre algún que otro sollozo.
Después de haberse cambiado los dos de pijama, Jaime se acostó en la cama de sus padres mientras Castle limpiaba el vómito del salón. Cuando éste volvió al dormitorio, el pequeño ya se había quedado dormido. Arropó a su hijo y se acostó junto a él.
Kate subió las escaleras haciendo el menor ruido posible, cuando llegó al piso de arriba encendió solamente la luz del pasillo y entró al dormitorio de su hijo, pero él no estaba allí. La cama estaba vacía y sin deshacer. Una sonrisa le cruzó el rostro, seguro que Castle le había dejado dormir en su cama. Y, efectivamente, cuando bajó y entró a su dormitorio se los encontró a los dos allí dormidos. Ambos tenían una postura muy parecida, con una pierna fuera de las sábanas, uno a cada lado y un brazo estirado hacia arriba. Kate se tuvo que tapar la boca con la mano para no reírse.
Después de comprobar que a su hijo le había bajado la fiebre, se tumbó en la cama, poniendo un brazo por encima de Jaime, hasta llegar a la cintura de Castle. Éste, dormido, entrelazó su mano con la de ella, quien cayó también en un profundo sueño.
Gracias por leerlo ;-)
