Declarativa: SMeyer es dueña de los personajes, RuthlesslyYours escribió esta historia y yo sólo traduzco.


Capítulo beteado por Yanina Barboza, Beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite .fanfiction)


Capítulo 26

Secundaria.

EDWARD.

Recargado en la silla, esperé a que mi asistente terminara de pasar los folders a cada uno de los accionistas. Era demasiado temprano pero quería acabar con eso lo más rápido posible. Incluso pedí que les trajeran café y pastelillos para ellos… quienes deberían pensar en esto como su última cena, o algo por el estilo.

Tres.

Dos.

Uno.

—¡Qué has hecho! —gritó uno de ellos.

—Felicitaciones, la compañía se hizo pública esta mañana —dije antes de darle un trago a mi café.

—¡Nos has arruinado, nuestra participación en las Empresas Cullen es menor al dos por ciento con los accionistas externos comprando! —gritó otro hombre más gordo.

—Ese era el plan —respondí.

—¿Lo estás admitiendo?

—Sí —espeté—. ¿Ustedes creen que soy un tonto? Han estado planeando comprar mis acciones y sacarme de mi empresa.

—Nosotros no...

—¡Han estado negociando con James Vulturi! Estaban planeando sacarme de mi propia puta compañía. Me iban a apuñalar por la espalda y ahora no poseen más que centavos de Empresas Cullen, lo que significa que sus opiniones no son importantes, sus consejos no significan nada. Yo gané, ahora váyanse a la mierda de aquí —declaré.

Tres de ellos se pusieron de pie, arrojando los documentos en mi dirección.

—¡Voy a demandar tu culo! —siseó el mismo hombre regordete.

—Hazlo, pero recuerda que yo puedo demandarte por difamación, robo de propiedad intelectual y por supuesto, mi favorito, por violar el contrato. Después de todo, ustedes firmaron un acuerdo de confidencialidad y de no competencia cuando se unieron al consejo. Viendo que esta es mi compañía, que construí con mis propias manos, la decisión de volverla pública es mía. No es mi culpa que ustedes no pensaran antes de intentar robarme. —Les sonreí.

—Solo por el hecho de que tú construiste esta compañía, no te da el derecho de destruirla. Desde que el libro de esa mujer se publicó, las acciones han estado cayendo y a ti ni siquiera te importa. Ya no estás pensando con claridad. Ya no eres el hombre que comenzó esta compañía —gritó otro.

Presionando el intercomunicador, hablé con mi secretaria:

—Srta. Walters, por favor envíe a seguridad.

Uno de ellos se lanzó hacia mí pero lo detuvieron. Seguridad llegó en cuestión de segundos, escoltándolos hacia afuera mientras les decía adiós y les deseaba buen puto viaje. Poniendo los pies sobre la mesa, terminé mi café en paz.

Tennyson entró a mi oficina.

—Entonces, ¿supongo que todo salió como fue planeado?

—Nadie lo negó —repliqué.

—¿Debería preparar las demandas?

—No haría daño que lo hicieras. He estado queriendo preguntarte; ¿crees que debería dar una conferencia de prensa? He estado esperando que el furor por este libro se acabe, pero parece que a cada movimiento que hago, mi vida sexual sale a colación.

—Solo si la Srta. Swan lo acompaña. Ella no ha hecho nada de prensa o entrevistas para el libro. Empresas Cullen puede manejar esto, siempre y cuando usted demuestre que este todavía es un negocio libre de escándalos. ¿Debería enviar a Chanel para ayudar a prepararlos a ustedes dos? —preguntó, ya de una vez hablando por teléfono.

—Voy a almorzar con Bella y me pondré en contacto contigo esta noche —contesté, asintiendo mientras él se marchaba.

Pellizcando el puente de mi nariz, suspiré. A Bella no le iba a agradar esto. No le iba a gustar para nada.


BELLA.

—¡Bajen, chicos! —les grité para que bajaran, y como elefantes, bajaron las escaleras en estampida aún vestidos en sus pijamas.

—¡Tocino! —gritó Levi emocionadamente y corrió hacia mí.

—Levi, tranquilízate —lo regañé pero él no pareció comprenderlo.

—¿Puedo ayudar? —me preguntó Chris—. Siempre le ayudo a mi mamá en la cocina.

Sonriendo, le entregué un plato de tostadas. Toby vino después y le di el plato con el tocino, provocando que Levi se quedara boquiabierto de incredulidad.

—¡Mamá! —se quejó.

—También tengo algo para ti. —Le entregué los huevos… y a él no le gustaban mucho. Hizo un puchero pero siguió al resto de los chicos hacia la mesa. Llevando el jugo los seguí, cuando alguien llamó a la puerta. Roger, con un sacudidor en mano, salió de la nada y comenzó a caminar hacia la puerta de entrada.

—Bella, deberías venir aquí —me llamó Roger.

—No se atiborren de comida, volveré enseguida —le dije a los chicos, despeinando el cabello de Levi antes de dirigirme hacia la puerta.

Allí, empapada y con los ojos llenos de lágrimas y la cara rojiza de tanto llanto, estaba Lizzy.

—Bella —lloró, corriendo hacia mis brazos—. Siento mucho venir aquí así. Es solo que no sabía a dónde más ir.

—Shh. Shh. —Acaricié su cabello mojado antes de mirar a Roger, quien tenía el ceño fruncido—. Roger, ¿podrías sentarte por favor con los niños por un momento?

Por supuesto —dijo con un brillo en sus ojos. Levi tenía a todo mundo repitiendo esa frase.

Mirando de nuevo a Lizzy, la alejé de mí lentamente.

—Tendré que llamar a tus padres, ¿ellos saben que estás aquí?

Negó con la cabeza, sin molestarse en mirarme.

—No y por favor no los llames, no puedo lidiar con mi mamá en este momento.

—Lizzy, les pediré permiso para que te quedes aquí este día, pero tengo que llamarles. Tú eres su hija y si mi hijo estuviera afuera, necesitaría saber que se encuentra bien.

—Por favor no les digas que vengan —susurró antes de limpiarse la nariz.

—Haré lo que pueda, ¿qué tal si vas a desayunar con los chicos?

Asintió y la invité a pasar, notando que sus manos estaban cortadas y lastimadas. En el instante en que vi, ella apartó la mirada.

—Gracias —susurró.

Cuando estuvo lo suficientemente lejos, tomé el teléfono y llamé a Emmett. Podía hablar con él mucho mejor que con su esposa.

—Hola, Bella...

—Emmett, ¿viste bien a Lizzy esta mañana que se fue a la escuela?

—Sí, creo, Rose fue a dejarla. ¿Por qué lo preguntas?

—Porque ella está aquí...

—¿Ella qué? Esa niña está tratando de volverme loco...

—¡Emmett! —espeté, interrumpiéndolo—. Algo está mal. Llegó aquí llorando, sus nudillos están lastimados y sangrando.

—¿Está bien? —murmuró y podía escucharlo moverse—. Puedo estar allí en diez minutos.

—Emmett, ella no se fue a casa por una razón. Necesita algo de tiempo. Tal vez pueda hablar con ella y tratar de averiguar qué pasó. Prometo llamarte si pasa algo.

Hubo una larga pausa y verifiqué si la llamada se había cortado antes de que él hablara de nuevo.

—Está bien, tan solo… recuérdale que la amamos y que trabajaré en casa hoy. Si ella necesita algo por favor llama, estaré justo aquí.

Sonreí y asentí a pesar de que él no me podía ver.

—Está bien, lo prometo.

—Gracias, Bella —dijo antes de colgar. Caminando hacia el comedor, vi a Lizzy riéndose mientras negociaba el último pedazo de tocino con Levi.

—Chicos, hay más tocino.

—Ya no se trata solo del tocino, Bella, es una cuestión de orgullo —dijo Lizzy y Levi me miró.

—¡Sí, mami, de orgullo!

—Ahora que volviste, regresaré a mis labores. —Roger se puso de pie, escapando lo más rápido que pudo.

No tenía idea de qué demonios estaban hablando pero traje un plato más de tocino en la mesa, justo a tiempo para ver a Levi ganar.

—Gané el orgullo —dijo con una enorme sonrisa antes de darle una mordida a su premio.

—Sí, sí, ganaste esta vez, niño. —Lizzy sonrió.

—No soy un niño, soy un señor y los señores son adultos.

—¿Quién dijo eso? —le preguntó Toby.

Levi se encogió de hombros.

—Uno de los hombres que trabaja para papá. Debiste verlos, Toby, son tan grandes y empujaron a las personas con las cámaras brillantes fuera del camino allá en mi casa.

—Genial, cuando crezca quiero hacer eso. —Toby sonrió.

—No crezcan. —Lizzy frunció el ceño—. No es tan divertido como ustedes creen. Desearía volver a ser niña.

Se levantó, tomando su plato y dirigiéndose hacia la cocina, la seguí y la observé sin decir nada mientras se ponía a lavar su plato.

—¿Qué tan malo es el acoso? —murmuré, lavando también el mío.

Me frunció el ceño y me miró molesta.

—Mira, tan solo porque corrí hacia acá, no significa que...

—Será mejor que no te pongas en ese plan conmigo —declaré, le devolví la mirada molesta.

—Creí que tú eras distinta, que me ibas a dejar sola y dejarme tener mi espacio —se quejó.

—Tienes catorce años, Lizzy, no tienes derecho a tener espacio. Siento mucho no cubrir tus bajas expectativas, pero no me puedes excluir de esto. Estás molesta y no como una adolescente normal molesta, sino que estás sufriendo. Lo sé, porque yo he estado en tu lugar.

Me rodó los ojos.

—Ay, por favor, ¿tú? Eres bonita, sexy y talentosa. El tío Edward te ama; tienes un hijo mágicamente inteligente y eres una famosa escritora. No tienes idea de cómo me siento, o por lo que estoy pasando.

—Así que básicamente estás asumiendo que me conoces. Creí que habías leído mi libro.

Frunció los labios.

—Leí las partes interesantes.

¡Los adolescentes de hoy!

—¿Supongo que las partes malas de mi vida? —pregunté y ella se encogió de hombros en respuesta.

—Leí las partes resaltadas en internet.

—Me estás matando, pequeña —le murmuré y me miró confundida.

¿Qué demonios está pasando con los niños de ahora?

—Está bien, primero vamos a ver Sandlot antes de que te vayas —le dije—. Y segundo, tú y yo vamos a hablar acerca de esos acosadores que te están molestando en la escuela.

—Jamás dije que se trataba de acosadores.

—Tampoco lo negaste —respondí y ella hizo una mueca... finalmente ya no lucía como si estuviera tratando mucho de ser una adulta. Estaba siendo ella misma, una niña.

—¿Cómo lo sabes? —susurró.

—Tu cabello teñido fue el primer indicio, las botas militares, bandas para el cabello alrededor de las muñecas y el barniz de uñas negro. —La miré de nuevo.

—¡Eso que acabas de hacer es analizarme! —se quejó.

—Sí, ¿cuál es tu punto?

No respondió, eligiendo mejor cruzarse de brazos con petulancia.

—¿Qué te hace tan experta en esto? Apuesto a que fuiste una de las chicas malas en la escuela, como mamá lo fue.

—No, de hecho fui la chica que fue cargada y arrojada al basurero de la escuela. —Me estremecí ante el recuerdo.

Se quedó boquiabierta con incredulidad.

—Estás mintiendo para hacerme sentir mejor.

—Todavía puedo oler la salsa especial en mi cabello. —Me reí—. En la primaria fui a la que nadie notaba. En la secundaria, me quería esconder en un hoyo y tan solo desaparecer. Una chica de hecho me cortó el cabello durante la clase de química.

Jadeó horrorizada.

—Luego había veces en que Jake, mi a veces novio, me botaba en los bailes de la escuela para poder irse con chicas más ardientes, alias Kayleigh Lewis. Él jamás quiso que lo vieran conmigo hasta el último año, cuando por fin me crecieron los pechos. —Ah que buenos tiempos... buenos malditos tiempos—. Cualquier cosa por la que estés pasando, yo he pasado por eso, lo he hecho y gané una medalla por ello —añadí.

Se rio.

—¿Alguna vez han photoshopeado tu rostro en el cuerpo de una estrella porno?

Fue mi turno de jadear.

No.

—Síp —asintió, recargándose sobre el lavabo y sacando su teléfono. Me mostró un correo masivo y si no fuera porque sus pechos eran definitivamente no tan grandes o falsos, la foto habría sido muy convincente—. La chica que lo hizo dijo que mi papá había pagado para que me redujeran los pechos y que me arreglaran la nariz. Fui a la escuela y todo mundo había recibido este correo.

—¿Así que la golpeaste? —Miré sus nudillos.

—No, golpeé la pared del baño mientras lloraba. Luego me escapé de la escuela y comencé a caminar.

—¿Cuán larga fue la caminata?

Colgó su cabeza.

—Cerca de media hora.

—Lizzy.

—Lo sé. Lo sé. No es seguro, puede haber sido secuestrada o atropellada, pero no podía quedarme allí. Me sentía acorralada. —Comenzó a llorar de nuevo.

Abrazándola con un brazo, tomé su teléfono y programé mi número en él.

—Si esto vuelve a pasar otra vez o si estás asustada, llámame y espera, iré a recogerte. ¿Entendiste?

Asintió pero no respondió.

—Está bien, ¿por qué no te bañas y te presto algo de mi ropa de ensueño?

—¿Tu ropa de ensueño? —preguntó.

—Ya sabes, esa ropa que compras pero que no te queda y en lugar de regresarla, te la quedas prometiendo que te quedará algún día —expliqué y ella tan solo me miró como si estuviera loca—. Ay, vamos.

»Chicos, prepárense para bañarse.

—¡Yo primero! —gritó Levi, usualmente era tan generoso pero cuando se trataba de sus amigos, siempre le gustaba ser el primero en todo.

—No, yo primero —le gritó Toby en respuesta con una sonrisa.

—¡Chris se ofrece como voluntario! —Lizzy alzó el brazo de Chris. Chris la miró y sonrió, levantando su otro brazo como si hubiera ganado algo.

Levi caminó hacia él y lo miró antes de encogerse de hombros.

—Está bien, ¿quieres usar mi jabón de elefante?

Ahí estaba mi niño generoso.


EDWARD.

Llegué a casa un poco más tarde de lo que me hubiera gustado, pero sí llegué a tiempo para ver a Lizzy y Bella matando de cosquillas a los chicos. Levi me vio e intentó alcanzarme a través de los ríos de lágrimas y risas.

—¡Ayuda, papi! —gritó. Así que como cualquier buen padre lo haría, me acerqué y comencé a hacerles cosquillas a las dos chicas. Toby y Chris estaban viendo desde lejos, asegurándose de que fuera seguro y luego corrieron hacia nosotros.

—¡No, tío Eddy! —Lizzy se rio mientras trataba de escaparse de los chicos, cuando ellos la atraparon.

Centré mi atención en Bella mientras ella intentaba escaparse.

—¡Edward, no! —Se rio, todavía tratando de luchar contra mis avances.

—¡Estaban atacando a mi hijo! —Me reí de vuelta.

—¡Sí! —gritó Levi.

—Él… comenzó —dijo entrecortadamente y me detuve para mirar a Levi.

—¿Eso es verdad?

Levi se paralizó y levantó los brazos en señal de rendición.

—Son detalles.

Me reí justo antes de ir en rescate de Lizzy, con un gran abrazo, cargué a los tres chicos y los aventé al sofá.

—¡Hola, papi! —Levi sonrió como si nada hubiera pasado.

—Me voy por algunas horas y cuando vuelvo la casa es un caos. —Me crucé de brazos ante ellos y todos copiaron mis movimientos.

—Ellas se estaban burlando de nosotros —dijo Toby.

—Porque se metieron crayones en la nariz —jadeó Lizzy al levantarse.

—¿Que ustedes qué? —Traté de no reírme.

Chris asintió.

—Nos metimos crayones a la nariz, para poder arrojarlos como cohetes.

—Luego mami nos dijo que nos los sacáramos pero luego ya no pudimos, pues no la escuchábamos porque se estaba riendo —añadió Levi.

—¡Así que nos lo sacamos y luego comenzamos una guerra de cosquillas de chicos contra chicas, pero luego tuviste que llegar y ayudar al enemigo! —me gritó Toby, negando con la cabeza.

¿El enemigo? ¿Cuán seria puede ser una guerra de cosquillas?

—Ya veo. —En realidad no, pero estaba bien.

—¿Qué tal si todos ustedes se van a limpiar? Este viejo necesita descansar un poco antes de que los ayude a ganar la próxima guerra. —Bella palmeó mi hombro.

—¿Viejo? —Me giré hacia ella.

Peinó mi cabello.

—Vi un par de canas...

—No es cierto. —Aunque sentí la necesidad de ir a revisar. Todos los chicos se pusieron de pie y corrieron hacia la habitación de Levi, dándole a Lizzy y a Bella la oportunidad de sentarse en el sofá.

—Jamás tendré hijos —se quejó Lizzy.

—Bien —murmuré y Bella me envió una mirada no muy amable, así que aclaré—: No deberías involucrarte en nada que te dé bebés durante algunas décadas.

O jamás, eso también estaba bien.

—Tía Bella, ¿esa es su forma de decirme que jamás tenga sexo?

Bella se rio.

—Lizzy, ve a descansar a tu habitación, tus padres deberían estar aquí en veinte minutos.

Por primera vez, Lizzy no discutió e hizo lo que se le pidió… sin embargo, la última vez que había revisado, que había sido esta mañana, ella no tenía habitación en esta casa. Tomando asiento en el sofá, tomé los pies de Bella en mis manos y comencé a masajearlos.

—Ay, eso se siente bien. —Sonrió.

—¿De qué me perdí?

Sacó su celular y me mostró…

—¿Qué putas?

—¡Edward, no maldigas!

—¿Cómo esperas que no maldiga cuando me enseñas una foto de mi muy desnuda...?

—No es ella, Edward. —Suspiró antes de levantarse—. Alguna mocosa de la escuela photoshopeó la imagen para hacer parecer que se trata de Lizzy. Ella se escapó y terminó aquí.

—¿Se escapó de la escuela?

Asintió.

—¿Por qué crees que le doy clases a Levi en la casa? Los niños pueden ser muy crueles con cualquiera que sea remotamente diferente. Ella es una niña tan buena, pero ha estado lidiando con tanta mierda como esta durante años y nadie lo había notado.

No dije nada, en lugar de ello me recargué en el sofá. Permanecimos en silencio durante un momento mientras mi mente divagaba. Una parte de mí se alegraba de que no tenía que preocuparme de adolescentes hasta dentro de unos cuantos años más. La otra parte de mí quería destruir a cualquier niño de catorce años que había hecho esto. Nada de eso me ayudaba en ese momento. Todo eso estaba tan fuera de mi alcance. Parte de mí sentía como si anduviera a oscuras.

—Lo siento, ni siquiera se me ocurrió preguntarte cómo había estado tu día. Te fuiste apresurado, ¿todo está bien?

Me tomó un momento para procesar lo que ella me había dicho antes de reírme.

—¿Qué?

—Bella, nos hemos vuelto domesticados, ¿cuándo pasó eso y por qué no me molesta? —le pregunté honestamente y ella también se rio.

—Nos domesticamos, ¿no es así? No lo sé, pero también como que me gusta. Me encanta que Levi esté rodeado de felicidad y risas.

—Me encanta que estés feliz —murmuré y ella se sentó sobre mi regazo.

Me miró a los ojos y le mantuve la mirada y me relajé.

—La compañía se volvió pública esta mañana —susurré en el pequeño espacio que nos separaba.

—¿De verdad? Creí que jamás querías hacer eso. —Frunció el ceño.

—Tuve que hacer sacrificios para quedarme con mi compañía.

—¿Todo está bien?

Asentí, acariciando su espalda.

—Vamos a tener que hablar sobre algo, pero podemos hacerlo después de que todos se vayan a la cama.

—En realidad estaba planeando probar cuán poco domesticados podemos ser —murmuró antes de besarme fuertemente. Gemí mientras su lengua luchaba contra la mía. Alejándose, sonrió y reconocí ese brillo en sus ojos. Era el mismo que ella poseía cuando la conocí la primera vez.

—No me tientes, Bella.

—¿Que no lo tiente a hacer qué, Sr. Cullen? ¿Me va a nalguear hasta que me corra? ¿Va a morder mis pezones?

»¿O me va a ver tocarme a mí misma hasta que me ordene que me detenga? Ah, ya sé, me va a atar como en los viejos tiempos y lamer miel de mi cuerpo… eso fue divertido, ¿no es así?

Empuñando su cabello, detuve el movimiento de sus caderas.

—Te cogeré justo aquí y me arriesgaré a que cualquiera pueda vernos.

Sonrió.

—Usted puede ser más perverso que eso, Sr. Cullen, lo sé.

No pude soportar más, ella había dicho que mi hermano y su esposa llegarían en veinte minutos, y yo solo iba a necesitar diez.

Cargándola, casi corrí hacia nuestra habitación, poniéndole seguro a la puerta detrás de nosotros. Arrojándola en la cama, miré mientras reía emocionada.

—Tú lo pediste, Isabella. —Podía sentir mi piel poniéndose más caliente mientras me quitaba el cinturón y los zapatos.

—Creí que el adicto al sexo se había esfumado.

—Jamás, ahora ponte de rodillas —le ordené y ella obedeció. Bajándole los pantalones y arrancándole la camisa, observé embelesado mientras sus pechos rebotaban. Acariciando su lindo culito, una sonrisa rompió en mi rostro.

—Agárrate de la cabecera y será mejor que no grites… no querrás preocupar a los niños, ¿cierto?

Gimió y alcé mi mano, nalgueando su trasero, mirando cómo rebotaba ante mí.

—Ahh… —jadeó quedamente.

Lo hice de nuevo, con un poco más de fuerza, disfrutando el fuerte sonido de la carne contra la piel.

—Tú.

Otra vez, el resonante sonido hizo eco en la habitación mientras sus gemidos acompañaban la sinfonía de nuestra lujuria.

—Me.

No me detuve, usando mi mano para puntuar cada palabra mientras ella respondía mi llamado con un lloriqueo o un gruñido.

—Vuelves.

Sentía el aire a través de mis dedos, disfrutando la frescura antes del ardor mientras le daba otra nalgada en su amplio trasero.

—Loco.

La última nalgada fue seguida por mi mano acariciando su piel roja. Disfruté el calor de su carne, la suavidad y el hermoso carmesí de sus nalgas.

—Joder, Edward. —Se aferró más fuerte cuando la sostuve y besé sus nalgas mientras me incorporaba para pegar mi cuerpo con el suyo. Tomando sus pechos, nos puse a los dos sobre nuestras rodillas y ladeé su cabeza para besarla. Deslicé una mano hasta su coño y la otra aferró su cabello.

—Umm, Dios tus manos. —Trajo una mano sobre la mía. Sacando mis dedos de su interior, los alcé hacia sus labios. Ella los lamió provocando que me estremeciera, y luchando por mantener el equilibrio mientras la sostenía de la cintura.

La necesitaba ya, pero ella no cedía, se dio la vuelta y tomó mi polla en su mano.

—Joder, Bella —jadeé ante su férreo apretón, jaló fuerte y rudo antes de poner su boca sobre mí.

Moviendo los cuerpos de ambos, caímos en la cama y ella me tomó en su boca una vez más mientras yo tomé sus piernas y enterré mi cabeza entre ellas. Ella me chupó mientras yo la devoré, todo se sentía a flor de piel, rápido, sexy y ella sabía divinamente. No podía parar, no quería parar.

—Ahh —jadeé de placer, pausando durante un momento cuando ella pasó sus dientes sobre mí. Metiendo un dedo en su coño, disfruté la sensación de sus gemidos sobre mí polla, provocando que un placer desgarrador recorriera mi cuerpo. Metiendo un segundo dedo, luego un tercero y un cuarto, follé su coño, lamiendo tanto como pude de ella. Finalmente cedí ante ella y exploté en su boca igual que ella en la mía.

—Gracias a Dios por ti —jadeé.

Aún había una gran parte de ella que era mi zorrita y me encantaba cuando ella salía a jugar.