Disclaimer: Los personajes corresponden en derecho de propiedad a sus respectivos autores, esta historia es sin fines de lucro. Sólo con el único fin de entretener a un público lector; de una fan para fans.
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Por: LadyKya0


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No hay futuro para ti
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Aún sueño con lo que vi.
Muchas veces, sin que yo lo desee sueño con lo que viví y despierto por las noches agitada. Hoy, sólo me queda el sentimiento que ha invadido mi corazón, de una manera lenta e imperceptible sólo puedo desahogar esta sensación en la oscuridad de cada noche.

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Abrió la ventana de par en par.

La luz del día comenzaba a irse y con ella una ligera brisa caliente llegaba en un intento fallido de refrescar al poblado que había sufrido las altas temperaturas de un verano caprichoso.

Se dejó caer hacia atrás, sobre la ropa que aún no había acomodado en el pequeño closet de madera que le pertenecería por las semanas en las que se encontraría en aquella cabaña.

Mabel se mantuvo encerrada en aquella habitación desde que se había topado con el chico castaño hacía un par de horas. No quería salir, así que tuvo que aguantarse el calor sofocante que sentía. — ¿Cómo es que las personas podían vivir con ese clima? — Se había preguntado cuando acompañó a Melody al súper mercado. Se sintió en el paraíso cuando, al entrar el fresco aire acondicionado las rodeo, templando rápidamente su temperatura corporal, haciendo que las gotas de sudor que caían desde su frente se secaran rápidamente. Como deseaba poder quedarse en ese lugar todas sus vacaciones.

Soos necesitaba comprar un aire acondicionado, eso era seguro.

Se removió un poco, queriendo, de esa manera, absorber la frescura de las delgadas mantas que cubrían el colchón que le resultaba extrañamente cómodo.

Estaba cansada, a pesar de haber llegado la noche anterior, y de haber dormido en aquella habitación, lo cierto era que no había descansado. Para su fastidio, se sintió mucho más cansada por la mañana al despertar que cuando había cerrado sus ojos para dormir.

El último mes prácticamente su cuerpo no había descansado como se supone debería hacerlo. Lo cual le tendría que preocupar si no fuera porque ya estaba acostumbrada a que pasase de vez en cuando; no le interesaba mucho el por qué, pero sabía que después de un par de noches su reposo regresaba. Y al menos esperaba que ese momento llegase, deseaba poder dormir como un bebé esa noche.

De verdad lo agradecería.

La oscuridad en su propia habitación rápidamente se hizo más profunda, así que cuando por fin quitó el brazo que mantenía sobre sus ojos, por un instante se le dificultó la visibilidad. Suspiró, para después sentarse al borde de la cama y observar la negrura que la rodeaba. Tardó unos momentos en poder comenzar a distinguir las sombras de los muebles de su habitación; pero cuando por fin lo hizo, decidió ponerse de pie y con un poco de pesadez se dirigió hasta la pared contraria.

Tanteo con su mano derecha el sólido muro. No lo encontró, así que encomendó la tarea a su mano restante, pero no había rastro del interruptor.

— Genial —. Susurró para sí, mientras continuaba avanzando sobre la pared buscando con sus manos el botón que insistía en escapar de sus dedos.

Se hartó. Así que dando media vuelta decidió ir por su celular para poder alumbrar el lugar. Pero al encarar de nuevo la ventana, que minutos atrás había abierto de par en par, una brisa fría le golpeo causándole un escalofrió. Tal vez llovería esa noche, y eso le sonaba a una estupenda idea; a pesar de que el pronóstico del tiempo había declarado que aquel, sería el verano más seco de los últimos años.

Avanzó hacía el mueble a un costado suyo, que era donde recordaba haber dejado el aparato, pero al dar el primer paso su vista regresó rápida e inconscientemente en dirección hacia la ventana.

Podía observar por ella.

La luz de la planta baja se reflejaba iluminando un poco el lugar, eso no era lo que, de alguna manera, le hacía permanecer observando hacía aquella dirección. Más allá, donde ya no había rastro de resplandor, podía distinguir las sombras de los altos pinos y frondosos árboles que se perdían entre la maleza. Se dejó absorber entonces por aquellas manchas oscuras, las cuales en realidad no tenían nada de interesante; pero justo cuando estaba a punto de continuar su misión de iluminar su propia habitación, le pareció ver que algo se había movido, seguido de un fuerte sentimiento de inseguridad.

Se sintió observada. Lo sabía, y eso le desagrado por completo, poniéndola un poco nerviosa.

Rápidamente caminó hacía el mueble, en donde encontró su teléfono y agradeciendo la luz de la pantalla táctil, dirigió esta hasta la pared, encontrando así por fin el interruptor que se había negado a aparecer ante ella en la oscuridad.

El cuarto no tardó en ser iluminado completamente por una luz incandescente.

Suspiró aliviada.

La castaña mujer se quedó unos segundos más dándole la espalda a la ventana que se encontraba al otro extremo, el calor del ambiente nuevamente la envolvió y en ese momento se rió de sí misma. Había sido tan tonta como para dejarse sorprender, seguramente por alguna estupidez. ¡Claro que algo se movió entre los árboles! estaba en medio de un bosque.

— Hasta pareces una niñita asustada —, escuchó la voz de su propia conciencia, burlándose.

La ardilla seguro se estaría riendo de ella, o talvez los gnomos querían saludar.

Bufó y sin pensar más en ellos, rodo sus ojos reafirmando el nuevo fastidio que la envolvió. Comenzó a ver a su alrededor, buscando sin realmente querer encontrar nada en específico.

Reconoció, entonces, que era uno de los cuartos nuevos que Soos había construido cuando decidió remodelar la casa de madera. Después de que Melody llegara a vivir con él, el hombre había decidido que debía reparar aquella cabaña que de manera increíble también lo había visto crecer. Aquella cabaña misteriosa en la cual pasó el mayor tiempo de su adolescencia y adultez deseando poder ser algún día su dueño.

Había hecho perfectamente su trabajo. Mabel lo podía ver.

Ahora el lugar era mucho más grande de lo que recordaba, se había dado cuenta la noche pasada. Recordaba que el lugar tenía varias habitaciones ocultas que seguramente ni ella ni su gemelo vieron en los tres meses que pasaron ahí en su niñez; pero aun así notaba que el robusto hombre se las había arreglado para no tocar las cosas de sus tíos y aun así expandir aquel inmueble.

— Bien por él —, sonrió.

Hacía una tercia de años que la castaña chica no se había ido a parar al pueblo. Los tíos Stan pasaban mucho tiempo recorriendo los mares y lugares más misteriosos que se podrían topar, tanto que muchas veces los hombres olvidaban que debían regresar a casa. Mabel los extrañó por demasiado tiempo, que incluso se había cansado de hacerlo.

A pesar de todo, y de las esperanzas que tenía aquel día que dejó por primera vez ese pueblo, para la chica, había sido difícil crecer.

Regresó sus pasos hacia la cama que aun resguardaba su desacomodada ropa, estaba a punto de tomar entre sus manos una de las tantas blusas que ahí reposaban, cuando dentro de su maleta notó la libreta morada de portada desgastada que la esperaba sobre un par de pantalones que aún se encontraban mal dobladas dentro de la valija. Fue entonces cuando se acercó y cambiando de opinión, la tomó.

Abrió, justo en la página donde el papel plastificado de una foto instantánea sobresalía de las hojas ligeramente envejecidas. Lo sostuvo frente a ella, y lo observó.

Habían pasado doce años de esa foto. Doce años de un verano que jamás quiso olvidar, pero que a veces se le confundía con un sueño vivido. No se sorprendía, al pasar del tiempo aquella época se sentía lejana, tanto que a veces se preguntaba cuánto de lo que recordaba era real, y cuánto sólo se trataba de la imaginación activa que poseía de niña.

— Sueños que se confunden con la realidad, realidad que se confunde con sueños —, cómo diferenciarlos, si incluso las personas en esa foto habían cambiado demasiado, si incluso ya no se reconocía a sí misma en esa niña sonriente de doce años.

Depositó la foto de nuevo entre las hojas, y cerró la libreta de improviso dejando salir el aire de sus pulmones. Decidió ponerlo dentro del cajón del pequeño tocador de espejo redondo que adornaba el lugar, ni siquiera sabía porque aún guardaba aquel libro.

Volteó de nuevo hacía la cama individual que aún se mantenía siendo un desastre, y sin más se dispuso a intentar arreglar el caos que tenía ahí.

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Dipper dejó salir el aire pesado que comenzó a guardar en sus pulmones desde un par de minutos atrás, cuando vio a la castaña chica en lo alto de las escaleras.

La situación siempre era igual y él ya se había resignado.

La misma escena de rechazo. El mismo sentimiento de impotencia.

Podría parecer inútil, e incluso cobarde pero a esas alturas él ya no sabía cómo acercarse a la chica, porque incluso antes, hizo hasta lo imposible para que Mabel volviera a mirarlo como su hermano, como el gemelo con el que compartía numerosos recuerdos; pero ella simplemente se había negado, tanto, que el castaño podría jurar que aquella convivencia de amigos inseparables, sólo había sido producto de su propia imaginación. Que no habían sido tan cómplices como lo recordaba.

"Los hermanos no suelen llevarse tan bien como ustedes lo hacen."

Ahora, no había forma de negar aquellas palabras de su tío Stan. Al final, sólo fue cuestión de tiempo para que se alejaran; la esperanza de Dipper era, que al menos aun podía creer que Mabel algún día lo perdonaría, así como Ford lo hizo con su propio gemelo.

El chico llevó su maleta hacía el rincón en donde se encontraba el closet, lo puso sobre el suelo y abriéndola comenzó a tomar las prendas que acomodó ahí el día anterior desde Bostón.

Dejó pasar un par de horas, pero ahora con todas sus cosas acomodadas, el hombre por fin se dejó caer en su propio colchón con un libro mediano en manos.

Lo observó por unos momentos.

Aquel libro había sido un regalo de Wendy para él; la pelirroja lo había comprado en California unos meses atrás. Dipper había tenido que regresar a la casa de sus padres por un par de días, como cada año en la misma época. Y como cada vez, la chica estuvo a su lado dándole el apoyo que el castaño necesitaba.

Sonrió.

De verdad se sentía afortunado por poder tener a alguien como Wendy en su vida. Parecía cursi, pero para tener doce años supo enamorarse de la chica correcta.

Y ya había pasado algún tiempo, pero siempre tenía la mala suerte de no poder avanzar más de una decena de páginas cada vez que pretendía leerlo.

Así que esta vez se acomodó y abrió el objeto justo donde un separador dividía las hojas de texto. Intentó relajar su mente pensando en cuándo había sido la última vez que pudo estar de aquella forma.

Sin presiones, intentando pasar por alto todos los factores en su vida que no lo dejaban respirar con ligereza.

No tardó, y comenzó a leer en su mente las primeras líneas de aquella historia de suspenso que lo había mantenido intrigado, desde la última vez que abrió aquel tomo. Seguro hoy sería la noche que por fin descubriría al responsable de aquel cuadro de homicidio en la que aquella narración lo envolvía. Para la satisfacción de Dipper, este rápidamente se perdió. Sumergiéndose entre las negras letras impresas de su libro, leyendo cada página con una urgencia cada vez mayor, con las ansias de poder por fin leer el nombre del asesino que había estado atormentando al protagonista. Hoja tras hoja, el castaño hombre comenzaba a acabarse el contenido del texto.

Por fin terminaría aquel libro…

Pero para su desgracia, el profundo zumbido que se escuchó sobre la madera del buro a un lado suyo, lo regresó a la realidad, sacándolo de aquel mundo en el que se había sumergido, de improviso; su celular estaba vibrando.

Al reconocerlo, se levantó lo más rápido que pudo, usando su dedo como separador, para evitar perder la página que leía e intentando, a su vez, no atorarse entre las sabanas que ya se encontraban deshechas, debido a sus constantes movimientos al intentar reacomodar su cuerpo sobre la cama, cada vez que sus músculos le exigía una posición diferente para leer. Cuando por fin sujeto el aparato con su mano libre, en ella pudo ver la foto de su pelirroja novia, mientras la luz de la pantalla parpadeaba repetidas veces.

Buscó una posición nueva y cómoda sobre el lecho mientras contestaba.

— Hola — Dijo, una vez que deslizó el botón táctil sobre la pantalla hacia la derecha.

— ¿Cómo estás? — Escuchó el castaño la voz calma de la chica. Dipper entonces se sintió realmente tranquilo, era uno de los tantos efectos que aquella mujer tenía sobre él.

Terminó recargando su espalda sobre la madera en la que un extremo de su cama se encontraba recargada.

— Bien. Estaba leyendo —. Respondió en una exhalación mientras levantaba hasta la altura de sus ojos el libro que aún mantenía en su mano.

— Oh, ¿Ese libro que no podías terminar de leer? — El chico asintió haciendo sólo un sonido gutural — ¿Eso significa que la pila de libros sin leer a un lado de mi cama disminuirá?

Dipper dejó salir una ligera carcajada. — Talvez… — Dudó. — Pero eso significaría que tendrás que comprarme más. Y están de mi lado de la cama, por cierto.

— ¿Entonces tendré que comprar más distractores para que el niño no destroce la casa? — El fingido tono de pena en la voz de Wendy hizo que el castaño sonriera abiertamente, de manera alegre; justo en ese momento notó la puerta de madera frente a él que se había mantenido cerrada.

Un ligero silencio se coló en la llamada que mantenían, al inicio resultó confortable, sin embargo el castaño rápidamente bajo la mirada, evitando seguir observando hacia aquella dirección, aun cuando se encontraba solo en la habitación; porque sabía lo que había al otro lado del pasillo, y aunque pudiese cruzar el trecho con sus propios pies, había una separación que creía jamás podría volver a acortar, y eso le oprimía el pecho de una manera que no estaba dispuesto a reconocer del todo.

— Intenté hablar con Mabel — Soltó de pronto, y el silencio continuo por un segundo más. — No pude terminar de pronunciar su nombre cuando prácticamente ya había cerrado la puerta en mi cara.

Una mueca triste en sus labios fue la que apareció.

A Dipper le habría gustado tener a la pelirroja a su lado en ese momento, porque más que nadie ella era quién sabía el por qué. La chica podía explicar lo que a ambos hermanos alejaba. Muchas veces el castaño se había reído de su propia situación llamándolo la maldición de los gemelos Pines, porque esta no distaba de la razón que a Stanley y Stanford Pines había separado. Sin embargo para el propio criterio de Wendy, aquello era más una herida. Herida que en Mabel creció sin sentido y de manera descomunal, llevándolos al estado actual. Era por esa misma razón que hacía lo posible por que la pena de Dipper no creciera de la misma forma como la de la castaña había hecho. Y era justo eso lo que la hizo estar a punto de salir y correr por el bosque oscuro hasta la Cabaña del Misterio.

No dudaba en hacerlo.

Ya se encontraba acomodando el teléfono sobre su hombro para poder abrochar sus botas, pero entonces volvió a escuchar la voz de su novio.

— Estoy bien, sabes. Ya no soy un niño. No necesitas venir corriendo a consolarme —. Se rió cuando notó el respingo de la chica que se filtró por la bocina. — Es lo mismo de siempre —. El tono cansado en su voz contrarió a Wendy.

La chica asintió sin decir nada mientras tomaba de nuevo el aparato en su mano. — De todas formas, estaré allá por la mañana, después de que papá vaya a trabajar.

Fue esta vez Dipper quien asintió en la soledad de su cuarto. — ¿Debo esperarte con el desayuno? — Bromeó.

— Mmh. No, pero si tienes preparado esos Hot Cakes de chocolate tuyos, no los rechazaría —. Respondió con voz calmada.

Ambos rieron un segundo después.

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Entró por la puerta de su habitación mientras con una mano secaba sus castaños cabellos con la toalla azulada que se sostenía de su cuello, la cual para ese momento ya se encontraba húmeda. Al igual que las ropas que recién había comenzado a vestir.

Se sentía un poco más fresco.

No tenía mucho rato que había abierto los ojos, y en cuanto lo hizo, había tenido la necesidad urgente de tomar un baño con agua fría. Despertando sin un atisbo de pereza pero si con una incómoda viscosidad alrededor del cuerpo, debido al bochornoso calor que el ambiente mañanero poseía.

Aventó las ropas que sostenía en su mano libre a la valija que se encontraba en un rincón, abierta, para después dirigirse hasta la mesita de madera que se encontraba a un costado de él, dispuesto a arreglar su apariencia antes de bajar a la cocina y tomar algo.

Estaba a punto de terminar cuando un par de toques en la madera hicieron que el chico se volteara para observar justo hacía la puerta.

— ¡Tio Ford! — se sorprendió al ver al hombre mayor frente a él con una sonrisa en sus labios.

— Hey muchacho, te levantaste temprano — Escuchó para después ver al hombre entrar.

— El calor me despertó.

Dipper notó a su tío caminar hasta la cama en la cual tomó asiento. Lo siguió posicionándose a un lado, observándolo.

— Ayer ya no pudimos platicar. Me alegra que hayas venido — el chico sonrió. — Supe que te quedaste viviendo en Boston.

— Sí. Bueno, ahora trabajo como ayudante de investigación en la universidad. ¡No tienes idea de la cantidad de cosas que he aprendido! Además claro, de las investigaciones que hago por mi cuenta. Wendy trabaja en un despacho en los alrededores, así que no había forma de no quedarse allá —Dipper comenzó a contar, con una sonrisa.

Ford en ese momento, al verlo con aquella emoción, no pudo evitar recordar al pequeño niño que había conocido en un día turbulento, cuando por fin había podido cruzar un portal de regreso a esa dimensión.

Le sonrió de vuelta.

— Me imagino. Pero espera, entonces ¿es verdad que tú y la chica viven juntos? — El castaño asintió.

El hombre mayor rió abiertamente en ese momento, mientras el joven lo miraba con curiosidad. — ¡Ese es mi sobrino! — Ford golpeo en el hombro a Dipper como un gesto de complicidad.

Pasaron un par de segundos en los que el chico Pines no comprendió lo que sucedía, pero entonces recordó la razón.

— Bueno ya tiene un tiempo de esto…

— Lo sé. También sé que terminaste la escuela con honores —. Mencionó con orgullo.

La última vez que Dipper había visto a sus tíos fue en una fría temporada de invierno, a inicios de un año un poco lejano. Esa vez había sido en California, pero incluso entonces no habían podido platicar, no había sido el momento propicio para contarle al chico historias de aventuras increíbles alrededor del mundo.

Después de eso, Dipper no tardó en irse a la universidad. Cruzando el país solo, yéndose hasta Massachusetts, concentrándose totalmente en sus estudios.

Ford siempre supo que el chico era listo, el tiempo que convivio con él reconoció las aptitudes que el castaño tenía, y a pesar de que las cosas no habían resultado de una manera en la que el pequeño Pines pudiese terminar siendo su aprendiz, lo cierto es que este se había encargado de su propio futuro.

A diferencia de él, Dipper había conseguido una beca completa para Harvard.

El gusto por la historia que el chico desarrolló después del incidente apocalíptico que vivió en Gravity Falls lo llevaron a comenzar una carrera en la facultad de Historia, combinándola con un el estudio de una carrera en Física. Y si eso no era suficiente, el chico ya había comenzado a prepararse para obtener el primer doctorado de lo que seguramente se convertiría en una colección.

Como la que él mismo tenía.

Estaba orgulloso.

Dipper realmente se parecía a él. En demasiadas formas.

— Estoy ansioso por escuchar todas tus historias —. Dijo Ford.

— ¿Mis historias? No tío. Las mías son aburridas. Yo quiero escuchar lo que tú y el tío Stan han visto en sus viajes —El hombre mayor se sorprendió de las palabras que su sobrino le había regalado.

Pero al mirarlo claramente pudo aún observar el brillo de emoción es sus ojos.

Hacía mucho que aquel jovencito había dejado de ser un niño. Tenía un trabajo y se esforzaba mucho en sus estudios, incluso vivía con una bonita chica con la cual podía compartir las locas historias que él seguramente tendría para contarle. Pero a pesar de todo eso, Ford aun podía ver al pequeño de doce años que lo seguía por la cabaña rogándole que compartiera información con él. Buscando respuestas a preguntas de las cuales juraba el chico no entendía ni la mitad.

Pero era obstinado, quería saber todo lo que pudiera y el hombre había terminado cediendo a esa vigorosidad que hacía más de treinta años no había visto ni en su propia persona.

Para Ford, Dipper era el hijo que jamás pudo tener.

El hombre mayor soltó una carcajada ante la petición infantil de su acompañante. — Me alegra que tú no hayas cambiado — susurró y el castaño inmediatamente lo entendió, sintiéndose incómodo por un instante. — Ven, seguro Melody ya tiene el desayuno preparado. Tienes que saber que esa mujer cocina divinamente.

El chico asintió, mientras entre risas comenzaban a descender por las escaleras.

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Se removió por sexta vez sobre sus sábanas.

Mabel no había podido pegar el ojo en prácticamente toda la noche, hasta hacía un par de horas, y justo ahora se veía despertada por unas fuertes carcajadas que se escucharon al frente de su puerta, la cual se había mantenido cerrada todo ese tiempo.

¿Quién era el idiota que se reía de esa forma sin pensar en las personas que dormían?

Bufó

La castaña se puso de pie muy a su pesar, mientras sentía la incomodidad del sudor sobre su piel. Abanicó su rostro con su mano derecha, mientras que con la otra sostenía su largo cabello; intentando refrescarse aunque fuese un poco.

No lo logró.

Caminó con sus pies descalzos hasta el tocador, justo para tomar una liga con la cual amarrar el cabello que comenzaba a molestarle. Cuando lo hubo hecho, echó un vistazo a su propio rostro en el espejo circular, le sonrió con aburrimiento a su reflejo.

No había descansado nada, de nuevo. Y sus ojeras la delataban comenzando a hacerse notorias.

Contorneo aquellos círculos negros bajo sus ojos que ya tenían bastante tiempo de ser parte de su cara; con sus dedos índices, uno de cada lado. Suspiró, ya ni recordaba su rostro sin aquellas manchas.

Caminando de vuelta a la cama, observó hacía el buro que adornaba la cabecera de esta, notando la pantalla del teléfono resplandecer repetidas veces, y que había mantenido recargando batería durante la noche.

Tomó el objeto y desbloqueando rápidamente la pantalla con una simple clave de seis dígitos, observó el mensaje que había recibido en quién sabe qué momento. Observó el aparato por un par de segundos, sólo viendo el corto texto que ahí se encontraba.

Frunció el ceño y levantó su mirada al paisaje que la ventana frente a ella le regalaba.

— Fue por esa razón que terminé regresando a este lugar — Susurró para sí misma mientras dirigía la mirada hacía el aparato grisáceo que la esperaba justo a un lado de donde había tomado el teléfono.

Giró los ojos con fastidio.

Mabel quería volver a dormir, pero sabía que aunque quisiera no lo iba a lograr, así que sin más se dirigió al cuarto de baño, pensando que de esa forma tal vez su humor podría mejorar.

Y lo hizo.

En cuanto entro al chorro de agua fría que caía por la regadera, esta de inmediato se encargó en refrescar su piel.

Hasta sentía que sus músculos se habían relajado.

No tardó demasiado y un poco más tranquila la chica decidió bajar por comida. Su estómago comenzaba a demandárselo, y era justo desayunar, después de que la noche pasada decidiera no volver a bajar.

Dio sus primero pasos dentro de la cocina, en donde no tardó en reconocer a su tío Ford a lado del chico castaño quien lo escuchaba con total atención, y alrededor de ellos los demás habitantes de esa casa se encontraban interesados en la plática que el hombre mayor mantenía con el más joven.

Entonces, toda la calma que sentía un par de segundos antes, se desvaneció y en cambio una incómoda molestia la envolvió.

Caminó sin detenerse y tomó asiento en uno de las sillas de la solitaria mesa a lado de la ventana. Mientras los observaba a todos, con su rostro serio recargada sobre su mano.

— Monstruos, misterios, teorías conspirativas. Sigue siendo igual — pensó, cuando a sus oídos llegó un poco de la información que el hombre mayor compartía. — ¿Habría sido diferente si hubiese apagado el portal? — Se preguntó de repente mientras clavaba su mirada en el hombre, notando cada uno de los gestos que este hacía al relatar la aventura que había tenido en algún lugar del mundo — No — Fue la respuesta inmediata. — Tal vez aún podría… —, pero entonces su mirada se desvió al hombre mayor que entraba por el umbral por el que ella lo había hecho unos minutos atrás, y que era el único que faltaba en el cuadro familiar que se desarrollaba frente a sus ojos.

Se molestó y volteó su rostro hacía la pared a lado de ella, desviando su mirada para evitar pensar en tonterías. Viendo el papel tapiz viejo que aún cubría las paredes de la cocina, decidió ignorarlos a todos.

Sin embargo, rápidamente se desesperó.

La castaña podía no mirarlos pero la voz de Ford se colaba a sus oídos, complicándole la tarea de pretender estar en la soledad de su apartamento en California.

Mabel estuvo a punto de levantarse de su lugar y regresar a su propia habitación, cuando la voz emocionada de su gemelo resonó en el lugar.

Se molestó más.

— ¿Por qué podía reír de esa manera? Si no tenía dere...

— Seguro tienes hambre — Escuchó a Melody a su lado, quien interrumpió sus pensamientos en los cuales reclamaba para sí.

Al voltearla a ver sólo pudo observar el plato con un par de huevos estrellados y tocino, que la mujer posicionaba frente a ella, además de un vaso alto lleno de puro jugo de arándanos, que sabía era el favorito de Mabel.

La castaña sólo asintió. — Gracias — dijo, mientras comenzaba a notar de nuevo el hambre que había incrementado. El ceño fruncido que había mantenido entonces se aligero.

— ¿No te molesta que me siente? — Escuchó de nuevo, y para cuando quiso responder se dio cuenta que la mujer ya descansaba en la silla junto a ella. — Uff, no tienes idea lo difícil de tener a un niño de dos años rondar por la casa —, comento de la nada.

Mabel entonces recordó la situación de la chica, y observándola de reojo se dio cuenta que esta había tenido que alejar demasiado la silla de la mesa, para poder sentarse con comodidad. Se veía agotada.

Esta vez la chica sonrió

— Supongo que tenía que pasar en algún momento — comento después de ingerir un poco del líquido dentro del vaso de cristal. — Soos seguro está más que feliz.

A Mabel le parecía curioso.

La noche que llegó de improviso, escondida entre la oscuridad de la noche, le había sorprendido ser recibida por Melody. No era para nadie un secreto que la chica se había mudado a la cabaña un año después de que Soos se convirtiera en el "Señor Misterio", pero en realidad jamás se imaginó toparse con esa escena.

Es decir, había viajado justo hasta ese pueblo porque necesitaba del ambiente tranquilo del lugar, pero ver a la mujer con esa compañía de dos años en brazos, la había sorprendido en sobremanera.

Estaba feliz por ellos.

— Te ves como si no hubieses dormido —, comentó la menor. Melody entonces la observó mientras giraba los ojos, asintiendo.

— No lo hice, Matt llegó a la habitación a las tres de la mañana. Tuvo una pesadilla, y recién la mañana se aclaró por fin se quedó dormido.

Mabel no dijo nada porque realmente se había olvidado del infante que rondaba por la cabaña.

Era el primer hijo que Melody le dio a Soos. Después de tantos años juntos, debía pasar. Recordó entonces que lo había observado concentrado frente al televisor, mientras ella platicaba con ambos adultos, con su cabello castaño y su tez acaramelada; no tardó en darse cuenta en lo tranquilo que el pequeño niño era, y esa era la razón por la que su existencia para ella pronto se había desvanecido hasta ese momento.

— Soos, lo entretuvo un rato, contándole historias para que durmiera… pero fue él el primero en caer vencido al sueño—. La mujer sonrió ante el recuerdo de esa madrugada, cuando el robusto hombre había terminado con su brazo sobre su hijo, asegurándose de abrazarlo, y aunque el niño no se movió más, fue Melody quién continuo intentando que el pequeño conciliara el sueño, hasta el amanecer.

— Soos es un buen padre. Ya sabes…

Melody sonrió con dulzura. — Lo sé.

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Hacía un rato que la castaña había aparecido, sentándose solitariamente en una de las sillas al rincón. Dipper la observó verlos y se acongojó.

Ahí estaba de nuevo. Esa mirada fría que ella siempre solía dedicarle, seguido del esquivo de no querer verlo más. Él no merecía nada de ella, no después de lo que él había ocasionado.

Lo sabía y lo entendía.

Pero eso no evitó que el castaño estuviese tentado por varios segundos a ponerse de pie e intentar acercarse, porque a él, a pesar de todo; no le gustaba verla así, sola.

Cuando por fin había decidido que se levantaría e intentaría acercarse a su hermana, desafiando la obvia reacción, notó como Melody caminaba hasta ella. Entonces se tranquilizó y las observó por un tiempo más.

Fue cuando lo vio. Mabel había sonreído, y aunque era una sonrisa que no llegaba hasta sus ojos, era un gesto que el chico no había visto en un tiempo.

Seis años, para ser exactos.

Dipper sonrió para sí, relajando la tensión que había estado sintiendo esos minutos. Y mientras escuchaba de fondo las palabras que su tío Ford aún pronunciaba, se convenció a sí mismo, una vez más, que aunque su hermana no quisiera ni escuchar su voz, aun así, ella había continuado, y eso al menos lo alegraba un poco, porque si ella podía vivir tranquilamente, entonces no le importaba ser odiado.

Suspiró, y dirigió su atención de nuevo al relato que el hombre mayor a su lado, aún contaba con emoción.

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Eran pasadas las doce del día cuando la pelirroja chica llegó por fin hasta la puerta de madera de la cabaña en donde los Pines vivían.

Respiró profundamente intentando recuperar un poco el aliento, que el caminar bajo el sol le había robado. No tardó en abrir la puerta principal, empujando el ancho pedazo de madera hacía el interior.

Wendy le había prometido a Dipper que llegaría en la mañana, pero simplemente su padre no quería dejarla irse. Desde la noche pasada, este la había interrogado de una manera bastante agotadora; era obvio que el hombre tenía muchas cosas que quería saber acerca de la vida de su hija en esos años, pero la chica comenzó a sentirse sofocada cuando esas preguntas comenzaron a ser sólo y exclusivamente acerca de si Dipper la trataba bien.

Le resultó tierno al inicio, pero después de unas tres horas, simplemente ya no quería responder, y en la mañana, había sido lo mismo. Tuvo prácticamente que correr a su padre de la casa, para que este fuese a trabajar.

Dan había sido contratado para ayudar en la construcción de una casa de campo a las afueras de la ciudad, algo para una chica de familia acomodada. Nadie en el pueblo sabía de quién se trataba, y seguramente no le prestaban mayor atención; de unos años para acá simplemente habían comenzado una cantidad considerable de mudanzas. Y a Wendy tampoco le sorprendía, es decir, el pueblo ya era bastante popular en todo el país gracias a su ambiente tranquilo y misterioso. Recordó verlo anunciado en un programa de variedades matutino.

"El lugar perfecto para vacacionar". Pero como fue el acuerdo, los foráneos jamás decían nada acerca de las criaturas o sucesos paranormales que aún sucedían, en menor cantidad que antes; a los alrededores del pueblo.

No había necesidad, nadie aún, había llegado a ser lo suficientemente curioso como para tener que exigir explicaciones. Por eso es que no había por qué preocuparse.

Al final tuvo que arrastrar a su padre por la puerta para hacerlo ir a terminar los detalles de aquella casa de campo. Cuando por fin lo logró, comenzó su recorrido hacía La Cabaña del Misterio.

— ¿Hay alguien en casa? — Preguntó en voz alta mientras caminaba por la sala, pero no encontró a nadie.

Suspiró sin saber realmente hacía donde dirigirse, y sintiéndose cansada buscó un lugar en dónde templar el calor que aun sentía por la caminata bajo el sol.

Se sentó en el sofá amarillo de Stan, que a pesar de los años aún se encontraba en buenas condiciones, y ahora acomodado en la pared a lado de la larga pecera, que cuando trabajaba en la cabaña, siempre le había tocado a ella limpiar.

Sonrió.

Observó por el cristal a lado de ella comenzando a buscar al par de amiguitos a los cuales no había recordado hasta ese momento. Eran ese tipo de cosas que Wendy siempre había querido saber, ¿Por qué Stan tendría un par de animales así? Nunca supo, pero la pelirroja se había encariñado con ellos.

Dio un par de toquecitos al cristal cuando vio al par de anfibios escondidos en las pequeñas cuevas que tenían dentro de la pecera, estos sólo parecían mirarla con curiosidad pero sin ánimos de salir de su oscuro hogar.

— ¿En qué momento llegaste? — Escuchó Wendy, así que regresando su mirada hacía el marco que daba a las escaleras pudo ver a uno de los hombres mayores recargado sobre la madera.

— Acabo de llegar. ¿Has visto a Dipper? — Preguntó y el hombre asintió.

— La expendedora.

— Es muy raro verte con ese niño en brazos — comentó sorprendiendo al hombre. Stan había llegado a aquella habitación cargando al pequeño Matt, el cual tallaba sus ojos, señal de que recién despertaba.

— Melody me pidió despertarlo — La chica asintió ante el tono desinteresado con el que el hombre le respondió.

Sin embargo, para Wendy aquella imagen frente a ella, le resultaba extraña y tierna a la vez. — Como sea, ¿Toda la mañana? — Stan asintió de nuevo.

Entonces la chica lo comprendió. No tenía que ser un genio para darse cuenta que su novio estaba con su tío Ford en uno de los sótanos. Ni mucho menos, para saber lo que estaban haciendo. Dipper había pasado demasiado tiempo intentando explicarle la cantidad de cosas que Ford guardaba en esos tres pisos subterráneos, así que no necesitaba preocuparse por su novio, al menos hasta que saliera de ahí.

— ¿Estabas preocupada? — Wendy asintió. — Mabel sólo le cerró la puerta en la cara…

— Lo sé — Y ambos quedaron en silencio. — ¿No lo ha perdonado, ni un poco? — Preguntó la pelirroja con un atisbo de esperanza, pero vio al hombre negar. — Sabes que no fue…

— Todos lo sabemos, niña.

— ¿Crees que algún día puedan volver a ser como antes? — Stan sólo miró a Wendy quién había regresado su vista a la pecera, mientras acomodaba al infante de nuevo en sus brazos. — Ya hasta me saben raro los recuerdos en donde ambos correteaban juntos por esta cabaña. — se rió con nostalgia.

— Si, cuando ella tenga casi 70 y se dé cuenta que desperdició su vida peleada con su hermano por algo inevitable…

La chica volvió a mirar al hombre, el cual no se había movido ni un centímetro —Pensé que la que se parecía a ti era Mabel.

— Me habría gustado que ninguno de los dos se pareciera a nosotros… — Suspiró— Niño, no te vuelvas a dormir — Y rompiendo la tensión con aquella frase, Wendy sonrió divertida ante la escena en donde el hombre mayor intentaba despertar al niño que ya se había acomodado sobre su hombro.

Se notaba su poca experiencia con bebés.

Entonces la puerta de entrada se abrió de nuevo, y la chica pudo observar a Stan dejar de convencer a Matt de no dormir, y en cambió se enderezaba y sonreía con dulzura.

— Mabel, cariño. Pensé que estabas en tu habitación.

— No, decidí salir a dar una vuelta —. Fue cuando escuchó la voz aguda de su cuñada que Wendy se puso de pie y se acercó hasta donde el par de personas conversaban. Observó a la chica frente a ella, con su cabello castaño amarrado en un moño alto y ropa ligera, mientras sostenía sobre su pecho un portátil color gris. — Hola, Matt — Pero sólo pudo notarlo chupar su dedo pulgar, ya totalmente acurrucado sobre el hombro de su tío. — Hola, Wendy —. Saludó.

La pelirroja le sonrió correspondiendo el gesto, observando el aparato que la chica aún sostenía.

La pelirroja le sonrió correspondiendo el gesto, observando el aparato que la chica aún sostenía.

— Entonces al final fue verdad que si lo hizo. Sí era ella —. Pensó para sí, sonriendo con tranquilidad. — ¡Mabel! Prometí venir, y aquí estoy. ¿Estás muy ocupada? — Habló con emoción de inmediato, llamando así la atención de la castaña, la cual negó.

— Avance lo suficiente hoy — y sosteniendo el aparato con ambas manos, se lo mostró. — Ha pasado un tiempo. ¿Por qué no vamos arriba?

— No seas aburrida — La interrumpió de pronto, sorprendiendo a la chica. — Tengo ganas de ir al pueblo. ¡Vamos! Y te invito un helado.

La menor aún miraba a la pelirroja mientras esta le hablaba animadamente, y después de un par de segundos le regaló una mueca parecida a una sonrisa. — ¿Sabes qué? Tienes razón. Sólo iré a dejar mi lap top al cuarto, y enseguida bajo. — Dijo, y sin esperar respuesta dio media vuelta subiendo las escaleras.

— ¿La vas a interrogar? — Preguntó Stan cuando escuchó la puerta cerrarse, y aun mirando por las escaleras por las que Mabel había desaparecido, bajó al pequeño niño al suelo, para que así este pudiese mantenerse despierto.

— Nada que una amiga no haga — Suspiró. — ¿Verdad Matt? — Preguntó al infante, agachándose un poco; él sólo intentaba mantenerse despierto.

— Amiga — repitió con su voz aguda y somnolienta. Wendy sonrió enternecida, hacía mucho tiempo que no compartía con un niño así de pequeño. Pensó entonces que sus hermanos habían crecido muy rápido.

— No la hagas molestarse, ya sabes que…

— Stan, aprendí muy bien a tratar a estos gemelos. Créeme —. Dijo con confianza mientras se ponía de pie de nuevo.

El hombre sonrió.

Stanley volvió a recargarse sobre la madera barnizada y mientras cruzaba sus brazos sobre su pecho posó una vez más su mirada en la pelirroja chica.

Cuando la había contratado hacía tantos años en uno de los tantos veranos que vivió en aquel pueblo, jamás creyó que aquella chiquilla rebelde se convertiría en parte de una familia que él jamás creyó podría tener. Esa mocosa pelirroja le había causado más problemas que soluciones, era demasiado rebelde, floja y casi siempre hacía lo que ella quería, al inicio, siempre tenía que gritarle para que hiciera lo que él le pedía.

Nunca supo porque no había tenido la intención de correrla.

Pero al igual que Soos, la joven chica era una compañía que evitaba se hundiera en su soledad. Ambos eran quienes impedían que se volviera loco cada vez que sus intentos con el portal fallaban.

— ¿Por qué me miras así? — Preguntó la pelirroja cuando se dio cuenta que el anciano no había quitado su mirada sobre ella. Stan sólo negó.

— Si Dipper pregunta, le diré que viniste —Fue lo único que dijo, porque al instante siguiente escucharon los pasos de Mabel bajar por los escalones de madera. — Vayan con cuidado.

Y sin más ambas chicas salieron por la puerta principal con dirección hacía el poblado.

Stan quedó observando la puerta por un par de segundos más. Ford se lo había dicho en algún punto de su primer viaje, cuando Stanley puso al tanto a su hermano de cómo había sobrevivido todos esos años…

"Aunque tú no te des cuenta, Soos y Wendy no eran sólo un par de empleados. Conviviste demasiado con ellos, aventuras, secretos, les confiaste al par de niños que estaban a tu cuidado, para ti ellos ya eran importantes."

No quería admitirlo, pero su hermano mayor tenía razón. Y fue por eso que él había decidido cederle La Cabaña del Misterio a Soos, y de igual manera estaba feliz que la chica Corduroy se hubiese quedado a lado de su sobrino.

No veía a una persona externa intentando entender a su familia, porque un Pines por si sólo tenía un aura que casi nadie podía comprender, mucho menos tolerar; eran desgastantes para las demás personas, lo sabía muy bien.

Y esperaba Wendy no se fastidiara, ni que la difícil situación entre Dipper y Mabel la consumiera, haciéndola querer marcharse del lado del chico. Si aquello pasaba, sería muy difícil que el niño no se hundiera definitivamente.

Sin más el hombre no tardo en seguir los pasos de ambas chicas, decidiendo descansar en el desgastado sofá que se encontraba en la terraza de la entrada principal, en ese momento soltó la mano del menor y cargándolo lo sentó a su lado.

— Cuando tu mamá se desocupe, te vas con ella —. Dijo.

Stan tomó una Pitt Cola de la pequeña hielera que había acomodado desde la mañana en uno de los costados, y sin pensarlo mucho relajó los músculos de su cuerpo mientras observaba a ningún lugar en específico, sólo al horizonte lleno de verdes árboles.

Para el hombre era bueno tener vacaciones libres de misterios, y criaturas extrañas. Sólo poder disfrutar de los días soleados que el clima ofrecía, se sentía una tranquilidad imperturbable que él estaba dispuesto a disfrutar.

Suspiró y volteó hacia su acompañante, lo miro removerse en el sillón, estuvo a punto de ofrecerle un poco de la soda que él tomaba, pero no tardo en recordar la estricta voz de la mujer la última vez que lo intentó. Así que acomodándose disfruto de la brisa cálida que llegaba directo a su rostro. Pero no tardó en regresar su atención al menor a lado suyo.

— Mocoso, te dije que no te durmieras —. Dijo intentando despertarlo de nuevo cuando sintió el líquido viscoso que brotaba de la boca de Matt, y se escurría sobre su brazo descubierto.

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Hola.

De nuevo, si llegaste hasta aquí, gracias por leer.

Espero hayan disfrutado de este capítulo, el cual al ser la segunda entrega podemos aún notar que hay varias cosas que cambiaron que no se habían mencionado la vez pasada, un nuevo miembro de la familia, por ejemplo.

No desesperen que esto se pondrá dramático, en todas las formas que puedan imaginar(?). Para todos.

Quiero agradecer especialmente a quienes se tomaron el tiempo en dejarme un review, así como los favoritos y follows. Y a quienes pasan sin dejar huella, bueno, espero también les haya agradado esto.

Por cierto, Barco; ya que no pude contestar tu rw, lo haré por aquí.
Para mi es un alago que no te hayas sentido tan atraído a una historia como te paso con la mía, espero no terminar rompiendo tus expectativas. Y que bien que terminase enamorándote del Wendipp, también creo que ambos personajes se armonizan bastante bien, es una lástima que no haya muchas historias de ellos. Sí, Mabel se mantendrá en un formato OoC que no cambiará, al menos a ratos y hasta el final. Y bueno, espero este capítulo también lo hayas encontrado entretenido, al menos. Espero volver a leerte por aquí.

Y sin olvidar, claro, el lugar exclusivo de mi amiga Lauriel, quién es mi Beta personal, le agradezco el tiempo que le dedica a mis textos. Porque por ella he mejorado bastante este año. *emoticon heart*

Y sin más. Ya saben que cualquier comentario que me quieran hacer llegar pueden dejármelo en un Review, o visitar mi -muerta- página de Facebook: LadyKya0

Nos leemos pronto.

Lady~