CAPÍTULO 7 LA LEY DE MURPHY
Mi amigo tenía un cristal clavado en el costado.
Tanto la herida como el cristal eran de tamaño considerable. Era horrible mirar esa abertura en la piel; aun así, no podía apartar la mirada de aquella visión. Jasper estaba inconsciente y con toda seguridad necesitaría puntos. En resumidas cuentas, necesitábamos justo de lo que andábamos escasos. Un jodido médico y el material necesario para poder limpiar con seguridad una herida de ese tipo lo antes posible. Esas heridas podrían traer consecuencias si no se curaban bien.
—¿Me puedes decir quien eres? —preguntó Rosalie al hombre que acabábamos de rescatar mientras le tomaba el pulso a Jasper.
—Me…me llamo Emmet McCarthy. Trabajo en el Distrito Financiero…me quedé hasta tarde en la oficina y cuando salí me encontré con todo este caos.
—¿Estás herido? —espetó mientras terminaba de arrancarle la camiseta al rubio —¿Te han mordido?
—¿Qué? Yo…no, ¡no! —dijo tocándose la cara manchada de sangre —Sólo son pequeños cortes, cortes provocados por ese tiroteo. ¡No me ha mordido nada! ¡Estoy sano! Ni siquiera sé de qué va todo esto…
—Bien, ahora no tengo tiempo de explicártelo. Y me alegro de que tú solo tengas pequeños cortes. Aquí no tengo un pequeño corte —dijo señalando a mi amigo —Tenemos un gran y jodido corte.
—Creo…creo que necesitamos un médico —murmuré.
—¿No me digas? Yo soy médico —dijo Rosalie a punto de morderme —Lo que necesito es material para curarlo —miró a Bella —Necesito un botiquín medianamente en condiciones —la morena negó lentamente.
—Pues me parece que de eso no tenemos. Tenemos un pequeño botiquín que dudo mucho cubra tus expectativas. Martin, ¿puedes traerle el maletín de primeros auxilios a la doctora?
El hombre, que se había quedado asombrado tras la exaltación de efusividad heroica de Bella, acató la orden impuesta por la muchacha en menos de dos segundos; la presencia de Bella le había salvado el culo ya que so hubiera sido él el que nos hubiera acompañado hasta ese coche no lo habría contado. El buen hombre con un maletín blanco con una cruz roja en el medio y se lo entregó a Rosalie. La rubia miró en el interior y alzó una ceja.
—¿En serio? ¿Pretendéis que cure a este hombre con tan sólo un poco de alcohol y unas gasas?
—No hay otra cosa —repuso el policía.
Bella se acercó hasta nosotros y miró la escena agachada a mi lado mientras observaba a Jasper con preocupación. La doctora se puso un par de guantes del botiquín y examinó minuciosamente la herida antes de hacer nada.
—Se lo ha clavado entre costilla y costilla. Voy a comprobar que no haya traspasado el pulmón.
Me tapé la boca con la mano para no decir la tremenda palabrota que tenía en la punta de la lengua por los putos nervios. Esto era una mierda. Rosalie tiró del cristal con los dedos, lo miró brevemente y luego lo dejó apartado sin prestarle más atención. Bella taponó las heridas con gasa un segundo después.
—¿Cómo está? —pregunté.
—No ha llegado muy dentro —murmuró mientras sacaba tubos y pequeños botes de la maleta —Pero la herida es jodida. Estaría mucho más tranquila si tuviéramos antibióticos —Bella negó de nuevo.
—No, nada de pastillas. Sólo tenemos pomada antibiótica.
—Era de esperar. ¿Algún calmante?
—Sólo ibuprofeno.
—Joder —espeté —Oye, mira…podemos llamar a una ambulancia. No sé…necesita atención médica, está inconsciente. Yo…yo creo que es mejor llamar a…
—¿Qué quieres que le pase a tu amigo? —murmuró Bella —Si llamas a una jodida ambulancia y lo ven herido lo primero que van a pensar es que lo han mordido. Justo en este momento creo que los médicos actúan primero y preguntan después. Y no sé, pero me da la sensación de que a los posibles infectados no les pones precisamente una alfombra roja al entrar al hospital.
—Mi amiga la poli tiene razón —dijo Rosalie —Quita las gasas, por favor —murmuró. Después empezó a limpiar las heridas mientras hablaba conmigo — Ahora mismo no es segura ninguna parte. Tú mismo has vivido lo que es salir a la calle en estos momentos —negó mientras se sacaba a Jasper un pequeño cristalito con unas pinzas —Y pisar un hospital es como pisar un campo de minas. Ni hablar. Si quieres a tu amigo te aconsejo que nos ayudes todo lo posible calmándote de una puñetera vez, ¿entendido? —asentí. Claro que lo había entendido; en vez de una leona ahora tenía a dos —Bien, pásame esos puntos de aproximación —le pidió a Bella —Esto no es para tirar cohetes ni confeti, pero al menos mantendrá la herida bien cerrada —observé como Rosalie pegaba con precisión esas pequeñas tiras en la piel de Jasper —Vamos a tener a mano esta crema antibiótica —dijo mientras le tapaba la herida con un apósito —Lo peor de todo es que esto se infecte. En cuanto se despierte de esta siestecita le va a doler. Y le va a doler bien…así que necesitará ese ibuprofeno como el agua —le indicó a Bella como si fuera su enfermera. Se quitó los guantes y se puso otros nuevos —Ahora tú —le dijo al tal Emmet.
—No…no es nada. En realidad necesitaría ir a mi casa. Mi hermano pequeño está allí solo.
—Ahora mismo es imposible salir de aquí —le informó Bella —No te podemos retener ya que no has hecho nada malo, sólo la mala suerte de cruzarte con esta batalla…De verdad, te aconsejo que no salgas por ahora. Mira cómo está la situación.
—Pero está solo —Rosalie le cogió la cara con ligera brusquedad y empezó a pasarle unas gasas empapadas en desinfectante —¡Hey! Eso duele.
—¿En serio? Jamás me lo habría imaginado —dijo irónicamente. Nunca pensé que diría esto en algún momento de mi jodida vida pero…agradecía al cielo el hecho de que tan sólo tuviéramos a dos mujeres en el grupo. Joder, vaya humor que se gastaban…
—En serio —contestó Emmet —Sólo tiene catorce años. He conseguido hablar con él hace un par de horas. Le he dicho que cierre bien la puerta…pero no puedo dejarlo allí solo. Estará asustado…
—Encerrado en casa es donde mejor puede estar —murmuró Rosalie —Con catorce años es un chico grande. Estoy segura de que sabrá cuidarse solo hasta que puedas ir a por él. Si tiene suficiente comida para un par de días y es responsable el chaval estará bien.
Dejé de escuchar los consejos sobre adolescentes y me centré en Jasper. Mi jodido jefe no podía estar más pálido. No dudaba de las prácticas de la irónica doctora Hale, pero no estaba tranquilo con el estado en el que estaba Jasper. A mi nadie me podría quitar la insistencia en ir a la puñetera estación de bomberos; allí teníamos básicamente de todo. Comida, camas, un lugar completamente seguro y, por supuesto, un botiquín en condiciones y un armario con medicinas. No es que tuviéramos de todas las medicinas existentes, pero sí lo que necesitaba mi amigo en estos momentos. Calmantes fuertes y una jodida cama en la que descansar. El suelo no parecía ser muy cómodo. Me quité la camiseta, la arrugué y se la puse bajo la cabeza con todo el cuidado que pude reunir para que estuviera lo más cómodo posible. Fue entonces cuando despertó.
—¿Qué…que me ha pasado? — murmuró con esfuerzo. Bella dejó a la doctora ejerciendo esas curas de emergencia al nuevo integrante del grupo y corrió hasta donde estaba Jasper tumbado.
—¿Cómo estás? —le pregunté.
—Jodido —intentó levantarse, pero Bella se lo impidió empujándolo suavemente por los hombros. Mi amigo hizo un gesto de dolor cuando su cuerpo volvió a tocar el suelo.
—Ni lo intentes —le dijo Bella — Tienes una puñetera herida en el costado. Te has herido cuando hemos salido a rescatar al hombre del coche. ¿Lo recuerdas? —asintió no muy convencido —Bien, ahora descansa y evita moverte. La doctora te ha cerrado la herida, pero no lo ha hecho con el material necesario. Así que evita hacer gilipolleces, estás fuera de juego, ¿vale? No te muevas de ahí.
—Tranquila...estoy tan cómodo en el jodido suelo que no creo que pueda reprimir las ganas de levantarme de aquí —reí ante la ironía de Jasper.
—El sarcasmo y el humor negro se respira en el ambiente, ¿no? —dijo Bella con una mueca en la cara.
—Hey, no te enfades, nena…Te aseguro que si mi amigo tiene ganas de bromear es que está mucho mejor —la ceja de la policía se alzó como si tuviera un puto resorte —Eh…¿por qué no intentamos sentarlo en un sitio un poquito más cómodo? Cuando se recupere de la herida va a recaer jodido de la espalda.
Rosalie se acercó a nosotros mientras se quitaba los segundos pares de guantes de la noche seguida de Emmet. Su cara estaba llena de pequeños cortes, pero ahora esas heridas eran mucho menos aparatosas. Al menos se le podía ver la piel libre de sangre.
—La Bella durmiente al fin despertó —le dijo la rubia a Jasper —Veo que no te ha sentado muy bien la siesta que te has echado —se agachó y comprobó el apósito.
—Tienes razón, me ha sentado de puta pena —espetó —Pero te agradezco mucho que me hayas cosido. Y te agradecería que me dijeras que me puedo mover del jodido suelo. Ya no soy un niño, joder —Rosalie asintió.
—La herida no está sangrando y no quiero ser la culpable de que te jodas la espalda…Está bien, te moveremos hasta uno de los sillones —después nos miró a Emmet y a mi —¿Podréis hacerlo?
Omití la frase que podría haberla dicho; no quería que las dos leonas de la manada se pusieran a rugirme como locas. Ya lo habían hecho por separado y daban mucho miedo. No me las quería imaginar a las dos en mi contra. Emmet y yo nos pusimos cada uno a un lado de Jasper y le levantamos con cuidado. La cara de dolor estuvo presente en el corto trayecto hasta el sillón.
—Mierda —susurró —Cómo duele —dijo respirando profundamente. Rosalie se acercó con el ibuprofeno y se lo dio junto a una botella de agua.
—Esperemos que esto te calme un poco el dolor…no hará milagros, eso te lo aviso…
Miré a Jasper mientras se tragaba la jodida pastilla. Estaba magullado y herido, pero al menos le teníamos de vuelta de momento.
No me dio mucho más tiempo a observar a mi casi recuperado amigo; un golpe seco en la boca del estómago me dejó sin respiración. Abrí los ojos sorprendido mientras me doblaba por el dolor cuando vi que era Bella con mi camiseta en la mano. Un poco más fuerte y me la incrusta en el puto estómago.
—Ya puedes taparte —dijo sin mirarme —No nos hace falta ninguna demostración de tu fuerza bruta.
Directa a matar, nena. Si llega a ser un poco más bruta seguramente no la dejarían salir de casa. Y precisamente era ella la que hablaba de fuerza, joder…Cuando recuperé un poco de aire intenté estirar mi arrugada camiseta y me la puse. Cuando estuve tapado, tal y como deseaba la señorita Bella, fue cuando me sentí observado. Era ella ni más ni menos la que me estaba mirando….aunque el milagro duró poco. La terca mujer desvió la mirada con rapidez; seguramente le habría llamado la atención mi tatuaje de proporciones bíblicas, y nunca mejor dicho. Si lo que estaba viendo en su cara era un sonrojo me podía dar por satisfecho durante el resto de mi puñetera vida.
—Tenemos noticias —todos miramos hacia el policía Martin. El pobre hombre estaba pegado a la radio intentando escuchar algo —Nos hemos podido poner en contacto con la comisaría de Queens durante unos segundos. Dicen que los camiones del ejército para evacuar a la población hasta los puntos seguros. Pasarán dentro de media hora, quizás menos.
—Espere, espere…—dijo Emmet —¿Dónde estarán esos puntos seguros?
—Eso no lo sé. Lo que sí le puedo decir es que allí tendremos un lugar seguro donde resguardarnos hasta que pase todo esto.
—¿Y cuánto tiempo será eso? —preguntó de nuevo Emmet —Yo no puedo irme, al menos no hasta que me lleve a mi hermano conmigo. Yo no voy —sentenció.
—Yo tampoco —murmuré. Bella me miró con cara de "qué coño estás diciendo" —Jasper no puede moverse y definitivamente no puede montarse en un maldito camión lleno de gente. Paso —negué esperando con toda mi alma que Bella repitiera las mismas palabras.
—Yo voy a ir a ese punto seguro. Se supone que es lo que debemos hacer, ¿no? —dijo llevándome la contraria. Como no. ¿Acaso tomaba sus decisiones siempre en contra de las mías?
—Yo no estoy muy convencida…Esperaré —dijo Rosalie encogiéndose de hombros.
Todos nos miramos entre todos. Quizás no éramos lo suficientemente conscientes, pero las decisiones que tomásemos en ese momento nos iban a cambiar el curso de nuestras vidas. Algo tan mundano como subirse a un puto camión podría llevarnos a la salvación o a la muerte. Mi abuela decía un refrán, "más vale malo conocido que bueno por conocer". Por ahora aquí estábamos bien y en su defecto y si las cosas seguían poniéndose mal, teníamos mi querida estación de bomberos a tan solo dos calles. De todos modos yo tenía muy claro que no iba a dejar a mi amigo sólo. No podía hacer nada si Bella quería subirse a ese camión; no era nadie para ella y seguramente mis consejos se los pasaría por el forro de los cojones y como premio me llevaría una mala contestación.
—Tenemos que pensar en qué hacer con los dos tipos que tenemos en los calabozos —dijo Martin mirando a Bella.
—¿Ahora me he convertido en el jefe o qué? —espetó —Dios mío —se pasó las manos por el pelo —No…no podemos dejarlos ahí abajo, evidentemente. Supongo que lo que debemos hacer es sacarlos y llevarlos al punto seguro como lo que son. Detenidos.
La cosa iba cada vez mejor.
—¿Vas…vas a sacar a los elementos que tenéis detenidos? —pregunté.
—¿Qué quieres que hagamos con ellos? No sabemos cuanto tiempo vamos a estar aislados. Voy a bajar para sacarlos de ahí y subirlos conmigo.
Vi cómo Bella se metía por los pasillos que seguramente daban a las escaleras para bajar a los calabozos. Sola. ¿Es que ninguno de los dos policías que estaban en la comisaría iban a mover sus culos para ir con ella? Ella sabía cuidarse sola; me lo había demostrado en las horas que habíamos estado juntos…Aun así no me quedaría tranquilo si la dejara bajar a ella sola con al menos un delincuente en potencia como lo era el tipo de la ficha policial. Tampoco me quedaría tranquilo escuchando los debates a favor y en contra de los puntos seguros.
A la mierda.
Acompañé a Bella a los calabozos más que nada para despejarme un poco de la situación que estábamos viviendo ahí arriba; todo se complicaba. Ver a mi amigo tendido en el suelo y sangrando profundamente no le había hecho bien a mi maltrecha mente. Me sentía completamente impotente.
—No era necesario que bajaras aquí conmigo…Sé cuidarme sola —suspiré ante su comentario.
—De eso ya me he dado cuenta…
Miré a mí alrededor. Como bien dijeron los policías, sólo dos calabozos estaban ocupados. En uno de ellos había un tipo durmiendo la borrachera. Aún. A saber qué demonios se había tomado para seguir durmiendo felizmente en el limbo etílico mientras el mundo se desmoronaba.
El otro individuo era el que me preocupaba...de pensar que íbamos a soltarlos se me ponían los pelos como escarpias…
Bella fue primero hacia el tipo flipado por el alcohol. Estrelló las llaves del calabozo contra los barrotes sacando de un profundo sueño a su inquilino. Ese pobre diablo casi se cae de la jodida litera…me hubiera reído si no estuviera en esta situación.
—¡No he hecho nada! ¡Agente, se lo juro…sólo me bebí una cerveza! —ladee la cabeza observando a aquel hombre. Bella rodó los ojos.
—Eso mismo dijiste hace horas…y aún te dura la borrachera. No le digas a ninguna destiladera la mezcla que has hecho, amigo. Es una puta bomba de relojería —buscó la llave que correspondía a esa celda —Date la vuelta y pon las manos en la espalda.
El hombre hizo sin rechistar lo que Bella le pidió. No se molestó ni en preguntar donde lo estaban llevando; se apoyó en los barrotes y continuó tan tranquilo con su duermevela. Cuando Bella fue hasta la otra celda no lo pude evitar; me pegué a ella como una puta lapa porque no me fiaba de ese tipo y ni siquiera le había visto de frente. Pero lo poco que podía ver de él era un cuerpo enorme y unos brazos musculosos. O el hombre era boxeador profesional o estos brazacos los había moldeado a base de peleas callejeras.
Bella miró hacia atrás y suspiró, aunque esta vez no me dijo nada.
—Voy a abrir la puerta. Quédate como estás con las manos en la espalda. Te voy a esposar y vamos a subir, ¿me has entendido? —esperó alguna señal, pero nunca vino —Por tu bien espero que no hagas ninguna tontería —susurró.
Contuve el aliento mientras Bella abría la maldita puerta. Esperaba algún movimiento kamikaze por parte de ese tío, esperaba que se revolviera y que actuara como un inconsciente…pero no lo hizo. Se mantuvo con las manos a la espalda de la postura tan y como mi policía le había pedido. La impresión me vino cuando el tipo se giró.
Tenía una cicatriz en la comisura del labio, alargándolo salvajemente haciendo de su cara una mueca horrible.
Había visto su ficha policial, pero la foto apenas borrosa no me había dado todo los detalles que estaba viendo ahora. Ese hombre, Black, me miró con la mandíbula apretada cuando supo que le estaba mirando la horrible cicatriz.
—¿Dónde me llevas? —le preguntó a Bella con vez grave.
—Tenemos una situación de emergencia, debemos abandonar la comisaría.
Nadie preguntó nada más.
Los cuatro subimos hasta la planta de calle. He de decir que todos miraron con cierto temor al preso Black, pero evidentemente nadie dijo nada. Bella se marchó durante unos minutos; cuando volvió lo hizo con una Táser, una pistola de electrochoque, entre las manos. Se aseguró de que Black la viera antes de guardársela al lado de su pistola reglamentaria.
—Puedo ver una furgoneta del Ejército —dijo Rosalie mientras miraba por la ventana —Mucha gente se está subiendo en esos camiones.
Todos menos Jasper, que seguía recostado, nos asomamos a las ventanas.
—"Evacuación de la población —decían por los megáfonos —Evacuación temporal de la población hasta los puntos seguros"
—¿Qué coño ha pasado aquí? —murmuró Black —¿Una evacuación?
—Un virus —respondió Rosalie —El virus más potente con el que nos hemos cruzado…Oh, oh…
—¿Qué pasa? —preguntó Bella.
—Míralo por ti misma.
Cuando el camión militar se puso a nuestra altura pudimos ver en la semi oscuridad de la noche apenas iluminada por las farolas que habían quedado sanas una enorme masa de gente hacinada en ese pequeño espacio. Algunos iban sollozando, otros agarraban pequeñas mochilas entre sus manos y otros intentaban respirar un poco de aire.
Otros tosían.
Martin quitó los seguros a la puerta listo y preparado para salir en cuanto le dieran permiso. Cogí a Bella del brazo y me acerqué a su oído.
—Por favor, no te subas ahí arriba. ¿Has visto a esa gente? ¿Quién te asegura que ahí arriba no viaje nadie con el virus? —Bella miró primero mi mano que la agarraba y luego me miró a los ojos.
—¿Tanto te importa mi bienestar?
—Sí —los dos nos aguantamos la mirada…pero vino alguien a joder uno de los pocos momentos en los que Bella no me estaba dando duro.
—No subáis ahí —murmuró Rosalie —Eso se va a convertir en una puta ratonera —el agente Martin hizo caso omiso de la recomendación de la doctora abriendo la puerta de la comisaría.
—¿Por qué? Vienen a ayudarnos —la rubia negó. Salió a la puerta justo donde el camión se había parado segundos antes. En la parte delantera de camión iban tres militares. Dos de ellos iban armados con subfusiles listos y preparados por si eran necesarios. El tercero no iba armado más que nada porque era el conductor y no le sobraban manos. Mierda, comprendía que fueran armados…pero no me tranquilizó el hecho de ver esos fusiles tan de cerca.
—¿Algún herido? —preguntó uno de los hombres armados a Rosalie en un derroche total de palabras.
—Tenemos un herido —el militar preparó su arma aunque la doctora movió los brazos rápidamente mientras negaba con la cabeza.
—No, no, no…¡no! Tenemos a un hombre herido, pero no ha sido atacado…Se ha hecho un corte en el costado, pero está bien…aunque no se puede subir ahí. Todos estamos bien, pero no podemos dejarlo aquí solo —el hombre bajó ligeramente el fusil —¿Han…han hecho controles antivíricos a esas personas de ahí atrás?
—¿Van a subir o no? Lo siento, señora…pero tenemos que sacar a la gente de aquí lo antes posible. Si van a subir háganlo ya.
Martin y el otro policía apartaron con suavidad a Rosalie para subirse en el camión. Se supone que ellos estaban haciendo lo correcto…El tipo al que encarcelaron por conducir borracho pareció despertarse de golpe cuando vio lo que teníamos delante.
—¿Qué demonios? — miró a todos como si se acabara de despertar de una jodida siesta —¿Esto es por esa mierda de virus? Oh, por todo lo sagrado…—se levantó y fue hasta la puerta.
—Oye…oídme…no subáis —el hombre ignoró a Rosalie —No subáis. Ahí hay gente tosiendo —negó —No sabemos si pueden estar infectadas. No han hecho controles —Bella miró a la rubia y luego me miró a mi.
—No subas —la pedí.
—En veinte segundos arrancaremos y nos marcharemos de aquí. No podemos obligar a subir, pero no tenemos tiempo para esto. Quien vaya a subir que lo haga. Ya —dijo el soldado.
—No subas —susurré. Bella me miró…y luego avanzó hacia la puerta dejándome con el alma en vilo….
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Seth miró el reloj del salón por enésima vez.
Eran las cinco y cuarto de la mañana y no había podido dormir nada. Una tensa calma se había apoderado de las calles tras pasar unos camiones del ejército llenos de gente. Una evacuación. A él le daba lo mismo; no se movería del apartamento si no era con su hermano Emmet al lado. Le había dicho que cerrara la puerta y él no había hecho.
Esperaría.
Esperaría por su hermano. No importaba cuanto tardase; no se movería de aquí hasta que no viera a su hermano aparecer por esa maldita puerta. Porque sabía que iría a por él.
Un anuncio de la tele tienda de un pelador de patatas con no sé qué cosa electrónica se repetía una y otra vez hasta el cansancio, las dos mujeres protagonistas del spot publicitario repetían las dudosas bondades de ese artilugio, aunque él no lo oía. Tenía la televisión en modo silencio mientras esperaba por un nuevo informativo de emergencia a la espera de noticias que nunca llegaban. Al parecer no querían o no podían informar más sobre lo que estaba pasando; también había intentado conectarse a internet para buscar noticias sobre lo que estaba pasando, pero la red se había caído.
El motivo del silencio eran esos golpes que habían estado martilleando la puerta durante unos cortos segundos después de la llamada de su hermano. Nunca lo diría en voz alta, pero se había acongojado de miedo. Tras el incidente había corrido hasta el salón para quedarse quieto y en silencio esperando por algún nuevo ruido.
De momento nada.
Tampoco había vuelto a sonar el teléfono. Él había intentado llamar a Emmet, pero no estaba disponible. No se preocupó más de lo que ya estaba más que nada porque se esperaba oír la voz del buzón de voz de antemano.
Lo que estaba pasando era muy raro. Y horrible.
Las calles se habían quedado calladas. Tras el tiroteo insufrible y el posterior paseo de los camiones militares todo había quedado en calma. Pero lejos de calmarlo esto lo estaba poniendo mucho más nervioso. ¿Estarían mucho tiempo en esta situación? Él no entendía sobre estas cosas, pero si eran tal y como había leído en sus comics o en esos video juegos a los que tanto le gustaba jugar, estaban jodidos. Esto parecía un relato de ciencia ficción a gran escala sólo que él pudo verlo con sus propios ojos.
Estaba pasando.
¿Acaso esto era el puto apocalipsis o qué? Se paseó con el mando de la tele entre las manos por todo el pasillo….aunque se quedó parado en el medio cuando se quedó a oscuras. Seth maldijo a la ley de Murphy por hacerse presente en los mejores momentos. No podía ver nada, no entraba ningún reflejo por las ventanas ya que se había ido la luz de toda la manzana. Perfecto. Apoyándose en la pared fue despacio hasta su habitación, allí tenía una linterna bastante potente que su padre le había regalado para ir a un campamento de verano años atrás. Le tenía un especial cariño a esa linterna por el simple hecho de que se la había regalado su padre.
Le costó un par de minutos encontrar el cajón de la cómoda en el que estaba la linterna, pero al final lo consiguió.
Estaba saliendo de su habitación justo cuando la puerta volvió a sonar.
Seth era consciente que desde fuera esto podía parecer una película mala de terror; un adolescente en medio de una casa vacía y sin luz y simplemente alumbrado por una linterna. Oh, y algo parecido a unos jodidos zombies en el exterior del edificio. Los golpes eran insistentes…se sobresaltó cuando el sonido del timbre de la entrada resonó en el silencio absoluto. Ese sonido estuvo a punto de perforar sus tímpanos.
—Nece…sito…ayu..da…—Seth se acercó a la puerta con la linterna en la mano. Quizás habría sido de sabios coger el bate de beisbol de su cuarto por si necesitaba protección —Por…fa…vor…
Frunció el ceño cuando creyó conocer esa voz. No lo podría asegurar al cien por cien, pero parecía la voz de su vecina del cuarto piso, esa chica morena de piernas interminables que habían alegrado sus sueños más de una noche. Su voz se le había quedado grabada a fuego en su cerebro esas cuatro o cinco veces que le había saludado tras encontrarse en el ascensor.
Más golpes. Y otro timbrazo.
Decidió seguir con el guion de película de miedo y avanzó hasta la puerta. Quizás le había pasado algo a esa chica, quizás necesitaba ayuda. O quizás, solo estaba asustada por todo lo que estaba pasando. Él no era tonto, era un chaval de catorce años que no tendría jamás en la vida posibilidades con esa muchacha…pero al menos no estaría solo. Se asomó por la mirilla. Pues sí…ahí estaba la vecina cañón, aunque un poco más pálida que otras veces y no era de extrañar. Quitó la cadena de seguridad e hizo lo mismo con las llaves.
Lo que vio a continuación era algo surrealista.
La que estaba frente a él era su vecina, la preciosa morena de piernas largas…Estaba de rodillas en el suelo, aunque cuando finalmente lo vio se derrumbó ante él. En seguida supo por qué; le faltaba parte de su pierna derecha. Le habían arrancado la carne y la piel. Y parecían mordiscos. Miró con morbosa fijación la sangrienta escena.
La chica se había desmayado.
Lo que no entendía era cómo demonios había aguantado ni dos segundos en ese estado. Lo normal era que hubiera entrado en shock por el dolor. ¿Esas cosas de fuera le habían hecho eso? No se movía, apenas se podía notar su respiración. Bajó la guardia. Se agachó con la linterna en las manos para cogerla el pulso tal y como habían hecho en el instituto en las clases de primeros auxilios.
No le dio tiempo a llegar a coger su muñeca….ella se le adelantó. Lo cogió por la delgada muñeca adolescente y tiró hacia ella con fuerza. Lo último que vio Seth antes de cerrar los ojos fueron los dientes de su vecina….
¿Qué os ha parecido el capítulo? ¿Qué hará Bella finalmente? ¿Qué pensáis de Jacob?
Muchísimas gracias por todos vuestros comentarios, de verdad
Guest, Monikcullen009, ALEXANDRACAST, Analiaapocaliptica-2012, Malicaro, Melyna-Ortiz, Romiina R, Despatz, Laubellacullen94, Helenagonzalez26-athos, Ashleyswan, Belagiesom16, Danielemosquera, CamilleJBCO, LunaS Purple, Carolcielito, Vkii, Karina Masen, Lory24, Amy Swan, Neko de Pattinson, Orisweetcullen, Carmen Cullen-.i love fic, Gatita Swan, Lil, Nella Cullen, Gretchen CullenMasen, Luzdeluna2012, Maria Cullen, Guest, BonyMasen. Serena Eternal Star Moon, Stephanie priegovazquez, Amanda-Cullen-Salvatore, Alkem corrales, BABYBOO27, Maro75, Karlita carrillo y a todos los lectores anónimos.
Muchísimas gracias por seguir leyendo, de verdad.
Nos leemos dentro de diez días. También os espero en Suavemente, me matas. Un besote a todos.
EN EL PRÓXIMO CAPÍTULO
Voy a ser un poco mala :P ….POV BELLA
