En primer lugar, gracias a todas las personas que se ofrecieron a revisarme el fic en inglés y mil gracias a quienes finalmente me ayudaron, en especial a Andrea que su ayuda me fue bastante útil :)
Recuerdo que los capítulos no siguen una línea temporal definida. Lo hago más que nada por no repetir cosas de Johanna que ya escribí con Jaime; me gustaría llegar a un momento en que Johanna tuviese unos dos años y medio - tres y dejarlo ahí un tiempo.
Y sé que siempre me repito con lo mismo, pero: gracias por leer y comentar :) Dais muchos ánimos para seguir escribiendo y no veáis lo que anima. Espero que os guste el capítulo, en este aparece un personaje que espero que guste.
7 meses después…
Las ventanas y las cortinas de la casa estaban cerradas, con el fin de intentar mantener el loft fresco en uno de los días más calurosos de agosto.
Castle se echaba la siesta con Jaime, en el dormitorio, mientras que Kate estaba en el salón, jugando con Johanna. La pequeña ya había comenzado a andar dos semanas antes y le encantaba correr de un lugar a otro de la casa intentando abrir todos los armarios y cajones que alcanzase.
El teléfono móvil de la Detective comenzó a vibrar en su bolsillo. Cuando lo sacó y vio que la llamada provenía de Ryan, deseó que él y Espósito hubiesen encontrado al sospechoso huido en el caso en el que estaban trabajando, pero no fue así.
-Eh Beckett, ¿estás muy ocupada? – preguntó el detective al otro lado de la línea. Su voz sonaba algo alterada.
-No. Estoy en casa, ¿por qué?
-¿Te puedes quedar con Jena?
-Claro. Pero, ¿por qué, es que ha pasado algo? – preguntó Kate.
-Es Jenny, no se encuentra muy bien y voy a llevarla al hospital. Javi se ha empeñado en acompañarnos y Lanie está trabajando. No te molestaría sabiendo que tú tienes a Jaime y a Johanna, pero…
-Ryan. Está bien, no pasa nada, me quedaré con Jena – le cortó Kate tranquilizando a su amigo.
-Gracias. Pasamos por allí en unos minutos.
Cuando sonó el timbre, Kate se apresuró a abrir con el fin de que Ryan no perdiese más tiempo. El Detective y su mujer estaban esperando a su segundo hijo, o mejor dicho segundos, ya que estaban esperando gemelos, y parecía ser que Jenny había sentido algunas molestias por lo que preferían ir al hospital para descartar que fuese algo grave.
Cuando Ryan se marchó, Jena se sentó en el sofá. Kate le ofreció algo para comer o beber, pero la niña negó con la cabeza. Viendo que estaba muy callada, la Detective le propuso algo.
-¿Te apetece que juguemos a algo?
-Vale – dijo Jena con un hilo de voz.
Kate comenzó a pensar en la posibilidad de juegos que tenían, pero la mayoría eran de Jaime y se trataban, en su mayor parte, de coches o muñecos de la guerra de las galaxias o superhéroes; y los de Johanna eran demasiado infantiles para Jena.
-Vamos a ver… - dijo Kate, intentando pensar en algo. De repente se le ocurrió una gran idea, algo que a una niña le gustaría - ¿Quieres que nos maquillemos?
-Sii – dijo Jena, mostrando una amplia sonrisa, dejando entrever un par de huecos de los dientes que se le habían caído hacía poco. Aquello hizo sonreír a Beckett, a quien le pareció que estaba de lo más graciosa.
Sin hacer mucho ruido, Kate se dirigió al cuarto de baño de su dormitorio a por su maquillaje, comprobando a la vez que su hijo y Castle continuaban dormidos. Cuando volvió al salón, Jena estaba arrodillada en el suelo, mientras Johanna, de pie, junto a ella, le toquiteaba el pelo y la cara.
-Cuidado Johanna, no hagas daño a Jena – le advirtió su madre. La pequeña se volvió hacia Kate al escuchar su nombre.
-No me hace daño – dijo Jena, riendo.
Kate se sentó en el suelo, junto a ellas, con su maletín de maquillaje.
-Alaa – exclamó Jena, abriendo la boca, sorprendida - ¿Todo el maquillaje es tuyo?
-Sí ¿te gusta?
Jena asintió, arrodillándose junto al maletín que Beckett dejó abierto en el suelo.
-¿Quieres que te maquille yo, Jena? – le preguntó Kate. La niña asintió así que la Detective comenzó a pintarle los ojos.
-¿Después me puedes pintar los labios de rojo?
-Claro.
-¿Y después puedo pintar yo a Johi?
-Está bien, pero no mucho porque ella es pequeña.
-Sí. Le puedo pintar los labios y luego un poco de colorete – comenzó a decir Jena, entusiasmada.
Cuando Kate terminó de maquillarla se miró en el espejo, maravillada por cómo la Detective le había maquillado. Después cogió el mismo pintalabios rojo con el que Kate le había pintado a ella y se sentó frente a Johanna. Ésta, al principio, quería chupar el pintalabios pensando que Jena le ofrecía algo de comer, provocando así la risa de Kate y la sonora y contagiosa carcajada de Jena.
Cuando Jena terminó de maquillar a su prima, Kate no pudo evitar reírse. El color rojo sobresalía de los labios de Johanna hasta casi la mitad de su cara y el colorete que le había aplicado resaltaba todavía más sus ya colorados mofletes.
Kate sacó su móvil y les echó varias fotos a ambas juntas, para luego poder enviárselas a Ryan y enseñárselas a Castle.
En ese preciso momento, el escritor salió del dormitorio con Jaime colgado a su espalda.
-¡Jena! – gritó Jaime, al verla.
-Hola Jena – la saludó Castle.
-Hola – dijo ella, saludándolos a ambos.
-Anda, os habéis maquillado – dijo el escritor riendo, al ver a las dos niñas.
-Si –dijo Jena, sonrojada.
Mientras los niños se ponían al corriente de sus cosas, Kate puso al corriente al escritor de lo sucedido con Jenny y el motivo por el cual Jena estaba con ellos.
El resto de la tarde la pasaron algo ajetreados ya que Johanna se negaba a merendar su papilla de frutas y Castle tuvo que utilizar todo tipo de estrategias para que se las comiese. Por su parte, Jena y Jaime estuvieron más tranquilos haciendo puzles, castillos de lego y coloreando.
A las siete de la tarde el teléfono de la Detective volvió a sonar.
-Siento tener que pedirte esto Kate, pero… ¿se podría quedar Jena a dormir con vosotros? – dijo Ryan algo apurado.
-No seas tonto, sabes de sobra que puede quedarse el tiempo que sea necesario. Además, lo están pasando estupendamente.
-No sabes cuánto te lo agradezco Kate, te debo una – contestó un Ryan ya más aliviado al otro lado de la línea.
-No hace falta. Pero ¿qué le han dicho a Jenny?
-Jenny ha manchado un poco y le han dicho que no es nada grave, pero por seguridad prefieren tenerla en observación hasta mañana por la mañana. Por suerte los bebés están bien.
-Dale un abrazo de mi parte, seguro que al final no es nada.
-Lo haré. ¿Me puedes pasar a Jena un momento?
-Claro – La Detective se acercó hasta donde Jena estaba jugando y le ofreció el teléfono – Es tu papá.
Una sonrisa atravesó al rostro de Jena al coger el teléfono y comenzó a hablar con su padre, contándole todo lo que había estado haciendo durante la tarde, aunque su sonrisa decayó cuando Ryan, al otro lado de la línea, le dijo que se tendría que quedar a dormir allí. Todavía triste, la niña colgó el teléfono y se lo devolvió a Kate.
Beckett sintió ternura por Jena, que echaba de menos a sus papás, así que intentó animarla.
-¿Sabes lo que vamos a hacer? – La niña, todavía con la cabeza agachada, alzó los ojos hacia la Detective – Como no tienes pijama, vamos a buscar una camiseta mía que te guste, ¿quieres?
Jena asintió, torciendo el gesto y acompañó a Kate al dormitorio. Jaime fue tras ellas y, al verlos, la pequeña Johanna también corrió tras ellos con paso torpe. Jaime y Jena se subieron encima de la cama y Kate ayudó a su hija pequeña a subir con ellos también. Después comenzó a sacar varias camisetas que ella solía utilizar como pijama y las extendió a un lado de la cama, para que Jena escogiese una.
-Hm… a mí me gusta la verde – dijo Jaime, animando así a su prima.
-Pues a mí me gusta más la rosa – dijo esta.
-Ossa – dijo Johanna, inmitando a Jena.
-Dos contra uno – dijo Jena, sonriendo a Jaime – gana la rosa.
-Pues yo me pondré un pijama que tengo de Monstruos S.A. – dijo el niño, intentando demostrar que su pijama sería mejor.
-Pues a mí me gusta este – le rebatió Jena, cogiendo la camiseta rosa de Beckett que había elegido.
Viendo por dónde se iba a desviar el tema, la Detective intervino.
-Los tres vais a estar igual de guapos con el pijama. Ahora Jaime y Johanna, a bañar, papá os está llenando la bañera.
-¡Bieeen! – gritó Jaime, entusiasmado, pues le encantaba la hora del baño.
-Tú y yo podemos hacer la cena juntas – le dijo a la hija de Ryan.
-¿Y porqué ella no se baña? – preguntó Jaime.
-Porque ella hoy se puede saltar la hora del baño – le dijo Kate. Jena, a la que la hora del baño no le entusiasmaba tanto como a su primo, sonrió.
Mientras Castle bañaba a sus dos hijos, Kate preparó junto a Jena unas deliciosas empanadas de queso y atún. La niña se mostró bastante entusiasmada ya que nunca había cocinado algo así y a Kate le alegraba que Jena se mostrase feliz estando con ellos. Con un poco de esfuerzo estaba consiguiendo que no echase de menos a sus padres.
A la hora de dormir, Castle preparó la cama para Jena en la habitación de su hijo, sacando la cama nido que había debajo de la suya y comenzó a contarles un cuento que, por ser la invitada especial, Jena había elegido. Mientras tanto, Kate acostó a Johanna en la cuna y, después de cantarle su nana favorita, se quedó dormida.
Cuando el escritor bajó al salón, Kate estaba en el sofá, con la cabeza recostada y las manos extendidas hacia atrás. Castle sonrió al verla, y cogió dos copas de vino que había en la encimera de la cocina.
-Dos ya agotan, pero ¿tres? - dijo ella.
-Recuérdame que no tengamos más hijos – le dijo él, sentándose a su lado, acercándole una de las copas.
-Lo haré.
Gracias por leerlo. Podéis comentar si queréis :)
