Declarativa: SMeyer es dueña de los personajes, RuthlesslyYours escribió esta historia y yo sólo traduzco.


Capítulo beteado por Yanina Barboza, Beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite .fanfiction)


Capítulo 27

No.

BELLA.

Los labios de Rose estaba presionados en una tensa línea, parecía el Atlas, como si estuviera cargando el peso del mundo en sus hombros.

—Liz, ¿por qué no me lo dijiste? —susurró, tratando de agarrar a su hija, pero Liz se alejó, envolviendo sus brazos alrededor de Emmett.

Por lo que sabía de él, Emmett siempre había sido alegre, pero justo en ese momento, la rabia en sus ojos parecía haber borrado cualquier rastro del hombre jovial que había visto. Besó la cabeza de su hija y peinó su cabello a un lado antes de dirigirse a ella.

—Cariño, ha sido un largo día, ¿por qué no te adelantas al auto con Chris? Hablaremos de esto después, ¿está bien?

—Está bien —susurró Lizzy, con su cabeza agachada mientras caminaba hacia mí. Le di un fuerte abrazo—. Gracias, Bella. Todavía puedo llamarte, ¿cierto?

—Por supuesto, es por eso que te di mi número, a cualquier hora que me necesites. —Sonreí y ella también. Rosalie nos dio la espalda, pero pude ver las lágrimas en sus ojos.

—¡Adiós! —se despidió Chris de Levi, quien tristemente los despidió. Toby se había ido antes de que Emmett y Rose llegaran aquí. Levi parecía tan triste, de pie junto a mí.

—Gracias. ¡Adiós, tío Eddy! —Lizzy lo abrazó antes de irse tomada de la mano con Chris.

—Adiós, Lizzy. —Meneó la cabeza sabiendo que ella podía escucharlo.

—Bella… —me llamó Rose. Parecía estar luchando para decir algo.

—De nada —contesté su sentimiento tácito, ella asintió, antes de irse tan rápido como pudo.

Emmett suspiró.

—Gracias, Bella. Honestamente, jamás lo habríamos imaginado. Ella nunca habla con nosotros.

—Emmett, no quiero extralimitarle, pero la comunicación es imposible si ella siente que ustedes no la van a escuchar, a escuchar de verdad. Háganle saber que ustedes están dispuestos a escuchar lo que sea que ella tenga que decirles. Ella quiere hablar con ustedes —le dije francamente.

Él asintió, también dándome un abrazo y estrechando la mano de Edward. Afuera, Roger y Levi observaron cuando las puertas se cerraron detrás de ellos.

—No —espeté.

—Bella...

—¡Dije que no, Edward!

Suspiró mientras sacaba la ropa limpia de Levi de la lavadora y metía otra. No me importaba, no había ninguna maldita oportunidad de que yo hiciera lo que él me estaba pidiendo.

—No puedes decir que no, Bella.

—¿Quién dice que no? No. No...

—¡Yo lo digo! ¡Necesitamos hablar de esto! —me espetó de vuelta.

—¡Es mi libro, Edward! —grité, dejando caer la cesta encima de la secadora.

—¡Es mi vida! —gritó y me paralicé. Negando con la cabeza, se pellizcó el puente de la nariz—. Empresas Cullen siempre ha sido una compañía libre de escándalos. Siempre me he mantenido en un nivel más alto, razón por la cual les pido a todos que firmen un acuerdo de confidencialidad. Es por eso que te hice firmar uno. ¿De verdad crees que quiero subirme a un escenario y ser cuestionado por algún cretino que quiere hacer bromas de cuán perverso me gusta el sexo? ¿De cómo me casé con Tanya debido a un acuerdo de negocios? Esto no es divertido para mí. Esto no es lo que deseo hacer o lo que quiero para nosotros. Pero tengo que hacerlo.

—Estás molesto de que haya escrito el libro. —No pude mirarlo a los ojos.

Presionó su mano en mi mejilla, obligándome a levantar el rostro.

—Parte de mí sí, pero una parte más grande de mí sabe que el libro te salvó. Te salvó a ti y a nuestro hijo.

—Tengo miedo. Sé lo que ellos van a decir. Ellos me van a destrozar —murmuré. Ya podía escuchar las preguntas, el disgusto entre sus palabras. Mentalmente repasé todos los comentarios que alguna vez había leído, llamándome puta hambrienta de dinero. ¿Cómo podía luchar contra eso? Es por eso que no daba entrevistas.

—¿En realidad ellos importan? —me preguntó, tomando la cesta de mis manos y acercándome a él.

Antes de poder contestar, él me besó, poniéndome sobre la lavadora. Su lengua luchó contra la mía, mientras envolvía mis brazos en su cuello, necesitando más de él.

—¿Mami?

—¿Sí, Levi? —Edward suspiró, alejándose lentamente de mí. Hizo un puchero y también Levi, quien entró a la habitación petulantemente.

—Le hablé a mami, no a ti, papi —respondió Levi.

—Vaya, qué respondón. —Edward se rio. Cargándolo antes de ponérselo sobre el hombro.

—¡Papi! —Levi soltó la risotada mientras Edward le daba vueltas.

Bajando de la lavadora, los observé, incapaz de controlar la sonrisa que se extendió sobre mi rostro.

—Ay —exclamó Levi cuando sus pies tocaron el suelo, extendiendo sus manos para tratar de recobrar el equilibrio—. El mundo está girando.

—Espera un segundo, osito —dije y lo abracé. Él abrazó fuertemente mis piernas, recargando su cabeza sobre ellas.

—Buen trabajo, papá —le dije a Edward quien meneó la cabeza antes de recargarse en la isla de la cocina.

—Tenemos que hacerlo más fuerte —replicó y rodé los ojos.

—¿Qué necesitas, osito? —pregunté, mirando a nuestro hijo. Peiné su oscuro cabello cuando me miró con una sonrisa.

—Quiero un hermano —replicó seriamente, y la sonrisa de mi rostro se esfumó de inmediato.

—¿Qué?

—No es divertido cuando Toby y Chris no están. Toby tiene un hermano mayor y uno menor. Él dice que juegan juntos todo el tiempo. Tú y papi juegan. Yo quiero tener alguien con quien jugar también.

Edward se burló, tomando una manzana y mordiéndola, observándonos como si fuéramos su entretenimiento. Lo miré molesta antes de arrodillarme para mirar a los ojos a Levi.

—Cariño. No estoy segura si en verdad sepas lo que estás pidiendo...

Frunció el ceño y asintió.

—Sí lo sé. Tú te vas a dormir, mami, y cuando despiertes, tu estómago estará grande. Luego tendrás un bebé como la tía Angie.

—¡Ja! —Edward se rio abiertamente antes de callarse cuando casi lo asesiné con la mirada.

—Está bien, Levi. Tal vez después. ¿Ya terminaste tu tarea? —Traté de cambiar el tema.

—Sí terminé. ¿Cuándo es después? —preguntó y quise gruñir, porque de todos los atributos que mi hijo pudo heredar de su padre, tuvo que heredar su terquedad. Finalmente, Edward vino, lo cargó mucho más gentil que antes.

—¿Y yo no tengo opinión en esto, amiguito? —le preguntó Edward.

—No, todo lo que necesito es a mamá para tener un hermano.

Edward sonrió de oreja a oreja y otra vez lo miré molesta.

—No te atrevas —le dije entre dientes.

—Bueno, Levi, mami y yo estamos súper ocupados. Pero tal vez en un año o dos, ¿eso está bien para ti? ¿No quieres ser más grande para ayudar a proteger a tu hermanito?

Levi lo pensó durante un momento antes de asentir.

—Está bien, mami, ¿puedo hablar por Skype con Toby y con Chris ahora? Puedo enseñarte mi tarea.

—Seguro, ¿puedes traer mi laptop? —le pregunté, él asintió, soltándose de los brazos de Edward para salir corriendo de la cocina. Cuando se fue, suspiré, descansando mi cabeza en la isla.

—Me siento tan mal. No quiero que se sienta solo pero no estamos listos para tener otro bebé —murmuré, frotando el costado de mi cabeza.

Edward recargó su cabeza en mi hombro.

—Sí, lo sé, además, con el estrés añadido de la entrevista, dudo que pueda pasar.

Girándome hacia él, tomé un profundo respiro.

—Quiero acabar con ese asunto de la entrevista tan rápido como sea posible. ¿Puedes hacer que eso ocurra?

—Dime cuándo.

—Mañana.

—Bella...

—Si me espero algunas semanas o días, me asustaré. Tan solo quiero acabar con esto.

Él asintió, peinando mi cabello hacia atrás de mi oído.

—Dalo por hecho.

—Mami, la tengo. —Levi regresó corriendo, abrazando la laptop a su pecho.

—Está bien, hablaremos primero con Chris, no sé si Toby ya esté en casa.


EDWARD.

—Me siento como una persona diferente —le susurré a Roger mientras observábamos a Levi conversar por la computadora.

—Los hijos te hacen eso —replicó, puliendo las copas enfrente de él.

—¿Está mal que aún esté esperando que algo salga mal? Todo ha marchado bien… demasiado bien. Es como si hubiésemos estado juntos desde el principio. —Jamás imaginé que estaría así de contento.

—Bueno, si te hace sentir mejor; todavía tienes que hacer una entrevista en vivo con millones de personas observándote sumado a que tienes que lidiar con James y Tanya —dijo y me giré hacia él.

—¿De verdad?

—Eres tú quien desea encontrar algo a qué tenerle miedo en lugar de simplemente disfrutar los regalos enfrente de ti, Edward. —Suspiró, colocando la copa sobre la mesa—. Tienes un hijo extraordinario y una mujer que te ama profundamente. Jamás será perfecto porque no existe la perfección. Tan solo disfrútalo.

—Estoy intentándolo —murmuré pero no era así como mi vida funcionaba. Las cosas buenas no duraban… y sin embargo, allí estaba Levi. Quiero que siempre esté riendo y que sea feliz. Quiero que las cosas siempre sean así… que sean normales.

—Pidió un hermano.

Roger se burló.

—¿Crees que sea una decisión sabia tener otro hijo cuando ni siquiera has tenido a este por un año?

—Lo sé. Pero él se siente solo. —Fruncí el ceño, no quería que él sintiera nada más que felicidad.

Roger tomó las copas en la charola, alejándose de mí pero no sin antes impartir un sabio consejo:

—Entonces por qué no le consigues un perro. Te hizo sentir mejor cuando eras niño… y cuando eras adulto.

—Roger, esa es una idea brillante —le dije cuando se dispuso a irse.

—Lo sé —gritó.

Rodando mis ojos, saqué mi teléfono cuando timbró.

—Cullen.

No hubo respuesta. Tan solo se escuchaba respirar a alguien.

—¿Quién es? ¿Cómo conseguiste este número?

—Uno de tus ex consejeros me lo dio.

—James.

—¿Me extrañaste?

—Vete al infierno.

—Tú ya me enviaste allí en el instante en que destruiste la compañía.

—Estoy llorando —repliqué sarcásticamente.

—Si me hubieras dicho que la golfa era tuya, jamás la habría tocado.

Mi mandíbula se tensó y respondí enfadado:

—James, viniste tras mi compañía y perdiste. ¿Cuánto tiempo te tomó poner en contra a todo mi consejo? ¿Un año? ¿Tal vez dos? Me tomó un día desmantelar la empresa. Deja esto por la paz y te dejaré tranquilo.

—No tengo nada que perder, Cullen. Tú sí. Tienes un hijo, a tu puta y a tu compañía.

—¿Es esa una amenaza, bastardo?

Colgó y no deseaba nada más que arrojar el maldito teléfono contra la pared.

—¿Estás bien? —preguntó Bella cuando llegó a mi lado.

Dando un profundo respiro, asentí.

—Sí, solo son negocios.

—¿Está todo bien, necesitas ir...?

—Bella, estoy bien. No es nada de lo que no me pueda hacer cargo. Si vamos a hacer la entrevista mañana, creo que debemos prepararnos. Puedo pedirle a alguien a que nos venga a ayudar.

—Ah… sí. Está bien, seguro. ¿Puedes sacar tus poderes de millonario para hacer que vengan esta noche? —me preguntó y sonreí.

—¿Mis poderes de millonario?

—Sí, ya sabes, esos cuando llamas a alguien y al chasquido de tus dedos todo mundo salta. —Sonrió.

Troné los dedos y ella saltó. Riéndome, la giré en mis brazos y besé su nariz, luego sus mejillas, frente y labios.

—Ustedes hacen mucho eso. —Levi suspiró ruidosamente, tomando la computadora de Bella y dejándonos solos.

Podía ver la pequeña mueca formándose en sus labios.

—Vamos a traerle un perro. —Le solté la noticia antes de que ella pudiera decir nada.

Arqueó las cejas.

—¿Qué?

—Un perro. Estuve solo la mayoría de mi niñez, pero Austin hizo todo mejor. Él fue mi mejor amigo. Estoy seguro que a Levi le encantará uno.

—¿Cuál sería el mejor perro para él? —preguntó cautelosamente.

—Déjamelo a mí. Quiero sorprenderlos a ustedes dos. —Podía ser mi regalo para él, el primero de muchos, esperaba.


BELLA.

Me removí en mi asiento ante su mirada escrutadora. Ella era hermosa, con sus asombrosos labios rojos, brillantes ojos verdes y su cabello oscuro perfectamente rizado. ¿Ella es una de las abogadas de Edward?

Dispárame ya.

—Srta. Swan. —Se cruzó de piernas.

—Solo llámame Bella.

—Por supuesto, Bella. Entonces, ¿escribiste el libro porque no conseguiste el dinero por acostarte con el Sr. Cullen?

—¿Discúlpame?

—¿Vendiste los secretos del Sr. Cullen porque eres una caza fortunas? —me preguntó tranquilamente.

Miré a Edward quien estaba de pie al lado de ella, tenso como una maldita estatua. No me miró y por alguna razón, sentí como si él hubiera planeado esto para obtener respuestas para las preguntas que no podía hacer.

—No puedo responder esa pregunta.

—¿Por qué no?

—Porque estoy jodida de cualquier forma. Escribí todo en mi diario y yo no lo envié para que lo publicaran, mi amiga lo hizo...

—Pero sí tomaste el dinero cuando te lo ofrecieron.

—¡Estaba viviendo en mi auto! —le espeté—. No tenía nada. Ni casa, ni familia, ni dinero y solo dos amigos que básicamente me sacaron de la calle…

—No hay necesidad de ponerte histérica.

—Es necesario cuando tú estás sentada allí llamándome puta.

—¡Tú misma te llamaste así! —me contestó—. Yo solo te estoy preguntando si eres una puta caza fortunas o solo una puta común. Así que, ¿y qué si estabas viviendo en tu auto? Ese es tu karma por ser una rompe hogares.

—¡Eso es suficiente! —Edward se lanzó hacia ella y yo solo dejé caer mi cabeza.

—Sr. Cullen, por favor, comprendo que esto es difícil, pero necesitan estar preparados para lo peor.

—Dudo mucho que alguien haga una pregunta como esa durante una entrevista en vivo —respondió Edward.

—Lo duda mucho pero no está cien por ciento seguro. Sin embargo, si yo soy peor, nadie será capaz de lanzarles algo inesperado mañana. Necesita ser más fuerte. —Ella se acercó a mí, tratando de lograr que hablara de nuevo.

—Voy a recostarme por un rato —murmuré, levantándome de la silla y dirigiéndome hacia nuestra habitación.

Edward trató de seguirme, pero le dije que no. No deseaba estar cerca de él.