Nota: Lo que es necesario establecer, que los personajes, nombres y lugares son parte de la maravillosa creación del buen profesor Tolkien. Un nuevo capítulo de esta historia sin mayores pretensiones que las de entretener un poco.

Capítulo 3

Nerdanel estaba sola cuando recordó que tenía que devolverle el vestido a Indis. Tal vez debió enviarle el atuendo a Feanaro, pero eso no estaría bien, tendría que ir personalmente al palacio a agradecerle a la esposa del rey sus atenciones.

Probablemente Curufinwë estaría allí, y con lo que creído que era de seguro pensaría que ella estaba buscando una excusa para verle.

Dobló el vestido con cuidado y lo envolvió en papel para que no se manche, suspiró y fue caminando al palacio lentamente, como si los pies le pesaran, aunque por momentos se reprendía al notar que caminaba rápidamente.

Finalmente llegó al palacio y pidió entrevistarse con la reina Indis. Ella le recibió afectuosamente.

—Querida, espero que no estés molesta porque el príncipe no se presentó en el baile —trató de disculparse —. El rey Finwë dice que es un buen muchacho, pero algo rebelde.

—Mi señora Indis, usted no tiene nada de que disculparse —dijo Nerdanel —. En cambio le agradezco mucho sus atenciones.

—Eres una gran artista y tu presente sobrepasa en belleza a muchas joyas —decía Indis —. Me gustaría que me visitaras más a menudo, a mis hijos les puede interesar aprender de alguien con un talento tan exquisito.

Nerdanel no tuvo tiempo de responder, en cambio una doncella apareció en la puerta del salón y le dijo a Indis que las cosas estaban listas en la biblioteca.

—Vamos, he mandado a preparar la merienda en la biblioteca del palacio. Espero que no te importe, hay un libro sobre gemas que encontré anoche que me gustaría que le dieras un vistazo.

Condujo a la hija de Mahtan al recinto y para sorpresa de Nerdanel Feanaro estaba ahí con el gordo libro que ella le había entregado.

—Feliz encuentro Feanaro —Saludó Indis sin mirar siquiera —. Espero que no interrumpamos tus estudios, si lo deseas nos retiraremos a otro salón.

Feanaro estaba dubitativo. Allí estaba Indis, pero también estaba Nerdanel. Apenas hacía unos momentos, cuando vio venir a las doncellas vanyarin de Indis con las cosas para merienda pensó en salir inmediatamente de la biblioteca, aunque sea por la ventana, pero la charla de las muchachas vanyar, le hicieron cambiar de idea.

—La señora Indis tiene una invitada —dijo una de ellas.

—Sí, le vi en el baile de aniversario del rey. La hija de un alumno de Aulë, si no me equivoco.

—Se veía muy bonita con el vestido… —La doncella no pudo terminar la frase al encontrarse con Feanaro —. Disculpe señor Curufinwë, no fue nuestra intención hacer tanto ruido.

—Es una biblioteca, no un salón de té —dijo Feanaro con su acostumbrado tono de superioridad —. ¿De quién están hablando?

—Lo lamentamos mucho señor Feanaro, fue un error, no volverá a pasar —Las doncellas cerraron la boca y se marcharon sin hacer ruido sin darle tiempo a Feanaro de hacer más preguntas.

—¿De quién estarían hablando esas dos? —se preguntaba —. No puede ser ella, ¿o podría? ¿Por qué no me dijo nada en su casa?

Curufinwë se entretuvo un rato en estas cavilaciones hasta que oyó venía gente a la biblioteca, como primer impulso para no ver a Indis se le ocurrió salir, pero de seguro le encontraría en el pasillo, quedaba la ventana. Se dirigió a ella y vio que no estaba muy alta, la abrió y recordó el libro de Mahtan, fue por él y cuando tenía un pie en el alfeizar entró la esposa de Finwë acompañada de su invitada.

Nerdanel sonrió por la escena y esto causó que Curufinwë frunciera el entrecejo.

—Feanaro querido ¿qué haces? —preguntó Indis que al ver el gesto de su hijastro decidió cambiar de tema —. ¿No quieres acompañarnos un momento?

Feanaro estaba al descubierto, no le quedaba otra que aceptar la invitación o dar mayores explicaciones de su comportamiento, y eso era algo que no quería hacer delante de Nerdanel.

Los tres se sentaron a la mesita que Indis había mandado colocar y mientras servía el té comenzó a platicar.

—Espero que no te molestemos mucho Curufinwë —dijo Indis alcanzándole una tasa de té —. Veo que has estado entretenido con ese libro. Pero que torpeza la mía, creo que no les he presentado.

—No se preocupe señora Indis —dijo Nerdanel —. El señor Feanaro y yo ya nos conocemos.

—¿De verás? Qué linda coincidencia —dijo Indis sin importarle que ella ya conociera este dato.

—De hecho fue ella la que me prestó este libro —dijo Feanaro viendo como Nerdanel parecía interesada—. Hay cosas muy interesantes en él, cosas que no encontré en los libros de la biblioteca de mi padre.

—¿De qué se trata este libro? —preguntó Indis.

—Es sobre los metales y sus características —explicó Nerdanel —. Lo escribió mi padre a partir de los apuntes que tomó de Aulë.

—Aprendí bastante de él, como por ejemplo que muchos creen que el orichalcum es una aleación de cobre, zinc y plomo, pero eso es una imitación que no tiene valor porque termina oxidándose — Curufinwë vio como Nerdanel le escuchaba con la mirada fija en él — . El real nunca pierde su brillo ni es corroído.

—Es un metal muy raro, apenas hemos encontrado algunos gramos —decía con emoción Nerdanel —. Mi padre tiene a este metal en más alta estima que al oro o las gemas preciosas.

—Por supuesto, porque es rojo y tan escaso —Le dijo Feanaro y de pronto hubo una conexión entre ellos.

Sin embargo en medio de esta charla Indis entendía lo mismo los elfos de Alqualondë de minería, y como tenía un plan para que los dos jóvenes elfos entablaran una amistad, pensó que era el momento de llevarlo a cabo

—Que cosas tan interesantes dicen —interrumpió la reina —. Nerdanel sabe tantas cosas, que por eso le pedí que instruyera a mis hijos con sus conocimientos.

Estas palabras cambiaron de inmediato el buen humor de Curufinwë, quien simplemente se levantó y se marchó con un simple

—Tengo cosas que hacer, adiós.

Nerdanel estaba perpleja, no entendía la reacción del príncipe. Siendo una elfa que poco tiempo pasaba en la corte, desconocía de las rencillas del primogénito del rey con su nueva esposa. Pensaba que había hecho algo malo y que si querer ofendió a Feanaro.

—Este muchacho, siempre con la cabeza ocupada —sacudió la cabeza Indis.

—Seguro tiene cosas que hacer —respondió la hija de Mahtan —. También yo tengo cosas que hacer. Fue un placer conversar con usted, una vez más, le agradezco sus atenciones ¿podría abusar de su paciencia y pedirle que se disculpe con Feanaro por mí?

—Oh no, querida, tú no has hecho nada malo, no tienes que disculparte con el hijo del rey, el es así, un joven un tanto impetuoso, tú no tienes nada que ver con su reacción abrupta.

—Es que yo pensé que…

—Nada de eso. Siempre serás bienvenida en el palacio y si lo deseas podría nombrarte como una de mis damas.

—Se lo agradezco, pero yo…

—Te entiendo —interrumpió una vez más la reina —. Creo que eres más feliz creando maravillas con las manos. Promete que volverás pronto.

—Lo haré.

Y ambas se despidieron.

Nerdanel volvió a casa, entró a su habitación y cerró la puerta apoyándose en ella pensando que Feanaro era un elfo muy difícil.

Nota: El orichalcum es un metal que es mencionado en los escritos de Platón, y era rojizo. Lo usé en esta historia para que esos dos tengan algo de que hablar, y si bien todos saben que en realidad lo que Mahtan apreciaba era el cobre, creo que un metal parecido no es una variación muy grande, que espero no les importe.