CAPÍTULO 6 ARTILLERÍA PESADA

Brooks se asomó por los ventanales del estudio número cinco del canal siete de noticias.

Estaba cansado, el aire acondicionado no parecía funcionar al ritmo que él necesitaba y para colmo su peinado, siempre tan milimetrado por él mismo, estaba sufriendo las consecuencias del sudor y de esta maratón de trabajo que estaba teniendo hoy.

Desde el horrible atentado del World Trade Center hacía más de diez años, no había habido otra noticias que le hubiera mantenido pegado al maldito estudio de grabación durante tanto tiempo. Él, como muchos otros incrédulos, siempre pensó que lo del extraño virus que supuestamente estaba asolando Siria y sus alrededores desde hacía poco más de tres días era una patraña inventada por los políticos para enmascarar la crisis, la subida de los impuestos y la tasa de paro laboral.

Pues no.

El virus era real. Completamente real. Mucho peor que la gripe aviar, mil veces peor que la gripe A que tantas muertes causó en el mundo. La tuberculosis o incluso el ebola se quedaban en nada al lado de lo que estaba sucediendo ahora mismo en el resto del mundo. ¿Esto qué era? Los informes de los pocos enviados especiales que conseguían sobrevivir en los alrededores de Siria eran más que alarmistas, completamente apocalípticos. Según ellos, mares de personas clínicamente muertas se levantaban y caminaban entre los vivos para matarlos.

Los mataban a mordiscos.

Había visto vídeos horribles que esos últimos corresponsales habían logrado grabar con sus teléfonos móviles en medio de esa caótica explosión de sangre que estaba asolando esos países. Aquello se estaba convirtiendo en una matanza de magnitudes catastróficas. El último vídeo les había llegado hacía más de cinco horas. No sabían nada de esos corresponsales ni del resto de los equipos desde entonces. Y así con todos los corresponsales de medio mundo. Las redes empezaban a fallar…al parecer esta peste había llegado a todos los rincones del puñetero planeta y lo había hecho con una virulencia extrema.

Era una mierda. Y todavía él tenía huevos de quejarse por su peinado.

Decidió dejar de mirar por la ventana; el espectáculo que se podía observar por las calles podría parecer una de esas revueltas o manifestaciones de las que de vez en cuando tenía que informar; la gente estaba nerviosa, corría de un lado hacia otro por las calles sin ningún rumbo fijo. Sí, las imágenes podrían pasar por eso de no ser por las personas infectadas que pululaban a su antojo por las calles intentando expandir el virus.

Cogió el informe que una becaria con cara de asustada le había dejado hacía unos minutos sobre la mesa y lo miró de soslayo.

No leería ni el veinte por ciento de ese informe delante de las cámaras.

Las autoridades filtraban con cuentagotas la información que se le podía ofrecer a la población, no querían que el pánico cundiera. ¿En serio? Sólo tenían que asomarse a una ventana o, si eras un verdadero osado, poner un maldito pie en la calle para medir el nivel de pánico que saturaba a la población. En estos momentos él era un privilegiado que estaba recibiendo más información que el resto; no sabía si era mejor vivir en la ignorancia o no. Releyó el informe y suspiró. Como era de esperar era mucho peor que los anteriores.

En apenas treinta y seis horas media Europa había caído.

Evidentemente, Oriente medio se podía dar por desaparecido en combate. Como si fuera un tsunami de proporciones gigantescas, la ola del virus estaba arrasando con rapidez ciudades, países y poblaciones. De momento, de Europa sólo se libraba Francia, Portugal y España. Se estaba siguiendo un protocolo de actuación y una evacuación de personas completamente libre de virus. Los controles no podían ser más rigurosos. En la frontera francesa se había activado un control especial en el que no pasaba nadie que tuviera un mínimo indicio de infección en su organismo. Además, se estaban acondicionando con rapidez puntos seguros debidamente acondicionados con médicos cualificados con el ejército al mando. Esos controles policiales provocaban kilométricos atascos en las fronteras. ¿Qué se hacía en caso de detectar un posible contagiado interceptado en esos controles? Fácil y cruel. Lo eliminaban.

Ese mismo protocolo se estaba activando en estos momentos en las calles de la mayoría de las ciudades grandes de Estados Unidos. Policía y Ejército iban a trabajar conjuntamente para evitar que el caos se inflara como un globo; no fuera a ser que explotara. Lo primero que debían de hacer era limpiar las calles de infectados. Tarea harto sangrienta y desagradable. Ahora lo que quedaba por hacer era rezar, cruzar los dedos y conjurar todo tipo de artimañas para que ese maldito protocolo llevado a cabo por los europeos funcionara. De lo contrario estaban perdidos.

Al menos una cosa seguía igual desde que había comenzado la pandemia, y eso era la ignorancia sobre el origen del virus. Estaban ciegos.

—Brooks, en cuarenta segundos estamos en el aire de nuevo —le avisó el regidor.

Soltó de malas maneras sobre la mesa el montón de hojas que había estado leyendo, se pasó las manos cuidadosamente por el pelo y corrió para sentarse en su silla de afamado presentador. Esta vez ni siquiera se molestó en fingir una de sus sonrisas para lucir su enésimo blanqueamiento dental. Ahora mismo estaría fuera de lugar.

El regidor hizo una cuenta regresiva en silencio con los dedos anunciando a Brooks que estaban en el aire. Suspiró y leyó atentamente el monitor.

—De nuevo en directo desde el canal siete. Dos y dieciocho de la mañana e informando de la última hora. Efectivos militares y policiales están tomando el control de la situación haciendo un reconocimiento in situ. Se aconseja a la población que cierren puertas y ventanas y que no salgan a la calle bajo ningún concepto hasta nuevo aviso. Una vez realizada la tarea de reconocimiento se pondrá en funcionamiento el protocolo de evacuación y los puntos seguros para la población….

Brooks siguió hablando mientras intentaba creerse las palabras que él mismo estaba leyendo a través de esa pantalla. Él no lo sabía, ni tan siquiera se lo imaginaba…pero esos puntos seguros se convertirían en hormigueros repletos de infectados. Tampoco sabía que él y su famoso peinado pasarían sus últimas horas de vida en una de esas ratoneras. En poco tiempo dejaría de preocuparse por su pelo, por la gomina o por su blanqueamiento dental. A los muertos andantes poco les importan esas cosas. ¿Cierto?

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Emmet sentía que no podía más.

No sabía exactamente cuanto tiempo llevaba metido en su Mercedes, pero era más de lo que creía capaz de aguantar. El coche tenía todas las comodidades posibles y más; la pequeña fortuna que había pagado por esos extras bien lo valía. Ssientos de cuero, acabados en madera noble, climatizador último modelo y no sé cuantas cosas más que le hacían sus viajes más llevaderos y cómodos.

Ahora todo eso no le valía una mierda.

Al menos daba gracias a que los cristales eran resistentes y potentes; algo bueno le quedaba de ser un hombre influyente en los negocios. Esas cosas, no les podía llamar personas ni aunque quisiera, golpeaban su coche con una fuerza sobre humana. Se le ponían los vellos al pensar que los cristales pudieran ceder de un momento a otro por el incesante golpeteo de los puños de esas cosas. Cada golpe que daban en los cristales era una mancha que dejaban, un rastro de un fluido corporal de color indefinido y bastante asqueroso y vomitivo.

Era como si esas personas se estuvieran descomponiendo a pasos agigantados.

Así que el vigilante de seguridad de su edificio tenía razón. Algo raro estaba pasando ahí fuera y ahora él era testigo directo y en primera fila de ese horror. Al menos se había quedado tranquilo por Seth; había conseguido hablar con él. Estaba seguro de que su hermano había seguido sus consejos de encerrarse en casa y no abrir la maldita puerta a nadie. No le gustaba saber que estaba en ese enorme apartamento él solo, pero al menos ahí tenía comida, refugio y, sobre todo, seguridad. De todos modos, necesitaba salir con urgencia de ahí. No veía la hora de llegar a su casa y abrazar a su hermano, por mucho que ese pequeño granuja odiase las muestras de afecto.

Suspiró antes de volver a intentar salir de ahí.

Metió primera de nuevo en intentó arrancar. Nada. De nuevo lo único que consiguió fue que esas personas enloquecieran más de lo que ya estaban. Además, la muralla humana que habían creado con sus cuerpos le impedía mover apenas unos centímetros el coche. Estaba atrapado lo mirara por donde lo mirase.

Y encima este calor agobiante lo estaba matando.

Bajó unos centímetros la ventanilla del piloto, pero esa medida fue suficiente para que unos dedos intrépidos intentaran colarse en el habitáculo del coche. No sabía de qué manera se podía contagiar esta enfermedad, pero no quería arriesgarse. Con la frente perlada de sudor y su camisa de diseñador pegada al cuerpo por la humedad volvió a subir la ventanilla.

Al menos sabía que no estaba solo.

Frente a él, en la comisaría, había personas aparentemente sanas. Había vistos entrar a una policía, un par de bomberos y una figura vestida de blanco. No podía hacer otra cosa más que darles las luces a modo de señales. Les estaba pidiendo socorro de manera desesperada. De todos modos ellos no podían hacer nada; la calle se convertía en un campo de batalla cruel a cada minuto que pasaba. Era increíble como el ser humano se reducía a su expresión más salvaje en momentos de tensión y pánico.

Se quitó la corbata y la tiró hacia atrás sin importarle hacia donde cayera. Se desabrochó la camisa y bebió un sorbo de una botella de agua mineral que llevaba días en el coche. El agua recalentada y con sabor a plástico era mejor que morirse de sed. Volvió a mirar el reloj para comprobar que eran las dos y treinta y uno de la mañana.

Y ahora mismo en su mente sólo había espacio para su hermano.

Se hundió todo lo que pudo en su asiento de cuero mientras los de fuera aporreaban con fuerza su coche. El ruido ahí dentro era ensordecedor. Se mezclaban los gruñidos de esos pobres infelices con los de la gente del exterior. Casi no podía distinguir un sonido de otro…hasta que oyó "eso".

Un gran rugido de motores.

Sí, motores…A juzgar por el ruido que parecía acercarse cada vez más a él una gran cantidad de coches de gran tonelaje circulaban por esa misma calle. Intentó mirar entre los cuerpos que cubrían su coche y lo que vio le hizo suspirar de alivio.

Policía y militares.

Quizás podrían sacarle de una maldita vez de ahí. Quizás en un par de horas podría estar en la seguridad de su casa. Lo único que quería era salir de ese escenario dantesco y dejar de ver esas atrocidades otrora humanas.

Entonces oyó la primera ráfaga de disparos….

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Todos nos asomamos a ver el gran espectáculo que teníamos ante nuestras narices.

Un gran convoy de coches y furgones blindados del grupo antidisturbios de la policía avanzaba por la plaza Ericcson seguido por una infinidad de tanquetas y camiones del ejército. Por lo poco que se podía apreciar a través de la ventana y en la lejanía era que aquellos hombres, tanto soldados como policías, iban protegidos hasta la frente y armados hasta los dientes. Si toda jodida tropa iba hacia el hospital, sinceramente, agradecía desde aquí al difunto Paul por habernos llevado hasta esa roñosa salida. Gracias a él tenía el culo sentado en una silla en una comisaria y no en cualquier otro lugar mucho más peligroso.

Sinceramente, pensé que pararían y comprobarían el estado de la pobre persona que estaba atrapada en su coche. Supongo que si yo estuviera en su lugar ya me habrían dado un par de ataques de pánico, más que nada por verme rodeado de esas cosas. Ese pobre no había parado de enviarnos mensajes de socorro a través de sus faros, pero…¿qué podíamos hacer? Era una locura internarse ahora mismo en las calles. Ese coche parecía robusto. Estaría seguro ahí dentro hasta que vinieran los refuerzos.

Pero los refuerzos habían venido ya….y habían pasado de él como de la mierda.

—Se van…se van y dejan a esa persona ahí en medio rodeado de esas cosas. ¿En serio? —dije indignado.

—Ahora mismo su prioridad no es salvar a nadie —todos nos giramos para ver al agente Martin. Estaba pegado a un walkie talkie como si su vida fuera en ello. Y en parte así era —Hacer un reconocimiento de la situación y eliminar al enemigo. Esa es ahora la prioridad.

—No me jodas —susurré —La fiesta continua, ¿no es así?

—Un momento…¿eliminar al enemigo? —dijo Rosalie.

—Sí, han hecho un llamamiento a la población para que se encierren en casa—dijo el agente.

—Pues yo veo muchas personas ahí fuer….—Bella no pudo terminar su frase.

Una ráfaga de tiros resonó en la calle.

Los militares estaban intentando restablecer el control de la situación, pero esas cosas andantes y sin vida no se lo estaban poniendo nada fácil; a juzgar por la cantidad de ráfagas de metralleta estaba más que claro que lo primordial era eliminar al enemigo sin importar la cantidad de inocentes y sanos que hubiera en el medio. Los militares no parecían querer darse cuenta de que en las calles quedaban personas, personas que intentaban huir del infierno.

Como por ejemplo la persona que aún estaba dentro del coche atrapada.

Todos aguantamos la respiración cuando los cristales del vehículo saltaron por los aires cuando la munición impactó contra ellos eliminándolos en segundos. La persona que estuviera ahí dentro había quedado a merced de los infectados.

—¡Hostia puta! —espetó Jasper —¿Le han dado?

Me pegué todo lo que pude a la ventana para ver si podía distinguir movimiento dentro del coche, pero nada. Es más, otra violenta ráfaga barrió la plaza. Cristales, chispas y trozos de carne infectada saltaban por los aires con cada impacto. En ese instante recordé un momento friki y surrealista de cuando fui al estreno de John Rambo. La escena visceral y sangrienta de la exaltación heroica del personaje era muy parecida a la que estaba viendo con mis propios ojos sólo que esto era real y estaba ocurriendo a escasos metros de mi. Además, al igual que el protagonista, ahora mismo yo tampoco sentía las piernas.

Dos, tres…quizás cuatro minutos fue el tiempo que tardaron en arrasar la maldita plaza.

Después del derroche de munición y de tripas esparcidas por la calle llegó la calma, un tanto tensa, he de decir.

—Se han marchado —susurró Bella.

—No me extraña —dije en el mismo tono de voz —Sólo les queda disparar a las farolas —me gané la vigésima mirada del mal por parte de Bella —¿Crees que la persona del coche sigue viva?

Nadie me contestó.

Miramos desolados a través de la ventana esperando alguna señal de vida…y nada.

—Tenemos que comprobar si está vivo —dijo Jasper.

—Sería de locos salir ahora mismo —dijo Rosalie.

—Sería ir en contra de mis principios si no comprobara ese coche —respondió mi amigo. Todos miramos al agente Martin que era el que tenía el walkie y la radio.

—Lo que han hecho aquí lo están haciendo por toda la ciudad. Se supone que en un par de horas pasaran los camiones militares para evacuar a la gente hacia los puntos seguros —dijo encogiéndose de hombros.

—Cojonudo —gruñí —Yo voy a ver si ese tío o esa tía del coche está vivo. No me voy a quedar con el remordimiento de conciencia —me despegué de la ventana y me dirigí hacia la puerta. Empecé a quitar los seguros que nos mantenían en la más absoluta seguridad.

—No vas solo, amigo —Jasper se puso detrás de mi.

—¡Estais locos! ¡Estais jodidamente locos y lo peor es que parece que se contagia! —gritó Bella. Sacó su milagrosa pistola de su cinturón, la empuñó y caminó hacia nosotros. Joder, sí que imponía la muchacha.

—¿A dónde vas? —espetó el agente Martin.

—A acompañar a estos dos. ¿Crees que les voy a dejar solos en esa calle? ¿Desprotegidos y sin ninguna protección? —chascó la lengua.

—Bella, hija…quizás no es un entorno adecuado para ti….puede ser peligroso…No deberías hacerlo —la ceja de Bella se alzó hasta casi rozar la línea de su pelo.

—¿Me estás hablando en serio? Mientras tú estabas aquí sentado poniéndote ciego de rosquillas y bollos yo estaba en un puto hospital rodeada de gente infectada. Me he visto cara a cara con uno de ellos y le he saludado con un disparo en medio de la frente. No me jodas, Martin. Soy capaz de esto y mucho más aunque tu cerrada mente piense lo contrario.

Wow.

MArtin se calló como el buen tipo que debía ser.

Bella me apartó con poca sutileza; ella misma terminó de quitar los seguros de la puerta.

—Saldré yo primero. En cuanto os haga una señal me seguís, siempre detrás de mi. No quiero que os hagáis los héroes. Como a alguno de vosotros dos se le ocurra desobedecer una orden mía se llevará una buena patada en el culo. Si el habitante del coche está muerto os quiero en cero coma segundos de vuelta, ¿entendido?

Me dieron ganas de decir señor, sí, señor…pero me limité a asentir.

No pude evitar contener la respiración cuando esa pequeña mujer plantó un pie en la calle. Sabía que estaba totalmente capacitada para enfrentarse a una situación de peligro y tensión como esta…pero la veía tan frágil en apariencia que no podía soportar verla tan expuesta. Con un par de dedos nos hizo una señal para que avanzáramos con ella.

El silencio en la calle era desolador.

De todos los gritos, estruendos y sonidos varios escuchar ahora simplemente el silencio era casi aterrador. Gran parte del mobiliario urbano así como una infinidad de cristales de los edificios colindantes estaban destrozados y esparcidos por el suelo y las aceras. Cada paso que dábamos era un crujido que salía de nuestros pies. El coche se encontraba a escasos metros de la puerta de la comisaria, pero estaba seguro de que se me harían los metros más largos de toda mi puta vida. Bueno, estos y los que había andado en el sótano del hospital.

A lo lejos se oía el rumor de una nueva matanza, si es que se le podía llamar así a lo que estaba sucediendo.

Intenté por todos los medios desviar mi mente de esos sonidos y esas posibles imágenes que se formaban en mi cabeza; fijé mi vista en el pelo de Bella y en el movimiento que se creaba en esa melena a cada paso que daba. Pero no era fácil. Intentaba no mirar el suelo, pero eso me llevó a pisar algo viscoso, algo que me hizo sentir repulsa en cada poro de mi piel.

Había pisado a un infectado. O al menos una parte de él.

A menos de un metro de la puerta del piloto de ese coche tuve que apartar otro cuerpo más para no pisarlo. Joder, qué difícil se me estaba haciendo esto…Bella se asomó ligeramente al interior del coche antes de abrir la puerta. No se apreciaba ningún movimiento…

—¿Hola? Soy la agente Swan, venimos a ayudarle…

Pasaron muchas cosas y en muy poco tiempo.

Hubo movimiento dentro del coche….y fuera también. Un hombre moreno, grande y con la cara llena de cortes salió de su escondite en el interior del coche totalmente aterrado al mismo tiempo que Jasper gritaba. Fue un grito de miedo, de terror puro e infinito. Después cayó al suelo.

Mierda.

Alguien había agarrado a Jasper por el tobillo con fuerza haciéndole caer. Lo supe porque cuando miré a mi amigo uno de esos infectados le tenía aún agarrado por el tobillo. Mientras Bella ayudaba como podía a salir a ese hombre del coche yo auxilié a mi amigo.

Ese cabrón le había cogido de la pierna con fuerza.

Tenía el cuerpo lleno de disparos, brutales y asquerosos. Su piel, ligeramente azulada, y su carne mostraban claros signos de descomposición y aún así, a ese hijo de puta le quedaban fuerzas para intentar cazar a Jasper.

—¡Joder! ¡Edward! ¡Me duele!

Pateé la mano de esa cosa en un vano intento porque soltara la pierna de Jasper, si seguía apretando con esa fuerza conseguiría romperle la pierna. Se arrastró acercando su precaria pero fuerte mandíbula a la carne de mi amigo. Le patee la cabeza. Eso apenas me dio tiempo para coger a Jasper y levantarlo del suelo; esa cosa endemoniaba volvió a atacar con una dentellada en el vacío, gracias a los cielos. Si no nos ayudaba alguien jamás podríamos salir de allí.

Por supuesto, la ayuda llegó. Vi en primer plano como un tiro destrozaba la cabeza de ese infectado recreando una escena gore de una película de serie B. Al parecer la noche de casquería y vísceras surtidas aún no había acabado, aunque agradecía de todo corazón la intervención de Bella y su rápida pistola.

—Vamos…¡Vamos! —gritó.

Ayudé rápidamente a Jasper a levantarse. El pobre estaba tan pálido como una hoja de papel y no me extrañaba nada; el susto que nos acabábamos de llevar había sido grande. Si no hubiera sido por Bella no sabía cómo habríamos salido de allí. Aún así, tuve que agarrar a mi amigo de la cintura porque se tambaleaba peligrosamente hacia los lados. El hombre al que habíamos ido a rescatar me ayudó en silencio en mi tarea para intentar llegar lo antes posible a la comisaría.

No habíamos vuelto a sentir movimiento, ni vivo ni muerto…aún así, en el interior de la comisaría estábamos cien mil veces mejor.

Respiré hasta llegar a jadear cuando la maldita puerta se cerró a nuestras espaldas. Lo habíamos conseguido. Habíamos llegado sanos y salvos a nuestro refugio temporal…o no. Cuando el desconocido con la cara ensangrentada y yo soltamos a Jasper este se desplomó en el suelo como si fuese un peso muerto. La doctora y yo acudimos a él a la velocidad de la luz.

—¿Qué ha pasado ahí fuera? —dijo mientras le tomaba el pulso en la muñeca. Jasper no reaccionaba. Cada vez estaba más pálido y no parecía querer abrir los ojos.

—Una cosa de esas le ha agarrado de la pierna y le ha tirado al suelo. ¡No sé por qué se ha desmayado!

—¿Le han mordido? —negué rápidamente.

—¡No! A él sólo le han….

—Tiene sangre —susurró Bella.

—¿Qué?

—Que tiene sangre…en el costado…

Rosalie se apresuró a levantarle la camiseta azul marino a mi amigo…Era cierto. Tenía sangre. Sangre y una herida provocada por un cristal bastante considerable de tamaño en el costado.

Joder….


¿Qué os ha parecido el capítulo? ¿Cómo saldrá el grupo de la comisaria? ¿Se unirán al grupo de evacuados?

Muchísimas gracias por todos vuestros comentarios, de verdad

Mary2413, Monikcullen009, Lory24, Neko de Pattinson, Melyna cisne, Tefyta Cullen, Malicaro, Aryam Dhields Masen, Anamart05, Chusrobissocute, Sandra, Andycullen07, amy Swan, Guest, Kimjim, Danielemosquera, Karina Masen, Kriss21, Nella Cullen, Bydanny, CamilaSCo, VaNeSaErK, EriM, Lil, Petit chiharu, JimeBellaCullenSalvatore, Pekis Lautner, ALEXANDRACAST, Ivis Cullen, Giorka Ramirez Montoya, Serena Eternal Star Moon, Amanda Cullen Salvatore, Despatz, Darlyn, Alkem corrale, Laubellacullen94, Panambi Hovy, Helenagonzalez26 athos, Carmen Cullen-.i love fic, BonyMasen, Romiina R, Gretchen CullenMasen, Maro75, Nia Masen. Aleshita luvs paramore, Belagiesom16, Malusita Potter de Cullen, Orisweetcullen, Ashleyswan, LizieRossmary12 y a todos los lectores anónimos.

Muchas gracias por seguir leyendo, de verdad.

Me habéis preguntado si saldrán los demás personajes principales. Sí, saldrán. Alice no tardará mucho en salir. En cambio los Cullen tardarán un poquito más.

Nos leemos en diez días, más o menos. Para las que siguen Suavemente, me matas, nos leemos esta semana. Un besote enorme.


EN EL PRÓXIMO CAPÍTULO

Acompañé a Bella a los calabozos más que nada para despejarme un poco de la situación que estábamos viviendo ahí arriba; todo se complicaba. Ver a mi amigo tendido en el suelo y sangrando profundamente no le había hecho bien a mi maltrecha mente. Me sentía completamente impotente.

—No era necesario que bajaras aquí conmigo…Sé cuidarme sola —suspiré ante su comentario.

—De eso ya me he dado cuenta…

Miré a mi alrededor. Como bien dijeron los policías, sólo dos calabozos estaban ocupados. En uno de ellos había un tipo durmiendo la borrachera. Aún. A saber qué demonios se había tomado para seguir durmiendo felizmente en el limbo etílico mientras el mundos se desmoronaba.

El otro individuo era el que me preocupaba...de pensar que íbamos a soltarlos se me ponían los pelos como escarpias….