Wow! Muchísimas gracias por todos los comentarios que me dejasteis en el capítulo anterior, me alegra mucho saber que gustó y que os está gustando la historia en general. Creo que alguna vez lo he dicho, estoy abierta a sugerencias si os gustaría que pasase algo en especial, o que alguno de los personajes aparezca más o algo, me lo podéis sugerir :)
Os dejo con un nuevo capítulo que espero que os guste igualmente, como ya dije salto algunos meses por no repetir cosas que ya puse con Jaime.
Seis meses después.
Sus grandes y claros ojos azules se cerraron por completo mientras continuaba succionando el chupete. Con cuidado, Kate la acostó en la cuna, subiendo después lo barrotes de ésta. Encendió el intercomunicador de bebés y salió del dormitorio, haciendo el menor ruido posible.
Bajó las escaleras casi a tientas, pues el salón estaba casi por completo a oscuras. La Detective comprendió el motivo de dicha oscuridad cuando una luz de color verde llamó su atención detrás del sofá. Jaime y Castle estaban jugando al láser tag. Bajó las escaleras y se sentó en el primer escalón, para no entorpecer el juego de sus chicos cruzando el salón en ese momento.
El escritor salió sigilosamente de detrás de una de las columnas del salón y avanzó hacia el sofá, por detrás del cual se reflejaba un haz de luz verde. Cuando fijó la vista en aquel punto pudo apreciar también un pequeño zapato que sobresalía por la esquina del sofá.
Hizo un movimiento rápido y disparó su pistola, creyendo que había alcanzado a su hijo, sin embargo no fue así. Se llevó una gran sorpresa cuando su hijo apareció de un salto al otro extremo del sofá y disparó al escritor, apagando así la luz azul de su chaleco. El niño había puesto un muñeco con una luz verde, igual que la de su chaleco, detrás del sofá y junto a éste había dejado uno de sus zapatos, para despistar así a su padre.
-¡He ganado! ¡Iujuuu! – dijo Jaime, subiéndose al sillón y comenzando a saltar.
-¿Cómo has podido engañarme de esa manera? – gritó Castle, ofendido y asombrado al mismo tiempo por la estrategia de su hijo – Has tenido un buen profesor, supongo – dijo, intentando atribuirse los méritos.
Jaime comenzó a reírse sin dejar de saltar, pero un llanto, a través del intercomunicador de bebés que Kate sostenía en la mano, le hizo parar.
-Genial, habéis despertado a Johanna – les dijo Kate, subiendo de nuevo las escaleras hasta el piso superior.
La pequeña Johanna estaba sufriendo la aparición de su primer diente, lo cual le había producido incluso un poco de fiebre. La Detective cogió a su hija en brazos y bajó con ella al salón. La pequeña continuaba llorando.
-Castle, ¿puedes traer su mordedor?
La niña se había metido una mano en la boca y se la estaba llenando de babas. Su padre cogió del frigorífico el mordedor de Johanna y se lo acercó. Ayudó a su hija a cogerlo con la mano y ésta se lo llevó rápidamente a la boca, aliviando así su dolor.
Jaime se acercó a su hermana y le agarró el brazo que tenía libre, comenzando a acariciar con él la propia cara de Johanna mientras la niña reía a carcajadas ante las tonterías de su hermano, provocando a la vez una sonrisa en la cara de la Detective y el escritor.
-¡Papá! ¿Podemos hacer chocotillas? – dijo éste, una vez hubo terminado de jugar con su hermana.
-Me parece una idea estupenda – contestó él.
-¿Chocotillas, para cenar? – les dijo Kate, alzando una ceja.
Castle y su hijo se volvieron hacia ella poniéndole morritos y agrandando los ojos.
-Está bien – dijo ella, al fin – pero antes hay que ir a bañar.
-¿Me puedo bañar con Johi? – dijo Jaime. Johi era la forma cariñosa que él utilizaba para llamar a su hermana.
A Castle y a Kate les pareció una buena idea. Johanna estaba teniendo un mal día por culpa de los dientes y no le iban a negar ese pequeño momento de diversión con su hermano. Para más seguridad de la pequeña, Kate se metió con ellos en la bañera. Jaime estuvo jugando con la espuma, poniéndose barba y poniéndole pelo a su hermana, que disfrutaba enormemente chapoteando y salpicando agua en todas direcciones.
Cuando salieron, Castle se ocupó de secar y ayudar a vestir a Jaime, para después ir a hacer las chocotillas.
-¿Por qué a mamá no le gustan las chocotillas? – le preguntó su hijo.
-Nosotros somos los únicos que sabemos apreciar el delicioso sabor de esta maravilla – le dijo Castle a su hijo, guiñándole un ojo.
Mientras tanto, después de vestirse ella, Kate se ocupó de vestir y secar a Johanna. La pequeña, a pesar del dolor en la boca, sonreía con cada cosa que su madre le decía de manera cariñosa. Después de vestirla, bajó a la cocina y le hizo un biberón.
-Castle, Jaime acaba de bañarse y ya tiene el pelo manchado de chocolate – le riñó ella al escritor.
-Ahora se lo limpio. Me está ayudando a cocinar, se tiene que manchar – dijo él, excusándose.
Después de darle el biberón a Johanna, se quedó dormida en los brazos de su madre, así que ésta la llevó a la cuna. Por su parte, Castle y Jaime terminaron de hacer la cena y esperaron a su madre para cenar los tres juntos.
Apenas llevaban una hora dormidos cuando un llanto les despertó a través del interfono. Kate se iba a levantar, cuando el escritor le frenó.
-Shh, yo me ocupo.
El escritor bajó con su hija al salón, para no despertar a Jaime, y estuvo paseando de un lado a otro de la gran sala con su hija en brazos. Johanna no parecía tener ganas de dormir, de hecho tenía los ojos bien abiertos. Castle la miraba, con una pequeña sonrisa en el rostro. La pequeña Johanna guardaba un gran parecido con su musa, a pesar de aquellos ojos azules, que era una de las pocas cosas que había heredado de él. Su hijo, sin embargo, con el paso de los años había ganado más parecido con su padre. Su madre le decía que era la viva imagen de él mismo de pequeño.
Finalmente decidió sentarse con Johanna en el sofá y le contó la historia de cómo vino al mundo, dramatizando cada momento de la historia, como buen escritor que era. Mientras tanto, el bebé continuaba moviendo su chupete dentro de su boca, con los ojos bien abiertos.
La luz de la mañana que entraba a través de las cortinas del dormitorio la despertó. Miró el reloj de la mesita de noche, las seis y media. Como hasta las siete no tenía que levantarse, decidió intentar dormir un rato más, pero pronto se dio cuenta del vacío que había tras su espalda. Se giró y comprobó que el lado derecho de la cama, que el escritor solía ocupar, estaba vacío.
Recordó que la noche anterior, Johanna comenzó a llorar y fue él quien se ocupó de ello. Comprobó el intercomunicador de bebés, pero la cuna estaba vacía. Se puso sus zapatillas de estar por casa y decidió salir en busca de ambos.
No tardó en encontrar la respuesta, nada más llegar al salón. El escritor estaba sentado en el sofá, con la cabeza hacia atrás y ladeada un poco hacia la izquierda. Johanna dormía plácidamente en sus brazos. Su chupete se le había caído mientras dormía y reposaba entre las mantas en las que estaba envuelta. Kate no pudo evitar reírse al ver la imagen y al ver cómo, además, a los dos les resbalaba un rastro de baba.
Intentando ser sigilosa, Kate volvió al dormitorio, cogió su teléfono móvil y volvió al salón. Todavía sonriendo, les sacó una fotografía. El flash despertó al escritor.
Kate cogió un pañuelo y le limpió la baba al todavía confuso de Castle. Después se la limpió a su hija, que continuaba dormida.
-¿Cuánto rato lleváis aquí? – le preguntó Kate.
-No lo sé – contestó él – cuando por fin se quedó dormida, no quise moverla por si volvía a despertarse. Creo que no siento los brazos.
La Detective cogió a Johanna de los brazos del escritor, quien comenzó a hacer ejercicios exagerados, según Kate, por el salón para volver a sentir los brazos.
-Los necesito para trabajar – alegó él - ¿Cuánto crees que pagarían por ellos?
-¿Por tus brazos? – dijo ella, riéndose.
-Lo digo en serio. Son un bien muy preciado – ella se rió de nuevo - ¿no lo crees? Espera, ¿insinúas que no son lo suficientemente fuertes?
Kate subió al dormitorio con su hija, mientras el escritor se tocaba los brazos e intentaba mostrar la bola que según él, tenía.
-Hm… - dijo, mirándose al espejo del cuarto de baño – pues eso va a cambiar. Voy a hacer ejercicio.
Gracias por leerlo! :)
