17. Sin negociaciones, sin rendición, sin retirada
En la Isla de Whitetail se había montado todo un fuerte de batalla: defensas con murallas cortas y nidos de ametralladoras, armaduras y escudos de energía y el arma secreta misteriosa, la mini-torre que se había traído Hope consigo. Habían pasado días enteros en los que algunos empezaban a preguntarse si de verdad el enemigo aterrizaría allí.
- Ya te lo he dicho- decía Gale por enésima vez a Cooper, quien más que desconfiar de los enemigos desconfiaba de los traidores- Tienen que aterrizar aquí.
- Lo harán aunque no quieran- le reiteró Hope- Pero les llevará más tiempo de lo esperado hacer funcionar bien la Cascada. Se diseñó para viajes cortos, no interplanetarios. Lo más lejos que fue es la estación espacial de la luna.
- ¿Y cómo diantres esperan hacerla funcionar a semejante distancia?
- Aumentando la potencia, lo más posible. Cuanto más lejos el viaje, más energía necesita el sistema.
- Lo que me preocupa son estos- dijo Cooper- No me fio de ellos. Ya nos la han clavado antes y no pienso dejar que lo vuelvan a hacer.
- ¿Qué pasa, Coopy? ¿Demasiado fuerte para ti? Mejor ve al baño a aliviarte.
- Cállate, Gale.
- ¡Basta!- interrumpió tajantemente Hope viendo llegar una pelea- Tenemos cosas de las que ocuparnos, asi que dejad las trifulcas entre vosotros para más tarde.
- Qué fácil es para ti el hablar así- dijo Joshua- Tú no tienes ni idea de lo que es el campo de batalla.
- ¿Y tú si? Dime entonces qué es. Ilústrame con tu sabiduría, Joshua. Háblame del campo de batalla y las guerras. Ah, es cierto: no puedes. Y no puedes hacerlo porque no sabes nada de eso. Howard Hart, mi tío, si lo sabe. Él fue del Escuadrón Ranger durante las Guerras Huecas. Fue al campo de batalla a pelear todos los días, registrando los alrededores y buscando una forma de enfrentar mejor al enemigo y todos los días volvía lleno de heridas, contando cuántos hombres había perdido contra los enemigos y luego rezando porque no hubiera más el día de mañana. Me entrenó para ser soldado e incluso sobreviví algunos años siendo uno. Me enseñó que en el fragor de la batalla no tienes tiempo de pensar: sólo disparar. Disparas a todo lo que se mueve esperando darle a algún enemigo mientras peleas no sólo por la vida de los demás, sino también por la tuya. Avanzas entre pilas de cadáveres tanto aliadas como enemigos, y enfrentas la muerte de cara sin cesar a cada vuelta de la esquina. Y de noche es peor: te atas a un árbol bien alto y cuando la oscuridad es tan intensa que ni siquiera puedes ver tus manos, oyes un ruido. Cualquier ruido. Eso basta para ponerte en alerta. Y luego oyes un chirrido. Y un grito. Luego les oyes matar y rezas porque no seas tú el siguiente. Todos y cada uno de los soldados de la Tierra pasaron por ello incesantes veces ¿Y sabéis por qué?- mira a todos- Lo hicieron para que nosotros viviéramos. Podríamos haber aterrizado en una tierra solitaria, llena de oscuridad y misterio. Desconocida por y para todos, solos. Pero en lugar de eso, el destino tenía otros planes. Se nos dio Equestria. Algunos la aceptaron. Otros la rechazaron. Pero eso ya no importa. Esta tierra nos ha recibido con los brazos abiertos y nos ha abrazado con fuerza entre el calor de sus gentes. No nos ha negado nada, ni siquiera a los traidores, a quienes más que la muerte les dieron el destierro, quizás esperando que algún día así vieran que estaban equivocados y se unieran a nosotros bajo la luz del sol ante su soledad. Y ese pudo ser nuestro destino: Equestria nos podría haber rechazado, pero nos aceptó. Nos dio un hogar. Nos llamó amigos. Aquí hemos sido hermanos, compañeros y maestros. Y muy pronto, seremos padres y madres de otra generación. Decidme ¿Queréis que esta tierra de armonía y paz sufra el mismo destino que nuestro hogar?
- ¡No!- gritaron casi todos a la vez.
- ¿Dejaréis que más padres y madres manden a sus hijos a la oscuridad del espacio, rezando porque lleguen a otro planeta, huyendo interminablemente de un enemigo que jamás se rendirá hasta matarnos a todos?
- ¡No!- más alto.
- ¿Vamos a dejar que los errores de la humanidad, nuestros errores del pasado, nos persigan para siempre?
- ¡No!- todos gritaron a la vez, más alto que antes.
- ¿Les tenemos miedo?
- ¡No!
- ¿Dejaremos que se salgan con la suya y destruyan este, nuestro nuevo hogar?
- ¡NO!
- ¿Vamos a luchar?
- ¡Si!
- ¿Vamos a hacerlo?
- ¡Si!
- ¿Vamos a ganar?
- ¡SÍ!
- ¡Pues vamos! ¡Se romperán las armaduras, se partirán las espadas, nos quedaremos sin balas, se atascarán las armas, sufriremos heridas, nos caeremos, nos herirán, nos tumbarán, pero malditas sean todas las estrellas y sinos del universo si estos malditos seres sin corazón consiguen destruir nuestros hogares! ¡Dejad las dudas atrás, olvidad el futuro, es el presente lo que importa y vamos a vivirlo! ¡Todos van a vivirlo! ¡Por el imperio del sol, por el reino de la luna, por Equestria y por la humanidad!
Emocionados, todos estallaron en un gran grito de guerra. Contagiados por ese sentimiento de unión, hasta los Katastrophes se les unieron. Eso les hizo animarse y convencerse de la realidad de la situación: aquello iba en serio. Y tenían que tenerlo siempre muy presente.
Por fin fue llegar el décimo día cuando del cielo cayó un rayo de luz azul transparente, del cual salió Kairos metido en una armadura junto a una legión de soldados Huecos y una nave, situados justo al otro lado de la orilla del lago central de Whitetail. Nada más verles, una sonrisa sarcástica se dibujó en su rostro.
- Vaya, vaya- dijo lentamente- Mira quiénes están aquí. Si son mi viejo equipo con los deshechos de la vieja humanidad.
- Hola, Kairos. Veo que sigues siendo un paria, como siempre.
- Estoy en el equipo vencedor, Gale. Como siempre. Esa es la diferencia entre vosotros y yo: yo no trabajo con sobras.
- Vete a la mierda.
- No: ahí es adónde vais a ir vosotros. Es dónde siempre habéis estado destinados a ir.
- ¡Traidor de mierda! ¡Nos has usado! ¡Sólo éramos un medio para un fin!
- ¿Y te has dado cuenta ahora? Da igual. Largaos, corred a esconderos. Huid y quizá os deje vivir. Si os rendís y depositáis las armas, quizá si llegáis a pedir misericordia, tal vez os salvéis.
Hope interrumpió el intercambio de pullas entre los enemigos para darle una señal de Shinobu, quien pulsó un botón de la consola de mandos de la mini-torre, provocando que una descarga de energía salga disparada y destruya la nave, además de que se desplegara un escudo de energía alrededor de la isla, encerrándolos a todos dentro.
- Olvídalo, Kairos- tomó la palabra Hope- Si quieres nuestras armas, ven a por ellas.
Kairos lanzó un grito de ira al cielo y desplegó la legión.
La batalla había empezado.
