Capítulo 2

La joven muchacha de cabellos dorados había sido despertada por el molesto ruido del despertador, se levantó con mucho pesar, había puesto su despertador lejos para no apagarlo de manera inconsciente. Se vistió con su uniforme, el cual consistía de una falda verde amarronada, una camisa blanca, con una corbata negra y un saco de igual color de la falda, medias hasta debajo de la cintura y zapatos marrones, tomo un bolso de escuela y se dirigió al piso inferior.

Madre: ¡oh! ¡Ya estas despierta! Ven a desayunar

Julie: yo, yo no quiero desayunar

Madre: ¿!pero que dices niña¡? Si ayer no comiste, come algo o te desmayaras

Julie: pero no tengo hambre

Madre: por favor, hazlo por mí, aunque sea una manzana

Julie: mama… -dijo en tono refunfuñón

Madre: ¡si no lo haces te llevare al médico ahora mismo!- sentencio de manera amenazante

Julie: buffff ¿solo una manzana?

Madre: solo una, mi amor –dijo con una sonrisa radiante

La jovencita salía de su casa mientras le daba un mordisco a una manzana la cual descarto en un cesto. Tomo el camino de la derecha para ir a su escuela

Julie: otro horrible día empieza

Mientras tanto en otro lugar...

- ¿! OTRA VEZ CON ESO!? ¡YA TE DIJE QUE NO ME MOLESTES!-

-PERO PADRE, ESTO NO ES VIDA, ESTO ES UN DEPOSITO, UN DEPOSITO DE LA GENTE QUE NO SIRVE. TE LO RUEGO, DEJAME IR A LA CIUDAD A ESTUDIAR ¡YA CONSEGUI LA BECA! SOLO TIENES QUE FIRMARLA-

-QUE-ME-DEJES- ¡EN PAZ!-

-…-

-¿A QUE ESPERAS? ¡YA VETE!-

- te daré la mitad-

-¿eh?-

-de los mil dólares que me dan de beca te daré 500, SOLO si firmas esto-

-… ¿estas intentando sobornar a tu viejo?-

-¿y qué? Tú me lo enseñaste-

-700-

-no hay trato-

-600-

-no hay trato-

-¿ME ESTAS INTENTANDO VER LA CARA DE IDIOTA?-

-500 a la una- decía el joven castaño mientras tomaba el papel entre sus manos como si fuera a romperlo

-¿Qué haces?-

-500 a las dos- decía mientras lo rompía levemente

-no lo harás- pero el papel seguía crujiendo

-y 500 a las tres-

- ALTO-

-…-

-TU GANAS, 500 serán, dame ese papel- decía mientras se lo arrebataba de mala gana y lo firmaba

-gracias-

-si, si, cállate, quiero mis 500 en una semana, a más tardar-

-como prometí…- decía el joven como si estuviera reprimiendo una indescriptible felicidad