Siento la tardanza en actualizar (falta de inspiración). Espero que este capítulo os guste y compense los días que he estado sin actualizar ;)

Y ¡Feliz día mundial de la sonrisa!

Este capítulo es un poco más largo. Se agradecen las reviews!


Johanna se abrazó fuertemente al cuello de su padre, con lágrimas en los ojos.

-Cariño, solo serán unos días, volveré muy pronto.

-Papi quiero que te quedes – le dijo ella, sollozando en su hombro.

El escritor frotó la espalda de su hija, apretándola contra él. A él también le costaba despedirse de su familia.

El megáfono del aeropuerto volvió a anunciar la salida de su vuelo.

-Os traeré algún regalo de Londres, ¿vale? – le dijo a Johanna, intentando animarla, pero aún así, la pequeña continuó llorando.

Castle y Beckett se miraron, era la hora de irse, así que Beckett cogió a su hija de los brazos de su padre. Esto aumentó todavía más los llantos de Johanna, pero finalmente Kate consiguió calmarla susurrándole dulces palabras al oído y frotándole la espalda mientras Castle se despedía de Jaime.

-Cuida a tu madre y a tu hermana, ¿eh campeón?

Jaime asintió, para después abrazar a su padre. Cuando se separó de él, Castle vio que su hijo también tenía una expresión triste.

-Cambia esa cara, volveré en unos días. Y os llamaré en cuanto llegue a Londres, ¿vale?

-Vale. Te quiero papá – le dijo, volviendo a abrazarse a él.

-Y yo a ti cariño – le dijo él, devolviéndole el abrazo y revolviéndole el pelo. Jaime sonrió ante ese gesto.

Había llegado el turno de despedirse de Kate. Ésta todavía tenía a Johanna en brazos, quien escondía el rostro bajo el pelo de su madre.

-Os echaré de menos – le dijo Castle, arrimándose a ella y besándola en los labios. El beso duró menos de lo que a ambos les hubiese gustado.

-Vas a perder el avión – le dijo ella.

Castle volvió a besar rápidamente a Kate para después besar en la cabeza a sus dos hijos, y se marchó.

Kate, con Johanna en brazos, todavía sollozando, y con Jaime agarrado a la mano que le quedaba libre, se quedaron viendo cómo Castle se marchaba hacia la puerta de embarque.

-Mamá, ¿podemos ver cómo despega el avión de papá? – preguntó Jaime.

-Claro que sí cariño. Johanna, ¿tú quieres que veamos cómo despega el avión de papá? – dijo, intentando animar a su hija. Ésta asintió con la cabeza.

La Detective les compró a sus hijos unas chocolatinas en una de las máquinas expendedoras que había por el aeropuerto y después se acercaron a la enorme cristalera de la terminal desde la que se veía la pista de despegue. Aunque no estaba muy segura de si sería ese el avión en el que iba Castle o no, sus hijos estuvieron atentos a cómo despegaba y dijeron adiós con el brazo, imaginando que su padre quizás podía verles desde una de las ventanillas y les estaba diciendo adiós también. Kate también miró con melancolía cómo el avión iniciaba su marcha.


A la mañana siguiente, Kate tenía cita en el hospital. Era una simple revisión que le venían haciendo una vez al año desde que recibió un tiro en el pecho en el cementerio. Como ese día los niños no tenían colegio, Alexis se quedó con ellos en un parque cercano al hospital.

Tras veinte eternos minutos de espera, una enfermera pronunció el nombre de Beckett, haciéndola pasar a la consulta donde sería atendida. Normalmente le atendía una doctora de unos cuarenta años, pero esta vez no fue ella quien entró. Ambos se quedaron de piedra al verse, después de varios años.

-Josh – logró decir Kate al fin.

-Kate – dijo él.

Era una situación un tanto incómoda, pero aún así, Kate no dudó en acercarse a él y saludarle con dos besos. Al fin y al cabo, ambos eran adultos como para saber dejar el pasado atrás.

-¿Cómo es que no está la doctora? – preguntó ella.

-Está de vacaciones – contestó él – Hoy te haré la revisión yo.

Tras sentarse al otro lado del escritorio y revisar el historial de Kate, Josh levantó la vista de los informes.

-¿No has vuelto a sentir dolor o alguna molestia desde entonces?

-No – contestó ella.

-¿Haces vida normal, haces ejercicio, te mantienes en forma?

-Sí, lo intento – dijo ella, con una sonrisa.

-Lo siento, son preguntas rutinarias – dijo él, también sonriendo.

-Lo sé.

-¿Te parece si pasamos a hacer la revisión?

-Claro – dijo ella, poniéndose en pie y dirigiéndose hacia la camilla.

-Tienes que quitarte la camiseta para que pueda auscultare. Siento que esto pueda ser un poco incómodo..

-No, está bien – dijo ella, mientras se quitaba el jersey, quedándose en sujetador delante de su ex.

Josh cogió el estetoscopio que llevaba colgado al cuello y comenzó a auscultar el pecho de Beckett. El contacto con el metal frío de aquel instrumento médico y el contacto con los dedos de Josh, hicieron que Beckett se estremeciera un poco.

-Lo siento – dijo él, al notarlo.

Aquella situación era bastante incómoda. Las cosas no habían acabado muy bien entre ellos años atrás, cuando Kate decidió terminar su relación por estar enamorada del escritor.

Josh se fijó en la pulsera de abalorios que Kate llevaba en la muñeca.

-¿Tienes hijos? – le preguntó, señalando la pulsera.

-Oh, sí – dijo ella, mirándose la pulsera con una sonrisa. No era una de esas madres a las que le avergonzaba ir con una pulsera de abalorios infantiles en la mano, sino todo lo contrario, le hacía sentirse orgullosa de su hija – Una niña y un niño.

- ¿Castle? – preguntó él.

-Sí – contestó ella - ¿Y tú, tienes hijos?

-Uno en camino – sonrió él – Mi mujer está embarazada de seis meses.

-Vaya. Me alegro – dijo ella, sinceramente.

-Gracias.

-¿Es ella? – preguntó Kate, señalando una foto que había enmarcada sobre el escritorio del médico. En la foto aparecía él, junto a una chica morena, muy guapa. Josh asintió, mirando también la foto – Es muy guapa.

-Gracias Kate. Oye, después de tu consulta tengo un rato libre, ¿te parece si vamos a tomar algo? – preguntó él.


Tras pagar los dos cafés en la cafetería del hospital, Josh invitó a Kate a salir fuera, eso le ayudaría a despejarse después de un día de consultas.

-No me podré quedar mucho tiempo, mis hijos me están esperando, con su hermana mayor.

-Sí, yo solamente tengo unos minutos de descanso.

Justo cuando salieron a la calle, Kate vio cómo Alexis se acercaba corriendo hacia la entrada del hospital, con Johanna en brazos y Jaime de la mano. La Detective se alarmó cuando vio que Jaime estaba sangrando en la cara. Golpeó su café contra el pecho de Josh, haciendo que éste lo sujetara y corrió hacia sus hijos y Alexis.

-Kate, lo siento – dijo Alexis, con la respiración entrecortada y la camisa manchada de sangre – se cayó del tobogán, yo le dije que tuviera cuidado.

Kate se agachó junto a Jaime, quien lloraba amargamente del dolor que le producía la herida, la sangre brotaba de su frente sin tregua por el lado derecho, manchando su cara, mientras él intentaba frenarla con un pañuelo.

-Kate, vamos a mi consulta, sino tendréis que estar esperando en la sala de espera a que le examinen – propuso Josh, que había llegado a su lado viendo lo que había ocurrido.

Sin pensárselo dos veces, Kate cogió a Jaime en brazos y corrió hacia dentro junto a Josh.

-Ya está mi amor, tranquilízate – Kate intentaba tranquilizar a su hijo que continuaba llorando sin cesar. Los pacientes que caminaban todavía convalecientes por el hospital se giraban hacia ellos al escuchar los gritos de Jaime.

Por fin llegaron a la consulta de Josh.

-Túmbalo en la camilla, voy a preparar el instrumental, va a necesitar algunos puntos.

Al escuchar eso, Jaime entró en pánico y se agarró todavía más al cuello de su madre.

-Shh, cariño, tranquilízate, estoy aquí contigo, vale, no va a pasarte nada.

-¡Mamá no! – gritaba Jaime, mientras las lágrimas resbalaban por sus mejillas, mezclándose con la sangre que todavía resbalaba por su cara.

Kate lo sentó en la camilla y cogió su cara dulcemente entre sus manos, intentando ser dulce con su hijo, lo cierto es que ella también estaba nerviosa y alterada por él.

-Escúchame, Josh es un buen médico, ¿vale? Y necesita curarte esa herida para que no te duela. No va a pasarte nada, te lo prometo, estoy aquí contigo.

-Prometo que no dolerá demasiado. Será mejor que se tumbe, le podré curar mejor – dijo esta vez dirigiéndose a Kate.

Jaime se tumbó y Kate se puso a su lado, frotándole la cabeza en el lado en el que no tenía la herida y agarrando su mano.

-Todavía no sé tu nombre – le dijo Josh, mientras comenzaba a limpiarle la herida, intentando distraer al niño del dolor.

Jaime se estremeció por el contacto del algodón con la herida y apretó fuertemente la mano de su madre.

-Jaime – dijo, mientras seguía sollozando.

-¿Jaime? Es un nombre muy bonito. Vale, ahora te voy a coser, ¿de acuerdo? Esto te va a doler un poco.

Kate apretó todavía más la mano de su hijo, mientras éste mantenía los ojos cerrados fuertemente intentando evitar ese dolor y se estremecía en la camilla con cada punto que Josh le daba. A Kate le producía un gran dolor ver así a su hijo.

Cuando Josh terminó su trabajo, Kate se sentó con su hijo en brazos, frotándole la espalda con una mano, hasta que consiguió estar más tranquilo.

-Gracias Josh – le dijo ella.

-No hay de qué. Tienes unos hijos muy guapos, se parecen a ti. Sobre todo la niña.

-Gracias – le dijo ella, sonriendo.

Se acercó a él y se dieron un par de besos a modo de despedida.

-Espero que vaya bien el embarazo.

-Gracias Kate. Pásate por la consulta de su médico habitual en un par de días para que le revise los puntos.

-Lo haremos.

-Adiós Jaime, has sido muy valiente. Me alegra haberte conocido – le dijo Josh, dándole una suave palmada en la espalda.

-Adiós – le dijo Jaime, con un hilo de voz, de la mano de su madre.


Cuando llegaron a casa, Jaime habló por teléfono con Castle relatándole su versión de todo lo ocurrido. Aquello le hizo estar más tranquilo y olvidarse del dolor.

Kate preparó chocolate caliente para todos mientras los niños veían una película. Así Jaime estaría más distraído y se olvidaría del dolor.

-No fue tu culpa – dijo la Detective mientras le ofrecía a Alexis su taza de chocolate. Ambas estaban sentadas en los taburetes de la cocina mientras los niños se tomaban su chocolate en el salón, atentos a la película que estaban viendo.

-Quizás si hubiese estado más atenta… - dijo la pelirroja, levantando su cabeza de la taza.

-Olvídalo – le cortó Kate – Cuando tienes niños ocurren estas cosas.

-Recuerdo una vez, cuando yo tenía seis años – dijo Alexis, mientras una sonrisa se apoderaba de su rostro – Mi padre me había comprado unos patines en línea nuevos y quiso llevarme al parque a estrenarlos. Cuando estábamos allí me tropecé y me caí al suelo. Me rompí el brazo. Se pasó dos semanas enteras preparándome el mejor desayuno y dejándome dormir con él.

-Muy propio de tu padre – dijo Kate mientras ambas reían.


Sentada en su cama cogió el teléfono y marcó su número. Calculó que en Londres serían las dos de la madrugada, seguramente Castle ya estaba dormido, pero le echaba de menos, quería escuchar su voz. Al cuarto tono, el escritor contestó.

-¿Te he despertado?

-Mm, sí – contestó él, aclarándose la voz – pero me encanta escuchar tu voz.

Ella sonrió al otro lado de la línea.

-¿Cómo está Jaime? – preguntó Castle.

-Ahora está dormido. Está mucho más tranquilo desde que ha hablado contigo esta tarde – dijo la Detective mientras pasaba su mano por el pelo de su hijo, que dormía plácidamente a su lado.

-Soy escritor, siempre encuentro las palabras adecuadas.

Ella rodó sus ojos.

-Kate... – dijo él, quedándose callado después.

-Dime.

-Cuando hablé con Jaime… me dijo que el doctor Josh se había portado muy bien – dijo, poniendo énfasis al pronunciar el nombre del doctor - ¿Es…?

-Sí, Castle, era Josh – El escritor no dijo nada, así que continuó hablando ella – La doctora que me visita normalmente estaba de vacaciones, así que él está sustituyéndola.

-¿Y por qué atendió él a Jaime? Él es cirujano…

-Me invitó a tomar un café y cuando salimos fuera del hospital Alexis vino con Jaime herido, así que se ofreció a curarle.

-¿Te invitó a tomar un café? – preguntó el escritor, olvidando la otra parte de la historia.

-Sí, Castle, me invitó a tomar un café, ¿algún problema con eso?

-No. No, en absoluto. Puedes… puedes ir a tomar un café con tu ex si quieres, yo no estoy celoso, para nada. No.

-Ya – dijo ella, conteniendo la risa.

-¿Entonces… él te hizo la revisión?

-Sí – dijo ella, mordiéndose la lengua, intentando evitar soltar una carcajada.

-¿Así que te vio desnuda? – preguntó él, interrogándola.

-En sujetador – aclaró ella.

-Mm… entiendo.

-No importa, nada que no habría visto antes – dijo ella.

-Vale, ahora SÍ estoy celoso – dijo él, al otro lado de la línea, haciendo que ella se riera – Vas a tener que compensarme de alguna manera cuando vuelva a casa.

-¿Alguna idea en mente? – preguntó ella, divertida.

-¿Podré hacerte yo una revisión? – preguntó él, tras pensárselo unos segundos.

Ella rió. Por muy infantil que Castle pudiese llegar a ser algunas veces, le divertía que fuese así. En realidad era una de las cosas que le enamoraban de él.

-Podrías vestirte de enfermera – sugirió él.

-Pensaba que preferías que no llevase ropa.

-Tienes razón – dijo él.

Ambos se quedaron callados unos segundos.

-Mejor que dejemos la conversación para cuando vuelva, porque siento que si continuamos voy a necesitar una ducha de agua fría.

-Sí. Yo también – dijo ella, haciendo que él sonriera.

-Te quiero Kate.

-Yo también te quiero Rick.


Gracias por leerlo! :)