Declarativa: SMeyer es dueña de los personajes, RuthlesslyYours escribió esta historia y yo sólo traduzco.

Capítulo Ocho

Bienvenido a la Casa del perro

BELLA

"¿Qué demonios te pasó?" Roger preguntó en el instante en que entramos a la cocina.

Emmett y yo habíamos dejado la fiesta tan rápido como fue posible, saliendo por la parte trasera para evitar a la prensa. Él no dijo nada, y yo sólo me quería ir de allí. Necesitaba irme de allí.

"Deberías de ver la cara del otro tipo." Traté de bromear pero hice una mueca, mi rostro se sentía maltratado. No creí que estuviera así de mal, pero ahora que el susto se había disipado, podía sentir la extensión del daño. Sus anillos habían chocado contra mi pómulo y el corte en mi labio continuaba sangrando.

Maldición.

"No es gracioso." Siseó, entregándome una bolsa de chicharos congelados.

"Tal vez será mejor que saques un bistec Roger y que llames a un doctor"

"Ningún doctor," interrumpí a Emmett, "He visto demasiado doctores en toda mi vida."

"Sí, porque con sus heridas, usted es la epítome de razón." Roger entonó sarcásticamente, ya estando al teléfono mientras Emmett se dirigía hacia el refrigerador para sacar el bistec.

"Sé bueno conmigo Roger, estoy herida." Hice un puchero, tomando la carne congelada antes de ponérmela en el rostro. Emmett se burló, jalando la corbata roja de su cuello.

"¿Estás segura que no quieres que le llame a Edward?" Me preguntó por novena vez desde que salimos de aquella casa.

Ay Dios no, ni siquiera puedo verlo ahora.

Antes de poder hablar, la puerta se abrió de golpe; "¿Me preguntó por qué putas no me llamaste?" Rose, con los tacones en mano, gritó cuando entró a la cocina.

"Nena, te mande un mensaje"

"¿Te marchas en medio del primer gran evento de los Hamptons de la temporada con la puta de Edward, por quien ni siquiera él parece preocuparse y lo mejor que puedes hacer es mandarme un mensaje? ¿Te has vuelto loco?"

La puta de Edward.

"Rose, eso no es justo y lo sabes. ¿Qué se supone que debía hacer, tan sólo dejar que James la atacara?"

Ella extendió la mano como si quisiera estrangular algo, o alguien antes de girarse y mirarme.

"Tú no perteneces a aquí." Siseó, marchando hacia mí; "Lo sabes. Y lo sé. Roger lo el mundo jodidamente lo sabe e incluso Edward lo sabe y sin embargo, aquí estás, con carne cruda en el rostro. Mientras más tiempo te quedes, peor se pondrá todo"

"Gracias Rose. Me voy a la cama." Dejando caer dicha carne en la mesa, pasé a un lado de ella tratando lo mejor que pude de apresurarme por la escaleras sin correr.

Sentí más que ver, a alguien pasar a mi lado… mirando en la parte superior de las escaleras, vi a Austin, moviendo la cola y esperando. Seguí caminando, sin detenerme hasta llegar a mi habitación con Austin justo detrás de mí. En el momento en que la puerta se cerró, recargué mi peso sobre esta antes de deslizarme hasta el suelo, abrazando cerca de mí a Austin, pero él estaba más interesado en lamer mi mejilla que por ofrecerme el consuelo que buscaba con su presencia.

"¿Tú si crees que yo pertenezco aquí, verdad?" Susurré, "Aunque sea para lamer carne cruda de mi cara."

Alejándolo, me puse de pie y caminé hacia el baño. No quería verme en el espejo, pero sabía que debía hacerlo. Quería saber cuán grave era el daño. Incluso después de haber lavado mi rostro, lucía desastrosamente. El cabello despeinado, y la mujer con el rostro amoratado enfrente de mí lucia vacía. Estaba pretendiendo ser alguien que en realidad no era… no era yo misma. Eran más que moretones floreciendo que cubrían mi rostro, estaba perdiendo lo poquito de esencia que quedaba de mí. Este lugar y estas personas me estaban drenando y no sabía cuánto más me quedaba por dar.

Jalando el vestido, quería quitármelo, pero no podía. ¡Maldición!

"¡Bella! ¿Bella? ¡Dónde estás?" lo escuché gritar desde el otro lado de la puerta, pero tan sólo continué lo que estaba haciendo hasta que la tela se rasgó.

"¡Estoy bien, Edward!" Grité, tratando de evitar que se me escapara un llorido.

"Que me jodan si lo estás, abre la puerta Bella."

No me podía mover, el escucharlo trajo consigo el recuerdo de cómo me hizo sentir hoy. Abandonada, buena para nada… que estaba por debajo de él, y supongo que era verdad.

"¡Si no sales, juro por Dios que derribaré la puerta!"

Me quedé allí paralizada por un momento antes de abrir la puerta. Sus ojos se abrieron desmesuradamente cuando se topó cara a cara con la evidencia del incidente.

"¡Lo voy a matar!" Siseó, dándose la vuelta.

Su declaración sólo sirvió para provocar mi ira.

"¿Ahora te importa?" Grité, "¿Después de todo lo que pasó, ahora pretendes que te importóun comino mi bienestar? ¡Todo el día me trataste como a un sirviente, me ignoraste y me dejaste allí, sola! Cumplí tus deseos, aún cuando no deseaba ir. ¡Siempre hago lo que quieres, sin pensar nunca en mi salud mental, en mi bienestar! Tú eres justo igual que él, ordenándome hacer lo que se te pega la gana, ser lo que a ti se te pegue la puta gana. ¡Esperas que sea alguien que no soy! ¿Dónde estabas? ¡Exigiste que fuera y luego me dejaste a merced de ese cerdo! Adelante, mata a James. Pero ten en claro esto, es mi culpa por perderme en esta farsa y tu culpa por arrastrarme en ella." Terminé de decir en un susurro, completamente desgastada y agotada.

Esto no valía la pena, no firmé el contrato para ser abusada, física o mentalmente.

Me quité los restos del vestido desgarrado y caminé hacia el armario, sacando la ropa queEsme me había traído y la tiré al piso.

Toda la rabia que había acumulado había estallado ya. Deseaba golpear a James con todas mis fuerzas. Deseaba golpear a Rosalie en su pura cara. Deseaba estar en cualquier parte menos aquí. Deseaba…

"Deja de moverte." Susurró, aferrándose a mí.

"Suéltame." Me negué a ceder, tal y como siempre lo hacía.

"No," Me besó la nuca; "Necesitas tranquilizarte."

"¿Esa también es una orden?"

"Bella. Sólo respira." Susurró, tratando de seguir sosteniéndome mientras yo seguía moviéndome, en parte tratando de escaparme de sus brazos y también porque me estaba derrumbando.

Lo odiaba, y lo odiaba por tener control sobre mí, por hacerme ceder ante sus caprichos. No me gustaba en quién me estaba convirtiendo en el interior, sentía la amargura correr por mis venas, y sin embargo; mientras él me sostenía, su toque la ahuyentaba. Sin decir ninguna palabra, me acunó en sus brazos antes de colocarme en el centro de la cama.

"Te voy a preparar un baño caliente en la tina y te traeré algo de vino. Y podrás gritarme todo lo que quieras después, pero justo ahora, tan sólo déjame hacer esto." No era como si tuviese otra opción.

Quitándose el saco, lo arrojó al pie de la cama y se arremangó la camisa mientras caminaba hacia el baño. Debí haberme pegado en la cabeza más fuerte de lo que creía, porque el tiempo parecía pasar demasiado rápido.

"Ugh…" Gruñí, tratando de sentarme.

Edward apareció a mi lado, frunciendo el ceño antes de peinar hacia atrás mi cabello.

"Sólo quiero dormir." Murmuré, rodando sobre mi costado.

"Lo sé. Pero necesitas limpiarte, y espero que la remojada en la tina te ayude con los moretones y el dolor." Dijo, levantándome en brazos de nuevo. Envolviendo mis brazos alrededor de su cuello, enterré mi cabeza en su pecho. Adoraba la forma en que olía. Era verdaderamente pecadora, y sólo hecho de estar alrededor suyo me hacía añorar algo. Ya no era sólo su cuerpo por el que yo estaba desesperada.

El baño completo estaba cubierto con suaves velas blancas y el aroma de lavanda emanaba de la bañera.

Colocándome sobre mis pies, desabrochó mi sostén, sus verdes ojos congelándose en mi seno sólo por un instante antes de que diera un paso atrás.

"Iré por el vino." Dijo gentilmente antes de abandonar la habitación.

Quitándome la pantaleta, metí primero la punta de mi pie siseando debido al calor, antes de meterme completamente.

"Dios, esto se siente bien." Gemí, relajándome completamente. Permitiendo que el día se diluyera en el agua aromatizada.

Unos minutos después Edward regresó con una sola copa de vino tinto. Caminando hacia mí, tomó asiento en la orilla de la tina, provocando que sus pantalones se mojaran. No dijo nada, sólo me observaba; la intensidad de su mirada me hizo sentir más expuesta de lo que mi desnudez jamás me haría sentir…

"¿Por qué no me llamaste?" Finalmente preguntó.

Sumergiéndome más en la tina, tomé un sorbo de vino antes de contestar; "A juzgar por tu comportamiento previo, no creí que fuera algo con lo que quisieras ser molestado. Además, estaba enojada contigo."

"¿Qué te hizo siquiera creer eso? Y a pesar de que estés molesta conmigo, llámame. "

"¿Es esa una orden?" Escogí ignorar su pregunta. Estaba muy cansada como para discutir y a pesar del infierno que había pasado hoy, el cansancio mental de lidiar con su familia, su esposa y nuestra situación, era lo que me tenía deseando dormir, aunque sólo fuera para escapar de esos problemas.

Suspirando, recorrió sus dedos por su cabello antes de encorvarse y negar con la cabeza hacia mí.

"Por el amor de Dios Isabella, me vas a volver loco." Se quijada se tensó en señal de frustración.

Encogiéndome de hombros, bebí de nuevo; "Bueno, tú me vuelves loca a diario. Estoy prácticamente esperando que alguien me arrastre hacia un manicomio gracias a ti. O eso, o estoy esperando que Rose o Tanya sigan adelante con sus planes, que yo sé que tienen, que es enterrarme viva."

Quise bromear pero el frunció el ceño.

"Rose y Emmett se irán esta noche. Escuché lo que te dijo y ya me cansé de advertirles que no se metan contigo."

"¡Edward, ellos son tu familia!" Grité, accidentalmente mojándolo cuando me senté.

"Y tú eres" Se detuvo.

"¡¿Soy qué?!"

Inclinándose sobre el borde de la tina, acarició mi mejilla; "Tú eres mía." Pausó, aparentemente frenándose, antes de levantarse y caminar hacia la puerta del baño. "Iré a hacer una llamada, disfruta el baño."

Lo observé marcharse, liberando el aliento que no sabía estaba conteniendo.

"¿Qué estás haciendo aquí Bella?" Murmuré para mí antes de sumergirme en el agua.

Cuando regresé a la habitación, había sopa caliente y sándwiches colocados encima del tocador. La ropa que había tirado en el suelo hacia sido cuidadosamente doblada y colocada junto a la puerta. Miré alrededor para ver si Edward aún estaba aquí, y lo encontré afuera en el balcón, observando el cielo de noche con sólo los pantalones de su pijama puestos. Estaba inmóvil y aparentemente sumido en sus pensamientos. Caminado hacia él, envolví mis brazos alrededor de él desde atrás. No estaba segura de por qué, era sólo que necesitaba hacerlo.

"Gracias por el vino. Estaba rico." Murmuré, presionando mi cuerpo contra los músculos de su espalda. Sostuvo mis manos sobre su pecho, justo encima de su corazón por un instante antes de girarse para encararme. Agarrándome de mis muslos, me levantó del suelo y mis piernas automáticamente se envolvieron alrededor de su cintura y lo besé, fuerte. La toalla que me envolvía se cayó al suelo y no me importaba. Con una mano en mi trasero y la otra en mi cabello, él caminó hacia la cama antes de recortarme sobre ella.

"Acabo de comprar la compañía de James." Susurró, acariciando mi mejilla con el dorso de su mano.

"¿Tú hiciste qué?" Pregunté, no estaba segura de haberlo escuchado bien.

Besó rápidamente mis labios; "Mañana por la mañana, James se despertará sin nada. No sólo le compré la compañía, sino también le haré una demanda que le quitará hasta los centavos; por daños medioambientales y todo eso."

"Edward"

"Tú eres mía y te quiero contenta y segura. Siento mucho haberte dejado sola y no quiero cometer el mismo error dos veces." Traté de hablar pero él me besó antes de poder formar una sentencia completa.

"Hablaremos de esto después." Gemí contra sus labios, jalando las jaretas de su pantalón.

"Por supuesto." Sonrió y podía sentirlo presionado contra mis muslos. Mordiendo suavemente su labio inferior, lo empujé sobre su espalda, sentándome a horcajadas sobre su cintura mientras él sostenía la mía.

Ninguno de los dos rompió el contacto visual mientras tomaba su polla, se retorcía en mis manos y sonreí. Colocándola justo debajo de mi coño, sonreí mientras lo escuchaba gruñir de impaciencia.

TOCK

TOCK

"¡Edward, sé que estás ahí adentro! ¡Abre la puta puerta!" Tanya gritó, exitosamente interrumpiendo nuestro momento.

Soltándolo, su quijada se tensó, su nariz resoplaba y sus manos se empuñaron, por lo que me quité inmediatamente de encima de él.

"¡EDRWAD! Juro por Dios que no dejaré de tocar esta maldita puerta hasta" Antes de poder parpadear, Edward saltó de la cama y casi arrancó la puerta cuando la abrió de golpe.

"¿QUÉ?" Gritó, sus ojos azules se abrieron desmesuradamente cuando vio su pene completamente recto y saludándola. Su boca se abrió antes de mirarme a mí. Me tapé con la sábana mientras la miraba de vuelta, negándome a que ninguno de ellos me volviera a molestar otra vez. No eran ellos quienes estaban causando que me perdiera, era yo quien se doblegaba ante sus deseos y palabras. Les permitía que me hirieran.

"Tanya, por si no te has dado cuenta, estás interrumpiendo algo sumamente importante, ¿qué putas quieres?" Espetó, sacándola de su asombro.

"¿Esto es importante?" Siseó, con saliva saliendo de sus labios; "¡Tu puta arruinó mi jodida apertura de verano! Todo mundo en los Hamptons sabe de ella, todo gracias a ti. Durante el resto de la noche, todo lo que escuché fue "¿Escuchaste de la pobre asistente personal de Edward?" o "El hermano de Edward le rompió la nariz a James". Quiero que esa estúpida puta"

"Buenas noches Tanya." Dijo antes de cerrar la puerta en su rostro y ponerle seguro.

"¡EDWARD!" Chilló al otro lado de la puerta.

"Tanya no me pongas a prueba. No esta noche. O si no me aseguraré de ponerte en la lista negra de todo lo que adoras." Gritó antes de regresar a la cama.

Traté de no mirar su polla, pero era una hazaña imposible. No podía apartar la mirada.

No escuché nada más de Tanya, no supe si respondió o no las amenazas de Edward.

Edward arrancó la sábana de mis manos. Mirando mi cuerpo antes de abrir mis piernas y colocándose justo en medio de ellas.

"Ahora, ¿dónde putas estábamos?" Se metió mi pezón a la boca y metió lentamente un dedo dentro de mí.

"Ugh." Mi espalda se arqueó mientras él lamía, besaba y chupaba mis senos. "Edward por favor, sólo fóllame." No quería nada de jugueteo previo, sólo lo quería a él.

"Con gusto." Susurró, sacando su dedo y lamiéndolo antes de meter su polla en mi interior tan fuerte y tan profundo que ni siquiera estaba segura de qué putas había salido de mi boca.

Intenté agarrar su cabello, pero atrapó mis manos sobre mi cabeza sentándose antes de embestir profundamente dentro de mí.

"Joder, estás muy apretada nena." Siseó.

"Ed…" No podía hablar, muy apenas podía pensar.

"Mantén tus ojos abiertos nena." Dijo, besando fuerte mis labios. Nuestras lenguas lucharon mientras probaba cada centímetro de su boca e incluso podía probarme a mí misma en su lengua.

En el momento en que su agarre en mis muñecas se soltó, empujé su pecho hasta que se sentó sobre su trasero.

"¡Joder sí Edward, joder!" Grité aferrándome de su cabello mientras me levantaba y caía sobre su polla. Me tomó de la cintura, penetrándome mientras besaba el valle de entre mis pechos.

Estaba tan jodidamente cerca, y de repente se detuvo.

"¡Edward!" Supliqué, restregándome para conseguir más fricción.

Dándome la vuelta, me colocó sobre cuatro patas antes de follarme salvajemente.

"¿A quién le pertenece este coño, a quién le perteneces tú?" Se inclinó, besándome de los hombros hasta mi oreja, antes de morder gentilmente.

"Joder, tú. Maldición. Edward, yo te pertenezco." Gemí y mis rodillas cedieron. Me tomó el seno y sentía cada centímetro de su polla mientras me follaba.

Se salió lentamente…

"Ed…" ESTOCADA.

"¡Dios mío!" grité cuando me corrí. Pero él no se detuvo. Me penetró salvajemente, continuamente, nunca deteniéndose incluso cuando mi clímax se iba mezclando con uno nuevo.

"Joder nena." Jadeó, paralizándose cuando se corrió, besando mi espalda antes de finalmente colapsare encima de mí. Atrayéndome entre sus brazos, me recosté sobre su pecho, escuchando su corazón latir alocadamente y una sensación de orgullo se apoderó de mí sabiendo que yo había causado esos latidos erráticos.

"James va a luchar por su compañía, la sabes, ¿Cierto?" murmuré, disfrutando sus manos mientras éstas jugaban con mi cabello.

"Estoy contando con ello. Me pegó por debajo del cinturón cuando te agredió. No voy a darle una paliza, lo voy a destruir." Dijo seriamente.

Incorporándome ligeramente, lo miré; "Edward, por favor dime que no estás haciendo todo esto sólo por mi culpa. Tan sólo unos días atrás, querías trabajar con él y debiste gastar qué, ¿Cuatrocientos millones de dólares tan sólo para arruinarlo?"

"Cuatrocientos sesenta y ocho en realidad." Dijo, sin responder mi pregunta.

"Edward, ¿Cuatrocientos sesenta y ocho millones por una compañía que sólo vale trescientos cincuenta?"

"En mi opinión, valió la pena." Susurró, mirándome a los ojos.

Me paralicé, pero me negué a apartar la mirada. "¿Por qué?"

"Porque para mí, tú lo vales." Murmuró, antes de besarme de nuevo. Rodando sobre mi espalda, me abracé a él al igual que él lo hizo conmigo.

Estaba tan jodida. Podía sentirlo. Me estaba enamorando y me estaba enamorando profundamente.

Joder.


N/T Gracias por leer y comentar. Nos leemos pronto.

Y gracias Elvia por tu ayuda.

xoxo Cin