Disclaimer: Fairy Tail no me pertenece. Tampoco su corazón(?).

Advertencias: Nada, no hay, no existe. Venga sí, muy posiblemente OoC.

Es claro, la segunda parte. Sólo que esta es tipo drabble.


Segunda parte.

Para la Misión de 100.

(Al parecer literalmente de 100 años tratándose de mí. Todavía me quedan 98)


La alcohólica y el tarado

[...]

—Quédate.


Estaba cansado, sólo quería morirse de una buena vez para dejar de ver su borracho rostro. Porque es que le encantaba hacerlo estallar, una y otra vez, y descojonarse con toda la mierda que le pasara. Lo sabía, sabía que mañana despertaría y se acordaría de todo el incordio que le había hecho pasar esa noche. Sonreiría, se haría un café, entonces planearía alguna otra cosa. Al final era imposible que él no cayera.

Después de todo la quería, ¿qué más podía hacer? Incluso si se sentía un completo idiota, el tarado supremo, imposible de derrocar; se preocuparía porque volviera a emborracharse, porque tal vez alguien la encontrara antes que él y la dañara, porque quizás igual y Cana iría fuera de casa, totalmente ebria, porque le salía de los ovarios y a tomar por culo.

No importaba si no quería, su corazón temía si la sabía en algún peligro inminente.

Por Cana era capaz de salirse miles de veces del trabajo cuando no debía.

Por Cana podía golpear a alguien hasta romperle la cara sin sentirse culpable más tarde.

Por Cana, todo por Cana, inclusive el golpe en la espinilla que se llevó con el escalón cuando subía al segundo piso. De pura suerte no se le fue de los brazos.

—Jodida... —Mordió su labio, intentando no hablar muy fuerte— Mierda.

Entró en la habitación, empujando la puerta con el pie dado que ya estaba abierta, sólo para darse con el correspondiente desastre que debía haber en el cuarto de Cana, por ley y obviedad. Intentando levantar bien los pies para no enredar con alguna prenda, llegó hasta la cama. Hizo que sus pies tocaran el suelo para poder apartar el edredón. Por consiguiente, la recostó con cuidado. Se había quedado dormida hace mucho.

Lo último que tenía planeado era arroparla, entonces se largaría y esperaría no verla por lo menos hasta mañana por la tarde. Pero ni siquiera se había dado la vuelta y Cana había subido una mano hasta dar con la suya, que estaba sobre el edredón, cerca de su rostro. Había acariciado su dorso, tomando el control de sus acciones sin mayor dificultad. Estaba en silencio y por un momento él no se movió, no podía dejar de verle la cara. Era una mujer común. Cabello castaño, piel morena, sólo podía decirse que sus ojos salían de lo ordinario.

Había visto a muchas otras mujeres más hermosas y llamativas que Cana, pero estaba seguro de que esas mujeres no harían querer a su corazón salirse al estar en peligro como sucedía con ella.

—Bolt... Quédate —Sus ojos se abrieron levemente. Así, entrecerrados, parecían más brillantes—, ¿si?

Cana abrazó su mano contra su rostro mientras se corría para hacerle un espacio en la cama. Al mismo tiempo, Doranbolt no sabía qué debía hacer. Si se lo pedía de esa manera, llamándolo por el sobrenombre que le había puesto suavemente, sin el tono de burla que solía usar... ¿Qué podía hacer él más que ceder? Tampoco esperaba que de la nada abriera los ojos y le dijera que lo quería.

Para Cana era un amigo, y además ella no era alguien que dijera esas palabras, no al menos hasta que ya parecía estar todo perdido. Incluso si era a su propio padre o al hombre que todavía parecía amar.

Doranbolt se movió para recostarse finalmente en el lugar apartado de la cama. Su mano seguía cerca de su rostro, envuelta por los dedos de ella como si fuera un peluche. Quiso intentar tocar su mejilla al menos, pero sólo cerró los ojos. Al fin y al cabo, decidió, el culpable de su desgracia era él mismo. Débil como era, incapaz de sacarse el corazón para tirarlo a sus pies y darle la espalda. Incapaz de negarse a seguir así.


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Pues sí, el reto este da para romance y cursilerías y yo me pongo a escribir una especie de angst.

No sería yo si no hiciera algo así(?)