CAPÍTULO 17 NO HAY MAL QUE POR BIEN NO VENGA
Todos me miraron a mí con detenimiento, esperando mi respuesta tras la pregunta del millón de Bella. ¿Es que me habían visto cara de agorero o qué?
¿Qué les podía decir a todas estas personas cuando yo mismo no tenía ni puta idea de nada? Black tenía razón; salir a la calle con alguno de esos camiones era sin duda un despropósito. Lo miráramos por donde lo mirásemos todo era inconvenientes…Un gasto enorme de preciado combustible completamente necesario, desproporcionadas dimensiones y poca movilidad. Esa era la lista de cosas que no nos podíamos permitir así como así.
Así que, visto lo visto, mi camioneta se había convertido en lo más de lo más del mercado. Me daban ganas de sacarles el dedo medio a mis compañeros aquí presentes por haberse estado riendo de mi trasto durante años.
Volviendo al dilema inicial…Necesitábamos abrir la puerta, otra vez, y meter la camioneta en el garaje lo antes posible. Eso era un hecho indiscutible que iba a ocurrir en pocos minutos. Evidentemente, el grupo estaba asustado. No era para menos…yo mismo lo estaba…pero era algo que teníamos que hacer sí o sí.
De modo que no iba a ser yo el que hundiera aún más la moral de esta gente.
—Claro —intenté sonreír —No tardaremos mucho…además, me he dado cuenta de que trabajo mucho mejor bajo presión —puse mi sonrisa Profident en marcha y miré a los hombres —Salir, abrir, arrancar. ¡Y listo! ¿Algún voluntario que me eche una mano? —de repente se hizo un silencio atroz. A esta escena sólo le faltaba el sonido de un grillo como música de fondo y un par de rueda mundos al más puro estilo de película del oeste. Cabrones…
—Puedo ayudarte yo —dijo Bella dispuesta, como siempre.
—No tía…ni hablar. Tú eres la cabeza pensante de todo este lío…y la que sabe manejar una pistola en condiciones —negué mirándola a los ojos —Eres muy valiosa como para arriesgar otra vez tu vida —Bella se mordió el labio inferior. Nena…haz otra vez eso…
—Yo te ayudaré —se ofreció Félix. No sin esfuerzo desvié los ojos de la mirada de Bella y asentí.
—De acuerdo. ¿Cómo lo hacemos? Desde que vino esa horda de infectados las calles están más que revueltas, hay muchísimos infectados alrededor —noté que Seth se encogía sobre sí mismo completamente incómodo con la conversación. Dos segundos después si cómo Emmet lo obligaba a subir a la planta de arriba alejándolo así de la conflictiva conversación.
—Podemos usar la misma táctica que cuando salisteis a ayudar a Alice y a Garret.
—Guay —dije con cero entusiasmo —Usarnos como cebo por enésima vez…Me parece que estamos empezando a tener complejo de menú del día — murmuré — ¿Tú cómo lo ves? —le pregunté a Bella.
—No es algo agradable para ninguno de nosotros…aunque ayer no salió mal. Si de momento no hay otra opción menor…—se encogió de hombros.
—Entonces lo haremos así —dijo Félix — ¿Quién de vosotros disparará para captar la atención de los infectados?
Miradas furtivas. Silencio de nuevo.
Silencio….silencio….más silencio…
Esta vez el silencio no estaba provocado por la poca disponibilidad de la gente para cooperar en una misión cuasi suicida. No. Nuestros ceños se fruncieron casi a la vez cuando todos nos miramos entre sí.
Ahí fuera había algo.
— ¿Vosotros también escucháis eso? —preguntó Alice —El ruido viene de arriba.
—Sí…—Bella miró hacia arriba como si el techo del garaje le permitiera ver el exterior —Es como…como…
—Es un helicóptero —susurré cuando escuché mejor el ruido. Era inconfundible — ¡Es un jodido helicóptero! —sonreí hasta que me dolieron los mofletes — ¿Sabéis qué significa esto?
Salvación, joder.
Sí….eso es...Los gestos de los presentes cambiaron pintando sus caras de esperanzas renovadas y tímidas sonrisas de emoción contenida debido a esta nueva e inesperada situación.
Esto era malditamente bueno. Muy bueno.
Sin perder el tiempo en nada más todos corrimos hacia el famoso y célebre piso superior; algunos no pararon ahí, siguieron subiendo las escaleras de emergencia para ir directamente a la azotea. Otros, los más ansiosos entre los que me encontraba yo, fuimos hasta el ventanal de la sala conformándonos con una visión de la situación muchísimo más modesta.
A unos trescientos metros se podía ver a la perfección un aparato militar sobrevolando la zona en círculos, justo como si estuviera buscando algo. Y ese algo podríamos ser nosotros, podría estar buscando supervivientes. En el fondo tenía la esperanza de que este día llegara. No nos podía dejar aquí abandonados a nuestra suerte, debía de haber algún sitio seguro en alguna maldita parte de ese país. Sí...antes o después estaríamos seguros…
Podríamos salvarnos.
Nos vería. Ese piloto nos vería de una manera u otra.
—Sí….sí, ¡joder! Un helicóptero militar…un precioso helicóptero… ¡viene a por nosotros! —gritó un entusiasmado Mike.
— ¡Vayamos arriba! —dije emocionado a más no poder y olvidando la excursión que teníamos planeada para ir en busca de mi camioneta. Ahora mi corazón palpitaba como un loco a mil por hora, pero no por miedo…era esperanza lo que sentía — ¡Vamos arriba! ¡Hagamos que nos vea!
Apenas nos dio tiempo a girarnos para abandonar la sala.
Una ráfaga ultra violenta de disparos resonaron en la calle espantando hasta a las ratas que buscaban carroña que comer cerca de las alcantarillas; la primera reacción por nuestra parte fue agacharnos para escapar de esa mira telescópica y taparnos la cabeza para intentar ponernos a salvo.
Cerré los ojos con fuerza mientras oía el martilleo metálico.
Esto no podía estar pasando. Ahora no.
La pequeña Maddie comenzó a llorar con fuerza por culpa de la violenta intervención. No la culpaba por nada; tenía que reconocer que a mí mismo me estaban dando ganas de hacerlo. De hecho, habría sollozado como un bebé de no ser por la vergüenza que eso me provocaría.
De todos modos esta vez las balas no iban dirigidas a nosotros. Tampoco a ninguno de los apartamentos hechos refugios para albergar a nuestros silenciosos y dispersos vecinos supervivientes.
Todos contuvimos el aliento cuando la necesidad de saber qué estaba pasando pudo con nosotros; ahogamos un grito cuando vimos cómo la metralla impactaba en el fuselaje del helicóptero desestabilizando momentáneamente su vuelo.
Si el jodido cazador lo había elegido como su próxima víctima quienquiera que estuviera pilotando el aparato no conseguiría salir ileso de ahí.
— ¡Hostia puta! ¡Le ha dado! —chilló Black — ¡Le ha dado!
Ahí estaba de nuevo. Más disparos.
Los infectados enfurecidos y exaltados por el ruido hirvieron de pura excitación persiguiendo al aparato, intentando levantar sus inmundas y maltrechas extremidades para cogerlo. Dios santo…
Más disparos.
Esta vez los impactos fueron tremendamente certeros y crueles atinando directamente a la cola del helicóptero. A pesar de estar a una distancia prudencial de la escena pudimos ver cómo los trozos de las hélices saltaban por todos lados.
El aparato empezó a dar alocadas vueltas.
Luego vino la caída irremediable hacia el vacío.
Vueltas. Humo. Más vueltas.
Ni rastro del piloto.
Y luego el estruendo del impacto.
En ese momento comenzó la carrera más despótica del mundo, cuerpos inmundos luchando por llegar a la meta, aunque esta vez ese punto ganador no era una cinta, sino un humano comestible. Recorrerían lo que hiciera falta para llegar hasta esa persona que había caído ante sus narices. Se pisarían unos a otros dejándose las extremidades y en el intento, dejando un rastro de fluidos corporales no apto para estómagos sensibles…Era horrible.
Mierda.
—Edward….vamos, Edward… ¡joder! —dejé de mirar la horrible escena de cuerpos muertos para ver a Félix delante de mí. Aún no me había recuperado de lo que había visto, aun así intenté poder atención al gesto grave de su cara —Es nuestro momento, amigo. Es hora de salir, mira —me señaló nuestra calle.
Oh, maldita fuera la visión…tenía razón.
Decía el refrán "no hay mal que por bien no venga"…pues se podía aplicar a nuestra situación en estos momentos. El pobre piloto de aquel helicóptero nos había ayudado a pesar de todo lo ocurrido; él, sin saberlo, se había convertido en nuestro cebo ofreciéndonos una vía de escape. Las decenas de infectados que rodeaban la estación de bomberos corrieron hacia el lugar del impacto, hacia esa torre de humo que alcanzaba mayor altura con cada segundo que pasaba.
Habían dejado la calle prácticamente despejada.
Sin duda era nuestro momento.
Me puse en "modo activado on" para ponerme en marcha. Corrí escaleras abajo siguiendo a Félix mientras los demás aún miraban asombrados la atroz escena. Mejor, mucho mejor de esta manera. Black nos acompañó en silencio aprovechando el momento de confusión dejando a todos los demás ahí arriba.
—Dime que tienes las llaves preparadas —murmuró Félix.
—Si no las tienes puedo ir yo contigo. Dame un trozo de alambre y te abriré el coche incluso con los ojos cerrados —dijo un orgulloso Black de sus artes delincuentes.
—No hace falta —espeté alzando el llavero que incomprensiblemente conservaba —Aquí las tengo.
—Espero que la cerradura de ese jodido trasto esté bien engrasada, Edward —sonreí ante la gracia de mi amigo.
—A la de tres, chicos —avisó Black junto al botón encargado de abrir la puerta —Tres. Abro la puerta y salís corriendo como si tuvierais un petardo en el culo, ¿entendido?
—Cristalino.
—Uno —agarré con fuerza el llavero —Dos —cogí una gran bocanada de aire y me posicioné para mi salida al más puro estilo "cagando leches" — ¡Tres!
Félix y yo corrimos hacia la puerta como si no hubiera mañana en cuanto vimos que se abría. El cambio del interior del parque al exterior era como viajar a una dimensión desconocida de nuevo. El golpe de calor sumado al olor de la putrefacción de los cuerpos, tanto andantes como los que estaban desparramados por el suelo, inundaban el aire de manera completamente perturbadora.
A lo lejos se oían los ya famosos gemidos y lamentos de esas cosas.
Aunque había una parte buena en toda esta escena de la que habíamos sido testigos y esa era que no nos perseguía nadie, al menos por ahora. Aun así no nos permitimos dormirnos en los laureles; corrimos como cabrones intentando emular al gran Carl Lewis, el hijo del viento, batiendo nuestra propia mejor marca personal. Mi trasto, mi montón de mierda hecho coche, mi chatarra personal estaba esperándonos invicta, perfectamente aparcada al otro lado de la calle. Era el único coche que medianamente seguía en pie, gracias a los cielos. Sin duda Chevrolet era la hostia.
Lo conseguiríamos. El camino era corto.
Preparado y empuñando las llaves como si fuera a atacar con ellas me preparé para abrir la puerta en cuanto hiciera contacto con mi trasto.
Dos metros…vamos, un poco más. Un metro….
Sí. Alcancé la carrocería y, con un ojo en mi espalda y otro en la cerradura, abrí la puerta en tiempo record. Quizás los planetas se alinearon para que al fin nos saliera una puta cosa en condiciones. Estuve a punto de ponerme a saltar de felicidad cuando me vi sentado en el interior de mi coche que apestaba a tabaco. Sin persecuciones, sin sobresaltos, sin dientes intentando mordernos…
—No me lo puedo creer —murmuré sentado tras el volante.
—Pues créetelo….y si no puedes hacerlo ahora déjalo para después… ¡ahora arranca!
Por el espejo retrovisor vi cómo un par de cuerpos infectados asomaron por la esquina atraídos por el para nada sutil ronroneo de mi motor cuando el hijo de puta se caló. Volví a girar la llave, la segunda vez no me decepcionó nada. Arrancó como un campeón. Como si fuéramos un solo cerebro, Félix y yo bajamos el seguro de las puertas, aunque mucho dudaba de que esas cosas tuvieran la consciencia necesaria para intentar abrir una puerta.
Sin pensármelo dos veces metí primera. Pisé el acelerador a fondo…
Los disparos volvieron. La papelera que estaba al lado del coche quedó pulverizada en menos de un segundo. El puto cazador había vuelto y con mala hostia. Iba a por nosotros y nosotros le íbamos a sacar el dedo medio con ganas. Por mis santos cojones.
Decidí quemar rueda como si fuera un piloto de fórmula uno. Mi trasto rojo, que no naranja, avanzó de manera casi majestuosa por la calle al límite de su potencia mientras el mobiliario urbano era destruido por un loco de mierda. Que se jodiera. Estábamos a dos metros de la puerta de la estación, no iba a poder con nosotros. Ni él ni el grupo "vivos post mortem".
—Eso es Edward….lo estamos haciendo bien, amigo…—me animó Félix.
Me contuve para no gritar por la presión cuando cruzamos la puerta de la estación haciendo resonar los frenos en el interior. Cuando detuve la camioneta y la enorme puerta que nos separaba del infierno exterior se cerró de nuevo suspiré tranquilo. Aquí no había ni gemidos ni disparos, sólo tranquilidad aparente. Observé cómo todos se acercaban a nosotros. Sus caras eran una mezcla de esperanzas perdidas por la pérdida del piloto militar y alegría por vernos llegar sanos y salvos de ese pequeño viaje.
Félix se bajó de la camioneta para empezar a darse palmaditas en la espalda con los demás hombres mientras gritaba en silencio que estaba encantado por haber salido a la calle y poder contarlo; yo por mi parte no podía moverme. Mi cuerpo había experimentado una especie de parálisis muscular después de cada ocasión en la que había salido a la calle. Era como una especie de trance…evidentemente esta vez no iba a ser menos.
—Ha sido de infarto…de puta madre, bombero —dijo Black a través del cristal. Agarré la manivela y bajé la ventanilla —Me alegro profundamente de que no hayan disparado a este cacharro…Dios, esto es horrible…—dijo pasando la mano por la carrocería desconchada.
—Jódete, Black —el chico sonrió, aunque no duró mucho tiempo esa sonrisa hecha mueca en su cara.
—Está muerto, ¿verdad? —suspiré —El piloto está muerto y nosotros seguimos igual que antes.
— ¿Tú qué crees? —Black suspiró.
— ¿Crees que le habrá dado tiempo para enviar algún tipo de aviso? ¿Un helicóptero no tiene radares o alguna mierda de esas?
—No lo sé. Esperemos que sí. De todos modos ya nos enteraremos…
Vi cómo Bella se acercaba mortalmente despacio a nosotros mirando apreciativamente mi coche…aunque se notaba a la legua que estaba más que enfadada. Oh, oh….Hora de bajarse del coche, campeón.
—No sé si darte la enhorabuena por tener aquí tu culo intacto o echarte la bronca por largarte sin decir nada —debería de estar pensando en excusas para defenderme de la furia arrolladora de Bella pero mi mente no daba para mucho más cuando tenía ante mí a esta preciosa mujer. Joder, qué bien le sentaban estos enfados….
—Ehhhh….prefiero la enhorabuena —me hizo la mirada del tigre mientras pasaba por mi lado. Se acercó a mi coche y lo miró apreciativamente. Vamos…mírame a mí, cariño….
—Habéis hecho un buen trabajo pero que te quede claro, fireman —me señaló con el dedo, casi me rozaba la punta de la nariz —Entiendo que la situación era extrema, pero la próxima vez que queráis haceros los héroes al menos tened la decencia de avisarme, ¿de acuerdo? —estrechó los ojos — ¡Dios! Algún día de estos te patearé el culo… ¡lo juro! —tuve que contener las ganas de sonreír para que mi poli no volviera a derrochar rabia por los cuatro costados. Si ella supiera lo mucho que me ponía cuando soltaba esas perlas por la boca seguramente se lo pensaría dos veces antes de hablar.
—De todos modos no ha pasado nada —murmuré mientras Black revisaba la camioneta.
—No me jodas, Edward…os han disparado. Tenéis que dar gracias a que la calle ha quedado despejada de infectados —asentí.
—Ese pobre piloto nos ha ayudado son saberlo.
—Podría habernos ayudado mucho más de no ser por ese loco que pulula por ahí. Podría habernos sacado de aquí. Podría habernos llevado a un sitio seguro —suspiré por las palabras de Bella.
—Las cosas pasan por algo, ¿no crees? Quizás es aquí donde realmente estamos seguros por ahora. Puede que aún no sea hora de salir de aquí —momento de reflexión profunda para ambos. Y a la espera de una buena contestación por su parte. Pero esa contestación nunca llegó…Quizás había llegado ese momento en el que ambos pensábamos igual.
El motor de mi camioneta retumbó en el garaje.
— ¡Joder, tío! Espero que tengas una buena caja de herramientas al completo —gritó Black intentando hacerse oír por encima del ruido —Estoy empezando a arrepentirme de haber catalogado a este jodido trasto como algo bueno —rodé los ojos —Necesitamos suprimir este maldito ruido pero ya. No entiendo como aún no te has quedado sordo, ¿cuánto tiempo llevas conduciendo esto? ¿Acaso no te han multado por superar los decibelios permitidos? Hay algo que se llama contaminación acústica—miré al tipo con cara de "no me toques más los cojones que los tengo muy sobados" —Vale, vale...—alzó las manos en son de paz —Digamos que esto es mejor que nada….pero que alguien me haga el favor de darme ya las putas herramientas. Aquí tengo bastante trabajo como para no aburrirme…
—Ven, amigo —murmuró Félix. Al pobre no se le había quitado la sonrisa, estaba súper contento por nuestra divertida excursión —aquí está la caja de herramientas, tenemos todo lo necesario.
Bella y yo vimos cómo ambos hombres se alejaban para ponerse manos a la obra; si esto iba a ser así siempre me iban a salir canas prematuras.
Puse las manos en jarra sobre las caderas y me dediqué a mirar la nada durante unos segundos. Bella tenía razón; que al hijo de puta del francotirador le dieran ganas de jugar a tiro al helicóptero precisamente hoy nos había dejado de nuevo en las mismas condiciones que antes. La vida nos había ofrecido una magnífica oportunidad para salir de aquí y un cabrón con metralleta se la había cargado de un plumazo.
Unos toquecitos en el hombro me hicieron girarme. Por un momento pensé que podría ser Bella, pero no. Era Alice con el bebé mucho más calmado entre sus brazos.
— ¿Y ahora qué vamos a hacer? —preguntó la chica con la cara inundada en inocencia verdadera.
—Supongo que tendremos que esperar. Sabes que las cosas están revueltas ahí fuera y…. —negó enérgicamente con la cabeza.
—No me refería a eso… ¿no vamos a ir a por él? —la miré completamente confundido.
— ¿A por quién?
—A por el piloto —lo dijo como si fuera obvio. Me froté la cara con las manos.
—Alice…hay muchas posibilidades de que esa persona ya esté muerta. Si no lo ha matado la caída lo matarán los infectados —la chica miró hacia arriba pensando bien sus próximas palabras.
— ¿Y…y si no fuera así? Vosotros nos salvasteis en el último segundo. ¿Y si ese hombre ha caído en una zona en la que no pueden entrar….ellos? No…no me siento bien al saber que ahí fuera alguien que puede necesitar ayuda —me rasqué la cabeza. Dios, me estaba poniendo nervioso.
—Es que ahí fuera hay muchas personas que necesitan ayuda, Alice…no podemos socorrer a todos sin correr riesgos —la chica rodó los ojos.
—Sabes a lo que me refiero. Puede estar malherido —pequeña…con toda seguridad estará malherido…
—Podemos intentar buscarlo —sin duda Bella quería verme con un infarto prematuro o algo parecido. Se metió sin vergüenza ninguna en la conversación alterando de nuevo mis nervios. Como siempre, claro…
— ¿Cómo que podemos intentar buscarlo? ¿Estás loca, tía? —estrechó los ojos.
—Un poquito —Alice sonrió —El piloto de ese helicóptero es militar.
—O era —acoté.
—Vamos a pensar que sigue siendo, de acuerdo. Alice tiene razón, ¿y si ha caído en una zona no tan mala? —suspiré. No, no estaba loca…estaba lo siguiente. Y lo peor de todo es que aún me fiaba de ella —Él puede tener información privilegiada. Él debe saber dónde están los lugares seguros….y en caso de que no podamos hacer nada por él el helicóptero debe de tener una radio mucho mejor que la nuestra, ¿no crees?
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— ¿Cuántas bajas hay?
Todos desviaron la mirada ante la palabra de Aro. Habían hecho una junta especial en el ayuntamiento de Forks, aunque era un tanto tétrica. La sala de juntas del ayuntamiento estaba prácticamente vacía porque ya no quedaban personas que pudieran ocupar esas sillas de cuero. Sólo habían acudido a esa reunión las personas de confianza de Aro. Eran las más necesarias y las más fuertes.
El pueblo y él mismo tenían que dar gracias a que Carlisle estuviera en el momento adecuado cuando la plaga se extendió. Si ese día hubiera acudido al hospital a revisar a niños sin recursos como solía hacer, la situación sería un tanto más caótica de lo que ya de por sí era. Era un buen hombre y un buen médico. Además, contaba con la ayuda de Esme, con ligeras nociones en el campo de la enfermería. No era una persona titulada en la materia pero en estos tiempos fatales no iban a poner ninguna pega ante ese pequeño detalle.
A la reunión también había ido su hijo Cayo…y a falta del querido y apreciado jefe de policía había acudido su viuda, Renee. Aro había descubierto que esa mujer era dura como una roca. Había matado a su marido antes de que este se convirtiera en un monstruo devorador de hombres sin conciencia; durante el entierro había llorado, había gritado…pero tras descargar la última pala de tierra sobre su improvisada tumba había decidido recomponerse por su bien y por el de los demás.
Era una muy buena estratega.
Había estado en primera línea de fuego junto a los más expertos cazadores conteniendo a los infectados…sí, joder….sabía usar un arma mucho mejor que alguno de los habitantes masculinos del pueblo. Sin ir más lejos era mucho mejor tiradora que él mismo, que no había cogido un arma en su maldita vida.
Por eso había decidido no arriesgarse quedándose en su despacho mientras los demás se partían la vida por los demás.
Pero ese ahora no era el caso…
— ¿Cuántas bajas? —volvió a preguntar. Carlisle carraspeó.
—En setenta y dos horas de propagación se ha infectado casi el sesenta por ciento de la población de Forks —Aro tragó en seco —Teniendo en cuenta la gente que estaba fuera debido a las vacaciones en el momento de más locura….—el médico hizo una pausa mientras pensaba —Quedarán apenas unos ochocientos habitantes…
Ochocientos…ochocientos habitantes de casi tres mil cien….
—Doy por hecho que esos ochocientos habitantes están completamente sanos.
—En principio —contestó Carlisle —Deberíamos tratar de hacer revisiones rápidas periódicas para evitar algún que otro susto —Aro asintió —En el pueblo contamos con dos enfermeras y un médico, sin contarme a mí.
—Jessica aún no es médico —espetó Cayo.
—Pero sabe lo suficiente como para saber los signos evidentes de un infectado —el muchacho asintió avergonzado —Intentaremos por todos los medios que no haya ni un solo afectado más.
—Eso es una maldita utopía, Carlisle —todos miraron a Renee. Su pelo corto y rubio estaba revuelto y clamando a gritos una buena dosis de champú y su cara otrora perfecta pedía un par de días de sueño para eliminar esas ojeras marcadas que antes no tenía. Aun así, a la mujer se la veía con una fuerza arrolladora —El virus se extiende muy rápido… ¿quién nos dice que mientras nosotros hablamos tranquilamente aquí ahí fuera no hay una persona despertando de nuevo tras morir? Estoy harta de ver a mis vecinos de toda la vida paseándose ante mí con el abdomen abierto —Aro puso una inevitable cara de asco —Sí, esa es la cara —murmuró la mujer.
—No está funcionando. La gente tiene miedo —dijo Cayo. Todos se estremecieron al oír de nuevo las escopetas de caza y demás rifles trabajando en el exterior —La población está agotada. Y la munición no es eterna —miró a su padre.
— ¿Y qué propones? —preguntó el alcalde a su hijo.
—Necesitamos alzar esa barricada como sea —Aro rio histéricamente.
— ¡No nos quedan hombres! —espetó —Y no podemos ponerle puertas al bosque…estamos rodeados de bosque, Cayo —Cayo dio un golpe sobre la mesa y señaló el gran mapa de todo el pueblo que tenía tras él.
— ¡Estudia el plano, padre! Estudia el plano…y haz algo de una maldita vez en vez de resguardarte en tu maldito despacho —susurró. Todos carraspearon incómodos. Para romper el momento tenso Cayo se levantó, cogió el rotulador que descansaba en la pizarra blanca y empezó a señalar lugares.
— ¿Qué haces? —preguntó Esme mientras el chico hacía líneas, círculos y demás marcas.
—Los círculos son los puntos de interés —murmuró sin parar de dibujar en el plano —El instituto, la biblioteca, el consultorio de Carlisle, el supermercado…—una ligera sonrisa empezó a asomarse en el perfecto rostro de Carlisle.
—Supongo que las líneas representan las barricadas.
— ¡Así es! —dijo Cayo entusiasmado — ¿No os dais cuenta? Son lugares que están congregados en el centro del pueblo —se paseó con el rotulador por toda la sala —Es un sitio relativamente pequeño, ahora somos pocos…pero más fáciles de controlar. ¿Qué pasó en Port Angeles? ¿Qué pasó en Seattle? —negó con la cabeza —son lugares mucho más grandes, más habitantes…—rio en alto —Por primera vez en mucho tiempo estoy contento de estar perdido en un pequeño pueblo rodeado de verde.
—Podemos acomodar esos sitios —opinó Esme —Podemos acondicionar esos lugares para los supervivientes que quedan. La unión hace la fuerza, ¿no? —Cayo le dedicó una sonrisa a la mujer.
—Está bien, podemos salir y decírselo a…
—Un momento, un momento…. —dijo Aro — ¿Cómo pretendéis hacer esa barricada? No veo clara la idea de tener nuestro propio muro de la discordia en mi pueblo —Renee rodó los ojos — ¿Con qué material? ¿Con qué hombres?
—Abre los ojos, Aro —Renee se levantó — ¿Con qué material? Vayamos al aserradero a por troncos y maderas. Vayamos a la fábrica de Bill a por material de construcción. Vallas, alambrada, hormigón… ¡lo que sea! —lo miró duramente —Ha muerto mucha gente defendiéndonos, defendiendo este pueblo y nuestro bienestar. No permitiré que la muerte de mi marido y esos otros cientos de personas no valga para nada —murmuró. De nuevo se hizo el silencio.
—Va…vayamos al aserradero —susurró finalmente Aro —Traeremos todos los troncos y maderas que sea posible —miró a Cayo —Haz grupos, hijo….Tenemos que reunir toda la comida y el combustible que sea necesario. Tiendas, supermercados, casas particulares…que los hombres cojan todo lo necesario del lugar que sea necesario —Cayo asintió para después marcharse a hacer su trabajo. Renee asintió de forma aprobatoria.
—Podemos hacerlo. Los que quedamos estamos limpios —Aro desvió la mirada.
—Eso espero —se tapó la boca con las manos —No puedo creer que no quede nadie ahí fuera. No podemos ser los únicos supervivientes, ¿a qué no? —todos se removieron inquietos. Todos contaban con algún familiar fuera…pero la falta total de noticias y la desinformación tenían minada su moral de la peor manera.
—Voy a hacer algo, no puedo estar más tiempo quieta —dijo Renee.
—Debes descansar —la mujer miró a Carlisle —Acabarás agotada e incluso enferma. Descansa, come algo…puedo darte alguna pastilla para que te ayude a descansar —Renee negó.
—Te lo agradezco, Carlisle…pero prefiero no dormir. No quiero soñar, no quiero recordar —susurró —Iré a ver si necesitan mi ayuda…
Apenas se giró para abandonar la sala de juntas cuando Bill, el dueño de la fábrica de material de construcción que estaba a las afueras del pueblo y del que habrían hablado apenas cinco minutos antes, irrumpió con fuerza sobresaltando a todo el mundo. Carlisle y Esme se levantaron y automáticamente evaluaron el estado físico del hombre en la distancia….estaba sano, aunque muy nervioso.
—Alcalde…—jadeó en busca de aire. En ese momento maldijo sus años de ingesta de comida rápida y grasienta acumulados en su estómago en forma de michelín —Alcalde…la…la radio —todos se levantaron en el acto.
— ¿Qué pasa con la radio? —el hombre estaba aún muy rojo, pero al menos podía respirar.
—Cinco segundos —dijo alzando la mano con los dedos extendidos —lo he podido oír solo cinco segundos…
— ¿El qué? ¡Habla de una vez, hombre! —le animó Aro.
—He captado unas voces… ¡militares! Hablaban como militares…. —todos se acercaron a él —Hay gente…gente viva….
— ¿Dónde? Oh, vamos…Bill, respira hombre…. —dijo Carlisle nervioso por primera vez en mucho tiempo. El hombre miró sólo a Renee.
—Manhattan —Renee abrió los ojos entre sorprendida y emocionada —Hay supervivientes en Manhattan…
¿Qué os ha parecido el capítulo? ¿Qué creéis que habrá pasado con el piloto? ¿Intentarán ponerse en contacto los habitantes de Forks con los supervivientes de Nueva York?
Muchísimas gracias por todos vuestros comentarios
Soles, LunaS Purple, Marie Mars, Monikcullen009, Gatita Swan, Huezito cullen, ALEXANDRACAST, Alkem Corrales, Despatz, Karina Masen, Luciajanet, LauCullenBlackSwan, Manligrez, Airelavcullen, Angie palomo, Aryam Shields Masen, Aldann97, Stewpattz, Esteph PV17, Amorgen Lestrange, Laura Katherine, Analiaapocaliptica 2012, Estelaa, Petit Chiharu, EmilyLuchia, Lil, Bella maru, MineMichelle, EriM, Lory24, JaZzDward, Nella Cullen, Ashleyswan, Meerr, Betza, Ettena, Carol, CamilleJBCO, Pekis Lautner, Belgica orosgracia, Letters to fantasy twilight, Lokaxtv, Kimjim, Celina Vulturi, Amanda Cullen Salvatore, Eve Runner, IsAbElA M CuLlEn, Karlita carrillo, Orisweetcullen, Bellaen3D2, Jachu Cullen, Lore yalniz aimant, Darlyn, Helenagonzalez26 athos, AraCullen8, Solciito Pattinson, ISABEL CRISTINA, Maria Cullen, DevWaylandCullen, Maru O B, Nia Masen, Lilliana len y a todos los lectores anónimos.
Muchas gracias por seguir apoyando la historia, de verdad. Nos leemos en unos días, un besote a todos!
