Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, yo solo me adjudico la historia, prohibida su publicación en otros sitios sin mi consentimiento.
Corazón errante
Capitulo 2: El destino
Edward siguió dando vueltas en su cama, hasta que abrió los ojos y vio el reloj despertador de su lado que no dejaba de sonar. Se sentó en su cama y miro a su lado esperando encontrar a la mujer de su sueño.
Por fin podía ponerle nombre, después de un año de miles de sueños con ella. Se sentía un loco, como se había podido enamorar de un sueño. Tomo el block de hojas que estaba en el suelo y se sentó a dibujarla tal como lo había estado haciendo desde que tuvo su primer sueño una semana después de su trasplante de corazón. Ella se había convertido en su musa.
—Mi Bella…
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Edward, contempló su trabajo final, se sentía satisfecho pero no lo suficiente. Sabía que a su dibujo le faltaba algo y eran los ojos de su musa. La conocía de pies a cabeza, desde su largo cabello castaño, sus labios (el labio superior un poco más relleno que el inferior), sus pequeños hombros, su estrecha cintura y sus largas piernas. Pero sus ojos, no los podía captar.
Había intentado dibujando unos ojos cualesquiera, pero sabían que esos ojos no pertenecían a ella, no trasmitían lo que le hacían sentir en sus sueños; sus sueños porque en realidad no la conocía personalmente, nunca habían estado cara a cara.
Edward tomó su obra y la volvió a colocar en uno de folders que tenía en su mesa de noche. Lo colocó al principio pues era uno de sus dibujos favoritos hasta ahora.
—Edward, cariño es hora de levantarse —tocó su madre la puerta sin entrar.
Era un hombre hecho y derecho, contaba con 28 años recién cumplidos pero aun así vivía con sus padres, no es que fuera un mantenido o un niño de mamá y papá; solamente que para darle gusto a su madre antes y después de la operación había accedido a vivir con ellos solo para aligerarles su alma.
Se levantó de la cama y se estiró mirando alrededor de su cuarto. Algunos cuadros y fotografías decoraban su habitación, un caballete con un dibujo a lápiz de su musa a medio terminar, botes de pintura en cualquier parte de su habitación. El era un pintor y fotógrafo y estaba orgulloso de eso, pues era su pasión.
—Cariño, tu desayuno está listo. Tenemos que estar al medio día con William —Esme, su madre, entró por la puerta — ¿Te sientes bien?—se acercó a él y dejó un beso en la mejilla.
—Sí, mamá —rodó los ojos —buenos días a ti.
—Bueno días, amor. Es hora de que te alistes, estamos retrasados.
—Por supuesto —intentó no tener la misma discusión de siempre en la que le decía a su madre que ya no era un niño. Lo intentó varias veces, pero la discusión siempre terminaba con una Esme con lágrimas en los ojos, relatándole lo que había sufrido como madre cuando pensó que su único hijo podría morir.
Ya había pasado un año desde su trasplante de corazón y su madre no había dejado de cuidarlo como el primer día. Pero aunque amaba a sus padres, necesitaba salir, se sentía ahogado e insatisfecho con la vida que llevaba. Deseaba viajar por el mundo, tomar fotografías y sobre todo encontrar a la musa de sus sueños.
A las doce en punto entró a la consulta del doctor William, un amigo de la familia y quien le había practicado su cirugía. Esme como siempre lo acompañó para enterarse del estado de salud de su ya no tan pequeño hijo.
—Edward, Esme… buenas tardes. Tomen asiento —ambos saludaron al doctor y se sentaron en las sillas frente a su escritorio —He revisado tus análisis y todo parece ir muy bien. ¿Has tenido alguna molestia últimamente?
—No, todo está bien.
— ¿Has estado tomando tus medicamentos? —la consulta se extendió por una hora tal como era la rutina. El doctor le dio recomendaciones, Esme preguntó sus dudas y Edward también.
—Creo que eso sería todo por hoy, ya hemos pasado el primer año sin complicaciones. Eso no significa que debes de dejar de seguir las indicaciones. Debes de seguir checándote regularmente, hacer tus ejercicios y tomarte tus medicamentos ¿Está bien?
—Por supuesto… doctor me gustaría hablar con usted, a solas—su madre lo miró sorprendida.
—Edward… lo que quieras decirle al médico, me lo puedes decir a mí también, querido — posicionó su mano sobre el brazo de su hijo.
—Mamá… no creo.
—Vamos, soy tu madre. No pasa nada —le sonrió sin preocupaciones.
—Bien, si eso quieres—Edward suspiró— Doctor, ya ha pasado un año desde mi operación, no hay ninguna complicación y me siento realmente bien. ¿Cree que se me pueda permitir vivir solo? —Esme lo miró y retiró su caricia de su hijo y miró al frente —Mamá… —El doctor suspiró.
—Es seguro que vivas solo, pero siempre y cuando vivas cerca de un hospital —Edward suspiró aliviado, pensaba preguntarle a su madre que era lo que pensaba cuando está se levantó de la silla y salió del consultorio azotando la puerta sin decir nada.
—Edward, eres como un sobrino para mí y quiero lo mejor para ti. Como doctor te doy mi permiso, pero como amigo, creo que deberías hablar con tu madre y decirle cómo te sientes. —le sonrió tímidamente.
—Gracias, doc —le tendió su mano y salió en busca de su madre, su atolondrada madre.
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New York, 23 de junio 2013, 15:30 p.m
— ¡Isabella, abre la puerta!—Bella cubrió su cara con las cobijas y dejó que la persona molesta al otro lado de la puerta siguiera tocando — ¡Bella! —Pronto tu teléfono celular empezó a sonar mientras el toque de la puerta seguía —No me iré hasta que me abras o me contestes el teléfono.
Bella suspiró, se levantó de la cama, se pusó sus gafas y caminó hacia la puerta. La abrió de un tirón.
— ¿Qué pasa Rose?—se recargó contra el marco de la puerta y miró a su rubia amiga.
—Vengo por ti, Emmett nos invitó a esta galería de uno de sus clientes y después ir a cenar.
—Lo siento, no tengo ánimos de ir —Bella se retiró de la puerta y entró a su casa. Rosalie la siguió de cerca hasta la cocina.
—No te pregunte si querías ir. Vengo por ti —Bella la miró por sobre sus gafas mientras tomaba un vaso de agua — ¿Te acabas de levantar? —Le preguntó Rosalie con sus manos en la cintura.
—Hmm.
—Bella, los primeros meses te di tu espacio para que sanara tu corazón, hoy se cumple un año de que Dem se…
—No lo digas —Bella agachó la mirada.
—Hoy es su aniversario, lo sé. Te di tu espacio, dejé que te encerraras en tu caparazón tres días completos sin que tuvieras comunicación con el resto del mundo. Respeté tu decisión. Pero Bella, no quiero volver a perder a mi mejor amiga. Ya perdí a mi mejor amigo y no te quiero perder a ti —Rosalie respiró para que las lágrimas no bajaran por su rostro —la vida sigue, aun eres joven y sé que nunca olvidaras a Dem, pero puedes volver a encontrar el amor.
Rosalie tomó sus manos.
—No quiero volver a encontrar al amor —Bella le dijo, Rosalie negó —Entiéndeme, aún es muy reciente. Pero te puedo prometer que no me perderás, Rosy. Eres la única que ha entendido que lo único que necesito es espacio y tiempo para pensar y pasar mi tristeza. Gracias —Ambas se fundieron en un abrazo.
—Bueno, basta de lloriqueos —Rosalie se separó de ella sonriendo —Sera mejor que tomes una ducha mientras te preparo un bocadillo. Supongo que no has desayunado ¿verdad?
—Me conoces muy bien —le dijo Bella mientras caminaba a su recama.
—Por eso soy tu mejor amiga, jovencita.
Dos horas después ambas iban en el coche de la rubia rumbo a la Chelsea Art Gallery al Oeste de la ciudad.
—De verdad, creo que en cualquier momento Emmett me pedirá que seamos novios formalmente.
—Eso es grandioso, Rose. Pero de verdad, no quiero hacer un mal tercio.
—Para nada, Emmett fue el que sugirió que vinieras.
Emmett era el novio de su amiga, un monstruo de músculos y 1.85 metros de altura, cabello negro corto y rizado, con hoyuelos en las mejillas que le quitaban aquel gesto de malvado. Su trabajo era ser marchante de arte, es decir el buscaba a los nuevos artistas, los representaba y los ayudaba a exponer y vender sus obras.
Pronto llegaron al lugar y Emmett las estaba esperando en la puerta.
—Llegan tarde, chicas —tomó a su novia de la cintura, la levantó y dejo un beso fuerte en sus labios, después se fijó en la pequeña castaña y la saludó con un abrazo de oso, tal como siempre lo hacía —Dentro hay vino y queso. Realmente este chico es muy bueno, tengo mis esperanzas puestas en él.
Los tres caminaron dentro del recinto y mientras Emmett platicaba con posibles compradores y llevaba a su chico con los periodistas, Rosalie y Bella se dedicaron a mirar las pinturas que había colgado en las paredes.
Después de esquivar a dos hombres coqueteando y que la gente se retira, los tres partieron rumbo a un restaurant de comida china para celebrar por el éxito del evento.
—Cariño, mañana parto a Chicago a primera hora —le avisó Emmett a Rosalie.
— ¿Pero por qué?
—Bueno, tengo en la mira a un posible cliente, el cual tiene un gran potencial y me gustaría traer su trabajo a la ciudad.
—Eso no me gusta.
—Nena, es parte del trabajo. Es un chico no muy conocido, su nombre es Edward Cullen se retiró por un tiempo y me gustaría ver su trabajo actual.
Bella miró el intercambio de la pareja, ese Edward Cullen debía de ser muy bueno para que Emmett viajara hacia Chicago solo para verlo.
—Solo serán dos días —Rosalie cruzó sus brazos e hizo un puchero. Bella rió viendo como Emmett trataba de hacerla reír.
A su mente vinieron recuerdos con ella de protagonista y con un hombre de cabello negro que intentaba hacer lo mismo que Emmett. Pero la verdad, nunca fue muy buena para mantenerse enojada con Demetri, solo bastaba para que la mirara con sus ojos azules y ella perdía la fuerza y la cordura.
Parpadeó rápidamente para que las lágrimas que amenazaban con salir de sus ojos desaparecieran. Volvió a mirar a los dos amantes y vio como Rosalie ya no podía aguantar la risa. Negó por las locuras de los dos y siguió comiendo.
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Chicago
—Buenas noches, hijo —Carlisle, el padre de Edward entró a la casa, dejó su maletín y saludó a su hijo con un abrazo — ¿Dónde está tu madre?
Edward suspiró y pasó a relatarle a su padre desde su ida al consultorio hasta cuando llegaron a casa. Aunque intentó hablar con su madre y decirle que eso no significaba que se iba a mudar en ese justo momento, su madre al llegar a casa se había encerrado en su habitación y no había salido para comer.
—Intentaré hablar con ella aunque debes de comprenderla. Eres nuestro único hijo, que casi te perdiéramos hizo que su razón de vivir fuera cuidarte aunque para eso te tuviera que tener a su lado para siempre. Te amamos y ver cómo te enfermabas y después de la operación nos hizo un poco paranoicos acerca de alejarnos de ti.
—Lo sé, papá. Y yo les agradezco, pero quiero que lleven una vida más tranquila, que vuelvan a su rutina.
—Nadie tiene que hablar conmigo —Esme entró en la habitación —. Hijo, entiendo que quieres volver a tener una vida normal y agradezco que tu decisión también sea por nosotros. Pero también entiéndeme, solo dame un poco de tiempo para procesarlo —el labio inferior de Esme empezó a temblar.
—Por supuesto mamá —Edward se levantó de su asiento y rodeó a su madre con sus brazos —. Cuando me mude serás bienvenida siempre que quieras mientras cocines —bromeó.
—Eres un tontin, Edward Cullen.
A la mañana siguiente, Edward se levantó temprano para su rutina habitual: hacer ejercicios de reparación y salir a caminar por media hora. Esta vez su musa no había aparecido en sus sueños y eso lo hacía sentir un poco inquieto, aunque pareciera de locos quería seguir soñando con ella, saber que por lo menos en sus sueños la podía mirar, acariciar y besar lo reconfortaba.
—Edward, hijo, reacciona —le dijo su madre cuando entró a la casa después de sus ejercicios.
—Lo siento, má.
—No te preocupes. Te llamo un tal Emmett McCarty es un agente artístico, dijo que lo llamaras —le dijo su madre emocionada mientras le entregaba el pequeño post con el nombre y número del tal Emmett—. Sugiero que llames ahora, se notaba un poco ansioso.
—Oh… claro. —Edward tomó el teléfono de la sala y marcó el número, a los dos tonos le contestó una voz de hombre.
—Emmett McCarty al habla.
—Hola, buenos días, soy Edward Cullen. Recibí un mensaje de usted…
—Sí, me alegra que me llamaras tan pronto. Estoy interesado en tu arte, vi tus exposiciones anteriores y créeme que nunca había visto tanto talento en una persona. Creo que podemos ser un gran equipo.
—Gracias señor McCarty.
— ¿Qué tal si hablamos esta tarde? Podemos ser un gran equipo Edward. No perdemos nada con entablar una conversación y ver si estamos en el mismo sentido.
¿Qué podía perder?
—Está bien— Emmett le respondió con un excelente y comenzó a darle los datos del restaurante y la hora en la que se podían ver. Edward colgó y miró a su madre que lo miraba expectante.
— ¿Y bien?—le preguntó emocionada.
—Emmett McCarty está interesado en mi arte y quiere que nos encontremos hoy.
—Eso es genial Edward, hace mucho que no tienes exposiciones. —Esme lo abrazó. Edward se tensó —, ¿Qué sucede?
—Bueno, hace mucho que no expongo ¿qué tal si la gente se olvidó de mí? ¿Si mi arte no es tan bueno?
—Cariño, he visto tus bocetos y tus pinturas y créeme que son hermosas y que merecen estar en exposición. Creo que estos meses has mejorado muchísimo. Ve con ese hombre, no pierdes nada con saber cuáles son sus planes.
Edward lo pensó por uno momentos y decidió que iría a aquella cita. Nunca se había puesto nervioso cuando se encontraba con agentes, pero esta vez se sentía diferente, no lo quería admitir pero sentía que esa llamada cambiaría su vida. Aquella inquietud que sentía por que su musa no había aparecido en sus sueños incrementó y eso lo hizo sentir desconcertado.
A la hora acordada entró al restaurant con su block de dibujo bajo el brazo. Se sentía nervioso, hacía mucho tiempo que no hacia una cita con un agente y tampoco exponía.
—Buenas tardes ¿Tiene reservación? —le preguntó la recepcionista, Edward la miró, vio que era castaña, intentó ver en sus ojos pero no era ella.
—No, pero me están esperando. A nombre de Emmett McCarthy.
—Claro, él lo está esperando —la recepcionista le sonrió coqueta al ver el escrutinio que le había dado el ojiverde. Edward la ignoró no percatándose de eso. En cada morena buscaba aquella persona que lo hacía suspirar en sus sueños, presentía que ella era real y tenía que encontrarla.
—Así que tú eres Edward Cullen — Edward miró a quien suponía que era Emmett McCarty y se sorprendió pues pensaba que sería un hombre más viejo.
— ¿Emmett McCarty? —le preguntó extendiendo la mano.
—El mismo —le dio un fuerte apretón —. Adelante, toma asiento. Bien Edward, iré al grano. Me ha encantado tu trabajo y creo, que si está en tus planes puedes llegar muy lejos y ser reconocido, New York te espera, viejo.
—Gracias Emmett, pero debes de saber que me retiré un tiempo del arte y tal vez lo que esperas ya no es lo mismo.
—Para nada, lo tuyo compañero es arte innato, el cual no desaparece sino que mejora.
—Gracias, Emmett.
— ¿Y dime que traes ahí? —le dijo señalando su block.
—Oh, son algunos de mis trabajos, pensé que tal vez te gustaría verlo.
— ¡Diablos sí! —Edward rió al escuchar a Emmett, no era un agente común, era muy joven pero también notaba que le encantaba el arte. Abrió el bloc y empezó a ver las fotografías que había pegado en las hojas y algunos bocetos de paisajes. Tenían muchas cosas en común y no solo el arte, de repente se encontraban hablando de sus bandas favoritas y sus ciudades favoritas.
—Edward, si no trabajamos juntos, debemos de seguir en contacto. Eres muy divertido, hombre.
—Gracias Emmett, pienso lo mismo —tomó un trago de su agua mineral, mientras miraba a Emmett pasar las hojas.
—Oh que tenemos aquí.
—Eso… es personal —las mejillas de Edward se sonrojaron, cuando Emmett visualizó los bocetos que había hecho de su musa. Por equivocación aquellos habían quedado en el block incorrecto.
—Vamos Edward, esto es genial… no quiero decir que tu otro trabajo no lo es, pero esto… sabes… es diferente, puedo sentir la pasión y ese algo que trasmites —Le dijo al artista —. Me puedo imaginar una exposición de tus obras pero estas serían las protagonistas ¿Tienes más de estas?
—Si, por supuesto.
—Si estás de acuerdo, me gustaría verlas Edward.
—Claro — respondió nervioso.
— ¿Sabes? Esta mujer me recuerda a una amiga muy cercana, por un momento pensaría que es ella —Emmett rió.
Podrían pensar que Edward Cullen estaba loco, pero una chispa dentro de él se incendió con aquella revelación de su nuevo amigo, tenía ese presentimiento de que tenía que viajar a Nueva York y conocer a aquella mujer. Si no lo hacía, nunca podría vivir con aquella incertidumbre. Tal vez era un indicio y Emmett había sido un peón del destino para encaminar su vida y tal vez conocer a su musa.
Hola, aquí les dejo el segundo capítulo, muchas gracias por el recibimiento de está nueva historia. Espero no decepcionarlos.
Este capítulo por ser el segundo no hay mucha interacción entre ambos, pero es posible que en el tercero estén ambos en la misma ciudad. Espero que les haya gustado el capítulo, espero sus comentarios.
Gracias por leer, dejar sus comentarios y agregar a favoritos. Hay un grupo de facebook por si quieren unirse (el link esta en mi perfil).
Nos leemos pronto.
