Nota: Los personajes y lugares son creación del Legendarium del buen profesor Tolkien. Recién pude publicar el segundo capítulo de esta humilde historia cuyo único propósito es la de entretener un poco. Si encuentran algún error de forma o fondo me la hacen saber, porque es la única manera en que aprendo. Un agradecimiento a aquellos que se toman el tiempo de leer mis pocas líneas.
Capítulo 2
—No sé que hago aquí —decía Feanaro caminando de un lado a otro en el palacio sin saber que hacer o a donde ir —. Yo me voy.
Era la quinta vez que decía esto pero al momento de llegar a la puerta siempre volvía sobre sus pasos y comenzaba a impacientarse. Esta actitud no pasó inadvertida para la gente del palacio que al ver al hijo de rey disimulaban mal sus sonrisas.
—Tal vez al príncipe le gustaría una copa de vino —dijo uno de los elfos encargado de las bebidas.
—Buena idea —dijo Feanaro levantado una copa, mientras el elfo del vino le habló —. Esto demorará un poco, la señora Indis salió esta mañana temprano y no ha regresado todavía.
Por toda respuesta Curufinwë se encogió de hombros, poco le importaba el paradero de la nueva reina, la que intentaba por todos los modos reemplazar a Miriel. Pero la ausencia de Indis tenía un motivo, uno que Feanaro no esperaba.
—Dicen que le ha pedido al rey permiso para sacar del palacio uno de los vestidos que vuestra madre confeccionara, la reina Miriel.
La reacción de Feanaro fue terrible, lanzó la copa al piso, se quitó la diadema que estaba usando y salió corriendo del palacio furioso como pocas veces la gente le había visto alguna por las calles de Tirion.
El anterior día, cuando visitaron a Mahtan Indis notó la presencia de Feanaro observando de lejos la casa del alumno de Aulë. No le costó trabajo entender que el motivo de aquello era por la hija del hábil herrero.
—Querida, yo misma te daré un vestido nuevo para que no faltes a la celebración. Feanaro estará ahí.
Nerdanel no supo que decir excepto agradecer el ofrecimiento al momento en que se sonrojaba. Aunque en el fondo no gustaba mucho de las reuniones de la corte, pensó que volvería a ver a Feanaro.
Bien, Indis no era una gran tejedora como Miriel, de hecho no sabía hacer gran cosa con las manos, solo conocía de las canciones y podía ver en los corazones. Por eso notó esa chispa entre Curufinwë y la hija de Mahtan antes que ellos mismo se dieran cuenta.
Su plan era sencillo, que Feanaro y Nerdanel se entendieran parecía una buena idea. Una doncella tan talentosa y según le habían dicho paciente y sabia, bien podría ser lo que el rebelde hijo de Finwë necesitara. Porque Indis amaba a Finwë y siempre intentó que Feanaro le tuviera estima, si bien nunca podría reemplazar a su madre, por lo menos esperaba que él viera que ella estaba de su lado y bien podrían ser amigos.
Pero nada resultó como lo planeo, a las horas en que Indis y Nerdanel llegaron, Feanaro ya estaba muy lejos. Finwë mandó a buscarle, pero nadie supo hacia donde se había marchado el enojado príncipe. Todos sintieron una gran decepción, pero la que más contrariada estaba era Nerdanel, que entristecida regresó a casa con su padre pensando que los bailes no eran cosa suya.
La luz de telperion se retiraba para las horas en que Nerdanel llegaba a casa. No dijo ni una palabra durante el viaje de retorno, solamente cuando llegaron se bajó rápidamente del carruaje y se fue a su habitación arguyendo que debía cambiarse de vestido para devolverle a la reina tan preciado atuendo.
Mahtan siguió a su hija hasta su habitación y le habló.
—No deberías abrigar esperanzas con el príncipe, sabes bien que es orgulloso y rebelde, para nadie es un secreto su mal temperamento. No importa lo que diga la señora Indis, tarde o temprano te romperá el corazón.
Nerdanel derramó lágrimas amargas, pero decidió seguir el consejo de su padre: no alimentar esperanzas por el príncipe.
A la mañana siguiente la vida en su casa siguió con la normalidad acostumbrada. Mahtan marchó con Aulë como acostumbraban, no sin antes preguntarle a su hija si deseaba acompañarle. Ella declinó, prefería mantener sus inquietas manos ocupadas en la forja y olvidar esos pensamientos que repentinamente habían nacido ayer.
El taller estaba a unos pasos de su casa en las afueras de Tirion, un sitio tranquilo donde Mahtan se daba a la tarea de fabricar objetos de metal, cualquier tipo de metal que podría ser fundido y moldeado. Nerdanel le acompañaba en esas faenas, porque era algo que realmente le gustaba hacer.
Abrió la puerta de ingreso y vio que el taller no estaba vacío. Ahí estaba Feanaro contemplando las rojas brasas ardientes, absorto en sus propias ideas.
—¿Qué hace aquí? —fue la pregunta obvia de Nerdanel.
—Vine a aprender —dijo volviendo la mirada hacia ella —. A aprender a trabajar los metales y la piedra.
—Ese no es un trabajo para un príncipe —objetó ella —. Además mi padre se fue de viaje con Aulë.
—No pensaba en tu padre para enseñarme —dijo por fin con una sonrisa, la primera que viera Nerdanel en el rostro del príncipe de los noldor —. Pensé que siendo tan hábil podrías enseñarme tú.
—No cuente con eso —dijo Nerdanel visiblemente enojada con el príncipe —. No puede entrar en las casas de la gente sin invitación por muy príncipe que sea, eso es de mala educación.
Feanaro levantó las cejas mostrando sorpresa, era la primera vez que alguien le llamaba la atención además de su padre, que dicho sea de paso, casi nunca lo hacía. Pero lo que más le sorprendió fue que no se molestó por el reclamo, de hecho lo aceptó.
—Lo lamento —dijo sinceramente.
Nerdanel por su parte estaba desconcertada. No se le habría ocurrido regañar al príncipe de los noldor, pero sintió que estaba enojada con él, aunque el motivo no era exactamente la intromisión, sino por el desplante de la noche anterior.
—Disculpa aceptada —dijo fríamente.
—Bueno, ¿me vas a enseñar?
—Yo no soy la persona más indicada para tal tarea —dijo ella y vio la mirada de decepción en Feanaro —. Tal vez mi padre acceda.
Vio como la chispa en la mirada de Feanaro volvía a renacer.
—Pero él no está, salió de viaje con Aulë —le repitió
—Tal vez tú podrías enseñarme lo básico hasta su regreso, así no perderé el tiempo —Curufinwë se acercó a Nerdanel que le pasaba en estatura y ella comenzó a sentirse intimidada.
—Lo primero es conocer los metales con los que trabajamos. —dijo ella alejándose para salir de esa incómoda situación —. Tenemos metales muy nobles para moldear. Este libro contiene los nombres y las características de cada uno. Todo lo que quieras saber de ellos lo encontrarás aquí.
Nerdanel sacó un pesado libro que emitió un sonido sordo cuando ella lo puso sobre la mesa.
—Son los apuntes que mi padre tomó del mismo Aulë —dijo ella viendo la mirada de confusión en Feanaro —. Te lo presto unas semanas, puedes regresar cuando lo hayas leído.
El príncipe sonrió y tomó el libro.
—Volveré mañana —dijo con aire de satisfacción y confianza.
