[Simplemente recordar que yo no he creado ninguno de los personajes que saldrán en este fic, todo pertenece a Soul Eater de Square Enix, sin más demora... ¡Qué empiece el show!]
MAKA'S POV:
- ¡AQUÍ HA LLEGADO VUESTRO DIOS, BLACK STAR! – el grito del chico que teníamos en la puerta (ahora, destrozada) retumbó por todo el edificio. Miré a Tsubaki que tenía una sonrisa torcida en sus labios.
- Black Star, que habíamos hablado de hacer destrozos... – dijo con voz resignada la joven de cabello oscuro.
- Pero eso no importa, puesto que soy superior a Dios no me pueden decir nada por un mínimo y reparable destrozo… - dijo mientras entraba poco a poco con las manos en su nuca. Me miró durante un rato arqueando una ceja y acercó una mano a mí esperando a que se la estrechara en forma de saludo. Le miré la mano extendida con miedo de que me destrozara, pero después de dudar, se la estreché.
- Un honor para ti conocerme, lo sé – dijo con actitud chulesca mientras mostraba una sonrisa torcida.
- Eh… - fue lo único que logré decir.
- ¿Ves, Tsubaki? La he dejado sin palabras. – dijo orgulloso.
- Claro, Black Star… - dijo con paciencia.
- Bueno, ¿cómo te llamas? – dijo dirigiéndose a mí con su peculiar tono de voz (que parecían gritos)
- Maka – dije indiferente mientras recogía la maleta que había dejado en el suelo y la colocaba en la cama de al lado del balcón.
Black Star, después de molestar un rato más con su ego, Tsubaki consiguió echarlo de la habitación y las dos dimos un suspiro de tranquilidad.
- ¿Qué se supone que es él? – dije mientras sacaba la última pieza de ropa de la maleta. Tsubaki sonrió.
- Es un chico un poco extraño… pero es muy buena persona – dijo sonriendo tiernamente. Pensé que quizá tendría alguna relación con él, pero no teníamos la suficiente confianza como para preguntarlo.
Tsubaki me caía bien. Era una chica sencilla y tranquila. Había ganado una beca como yo, supongo que por eso conectamos desde el principio, básicamente porque a nuestro alrededor todo era distinto.
Después de charlar un poco nos dirigimos a la presentación del curso. Shinigami-sama, el director y también padre de Death the Kid, con cierto toque de humor nos explicó las asignaturas que haríamos y que salidas teníamos a partir de allí cuando acabáramos nuestros estudios. El discurso duro poco y después, despidiéndome de Black Star, Kid y Tsubaki que iban a cenar juntos, yo me fui hacia la habitación ya que estaba muy cansada del viaje hasta Death City.
Me quité las pesadas botas en cuanto entré a la habitación tirándolas por ahí, y después en un movimiento los tejanos y la sudadera, que los cambié por un pijama corto. Me solté el pelo, y me metí en la cama, cansada.
Cerré los ojos, intentando conciliar el sueño, y creí haberme quedado completamente dormida, cuando un sonido me desveló completamente.
¿Cuánto tiempo había pasado desde que me había acostado?
Ese sonido era como si me llamara. Abrí los ojos y me concentré en la melodía triste que sonaba suave a lo lejos.
Eran unas notas finas, elegantes, pero sobre todo tristes, muy tristes y melancólicas. Me levanté de la cama y me quedé sentada sintiendo como las notas corrían libremente por mi cuerpo. Suspiré y sin saber por qué mi cuerpo empezó a moverse siguiendo esa melodía por los pasillos oscuros y silenciosos de Shibusen. No sabía por dónde iba, no sabía dónde pisaba, solo seguía esa triste melodía de un piano.
Al final acabé en frente de una puerta, de la residencia de chicos. Concretamente, la habitación de música de la residencia de chicos. Hechizada, poco a poco moví el manillar de la puerta, entré y eché un vistazo, pero extrañada, no vi a nadie ni a nada, a excepción de un piano cerrado en el centro de la sala a oscuras, sólo iluminada por una vela que poco a poco se iba consumiendo. Cerré la puerta y poco a poco, tal y como había llegado, volví a la residencia de chicas y a mi habitación, en la que ya se encontraba Tsubaki durmiendo. Me metí en la cama como si nada hubiese pasado y me quedé profundamente dormida, con aquellas notas aun rebotando en mi cabeza.
? POV.
Escuché unos pasos acercarse y aparté mis dedos de las frías teclas de ese piano. Cerré la tapa con cuidado y me deslicé hasta quedar en una esquina de la habitación que estaba completamente a oscuras.
No sabía porque me escondía, si realmente, no servía para nada en el estado en el que me encontraba, pero ya se había convertido en una manía.
Vi como poco a poco una chica con el pelo rubio cayendo por sus hombros y los ojos esmeraldas entreabría la puerta y entraba con cuidado de no hacer ruido. Observaba la sala y, al ver que no había nadie, se marchaba tal y como había venido.
Después de unos minutos, aún escondido en ese lugar por si la muchacha volvía, salí y me dirigí hacia mi piano negro azabache. Lo acaricié con cuidado sin sentir nada bajo las yemas de mis dedos.
¿Era posible que me hubiese escuchado tocar? No. Es completamente ilógico.
Nadie me había escuchado nunca desde hacía años.
