Gracias por las reviews, sois geniales! Os dejo con uno de los capítulos que prometí, espero que os guste. Si tenéis tiempo dejad un comentario :)!
-¿Nos vamos ya a dormir? – preguntó Beckett.
-Aún quedan palomitas – contestó Johanna, dándole un 'no' cómo respuesta obvia.
-La película todavía no se ha terminado – le dijo Jaime, de la misma manera que Johanna.
Kate miró a Castle con fastidio, por encima de las cabezas de sus dos hijos. Los cuatro estaban disfrutando de una sesión de cine familiar, o al menos los niños estaban disfrutando. Castle le devolvió a Kate la mirada, pero con algo de diversión en el rostro.
Segundos después, el móvil de la Detective vibró en sus manos.
"Tu excusa para llevarme a la cama no ha funcionado. Pruebas otra?"
Beckett le miró anonadada, pero el escritor miraba fijamente la pantalla del televisor, fingiendo estar pendiente de la película.
"Llevas un buen rato mirando el reloj cada 2 minutos. Tienes tantas ganas como yo." Le contestó ella.
El escritor miró la respuesta y a los pocos segundos el móvil de ella volvía a vibrar.
"Todavía le quedan 15 minutos a la peli. Vamos a tener que aguantarnos."
Kate bloqueó el móvil sin volver a contestarle y se mordió el labio, volviendo su cabeza de nuevo a la película. Sin embargo su móvil vibró de nuevo.
"No hagas eso."
Miró a Castle con desconcierto, pero estaba fingiendo estar pendiente de la película otra vez.
"El qué?"
"Morderte el labio. No lo hagas."
Kate le mandó un emoticono ruborizado y sonriendo volvió a bloquear el móvil.
Minutos después, Castle y Beckett se reencontraron en su dormitorio después de haber acostado y haberles dado las buenas noches a sus hijos.
-Al fin – dijo Castle.
Kate cerró la puerta del dormitorio con la pierna, mientras se abrazaba al cuello del escritor para besarle. Castle la empujó contra la puerta sin poder frenar el ferviente deseo que sentía en esos momentos. Pero una voz al otro lado de la puerta y al fondo del pasillo les hizo frenar su actividad.
-¡Papá, tengo sed!
-Iré yo – dijo Castle, con fastidio.
-Llévale otro vaso de agua a Johanna también, por si acaso.
El escritor bajó a la cocina y llenó dos vasos con agua. Subió y le dio uno a Jaime.
-Gracias – le dijo.
-De nada – le contestó él, arremolinándole el pelo.
Acto seguido entró en el dormitorio de Johanna, y le dejó el vaso sobre la mesita de noche.
-¿Papi? – susurró la niña, con voz adormilada.
-Si, soy yo, te he traído un vaso de agua – le susurró Castle, antes de darle un beso en la frente – Ahora duérmete.
Cuando volvió al dormitorio, Kate le esperaba en la cama. Castle cerró la puerta y se dirigió a la cama, quitándose la camiseta del pijama. Casi sin darle tiempo, Kate se inorporó y se abalanzó sobre él, rodeándole el pecho y besándole el cuello.
-Vaya – dijo él, sorprendido – si que tenías ganas.
-Solo pensar que voy a estar una semana sin verte… - contestó ella.
Él le rodeó la cintura y la tumbó sobre la cama, con cuidado, colocándose encima de ella. Ella deslizó sus manos a través de su espalda hasta llegar a la tira elástica del pantalón del pijama y tiró de él hacia abajo, llevándose consigo también los bóxers del escritor. Sin embargo un ruido les interrumpió de nuevo, seguido de una dulce voz.
-¡Papi!
Kate echó su cabeza hacia atrás, con fastidio y Castle se quitó de encima suya.
-¡Papi! – volvió a gritar Johanna.
-Vas a tener que ir tú – le dijo el escritor a Kate.
-¿Por qué?
El escritor señaló a su entrepierna, omitiendo lo obvio, así que Kate se levantó y con fastidio salió del dormitorio.
-¿Qué ocurre? – preguntó al llegar al dormitorio de Johanna, desde el marco de la puerta.
-Mami, estaba bebiendo agua y se ha caído – dijo la niña.
Cuando Kate encendió la luz vio el vaso de agua, que el escritor le había llevado, roto en el suelo. Johanna se había mojado el pijama y las mantas de su cama estaban empapadas de agua también.
La Detective recogió los cristales y limpió el agua derramada por el suelo y después cambió a Johanna de pijama.
-¿Y esto? – dijo Johanna, señalando sus sábanas mojadas.
-Hoy vas a tener que dormir con tu hermano. Ya las cambiaremos mañana mejor. Ven – dijo a su hija, quien se agarró rápidamente al cuello de su madre y la llevó a la habitación de Jaime.
-Hola Jaime – dijo felizmente Johanna, al llegar al dormitorio de su hermano.
-Shh – le reprochó Kate, por si su hijo ya se había dormido. Sin embargo no era así.
-¿Qué haces aquí? – preguntó él.
-Johi va a dormir hoy contigo ¿vale cariño? Se le ha caído el vaso de agua sobre las sábanas.
-Al fin – dijo el escritor cuando Kate regresó al dormitorio minutos más tarde.
-No habría tardado tanto si no les habrías llevado vasos de cristal.
-No me di cuenta con las prisas – se disculpó él.
Kate se metió en la cama y fue ella esta vez la que se puso encima del escritor. Tumbándose encima de él comenzó a besar sus labios, mientras él se deshacía del pantalón de la Detective. Estaba a punto de quitarle la camiseta, cuando dos voces al unísono al otro lado del pasillo les volvieron a interrumpir.
-¡Oh dios! ¿Qué querrán ahora? – se quejó ella.
-Déjalos, no les hagas caso – dijo el escritor, intentando atraerla de nuevo hacia él.
-¿Y si les ha ocurrido algo?
Segundos más tarde Kate estaba en la puerta del dormitorio de Jaime.
-¿Qué ocurre?
-Johi se hace pis – le contestó Jaime.
Kate se acercó hasta la cama de su hijo y cogió a Johanna en brazos, llevándola a cuarto de baño.
-¿Mamá a que la peli ha sido muy divertida? – le preguntó la niña mientras hacía pis.
-Sí, ha estado bien – le contestó Kate, deseando que su hija terminase.
-¿Y qué te ha gustado más de la peli?
Kate se quedó en blanco, apenas había prestado atención a la película debido a las ganas que tenía de que terminase para poder estar con el escritor a solas.
-No sé, ¿cuál es la que más te ha gustado a ti?
-Cuando salen los hermanos de Brave convertidos en osos – dijo ella, entusiasmada.
-A mí también – dijo Kate, salvándose así de equivocarse.
Acompañó de nuevo a Johanna al dormitorio de Jaime y le ayudó a meterse en la cama. Antes de marcharse, Johanna volvió a hacer otra pregunta.
-¿Mami?
-¿Qué? – dijo ella, con fastidio.
-¿Por qué no llevas pantalones?
Kate se miró hacia abajo y vio que, efectivamente, había olvidado ponerse de nuevo el pantalón del pijama y solamente llevaba ropa interior en la parte de abajo.
-Porque… me estaba poniendo el pijama – dijo, improvisando.
-No – dijo Jaime – si ya lo llevabas antes, cuando estábamos viendo la peli.
-Pero, me lo he manchado y me estaba cambiando. Venga, a dormir.
-Buenas noches – le dijeron sus hijos al mismo tiempo.
-Buenas noches – les dijo ella, dándoles un beso a cada uno.
Cuando llegó al dormitorio, Castle le esperaba de pie, al lado de la puerta y cuando ella entró colocó una silla sobre la puerta.
-¿Rick, qué haces? – le preguntó ella, incrédula.
-Por si acaso – dijo él, antes de agarrarla por el cuello y comenzar a besarla de nuevo.
Ella se deshizo de su ropa interior torpemente antes de caer sobre la cama, mientras el escritor intentaba ayudarle con la parte de arriba. A los pocos minutos y sin poder demorarlo por mucho más tiempo, él le hacía sentirse en el paraíso por primera vez en aquella noche. Estaba a punto de gritar de placer cuando el escritor le tapó la boca, habilidoso, antes de que pudiese despertar a los niños. Tras un momento de éxtasis para los dos, él se tumbó boca arriba, junto a ella.
-Dios, Rick – dijo ella, cogiendo aire para controlar mejor su agitada respiración - te voy a echar mucho de menos durante esta semana.
-Vuelve a llamarme así – le dijo él.
-Rick, ¿te gusta? – dijo ella, esta vez con una voz más sensual.
-Me encanta – dijo él, volviéndose hacia ella y recorriendo la piel desnuda de su cintura con un roce suave de sus dedos.
-¿Estás preparado para un segundo asalto, Rick? – le preguntó ella, bajando hacia la entrepierna del escritor.
-Estoy - dijo, antes de emitir un ahogado gemido – preparado.
Gracias por leerlo!
