CAPÍTULO 9 ALGÚN ÁNGEL DE LA GUARDA

Bella se había ido con ese jodido preso al baño.

Al muy cabrón le habían dado ganas de mear en el mejor momento, justo cuando habíamos decidido ir a comprobar qué maldito coche podríamos usar para ir hasta la estación de bomberos. Lo peor de todo es que se había ido ella sola.

¿Acaso estaba loca o qué?

¿Por qué no quiso mi ayuda? No me fiaba de ese tío, no estaba en la cárcel esperando a ser llevado ante el juez por ser una hermanita de la caridad. En la soledad del cuarto de baño podría hacerla cualquier cosa. Ella era muy pequeña y él muy grande…era un puto armario de cuatro puertas. Podría quitarla la pistola. Podría arrebatársela, apuntarla con ella…podría…Mierda, ugh…jodida mente retorcida la tuya, Edward.

—Hey…¿Edward? —miré a Emmet —¿Crees que estaremos mejor en el nuevo sitio?

—Si, por supuesto…completamente —dije al fin apartando la mirada del pasillo por donde se había ido Bella con ese tipo.

—Mira…sé que soy un completo pesado…Pero tengo que ir a buscar a mi hermano. Ha sufrido mucho, ¿sabes? No quiero dejarlo solo durante mucho tiempo. Es un chico responsable, pero sólo es un niño. No quiero esperar más y arriesgarme a que le pase algo malo —asentí.

—¿Dónde vives?

—En la Quinta Avenida.

—¿En serio? ¡No me jodas! —espeté —Podrías vivir un poco más lejos, tío…Tendrás que atravesar media ciudad para llegar hasta allí. Será jodidamente difícil.

—Lo sé, pero sé que puedo hacerlo. Tengo que hacerlo —negué con la cabeza.

—Pero no creo que puedas hacerlo solo….Primero intentaremos llegar a la estación de bomberos. Entonces veremos como es realmente el estado en las calles —me pasé la mano por el pelo —Dios santo, ¡es que no se nos puede dar una puta noticia buena!

—Calla —susurró Rosalie.

—¡No puedo callarme! Sé que estoy quedando como un puñetero histérico, pero me da lo mismo…

—Calla un momento —repitió.

—¡Ugh! ¡Quiero volver a mi maldita cama revuelta y desastrosa y tomarme una jodida pastilla para la gripe, coño!

—¡Calla de una puta vez, joder! —exclamó la doctora —Estoy…estoy oyendo…cosas….

—Sí, puede que estés oyendo la meada que se está echando el tipo ese que…—negó con la cabeza.

—Viene de ahí —señaló con la cabeza hacia el pasillo —Ese ruido viene de la puerta de atrás. Del garaje….

Me dieron ganas de soltar el enésimo "no me jodas" de la noche, pero me las aguanté. Cerré los ojos durante unos segundos y, en el silencio en el que nos quedamos, pude apreciar algo. Sí…era un ruido leve….

—¡La hostia! —abrí los ojos de golpe para ver…para no ver nada. Se había ido la maldita luz.

—No me lo puedo creer —murmuró Emmet.

—¡Chicos! ¿Qué cojones ha pasado? —apenas gritó Jasper desde la sala.

—Tranquilo, Jazz…—intenté calmarlo —En seguida volverá la luz….—al menos eso esperaba…

El ruido siguió ahí, persistente. Era como si algo estuviera golpeando contra la puerta trasera, esa famosa puerta que daba a nuestros medios de transportes para desplazarnos a ese lugar mucho mejor. Sólo teníamos que comprobarlos, echar un vistazo y elegir uno…cuando el jodido Black terminara de mear. Como si de un interruptor se tratara todos nos callamos para escuchar esa banda sonora un tanto tétrica que nos llegaba desde detrás de esa puerta. Rebusqué entre mis bolsillos el jodido mechero, pero no lo encontré; entonces recordé que me desprendí de él cuando me subí al camión para sofocar el fuego en la gasolinera.

—Toma, esto servirá —murmuró Emmet tendiéndome algo. Me costó ver qué coño era, pero cuando lo tuve entre mis manos supe que era un mechero.

Lo encendí. Un tenue resplandor iluminó apenas un par de pasos frente a mi, pero mejor era esto que nada. Me acerqué sigilosamente y con cuidado hacia esa parte; detrás de mi podía sentir una presencia, no sabía si era Rosalie o Emmet o los dos…realmente me daba lo mismo, no me iba a entretener en girarme justo ahora. Finalmente llegué hasta la puerta. Era metálica y estaba cerrada con llave.

Uñas. Eran uñas.

Un sonido chirriante de uñas arañando el metal inundó mis oídos haciendo que mis dientes rechinaran estremecidos. Después llegó el primer golpe. Y otro. Y otro más. Ahora sí, miré hacia atrás iluminando a mis compañeros con el mechero para ver sus caras; bien, al menos no era el único acojonado en la sala.

—¿Crees…crees que son ellos? —preguntó Emmet.

—Define ellos —susurré. Otro golpe, esta vez más fuerte que los anteriores. O estaba flipándolo en colores o se había quedado parte de una mano grabada en esa puerta metálica tras la hostia. Pues sí, eran "ellos". Después de esa vinieron más, muchas más hostias. Los tres éramos testigos silenciosos de cómo la puerta cedía, veíamos cómo la fina línea que nos separaba de la dudida seguridad cedía poco a poco.

Los tres ahogamos un grito cuando vimos cómo caía el primer tornillo de una de las bisagras.

—Oh, no…Oh, no…Dime que no es posible —murmuró Emmet.

—No me jodas y ayúdame a contener la puerta —espeté.

—¡Bella! ¡Bella, joder! Venid aquí —gritó Rosalie cuando la segunda bisagra empezó a bailar sobre la pared —Oh, ¡mierda!

La bisagra finalmente cayó y la puerta venció solamente unos centímetros, lo justo para que se colaran un par de manos azuladas. Señor, la visión de esas horribles extremidades me pusieron los pelos como escarpias; las uñas estaban destrozadas y encarnadas hasta la base, ese en el mejor de los casos. Otros dedos carecían de estas de tanto arañar superficies imposibles. Venas hinchadas y verdosas y carne en vías de descomposición y olor putrefacto. Eso era lo que podíamos ver y sentir.

Era hora de pasar a la acción.

Me puse de espaldas a la puerta y, cogiendo el mechero como podía, apreté contra ella. Emmet y Rosalie me ayudaron ipso facto.

—¡Joder!

Alcé la cabeza para ver a Bella y al preso, que ya no estaba tan preso porque no llevaba las putas esposas puestas. Llegaron hasta nosotros en cero coma segundos y nos ayudaron a contener la jodida puerta.

—¿Qué ha pasado? —preguntó Bella no sin esfuerzo.

—Nada —espeté mientras empujaba —Que esos de ahí fuera se han enterado de que aquí dentro tenemos fiesta y se han tomado la libertad de entrar —ironicé —¿Es posible que la puerta exterior del garaje permaneciera abierta? —la cara de confusión de Bella bailó frente a mi por el movimiento de la llama del mechero.

—Puede ser. Oh…mierda… —gimió empujando más. Los cabrones de ahí fuera eran fuertes de cojones.

—No entiendo cómo no se nos ocurrió comprobar el maldito garaje —murmuré.

—No sé…¿cómo narices querías que me acordara del puto garaje con lo que teníamos aquí dentro? —me respondió.

Otro golpe. Y gemidos de acompañamiento.

—¿Cómo vamos a salir de esta? —preguntó Rosalie.

—Tenemos que atrancar la puerta —dijo Black. Todos nos callamos y lo miramos —Aguantad, voy a por algo.

La presión que dejó de ejercer el enorme cuerpo de Black se notó cuando abandonó la tarea para ir a buscar algo con que atrancar la puerta. Madre del amor hermoso. No sabía cuantas de esas cosas había a nuestras espaldas…casi prefería no saberlo. Debían de ser una cuantas. Abrí los ojos como platos cuando vi cómo el fugitivo traía la mesa de recepción él solo, empujándola con rapidez hacia nosotros. El tío era un puto monstruo forzudo…

—¿Cómo lo hacemos? —preguntó.

—A la de tres. Lo más rápido posible, ¿de acuerdo? Contamos hasta tres, nos apartamos y tu empujas el mueble —le ordenó Bella.

—De acuerdo. Uno…—más empujones desde atrás —Dos…—uñas arañando el metal —¡Tres!

Los cuatro nos apartamos de una vez dejando espacio suficiente para que Black atrancara la puerta con el mueble de la recepción. Y para pillar un par de manos. A pesar de la presión que el mueble estaba ejerciendo las jodidas manos seguían moviéndose y luchando por entrar. ¿Qué mierda eran estas cosas? Si fueran humanos estarían gritando de dolor e intentando salir de ahí como fuera; en cambio, seguían luchando por su objetivo. Entrar e ir a por nosotros.

—No va a aguantar —susurró Bella —Tenemos que largarnos.

—¿Con qué coche? —pregunté.

—Ahí fuera hay una furgoneta policial —dijo Rosalie —podemos intentarlo —a través de la tenue luz del mechero que sorprendentemente aún conservaba en mis manos cómo la puerta bailaba por los golpes.

—No tengo ni puta idea de dónde están las llaves…y no me voy a entretener en buscarlas —palpó los bolsillos de sus pantalones —Pero nos queda mi coche.

—¿El Volvo? —Bella me miró con una ceja alzada.

—Sí…—abrió la boca para decirme algo, pero se calló cuando la puerta y el mueble se movieron.

—Tíos, si tenemos coche lo mejor sería huir de aquí cagando leches —propuso Black. Otro golpe. Más manos a través de las puertas.

—Mierda, mierda….Joder. ¡Rosalie, coge la mochila grande que he dejado ahí! —le dijo la morena —¡Nos vamos!

Todos nos reunimos en la sala. Rosalie hizo caso a nuestra poli particular y cogió la mochila de deporte negra que había preparado Bella; no sabía qué podía contener, pero parecía pesar de cojones. Bella cogió otra más pequeña y se la colgó al hombro. Cogió su pistola y la comprobó de nuevo.

—No sabemos cómo está la cosa ahí fuera —dijo Emmet —Ahí hay más cosas de esas —Bella asintió.

—Lo sé, pero tendremos que arriesgarnos —otro golpe —No pararán hasta entrar.

Me acerqué hasta Jasper. El pobre seguía con la frente perlada por el sudor, aunque al menos se le había borrado un poco el gesto de enorme dolor que tenía en la cara. Abrió los ojos, me miró y negó.

—Tenemos que irnos, ¿no? —asentí —No puedo, tío…no tengo fuerzas.

—Pero yo sí —lo ayudé a incorporarse.

—Y yo —dijo Black a mis espaldas —Tío, podemos llevarte hasta el coche. Te dolerá, pero no te queda otra —Jasper asintió. Miré a Black mientras se ponía al otro lado de Jasper pasando el brazo de mi amigo por su cuello.

—Gracias —murmuré.

—Por nada. Sé lo que duelen esas jodidas heridas. Me han apuñalado un par de veces. O tres.

Bien. Eso no era nada tranquilizador, pero al menos el tipo me estaba ayudando. Bella fue hasta la puerta y puso la mano en el seguro que nos mantenía aislados de la calle.

—Voy a abrir la puerta. Mi coche es un Volvo plateado, todos correremos hacia él lo más rápido posible. No sé en qué condiciones está, no sé si las balas del tiroteo lo han dañado, pero es nuestra única salida —nos miró a todos —Vamos a conseguirlo.

Quise creer en sus palabras, pero después de las jodidas horas que habíamos pasado me costaba mucho creer que algo podría salir bien. Sentía mi respiración en los oídos, estaba completamente acelerado, nervioso y ansioso por encontrarme en un lugar completamente seguro. Quería irme de aquí, pero no quería salir. Viva la contradicción, Edward. Bella deslizó el seguro de la puerta, ese sonido resonó como si se estuviera escuchando a través de amplificadores, joder.

Un tirón y la puerta estaba abierta.

—Un momento —Bella se asomó con la pistola en la mano. Nos miró y asintió con la cabeza —De momento todo está despejado.

Jacob y yo agarramos a Jasper y le ayudamos a avanzar. La jodida puerta cedía cada segundo un poco más. Rosalie cogió con fuerza la bolsa de deporte mientras Emmet miraba hacia todos lados. Andamos despacio, sin prisa…más que nada porque no podíamos correr con mi amigo en su estado.

Un crujido a nuestras espaldas nos avisó de que esos cuerpos estaban a punto de entrar.

—Vamos, salgamos de una vez —me ordenó Black.

—Podemos hacerle daño —espeté mirando a Jasper.

Otro crujido. Y la mierda se nos venía encima.

Al menos cinco cuerpos invadidos por el virus derribaron la puerta y el mueble abalanzándose sobre nosotros con más rapidez de la que recordábamos. Su aspecto era terriblemente jodido y un horrible olor inundo la sala de la comisaría, aumentando a medida que esas cosas se acercaban hacia nosotros.

—¡Vamos! ¡Vamos! ¡Corred, corred, corred! —gritó Rosalie —¡No dejéis que se acerquen a vosotros!

Black y yo cogimos prácticamente en volandas a Jasper y corrimos hacia el exterior. Las calles estaban desiertas salvo por los cuerpos doblemente muertos que habían quedado esparramados por las calles después del tiroteo. Preferí no mirar hacia abajo para enfocar mi mirada hacia el frente y buscar el Volvo de Bella. La vi correr calle abajo, hacia la esquina. Esa mujer era dura como una roca, corría como un demonio y eso era bueno. Los intermitentes del coche parpadearon cuando Bella accionó el mando a distancia, luego se metió en el coche, en el asiento del piloto; le faltaban un par de cristales, pero no parecía sufrir daños graves. Me dieron ganas de gemir de gusto cuando oí el ronroneo del motor, pero no pude hacerlo por la carrera que nos estábamos dando.

Quince metros.

Vi cómo Rosalie y Emmet alcanzaron el coche. Ella se sentó en el asiento del copiloto y él en el trasero. Dejó la puerta abierta para nosotros.

Diez metros.

A Black le dio por mirar hacia atrás; craso error el mío por hacer lo mismo. Nos estaban siguiendo. Esas cosas corrían como putos coches de carreras pisándonos los talones.

Cinco metros.

—¡Joder! —se quejó Jasper agarrándose el costado —Tíos, no puedo más —gemidos…gemidos a nuestras espaldas.

Toqué la puerta con los dedos.

—Vamos, vamos…Un poco más, Jasper. Entra —mi amigo se acomodó lo mejor que pudo. Black lo siguió.

No había sitio para mí. Un jodido cuerpo andante gimió a mis espaldas. Estaba a tan sólo tres metros de mi.

—¡Sube de una puta vez al coche, Edward! —me gritó Bella.

Cerré la puerta y aproveché la ausencia de cristal para colarme de un salto en el coche, dejando medio cuerpo fuera. Ahí atrás había tres grandes cuerpos metidos; el espacio era muy reducido para tantos kilos de carne y músculos. Además, no quería dañar más a Jasper, bastante jodido estaba ya.

Solo me faltaba que el puto coche no arrancara.

—¡Arranca! ¡Joder, Bella! ¡Arranca! —grité.

El coche se movió de su sitio justo cuando uno de los infectados lanzó un zarpazo hacia mi. Sin duda, alguien estaba cuidando de mi culo ahí arriba; en apenas un día y media podía haber muerto un par de veces. Quizás más. De todos modos esas cosas no desistieron; aunque el coche aumentaba su velocidad a medida que avanzábamos por las calles ellos seguían corriendo, dando bandazos de un lado a otro con su precaria pero persistente estabilidad.

—¿Vas bien, Edward? —gritó Rosalie asomando la cabeza por la ventanilla.

—Voy de puta madre —dije mientras me agarraba con fuerza a la puerta del coche —Necesitaba un poco de aire, ¿sabes?

Sólo una calle más. Nos faltaba solo una calle para llegar a nuestro objetivo más preciado…y a la velocidad que conducía Bella llegaríamos en medio minuto. Los coches que estaban aparcados a ambos lados de la calle tenían impactos de bala, los cristales estaban esparcidos por toda la calle. Un aire fantasmal cubría la zona, era como una niebla invisible que te presionaba el pecho impidiéndote respirar. Nunca, en todos los años que llevaba viviendo en esta zona había visto así de vacías las calles. Incluso de noche estaban llenas de vida.

Fantasmagórico.

—¿Cómo vas, tío? —le pregunté a Jasper.

—Jodido…pero contento —tuve que sonreír por la ironía de Jasper —No veo la hora de pillar una maldita cama, Edward —se puso la mano sobre la herida cubierta por el apósito —Necesito…descansar…

—Un poco más, fireman —dijo Black —Mira, ya se ve la estación —lo animó.

Sí…se veía la estación, pero la salida de emergencias, esa por la que salíamos con los camiones en cada aviso, estaba cerrada. No nos esperaban hasta mañana.

—Mierda —Bella presionó con fuerza el claxon para que nos abrieran la puerta.

—Vas a atraer hasta nosotros toda la maldita población infectada —espeté.

—¡Callate! —me gritó.

—Tio, no lo has visto…pero la morena te ha hecho una peineta —me asomé para mirar a Black.

—¿Qué?

—Que te ha sacado el dedo medio, colega. No la cabrees, ella es quien manda —ahora fue mi turno de subir la ceja.

—Bien, ella manda….¡pero soy yo el que tiene el culo fuera, joder! ¡Abrid la puerta de una puta vez! —grité con todas mis fuerzas haciéndome oír por encima del puto claxon —¡Felix! !Mike! ¡Abrid, somos nosotros!

Como si fuera una plegaria mis súplicas llegaron a quien estuviera al mando de la situación. La puerta se abrió lentamente. Normalmente ese cierre siempre estaba abierto y con los camiones preparados para una posible emergencia, pero hoy la emergencia era precisamente permanecer encerrados. La condenada no subía todo lo rápido que a mi me gustaría…y menos cuando oí a Rosalie.

—Oh, oh….

—¿Qué pasa ahora? —preguntó Bella.

—Edward….Edward, metete dentro —susurró.

—No puedo, aplastaría a Jasper…

—Pues aplástalo, joder. Luego le curo…¡Metete dentro!…¡Ya!

Un segundo antes de meter por compelto mi cuerpo en el coche miré hacia atrás. Como no, era un infectado. Y mi puerta no tenía cristal. Justo cuando la puerta se abrió lo necesario para que el coche pasara esa cosa me cogió de la camiseta, queriéndome llevar con él. Oí la rasgadura de la camiseta a cámara lenta mientras el coche entraba en el jodido garaje de la estación. Gracias a los cielos a que esa poli tenía unos reflejos de cojones, de lo contrario nos habríamos chocado con uno de nuestros camiones. Las ruedas chirriaron y el olor a goma quemada inundó el pequeño habitáculo cuando frenó.

Dos de mis compañeros, no distinguí sus caras, tan solo los uniformes, corrieron hacia nosotros mientras la puerta se cerraba de nuevo. Acto seguido, dos fuertes golpes resonaron contra el cierre metálico; sin duda, los cuerpos que nos perseguían se chocaron contra la puerta antes de llegar a su meta, es decir, nosotros. Ecima de muertos, masoquistas. Hay que joderse, esas cosas se ponían como locas cuando se chocaban con una puerta.

—¡Dios santo! —gritó Felix —¿Estáis bien? ¡Os perseguían!

—¡Atrás! —gritó Bella —¡Está herido! ¡Jasper, atended a Jasper! —dijo mientras se bajaba del coche.

Un alma caritativa que pasaba por allí abrió la puerta haciendo que mi cuerpo cayera con todo su peso contra el suelo; al menos agradecí el fresco que me produjo ese choque. Me sentía completamente agotado, como si hubiera recorrido a pie las dos simples calles llenas de obstáculos en vez de haberlas hecho en coche. Me dolía todo; definitivamente necesitaba dormir un par de horas. O veinte. Sentí cómo sacaban a mi compañero del coche mientras yo me revolcaba en mi mierda.

—¡Jasper está sangrando! —oí a Mike. Quise levantarme del suelo e ir a comprobar lo que le pasaba a mi amigo, pero me dolía algo. No podía definir qué cojones era, pero me dolía.

—No es Jasper —murmuró Rosalie —Tiene el apósito limpio. Él no está herido.

—¿Entonces? —dijo alguien.

—Oh, oh —sinceramente, estaba hasta la polla del oh, oh…después de esaas dos simples palabras venía una noticia mala...—Amigos —dijo Black —el que sangra es el tipo que está en el suelo— abrí los ojos como platos. El tipo del suelo era yo, joder.

—¿Qué dices, tío? —espeté. Intenté incorporarme, pero me encontré con la cara de Rosalie en mi campo visual.

—No te muevas, Edward —dijo a una distancia prudencial de mi cuerpo —Estás herido…tu espalda sangra….Creo que te han atacado esos infectados al arrancarte la camiseta….

Pues sí…al parecer mi ángel de la guarda se había cansado de salvarme el culo por hoy…ahora sí que estaba jodido….

·

·

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Alice suspiró cuando al fin la niña se calló.

La pequeña Maddie había estado llorando durante más de dos horas, desde que había empezado el tiroteo en el exterior. No le había extrañado nada el llanto; ella misma había estado a punto de ponerse a llorar en un par de ocasiones. Pero debía mantener la calma y la sangre fría. No era fácil con todas esas noticias que habían estado llegando a través de los noticieros; gracias a los cielos las televisiones dejaron de emitir de repente para dar paso a programaciones repetidas y a la tele tienda.

Lo malo es que después de eso se había ido la luz.

Encendió un par de velas para iluminar el humilde cuarto de estar y veló el sueño de la pequeña. Ella misma se sentía sóla; hacía apenas unos días que había alcanzado la mayoría de edad y ahora se tenía que enfrentar a esto sola. Estaba segura de que todo sería diferente si Nessie estuviera aquí con ella. Lamentablemente, esa misma tarde había cogido un autobús para ir a urgencias porque no se encontraba bien. En el fondo de su corazón, Alice sabía que no volvería a ver a su amiga con vida.

Poco antes de que cortaran la emisión de las noticias había visto en qué condiciones se encontraba el hospital.

Se sentía sola, pequeña y responsable de un ser inocente. Aprovechó el ligero sueño de la niña dejándola en su cuna para ir a la cocina con una vela en la mano. El corto viaje sólo le sirvió para comprobar que la nevera seguía tan vacía como ayer. Y como anteayer.

Apenas quedaba leche en polvo para Maddie, podría llegar a los dos biberones con lo que tenía…y eso estirando mucho el alimento para bebés. ¿Qué debía hacer? Ella podría pasar perfectamente un par de días más con lo poco que quedaba en la despensa; si no recordaba mal le quedaba un paquete de arroz y un par de zanahorias. Pero Maddie era diferente. Ella necesitaba comer a sus horas, de lo contrario saldría el genio de la pequeña y comenzaría a llorar con todas sus fuerzas, y eso no era bueno para ellas. Había descubierto que en silencio estaban mucho mejor.

No le gustaba la idea, pero debía salir a la calle.

Preparó la mochila del bebé a conciencia y por si acaso. Nota mental, intentar conseguir más pañales. Metió los últimos que le quedaban, un babero y un par de mudas de ropa. Nessie la había enseñado que con los niños era mejor pasarse que no quedarse corta. Preparó las dos últimas tomas que quedaban de leche y las metió en dos biberones.

Esperó pacientemente un par de horas a que amaneciera.

A las seis en punto de la mañana la pequeña abrió sus enormes ojos marrones y miró a Alice. Esta apenas había dormido en todo el día; oía ruidos por todos lados, le daba la impresión de que en cualquier momento llamarían a la puerta…y ella había visto a través de las ventanas que la visita no sería grata. Ese virus convertía a las personas en cosas desagradables y horribles.

Alice decidió olvidar los pensamientos negativos. Le dio el desayuno a la niña, la cambió el pañal, la aseó y la metió en la mochila para bebés con toda la tranquilidad que pudo reunir. Cogió las cosas de la niña y sigilosamente se acercó a la puerta. Quitó los dos seguros y se asomó. Nadie. Salió fuera y cerró la puerta. Maddie estaba tranquila y ella también por ese simple hecho. Bajó despacio las escaleras sin encontrarse con nadie. Respiró hondo soltando todo el aire que tenía acumulado en sus pulmones cuando finalmente pisó el exterior.

Las calles estaban desoladas.

Ella sabía que debía de quedarse en casa, era peligroso salir ahí fuera. El día anterior habían venido los militares a llevarse a la gente, pero ella se había negado a irse con todos esos desconocidos. Ya no se trataba de ella sola; tenía que mirar por alguien más. Por esa razón se encontraba ahora pululando por las calles solitarias de Manhattan. Necesitaba encontrar algún sitio, algún supermercado abierto…alguna tienda. Necesitaba comida, sobre todo leche para ella.

Alice miró hacia abajo y miró a la niña de tres meses que se resguardaba en la mochila porta bebés…necesitaba cuidar de ella….Por eso estaba aquí ahora mismo.

Sabía que era extremadamente temprano, apenas las siete de la mañana; demasiado para que alguna tienda estuviera abierta. No, no, no…debía de ser realista. Ninguna tienda permanecería abierta con el maldito caos en el que se había sumido la ciudad horas antes. Daba lo mismo. Si las tiendas no estaban abiertas ella las abriría. Si tenía que robar lo haría…Además, había una tienda en la esquina de su calle; ese tipo oriental abría la tienda a horas intempestivas…así que lo intentaría. Seguro que allí encontraría lo poco que necesitaba.

Se concentró en los gorgojeos de Maddie para evitar fijarse demasiado en el paisaje solitario que la rodeaba. A poco más de dos manzanas estaba la estación de bomberos, pero seguramente allí dentro no quedaba nadie. No se molestó ni en idealizar el pensamiento de acercarse allí, así que siguió hasta la famosa tienda casi veinticuatro horas.

Ni un coche. Ni una persona. Ni el sonido de un mísero claxon inundando las calles. Nada. ¿Es que sólo había quedado ella en la ciudad o qué?

Avanzó con rapidez pero sin llegara correr cuando vio la esquina; sus ilusiones se fueron por el desagüe cuando vio que el cierre de la tienda estaba medio bajado. Bueno, podría ser peor…el cierre podría haber estado completamente bajado dejándola sin opciones para entrar. Se agachó un poco para intentar observar el interior de la tienda, aunque no pudo ver mucho. Maddie lloriqueó por lo incomodo de la postura a la que le había sometido Alice.

—Ya…ya está —susurró colocándola de nuevo el chupete —Tranquila, pequeña…schhhh

Alice se giró cuando oyó ruidos. En el inmenso silencio de la calle no supo con exactitud de dónde demonios procedía ese ruido; parecía paradójico. La situación era delicada, así que lo haría lo más rápido posible. Entraría, cogería lo necesario y volvería con rapidez a casa….

Algo salió mal en sus planes.

Apenas la dio tiempo a girarse…más que nada porque un par de manos la agarraron desde la espalda y la arrastraron hacia el interior de la tienda. No le dio tiempo a pensar qué la estaba pasando. Simplemente protegió a Maddie con su cuerpo e hizo algo que no practicaba muy a menudo por no decir nunca mientras era arrastrada hacia un futuro incierto…rezó porque a la pequeña no le pasara nada….


¿Qué os ha parecido el capítulo? ¿Cómo creeis que saldrán de esta?

Muchisimas gracias por todos vuestros comentarios, de verdad.

Monikcullen009, Gues, Luzdeluna2012, Ini narvel, Giorka Ramirez Montoya, Neko de Pattinson, Darlyn, Analiaapocaaliptica 2012, PekisLautner, Darky1995, Etzelita, NBellaCullen, Laubellacullen94, VaNeSaErK, Carloka, CamilleJBCO, Kris21, EriM, Guest, Danielemosquera, Lil, Gretchen CullenMasen, ALEANDRACAST, Gatita Swan, LunaS Purple, Beautiful Dragonfly, Guest, Ashleyswan, Petit Chiharu, AlejandraZJofre, Bellaen3D2, Lory24, Nella Cullen, Despatz, Romiina R, Eve Runner, Mayra erika, MonZe Pedroza, Maligrez, Angie Cullen, Kermen eb, IsAbEiA M CuLlEn, Ine Flores M, Karina Masen Cullen, Belagiesom16, JimeBellaCullenSalvatore, Huezito cullen, LizieRossemary12, Alkem Corrales, Helenagonzalez26 athos, Karlita carrillo, Serenity Amaya y a todos los lectores anónimos.

Muchisimas gracias por seguir aquí apoyando esta historia, de verdad. Estoy muy contenta con la acogida que ha tenido, es muchísimo más de lo que me esperaba teniendo en cuenta el tema poco común en el fandom. Mil gracias!

Vale, ahora llega el momento de querer matarme :P Me he dado cuenta de que si pongo un adelanto voy a destrozar la intriga de la historia….así que no habrá adelanto. Para las que no lo sabéis, hay un grupo en Facebook del fic. Ahí subo adelantos un par de días antes de actualizar, Además, de vez en cuando se suben libros de terror ;) Quien se quiera unir sólo tiene que decírmelo.

Dicho esto, nos leemos en unos días, un besote a todos.