Declarativa: SMeyer es dueña de los personajes, RuthlesslyYours escribió esta historia y yo sólo traduzco.


Capítulo traducido por Yanina Barboza, Beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite . fanfiction)


Capítulo 29

Poner un Fin a esto.

BELLA.

Lo jalé a mis brazos y besé un lado de su cabeza.

—Mami, me estás aplastando. —Levi frunció el ceño amoldándose y al libro es sus manos.

—Lo siento, osito, solo quería hablar contigo.

—¿Hice algo? —Levantó su mirada... Sus ojos eran tan grandes y verdes, solo quería abrazarlo más.

—No, osito, no hiciste nada.

—¿Hiciste algo? —me preguntó, y solo reí besando sus mejillas—. ¡Mami!

—No, no hice nada, tontito. Solo quiero hablar, ¿está bien?

Sonrió cerrando el libro y reacomodándose en el asiento.

—Claro, mami.

—Sabes que mami y papi te aman, ¿verdad? —le pregunté.

—Síp.

—¿Recuerdas lo que dije acerca de la responsabilidad?

—Eso es cuando me comporto como un niño grande, ¿verdad?

—Algo así. Significa que tienes trabajo y cuando tienes que hacer un trabajo, haces lo mejor.

—¿Me estás dando un trabajo? —preguntó confundido.

—Síp —dije, levantándome de la cama y llevándolo conmigo. Envolvió sus brazos y piernas a mi alrededor mientras lo llevaba.

A veces él tenía la habilidad para hacer que quisiera derretirme en el suelo. No tenía que decir nada, solo se agarraba a mí y yo sabía que no importaba qué, él siempre me amaría tanto como yo lo amaba. Abriendo la puerta del jardín trasero, su oscura cabeza se despabiló a la vista del pequeño perro blanco saltando alrededor de Edward.

—¡No puede ser! —jadeó Levi intentando zafarse de mis brazos.

—Sí puede, tu papá la consiguió para ti —le dije, colocándolo en sus pies. Tomó una carrera tan fuerte que casi tropiezo.

—¿Es realmente mía? —gritó Levi mientras la cachorra le saltaba encima tan emocionada como él estaba. Le lamió la cara y él rio.

—Es tuya en el momento que la nombres. —Edward se arrodilló justo al lado de él y le pasó el juguete que estaba usando antes.

—¿Cómo la nombro? —preguntó Levi.

—Como tú quieras, pequeño —contestó Edward colocando su mano en su cabeza.

Él pensó por un momento acariciando su pelaje blanco mientras ella masticaba repetidamente el juguete en el césped.

—Lo tengo. —Sonrió—. Su nombre es Capuchino.

Me reí sentándome junto a él.

—Levi, ¿por qué quieres llamarla Capuchino?

—¡Porque, mami, tú siempre dices que una taza de capuchino hace todo mejor!

Decía eso cuando estaba medio muerta en la mañana.

—Entonces Capuchino será—Edward rio disimuladamente antes de mirarme. Solo asentí, no quería destruir las elecciones de Levi. Le dijimos que podía nombrarla y lo hizo.

—Sabes lo que esto significa, ¿verdad, amigo? —preguntó Edward observando como Levi examinaba a Capuchino antes de mirarlo—. Tienes que ayudar a cuidarla.

—¿Como bañarla?

Edward asintió.

—Y comida y paseos.

—Guau, eso es mucho —jadeó él.

Edward sonrió y asintió nuevamente.

—Sí, lo es, pero si hay algún niño en el mundo que puede hacerlo, eres tú. ¿Qué dices?

—¡Digo que sí, por supuesto, tengo un perro! —gritó antes de mirarme—. ¿Puede dormir en mi habitación? ¿Tiene juguetes?

—Guau, osito...

—Mami, no me llames así —dijo agarrando las orejas de Capuchino.

—¿Por qué? —Hice un mohín, siempre lo llamaba así.

Él sacudió la cabeza.

—Mami, los osos comen perros. ¡Tú no quieres asustarla!

¿Los osos comen perros?

—Sí, mami —añadió Edward sacudiendo su cabeza hacia mí.

Les puse mis ojos en blanco y solo asentí.

—Bien, solo cuando Capuchino no esté escuchando.

—Vamos a pasear, Capuchino —dijo Levi levantándose y agarrando el juguete antes de correr. Capuchino fue detrás de él rápidamente mientras Levi gritaba. Su risa me hizo sonreír.

Esta fue una gran idea. Él se veía muy feliz.

—Había olvidado cuán adicta al café eres —susurró Edward sentándose más cerca de mí.

—No soy una adicta al café.

Resopló.

—Nuestro hijo acaba de nombrar a su perra Capuchino.

—Cállate. —Traté de empujarlo mientras él se reía de mí. Tomando una profunda respiración me relajé, disfrutando del olor del césped y escuchando a Levi jugar—. ¿Crees que nuestro pasado dramático haya quedado atrás ahora?

Él estuvo en silencio por un momento.

—La mayor parte, sí. Todavía tenemos problemas... pero los tiene todo el mundo. Le devolví a Tanya su parte del dinero esta mañana.

Eso captó mi atención y lo miré.

—¿Qué? ¿Por qué?

—Mentimos en televisión por cable. Si Tanya quisiera podría salir al mundo y decir que mentimos. Le di su dinero y le hice firmar un acuerdo de confidencialidad. Se está mudando con su nuevo amor justo en este momento.

—Edward. —Suspiré. Él estaba en lo correcto, pero también le seguía pagando a la gente—. Un día, cuando ambos tengamos cien años y seamos viejos, recordarás todo esto y solo reirás.

—Dios, eso espero... aunque sea por el hecho de que todavía estés conmigo por setenta años más —susurró tomando mi mano.

Lo miré antes de abrazarlo.

—¿Dónde más podría estar? Aún en el caos, drama; sufrimiento y dolor. Te amo más que eso. Así que estás atascado conmigo, Cullen.

No dijo nada, solo me miró fijamente... la mirada significaba más que cualquier palabra que él posiblemente pudiera decir. Puso su brazo alrededor de mí y descansé mi cabeza en su hombro.

—Me siento un poco como una tarjeta de hallmark —susurró Edward—. ¿Eso es raro?

—No, no es raro. —Bastante divertido, sabía lo que quería decir. Todo se sentía mejor ahora que habíamos conseguido finalmente superar lo más difícil... y casi sabía cómo hacerlo mejor—. ¿Qué tan raro sería tener a Capuchino como nuestra portadora de anillos?

Él se congeló y yo lo miré.

—¿Qué estás diciendo, Bella?

—Ya acepté pasar los siguientes setenta años contigo. Pienso que tenemos que darle una buena explicación a Levi y debemos dejamos de vivir en pecado... eso es si todavía quieres...

Me besó. Se movió tan rápidamente que me apoyé en el césped mientras su lengua batallaba con la mía. No quería separarme, pero maldición no podía respirar.

—¿Así que eso es un sí? —le pregunté.

Sonrió y asintió.

—Es un sí, Sra. Cullen.

Guau. No estaba segura de cómo responder a eso.

—¡Mami, ven aquí! —gritó Levi mientras perseguía a Capuchino que ahora le había robado uno de sus zapatos.

—¡Ya voy! —Me senté.

—Tengo que salir corriendo. ¿Puedo traer comida china? —dijo Edward ayudándome a pararme del suelo. No lo necesitaba, pero lo tomé de todas formas.

—Seguro. ¿Está todo bien?

—Todo está perfecto. Solo tengo que ir a hablar con alguien. —Me besó la mejilla. Parecía... raro... extraño.

—¿No irás a viajar para pedirle a mi padre mi mano?

Frunció el ceño sintiéndose incómodo.

—¿Debería?

—No. Solamente comprobaba.

—¡Mami!

—Ya voy. Ya voy. —Sacudí mi cabeza hacia él, besé a Edward rápidamente diciéndole que se cuidara, antes de correr tras Capuchino.

EDWARD.

No estaba seguro de por qué estaba aquí en vez de en mi casa. Había de verdad algo en mí que le gustaba el sufrimiento... debía ser así. Porque en vez de pasar el día con la mujer de mis sueños y nuestro hijo, estaba sentado enfrente a mi madre. Estaba realmente jodido. Ella se encontraba acostada en la cama leyendo silenciosamente como si yo no estuviera aquí. Su cabello castaño estaba cortado hasta sus hombros y su cara parecía tener más arrugas de las que recordaba. La sonda de oxígeno debajo de su nariz y el temblor de su mano eran los únicos signos reales de que se encontraba enferma.

—Hola, madre —le dije, y ella solo dio vuelta la página.

¿Por qué estoy haciendo esto? Ella no había hablado en años.

—Me voy a casar —le conté, reclinándome en mi asiento—. Ella es perfecta... bueno, no realmente. Ambos somos muy disfuncionales y todavía de alguna forma funcionamos.

Silencio. Así que seguí.

—Su nombre es Isabella y tenemos un hijo juntos, Levi. Él tiene cinco años y habla hasta por los codos. —Reí—. Es un genio y sé que un montón de padres dicen esto acerca de sus niños, pero yo tengo los papeles que lo prueban. Me vio afeitándome una vez y me dijo que pasaría alrededor de ciento cuarenta y cinco días en la vida solamente afeitándome. Recordó ver eso de casualidad en alguna revista de salud en la casa. No tengo idea de cómo su pequeña cabeza puede retener tanta información todo el tiempo. Nunca fui tan inteligente como él mientras crecía. Yo...

Creí haberla escuchado decir algo, pero apenas fue un respiro profundo.

—A veces me preocupo —susurré—. Me preocupa no ser capaz de ser bueno en esto... en ser un padre y un esposo... especialmente la parte de padre. Levi es increíble, pero cuando él hace algo que no se suponía que hiciera, mi primer instinto es mandarlo con Bella porque me preocupa ser demasiado severo con él. No quiero ser... No quiero ser como mi padre. No sé cuál es límite entre mi padre y yo.

Todo siguió en silencio mientras ella dio vuelta a la siguiente página, suspirando me reacomodé en el asiento y tomé el libro de sus manos. En el momento en que lo hice, sus manos bajaron hacia su regazo como si ella no estuviera usándolas para nada, y solamente miró por la ventana.

—Mamá, necesito que hables conmigo... ¿A quién estoy engañando? Lo he intentado por años y estoy cansado. —Me paré poniendo el libro de regreso al lado de ella—. Creo que vine aquí para despedirme. No puedo gastar más energía en esto. Quiero ser mejor para ellos. Hacer lo que necesito para dejar mi pasado atrás. Así que no volveré. Roger vendrá y te visitará.

Le peiné hacia atrás el cabello y le besé la cabeza.

—No estoy seguro si te importa. O si tú en este momento estás aquí, pero yo te amaba... te amaré siempre. Espero que desees que yo sea feliz y entiendo... —Una parte de mí no quería irse, pero mis pies no escucharon a esa parte. En lugar de ello me moví hacia la puerta mirando atrás solo una vez para decir—: Adiós, mamá. —Esperé por un momento, pero, otra vez, todo lo que obtuve fue nada. Quizás si esto fuera una película ella diría algo... pero en la vida real las cosas no funcionaban de esa manera, y estaba bien con eso porque tenía que ir a casa con mi familia.

Mientras firmaba la salida en la recepción se acercó a mí una enfermera vestida con bata rosa.

—¿Sr. Cullen?

—¿Sí?

Extendió su mano dándome un pendrive.

—Su mamá quería que tuviera esto.

—¿Qué? —¿Mi madre siquiera sabía lo que era un pendrive?

—Soy la enfermera de su madre. Cuando vine aquí por primera vez, ella tenía un montón de videos caseros ocultos debajo de su cama. Yo los tomé y los puse aquí e hice copias porque ella tenía miedo de perderlos.

Nada de eso tenía sentido.

—¿Mi madre le dijo que tenía miedo de perderlos?

Sonrió y negó con la cabeza.

—No realmente. Ella no es muy habladora, pero soy buena captando el lenguaje del cuerpo. Está todo en los ojos.

—Ella no mira a nadie a los ojos.

—No, ella no lo mira a usted a los ojos. —Frunció el ceño tomando mi mano y poniendo el pequeño pendrive en ésta—. Mire, no soy una entrometida. Solo soy una enfermera. Pero de verdad me agrada su madre... ella está realmente triste todo el tiempo. Esto es la única cosa que la hace sonreír. Solo caminé allí y ella me dio esto. La única persona aquí que puedo pensar que ella querría que lo tenga es usted.

Miré el pendrive por un momento antes de mirarla a ella.

—¿Qué quiere?

—¿Que qué quiero?

—Sí. No puede estar haciendo esto por nada.

Sonrió... al parecer incluso cuando la desafiabas ella sonreía... raro.

—Sorpresa. Algunas personas solo hacen cosas lindas. Ese es el secreto de este trabajo, ¿sabe? Muchas de las personas aquí están tristes, cansadas o de mal humor. Creen que estoy loca porque incluso sonrío cuando ellos están gritándome. Adiós, Sr. Cullen.

Con eso ella giró y rodó de allí... sí, rodó de allí, tenía ruedas bajo las zapatillas.

La mujer entrada en años que hacía funcionar el asilo se acercó a mí.

—Sr. Cullen, ¿está todo bien? Espero que la Sra. Maycomb no lo molestara. Juramos que está hecha de azúcar y unicornios. Ni siquiera el mismo diablo podría hacer que esa mujer frunciera el ceño.

—No. Está bien. Gracias. Un amigo de la familia, Roger, está en la lista y visitará a mi madre en mi lugar —le dije antes de despedirme. Ya había un auto esperando para llevarme al aeropuerto.

Miré fijamente el pendrive en mis manos. ¿Qué mierda podría ser esto que la hacía sonreír? Parte de mí estaba celoso de esto, yo no podía recordar su sonrisa. ¿Por qué miraría a todos excepto a mí?

—¿Por qué regresé aquí? —Gemí por mi estupidez mientras miraba todas las luces de las calles mezclarse.

Moviéndome saqué mi sonante teléfono de mi bolsillo.

—Cullen.

—¿Papi? —habló Levi, y en el fondo escuché lo que sonó como ollas cayendo.

—Oye, amigo, ¿está todo bien?

—¡Síp! —Y sabía que estaba sonriendo—. Mami dijo que no traigas chi... na. ¡Ella está inspirada!

Me reí.

—¿Inspirada? ¿De verdad, qué está haciendo?

—¡MAMI! —gritó, provocando que sacara el teléfono de mi oreja—. Papi quiere saber lo que estás haciendo. —Se quedó callado por un momento—. Dice que es una sorpresa, pero yo creo que es espagueti rojo o algo así.

Él era... era increíble.

—¿Cómo está Capuchino?

—Está bien, mami dice que somos muy hiperactivos, ¡así que ahora estamos viendo Batman!

Luché contra el deseo de poner los ojos en blanco por la película.

—¿Qué te parece si después vemos Superman, Levi?

—Bien, pero todavía me gusta Batman —me dijo.

Cuando el conductor paró cerca de mi avión, dije:

—Oye, Levi, te veré dentro de poco, ¿sí? Dile a mami que llamaré una vez estemos cerca.

—Está bien, papi, adiós, te amo. —Acto seguido él colgó antes de que pudiera incluso contestar. Era gracioso lo fácil que era para él, podía simplemente soltar su amor sin ninguna preocupación en el mundo. No podía esperar para volver a ellos.

BELLA.

—¿Y bien? —les pregunté desde el borde de mi asiento mientras ellos tomaban un bocado. Edward solo miró a Levi quien lo miro de vuelta. Ambos solo se encogieron de hombros—. ¡Usen palabras, chicos! —rogué, causando que se rieran.

—Está rica, mami. Tu comida siempre está rica. Oh, no esa verde. Hizo mi estómago doler —dijo Levi honestamente.

—Levi. —Edward trató de ser severo, pero no pudo mantener una cara seria.

Levi se encogió de hombros, levantando sus brazos al aire.

—¡Es verdad!

—Está bien, está bien. —Reí—. Vamos a limpiar y a prepararnos para la cama.

—Oh, eso es fácil. —Levi le dio su plato a Capuchino para que lo lamiera.

—Levi, no —dijimos Edward y yo al mismo tiempo, causando que él se quedara quieto y frunciera el ceño.

—¿Qué?

—No, harás que ella se enferme, amigo —le dijo Edward, ayudándolo a limpiar el plato. Miré mientras levantaba a Levi con una mano.

—Lo siento, papi. Lo siento, Capuchino. —Levi bostezó agarrándose del cuello de Edward.

Tomé el plato de la mano de Edward.

—Llévalo a la cama, yo voy a limpiar.

Él asintió besando mi mejilla.

—Buenas noches, mami. —Levi bostezó una vez más.

—Buenas noches, osi... buenas noches, cielo. Iré más tarde —le dije mientras él asentía con la cabeza.

Volviendo a la mesa agarré todos los platos dejándolos en la pileta. Quería preguntar qué pasaba por la mente de Edward... no era importante, pero él parecía...

Ugh, no sé. Enjuagando los platos y poniéndolos en el lavavajillas, me aseguré de dejar algunas sobras para Roger. Si no supiera mejor, pensaría que el hombre nunca comía o dormía. Él hacía la mayoría de las cosas aleatoriamente alrededor de la casa sin incluso atraer la atención sobre él. En un momento la pileta se tapaba, al siguiente él estaba allí con una caja de herramientas. Si la puerta estaba atascada, allí estaba Roger con su versátil caja de herramientas. Le fruncí el ceño al color de la lavandería de Edward y Roger fue a pintarlo. Parte de mí quería que Levi y yo nos quejáramos de algo solo para que él pudiera cambiarlo. De cualquier manera, él era feliz... o al menos decía que lo era, yo trataba de no pensar demasiado acerca de ello. Solo me aseguraba de que comiera.

—¿Qué estás pensando? —Edward vino detrás de mí envolviendo sus brazos alrededor de mi cintura antes de besarme el hombro. Me apoyé en él.

—Roger necesita unas vacaciones.

Rio disimuladamente.

—Le he estado diciendo eso por años. Él cree que vacaciones significan jubilación y jubilación significa muerte.

—¿Dónde está él, de todos modos? —No lo había visto desde esta mañana.

—Le pedí que se quedara con mi madre por un tiempo. Ella se está poniendo más enferma —susurró. Dándome vuelta hacia él, lo miré fijamente a los ojos por un momento. Se veía agotado, apenas capaz de sostenerse.

—¿Es ahí donde estabas? ¿Quieres que vayamos contigo? Porque...

Rio sacudiendo su cabeza.

—Tú y Levy, los dos, hacen muchas preguntas cuando están nerviosos.

—Edward, en serio, ¿estás bien?

Asintió.

—No sé, pero no creo que la visite más. Estoy cansado. Ella me agota. Es como intentar hacer crecer césped en el cemento. Me despedí de ella. Roger me avisará cuándo y si ella se pone peor, pero aparte de eso, realmente no quiero seguir regresando a ese lugar con ella.

¿Ese lugar... ese oscuro lugar?

—Está bien. —Forcé una sonrisa no queriendo presionar—. Casi termino la limpieza.

—Sin embargo, obtuve esto de una enfermera —dijo pasándome un pendrive.

—¿Qué hay en él?

—No tengo idea, pero mi madre quería que lo tuviera.

—Edward, necesitas verlo.

Frunció el ceño sacudiendo su cabeza.

—Lo haré. Un día, pero no ahora mismo.

Tomó el pendrive de mis manos y lo puso en un bol arriba de la heladera. Esto no era una buena idea, pero si él no estaba listo, no estaba listo, ¿cierto?

—Deja los platos. Hagamos algo normal. —Sonrió cruzando los brazos sobre el pecho.

—Lavar los platos es normal.

—¿Podríamos ver alguna película romántica con vino y palomitas de maíz?

Sonaba mucho mejor que los platos. Capuchino parecía estar de acuerdo, ladrándonos mientras se sentaba en la entrada de la cocina.

—Sr. Cullen, ¿está tratando de emborracharme?

—¡Absolutamente!