CAPÍTULO 5 LA MAYOR FIESTA DE TODOS LOS TIEMPOS

Me sentí el centro de atención de todas las jodidas miradas en cuando pronuncié las palabras mágicas.

Era cierto que tras las puertas atrancadas con ese enorme cucharón apenas se podía oír ruido alguno. Al parecer las personas, seres o cosas que estuvieran tras las puertas nos habían dado una pequeña tregua. También era cierto que teníamos que salir de allí. Mejor dicho, necesitábamos salir de allí. La cuestión más importante era cómo. No sabíamos lo que nos podíamos encontrar al otro lado. Bueno, en realidad sí que lo sabíamos….pero en vez de comernos la cabeza pensando en los horrores que nos esperaban fuera lo que teníamos que hacer era pensar en la manera de llegar hasta esa pequeña puerta, esa posible salida que Paul nos había propuesto.

Teníamos que hacerlo. Y a ser posible sin bajas humanas.

—¿Dónde está la lavandería? —le pregunté a Paul.

—Está en el extremo del ala izquierda del hospital —asentí.

—Bien, ¿y eso a cuanta distancia nos deja de allí? —el muchacho resopló.

—Estamos en el ala derecha…Tenemos que atravesar la parte central y luego atravesar todo el ala izquierda.

—Es decir, que estamos en la otra puñetera punta, ¿no? —preguntó Bella.

—Más o menos.

Todos nos quedamos en silencio. Decir que estábamos jodidos y bien jodidos no era nada nuevo. Sólo nos quedaba jugar bien con nuestras cartas; de lo contrario podríamos acabar con un maldito mordisco en el culo. Y estaba seguro que ese mordisquito no iba a resultar demasiado erótico. Contábamos con la doctora Rosalie. Eso sin duda era un punto a nuestro favor más que nada porque ella podría comprender e intuir los posibles movimientos de esas cosas mucho mejor que nosotros.

—Hagámoslo —dijo Jasper con convicción. Rosalie negó con la cabeza.

—¿Cómo que hagámoslo? ¿Así de fácil lo veis? Ni hablar, no estamos preparados.

—Tampoco estamos preparados para quedarnos aquí a esperar —dijo Paul —Tú misma has dicho que cabe la posibilidad de que eliminen el jodido hospital si las cosas se desbordan más de lo que ya están. Yo no quiero quedarme aquí para averiguar qué método utilizan —la doctora frunció el ceño.

—De todos modos, sigo diciendo que no estamos preparados. No disponemos de trajes de protección, ni mascarillas, ni guantes….

—¿Y eso va a librarnos de un mordisco, doctora? —la mujer me miró.

—No, evidentemente no —suspiró —Vamos a salir ahí fuera a vida o muerte, ¿no entendéis eso? Sólo contamos con un arma —señaló a Bella — Y a juzgar por la edad de su portadora no se si fiarme o no de su buen tino —Bella alzó una ceja.

—Si lo deseas ponme a prueba —susurró —Ponme un objetivo a cincuenta metros de distancia y lo fulminaré acertando en plena diana antes de que te puedas dar cuenta —me dieron ganas de decir esa es mi chica, pero me contuve por mi bien estar físico.

—Vale, vale…tranquilicémonos un poquito. Está claro que tenemos una pistola y una persona totalmente cualificada para usarla…¿Crees que es necesario? —ahora fue Rosalie la que alzó la ceja por mi pregunta.

—No lo creo, estoy completamente segura. Los infectados son potencialmente peligrosos en varios sentidos. No son racionales, no tienen conciencia y sobre todo…—la doctora se calló.

—¿Sobre todo….? —la animé.

—Sobre todo se anteponen a la violencia. Son como perros rabiosos. No van a perder la oportunidad de morderte. Al primer amago de ataque hay que arremeter contra ellos.

—¿Quieres que les ataquemos? —Rosalie negó.

—Atacándolos no conseguiremos nada…ellos no sienten dolor. Están…muertos —un intenso escalofrío recorrió mi cuerpo.

—Eso es de locos —murmuró Bella —¿Muertos que andan? Debe de ser otra cosa porque para mí un muerto que anda es un….zombie.

—¡Por el amor de Dios! —espetó Jasper —Estoy harto de escuchar locuras durante todo el día. No…no pienso atacar a nadie. ¡Me dedico a salvar vidas, doctora Hale!

—¡Yo también! Te recuerdo que esta tarde salvé tu culo. Si no hubiera sido por mi te habrías podrido en mitad de ese pasillo con un trozo menos de carne en el cuerpo —ambos se retaron con la mirada —No puedes matar algo que está muerto —susurró —No se si comprendes la situación en la que estamos. Tú mismo has sido atacado por un infectado, Jasper. Es vivir o morir.

—¿Qué propones? —murmuró Jasper.

—Busquemos por aquí todo lo que nos valga como arma y recemos para salir de una pieza de este hospital —esta mujer era horrible para escoger las mejores palabras.

Después de eso nadie dijo nada.

Todo el mundo se dispersó y se dedicó a buscar en total silencio algo con lo que protegerse. No me podía creer que estuviera en una jodida cocina de hospital rebuscando entre los cajones algo que me sirviera como arma de defensa personal; sólo de pensar en tener que enfrentarme a una cosa de esas hacía que mi estómago se contrajese peligrosamente.

Miré de reojo a Bella; ella no buscaba nada porque en su cinturón tenía su arma reglamentaria, una Glock 37 muy atractiva, lista y preparada por si debía usarla. Miraba hacia el suelo mientras golpeaba el suelo de manera rítmica con sus botas del uniforme. Dejé de mirarla cuando encontré un cuchillo de proporciones gigantescas. Lo miré desde todos los ángulos dándole mi aprobación. Cerré el cajón con fuerza, lo enganché en mi cinturón y me acerqué hasta Bella.

—¿Estás bien? —esta tardó unos segundos en reaccionar y levantar la cabeza. Me miró…y supe que no estaba aquí con nosotros. Su mente estaba lejos de aquí. Me miró como si no me hubiera conocido nunca, como si fuera la primera vez que me viera. Parpadeó rápidamente y suspiró.

—¿Vas a estar toda la noche encima de mi? —apreté los labios para evitar que una frase poco caballerosa saliera de mi boca son permiso. Expulsé el aire innecesario que había almacenado en mis pulmones para intentar contestar algo medianamente coherente —Vale, déjalo. No es necesario que me contestes a eso —me miró de arriba abajo reparando en mi cuchillo —¿Has cogido eso como arma? —asentí —Está bien. Mientras lleves eso colgando ni se te ocurra acercarte a mí.

Me dejó con la palabra en la boca mientras pasaba por mi lado golpeándome el hombro en el proceso. ¿Era yo o esta chica decía las mejores frases? Caminé hacia las puertas donde estaba todo el mundo, es decir, la tremenda multitud que formábamos los cinco. Todos nos miramos examinando sin querer las improvisadas armas que habíamos encontrado. Los cuchillos eran las armas más cotizadas en el grupo. Rosalie y Paul se pusieron sus trajes protectores de nuevo, aunque eso no los eximía de un ataque. Bella agarró su pistola y suspiró.

—Bien…planeemos el camino hasta la posible salida —propuso. Paul dio un paso al frente.

—Como he dicho antes, tenemos que atravesar todo el hospital de parte a parte. Cuando salgamos tenemos que girar a la derecha hasta el pasillo central. Todo recto, chicos. Cuando cojamos el pasillo central lo único por lo que nos tenemos que preocupar es por los pasillos laterales.

—¿En esos pasillos hay algo que nos pueda preocupar? —preguntó Bella.

—No. Desde que comenzó la expansión del virus empezamos a desalojar los pisos inferiores para montar el dispositivo especial. Todo está despejado.

—Corrige eso, chaval —murmuró Rosalie —No sabemos cuantos infectados sueltos puede haber por los pasillos —rodé los ojos.

—Está bien —dije más que nada para que la doctora toca pelotas se callara de una puta vez —Pasillo central y todo recto. No nos paramos, no miramos hacia atrás…

—Eso es —dijo Paul —La lavandería está al final del ala izquierda. No tiene perdida, hay un cartel que nos indica "solo personal autorizado" —todos asentimos.

Perfecto.

No lo reconocería jamás en voz alta ni con mis facultades mentales trabajando a pleno rendimiento…pero estaba tiritando como una niña pequeña asustada por las historias del hombre del saco. Bella se posicionó para salir la primera empuñando el arma; en esos momentos yo no sabría si tendría los santos cojones para ir el primero…Observé casi a cámara lenta cómo Jasper deslizaba el cucharón que mi policía particular había colocado ahí hacía unos minutos.

En dos segundos la puerta quedó desprotegida.

Bella empujó con una mano la puerta mientras empuñaba su pistola con la otra. Todo el grupo la siguió dejándome a mi el último de la fila. Soberanos cabrones todos ellos.

Bella sacó su linterna e iluminó el pasillo. Un silencio atroz nos rodeaba por todos lados; sentía que en cualquier momento algo iba a romper esta calma tensa abalanzándose sobre nosotros. Y sabía que eso no sería nada bueno. Tampoco estaba seguro de que la luz de esa pequeña super led fuera necesaria. Casi prefería no ver el camino que estábamos siguiendo ya que lo que se podía ver eran restos de sangre por las paredes y el suelo. Eran sutiles, el roce de una mano…o una pisada de vez en cuando. Lo justo para que mi tensión se subiera por las nubes.

—A la izquierda y todo recto —susurró Paul.

Bella condujo al grupo hacia donde dirigió el enfermero. Agarré bien mi cuchillo carnicero cuando pasamos por el primer cruce de pasillos. Suspiré por lo bajo cuando lo único que pude ver en esos pasillos fue oscuridad. Pasamos un tramo de ascensores y seguimos hacia adelante.

No veía la hora de llegar a la puta lavandería.

Me dieron ganas de besar el suelo cuando vimos un enorme cartel que nos indicaba que ya estábamos en el ala central del hospital. La mitad del viaje recorrido, gracias a los cielos. Sólo unos metros más y podríamos salir de aquí…

Me choqué con Rosalie cuando la fila india que formábamos se paró de golpe. En realidad era Bella la que se había parado.

—¿Qué pasa? —susurró la doctora —Vamos —Bella no se movió ni un milímetro.

Dejé la última e incómoda plaza de la fila y avancé hasta Bella mirando hacia todos lados. Bella no me miró, de echo creo que ni siquiera se dio cuenta de que yo estaba a su lado. Sólo miraba fijamente hacia adelante.

Miré en la misma dirección…y desee no haberlo hecho.

En una de las esquinas semi iluminadas había una figura de espaldas. Llevaba una bata de hospital abierta dejándonos ver la parte trasera desnuda de su cuerpo. No sabía cómo sería la visión de su cuerpo con luz, pero ahora mismo, en la penumbra era escalofriante. Podía jurar que su espalda estaba surcada por gruesas venas amoratadas así como sus pies. Santo Dios…ahora entendía por qué Bella no podía apartar sus ojos de ese espectáculo totalmente descabellado y horrible. Mi corazón se aceleró al comprobar que teníamos que pasar por su lado si queríamos seguir con nuestro camino.

Esa cosa se giró.

Tenía la boca manchada de sangre, su barbilla y parte de su cuello. La piel de su cara se había pegado prácticamente a su cráneo haciendo que sus ojos se vieran más grandes y saltones. Cadavérico. Esos ojos blancos casi por completo. Ladeó casi de manera imperceptible la cabeza y abrió la boca; sus dientes estaban mellados y rotos…como si hubiera mordido algo realmente duro. Reprimí la arcada que estaba por salir de mi boca cuando se me pasó por la cabeza lo que podía haber mordido esa cosa.

—Tenemos que irnos —le susurré a Bella.

—Pues dile a esa cosa que se aparte —dijo en el mismo tono.

No me hizo falta decir nada.

El infectado se abalanzó sobre nosotros con rapidez y precisión. La fila india que habíamos formado se disolvió en apenas unos segundos. Todos empuñamos nuestras armas.

Un disparo resonó en el pasillo.

Astillas, carne y trozos de hueso salieron despedidos del torso del infectado. El muy cabrón siguió andando hacia nosotros con un disparo en el pecho del tamaño de mi mano. Solo estaba a tres metros de nosotros. Bella se posicionó de nuevo y disparó esta vez acertando justo en mitad de la cabeza. Esperaba que en cualquier momento esa cosa se levantara preparado y listo para morder…pero no. El cadáver doblemente muerto se quedó en el suelo con una herida en la cabeza. Comprobé con horror cómo la sangre que salpicaba el orificio de entrada no era roja…era negra.

Gracias a Dios dejó de moverse…al fin.

—Dios santo —susurré. Jasper, la doctora y Bella estaban mirando el cadáver como si fuera un puto extraterrestre y en parte así era —Vayámonos de aquí de una vez.

Nome dio tiempo a sobreponerme del enésimo susto de la noche cuando oí un grito de puro dolor a mis espaldas. Los cuatro nos giramos para ver cómo Paul estaba siendo atacado por otro infectado. Un médico con su uniforme blanco salpicado por todos lados de sangre reseca y con una aparatosa herida en una de las mejillas estaba mordiendo a nuestro guía, al encargado de sacarnos de este jodido lugar.

Paul se ahogó en un agónico grito interrumpido por la mordida de ese otrora doctor en la garganta. Mi primer instinto fue el que socorrer a Paul, pero alguien me lo impidió. Bella me cogió del brazo para impedir que me sumergiera en un seguro suicidio.

—No lo hagas…—dijo tirando de mi —Ya no puedes hacer nada por él. Tenemos que salir de aquí…¡ya!

—Va a morir….Además, sin él no sabremos salir…por Dios, Bella…—miré hacia atrás mientras Bella seguía tirando de mi.

—¿Crees que ahora va a ser capaz de decirte algo? Le han rajado la garganta, joder —espetó la morena —Vamonos ya, él nos dijo el camino que debíamos seguir…Lo único que conseguiremos es que vengan más cosas de esas a por nosotros…

Decidí no mirar más hacia atrás. Hice caso a Bella y, con mi cuchillo en la mano por si acaso, avancé con rapidez con mis compañeros de fatigas. Nos habían cazado. Mi miedo más primario al final se había cumplido; esas cosas habían atacado a Paul eliminándolo del equipo sin ningún tipo de remordimiento…pero podríamos haber sido cualquiera de nosotros. Podría no se la última víctima.

Sentía que mi pecho necesitaba mucho más aire del que estaba recibiendo. Una parte de mi estado era debido a los restos de virus que había en mi cuerpo….pero la otra parte nada tenía que ver con la gripe; sabía lo que me estaba pasando, era algo que no me ocurría desde hacía muchos años…Estaba teniendo un ataque de pánico. Había sobrevivido al fuego, al agua, a los elementos en su forma más peligrosa…y jamás había tenido miedo a morir en ninguna de esas ocasiones.

Pero morir a manos de una persona supuestamente muerta…eso sí me daba miedo.

Esta vez fue Jasper el que me agarró por la camiseta tirando de mi para que pudiera seguir el ritmo.

—Vamos, joder….Edward, tienes que avanzar…tienes que salir de aquí...

Tragué en seco y asentí. Las palabras de mi amigo no hicieron milagros en mi maltrecho cuerpo, pero sí me animaron a intentar encontrar esa jodida salida. Reconozco que suspiré bastante más tranquilo cuando vi que cruzábamos el cartel que nos anunciaba que estábamos en el ala izquierda. Porque no me podía parar mucho, si no hubiera besado el suelo.

—Hasta el final…Paul dijo que estaba en uno de los extremos…—murmuró Rosalie —Tened cuidado con las esquinas…cuidado con los pasillos…

Bella avanzó despacio pero segura con el arma en alto. Por mi cabeza se pasaron miles de escenarios posibles. Lo primero, que otro de esos peligrosos infectados decidiera jugar al tu la llevas con nosotros; eso sería muy jodido. Lo segundo, que nos perdiéramos por los largos pasillos del sótano; sí, muy jodido. Y lo tercero, que la maldita puerta de la lavandería que daba a un jodido jardín estuviera cerrada; eso ya sería el colmo de lo jodido.

Encontramos con facilidad el cartel que decía "solo personal autorizado" tal y como nos había dicho Paul. Bella abrió las puertas para que todos la siguiéramos. Creo que estoy en lo cierto cuando digo que todos rezamos interiormente cuando al fin vimos la puerta en la que ponía "Lavandería". Nunca me puse tan contento al ver una sala llena de secadoras y lavadoras de tamaño industrial; con lo poco que yo usaba la mía. Esa sala tenía el mismo aire fantasmagórico que el resto del hospital; había sábanas blancas y toallas del mismo color por todos los sitios y el olor a desinfectante se me colaba por las fosas nasales provocándome ganas de estornudar. Aún así me gustaba este sitio porque parecía estar libre de infecciones. En todos los sentidos.

—Chicos, ahí —dijo Jasper señalando una puerta de emergencia.

—¿Cómo sabemos que esa puerta es segura? La policía ha rodeado todo el perímetro —dijo Rosalie —Estoy segura de que si ahí fuera hay agentes nos van a dejar salir.

—Pues habrá que intentarlo.

—¿Y cuando salgamos qué demonios propones? —espetó la doctora. Suspiré e intenté ponerme lo más paciente posible.

—¿Y por qué no dejamos de joder y empujamos la maldita puerta de una vez? Cuando salgamos improvisamos, cojones —la rubia abrió y cerró la boca como si fuera un epz fuera del agua. Al menos había conseguido que omitiera sus pensamientos pesimistas y fatalistas.

—Voy a hacerlo —anunció Bella —Voy a empujar la puerta. Cuando salgamos lo más seguro es que permanezcamos juntos. Lo primero es visualizar un punto seguro, en cuanto lo tengamos salimos corriendo hacia él. El que se quede atrás que se busque la vida, ¿de acuerdo? —todos asentimos —Muy bien.

Respiración contenida. Corazón acelerado. Las manos de Bella sobre la barra de la puerta de emergencia. Esperando…ruido, policías, gritos, infectados, sangre…Nada.

Nada. Absolutamente nada.

Nada de lo que había esperado que ocurriera pasó.

Cuando Bella empujó la puerta nadie saltó sobre nosotros, ni vivo ni muerto. Como nuestro difunto compañero Paul había dicho un jardín lleno de matojos y malas hierbas nos dio la bienvenida. Después de tanto miedo acumulado y de tanta adrenalina recorriendo mi cuerpo el final de nuestro periplo por el puto hospital era este.

Si no hubiera sido por la muerte de Paul casi hubiera resultado fácil.

—Estamos fuera —susurró Bella.

Atravesamos el pequeño jardín que nos impedía ver la calle y salimos realmente al exterior. Desde nuestra posición podíamos ver el dispositivo que había montado la policía. ¿Cuántos efectivos habría? ¿Treinta? ¿Cuarenta? Seguramente más y a eso le teníamos que sumar un fuerte fabricado con vallas. Bien, muy bien. Y ahora tendríamos que salir de aquí sin ser vistos para que no nos jodieran, algo completamente difícil teniendo en cuenta que éramos dos bomberos con sus respectivos uniformes, una policía con una pistola más grande que ella y una profesional de la medicina disfrazada con sus mejores galas. Cojonudo y aumentando; más discretos no podíamos ser, irónicamente hablando.

Pero hubo algo que llamó más nuestra atención, incluso más que el juego de luces de la policía que pretendía asemejarse a Encuentros en la Tercera Fase; era la gente. Gente corriendo en varias direcciones, chillando y gritando. Increpando a los policías que nos les dejaban entrar al hospital a ver a sus familiares y seres queridos. Algunos incluso lanzaban piedras y de más objetos contra la cadena humana que rodeaba el hospital. Esto era un caos.

—Necesitamos un coche…algo que nos aleje de aquí y nos lleve a un lugar medianamente seguro —murmuró Jasper mientras observábamos cómo el gentío se ponía cada vez más nervioso.

—Podemos ir por el lateral y….—dejé de hablar cuando a mi nariz vino un olor familiar —Huele a quemado —Jasper aspiró con fuerza y se asomó un poco más de entre la maleza —Huele a quemado, joder…Y a gasolina….

—Tiene pinta de ser un….

A Jasper no le dio tiempo de terminar su frase más que nada porque una pequeña explosión se lo impidió. ¿El origen? Tenía toda la pinta de ser un cocktel molotov enviado con cariño y con amor por una de esas personas que querían pasar al hospital y no le dejaban.

Ahí empezó la guerra.

La policía contra atacó con pistolas de bolas de goma y disparos al aire. Los más osados que llegaron a las vallas las zarandearon con violencia intentando derribarlas con nulo resultado; lo único que conseguían era un culetazo de pistola por parte de los agentes o un golpe con la porra. Objetos no identificados volando en todas direcciones, gritos y chillidos era lo que se podía oír en esa calle.

Entonces, como si fuera un objeto enviado desde el cielo vi un sedán blanco en medio de la calle. Vacío. Y con las puertas abiertas.

—¡Chisst! ¡Chisst! —los tres me miraron —Ahí…un coche en medio de la carretera.

—¿Quieres que robemos un coche? —espetó Bella.

—No, joder…solo lo vamos a tomar prestado. Sólo hasta llegar a un sitio seguro —Bella asintió; joder, no se lo pensó mucho.

—De acuerdo. A la de tres todos corriendo hacia ese trasto —todos asentimos —¡Ya!

Los cuatro corrimos en medio de esa batalla campal como si nos persiguiera un infectado. No hice caso a mis pulmones que me pedían un poco de calma; ya descansarían después. El gentío cada vez gritaba más fuerte como si fuera una puñetera manifestación política. En menos de un minuto llegamos al coche y prácticamente nos tiramos en su interior. Jasper y la doctora se sentaron en la parte trasera. Aún no sé cómo Bella quedó en el asiento de piloto y yo de paquete en el de copiloto.

—Déjame conducir a mi —la pedí.

—Ni de coña —dijo mientras buscaba las llaves por todos lados —Podrías ayudarme a buscar las llaves —empecé a mirar por todos los sitios posibles, pero la puta llave no aparecía por ningún sitio. Mientras tanto la horda de gente en el exterior cada vez se cabreaba más. Ambos nos agachamos a la vez para buscar por el suelo haciendo que nos diéramos un sonoro y doloroso cabezazo —¡Dios! ¡Eres un bruto!

—¡Tu no te quedas atrás!

—¿Podéis dejar las escenas de matrimonio para después y hacer un puto puente al coche? —pidió Jasper desde atrás. Miré a Bella con una ceja alzada.

—¿Me permites? —dije de forma irónica.

Supongo que si hubiera tenido fuerzas y ganas me habría sacado el dedo medio. En cambio sacó la tapa que cubría los cables y apartó sus piernas para dejarme trabajar. Un cable por allí, otro por aquí, un poco de contacto y el coche arrancó. Bella me dio un fuerte rodillazo en la mano para que me apartara, metió primera y pisó el acelerador a fondo. El olor a goma quemada del neumático inundó el interior del coche.

El jodido trasto corría el doble de mi camioneta con el doble de años. Hay que joderse.

—Deberíamos de ir a la estación de bomberos —sugerí mientras me intentaba abrochar el cinturón de seguridad.

—No. Iremos a la comisaría. Allí estaremos más seguros —dijo Bella sin quitar ojo de la carretera. La chica conducía como una enajenada mental en su peor época.

—Pero…

—¡Callate un poco, por Dios!

Decidí obedecer a su grito y callarme de una santa vez; no me convenía tener a esta jodida tigresa enfadada. De ella dependía la integridad de nuestra salud.

De ella y de los elementos externos.

Las calles eran un caos a gran escala. Los disturbios que veíamos a nuestro paso no tenían nada que envidiar a los del hospital. Gente corriendo, contenedores ardiendo, gritos…Infectados. Los infectados andaban a sus anchas por las calles. Más bien, perseguían a la gente. No eran muy numerosos, pero sí los suficientes como para provocar una masacre indirectamente proporcional a su número. ¿Cómo habíamos acabado así en tan sólo unas horas? Miré el reloj de mi muñeca y abrí los ojos sorprendido al comprobar que era la una y diecisiete de la mañana. Me hundí en el sillón en un vano intento por relajarme y cerré los ojos. Quería hundirme en mi cama llena de mierda mientras cenaba las sobras de la comida doblemente recalentada. Quería ir a mi apartamento y mimetizarme con la suciedad y los montones de ropa esparcidos aquí y allá.

—¿Qué demonios es eso? —murmuró Rosalie. Cuando abrí los ojos ví que estábamos frente a la comisaría.

—¿Qué pasa?

—Allí.

Miré hacia donde me estaban indicando. Por favor….Al menos una decena de infectados rodeaban un coche grande, aunque no podía saber qué modelo era. Como fuera…Quien estuviera dentro tuvo que vernos, ya que nos dio las luces. Al ver que no le hacíamos caso apretó el claxon, pero esas cosas no se inmutaron. Siguieron aporreando el coche sin compasión.

—Tenemos que sacarlo de ahí —Jasper negó mientras quitaba el seguro de las puertas.

—Ahora no podemos, acabaríamos muertos antes de llegar a la puerta. No es momento de hacerse el héroe —miré cómo esa pobre persona nos alumbraba una y otra vez con los faros—Vamos dentro. Esa persona está segura ahí dentro de momento —fruncí el ceño, pero asentí.

Bella aporreó la puerta cerrada.

No me extrañaba nada que los agentes que debían quedarse en esa comisaría se encerraran de manera hermética. Yo también lo habría hecho.

—¡Abrid la maldita puerta! ¡Soy la agente Swan!

Un par de sombras aparecieron tras el cristal biselado de la puerta. Más les valía a ese par de capullos abrir la puerta; un par de infectados se giraron y nos miraron desde el coche como si fuéramos su puta cena.

—¡Abrid la maldita puerta, joder! —grité —¡Es la agente Swan! ¡Estamos sanos! —miré hacia atrás para después golpear la puerta con más fuerza —¡Oh, mierda! ¡Abrid!

Supongo que mi grito de terror fue un punto a nuestro favor, ya que esas dos figuras al fin se dignaron a abrir la puerta. Dos agentes con más años y kilos de los que deberían tener para estar en su puesto nos dejaron pasar. Nos miraron de arriba abajo con estupefacción. Tampoco podía culparlos.

—¡Cerrad la puerta! ¡Vienen a por nosotros! —gritó Jasper.

Uno de los agentes cerró la puerta. Segundos después el sonido de un cuerpo al chocarse contra el metal se coló por nuestros oídos. Todos suspiramos con un pequeño rastro de tranquilidad mientras intentábamos rebajar un poquito nuestras pulsaciones por minuto.

Había estado más que cerca.

—¿Dónde está Harry? ¿Y quienes son estos? —preguntó uno de los hombres. Bella alzó la cabeza y le miró con cara de pocos amigos.

—Estamos bien, gracias —dijo de manera irónica —Estos dos son bomberos, Jasper y Edward. Ella se llama Rosalie y es doctora del Centro de prevención de enfermedades infecciosas de altanta —después se puso seria —Harry….—suspiró —Harry se perdió en el hospital. No se nada de él desde hace al menos dos horas —ambos hombres agacharon la cabeza —¿Me podeis dar un pequeño informe de la situación?

Todos avanzamos hacia la sala de juntas en la que había una gran pizarra cubierta por un mapa de la ciudad. En él había un montón de chinchetas de colores y post it pegados por todos lados. A parte de nosotros no podía ver a nadie más en la comisaría.

—Todos los efectivos han salido a intentar contener la situación —dijo uno de los hombres —Ahora mismo la policía está vigilando los alrededores de los hospitales, centros de salud y aeropuertos y estaciones. En resumen, estamos como la mierda —Bella carraspeó y se acercó hacia su compañero.

—¿Qué son estas chinchetas?

—Las verdes son posibles puntos seguros donde llevar a la gente. Las amarillas son controles policiales. Y las rojas…las rojas son los puntos que preveemos que pueden ser los más conflictivos.

—¿Sabeis si han enviado dotaciones de bomberos a alguna parte? —le pregunté.

—Hijo, han mandado a toda la caballería…Se han declarado varios incendios en diferentes puntos de la ciudad.

—Entiendo…¿Habéis podido hablar con algún compañero del exterior? Hemos tenido problemas con el teléfono y el walkie.

—Sí, soy jefe de bomberos y no he podido hablar con mis hombres —dijo Jasper.

—Desde hace dos horas estamos incomunicados, no conseguimos hablar con nadie —reconoció el policía —Nos han dejado aquí para atender las llamadas de los ciudadanos y lo único que hemos conseguido es quedarnos encerrados.

—Da gracias a que estás aquí, Martin —espetó Bella —Te aseguro que no querrías estar ahí fuera. ¿Puntos seguros? Y una mierda. Ahora mismo en la calle no hay nada seguro.

—Está bien…Así que aquí y ahora sólo estamos nosotros, ¿no? —preguntó Jasper. El policía, Martin, negó.

—No, hijo…No estamos solos, tenemos dos detenidos en los calabozos —miré a Jasper de reojo. Genial.

—¿Dos detenidos? —preguntó Rosalie mientras se liberaba de nuevo del traje protector.

—Así es, señorita —dijo el otro policía señalando unos informes.

Antes de que se me adelantara nadie los cogí yo y los leí. El primer detenido era un tipo que pasaba la cincuentena y al que habían encarcelado por doblar la tasa de alcohol permitida…y por saltarse un stop y un semáforo en rojo delante de la poli. A eso le llamaba yo tener unos santos cojones. Fruncí el ceño cuando leí el segundo documento.

—Deberíamos de marcharnos a la estación de bomberos —sugerí. Bella dejó de hablar con sus compañeros y me miró.

—Ya hemos hablado de eso. Nos quedamos aquí a menos que te quieras aventurar tú solo en esas calles llenas de infectados.

—Sigo diciendo que estamos más seguros en la estación de bomberos. Si cerramos las salidas es un edificio infranqueable —dije en voz alta.

—Ya, pero aquí en la comisaría tenemos algo que vosotros no teneis —espetó Bella —Como por ejemplo esto —dijo señalándose su pistola.

—Ya —rebatí —Pero aquí teneis algo un poquito más peligroso…He leído la ficha policial de ese tal Jacob Black que está detenido en los calabozos…¡Robo con violencia, joder! ¡Ese tío llevaba una pistola cuando le detuvieron!...

—No me grites, no estoy sorda —suspiró —Martin, ¿qué nos puedes decir de ese tan Black? —el hombre silbó.

—Es un tipo duro. Tiene antecedentes por robos menores, pero ahora se ha superado a sí mismo. Vine en el Bronx pero viene de visita al barrio a robar —se encogió de hombros.

—¿Es peligroso? —pregunté —Me refiero a….si tuviéramos que…sacarlo de ahí por alguna extrema razón….¿Sería peligroso?

—Rotundamente sí.

Joder, ¿es que nadie me podía decir una maldita frase en condiciones esta noche?

—¿Qué es ese ruido? —preguntó Rosalie.

—¿Qué?

—Fuera…es un ruido como de motores…—Todos fuimos hasta las ventanas. Bella entre abrió las persianas —Madre mía….

—Fantástico…Chicos, la fiesta ha comenzado…Ya ha llegado el ejército —murmuré.

No sabía hasta qué punto mis palabras habían sido tan proféticas. Íbamos a presenciar la mayor fiesta de todos los tiempos….

·

·

·

Seth ajustó la mira de la metralleta, apuntó y disparó a uno de esos jodidos bichos.

La sangre negra y gelatinosa salpicó por todos lados cuando la cabeza de ese zombie se hizo en mil pedazos. Era completamente asqueroso de ver. Incluso más asqueroso que cuando a la señora Conray se le caía la baba cuando se echaba esas siestas en el sillón; aún no entendía por qué Emmet había contratado a una señora mayor para que le cuidara. Ya era prácticamente un adulto, tenía catorce años. En la mayoría de las ocasiones la señora Conray sobraba.

Aunque quizás hoy no se hubiera importado tener su compañía.

Durante todo el día habían estado dando noticias un poquito raras sobre no se qué virus y unas cuantas indicaciones y consejos para evitar el contagio. La señora Conray había estado hablando con el televisor como si el tipo del canal de noticias pudiera contestarla. Según la buena pero pesada mujer todo era culpa del cambio climático, los conservantes que le echaban a la comida y la jodida gripe aviar. Ah, y a Seth le había parecido escuchar algo sobre las radiaciones que nos inundaban por todos lados.

Eso es, señora Conray…destruyamos todos los móviles y antenas por causar esterilidad y delirios graves.

Ahora mismo echaba de menos los delirios catastróficos de esa mujer cercana a la sesentena. Se sentía sólo; los más de doscientos metros cuadrados que tenía la "humilde" casa se le estaban haciendo muy muy grandes en ese momento.

Apagó la Play Station sin importarle estar a sólo dos niveles de su propio record y miró por la ventana del exclusivo apartamento de la Quinta Avenida en el que vivía con su hermano mayor. Era más de la una de la mañana y Emmet aún no había venido. Hacía tiempo que no llegaba tan tarde a casa, sabía que si se retrasaba en su llegada era por alguna buena razón. Debía de tratarse de un negocio bastante importante porque Emmet había mantenido en pie su promesa de pasar más tiempo junto a él.

Desde que murieron sus padres se había sentido muy solo debido al distanciamiento que tenía con su hermano. Seth no pensaba que pudieran tener algo en común; se llevaban muchos años de diferencia. De todos modos Emmet lo estaba haciendo bien con él, se preocupaba por él…y eso era algo que, aunque no lo demostrara, él valoraba.

Seth frunció el ceño cuando vio a través de la ventana cómo un convoy de coches y furgonetas de policía cruzaba con rapidez la Quinta Avenida. Quitó el seguro que mantenía la ventana cerrada y la corrió.

Lamentó haberlo echo.

El grosor del cristal y el aislamiento sonoro con el que contaban las ventanas no le había permitido el horror que se estaba viviendo en las calles. Pero eso no era lo peor. Lo peor fue ver cómo las tanquetas y los camiones del ejército circulaban por las calles siguiendo a la policía. Seth sintió un escalofrío al imaginar para qué se necesitaba la presencia del ejército.

Tenía miedo.

El sonido del teléfono le sobresaltó tanto que casi se dio con el cristal en la cara al girarse. Cerró la ventana rápidamente para no oír las atrocidades del exterior y cogió el teléfono.

—¿Diga?

—¡Seth! —el muchacho se puso nervioso al oír la voz de su hermano.

—Emmet…Emmet, ¿dónde estás? —el chico se apartó violentamente del teléfono cuando un ruido horrible se cruzó en la línea.

—Es...bien…Coche….—la voz de su hermano iba y venía. No lo escuchaba bien.

—¡Emmet! ¡No puedo oírte bien! Ven a casa, por favor…—sollozó —Tengo…tengo miedo.

—…anquilo….cierra…puerta….

—¿Qué?

—No….a nadie…No abras….nadie, Seth…

—¡Emmet!

Seth se quedó mirando el teléfono cuando no pudo oír más que frecuencias y estática. Al menos pudo oírle…Estaba bien. Estaba ahí fuera, pero estaba bien. Sabía que Emmet estaría bien…Y le había dicho que cerrara la puerta. Corrió a través del enorme pasillo para ir hasta la puerta de la entrada. La cadena de la puerta no estaba echada, tal y como Emmet le ordenaba siempre que se quedaba solo; las pocas veces que se quedaba solo. Seth siempre pensó que con una puerta de seguridad como la que tenían en ese apartamento era de idiotas echar una insulsa cadena.

Sin embargo hoy no le parecía tan estúpida la idea.

Con los dedos temblorosos cogió la cadena y la puso en su debido lugar. También cerró la puerta con las llaves desde dentro. Suspiró tranquilo cuando se encontró cerrado a cal y canto….aunque la tranquilidad le duró poco.

Abrió los ojos como platos cuando un severo golpe hizo tronar la puerta….


¿Qué os ha parecido el capítulo? ¿Qué os parece la relación de Edward y Bella?

Muchisimas gracias por todos vuestros comentarios, de verdad.

Sandra, ALEXANDRACAST, Despatz, Vampierkaro, Romiina R, MonZe Pedroza, Miss X Cullen, Gatita Swan, Danielemosquera, Pekis Lautner, Huezito cullen, Malyna cisne, CamilleJBCO, Amy Swan, Kiobito Marianness, Esyaba, VaNeSaErK, Yessenya, Belangiesom16, PETIT CHIHARU, Belgica orosgarcia, Ashleyswan, Lil, Amorgen Lestrange, EriM, DanielaPltz. PanambiHovy, Helenagonzalez26 athos, Giorka Ramirez Montoya, Mary2413, Monikcullen009, Mareenma, Etzelita, AnithaStylesPattzStonefield, Esyaba, Maria Cullen, Florostar, Angel Dark1313, LunaS Purple, Darkita, Gretchen CullenMasen, Anamart05, BonyMasen, Karlita carrillo, Karmen eb, Karina Masen, Alkem Corrales, MartichSwan, Kriss21, Shibubi, Kimjim, Darlyn y a todos los lectores anónimos.

Muchisimas gracias por seguir leyendo. Como habéis visto los pensamientos de Edward pueden resultar a veces…extraños, jejejeje. Edward nos dará muy buenos momentos de humor negro a lo largo de la historia. Sin más, os dejo hasta la próxima. Habrá actualización dentro de diez días más o menos. Un besote a todos!


EN EL PRÓXIMO CAPÍTULO

Una ráfaga de tiros resonó en la calle.

Los militares estaban intentando reestablecer el control de la situación, pero esas cosas andantes y sin vida no se lo estaban poniendo nada fácil; a juzgar por la cantidad de ráfagas de metralleta estaba más que claro que lo primordial era eliminar al enemigo sin importar la cantidad de inocentes y sanos que hubiera en el medio. Los militares no parecían querer darse cuenta de que en las calles quedaban personas, personas que intentaban huir del infierno.

Como por ejemplo la persona que aún estaba dentro del coche atrapada.

Todos aguantamos la respiración cuando los cristales del vehículo saltaron por los aires cuando la munición impactó contra ellos eliminándolos en segundos. La persona que estuviera ahí dentro había quedado a merced de los infectados...