CAPÍTULO 12 CORREDOR DE FONDO
Por todo lo sagrado…Mi corazón latía de manera acelerada mientras miraba ese cadáver.
—Oh, Dios mío —susurró Emmet —¿Es…es una infectada?
—Mira su cuerpo. Es evidente que esta mujer tuvo el virus.
—¿Tuvo? —murmuró Bella —¿Cómo sabemos que está muerta de verdad?
Sí, vale…Lo que iba a hacer era lo que menos me apetecía en este momento, pero era necesario. Aguantándome las ganas de vomitar por el olor que desprendía ese cuerpo me acerqué despacio y lo toqué tentativamente con el pie; ni por todo el jodido oro del mundo lo tocaría con las manos desnudas. Lo estaba rozando con la bota y la me estaba dando repelús…El cuerpo inerte estaba rígido, debía de llevar ya unas cuantas horas en esa misma posición, por lo tanto, debía de llevar ya varias horas completamente muerta. De todos modos no me quería jugar mi integridad física ni la de mis compañeros; a tomar por culo y que me perdone el alma de este cadáver…le di una suave patada para girarlo definitivamente.
Joder…
Tenía un lateral del cráneo destrozado, seguramente se lo había fracturado por más de un sitio. El ojo derecho era prácticamente una masa sin forma cubierta de una sustancia que debería de haber sido sangre reseca, pero no lo era. Era esa sustancia de color pardo que cubría parte de las paredes y del rellano en el que estábamos. El otro ojo, el que aún conservaba, era un globo blanco e inexpresivo carente de pupila, al menos no se podía distinguir.
Había estado infectada…y posteriormente rematada.
Sí, pero…¿por quién? Me asomé por las escaleras y miré hacia arriba. Evidentemente no había nada ni nadie; solo un rastro viscoso que cubría los peldaños. Me apostaba un dedo a que esa mujer había llegado hasta la puerta de Emmet arrastrándose.
—Tengo…tengo que entrar…—balbuceó Emmet —Si…si está ahí dentro…Si lo han atacado yo…—Bella le indicó en silencio que se callara.
—Vamos a inspeccionar la casa, ¿prefieres quedarte? —el hombre negó vigorosamente con la cabeza.
—Quiero entrar.
—Está bien. Yo abriré camino, ¿de acuerdo? Edward me cubrirá con su…con su hacha —asentí.
Bella empujó la pesada puerta para terminar de abrirla de par en par. La luz de los ventanales se colaba hasta el pasillo iluminando de manera natural la estancia. El silencio era ensordecedor de cojones; si aún había alguien aquí estaba escondido de puta madre. Podría estar en cualquier lugar. La casa era tremendamente enorme; cuadros pintados a mano, esculturas que parecían valiosas y que seguramente lo eran y demás enseres que quedaban totalmente fuera del alcance de la mayoría de los mortales.
El salón no podía ser menos.
La televisión de plasma de última generación era casi del tamaño de mi casa y los sofás de cuero valían lo que mi sueldo de un mes. Este cabrón de Emmet había tenido suerte hasta un par de días antes…
Pero lo realmente importante no estaba. Seth no estaba.
—No hay nadie —murmuré con el hacha preparada porque ni yo mismo me creía mis palabras.
—¿Tienes alguna habitación de seguridad? ¿Habitación del pánico? —Emmet negó con la vista perdida a la pregunta de Bella.
—No…no…Planeaba hacerlo…desde que Seth se vino a vivir conmigo…Pero no he tenido tiempo, mierda…
—Revisaremos todas las habitaciones, ¿de acuerdo? Vamos, Edward…examinaremos la casa palmo a palmo…por algo hemos venido aquí, joder. No pienso marcharme de esta puta casa sin ese niño —murmuró.
Seguí a Bella en su periplo por la casa; ella llevaba el arma preparada, sus brazos extendidos, sus dos manos bien ancladas en el arma, en tensión….Yo agarraba con fuerza el hacha por si acaso. Más acojonado no podía estar, mierda. Tampoco me detuve a ver si Emmet nos seguía, no quería desviar la mirada por si las moscas. Dios, si ese chaval no aparecía no sabía que cojones íbamos a hacer.
Revisamos la habitación principal. Nada.
Escudriñamos ambos cuartos de baño, retirando las cortinas de la bañera por si pudiera estar escondido ahí. Nada.
Miramos en la cocina, incluso miramos en el interior de la nevera; estas locas ideas que se te pasan por lla cabeza en un momento de debilidad y de terror mezclados con el pánico te podían llevar a esconderte en los lugares más recónditos. Evidentemente, ahí no había nadie.
Bella me codeó y me señaló una puerta en la que había colgado una señal de "prohibido el paso", esas señales que muchos adolescentes ponían en las puertas de sus habitaciones para evitar que los adultos no entraran en sus dominios. Bella se acercó a la puerta y escuchó detenidamente, aunque no se oía nada. Ni dentro de la casa ni en el exterior. Golpeó la puerta ligeramente, pero tampoco se oyó nada.
—No…no contesta….¡Abre ya la puerta, por favor! ¡Seth! ¿Estás ahí?
—¡Cállate! —espetó Bella —Vas a atraer a todos los jodidos bichos a tu casa, tío —luego me miró a mí —Prepárate, voy a abrir la puerta.
Bella alargó la mano hacia el pomo casi en cámara lenta y lo giró igual de despacio, aunque la puerta no se abrió. ¡Cómo no! La alineación de planetas conjurando en nuestra contra seguía vigente. Cojonudo. La mirada que nos dedicamos ella y yo lo dijo todo: era más que evidente que el niño estaba ahí dentro. Se había escondido en la inestable y dudosa seguridad de su habitación en un intento desesperado por escapar de esa cosa que yacía en la puerta de su casa.
El dilema era, ¿lo habría conseguido? ¿Estaba el muchacho sano y salvo? ¿O por el contrario estaba herido? ¿Infectado, quizás?
—Puedo abrir la puerta con esto —dije cortando de raíz la naturaleza un tanto mística de mis pensamientos haciendo que Bella alzara una de sus cejas.
—Pues ya estás tardando.
—Bien, apartaos.
Me aseguré dos veces de que ambos estaban fuera del alcance, agarré bien el hacha, me posicioné…y de un rápido y sordo golpe, casi insonoro, me deshice del trozo de puerta de madera noble que contenía el pomo y la cerradura. Ya estaba. En ese instante no nos separaba nada del chico, estuviera o no en buenas condiciones. Emmet me empujó para entrar, aunque Bella lo paró eficientemente con una mano en el pecho.
—Entraremos nosotros primero, Emmet —"por si acaso". Esas palabras no salieron de los labios de Bella, pero se quedaron flotando en el aire como si se tratara de los bocadillos de una viñeta de comic. El hombre dudó al fijar su mirada en la pistola, aunque finalmente accedió a la petición / orden de la agente Swan.
En ese estado de permanente tensión en la que nos habíamos sumido dede que todo empezó, la poli y yo entramos a esa habitación. Estaba en la penumbra porque la persiana estaba prácticamente bajada en su totalidad. Lo primero que vi cuando entramos fueron los trozos de madera que yo mismo había roto con el hacha. Y no solo eso, también estaban esparcidos por el suelo los fragmentos de lo que en tiempos mejores había sido una silla de escritorio de madera. Por lo demás, estábamos en el interior de un cuarto de cualquier chaval de esa edad. Posters colgados por las paredes, un portátil, una Play Station y un montón de libros desordenados sobre el escritorio. Ropa…ropa tirada por el suelo. Joder, esta habitación no se diferenciaba mucho de la mía.
Aquí había de todo, menos el chico.
¿Cómo podía estar encerrada una habitación por dentro….si en el interior no había nadie? Al menos en apariencia, claro.
—Aquí huele mal —murmuró Bella.
—¿Mal? ¿Cómo de mal? Nena, te recuerdo que tengo la gripe…mi sentido del olfato está un poco atrofiado.
—¿Pasa algo? —preguntó la débil voz de Emmet desde la entrada.
—Espera un poco más ahí fuera —le ordenó la policía —Joder, abre la puta ventana —dijo de mal humor.
Lo hice. Abrí la ventana y subí la persiana dejando que la estancia se iluminara para que se despidiera de ese color tan tenebroso que había adquirido en la semi penumbra en la que estaba inmersa. Nadie bajo las sábanas revueltas de la cama. Ni bajo esta….Nada….
Entonces la jodida puerta del armario se abrió como un coche de juguete se desvanece por las escaleras. Como si hubiera sido algo accidental….
Tanto Bella como yo nos giramos rápidamente para ver cómo una puñetera mano pálida salía del interior haciendo el intento de agarrarse a la puerta, como si quisiera incorporarse. Levantarse. Vi cómo Emmet se asomaba.
Bella me miró completamente seria, entonces supe lo que se le pasó en ese mismo instante por la mente. El muchacho estaba ahí. Seguramente muerto. O herido, que prácticamente era lo mismo. Y lo era. Sabía lo que debería de hacer si ese fuera el caso. Dispararía al muchacho. Iba a hacerlo, no quedaba más remedio….y lo iba a hacer con su hermano a tan sólo un metro de nosotros. Mi policía murmuró algo parecido a un "lo siento". Preparó su pistola, apuntó….y el muchacho se derrumbó fuera del armario antes de que ninguna bala saliera por el cañón.
Ese chico estaba pálido y ojeroso, aunque no se le apreciaban heridas a simple vista. Agarraba con afán una gran linterna de camping. Estaba sonrojado...sus mejillas estaban coloreadas a pesar que parecía no estar consciente….Un muerto no tiene rubor….
—Está vivo…Oh, joder…¡está vivo!
Cuando Emmet entró en la habitación Bella y yo ya estábamos sobre el chaval; ella tenía razón, aquí olía mal. Ahora mismo lo estaba oliendo a pesar de mi jodida gripe y ese olor venía del armario. No era olor a podrido, ese aroma embriagador de los cojones que desprendían los infectados. No.
El interior de ese armario olía a baño de discoteca un sábado por la noche.
Mucho me temía que este chico se había encerrado en el armario desde hacía ya unas cuantas horas, haciendo sus necesidades fisiológicas en el interior sin más remedio. También sospechaba que no había ingerido nada en vete tú a saber cuántas horas, ya que no se veían restos de comida o envoltorios.
—Señor….señor, está vivo —murmuraba Emmet como un mantra. Le abrí los ojos intentando no tocarlo mucho por si acaso. Sonreí cuando vi unos grandes ojos marrones vivos, aunque carentes de brillo.
—Creo que se ha desmayado —dijo Bella mientras le buscaba el pulso —Mierda, está super acelerado y tiene la piel ardiendo.
—Mira sus labios —le dije —Están resecos y agrietados…Tiene síntomas de deshidratación.
—Eso es lo que creo….Emmet, por favor, trae una botella, un vaso con agua…—el hombre tardó dos segundos en entrar al baño de su hermano y coger un vaso de agua. Con cuidado le levanté la cabeza para que Bella le diera un poco de líquido. Le mojó los labios así como la cara —Seth….Hey, chaval…Estamos aquí —dijo dándole pequeños cachetes en las mejillas. Volvió a mojarlo con agua —Vamos…despierta…—los párpados del chico vibraron hasta abrirse medianamente. Estaba muy débil.
—Está….está ahí…—dijo con voz rasposa —Fuera…sangre….sangre —sollozó.
—Tranquilo, ahora estás bien. Está aquí tu hermano — dije por si acaso me oía en su delirio febril. Fui a arrebatarle la linterna, pero se empezó a sacudir, tirando con fuerza de la linterna para evitar que se la arrebatara mientras negaba con la cabeza.
—Deja la linterna —murmuró Bella —Tiene sangre. Y creo que también tiene restos de cuero cabelludo —me aparté de la linterna y de Seth en cuanto oí a Bella —Tenemos que sacarlo de aquí cuanto antes y que la doctora lo trate, seguramente necesitará que le administre líquidos. No sabemos cuánto tiempo lleva en estas condiciones.
—Yo lo cogeré —dijo Emmet mucho más calmado —Yo lo llevaré en brazos.
—¿Podrás con él hasta donde hemos dejado el coche? —el hombre me apartó casi con brusquedad. Me contestó sin mirarme.
—Aunque no lo parezca soy un hombre fuerte. No me habré expuesto a las situaciones más difíciles como tu…pero definitivamente sí podré con mi hermano hasta el coche —eso es. ¡Zas! En toda la boca, Edward. Eso te pasa por dar rienda suelta a tu lengua idiota.
Emmet cogió con cuidado a su hermano semi inconsciente. Debido a su estado finalmente la gran linterna de deslizó de entre sus dedos sin quejarse por ese detalle, gracias a los cielos. Estaba impregnada de sangre y restos humanos. ¿La habría usado para defenderse de la cosa que había tirada frente a su felpudo? No estaría seguro de eso hasta que el niño lo contara de sus propios labios…pero si había sido así, el chaval le había echado más huevos que el caballo de Espartero al partirle la cabeza a un muerto viviente con una jodida linterna.
Y luego se quejaban de mi puñetera hacha.
—Haremos el mismo procedimiento que hemos hecho para venir, ¿entendido? —dijo Bella —Cuando lleguemos a la calle iremos lo más rápido posible hasta el coche. Esperemos que el viaje de vuelta sea tan fácil como el de ida —murmuró más para sus adentros que para los demás.
Que el que está ahí arriba que oiga, nena.
Bella y yo nos pusimos en la cabeza del pequeño grupo que formábamos para irnos de una puta vez de ese edificio en el que, de momento, sólo habíamos visto soledad, silencio y miedo encerrado. Tenía unas ganas locas de sentirme en la completa seguridad que me ofrecía el interior de mi adorada estación de bomberos, quitarme las putas botas y encontrar un jodido paquete de tabaco para fumarme un cigarro en el patio. Después quería ver a mi amigo, quería asegurarme de que la doctora Mala Hostia le estaba cuidando bien….Joder, quería un poquito de tranquilidad y tener alguna noticia buena. Sólo quería eso.
¿Acaso era mucho pedir?
Cuando volvimos al rellano tuvimos que pasar por encima del cadáver rematado, aunque como ya ni me fiaba ni de mi sombra, lo miré atentamente. Sólo por si acaso….porque si así fuera no iba a dudar ni un solo segundo e ¡n hacer uso por segunda vez de mi arma. Se lo había dicho a Bella; jamás había usado alguna de nuestras herramientas de trabajo, pero tenía claro que no iba a arriesgar la seguridad de mi grupo y de mi mismo.
Si tenía que rebanar alguna mano mal rematada lo haría, aunque me costara unas cuantas náuseas.
Bajamos el segundo piso sin novedades a la vista; fue en el primer piso donde empezaron los miedos y las complicaciones. Desde esa distancia se podían oir los ruidos de los muertos en el exterior. Y así era. Cuando llegamos al gran hall del edificio un par de docenas de infectados estaban en la puerta esperando para recibirnos como un novio nervioso el día del baile de graduación. Sólo les faltaba la orquídea para anudarla en nuestra muñeca.
Qué tierno.
—¿Cómo lo hacemos? —la visión de Bella mordiéndose el labio no resultaba muy tranquilizadora para mi.
—No sé….Quizás podría salir e intentar despistarlos, quizás así….
—¿Qué? ¡Ni de coña! —espeté.
—¡No has dejado que termine de exponer mi opción!
—Es que es una opción de mierda que se podría resumir en "puedo hacer de cebo mientras huis" —negué con la cabeza —No, nena.
—Entonces ofréceme algo mucho mejor —dijo cruzándose de brazos haciendo que la cadena de plata que llevaba se moviera entre sus pechos.
—Podría ofrecerte algo realmente bueno —susurré.
—¿Qué has dicho? —me dijo con la vena del cuello hinchada como una jodida morcilla.
—Yo….¿Qué….qué has oído?
—¿Podéis dejar de discutir y retomarlo un poco más tarde? —gruñó Emmet —Os recuerdo que tengo a mi hermano en brazos. Este chaval es grande, mierda….Ha salido a mí, no somos precisamente pequeños.
—Está bien, está bien —levanté la mano e hice un gesto como si estuviera ondeando una bandera invisible —Bandera blanca en señal de paz, siento mucho ser tan bruto, coño. Podemos…podemos….
—Puedes callarte, deja las disculpas para después —dijo Bella —Mira….Se están alejando de la puerta….¡Se están alejando!
Se estaban alejando…Todos corrían como si fueran una manada hacia el mismo lugar. Eso quería decir que otra cosa —persona —había llamado su atención de manera suculenta para abandonar los cuatro bocados de carne humana que tenían delante de sus narices. Se me revolvió el estómago al imaginarme tal escena, imaginarme a alguien a tan sólo unos metros de nosotros siendo sacrificado por esas bestias muertas mientras nosotros huíamos.
Sin duda, nos encontrábamos ante la ley del más duro.
Negué con la cabeza mientras liberaba la puerta de su cerradura. Asomé en silencio la cabeza asimilando la dureza de las imágenes que estaba viendo en vivo y en directo. Bueno, quizás por las circunstancias en las que estábamos lo de "vivo" podría suprimirlo. Aquel par de docenas de cuerpos estaban inclinados sobre la calzada, habían atrapado algo…Desvié la mirada cuando vi en la lejanía cómo uno de ellos lamía la sangre del suelo.
Jodidos pervertidos, muertos de los cojones.
—Están entretenidos —susurré verdaderamente apenado —Hagámoslo rápido.
Salí yo primero para sujetar la puerta. Mantuve un ojo en mis compañeros y otro en las bestias pardas que teníamos a unos metros. La carrera de vuelta iba a ser un poco más complicada que la de ida. Emmet tenía razón; el chico era grande y en el estado en el que se encontraba era un peso completamente muerto. Se le notaba la fatiga mientras recorríamos lo más deprisa que podíamos la gran avenida a la que nos enfrentábamos.
—Vamos, un poco más….Sólo unos metros, Emmet —lo animé.
—Cómo se nota que sólo llevas un hacha en la mano, yo….
—Oh, no….—murmuró Bella —¡Corred! ¡Corred rápido! ¡Nos persiguen!
Maldije el momento en el que miré hacia atrás; las dos docenas de cuerpos, y alguno más, seguían nuestro rastro como perros adiestrados. Mierda, mierda y remierda. Necesitaba ya ver los coches accidentados, detrás de ellos estaba el Volvo plateado de Bella….Vamos, vamos….La impoluta camisa de Emmet ya no lo era tanto; estaba toda empapada de sudor por el gran esfuerzo al que estaba exponiendo su cuerpo. Necesitábamos llegar ya….
—¡Mirad! Ya….¡ya estamos llegando! —grité cuando vi los coches apilados en medio de la carretera.
Sólo unos metros más y estaríamos en el interior del destartalado coche. Sorteamos como pudimos el accidente múltiple y corrimos por la acera.
Eso nos salvó.
Los cuerpos que nos perseguían no parecían tener la misma rapidez de reacción que nosotros. ¿El resultado? Los gilipollas se empotraron contra el acero de los coches, unos detrás de otros. Aún así, no podíamos quedarnos mucho tiempo. Emmet metió con cuidado a Seth en la parte trasera, en cuanto el muchacho estuvo asegurado Bella arrancó quemando rueda para poner tierra de por medio entre nosotros y esos cuerpos.
Una vez dentro no dijimos nada.
El sonido de nuestros jadeos, producidos por la carrera y el esfuerzo, superaron en decibelios al ruido suave del motor. Decir que estábamos con las fuerzas en el suelo era quedarme corto. No me había ganado un cigarro, me había ganado al menos cuatro. Mierda. Casi no sentía las putas piernas y eso que estaba en plena forma.
—¿Cómo está el chico? —preguntó Bella mirando por el espejo retrovisor.
—Intenta abrir los ojos, pero no puede —miré hacia atrás para ver a Emmet acariciando fraternalmente la frente de su hermano —Creo que a parte de la deshidratación también está como en…shock.
—Puede ser —murmuré mientras me agarraba a la puerta para que la maldita conducción de Bella no me matara —Ten en cuenta que ha vivido una experiencia traumática. De todos modos la doctora lo curará —Emmet asintió vagamente.
Volvimos a atravesar toda la Sexta Avenida, simplemente era otro giro de volante a la izquierda y en unos metros llegaríamos a la estación de bomberos. Ya faltaba poco. Apoyé la cabeza en el asiento y dejé que la brisa que entraba por la inexistente ventanilla me diera en toda la cara. Iba a cerrar los ojos, pero un movimiento más que extraño tras los cierres metálicos de una tienda me llamaron la atención.
Estaban subiendo el cierre.
—Para, para….—Bella me miró, obviamente sin hacerme caso.
—¿Qué te pasa ahora?
—He visto…he visto ahí atrás cómo subían un cierre metálico de una de las tiendas. Tenemos que volver.
—No —dijo con rotundidad —Seguramente se tratarán de más infectados. No podemos volver a arriesgarnos y menos con Seth en el estado en el que se encuentra —no dejó de mirar hacia adelante.
—¡Un infectado no tiene la capacidad de abrir un cierre, Bella! He…he visto una mano. ¿Y si ahí dentro hay gente? Gente viva, por el amor de Dios….—paró el coche justo delante del parque y esperó pacientemente a que nos abrieran la puerta para meter el coche dentro.
—No podemos salvar a todo el mundo, Edward….Lamentablemente no podemos….
·
·
·
Alice observó en la distancia al hombre que la había salvado hacía menos de dos horas.
Llevaba unos pantalones vaqueros muy desgastados y bajos de cadera. De hecho, cada vez que se agachaba para asomarse e intentar ver el exterior se le veía el elástico de la ropa interior. Parecía tener entre veinticinco y treinta años, al menos esa barba de varios días le hacía aparentar esa edad, y sobre todo, tenía aspecto de ser un tipo duro.
Había pasado mucho miedo.
En un principio pensó que esas dos manos que la agarraban por detrás y la arrastraban hacia el interior de esa tienda de comestibles eran un par de manos infectadas. De hecho, ese hombre tuvo que taparla la boca para que dejara de gritar para no asustar al bebé. Habría sido un doble desastre que Maddie se hubiera puesto a llorar en ese instante.
Gracias a Dios no pasó nada de eso.
El desconocido la susurró palabras de aliento. La dijo que se tranquilizara en una voz muy suave, tanto que acabó creyéndoselo. Sin decir nada más, ese hombre apartó sus manos del cuerpo de Alice y la observó. En silencio, siempre en silencio, le ofreció a Alice una botella de agua que el dueño oriental de esa tienda jamás vendería. Después la ignoró y se dedicó a mirar de vez en cuando hacia la calle.
Así llevaba poco más de dos horas.
—Ahí están otra vez—murmuró.
Alice se tensó pensando que ese "ahí están" hacía referencia a esas cosas infrahumanas que pululaban por las calles. Pero no. En cuanto el gran desconocido subió un poco el cierre de la tienda pudieron oír perfectamente el ruido de un motor de coche. Alguien, alguien vivo estaba pasando a muy pocos metros de ellos. Quizás podrían ayudarlos, quizás les sacarían de ese sitio….Agarró a Maddie, profundamente dormida, cuando su salvador mudo salió momentáneamente a la calle. Estaba demasiado asustada para hablar, pero si hubiera podido articular palabra alguna le hubiera pedido a ese hombre que no la dejara sola, por muy desconocido que fuera. Ahora era la única persona viva que estaba con ella.
Alguien debió de oír sus pensamientos ya que segundos más tardes volvió a ver su figura en la puerta. Se agachó para entrar de nuevo y bajar ese cierre metálico.
Ambos se miraron.
El hombre podía ver perfectamente la agitación en el pecho de Alice, podía oír su respiración acelerada…
—Acaba de pasar un coche —Alice pensó que para decir una obviedad mejor habría sido seguir en silencio, aunque no dijo nada —Por lo que he podido ver se han metido en la estación de bomberos…a la vuelta de la esquina —Alice se recolocó en la silla de plástico donde estaba sentada.
—Lo he oído —el hombre ladeó la cabeza y la observó con curiosidad.
—¿Cuántos años tienes? —la joven frunció el ceño algo incómoda.
—¿No crees que antes de preguntarme la edad deberías preguntarme el nombre? No sé quien eres, ni siquiera se tu nombre —el hombre desconocido sonrió vagamente.
—Soy el cabrón que te ha salvado la vida…pero tienes razón, soy un maleducado. Me llamo Garret. ¿Y tú?
—Alice.
—Bien, Alice…ahora, ¿me puedes decir cuántos años tienes?
—Dieciocho —Garret se acercó a ella y observó al bebé dormido entre sus brazos.
—Eres muy joven para ser madre —la chica apretó los labios así como lo hizo con el cuerpo infantil que descansaba en su regazo.
—No…no es mi bebé —murmuró —En realidad, ahora sí…—suspiró —Quiero decir….quiero decir que….el bebé, Maddie….es hija de mi amiga Nessie.
—¿Nessie?
—Sí, Nessie…es el diminutivo de…de un nombre raro….
—Comprendo…Supongo que tu amiga no lo ha superado —Alice negó sin levantar la cabeza —¿Sabrás cuidar de Maddie? —alzó la cabeza con un gesto próximo al enfado.
—¡Pues claro! Yo he ayudado a Nessie a cuidarla, sé cómo hacerlo.
—Está bien, está bien….—dijo Garret —No quería…ofenderte. Tenemos que salir de aquí, este no es un lugar adecuado para ti cuanto menos para un bebé. He intentado llamar la atención de los ocupantes de ese coche, pero no me han hecho caso.
—¿Y qué hacemos? Me…me da miedo salir a la calle y es evidente que no van a venir a buscarnos.
—Si Mahoma no va a la montaña, la montaña irá a Mahona —Alice frunció de nuevo el ceño, pero esta vez contrariada —Tendremos que salir fuera —la chica se encogió sobre sí misma negando con la cabeza —Sí, lo haremos —Garret se acercó a ella lo justo para que no le resultara incómodo —Ahí fuera hay una moto aparcada, creo que es la del dueño de la tienda porque he encontrado unas llaves de la misma marca en uno de los cajones. Puedo conducirla hasta la estación de bomberos, ahí hay gente…
—¿Una moto? ¿Y cómo piensas que voy a subirme a una moto con un bebé encima? —espetó la chica a punto de llorar.
—Es mejor que te montes en una jodida moto a que los infectados encuentren una manera de entrar para cogernos —un sonoro sollozo por parte de Alice le hizo a Garret maldecir por lo bajo —Está bien, he sido un bruto…lo siento…
—No quiero estar cerca de esas cosas —dijo llorando —Las…las vi desde la ventana. Se comen a la gente —Maddie se revolvió inquieta en sus brazos —Tengo mucho miedo —susurró.
—Solo son unos metros, Alice. Y estaremos seguros. No podemos estar aquí mucho más tiempo. Recogeremos unas cuantas cosas, las meteremos en una bolsa y nos montaremos en la moto. Tardaremos menos de cinco minutos en llegar hasta la estación de bomberos.
—Dicho así parece fácil —murmuró Alice limpiándose las lágrimas de la cara.
—Esa es la actitud, pequeña —dijo mirándola a los ojos —Mete a la niña en su mochila, yo prepararé todo.
Alice hizo lo que Garret le dijo.
Él tenía razón. Toda la razón. No le gustaba esta tienda, le daba miedo estar a pie de calle con todas esas cosas revoloteando ahí fuera. Ella quería estar en un sitio seguro, quería que Maddie estuviera en condiciones. Pero tenía tanto miedo a salir ahí fuera….Miró a su salvador, Garret, mientras recogía comida para bebé y leche en polvo y unas cuantas cosas más. No tenía a nadie más en estos momentos en quien depositar su confianza, sus miedos y sus dudas….
—¿Garret? —el hombre la miró mientras guardaba el pequeño botín en forma de comida.
—Dime.
—¿Y si la moto no arranca? ¿Y….si ahí fuera nos atacan? ¿Y si no nos abren la puerta creyendo que tenemos el virus? —dejó la comida y se acercó de nuevo hasta ella.
—No es el momento de hacer conjeturas, Alice. No podemos, no tenemos tiempo para ello. ¿Por qué saliste a la calle? ¿Por qué no te quedaste en tu casa encerrada? —la joven se relamió los labios.
—Nece…necesitaba comida para Maddie —Garret asintió.
—Saliste por ella…Ahora tienes que salir de nuevo por ella. Tenemos que arriesgarnos, Alice —le tendió una mano. Ella dudó, pero al final la cogió —Hagamos esto rápido.
Garret alzó de un tirón el cierre de la tienda dejándolos completamente a merced de los elementos de la calle.
—Ahora o nunca, pequeñas…
Alice miró a la apacible Maddie…Señor, cuidala...por favor...Sus ruegos se vieron interrumpidos cuando, en un punto indeterminado del exterior, no muy lejos, un grito ensordecedor rompía el absoluto silencio de la calle...
¿Qué os ha parecido? Al fin sabemos de Alice y de Seth…¿qué creéis que pasará?
Muchísimas gracias por todos vuestros comentarios, de verdad
Vampirekaro, Despatz, Nathy Cullen Black, ALEXANDRACAST, MineMichelle, Aryam Shields Masen, Luzdeluna2012, Ini narvel, Betza MB, JazminC, Javiitaah Hale D' Cullen, Kriss21, Diana Prenze, Denissevel, Manligrez, Elizabeth Lecter, Pekis Lautner, Freekeegirl2, Amy Swan, Nessi swan, Viiviialice, LauCullenBlackSwan, Ashleyswan, Stewpatzz, Huezito cullen, Marciiana, NekoCullenPattinson, Guest, Angle Dark1313, Amorgen Lestrange, JimeBellaCullenSalvatore, Lory24, Tefyta-Cullen, Orisweetcullen, Lil, CamilleJBCO, Yekitab, Alkem Corrales, MonZe Pedroza, Stephanie priegovazquez, AlejandraZJofre, Gatita Swan, Belagiesom16, Eve Runner, Amanda Cullen Salvatore, Yessenya, Darlyn, Laura Katherine, Miss jessygirls, EriM, LunaS Purple, Nella Cullen, IsAbElA M CuLlEn, Gretchen CullenMasen, VaNeSaErK, Bella maru, Jachu Cullen, Analiaapocaliptica-2012, Alejandra, Monikcullen009, DevWaylandCullen, Kimjim, Giorka Ramirez Montoya, Helenagonzalez26-athos, Petit Chiharu, VANE LAUTNER, LizieRossemary12, Bellaen3D2, Karima Masen y todos los lectores anónimos.
Muchas gracias por seguir la historia, de verdad. Nos leemos en unos días, un besote a todos ;)
