Como varias personas me lo habían pedido, actualizo la foto del fic. La edición no ha quedado muy allá, pero bueno...
Os dejo con un nuevo capítulo, pero antes me gustaría saber vuestra opinión, debería finalizar ya el fic dándole un final en el que ocurriese algo o lo continúo? En un principio lo iba a finalizar, pero en muchos de los comentarios me decís que no lo acabe, en fin, me gustaría saber vuestra opinión :)
Espero que os guste el capítulo!
Tanto Castle como Beckett ya habían terminado de comer y ahora estaban, como cada vez que había verduras para comer, luchando contra sus hijos para que se lo comieran todo. Jaime parecía estar cediendo finalmente y terminándose su plato de comida, sin embargo, Johanna se negaba a abrir la boca.
-Abre la boca – le dijo su madre.
Johanna se cruzó de brazos y apretó todavía más fuerte la boca, negando con la cabeza.
-¿Sabes qué? – dijo Kate, mirando a Castle – Me rindo, dáselo tú.
Dejó la cuchara de nuevo en el plató y abandonó la cocina. Castle la miró marcharse escaleras arriba, pero una voz le devolvió de nuevo al comedor.
-¿Puedo ir a jugar? – preguntó Jaime, mostrándole su plato vacío.
-Sí, muy bien campeón – le dijo, mostrándole una sonrisa a su hijo.
Cuando Jaime se hubo marchado también, Castle se sentó al lado de su hija esta vez, quien estaba jugando con su pelo, enredándolo en su dedo.
-Johanna, abre la boca – le dijo en un tono firme, sin embargo la pequeña no le hizo caso.
El escritor no quería tener que recurrir al chantaje para que su hija comiese, ya que de esa forma su hija le pediría algo a cambio de comer siempre.
-¿Qué te gustaría ser de mayor? – le preguntó Castle, que conocía ya la respuesta.
-Detective de homicidios – dijo Johanna sin dudarlo, volviéndose hacia su padre.
-Y eso está muy bien, pero no vas a poder serlo.
-¿Por qué? – preguntó Johanna, alzando sus cejas, justo como Kate lo hacía y casi tornándose a enfadada.
-Porque para ser policía de homicidios necesitas tener en muy buen funcionamiento el cerebro – le dijo Castle, señalando con un dedo la cabeza de Johanna.
-Yo soy lista – dijo ella, sin tan siquiera dudarlo.
-Sí, pero eso no es suficiente, ¿tú quieres ser tan lista como mamá? – le preguntó el escritor, bajando la voz, como si fuese un secreto entre ellos.
-Si – dijo Johanna, susurrando.
-Pues tienes que comer lo mismo que ella. Si tú te dejas estas verduras, ya no estás comiendo lo mismo, no serás tan lista como ella.
Johanna miró el plato de verduras y, con un gesto de desagrado comenzó a comérselas. Castle sonrió con satisfacción.
-Papi
-¿Si, cariño?
-¿También tengo que tomar café?
-No – dijo él riendo – con que te comas eso de momento es suficiente.
Golpeó dos veces con los nudillos en la puerta y tras unos segundos de silencio decidió pasar. La encontró exactamente donde sabía que estaría.
Kate estaba en el despacho de Castle, en la silla del escritor, detrás de su escritorio. Con las piernas subidas encima de la silla, se las rodeaba con los brazos, mientras mantenía la cabeza apoyada en sus rodillas. Allí es a donde le gustaba ir cuando quería estar sola, cuando quería pensar.
-¿Estás bien? – preguntó el escritor, acercándose a ella.
Ella se limitó a asentir, mientras mantenía la mirada fija.
-¿Cansada por el trabajo? – preguntó él.
-No. No es eso – dijo ella, emitiendo un suspiro y hundiendo de nuevo su cabeza entre sus rodillas.
-¿Entonces qué es? – preguntó Castle, sentándose al borde de su escritorio, quedándose a escasos centímetros de ella.
Ella alzó la cabeza y le miró, dejándole ver así ese tono de preocupación en sus ojos.
-No ahora, ¿vale? – dijo ella, levantándose y poniéndose a la altura de él.
-Cuando quieras – dijo él, asintiendo.
Kate se acercó a él y le abrazó, apoyando su cabeza sobre el cuello del escritor, quien le devolvió el abrazo rodeándola por la cintura.
Después de acostar a los niños, ambos bajaron al salón. Ella se sentó en el sillón mientras él iba a la cocina. A los pocos minutos regresó con dos copas de vino, dejó una en la pequeña mesa del salón, para Kate, mientras él sujetaba la suya con las manos.
-Castle… - dijo ella, deslizándose al lado de él, en el sofá.
El escritor supo que ya estaba preparada para contarle lo qué le ocurría, así que dejó su copa al lado de la de ella, sobre la mesa.
Kate cogió aire, cerró los ojos por unos segundos, y cuando los abrió lo dijo:
-Tengo un retraso.
-¡¿Qué?! – preguntó el escritor, abriendo sus ojos.
Ella le cogió las manos, esperando que él asimilara la noticia.
-¿Estás embarazada? – preguntó, uno o dos minutos más tarde.
-No estoy segura, no me he atrevido a hacerme la prueba todavía.
-¿Pero… tienes los síntomas?
-¿Qué síntomas Castle, de qué hablas? ¡Tengo un retraso!
-Pero sientes que estás embarazada o piensas que solamente es un retraso.
Ella le miró con cara de ni siquiera entender lo que le estaba diciendo. Definitivamente, ambos estaban algo afectados por aquello.
-No lo sé, ¿cómo podría saberlo? Necesito hacerme la prueba.
-¿Has comprado algún predictor? – preguntó él.
-No – contestó ella.
-¿Quieres que vaya a comprar uno ahora?
-Sí.
Media hora más tarde, Kate danzaba por el salón, de un lado a otro, mordiéndose el labio, mientras escuchaba de fondo en la televisión un estúpido documental. Castle llegó al fin.
-¿Lo tienes? – preguntó ella.
-He comprado dos, para asegurarnos – dijo él, entregándole las dos cajas.
-Bien – dijo ella.
Ambos se dirigieron hacia su dormitorio.
-Esperaré aquí – dijo él, mientras ella entraba al baño.
-Sí, mejor – dijo ella con ironía, casi riendo.
Kate salió del baño unos segundos después.
-¿Y bien?
-Cinco minutos – dijo ella.
-¿Kate, cómo es que ha ocurrido esto, no te has tomado las pastillas?
-Sí, no sé, se me debieron pasar los horarios algún día.
-¿Te gustaría tener otro hijo? – preguntó él.
-Nunca había pensado en tener más de dos – confesó ella.
-Sí, con dos niños pequeños en casa… Creo que tres serían demasiado – confesó él también.
-¡Castle! – dijo ella, al ver que ya estaba el resultado en el predictor.
-¿Qué dice? – preguntó él, mirándolo también.
-¡No estoy embarazada!
-¡No estás embarazada! – gritaron los dos al unísono.
Castle cogió la cabeza de Kate entre sus manos y le plantó un besó en los labios.
-Espera, a ver que dice el otro – dijo ella, mirando el segundo predictor.
-¿Qué dice, Kate? – preguntó él, casi con miedo.
-No estoy embarazada – dijo ella, tirando los predictores al suelo y abrazándose al cuello del escritor.
Ambos cayeron sobre la cama, riendo. Kate comenzó a besar al escritor, mientras él desabrochaba la camisa de ella.
Ella emitió un pequeño gemido, cuando él comenzó a besar su cuello.
-Espera – dijo él – tengo protección en la mesilla. Usémosla por si acaso.
-Sí, mejor.
Gracias por leer :) No os olvidéis dejar vuestra opinión sobre lo que he preguntado arriba por favor (y del capítulo) ;)
