CAPÍTULO 19 LA HISTORIA DEL PRESO

Reconozco que ver a Bella con un fusil entre sus manos mucho más grande que ella acojonaba lo suyo.

Su delicadeza sólo en apariencia contrastaba con la dureza férrea del metal y con el calibre del arma que sostenía en sus delicados y finos brazos. Joder, el arma era casi más grande que ella….Pero, oh….seh….evidentemente esa mujer me ponía tan burro como un jodido mono en celo. Pero bueno…quizás en ese momento eso era algo secundario por necesidad.

Además, la poli quería ir de caza. Bieeeeeen.

No me dejó ni un segundo para réplicas, como me pasaba siempre. A saber a dónde iba ahora….Mi morena armada hasta las trancas se marchó dejándome sólo con un chaleco antibalas y su respectiva dosis de seguridad en forma de kevlar recubierta de tela azul y un montón de chinchetas esparcidas por la mesa. Supongo que me había dejado acompañado con la protección del chaleco por si acaso me volvían a aflorar las ganas de autolesionarme con una de esas chinchetas de colores asesinas.

Cojonudo.

Dejé mi propio arsenal sobre la mesa, cerré la puerta del despacho del mejorado Jasper y bajé al garaje, justo donde el ruido de las máquinas de bricolaje y demás mierdas se hacían más insoportablemente sonoras. Mientras bajaba esas repetitivas escaleras pude ir viendo los resultados que se habían obrado en pocas horas sobre mi camioneta. Debía admitir que Black estaba haciendo un muy buen trabajo sobre el vehículo teniendo en cuenta los pocos medios con los que contaba; el ruido del motor, aunque estaba a ralentí, se había reducido considerablemente. Por todo lo sagrado, ¿pero qué cojones había hecho este chaval con mi motor rompe tímpanos? Si hubiera sabido que había un hombre capaz de reducir los decibelios y ahorrarme las respectivas multas por contaminación acústica lo habría llevado a su taller, seguramente ilegal, del Bronx hace siglos.

También vi que hizo unos arreglillos extra, sin duda una idea gestada fruto de la visión interminable de películas de terror, desastres y demás…aunque tenía que reconocer que las ideas eran útiles de cojones. El tipo había protegido las ventanillas con un par de resistentes varillas de hierro soldadas a ambos lados haciendo de esa manera casi imposible el hecho de introducir una mano. Bien, muy bien…no queríamos manos podridas dentro de mi coche; con el hedor de años y años del humo de mi tabaco bastaba y sobraba.

Cojonudo de nuevo, tío. Muy bien pensado.

Cuando el preso me vio alzó la cabeza y se limpió las manos en un trapo aún más sucio que seguramente se había encontrado por ahí.

—Hey, tío…¿qué pasa? —dijo a modo de saludo —Mira, ¿qué te parece el cambios que he dado a este montón de chatarra? —no pude evitar hacerle la mirada del tigre; sólo me faltaba la postura de la grulla para completar mi repertorio, pero no tenía los huevos para mucho ruido —Eh, sí….vale…Lo siento —negó con la cabeza —ahora en serio, le he hecho unos arreglillos de la hostia y completamente necesarios. Aunque me voy a tomar la libertad de hacerle un par de cosas más. Poco a poco —dijo mientras admiraba su propia obra.

—Pues con lo que has hecho yo ya lo veo más que genial, pero tú eres el experto, tío….Mientras no me lo desmontes…

—No, joder….Lo que quiero hacer es fabricar una especie de jaula en la parte trasera —alcé una ceja ante el entusiasmo desbordante del chaval…y al oír jaula, por supuesto —¡Sí, mira! No podemos desaprovechar todo este espacio de la parte trasera —exclamó dándole un sonoro golpe en esa parte —Si le añadimos con paciencia una especie de jaula podremos aprovecharlo a tope. Ya sabes, imagina que tenemos que salir un grupo numeroso al exterior…o que tenemos que recoger materiales necesarios y provisiones. ¿Te imaginas a uno de esos jodidos cuerpos cogiendo tu ración de vitaminas en forma de lata de albóndigas con pimientos de la parte trasera? Porque yo no, tío —asentí dando por bueno su punto; al final iba a resultar que el preso era mucho más listo y agudo de los que yo pensaba en un principio —Si hacemos eso estará perfecto, a mi modo de verlo. Me imagino que tu colega, el grandón…

—Félix —asintió.

—Ese…Supongo que no tendrá ningún problema en ayudarme con eso.

—Es el puto amo con el soldador, eso te lo aseguro —murmuré.

—¡La hostia! Por cierto, las ruedas las cambiaste hace poco, ¿cierto?

—Sí…en realidad me costaron más de lo que me hubieran dado por la furgoneta entera —admití no sin pesar.

—A la vista está que hiciste una buena inversión. Si quieres probar esta joya ya puedes ir haciéndolo si quieres —cogió una botella de agua y se sentó en el suelo con el torso brillante por el sudor. No me pasaron desapercibidas las numerosas cicatrices que adornaban su pecho y espalda; algunas eran pequeñas…otras no tanto. De todos modos hice como si nada y me senté a su lado.

—Te aseguro que tengo cero ganas de salir ahí fuera otra vez —saqué el paquete de tabaco, cogí uno y le ofrecí otro a Black.

—Joder, tío…lo había dejado. Ya sabes, el médico me dio que si no quería acabar con cuarenta años pegado a una bombona de oxígeno debía dejar el tabaco…bueno, y también la maría. Últimamente me daban unas arritmias de cojones…Llevaba desde los doce fumando —silbé bajito —Pero, ¿qué demonios? A estas alturas no creo que un pitillo me venga nada mal —cogió uno y lo encendió con el mechero que le presté —Mierda, algo va mal, tío…

—¿En serio? No me jodas, no me había dado cuenta, ¿sabes? —dije con ironía.

—Muy gracioso, apagafuegos…—expulsó una bocanada de humo con una expresión de placer total en la cara—Me refiero a que llevas aquí más de diez minutos hablando civilizadamente conmigo y sin dirigirme ni una sola palabra mal sonante hacia mi persona —no pude evitar sonreír.

—Para ser un ex presidiario qué fino te pones cuando quieres, Black —ambos nos llevamos a la vez el cigarro a la boca; parecía que estábamos jodidamente sincronizados —Bella está pensando en la posibilidad de salir al buscar el helicóptero…y a cazar al maldito cabrón tirador —el tipo asintió.

—Viniendo la idea de esa mujer no me sorprende en absoluto, es una jodida guerrera…Me lo imaginaba.

—A ver, es evidente que, quienquiera que sea el pobre que sobrevolaba la ciudad en ese aparato ahora mismo está muerto. Sayonara, baby…De una forma u otra…¡pero se ha empeñado en ir a por la radio! ¡La radio! —espeté —¡Pfff! Evidentemente queda gente viva, no somos los únicos…Tiene que haber fuerzas militares repartidos por el país, aunque….No sé tú, tío…pero yo no tengo ni puta idea sobre radiofrecuencias y mierdas de esas. Las ondas no son lo mío, lo que yo controlo son las mangueras —Black alzó una ceja —En fin, Quil se ha estado dedicando estos días a manipular la radio y todo ese rollo, pero dudo mucho que tenga conocimientos sobre cómo adaptar una radio militar en nuestras instalaciones.

—Quizás yo pueda ayudar con eso —ambos miramos hacia atrás al oír la voz profunda de Garret, alias el cojo. El hombre avanzaba apoyándose en cada lugar que tenía a su alcance para no forzar su pierna herida.

—¿En serio? —apuré mi pitillo y después lo aplasté con mi potente suela reforzada. A la mierda las medidas de seguridad de la estación.

—Claro —el tipo se sentó junto a nosotros no sin evidente dolor en la cara, aunque no se quejó —En realidad soy técnico electricista, homologado, ¿eh? —sonrió — pero desde niño soy un gran aficionado de las radios. Herencia de mi padre, supongo —sonrió al recordar.

—¿Sabes algo de él? —hizo una mueca al escuchar mi pregunta.

—No. Hace un par de semanas se marchó a la casa de campo de Olympic Mountain….Desde que mi madre falleció hace un par de años se ha vuelto un poco…asceta. Ya sabes, centrarse en lo espiritual y dejar de lado los bienes materiales —asentí —Espero que en la soledad de la montaña se encuentre bien. Es un hombre duro —se encogió de hombros.

—Quizás puedas hablar con él si conseguimos esa radio más potente —propuso Black.

—Quizás —repitió Garret mirando a la nada. Luego emitió un largo suspiro —Buen trabajo con el Chevy —dijo cambiando de tema por completo y haciendo que Black sonriera como un niño pequeño el día de Navidad —Esto sí que es un coche robusto y lo demás son gilipolleces.

—Vaya, al fin uno que entiende lo que es de verdad un coche —murmuré contento de que alguien alabase al fin mi montón de chatarra.

—¿Cuándo saldríamos? —miré a Garret sin entender la pregunta.

—¿Qué?

—Que cuándo saldríamos…ya sabes, a por esa radio —ahora lo miré como si tuviera tres ojos…aunque viendo lo visto todo era posible.

—No me jodas, ¿cómo que cuándo saldríamos? —puso los ojos en blanco.

—Vamos, bombero…Estoy dispuesto a volver a salir a la calle y….—negué la cabeza tan rápidamente que me dio un pequeño gran tirón en el cuello, aunque lo ignoré disimulándolo como pude.

—¿Tú? Ni de coña vas a salir así. Rose te cortaría los huevos si lo intentaras después de la obra de arte en forma de sutura que te ha hecho…además, no me apetece que uno de los nuestros se apunte al club de los amputados de ahí fuera. Con que estés cojo de momento nos vale y nos sobra —sonrió con ironía.

—¿Sabréis sacar la radio del helicóptero sin destrozarla? —suspiré completamente cansado. A estas alturas era capaz de sacar la radio a mordiscos si hacía falta.

—Para eso tenemos los walkies, ¿no? —dijo Black —Quedaban los antiguos y estaban más que jodidos…pero el chaval, Seth…les ha estado echando un vistazo y ahora funcionan que te cagas —tooooma. Otro punto para el niño. Al final iba a resultar que teníamos un grupo de lo más nutrido entre nosotros. ¿Algún premio Nobel en la sala? Porque era lo único que nos quedaba.

—Esto es la hostia —murmuré casi emocionado —Creo que estamos todos como jodidas cabras —me levanté y me pasee por el garaje rodeando mi Chevrolet —Tenemos a un electricista cojo con dotes de suicida consumado —Garret alzó la mano sonriendo; al jodido parecía que le gustaba la descripción que había hecho de él —También a una doctora mala hostia como para bautizar a un huracán categoría seis con su nombre….un chaval que no llega a los quince años que se dedica a salvarnos el culo arreglando antigüedades, un preso a veces toca pelotas….—Black negó con la cabeza —y una poli que quiere empuñar un arma más grande que ella. Eso por no hablar de nuestros amigos putrefactos de ahí fuera y de las expediciones al mundo del hedor nauseabundo a las que nos tenemos que someter. ¿Alguien me puede decir de qué puta película hemos salido?

—Creo que The Walking Dead estrenaba nueva temporada en septiembre…aunque supongo que ya no lo veremos…¡pero, qué coño, ahora lo viviremos! —dijo Garret con una sonrisa torcida.

—Mierda, a veces creo que el único normal soy yo….—ambos hombres negaron.

—Ni de coña —murmuró el cojo —Vamos, hombre…un poco de humor. A situaciones complicadas, soluciones a su altura. No podemos hacer otra cosa —se acercó rengueando hasta mí —Piensa que la situación no puede ir a peor.

—Oh, sí….nos pueden merendar los de ahí fuera —el tipo rio con ganas, como siempre.

—Hay que concienciarse de que la vida se ha convertido en eso, Edward —dijo ahora serio —Vivir o morir —se encogió de hombros —Es el ciclo de la vida, pasa todos los días, en todos lados…Sólo que ahora la muerte nos espera en cada esquina como un ratero de tres al cuarto. ¿Qué quieres hacer? ¿Sentarte y esperar a que esa puta con guadaña venga a por ti o luchar para que tu corazón siga latiendo el mayor tiempo posible? —miré con detenimiento sus ojos marrones salpicados por motitas ligeramente rojizas. Oh, no….Lo comprendí todo. Claro que lo comprendí…

—Has perdido a alguien —aseguré. Él se alejó como so le hubiera asestado un puñetazo en la nariz. Su cara se agrió, él se cerró; pensé que no me iba a contestar, pero al final abrió la boca.

—A mi novia —murmuró alejándose un poco de nosotros —Su hermano enfermó, me llamó al trabajo diciéndome que se lo llevaba al hospital. El virus, supongo…De todos modos siempre fue un chaval delicado de salud…Kate —susurró —Apenas una hora después me llamaron diciéndome que tuvo un accidente….se estrelló contra la gasolinera de la calle Watts —me erguí como si me hubieran metido un palo por el culo —Al menos tengo la esperanza de que murió….y ya. De esa manera no tuvo que ver a su hermano sufrir…o vivir en sus propias carnes el contagio. Al menos no ha visto todo el horror que nos acecha ahora…después se desató el caos. Me hubiera gustado darle el adiós que se merecía….—suspiró —Supongo que no era un buen partido para ella…pero la iba a pedir que se casara conmigo este fin de semana. El anillo está guardado en el primer cajón de mi mesilla de noche —dijo de manera distraída —Cuándo estéis dispuestos a salir al infierno sólo tenéis que avisarme. Creo que necesito descansar un poco….

Black y yo observamos cómo el hombre se marchaba con sus andares poco firmes.

Si supiera que yo mismo había estado apagando el fuego de la gasolinera de la calle Watts….si supiera que el hermano calcinado de su novia y ella misma habían mordido a un par de nuestros chicos….si supiera el verdadero horror que nos acechó allí….Dios, evidentemente, jamás se lo mencionaría. La mayoría de las veces, por no decir todas, era mucho mejor vivir en la ignorancia en esta puta vida. Si Garret y su conciencia se habían quedado mucho más tranquilos pensando que su novia, Kate, había tenido una muerta rápida, no iba a ser yo el que rompiera su aparente tranquilidad de esa manera.

—Parece que se ha quedado tocado —murmuró el preso.

—Joder, yo estuve allí —dije de manera distraída —Estuve asistiendo en el fuego donde murió su novia. No fue agradable, ¿sabes? Mejor olvidar aquello….No es algo bonito para rememorar…

—Me lo imagino. De todos modos, ¿quién no tiene alguna jodida historia parecida?

—Pues yo no —reconocí —Estoy completamente solo.

—Pues en este momento te digo sin remordimientos que qué suerte tienes —saqué otro cigarro. Esta vez no hizo falta que le ofreciera uno; él mismo se sirvió quitándome el paquete de las manos —Esto es jodido…muy jodido….

—Si quieres contarme algo soy bueno escuchando —me miró de arriba abajo, justo como lo haría un chico de su barrio con un desconocido…como si me estuviera viendo por primera vez.

—¿Ahora somos amigos? —me encogí de hombros.

—Compañeros de batalla, al menos. Has conseguido mis respetos con tus actos, tío…aunque para mí siempre serás en preso Black —asintió complacido por mis palabras —¿Cuál es tu historia?

El tipo encendió su pitillo, lo encajó en su boca deforme y me miró.

—No siempre he sido un cabrón presidiario, ¿sabes? —asentí creyéndome sus palabras a pies juntillas sólo por la forma en la que las dijo; me senté a su lado. Lo que le había dicho era verdad; estaba dispuesto a escuchar su historia porque sentía curiosidad y porque quería conoces mejor a la gente que me rodeaba…además, dudaba mucho que tuviera algo mejor que hacer en esos momentos. Seguramente Bella ya se estaría encargando de otra locura en algún lugar de nuestro refugio —Nací y crecí en Queens, cerca de donde parece ser que vive…o vivía la poli, la jefa —sonreí por el apelativo nuevo de Bella — Mi madre trabajaba a tiempo completo en un restaurante mexicano. Era la hostia, ¿sabes? Todas las noches llegaba con algún tupperware lleno de comida jodidamente exquisita, picante a veces y fuerte…pero deliciosa. Nos comíamos todo hasta acabar con dolor de tripa —Jake sonrió haciendo que sus labios formaran una extraña mueca —De todos modos muchas veces eso era todo lo que teníamos para comer. Mi padre era albañil. Éramos cinco…mi madre, mi padre, Paul y Leah…mis hermanos, y yo…Éramos una familia humilde, trabajadora y honrada. Paul, el mayor, ayudaba en los gastos de la casa con el trabajo de repartidor de pizzas que había encontrado, no era mucho….pero al menos era una ayuda. Leah y yo en esa época éramos demasiado pequeños como para currar. Aun así ayudábamos en lo que podíamos —sonrió de nuevo —Hacíamos un buen equipo. A nuestra manera éramos cojonudos…

—Pero algo pasó —asintió sin mirarme.

—Fue hace diez años…cerca de las Navidades. Las odio, ¿sabes? Mis padres habían cogido la paga extra en sus respectivos trabajos, eso sí que era genial. Después de mucho tiempo íbamos a tener una cena de Navidad de verdad, como Dios manda…incluso regalos. Dios, estábamos todos felices, contentos…estábamos más que excitados porque al fin parecía que las cosas nos iban bien…Tanto que mi padre se compró un pequeño coche…Era un Ford de color plateado, algo viejo... A mí me pareció el coche más impresionante del mundo más que nada porque era nuestro —no pude evitar sonreír —Así que íbamos a estrenar el coche yendo de compras. Comida, mucha comida…y regalos. Ya éramos lo suficientemente mayores como para no creer en Santa Claus, de hecho, dejé de creer en ese tipo rechoncho a los cinco años cuando pillé a mi padre colocando los regalos bajo el árbol en mitad de la madrugada —soltó una pequeña risotada —Aún recuerdo su cara de desconcierto…—me miró mientras hacía caer la ceniza consumida de su pitillo —El estreno del coche no fue tan maravilloso como pensé. No hubo ni comida especial de Navidad, ni regalos, ni batido en el centro comercial con las manos llenas de bolsas…—mi mirada se agravó. Supe que venía lo duro de la historia…—Antes de llegar un coche nos envistió sin que apenas pudiéramos darnos cuenta. Chocó por el lado derecho del coche…Mi madre y Paul murieron en el acto —tragué en seco —Leah estuvo en coma dos semanas. Estaba conectada a mil aparatos que no sabía para qué coño servían —respiró con fuerza —No aguantó, murió sin que pudiera volver a ver sus ojos de nuevo.

—¿Y tu padre? —susurré.

—Parapléjico —oh, mierda —Desde ese momento quedó en una puta silla de ruedas. Mi familia se despedazó en apenas dos segundos. De tenerlo todo a no tener nada —negué con la cabeza —Me sentí culpable durante mucho tiempo. Fui el único que resultó relativamente ileso…sólo me rompí el brazo derecho y un par de costillas. Con apenas quince años tuve que hacerme cargo de mi padre, los médicos….joder, los médicos me hablaban como si fuera un adulto cuando no entendía casi nada de lo que me decían. Sólo quería volver a ver a mi madre y a mis hermanos…lo que hubiera dado en ese momento por volver a pegarme con ellos por el mando de la tele…

—Fue entonces cuando tú….

—¿Cuándo empecé a ser un delincuente en toda la extensión de la palabra? Sí, por supuesto —admiré su franqueza en silencio —Podría haber sido un buen estudiante…mierda, no se me daba nada mal eso de empollar…Pero estudiando no se ganaba dinero.

—Robando sí.

—Estás hecho un lince, apagafuegos. Supongo que ahora ya no importa que me reconozca culpable de robos, asaltos a casas, contrabando de piezas de coches…—alcé una ceja.

—En tu ficha policial ponía que ibas armado, tío. Una pistola…eso es chungo —asintió.

—Lo sé, joder…—dijo exasperado —Pero mi padre necesitaba medicinas, necesitaba cuidados que yo no podría ofrecerle con lo que ganaba en un taller de mierda. Nos tuvimos que mudar a un piso enano en el Bronx rodeados de lo peor. Ese fue mi principio del fin. No tardé mucho en conocer contactos buenos, grupos de chicos como yo, chicos sin recursos que se ganaban la vida jodiendo a los demñas…No sé —se tapó los ojos con las manos —No me siento orgulloso y menos de haber pertenecido a una banda de delincuentes de esa calaña.

—Pero tú eres un buen tío —le animé con toda mi sinceridad —Desde que estamos aquí no has hecho otra cosa más que ayudar…Siento mucho que la vida se te complicara tanto, de verdad…

—De lo que sí estoy orgulloso es que al final pude ingresar a mi padre en un hospital adecuado a sus necesidades, allí le ofrecían todo lo que yo no podía darle —murmuró —No sé cómo habrán acabado. Supongo que como todos…—ahí sí que no supe qué contestar.

Se hizo un silencio entre nosotros dos que aproveché para procesar todo aquello que me había contado Black. Lo que le había pasado a él era una putada en toda regla. Un cambio de destino en el que todos habían salido perdiendo. Quizás él más que ninguno porque, a pesar de sobrevivir, tenía que soportar la carga de los recuerdos de todo aquello. Qué enrevesada podía ser la vida a veces…La importancia que podían adquirir pequeños detalles cuando no teníamos alcance a ellos.

Lo miré descaradamente. Tenía una duda más y quería resolverla aprovechando el momento de confesión por su parte.

—El corte de la boca…¿te lo hiciste en el accidente? —su gesto se endureció.

—No…Le llaman la boca de payaso. Fue un ajuste de cuentas de una banda enemiga, nos metimos en su territorio. A mí me cazaron…y me metieron un cuchillo en la boca. El resto te lo puedes imaginar —se me pusieron los vellos de punta al imaginarme tal escena —Espero que a esos hijos de puta se les estén cayendo los huevos a trozos en estos momentos…

·

·

·

Quince hombres van en el cofre del muerto. ¡Yo-ho-ho, y una botella de ron! El aguardiente y el diablo hicieron el resto. ¡Yo-ho-ho, y una botella de ron! ¡Ay, ay, ay, la botella de ron! Y sólo queda uno vivo, los demás han muerto. De setenta que eran al salir del puerto. ¡Yo-ho-ho, y una botella de ron! ¡Ay, ay, ay, la botella de ron! ¡Yo-ho-ho, y una botella de ron! ¡Ay, ay, ay, la botella de ron!

El Cazador no pudo evitar reír tras cantar esa canción mientras se movía de una azotea a otra con total precisión. Una canción pirata, oh sí…venía como anillo al dedo a la situación. "Y sólo queda uno vivo, los demás están muertos"….bueno, eso en realidad no era del todo cierto…Estaban muertos, pero esos hijos de puta se movían.

Extraña fascinación la que sentía por esas extrañas criaturas….aunque más fascinación le producía el hecho de ver moverse a esas pequeñas hormigas en las que se habían convertido esos supervivientes.

Esos pocos supervivientes.

Era tan fácil acabar con ellos… ¿Por qué la ciencia, la religión u otra fuerza superior no había hecho que el ser humano fuera más duro? ¿Más resistente? ¿Más fuerte? ¿Por qué no los había hecho inmortales como a sus compañeros que deambulaban en las calles convertidas en el campo de batalla?

Sin embargo su persona había sido hecha para matar. Para acabar con los enemigos. Había matado a hombres y mujeres. Muchos, demasiados…y ahora debía seguir haciéndolo.

Enemigos.

Enemigos.

Enemigos.

Si no acababa él con ellos, ellos lo harían con él.

Y en la guerra le habían enseñado a disparar primero y a preguntar después.

Tenía que acabar con todos. Con todos….porque el Cazador se quería quedar solo, reinando este nuevo mundo…

Mientras tanto, seguía admirando con fijación la estación de bomberos….

¡Yo-ho-ho, y una botella de ron! ¡Ay, ay, ay, la botella de ron! Y sólo queda uno vivo, los demás han muerto…


¿Qué os ha parecido el capítulo? ¿Y la historia de Jacob? ¿Creéis que Bella y los chicos podrán con el Cazador?

Muchísimas gracias por todos vuestros comentarios

Solciito Pattinson, LauCullenBlackSwan, MineMichelle, Guest, BekkaEdwardRobsten, ALEXANDRACAST, Despatz, Caro, Karmen eb, Lilliana len, Manligrez, Maria Cullen, EriM, Bella maru, Monikcullen009, Eve Runner, Kriss21, Karina Masen, Darky1995, Isakristen, AraCullen8, Elizabeth Lecter, Soles, Stewpattz, Zafiroamapola20, MonZe Pedroza, Laura Katherine, Lory24, Lokaxtv, Nella cullen, Bellaen3D2, Betza MB, Javiitaah Hale D' Cullen, IsAbElA M CuLlEn, Ashleyswan, Gretchen CullenMasen, LunaS Purple, YessBarrios, Esteph PV17, DiAnA FeR, CamilleJBCO, Orisweetcullen, Ettena, Lil, Kimjim, Marie Mars, Karlita cullen, Gaby Rivera, Analiaapocaliptica 2012, EmilyLuchia, Darlyn, Miss jessygirls, Mcleanderangel y a todos los lectores anónimos.

Muchas gracias por seguir leyendo, nos leemos dentro de un par de semanas, un besote!