Aquí vengo con un nuevo capítulo! Como siempre, espero que os guste y gracias por los comentarios/opiniones/críticas :) sois geniales.

Una cosa más: Me he animado a escribir este fic en inglés, para poder subirlo en inglés también. El caso es que, aunque no me guste tener que pedirlo, quería preguntar si alguien que sepa inglés o que tenga un inglés así fluido se ofrecería a leerlo antes de que yo lo suba y me diga si hay algún error así gordo o algo por encima (porque no es que yo sea una experta en inglés), vamos, si alguien se ofrece a revisarlo. Y yo se lo agradecería enormemente xD Siento pedirlo! (Si alguna persona quiere que me lo diga en un comentario o por mensaje privado).

Espero que os guste el capítulo.


La Detective sentó a su hija en la trona para bebés, mientras Castle le preparaba el biberón del desayuno. Mientras tanto, Kate subió a despertar a Jaime.

Al escuchar los tacones de su madre chocar contra los escalones, Jaime agarró las sábanas y se tapó de nuevo. Cuando Kate entró al dormitorio de su hijo se aproximó a la ventana y corrió las cortinas, dejando así entrar la luz. Después se arrodilló junto a la cama de su hijo y, frotándole la frente con la mano, le dio un beso. Era algo que hacía a diario.

Jaime abrió los ojos, intentando disimular que ya estaba despierto.

-Despierta dormilón, hay que ir al cole – le susurró Kate.

-Es que no me encuentro muy bien – mintió Jaime.

-¿Qué te duele? – preguntó Kate, esta vez con algo de preocupación.

-La cabe..tripa, la tripa – contestó Jaime, confuso, al mismo tiempo que arrugaba la nariz. Era un gesto que hacía al mentir.

Kate torció el gesto al descubrir que su hijo estaba mintiendo. Aún así, le tocó la frente para intentar hacerle confesar por sí mismo.

-Pues no tienes fiebre – le dijo – y tampoco parece que te duela el estómago.

-Pero sí que me duele – se quejó él.

-Sabes que detecto muy bien a los mentirosos, ¿verdad?

Su hijo la miró sin decir nada y agarró con más fuerza todavía las sábanas, a la altura del cuello.

-Venga Jaime. Ahora no te apetece ir al cole, pero luego sabes que te lo pasas muy bien con tus amigos.

El niño apretó los labios y negó con la cabeza varias veces.

-Jameson – le advirtió su madre, esta vez poniéndose más firme.

Al ver que Jaime seguía sin mover un solo músculo, la Detective agarró las sábanas y tiró de ellas con fuerza para, al menos, destapar a su hijo a ver si así conseguía que se levantase.

-¡No mamá no! – gritó Jaime con fuerza, intentando agarrar las sábanas. Su rostro palideció cuando Kate destapó la cama por completo y éste agachó la cabeza.

Beckett, que pensaba que Jaime simplemente tenía un arrebato en ese momento y no quería ir al colegio, se llevó una gran sorpresa al ver el motivo por el cual realmente su hijo no quería levantarse. En el centro de la cama, a media altura de ésta, había una gran mancha que empapaba las sábanas y el colchón. Jaime se había hecho pis en la cama.

-Yo no quería – dijo el niño, volviendo a agachar la cabeza.

Kate, que no sabía muy bien cómo reaccionar, decidió llevar el asunto con normalidad. Aunque a ella nunca le había pasado, había escuchado casos en los que los niños llegaban a crearse un trauma por hacerse pis en la cama.

-Cariño no pasa nada. Es solo pis.

Su hijo alzó la cabeza hacia su madre, sorprendido por su reacción. Todavía tenía el semblante triste.

-Me enfadaría si lo hubieras hecho a propósito, pero tú no querías mearte en la cama ¿verdad?

-No – contestó él – cuando me he despertado ya me había hecho pis.

-Por eso no pasa nada – le dijo Kate, acercándose a él para darle un beso – pero ahora te tienes que dar una ducha rápida y desayunar, sino llegarás tarde al cole, ¿vale?

Después de darle una ducha a su hijo, Kate bajó a la cocina mientras Jaime terminaba de vestirse arriba.

-¿Por qué habéis tardado tanto? – preguntó Castle, que estaba sentado poniendo caras graciosas a su hija.

-Se ha hecho pis en la cama – le susurró Kate.

-¿Jaime? – dijo el escritor, asombrado.

La Detective se llevó un dedo a los labios, haciendo así callar al escritor, pues Jaime estaba ya bajando las escaleras y no quería que tomasen el asunto con mucha importancia.

-Ey, campeón – le saludó su padre – se te va a enfriar el desayuno.

Jaime miró a su madre de reojo, adivinando que no le había contado nada a su padre y comenzó a desayunar, callado. Kate se incorporó a su lado y le susurró al oído.

-¿Se lo contamos a papá?

El niño se metió una cucharada de cereales a la boca y asintió.

-¿Qué pasa? – intervino el escritor.

Jaime y Kate se dirigieron una mirada cómplice.

-Es que hoy me he hecho pis en la cama – confesó Jaime a su padre – pero mamá me ha dicho que no pasa nada, porque no lo he hecho aposta.

-¿Mearse en la cama? Bah – dijo Castle, restándole importancia – yo también lo hacía.

Kate dirigió una mirada de desaprobación a Castle, así que éste intentó arreglarlo.

-Quiero decir, que, yo también lo hacía, sin ser consciente de ello. Hasta los once años – dijo esto último en un susurro apenas imperceptible, suficiente para que Kate le dirigiese otra mirada de desaprobación – Tú solamente intenta no hacerlo más y ya está.


Gracias por leerlo!