Muchas gracias por los comentarios que me dejáis!

Este capítulo es un poquito más largo, pero espero que os guste igualmente. Como siempre, espero comentarios/sugerencias/críticas..

Rick estaba sentado sobre el borde de la cama. Movía las manos, entrelazando sus dedos nerviosamente. Por fin Kate salió del cuarto de baño. Llevaba el predictor en la mano. Castle se levantó y ella se acercó a él, también estaba nerviosa.

-¿Y bien? – preguntó él.

-Hay que esperar unos minutos.

Él le agarró la mano y Kate entrelazó sus dedos, apretando la mano del escritor con fuerza.

-Castle, ¿y si el resultado es negativo?

-Seguiremos intentándolo – Ella bajó la cabeza, estaba algo asustada – Venga, si sabes que estás deseando que sigamos intentándolo – dijo él, guiñándole un ojo.

Kate sonrió. Admiraba la capacidad que tenía Castle de hacerla sonreír en cualquier momento.

Cuando volvió a mirar el predictor, éste ya marcaba el resultado de la prueba.

-Castle – dijo ella, agarrándole un brazo.

-¿Qué? – Preguntó, nervioso - ¿Negativo?

Ella le miró, mostrando una amplia sonrisa.

-Es rosa, Castle… ¡estoy embarazada! – su voz se quebró al final de la frase debido a la emoción.

Castle comenzó a reírse por la enorme alegría que le producía la nueva noticia y abrazó a Kate fuertemente, elevándola por el aire al mismo tiempo que giraba sobre sí mismo. Ella le agarró la barbilla con las manos y besó sus labios al mismo tiempo que mostraba una gran sonrisa de felicidad.

-Vamos a ser padres – dijo él.

-Otra vez – concluyó ella.


Tres meses más tarde

Tras salir de un interrogatorio, Beckett recibió una llamada de teléfono del despacho de dirección del colegio de Jaime. Al parecer, su hijo había tenido una pelea con otro niño de su clase.

-Eh, Ryan, ¿te puedes ocupar tú de ella? – dijo, refiriéndose a la sospechosa que acababa de interrogar – tengo que ir al colegio de Jaime.

-Claro, pero ¿es que ha ocurrido algo? – contestó su compañero, preocupándose.

-Al parecer Jaime se ha peleado con otro niño, no sé qué ha podido ocurrir.

-Ve sin problemas, yo me ocupo.

-Gracias Ryan – dijo, pasándole una mano por el hombro a su compañero.

La Detective llegó al colegio de su hijo lo más rápido que pudo, intentando evitar el denso tráfico que a esas horas azotaba la ciudad. Castle había viajado dos días antes a Londres para presentar su nuevo libro, así que ella sola se tendría que hacer cargo de la situación. Se preguntaba por qué su hijo habría discutido con otro niño; en el tiempo que llevaba en el colegio nunca había tenido este tipo de problemas.

Cuando cruzó las puertas que daban acceso al pasillo de dirección, se encontró a Jaime sentado en un banco del pasillo, a su lado estaba Hugo, un niño con el que Jaime siempre se había llevado bien.

Al acercarse a su hijo, éste no alzó la cabeza y siguió con su postura encorvada hacia abajo, mirando cómo sus pies colgaban del banco.

-¿Cariño, qué ha pasado? – le preguntó ella, acariciándole la mejilla después de agacharse frente a él. Su hijo no le contestó.

-No me ha dejado las pinturas y me ha pegado – contestó Hugo, a su lado, al ver que Jaime no respondía.

-¡No es verdad! – gritó Jaime a su amigo.

-Eh, eh, ya vale – dijo Kate, intentando poner un poco de paz – no tenéis que pelearos.

-Pero me ha hecho sangre – dijo Hugo, mostrándole a Kate su brazo extendido, con lo que parecía un arañazo.

-Jaime, ¿es cierto eso? – preguntó esta vez dirigiéndose a su hijo.

Él no contestó y agachó la cabeza, apretando fuertemente los labios, enfadado. En ese momento, una mujer rubia, con falda gris hasta las rodillas y una blusa de color beige, con toda la pinta de ejecutiva, apareció por las mismas puertas por las que antes había entrado Kate.

-Buenos días – dijo saludando a Kate y extendiéndole la mano – soy Amanda, la madre de Hugo.

-Yo soy Kate – dijo ella, devolviéndole el saludo.

-La madre de Jaime, imagino – dijo la mujer, mientras besaba la frente de su hijo.

-Así es - contestó ella – Parece que han tenido una pequeña pelea.

La puerta del despacho de dirección se abrió y frente a ellas apareció el director del colegio, el señor Martin Deank, junto con Shelly, la profesora de los niños. Tras los correspondientes saludos, ambas madres pasaron al amplio despacho, con muebles de roble y sillones de cuero. Aquello no hacía más que recordar a Kate la apuesta que perdió ante Castle y por la cual llevaban a su hijo a un colegio que ella consideraba para niños pijos.

Martin y Shelly explicaron a Kate y Amanda lo que había ocurrido con sus hijos. Al parecer, la profesora les mandó hacer un dibujo del fin de semana y cuando Hugo fue a pedirle una pintura a Jaime, éste no se la quiso dejar y le arañó en el brazo a su compañero, que trató de defenderse, pegándole una patada a Jaime.

-Es algo que me ha extrañado profundamente porque precisamente Jaime está siempre dispuesto a compartir con los demás niños de la clase – dijo la profesora, dirigiéndose hacia Kate.

-Sí, yo tampoco entiendo qué ha podido ocurrir, él no suele comportarse así – dijo la Detective, aunque tenía sus sospechas del motivo por el cual su hijo había actuado así – Hablaré con él.

Cuando Amanda y Kate salieron al pasillo, los niños seguían sentados uno en cada esquina del banco. Las dos madres se despidieron disculpándose por lo sucedido.


Tras llegar a casa, Kate se sentó frente a su hijo, en el salón.

-¿Por qué no has compartido las pinturas con Hugo? – preguntó Kate, seria.

-Las tenía yo – dijo su hijo, todavía enfadado.

-Jaime – Kate le habló esta vez con un tono de voz más suave - ¿es porque vas a tener un hermanito? – Los ojos de Jaime comenzaron a brillar, estaba a punto de echarse a llorar – No quieres compartir tus cosas con él.

Kate conocía a su hijo lo suficiente como para saber qué le estaba ocurriendo. Aquello y su gran habilidad para interrogar sospechosos le hicieron dar en el clavo.

Jaime se bajó del sofá y se escapó corriendo hacia el despacho de su padre. La Detective fue tras él y lo encontró escondido bajo el escritorio de Castle, llorando. Se agachó junto a él y se sentó a su lado.

-No quiero darle mis juguetes – dijo Jaime, entre sollozos.

-No vas a tener que darle tus juguetes. Tus juguetes son tuyos y el bebé tendrá los suyos – le aclaró su madre, utilizando un tono suave en todo momento – Pero tendréis que compartirlos.

Jaime seguía llorando. Algo le decía a Kate que no era solamente por compartir sus juguetes.

-¿Es porque crees que vamos a querer más al bebé? – le preguntó Kate, atrayendo a su hijo hacia sí para abrazarlo.

El niño se abrazó a ella mientras su llanto aumentaba.

-Cielo, papá y yo te vamos a seguir queriendo igual.

-Pero…. – Sus palabras se entrecortaron debido a los sollozos, así que su madre trató de tranquilizarlo, frotándole la espalda - Un niño mayor en el recreo – prosiguió él - me ha dicho que sus papás quieren más a su hermano pequeño.

-Pues ese niño te ha mentido – Jaime alzó la cabeza, mirando a su madre. Sus sollozos iban cesando - ¿Tú a quién quieres más, a papá o a mí?

El niño se quedó callado unos segundos, hasta dar con la respuesta.

-A los dos igual – dijo, casi en un susurro.

-Y nosotros te querremos a ti igual que tu hermano o hermana - le dijo ella, antes de abrazar a su hijo de nuevo, éste parecía haberse quedado más tranquilo – Pero tienes que prometerme que no te volverás a pelear con ningún niño de nuevo, y compartirás con ellos, ¿de acuerdo?

-Te lo prometo – dijo el niño, enredando el dedo meñique con el de su madre. Ésta sonrió.

-Ven, te enseñaré una cosa – dijo ella, levantándose.

El día anterior Kate había tenido cita con el ginecólogo, era la segunda ecografía, pero esta vez se apreciaba mejor al bebé. La Detective todavía no se la había enseñado a su hijo porque pensaba esperar a que estuviese Castle también, pero dado este pequeño imprevisto decidió mostrársela.

Ambos se dirigieron a la cocina. Ella sacó la fotografía de su bolso, cogió a su hijo en brazos y lo llevó hasta el sofá, donde lo sentó en sus rodillas.

-Mira, es el bebé – le dijo, mostrándole la fotografía.

-¿Esto es el bebé? – dijo el niño, acercándose la fotografía a los ojos para apreciarlo mejor.

-Sí – dijo ella, entre risas.

Kate le explicó a su hijo dónde estaba la cara y las demás partes del cuerpo del bebé mientras él seguía la explicación con atención.

-¿Ahora nos está escuchando? – preguntó Jaime.

-Sí – le contestó ella, llevándose una mano a la tripa.

-Seguro que echa de menos a papá ¿a que sí?

-Sí, seguro que sí ¿tú lo echas de menos?

-Muchísimo – dijo él, de manera exagerada.

En aquel momento, como si se tratara de una conexión telepática, el teléfono móvil de Beckett sonó, era él. Kate puso el manos libres y estuvieron hablando un buen rato con el escritor, sin contarle lo ocurrido aquella mañana con Jaime, pues prefería hacerlo en persona. Castle les contó que su vuelo se había retrasado unas horas, así que volvería un poco más tarde.


La Detective tenía que volver a la comisaría, así que Martha fue al loft para quedarse al cuidado de su nieto.

-Le he dejado la merienda preparada, en el frigorífico – le dijo a la actriz – son frutas. Si pasa cualquier cosa llámame al móvil.

-Tranquila querida, ve tranquila.

-Siento que te tengas que quedar cuidándole Martha.

-No permito que te disculpes por eso. Sabes que estoy encantada de quedarme con él, al igual que estaré encantada de quedarme con el que viene – dijo, mirando la tripa de la Detective.

-Gracias Martha – dijo Kate, sonriéndole.

Se despidió de su hijo, que estaba formando un castillo de lego en el suelo y se marchó a la comisaría.

Tuvo que retrasarse más de lo previsto en la doce, así que para cuando volvió Jaime ya estaba bañado y cenado. Estaba un poco de morros porque no le gustaba la cena que le había preparado su abuela.

-De tal palo, tal astilla – dijo Martha, refiriéndose al escritor.

Cuando la actriz se marchó, Kate subió a acostar a Jaime. Éste se acostó de mala gana, ya que quería esperar a su padre despierto. Kate le dejó la lamparita encendida y bajó sin hacer ruido. Miró una vez más la fotografía de la ecografía de su bebé y la guardó en el primer cajón de la mesita de noche. Al deshacer la cama, un fuerte olor a Rick invadió el dormitorio. Se suele decir que las embarazadas perciben mejor los olores, sea como sea, aquella sensación le hizo echar más de menos al escritor así que se tumbó en el lado de la cama que él solía ocupar. Dejó que su olor la invadiese y se imaginó que él estaba allí, con ella, abrazándola.


Unas horas después, un ruido le despertó. Intentó adaptar sus ojos a la oscuridad de la habitación, lo cual no le costó mucho ya que la puerta del dormitorio estaba entreabierta y dejaba traspasar la luz de alguna lámpara del salón encendida.

-Lo siento.

Entonces Beckett lo vio. Era Castle, que había tropezado con la esquina de la cama.

-Ey – le saludó ella, con una sonrisa.

Castle dejó el bolso que llevaba con ropa en el suelo, a un lado de la cama, y se tumbó al lado de Kate.

-Te he echado de menos – le dijo, acercándose a su boca para besarla – y tú a mí, ¿me has echado de menos?

-Mucho – dijo ella, separándose de sus labios para poder responder – Mm, espera, tengo que enseñarte algo.

Se giró para acceder al cajón de la mesita de noche, cuando se dio cuenta de que todavía estaba en el lado de él.

-¿Puedes abrir mi cajón y coger el sobre que hay?

El escritor se giró hacia el otro lado y abrió el cajón, siguiendo los pasos que la Detective le había indicado y le entregó el sobre a ella. Kate encendió la lámpara antes de abrir el sobre y entregarle la fotografía al escritor.

-Es… perfecto – dijo él, observando la fotografía con una tonta sonrisa en el rostro – o bueno, o perfecta.

Después de observarla durante cinco minutos o más, volvió a dejar la fotografía en la mesilla y se giró hacia Kate. Le acarició la mejilla con una mano, justo antes de invadir sus labios. Ella le rodeó la cabeza con sus brazos, atrayéndolo todavía más hacia sí. El escritor bajó sus manos hasta el borde de la camiseta de ella y la alzó despacio, sin separar sus labios de los de ella, acariciando su vientre, cada vez más abultado, e intentaron aprovechar los tres días que habían estado sin verse.


Gracias por leerlo!