CAPÍTULO 4 SÓLO QUIERO SALIR DE AQUÍ

Esa condenada mano olía a cien mil demonios.

Lo supe porque ese miembro se quedó a menos de dos centímetros de mi nariz. Si la puerta del ascensor se hubiera quedado abierta tan sólo un mísero centímetro más no lo habría contado. Sus dedos me habrían apresado y me habría convertido en ese mismo momento en comida para humanoides. O lo que quiera que fuera.

—Joder —susurré incapaz de moverme ni un solo milímetro para separarme de esa cosa.

—¡Cierra la jodida puerta, Bella!

La morena miraba la escena con los ojos como platos, pero reaccionó con rapidez ante el grito de puro terror de Jasper. Otro que se había quedado inmóvil. Bella me empujó hacia atrás separándome de esa mano hedionda y semi putrefacta y buscó en el panel el botón para cerrar las puertas del ascensor. Apretó varias veces y con fuerza el botón, pero no conseguía cerrarse por esa maldita mano que se interponía. Fuera como fuera, eso debía de doler un huevo…aún así no se apartaba. Yo por mi parte sólo cerraba para que los sensores de la puerta no detectaran ese pedazo de carne y abriera el ascensor.

Eso, sin lugar a dudas, nos dejaría con el culo al aire y bien jodidos.

—¡No se cierra! —gritó Bella —Joder…¡no se cierra! Dios mío….

—Esta maldita puerta se cerrará por las buenas o por las malas —murmuré antes de atacar.

Lancé una patada hacia la puerta.

El sonido totalmente asqueroso de huesos rotos fue opacado en parte por el pequeño grito que emitió Bella. Con otra patada más por mi parte la mano salió del habitáculo haciendo que las puertas finalmente se cerraran. Entonces el ascensor comenzó a bajar.

Jasper miraba con horror y asco la mancha rojiza que se había quedado en el interior de la puerta, justo donde esa jodida mano había hecho de las suyas jugando con nuestra integridad física. Bella no estaba mucho mejor que mi amigo; respiraba de forma acelerada apretándose contra la pared.

—¿Estás bien? —pregunté suavemente.

—¿Qué si estoy bien? ¡No! ¡No estoy bien! —espetó cuando pudo coger aire —Podias haber avisado, ¿sabes? —alcé una ceja.

—Oh, vamos…¿qué querías? Esa cosa no ha metido la mano aquí dentro precisamente para presentarse —Jasper negó con la cabeza.

—¡Me has dado un susto de muerte! —respondió la morena señalándome con el dedo de forma acusatoria —Podías haber avisado de que ibas a jugar a Karate Kid, ¡joder!

—¿Sí? Pues la próxima vez que…—tenía una frase ingeniosa de las mías, lo juro…pero el sonido del ascensor avisándonos de que habíamos llegado cortó todo rastro de pensamiento medianamente coherente.

La puerta se abrió. Con qué facilidad se había abierto ahora la hija de puta.

—Vale…estamos en un maldito sótano. Un sotano….bien —murmuró Jasper totalmente nervioso —Jodidamente bien…Ahora a ver cómo narices salimos de aquí….

Los tres nos miramos entre sí antes de salir de la seguridad aparente del ascensor. Ahora sí que estábamos algo jodidos. La opción de subir hacia la azotea y tirarnos con improvisados paracaídas fabricados con sábanas no sonaba tan mal. Pero ya no había marcha atrás. La situación en la planta superior era caótica y eso dejaba la opción de subir totalmente descartada. Carraspeé ligeramente antes de encabezar la marcha a través de los pasillos. Aquí abajo sólo estaban encendidas las luces de emergencia dando a la planta soterrada un ligero toque siniestro. Un toque a película de terror con médicos locos, infectados y enfermeras ensangrentadas.

Cojonudo. Lo que nos faltaba.

Al contrario que en el piso superior, aquí en el sótano el movimiento era prácticamente nulo. No había nadie por los pasillos, no corría nadie de un lado para otro, no había gritos pidiendo ayuda. Y, sinceramente, no sabía qué situación me parecía más macabra y tenebrosa. En cierto modo necesitaba ver movimiento aquí abajo para saber que no éramos las únicas personas que andábamos por estos pasillos.

—¿Hacia dónde vamos? —preguntó Jasper mirando hacia todos los lados.

—Podríamos empezar por buscar algún rastro de evidencia humana aquí abajo —dije con cierta ironía —¿Acaso es que han abandonado las plantas más bajas o qué?

—No lo creo —dijo Bella —Quizás aquí haya más movimiento que en cualquier otro rincón del hospital. Según como están las cosas….—se encogió de hombros —En los sótanos de los hospitales suelen estar las cámaras.

—¿Las cámaras?

—Sí, ya sabes…la morgue —murmuró.

—Bien…vale, la morgue…Me quedo mucho más tranquilo confirmando ese dato —suspiré —Te podías haber ahorrado la nota informativa, ¿sabes?

Pasamos por la puerta de la sala de extracciones, recordando en mi mente lo poco que me gustaban las agujas de pequeño y la visión de la sangre…Eso había tenido que cambiar, evidentemente. Debido a mi trabajo era muy frecuentes ver heridos realmente graves en cualquier tipo de accidente. Me había tenido que acostumbrar a la sangre sí o sí. De todos modos a veces una sensación de ligero mareo me recordaba la fobia a ese fluido rojo…Caminamos despacio por las dependencias, por el pasillo central. En ese momento los bancos de las salas de esperas estaban en penumbra, completamente vacíos…e iba a permanecer muchísimo más tiempo así.

—Esto es como un viaje a ninguna parte —susurré —esto está completamente vacío. ¿Creeis que encontraremos a alguien aquí abajo?

—Personalmente me conformo con un lugar medianamente decente para poder salir —contestó Bella mientras iluminaba los pasillos a oscuras con su linterna.

—Chicos…creo que hemos encontrado algo —murmuró Jasper a nuestras espaldas. Los dos nos giramos para ver a mi amigo husmeando por uno de los pasillos.

—Define algo.

—Ven y míralo por ti mismo.

Caminé sumamente despacio hasta donde estaba Jasper seguido por Bella. Al llegar a ese punto nos encontramos con un par de puertas típicas de quirófano precintadas por unas cintas amarillas y bastante escandalosas en las que se podía leer claramente "no pasa, peligro de contagio".

Muy esclarecedor, ¿no?

Jasper se acercó a las puertas con mortal lentitud hasta casi tocar la cinta amarilla con su oreja. Le cogí del hombro y le eché hacia atrás con todas mis fuerzas.

—Tío, ¿qué coño haces? No se te ocurra acercarte ahí, por todo lo sagrado…

—Solo es una maldita puerta…y sólo intento escuchar algo…

—Deja de intentar cosas peligrosas, joder. Creo que nuestro tope de peligro ya le hemos cubierto por hoy. Si te acercas ahí lo único que puede pasar es que te coman la oreja.

—Increíble y sin que sirva de precedente…pero estoy de parte de este —dijo Bella señalándome de soslayo —No te acerques más ahí, a saber qué es lo que hay tras esas puertas.

Me había llamado "este". Bien, jodidamente bien. No era una percepción mía; a esta chica le caía rematadamente mal y no podía saber por qué. Lo que sí sabía es que a cada palabra que esa morena soltaba por su boquita más pillado me quedaba por ella. Pero ahora no había tiempo para eso. Y mucho menos cuando detectamos movimiento tras la puerta. Con un gesto nos pusimos de acuerdo para escondernos tras la esquina. Sí, sí…un escondite cojonudo, pero no había otra cosa. Supongo que todos pensamos en la posibilidad de que nos mandaran hacia el caos desatado del piso de arriba. Y eso definitivamente era malo para nosotros. Muy malo.

Intentando no ser vistos desde las puertas los tres nos asomamos ligeramente tras la esquina para intentar ver qué era lo que pasaba tras esas cintas amarillas. Aunque he de reconocer que me perdí un poco al percatarme de que tenía a tan sólo dos centímetros el pelo de Bella. Joder, desprendía un olor encantador…

—Deja de echarme el aliento en la nuca —espetó en un susurro.

Me separé un poco de ella no fuera a ser que me metiera el codo en la boca y me concentré e lo que estaba pasando delante de mis narices. Todos contuvimos el aliento cuando una de esas puertas se abrió. De ellas salió una persona vestida con esos trajes protectores blancos que tan de moda se habían puesto desde hacía unas horas. No podía saber si era un hombre o una mujer. Pasó por debajo de las cintas y se dirigió hacia un teléfono cercano colgado a la pared.

Los tres salimos ligeramente de nuestro escondite para intentar conocer el próximo movimiento.

—Al habla la doctora Hale desde el Memorial Hospital —susurró una voz femenina.

—Está hablando por teléfono. Y creo que es la misma mujer que ha atendido a Bob…—murmuré.

—Schhh, calla…

—Necesitamos refuerzos —continuó la doctora —Servicios de apoyo, unidades de contención…Necesitamos aquí al ejército para que controle la situación. Los efectivos policiales no son suficientes. Estamos desbordados…No lo sabemos…No…¡Estamos siguiendo un protocolo que no sabemos si es el adecuado! —espetó —No sabemos a lo que nos estamos enfrentando. Cada quince minutos entra un nuevo infectado por urgencias y esa franja de tiempo cada vez se reduce más. A eso hay que sumar los tres médicos y los dos auxiliares atacados…

—Oh…joder —susurró Jasper.

—Si seguimos aquí sin las medidas necesarias este hospital se convertirá en el mayor cementerio de todos los Estados Unidos —miré de reojo a Bella; era más que evidente que estaba nerviosa —No puede estar hablando en serio…Aquí hay gente libre de virus…gente que tiene que salir de aquí y….entiendo…—se escuchó un sonido sordo, al parecer había colgado el auricular —¡Mierda!

—Yo me voy de aquí —susurró Bella.

—No, espera….

—He dicho que no…¡me largo! —dijo Bella en voz alta.

—¿Quién anda ahí? —preguntó la doctora.

—No has delatado, joder —espeté.

—Me importa una mierda. Sólo quiero irme de aquí, me da igual que…

—¿Qué demonios hacéis aquí abajo?

La mujer sin rostro finalmente había cruzado la esquina y nos había pillado de lleno como si fuéramos tres niños después de hacer una gran trastada. Lo único que le faltaba era poner los brazos en jarra, pero estaba seguro de que ese pesado traje se lo impedía.

—No podéis estar aquí, esto se ha convertido en un área restringida. Es peligroso y….

Un nuevo ruido seguido de un golpe.

Un nuevo susto, como no.

La bronca de la doctora hacia nosotros quedó interrumpida; los cuatro los giramos para mirar hacia las puertas. Por el amor de Dios, al final iba a terminar teniendo pesadillas con manos y con puertas. Ahí, en el cristal de la puerta precintada por esa escandalosa y nada tranquilizadora cinta se estrelló una mano ensangrentada, a juzgar por el rastro de sangre completamente asqueroso que dejó. La doctora Hale se acercó muy despacio hacia las puertas….entonces un nuevo golpe las hizo sacudirse, esta vez con suma violencia.

—Oh, Dios mío….

Por primera vez desde que habíamos coincidido esta tarde juntos Bella me estaba tocando de forma totalmente voluntaria; se escondió detrás de mi sujetándome con fuerza el brazo y la camiseta al ver lo que cayó delante de nosotros. Era un hombre. O algo parecido…tenía la cara completamente destrozada por mordiscos, como si una jauría de perros lo hubieran atacado con crueldad. Estaba completamente lleno de sangre…Llevaba puesto un traje como el de la doctora Hale, pero la parte que protegía su cabeza había desaparecido. La doctora nos indicó con la mano que diéramos un paso atrás. Por mi parte agradecí en mi fuero interno el hecho de que Bella no me soltara; necesitaba alguien en quien apoyarme.

Mi nivel de acojonamiento seguía subiendo como la espuma.

El cadáver, al menos en apariencia lo era, se había quedado tendido en medio de las dos puertas impidiendo que estas se cerraran completamente. Al igual que unos minutos atrás en el ascensor. Sentía el corazón en los oídos y mis fuerzas por los suelos. Eso estaba rebasando límites a los que ni siquiera mi imaginación post noche de brujas podía llegar.

Todos retrocedimos paso a paso mientras los ruidos y los gritos del otro lado se hacían cada vez más cercanos. Algo venía…hacia nosotros, como no.

La puerta se abrió de nuevo haciendo que todos diéramos un bote del susto. Cerré los ojos con fuerza cuando alguien dio un empujón a esas puertas de aluminio desgarrando la cinta de seguridad. Que pasase lo que tuviera que pasar, pero no quería verlo….

—¿A qué estais esperando? ¡Corred! ¡Corred ya!

Abrí los ojos lo justo y necesario para ver a un auxiliar de enfermería bastante joven y pálido como la nieve. Al igual que el hombre que yacía muerto en el suelo no llevaba la protección de la cabeza. Miré un poquito más allá de sus espaldas y decidí hacerle caso; un infectado, una cosa de esas venía con una asombrosa rapidez hacia nosotros.

—¿Hacia dónde? —gritó la doctora.

—A las cocinas….¡vamos ahora mismo a las cocinas! —gritó el enfermero.

Cogí a Bella del brazo y como un rebaño de ovejas azuzadas por un perro pastor, los cinco nos dirigimos hacia las cocinas. El que lideraba el grupo era el enfermero; si bien no me equivocaba él debía de pertenecer a la plantilla fija del hospital, así que lo mejor era hacerle caso a él. Al menos conocía el terreno.

Miré hacia atrás para descubrir que al menos dos infectados, y bien infectados, nos perseguían. No podía entender cómo esas personas, o lo que fueran, tenían tanta fuerza y rapidez después de despertar de un estado semi catatónico.

—¡Allí! Vamos, allí es —nos animó el enfermero.

El auxiliar y Jasper empujaron las puertas con fuerza para entrar. Un lugar totalmente aséptico, limpio y recogido nos dio la bienvenida. Las ollas y las cacerolas estaban preparadas, listas sobre los fogones apagados para calentar la comida.

Pero nada funcionaba esta noche con normalidad.

Apenas estábamos cogiendo aire cuando un nuevo sobresalto nos cogió desprevenidos a todos; al menos teníamos que dar las gracias de que estábamos en un jodido hospital por si nos daba un infarto. Según iba la noche las posibilidades de ser atacados por una mandíbula furiosa y sufrir un ataque al corazón estaban a cincuenta cincuenta…

Las jodidas puertas de aluminio volvieron a sacudirse cuando esas dos cosas decidieron entrar.

—¡Hay que cerrar las puertas! — gritó la doctora a través de la pantalla protectora del traje. Jasper, el enfermero y yo hicimos de barrera humana, pero apenas podíamos contenerlos.

—Hay que bloquear la puerta con algo —murmuró Bella.

Entre ella y la doctora buscaron por los armarios y por los cajones de las encimeras de acero inoxidable.

—No podemos aguantar mucho más —dijo el enfermero.

—¡Lo tengo! —todos miramos a Bella por el grito que dio. ¿Era mi visión aún empañada por la gripe o era verdad que estaba viendo a Bella con un cucharon de tamaño industrial en la mano? —Aparta — espetó dirigiéndose a mi.

Todas las miradas se centraron en ellas mientras intentaba bloquear la puerta con ese cucharón. Lo bueno de todo es que al final lo consiguió. Los tres forzudos respiramos visiblemente más tranquilos mientras miraban como seguían sacudiéndose las puertas.

—Un cucharon…muy bueno —reconocí.

—Espero que aguante —murmuró Bella.

—Sí…esperemos que aguante porque si no acabaremos todos bien jodidos —todos miramos hacia la doctora encapuchada.

—Se me vienen como cien mil preguntas a la cabeza —le dijo Jasper mientras miraba de reojo hacia las puertas—¿Me puede decir qué demonios está pasando ahí fuera? Esto es horrible. Esta tarde, en un incendio, casi me muerde una cosa de esas.

—Lo se —la mujer se quitó la parte superior del traje —Te he salvado yo misma…

Al despojarse del pesado traje todos pudimos observar a una mujer rubia, de ojo azules y facciones delicadas. Muy atractiva, he de reconocer…de hecho al enfermero se le puso cara de obseso sexual descontrolado cuando la vio.

—¿Tu fuiste la que me quitaste de encima esa cosa? —la rubia asintió.

—Sí…soy una de los enviados del Centro de control y prevención de enfermedades infecciosas de Atlanta, me llamo Rosalie Hale.

—Vaya….—mi amigo se rascó la cabeza —Pues muchas gracias. Si no hubiera sido por ti ahora…

—Ahora estarías ahí fuera con tu cuerpo totalmente infectado.

—Eh…soy Isabella Swan, agente de policía del distrito de Manhattan —la rubia y la morena se miraron —¿Nos puedes decir qué es lo que está pasando? —la aludida suspiró.

—El hospital se ha convertido en un verdadero caos, estoy encerrada en un cocina con un grupo de desconocidos con la puerta atrancada por un cucharón mientras los pasillos del exterior son recorridos por personas infectadas con el que será el virus más letal y mortífero jamás conocido en toda la existencia del ser humano…Sí, supongo que sí puedo contaros lo que pasa…

Todos nos miramos entre si; aún era posible que nuestro estado de nervios se alterara aún más. De hecho, al enfermero se le había quitado la cara de obseso sexual. Al parecer los huevos sólo le servirían para atragantarse con ellos…al menos de momento.

Me imaginaba que lo que iba a contar esa doctora iba a causarnos más repelús del que ya sentíamos. El ambiente de la norme cocina en penumbra sumado a los ruidos, gritos y demás sonidos sin identificar hacían del lugar un sitio propicio para contar historias de terror.

Me apoyé en la pared alicatada y me escurrí hasta que mi trasero tocó el suelo frío. Todos me imitaron.

—Supongo que todos habéis estado oyendo las noticias…—asentimos —Hace apenas tres días la situación en Siria empeoró. Lo que en un principio creíamos que era un virus más fruto de la insalubridad y las pésimas condiciones higiénicas se convirtió en una hecatombe de proporciones bíblicas. Durante un multitudinario funeral celebrado en la ciudad de Homs uno de los…fallecidos…mordió a su madre —el enfermero, ese tal Alec, se levantó de un salto mientras su cara palidecía por momentos.

—¿Cómo? ¿Qué me estás contando, tía? —la rubia le miró de soslayo…y le ignoró.

—En cuanto nos enteramos del problema se cerraron las fronteras o eso al menos eso es lo que dicen ellos. La realidad en bien diferente, a la vista está —señaló hacia las puertas —Intentamos mandar efectivos al otro continente pero la guerra civil que asola el país no nos lo puso nada fácil. Ahora mismo Siria y los países colindantes son un hervidero de infectados como los de ahí fuera.

—¿Por qué los informativos no han dado esa noticia? No sabemos nada de eso —dijo Bella.

—Ni lo vais a saber. ¿Crees que mostrar imágenes de una ciudad completamente devastada por algo que no conocemos aún va a calmar a la población? —negó con la cabeza —Para nada. Así como tampoco estarán mostrando imágenes de este hospital. Toda la parafernalia que había en la entrada, todas esas cámaras de televisión que supuestamente iba a informar de la noticia…me apuesto un brazo a que han volado de aquí —suspiró —Este hospital se ha convertido en una trampa de ratones a lo bestia.

—¿No van a venir a rescatarnos? —dijo Jasper. La rubia le miró y frunció el ceño.

—Me temo que no….Un avión es secuestrado, por ejemplo…Si los secuestradores amenazan con estrellar el avión en pleno Times Square…¿qué opciones tienen los responsables de mantener el orden?

—Eliminarlo en pleno vuelo….Oh, Dios —murmuré —¿Crees que llegarían a cargarse el hospital si fuera necesario?

—Es una opción a tener en cuenta —dijo Rosalie —El virus es muy potente, algo que en mis años de experiencia no he visto jamás. Tiene una resistencia enorme y un poder regenerador increíble…Y se extiende como la pólvora. En cuanto conocimos la situación en Siria establecimos los protocolos de seguridad…aún así hace treinta y seis horas se dieron los primeros casos del virus en Estados Unidos. Durante las primeras doce horas contamos tres infectados. A las veinticuatro horas subió a treinta y dos. Ahora el número es indefinido….

—Y no sabeis lo que lo ha provocado…—dijo Bella.

—No. Puede ser cualquier cosa. Una mutación, una prueba de algún laboratorio...incluso no descartamos la posibilidad de un atentado terrorista —Bella se pasó las manos por el pelo. El enfermero se puso frente a Rosalie con los brazos en jarra.

—¿Es que a todo el mundo se le ha pasado por alto lo que ha dicho la doctora hace un minuto? ¡Ha dicho que un fallecido mordió a su madre! ¡Un fallecido! —Rosalie miró al enfermero con cara de querer matarlo cuando dijo la frase mágica.

—Eso es…haz que todo el mundo se tranquilice con tus palabras, chaval.

—No…el chico tiene razón…—Jasper se levantó y caminó hasta Rosalie —Eso no es posible, ¿cierto? Un muerto no puede despertar…es antinatural, joder.

—Sí, pero los hechos que he visto con mis propios ojos me dicen lo contrario —suspiró —Los infectados por el NS10 atraviesan por un estado catatrnico profundo —todos asentimos entendiendo el punto de la doctora —Bien, en ese periodo las constantes vitales de los enfermos decaen….hasta pasarse.

—¿Mueren? ¿Mueren y reviven? —preguntó Bella con un tono de voz demasiado alto.

—Sufren una parada cardio respiratoria que les provoca la muerte. Inexplicablemente después vuelven a abrir los ojos.

—¿Cu…cuánto tiempo tardan en despertar? —la rubia negó con la cabeza.

—No te puedo contestar a eso. No hemos tenido el suficiente tiempo de hacer baremos. Solo sabemos que el tiempo de "reanimación" es diferente en cada afectado…

—A mi no me importa que paréis de hablar sobre esto —murmuró Bella —Sólo quiero salir de aquí, de verdad.

—Tiene razón —me levanté del suelo y me acerqué a las puertas atrancadas —A mi tampoco me importa salir de aquí cual petardo en nuestro culo —fruncí el ceño tras escuchar —Hey….aquí apenas se oye nada…

La doctora se levantó del suelo y se puso a mi lado pegando la oreja.

—No estoy segura…De momento no se oye nada, pero vete tu a saber…—dijo negando con la cabeza —Además, no sabemos si hay alguna salida aquí abajo o si está bloqueada….

—Hay una salida —dijo en enfermero; al menos había recuperado el color de su cara —Y no creo que esté bloqueada.

—¿De qué se trata? —preguntó Bella.

—Es una pequeña puerta en la lavandería. La parte trasera da a un pequeño jardín en el que únicamente hay matorrales descuidados. Siempre atranco la puerta con algo…allí voy cuando me apetece fumarme un cigarro…

—Pues habrá que arriesgarse con esa opción, no nos queda otra —dijo Jasper.

—¿Y qué pasa si los infectados nos detectan? Te aseguro que no van a parar hasta cogernos —dijo Rosalie.

—¡Se convierten en unos jodidos locos! —espetó el enfermero mientras se terminaba de quitar el traje blanco. Bajo este llevaba su uniforme de auxiliar en el que se podía leer su nombre en una tarjeta identificativa. Se llamaba Paul —No entiendo por qué atacan a las personas. Es…es…bestial….

—Atacan a las personas por una razón muy sencilla —dijo la rubia —Simplemente…tienen hambre…

Animando al personal, eso es….

—Paul —llamé al chico —Llévanos a esa jodida puerta de una puta vez e intentemos salir de aquí….

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Emmet McCarthy miró el reloj Rolex de su muñeca y suspiró cansado.

Era más de la una de la madrugada y aún seguía encerrado en su despacho del piso cincuenta y dos de su edificio en el Distrito Financiero. Hacía muchas semanas que no se quedaba hasta tan tarde trabajando, pero esta vez la ocasión bien merecía la pena. Se había embarcado en un nuevo proyecto que, de salir bien, le haría ganar una buena suma de dinero para aumentar aún más su ya inflada cuenta bancaria.

Por algo era uno de los hombres más ricos del país.

Sus negocios se expandían por todo el territorio estadounidense y Europa. Le gustaba su trabajo y le hacía ganar cantidades enormes de dinero. ¿Se podía quejar por tener que quedarse hasta tarde en la oficina?

Evidentemente, no.

Además, ya no se trataba solamente de él. Desde hacía dos años, desde que murieron sus padres en un accidente de coche era él el que se hacía cargo de Seth.

No era fácil.

Su hermano, de trece años, estaba más cerca de la adolescencia que de la niñez y eso le aterraba porque ahora había pasado a ser su responsabilidad. Le daba vergüenza admitir que hasta el fatídico día en que sus padres murieron apenas había tenido relación con él. Se llevaban demasiados años, dieciséis ni más ni menos. Mientras que su hermano gastaba sus dioptrías jugando a la videoconsola él se rompía la cabeza con sus negocios.

No tenían nada en común salvo el material genético que compartían.

Pero estaba intentando cambiar eso. Cuidaba a Seth como si fuera su difunto padre, siempre le ofrecía lo mejor, intentaba pasar tiempo con él…incluso había aprendido a jugar a ese videojuego tan asqueroso simplemente para que no se sintiera solo…

Apagó el ordenador, cerró la puerta de su despacho y recogió sus cosas ansioso por llegar a su casa. No le importaba reconocer en voz alta que andar por los pasillos de ese edificio de noche le daba un poco de miedo…Bajó en el ascensor hasta el garaje donde estaba su Mercedes en el que se subió con rapidez.

No había un alma en el sótano.

Cerró el seguro del coche y arrancó para salir de una maldita vez de allí; sentía algo en el aire, una especie de extraña sensación que le causaba malestar…Frenó en seco cuando vio la barra de seguridad roja y blanca. Iba tan ensimismado en sus pensamientos que casi se la llevó por delante. Maldijo por lo bajo mientras buscaba el mando.

Un golpe sordo en el cristal de su puerta hizo que el mando se le cayera al suelo.

Esta vez maldito por todo lo alto cuando vio que se trataba del vigilante de seguridad del turno de noche con su linterna en la mano. Le dieron ganas de ahogar a ese pobre hombre simplemente por el susto que le había dado.

Bajó la ventanilla tras recoger el mando a distancia del garaje.

—Buenas noches, señor McCarthy —dijo el hombre tocándose la visera de la gorra —Pensé que no quedaba nadie en el edificio. Como las cosas se están poniendo tan feas…—Emmet frunció el ceño.

—¿Feas? ¿Qué pasa?

—¿No se ha enterado? —el hombre suspiró como si esa historia la hubiera contado muchas veces —El virus…ese virus que se originó en ese sitio que están en guerra…

—¿Siria? —asintió.

—¡Eso es! El virus ha llegado aquí, señor McCarthy…la policía rodea los hospitales, pero no es suficiente...Esto va a acabar mal. Le aconsejo que vaya a casa y cierre bien las puertas…—Emmet asintió —Permítame que le abra la barrera.

El hombre se metió en la caseta del vigilante para abrir al fin la barrera de seguridad. Emmet vio por el espejo retrovisor cómo el vigilante le saludaba con la mano.

Era oficial. Tenían que jubilar a este hombre pero ya.

Emmet conocía lo que había pasado, pero era imposible que las cosas se hubieran puesto tan feas como ese hombre aseguraba. Esa misma mañana habían afirmado que todo estaba en orden, que la población no debía alarmarse.

Según avanzaba por las calles del Distrito Financiero comprobó que había mucho movimiento a esas horas de la noche y en esa parte de la ciudad. Cuando paró en un semáforo observó atónito cómo un grupo de jóvenes rompían un escaparate de una tienda de electrónica. ¿Vandalismo? No, no era un episodio aislado. Según avanzaba hasta su apartamento la situación empeoraba por momentos. Pasó por la gasolinera destrozada y precintada de la calle Watts. Pequeñas ráfagas de humo y ese ligero olor a quemado le indicaban que seguramente había más incendios en distintos puntos de la ciudad.

Emmet paró en coche tras cruzar la esquina de la calle Watts y se bajó al ver a un montón de gente arremolinada en un punto en concreto. Los gritos se hacían eco por toda la calle. Coches que iban y venían. Ruido de cristales al romperse…

En ese momento Emmet se lamentó haberse ido de su oficina. El espectáculo que le ofrecía la calle era totalmente dantesco. Creía que lo que salía en las noticias era puro cuento…pero se había equivocado totalmente. La gente en la calle no hacía más que correr de un lado hacia otro mientras gritaban, las ambulancias volaban…Lo que más le llamó la atención fueron dos hombres que andaban tambaleándose y de los que todo el mundo se separaba corriendo. En la semi oscuridad que le ofrecía la noche apenas podía distinguir bien sus caras…

Lo que sí pudo distinguir fue cómo uno de ellos agarró con fuerza a un muchacho para morderlo…

Decidió que era momento de meterse en su Mercedes negro y salir de allí. Emmet jamás se hubiera imaginado que su coche se iba a convertir en su cárcel durante bastante tiempo...

Mientras intentaba avanzar por las calles llenas de gente encendió la radio.

—"La situación no es fácil en estos momentos, pero queremos hacer un llamamiento a la población. Repetimos, las autoridades piden calma y evitar los alrededores del Memorial Hospital. Al menos dos docenas de pacientes infectados con el virus NS10 han huido del hospital. Se aconseja a la población que vayan a sus casas y cierren bien todos los accesos y…"

Emmet apagó la radio y paró el coche para llamar a su hermano. Esto era de locos, la situación era caótica…Y no podía hablar con Seth. Volvió a marcar. Otra vez….Quizás no tenía cobertura…Salió de nuevo del coche intentando coger la maldita onda parea poder llamar a su hermano pequeño.

Al fin había línea.

—¿Seth? ¡Seth! ¿Me oyes? ¡Joder, Seth!

Seth parecía no oírle, el que sí le oyó fue un hombre completamente lívido que se giró violentamente al escuchar su voz. Emmet observó cómo ese individuo iba hacia él. Cuanto más se acercaba más rápido avanzaba…Emmet miró con horror cómo la boca de ese ser estaba manchada de sangre, al igual que sus manos. Apenas los separaban dos metros cuando Emmet corrió hasta su coche encerrándose de nuevo en él. Cerró los ojos cuando las manos de ese hombre empezaron a golpear con fuerza el cristal embadurnándolo de sangre con cada puñetazo.

Dios mío.

Lo malo no eran los golpes o la visión de ese ser humano mutado.

Lo peor de todo es que cada vez se acercaban más haca él. En cuestión de cinco minutos su coche se vio rodeado de al menos diez…seres.

No tenía ni idea de cómo iba a salir de ahí...


¿Qué os ha parecido el capítulo? ¿Qué os ha aparecido la aparición de Emmet?

Muchisimas gracias por todos vuestros comentarios, de verdad

Despatz, Vampirekaro, Ini narvel, EMLZABETH CULLEN, Freekeegirl2, Monikcullen009, DanielaPltz, Raven2106, Aryam Shields Masen, Karina Masen, ALEXANDRACAST, CamilleJBCO, Beautiful Dragonfly, NathyCullenBlack, LunaS Purple, Kimjim, Giorka Ramirez Montoya, VaNeSaErK, Lory24, Lil, Silvana, Bella maru, Dioda, Alkem corrales, EriM, AnithaStylesPattzStonefield, Amorgen Lestrange, Nia Masen, Marcecullenswan, MonZe Pedroza, MartichSwan, Neko de Pattinson, Kiobito Marianness, Lakentsb, Helenagonzales26 athos, Carmen Cullen-. I love fic, Airelavcullen, Carolcielito, Anamart05, Belangiesom16, JimeBellaCullenSalvatore, Gatita Swan, Pekis Lautner, BonyMasen, Ashleyswan, Jaz D, Laubellacullen94, Serena Esternal Star Moon, Sandra32321, Melyna cisne, Angel Dark1313, Lore562, Gretchen CullenMasen, Amy Swan, Yessenya y todos los lectores anónimos.

Muchisimas gracias por seguir leyendo! Nos leemos en unos diez días…Ah, y este fin de semana habrá actualización de la Bestia con Suavemente, me matas. Un besote!


EN EL PRÓXIMO CAPÍTULO

—Sigo diciendo que estamos más seguros en la estación de bomberos. Si cerramos las salidas es un edificio infranqueable —dije en voz alta.

—Ya, pero aquí en la comisaría tenemos algo que vosotros no teneis —espetó Bella —Como por ejemplo esto —dijo señalándose su pistola.

—Ya —rebatí —Pero aquí teneis algo un poquito más peligroso…He leído la ficha policial de ese tal Jacob Black que está detenido en los calabozos…¡Robo con violencia, joder! ¡Ese tío llevaba una pistola cuando le detuvieron!...