CAPÍTULO 13 ESTAMPIDA

Mis compañeros de fatigas y yo suspiramos tranquilos cuando el portón del garaje se cerró a nuestras espaldas. Joder, el camino había sido completito.

Sólo en el interior del garaje tuvimos el valor de bajarnos de ese coche que tiempo atrás había sido una preciosidad y que ahora se caía a trozos. Todos, menos Jasper y la doctora Hale, bajaron a recibirnos como si no nos hubiéramos visto en años. Supongo que lo hicieron para comprobar con sus propios ojos que habíamos regresado de una pieza y sin ningún diente incrustado en la piel. Sí, chicos…estamos bien. Aún conservamos todos nuestros apéndices corporales, gracias…

Todos se arremolinaron a nuestro alrededor, ansiosos por mirar, por preguntarnos, por saber los detalles de nuestra amenísima excursión.

—¿Cómo ha ido el viaje?

—¿Habéis traído al chico?

—¿Cómo están las calles?

—¿Habéis visto a más supervivientes?

Cerré la puerta del coche con más fuerza de la necesaria haciendo que terminaran de caerse unos cuantos cristales de la malograda ventanilla. Gracias a los cielos ese jodido estruendo hizo que mis compañeros y las demás personas allí reunidas se callaran mientras y se alejaran un poco mientras Emmet sacaba a su hermano de la parte trasera del coche.

—¡Un poquito de calma, por favor! —suspiré aun cogiendo aire —Comprendo que queráis saber el estado del exterior y todo lo que nos hemos encontrado en nuestro viaje, pero comprended que estamos exhaustos. No sé cuánto tiempo exactamente hemos estado fuera, pero os puedo decir que no ha sido fácil. Traemos al chico, pero Rosalie tiene que revisarlo. Esa es nuestra prioridad ahora —me pasé las manos por el pelo humedecido por el puñetero calor —Primero él, luego las preguntas.

Nadie puso ninguna objeción ante mi arrebato de héroe de pacotilla.

Todos hicieron un paseíllo para dejarnos pasar. Emmet subió no sin esfuerzo a su hermano hasta el primer piso mientras todos lo seguíamos. Si de por sí no me gustaba nada que estuviera relacionado con médicos ahora estaba desarrollando una fobia patológica maniática con la jodida enfermería; podía jurar que esa habitación la habíamos usado más en dos días que en todos los años que llevaba en el cuerpo de bomberos. Y ya eran unos cuantos. Mientras Emmet dejaba con cuidado a Seth sobre la camilla alguien se encargó de llamar a la doctora.

Esperaba de todo corazón que tuviéramos lo necesario para que el niño se pusiera bien.

Lo había pasado mal, seguramente mucho peor que nosotros. Había estado encerrado en un armario hediondo junto a sus propios excrementos en pleno agosto y con un calor de justicia. Sin comida. Sólo. Muerto de miedo pensando que en cualquier momento o podría entrar esa infectada para atacarlo de nuevo. Podía jugarme la mano derecha a que el chico no había probado un sorbo de líquido desde hacía horas; el nivel de deshidratación a simple vista parecía alarmante.

Rosalie entró en la sala poniéndose un par de guantes nuevos al más puro estilo de la serie Urgencias, abriéndose paso entre nosotros a codazo limpio.

—¿Cómo está? ¿Alguna herida? ¿Algún rasguño sospechoso?—murmuró mientras cerraba la puerta en las narices al resto del grupo.

—No, nada de eso…Pero tiene síntomas de deshidratación —dijo Bella mientras la doctora miraba las pupilas a Seth.

—Como bien ha dicho la poli está deshidratado. Y shockeado. ¿Cómo lo encontrasteis? —preguntó mientras iba hasta el armario de las medicinas.

—En…en el armario de su habitación—susurró Emmet mientras le limpiaba el sudor de la frente a su hermano —En la puerta de mi casa había una infectada. Creo…creo que él la remató —el ceño de Rosalie se frunció.

Desvié la mirada cuando vi que sacaba algo parecido a una vía y se preparaba para pincharlo. Quedaría como un jodido cagón si después de correr los cien metros lisos con unos cuantos muertos vivientes persiguiéndonos ahora me mareaba con una simple aguja y un poquito de sangre. Jodido machote, Edward…

—Bien, le voy a suministrar suero —le pasó a Emmet una botella de líquido y le indicó que lo mantuviera por encima de su cuerpo —Lo primordial es recuperar los líquidos perdidos y que su cuerpo empiece a recuperar sus funciones correctamente.

—Pero aún no despierta —dijo Emmet desesperado.

—Déjalo. Deja que su mente se recupere —Rosalie le cortó la camiseta con unas tijeras y examinó su cuerpo en busca de alguna herida o contusión. No tenía nada —¿Cómo estarías tú si hubieras tenido que enfrentarte a una situación como la que él ha vivido? Es grande, pero sólo es un niño…—suspiró —Cuando despierte necesitará tu cercanía. Menos mal que te tiene a su lado, de lo contrario sería terrible para él verse rodeado de extraños…Todo esto puede resultar traumático….

—Lo es —murmuré. Rosalie reparó de nuevo en nuestra presencia.

—Está bien, aquí hay mucha gente. Tú —señaló a Emmet —te quedas con el niño. Vosotros —nos señaló a Bella y a mí —Podéis abandonar la enfermería a la de ya. Dejemos respirar al muchacho…

Tardamos cero coma segundos en abandonar la enfermería.

Como para no hacer caso a esa fiera…Bella y yo nos miramos un poco confundidos por la situación, aunque no dijimos nada. Salimos en silencio hasta el pasillo donde todos nos esperaban con tensión latente y palpable en el ambiente.

—¿Cómo está el chico? —preguntó Félix.

—Deshidratado y en shock —dijo Bella —Pero es joven y fuerte. Estoy convencida de que se repondrá pronto.

—Está bien, eso es lo importante…Ahora descansad, sentimos el acoso y derribo que os hemos hecho al llegar —dijo mi compañero —Estábamos ansiosos porque regresarais. Tomaros vuestro tiempo….ducharos, comed algo…Os estaremos esperando en la sala —sonreí a duras penas.

—Gracias por tu comprensión, tío…En un rato vamos.

Los chicos abandonaron el pasillo dejándonos a Bella y a mí completamente solos. Después de todo lo que habíamos vivido nos habíamos quedado sin palabras. Cojonudo. Mi mente aún estaba en la calle, en los infectados corriendo por la avenida y en ese cierre metálico subiéndose. Pensar que ahí fuera podía haber gente que podría necesitar nuestra ayuda me ponía enfermo. Pero Bella tenía razón; no estábamos en las mejores circunstancias como para hacernos los héroes. En esta salida estuvimos a punto de morir al menos en dos ocasiones…estaba seguro que el de ahí arriba terminaría cansándose de guardar nuestros culos si nos comportábamos como unos inconscientes durante mucho tiempo.

—¿Edward? ¡Edward! —volví al presente cuando escuché la voz de Bella llamándome —¿Dónde están las duchas? Necesito sacarme este jodido sudor de encima.

—Oh, claro…¡claro! Al fondo del pasillo a la derecha, allí dentro encontrarás toallas limpias, gel y champú —se me quedó mirando fijamente. Rodé los ojos —Si te preocupa el hecho de que yo pueda entrar mientras tú estás duchándote olvídalo. Estás muy buena, nena…pero no soy un pervertido de mierda y…

—¡Vale, vale! ¡Lo he pillado! —¿fui yo o lo que vi en sus labios fue el asomo de una sonrisa?

Yo mismo sonreí mientras veía cómo Bella se alejaba de mí por el pasillo. Me rasqué la cabeza, completamente confundido por mis reacciones y las suyas. Edward….estás jodido, tío. Me escabullí de la soledad del pasillo antes de que hasta mis oídos llegara el sonido de la ducha; imaginarme a Bella bajo el agua, mojada y resbaladiza me ponía muy loco. Mantente alejado del baño, territorio vedado. Me escurrí sigilosamente hasta la gran habitación donde dormíamos cuando hacíamos guardia para ver a Jasper.

Cuando llegué pude escuchar su respiración entrecortada desde la puerta.

La hostia….Mi amigo se había convertido en una piltrafa humana en pocas horas. No era quien para hablar de estados físicos porque yo mismo estaba hecho una mierda; sucio, sudado, griposo y con las espalda herida. Sí, lo sé…Lo tenía todo…pero era evidente que Jasper se llevaba la peor parte en cuanto a salud me refería. Estaba encogido sobre sí mismo, vestido con tan sólo su ropa interior. Las sábanas apenas le tapaban medio cuerpo. Sudaba…joder, sudaba demasiado. Era más que evidente que tenía fiebre. No pude evitar que un gesto de dolor cruzara mi cara. Al parecer, la mierda que había en la calle cuando se clavó el cristal fue el detonante para que la infección de la herida se expandiera como la pólvora.

Su sueño era completamente intranquilo. Se agitaba, murmuraba cosas incoherentes….se estremecía…¿Qué podíamos hacer? Sólo nos quedaba confiar en el buen hacer de la doctora gruñona y esperar a que el mal trago pasase cuanto antes. Me senté en la cama junto a él, mirándolo. Era el jefe en el trabajo pero un gran amigo fuera de él. Supongo que en estos momentos la vida se estaba cebando con los más débiles…¿Esto era lo que nos esperaba por ahora? ¿Estas condiciones infrahumanas? ¿Infecciones? ¿Miedo? ¿Dolor? ¿Durante cuánto tiempo? Sinceramente, no quería que el resto del grupo conociera los detalles de todo aquello que vimos durante nuestro corto viaje, pero era normal que quisieran saber. Todos teníamos derecho a conocer qué era lo que estaba pasando ahí fuera. Nosotros sólo habíamos visto una parte de la ciudad, pero era más que evidente que el resto estaría en las mismas condiciones. ¿Y el resto de las ciudades? ¿Y los puntos seguros? Quizás Mike tenía razón, quizás lo más razonable y seguro hubiera sido subir a esos camiones y dejar que los demás cuidaran de nuestra seguridad, aunque no estuviera en mi naturaleza dejar mis problemas en manos de los demás.

Como si fuera una madre cuidando de su cachorro arropé un poco más a Jasper antes de salir de allí.

Había pasado un tiempo prudencial en el que, seguramente, Bella ya habría salido de la ducha, por mi bienestar mental. Caminé hasta el final del pasillo tentativamente y casi con miedo, intentando escuchar el agua correr…pero ya no se oía nada. Aun así, di un par de toquecitos en la puerta avisando de mi presencia, sólo por si acaso. No me apetecía que me cruzara la cara de un tortazo.

—¡Ya termino! Puedes pasar.

Entré en cámara lenta.

El baño desprendía una deliciosa humedad. El olor a gel y limpieza era una delicia para mis sentidos; era más que obvio que mis huesos y yo necesitábamos una buena ducha. Una ducha y un cigarro, a poder ser. Lo primero que vi cuando entré fue la espalda humedecida de Bella. Sin camiseta. Gracias a los cielos llevaba puesto ese sujetador negro sin necesidad de que me diera un ataque de nervios por ver más piel al descubierto. ¿Qué coño te pasa, Edward? No eres precisamente una hermanita de la caridad; en cambio, ahora te ha faltado muy poco taparte los ojos completamente avergonzado por la visión de una mujer semi desnuda cual jovencita sonrojada frente a su primer novio. No. No era cualquier mujer. Se trataba de Bella, mi poli mala. ¿Por qué me alteraba tanto la presencia de esta mujer?

—Oh, perdona. Has dicho que podía entrar…—balbucee mientras cerraba los ojos—No importa, espero fuera…Lo siento, lo siento…No he visto nada, te lo prometo….

—Abre los ojos o te tragarás la puerta —espetó. Abrí un ojo esperando no ver nada indebido, pero lo que vi fue el marco de la puerta del baño a menos de dos centímetros de mi nariz… Mierda, había estado a punto de hacer el gilipollas delante de Bella. Otra vez. Me giré con un poco de miedo justo cuando ella terminaba de ponerse la camiseta —Esta ropa está asquerosa —murmuró mirando con asco su camiseta.

—Puedo…puedo dejarte algo de ropa. Te quedará enorme, pero al menos así podrás lavar la tuya mientras tanto—asintió despacio —Está bien, iré a buscarte algo y….

—No hace falta que vayas ahora. Dúchate primero —dudé —Oh, por Dios….dúchate, apagafuegos…Apestas.

Olfatee mi camiseta. Oh, mierda…Tenía razón. Me quité la camiseta por el simple hecho de hacer algo; los jodidos nervios me estaban ganando la batalla delante de Bella, como iba siendo costumbre. Me la quité demasiado deprisa sin recordar mis heridas. Sisee cuando sentí que la camiseta se me había pegado a los cortes.

—¡Mierda! ¡Cómo escuece!—Bella se acercó a mis espaldas observándome con ojo clínico.

—Eres un puñetero bruto —espetó —Te has levantado las costras de las heridas. Estás sangrando de nuevo —genial.

—Jodidamente bien —dije con ironía —Me curaré cuando salga de la ducha, no vaya a ser que te marees por mi apestoso olor corporal —dije en el mismo tono.

Bella se dedicó a poner los ojos en blanco antes de salir del baño; a esto le llamaba yo tensión sexual no resuelta por mi parte. Lo demás, eran tonterías.

Me despojé de la ropa sucia que llevaba y, que según Bella apestaba, y la eché al gran cesto de ropa para la colada; a saber cuándo lavaríamos esa jodida ropa. Contuve el gemido de placer que casi salió de mis labios cuando el agua fresca rozó mi piel llevándose la porquería de la calle en el proceso. Era una gozada sentir el agua resbalando por mi cuerpo. Me enjaboné de arriba abajo disfrutando como un enano en un día de piscina. Ah, Dios…lo que daría por volver a esos días en los que mi gran preocupación eran los cromos de la liga de fútbol y no correr como un desesperado para que no me almorzaran…Cuando me sentí completamente limpio salí de la ducha. Me envolví en una toalla dispuesto buscar algo de ropa medio decente para mí y para Bella; en esos momentos no me preocupaba mucho por las tendencias de moda y creo que a ella tampoco así que cualquier cosa que estuviera limpia me valía…

Con un escozor en la espalda de cojones, descalzo y dejando un reguero de agua a mi paso, caminé por el pasillo mientras me secaba con la toalla. Justo cuando deslicé esta de mis caderas dejándome como mi pobre madre me trajo al mundo, apareció Bella en el pasillo con vestida con una camiseta de uniforma cinco tallas más grande.

Su boca se convirtió en una perfecta "O" mientras yo intentaba tapar mis partes íntimas. Bella desvió la mirada hacia mi cara aguantando una sonrisa mientras apretaba contra su pecho algo de ropa y algo más.

—Me alegro que verme medio desnudo te provoque, aunque sea risa —negó con la cabeza.

—No era mi intención verte eso —señaló mi entrepierna —En realidad venía a hacerte un favor, pero si quieres me marcho —¿un favor? ¿Estando yo desnudo? ¿Dónde cojones firmo?

—¿Un favor?

—Venía a curarte —alzó un bote de antiséptico y un paquete de gasas que traía entre la ropa.

—¿En serio? —suspiró.

—En serio. Rosalie está aún ocupada y tú solo no alcanzarás a desinfectarte los cortes. Tómatelo como mi buena acción del día.

—Oh, pues….vale. Te lo agradezco, tía.

—Si te pagaran un dólar cada vez que dices tía serías jodidamente rico —murmuró —Toma —me tiró unos pantalones limpios —Ponte eso fuera de mi vista, tapa tus miserias y busquemos un lugar en el que pueda curarte.

Gracias a momentos como este me olvidaba un poquito del horror del exterior.

Antes de que Bella se cansara de mis tonterías, me puse los pantalones en dos segundos y corrí para ponerme a su altura. Se asomó al despacho de Jasper y me animó con la barbilla a pasar.

—He visto a tu amigo —murmuró mientras yo me sentaba en el sillón que había tras su escritorio.

—Está jodido —susurré.

—Lo sé —sentí como el desinfectante recorría mi espalda. Luego Bella se encargó de limpiar las heridas con las gasas. Suspiré —¿Duele?

—No tanto como ayer —no era del todo cierto.

En realidad no me había dado cuenta de lo que dolía hasta que Bella no me tocó. Quizás aguanté más esta sesión de enfermería por el simple hecho de que me la estaba haciendo ella. Como un jodido masoquista me sentí tremendamente complacido por sentir sus manos en mi piel. Terminó de limpiar mi espalda para después tirar las gasas sucias a la papelera.

—Ya está. Tienes que mantener las heridas limpias de lo contrario se te infectarán —me levanté y la encaré.

—Gracias —no me contestó; encogió los hombros quitándole importancia.

—Tus compañeros nos están esperando en la sala —me tapé la cara con las manos.

—Es cierto. ¡Joder! Necesito un cigarro…creo que en mi taquilla hay algún paquete descarriado…

—Ahora no hay tiempo para eso. Esa gente quiere saber, Edward….tienen derecho —asentí dándola la razón; no me convenía discutir con ella porque seguramente saldría perdiendo. Salimos juntos de la oficina —Además, fumar mata, ¿sabes?

—¿No me jodas? Ahora mismo te puede matar el simple hecho de poner un pie en la calle. Mis pobres pulmones y yo podemos permitirnos el lujo de intoxicarnos con el humo de un pitillo. No sé cuándo cojones puede ser el último…

Bella no volvió a replicarme nada.

A pesar de los momentos vividos con ella en el baño y en la oficina de mi jefe mi ánimo había decaído en diez puntos. No era mi sensación personal, era cierto que cada vez estábamos más y más jodidos.

Todos nos miraron cuando pasamos a la sala de ocio. La televisión seguía en punto muerto, olvidada y casi repudiada porque la muy zorra no daba ninguna noticia, aunque el silencio atroz era cortado con los murmullos y las conversaciones a media voz de los hombres que componían la escena.

—¿Estáis mejor? —preguntó Mike. Bella y yo asentimos.

—¿Cómo…cómo están las calles? —preguntó Quil, uno de los chicos —¿Hay…hay muchas cosas andando por ahí? —apreté los labios.

—Sí —dijo Bella con rotundidad. Muy bien, cariño…sin paños calientes —Hemos sido los jodidos protagonistas de una persecución en toda regla típica de una película de acción.

—De horror —la corregí —Las calles están en calma, parece que no hay nada ni nadie….—me senté en uno de los sillones ante la atenta mirada de mis compañeros —Peros después, como de la nada…surgen ellos —silencio.

—¿Cómo se comportan? —todos desviamos la mirada para observar a Black —¿Qué? ¿Acaso no puedo preguntar? —se levantó y caminó hasta nosotros —No es mala idea intentar descubrir su método de actuación. Es algo francamente efectivo. Observar a la banda rival y machacar los puntos débiles que encuentres cuando se libre la batalla.

—¿Bandas? —murmuré —Hablas como un puto líder —me miró como si eso fuera más que obvio —Jodidamente perfecto. No podemos comparar el modus operandi de bandas callejeras a eso que hay ahí fuera. La principal diferencia es que ellos están muertos…

—Black tiene razón —dijo Bella haciendo que la sonrisa de este se torciera en un gesto casi grotesco por la cicatriz de su labio. Le faltaba un poco de pintura en su jodida cara para parecer al Jocker —Anoche estuve observándolos desde la ventana —se sentó a mi lado —No vi a muchos, cuatro, cinco…En solitario se mostraban despistados, incluso torpes. Nada que ver con lo que hemos visto hace un rato —ladee la cabeza.

—De lo que me he dado cuenta es que parece que no ven. Sí oyen, porque cuando has disparado han reaccionado de puta madre. El sentido del olfato también les funciona a la perfección y no digamos del gusto —murmuré asqueado —En resumen, solos son unos mierdecillas pero juntos son mortales de necesidad —silencio de nuevo. Hora de cambiar de tema —Mmmm, ¿se sabe algo por radio? ¿Habéis conseguido saber algo? —Félix negó.

—De momento no. Sólo se oye estática y murmullos ininteligibles, así que vamos a intentar con otras frecuencias a ver si damos con algo. ¿Y vosotros? ¿Habéis visto a algún superviviente?

—Pffff —solté todo el aire de golpe —Vimos….vimos algo, justo en frente del edificio donde vive Emmet. Los infectados lo cazaron delante de nosotros sin dejarnos ver de quien se trataba. Y cuando veníamos me pareció ver movimiento en la tienda de la esquina…

—Pero yo no quise parar —dijo Bella —Ya habéis visto en qué estado está el niño. No quise arriesgarme.

—Bien…tienes razón. Hicisteis bien —dijo Félix —No estamos en condiciones de arriesgar ni nuestra seguridad ni lo poco que tenemos, al menos por ahora. Quizás en un par de días, cuando nos hayamos establecido en condiciones podremos pensar en salir e intentar rescatar a esas personas y….¿Qué coño es eso?

—¿El qué? —susurré.

—¡Schhhh! —todos nos callamos de nuevo.

En principio no oía nada más que el murmullo de la estática de la radio perdiéndose por el pasillo. Todos agudizamos el oído.

Un grito. Y algo más.

Sí….ahí estaba.

No podía definir muy bien qué demonios era. Lo único que se me venía a la mente, y gracias al Discovery Channel, era el ruido de una jodida estampida. Era como si algo grande se acercara a nosotros de manera inminente. Un zumbido, algo que no crecía ni decaía. Algo oscuro que se acercaba hacia nosotros. No podía definir por dónde venía, simplemente el ruido estaba ahí. Black despuntó del grupo levantándose para asomarse a la ventana. El gesto de su cara cambió de nuevo; esta vez no se hizo el chulo ni puso una sonrisa socarrona en su boca deformada.

No.

Esta vez su tez morena palideció considerablemente haciendo que todo el grupo se preocupara, incluido yo.

—Habéis dicho que en grupo son unos depredadores natos, ¿no? —no contestamos, no era necesario —Pues estamos jodidos.

—¿Qué demonios pasa? —me acerqué a la puta ventana de dos zancadas. Si esto se trataba de una broma de mal gusto por el presidiario de los cojones me iba a ver realmente enfadado.

Pero no.

No era una broma.

No se podía ver la calzada ni las aceras por la cantidad de cuerpos que inundaba las calles. Vi con mis propios ojos como una marabunta de infectados arrasaba con todo lo que tenían a su paso. Gemían, jadeaban y se mordían entre ellos mientras recorrían las calles con paso firme. Si uno caía lo pisaban sin contemplación, daba lo mismo. No sentían dolor, no veían...pero eran mortales. ¿Dé dónde habían salido todos estos cuerpos? ¿Qué cojones era esto?

—Oh, dios…Edward, mira. Mira delante de ellos.

Entrecerré los ojos intentando ver u oír algo. La sangre se me heló como un jodido témpano de hielo al ver una pequeña moto scooter delante de ellos. Iban dos personas en ella, portaban un par de bultos. El piloto intentaba dar gas a la puñetera moto…con nulo resultado. Los iban a coger, los iban a coger...Oh, señor...

Si no hacíamos algo una horda masificada de cuerpos infectados acabaría con ellos delante de nuestras narices. Mi conciencia no me dejaría vivir si dejaba morir a otra persona delante de mí. No.

Tenía que hacer algo...

·

·

·

Se sentía en el jodido infierno.

No sabía exactamente cuánto tiempo llevaba así; los segundos, minutos y horas habían pasado a un segundo plano dejándolo en la más absoluta soledad. De todos modos antes había sido peor.

Jasper notaba su frente mojada, así como el resto de su piel. ¿Tenía fiebre de nuevo? Seguramente…No sabía si había dejado de sentir dolor gracias a los fármacos que le había administrado la doctora o por el cansancio que tenía. Quizás era una extraña mezcla de todo. Hacía no mucho había notado las manos enguantadas en látex de la doctora Hale sobre su espalda. Lo giró, al menos él lo sintió así, y le bajó ligeramente la ropa interior.

Le inyectó algo, aunque no tuvo fuerzas para preguntar de qué se trataba.

Ni quería ni tenía ganas de hablar. Después de la inyección se sumió en un sueño. O quizás era una pesadilla, no podía estar seguro. Revivió momentos transcurridos días y horas atrás. Sintió de nuevo en sus carnes el miedo que vivió en el hospital, la angustia de la persecución por esos pasillos, el modo en el que ese infectado lo cogió por el pie haciéndolo caer…El cristal clavándose varios centímetros en su cuerpo. El dolor. Su piel desgarrándose. El escozor. El miedo. El sudor pastoso en el que se estaba revolviendo ahora mismo. La sed. Oh, Dios…necesitaba aire…necesitaba agua, necesitaba salir de su cuerpo y descansar de una jodida vez.

Entonces su mente viajó mucho tiempo atrás.

Su mente febril, débil y traicionera lo llevó a ese tiempo atrás tan diferente a la actualidad. Viajó a esa época en la que era plenamente feliz, en la que tenía varias razones de peso por las que seguir adelante, por las que vivir….

En sus sueños apareció María.

Su mujer volvía a ser preciosa. Su larga melena negra caía por su espalda, se movía deliciosamente mientras ella se reía a carcajadas por alguna de las frases tontas que solía decir simplemente para provocar su risa. Le encantaba oír sus carcajadas, ver sus mejillas sonrojadas…El embarazo le sentaba muy bien. Ver su cuerpo redondeado era maravilloso. Podía pasarse las horas muertas con su mano sobre el estómago de su mujer esperando a que su pequeño quisiera moverse. Cuando sentía ese sutil movimiento bajo sus dedos se sentía como el hombre más afortunado del mundo. Lo era. Tenía una mujer maravillosa, en pocas semanas nacería un hijo tan hermoso como ella…y tenía un trabajo en el que se dedicada a salvar vidas. ¿Qué más le podía dar la vida?

No pidió nada, pero la vida le devolvió dolor.

Las imágenes hermosas y tiernas dieron lugar a otras horribles. Entre sueños revivió aquel momento en el que le llamaron desde el hospital diciéndole que María se había puesto de parto. El viaje en coche fue una auténtica pesadilla pensando que su hijo pudiera nacer antes de que el llegara. Quería estar presente en todo momento y el tráfico y las complicaciones no se lo estaban poniendo fácil. Atravesó calles a más velocidad de la permitida, se pasó varios semáforos en rojo y derrapó en un par de ocasiones. Cuando llegó a la zona de maternidad del hospital lo hizo empapado de sudor, jadeando en busca de aire. La enfermera que lo atendió quiso avisar a un médico para que lo revisaran a él por el ataque de nervios que llevaba, pero se negó.

Sólo quería ver a su mujer.

—¿Cómo se llama su esposa? —le preguntó la mujer.

—María…María Whitlock. Me han llamado hace un rato —la enfermera tecleó en el ordenador. Su cara cambió a un gesto un tanto más oscuro —He…he venido lo más rápido posible…

—Tranquilícese, señor Withlock…

—¿Ha…ha nacido ya mi bebé? Por favor, lléveme con mi mujer, quiero estar con ella en el momento del parto y….

—Señor Withlock…lamento tener que decirle esto pero….

Su mente jodida, retorcida y enferma por el dolor hizo que hasta él llegara el llanto de un bebé. Era demasiado real, demasiado vivido. Murió sin mí...murieron sin mí...Puta memoria, puta conciencia. Mátame y déjame en paz. No puedo más, no puedo más, no puedo más…Cállate, oh, por Dios….cállate. Quiero dormir, quiero alejarme. Me duele, ardo….Estoy ardiendo. Deja de llorar, deja de llorar…¡Deja de llorar!

Jasper no lo pudo soportar más….Y se despertó en un grito agónico de profundo dolor…


Capi un poco más relajado que el anterior, que hacía un poco de falta! ¿Qué os ha parecido la interacción de Bella con Edward? ¿Creeis que los ocupantes de la moto superaran la carrera y se salvarán? ¿Creeis que Edward hará algo al respecto?

Muchísimas gracias por todos vuestros comentarios

Eve runner, Ayram Shields Masen, Etelaa, Koibito-Marianness, Vampirekaro, Javiitaah Hale D' Cullen, NekoCullenPattinson, Giorka Ramirez Montoya, MineMichelle, Tefyta-Cullen, Manligrez, Darlyn, Gatita Swan, Nathy cullen Black, Nessi Swan, Maria Cullen, VaNeSaErK, Melyna Ortiz, Jachu Cullen, Liz Belikova, Denissevel, Etzelita, Petit Chiharu, Yekitab, Bella maru, Alkem corrales, EriM, Tefyta-Cullen, NBellaCullen, MonZe Pedroza, Guest, Lory24, ALEXANDRACAST, Lil, Danielemosquera, Marcii Choco, Yessenya, Elizabeth Lecter, LauCullenBlackSwan, Belangiesom, Mareenma, Stewpattz, LunaS Purple, Orisweetcullen, Guest, Bella Cullen, Despatz, Monikcullen009, IsAbElA M CuLlEn, Karlita carrillo, Karina Masen, Luzdeluna2012, CamilleJBCO, AlejandraZJofre, Huezito cullen, Amesthys, Gretchen CullenMasen, Carol, Nia Masen, Miss jessygirls, Bellaen3D2, Laura Katherine, Erika, Bella Nympha, Kimjim, JimeBellaCullenSalvatore, Ashleyswan, Amanda Cullen Salvatore, Siempre es solo el comienzo, Amorgen Lestrange, EmilyLuchia y a todos los lectores anónimos.

Me preguntais si van a aparecer los Cullen...Sí, van a aparecer todos los personajes, lo único que algunos tardarán un poquito más en salir. Muchas gracias por el apoyo a esta historia, de verdad. Nos leemos en unos días, un besote a todos.