Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, yo solo me adjudico la historia, prohibida su publicación en otros sitios sin mi consentimiento.


#EspecialSemanadeactualizaciones (leer la nota de autor para enterarse de que va)


Summary: Bella Swan acababa de perder el amor de su vida en un trágico accidente, mientras que el destino le otorga a Edward un nuevo corazón cuando sus esperanzas eran nulas. ¿Pero quién es esa mujer que aparece en sus sueños? ¿Por qué siente que le falta algo? ¿Y de donde salió esa necesidad de salir corriendo hacia un lugar desconocido en busca de algo o alguien?


Corazón errante

Capítulo 3: New York, New York

Oh que tenemos aquí.

Eso… es personal —las mejillas de Edward se sonrojaron, cuando Emmett visualizo los bocetos que había hecho de su musa. Por equivocación aquellos habían quedado en el block incorrecto.

Vamos Edward, esto es genial… no quiero decir que tu otro trabajo no lo es, pero esto… sabes… es diferente, puedo sentir la pasión y ese algo que trasmites. —Le dijo al artista —Me puedo imaginar una exposición de tus obras pero estas serían las protagonistas ¿Tienes más de estas?

Si por supuesto.

Si estás de acuerdo, me gustaría verlas Edward.

Claro — respondió nervioso.

¿Sabes? Esta mujer me recuerda a una amiga muy cercana, por un momento pensaría que es ella —Emmett rio.

Podrían pensar que Edward Cullen estaba loco, pero una chispa dentro de él se incendió con aquella revelación de su nuevo amigo, tenía ese presentimiento de que tenía que viajar a New York y conocer a aquella mujer, si no lo hacía nunca podría vivir con aquella incertidumbre. Tal vez era un indicio y Emmett había sido un peón del destino para encaminar su vida y tal vez conocer a su musa.

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1 de julio de 2013

¿Es seguro que viaje solo? —le preguntó Esme preocupada.

Por supuesto, solo debe seguir las mismas indicaciones de siempre, y estoy seguro que Edward la seguirá al pie de la letra ¿no es así muchacho?

Así será.

No te preocupes Esme, Edward va muy bien, es como si ese corazón hubiera sido el propio.

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Edward sonrió y descansó su cabeza en el asiento del avión, se pusó sus audífonos y cerró los ojos. Había pasado un largo rato desde la última vez que había ido a Nueva York. Él no era un gran fan de las grandes ciudades cosmopolitas, el prefería las ciudades grandes y tranquilas como Chicago, que aunque era una ciudad muy importante no compartía el bullicio y la vida loca de Nueva York.

Pero esta vez se sentía diferente, una emoción extraña habitaba en su estómago. Nunca había deseado tanto que aterrizara el avión como en ese momento.

—Disculpe, ¿necesita alguna cosa? —Edward abrió los ojos y miró a la azafata del vuelo tocando su hombro —Parece nervioso—le dijo ella.

—No, gracias. ¿Falta mucho para aterrizar? —le preguntó a la joven aunque sabía que faltaban exactamente una hora con veinte minutos.

—En una hora o un poco más, señor.

—Gracias —con un asentimiento de cabeza la azafata se despidió de Edward y se dió la vuelta para hacerle la misma pregunta a los demás pasajeros.

Ese mismo día era la exposición de algunos de sus bocetos y fotografías. Los había mandado por paquetería unos días antes y Emmett fue el encargado de lograr la exposición.

El chico le había dicho que asistiría la prensa de la ciudad y algunas personalidades del mundo del espectáculo, pero lo que siempre le recordaba con un tono juguetón es que iba asistir su amiga la cual era muy parecida a la mujer de sus dibujos. Sinceramente esperaba conocerla, para así desaparecer las esperanzas –como siempre- de que esa mujer fuera su musa.

Sin darse cuenta Edward se quedó dormido, lo despertó la voz del piloto avisando la hora y el clima de la ciudad. Volteó hacia la ventana y miró bajo él los aparentemente minúsculos edificios, los rayos del sol calentaron su fría cara. Deseó tener en sus manos su cámara fotográfica que lamentablemente estaba dentro de su maleta.

—Señor, es necesario que se abroche el cinturón, estamos a punto de aterrizar —la azafata interrumpió sus pensamientos.

—Gracias.

—Espero que haya tenido un buen viaje. —le sonrió y la mujer fue a su asiento en la parte trasera del avión.

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—Gracias por viajar con nosotros. —Edward asintió sin decir palabras mientras salía del avión para entrar al túnel que lo llevaría a recoger su equipaje. No traía mucho, solo lo necesario para quedarse dos días en la ciudad. Si las cosas iban bien… bueno, pronto sabría qué sucedería después.

Emmett lo recogería en el aeropuerto y lo llevaría al hotel para darle unas horas para descansar, después mandaría a un chofer para que lo recogiera y lo llevara a su exposición.

Después de tomar sus maletas se dirigió hacia un auxiliar del aeropuerto para que le indicara donde estaba la puerta de salida.

—Uh, disculpe ¿Me podría indicar la salida…— Y mientras intentaba preguntar al joven. Escuchó como la maleta que había dejado a unos centímetros de él se caía al suelo.

—Mierda, lo siento—Edward y el joven voltearon para ayudar a la joven que había caído al suelo. Mientras el auxiliar ayudaba a levantar las maletas de Edward y de la mujer. Edward se acercó ayudarla a levantarse. Edward no podía ver su rostro porque su cabello caía alrededor de él.

— ¿Te encuentras bien?— Edward le dio la mano que ella aceptó y la ayudó a incorporarse.

—Sí, gracias. Lo siento…

—Mi nombre es Edward Cullen — Pero aquella mujer no pudo escucharlo porque el altavoz del aeropuerto sonó llamando a los pasajeros del vuelo con destino a Seattle. La mujer se retiró el cabello castaño de su cara y ahí fue cuando sucedió.

El corazón de Edward empezó a palpitar como nunca lo había hecho, una electrizante sensación recorrió toda la espina de Edward. Sus ojos, eran de un profundo color chocolate oscuro en los cuales se podrían perder. La podría reconocer en cualquier parte porque sus sueños se habían grabado en su memoria de tanto que los había repetido, y estaba aquí frente a él, era ella, su musa.

—Mierda, me tengo que ir —la mujer tomó la pequeña maleta que le entregó el hombre—Lo siento mucho, de nuevo.

Y antes de que Edward pudiera reaccionar ella salió corriendo de ahí.

No, no, no.

Los pies de Edward empezaron a caminar hacia donde ella había escapado, cuando menos se dio cuenta estaba corriendo por el aeropuerto. Con aquel hombre gritando a su espalda por sus maletas.

No la puedes dejar ir ¡Bella!

A la distancia la vio correr entre el tumulto de personas. Solo unos segundos más y la podría alcanzar, pero la suerte no estaba de su lado cuando se atravesó un carrito con maletas. A la distancia pudo ver como una coronilla con cabello castaño atravesaba la sala para entregar su boleto de avión.

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—Señor, sus maletas

—Gracias —Edward le sonrió con pesar. Las tomó y llegó a la silla más próxima y se derrumbó sobre ella.

Se pasó sus manos por su cabello. Había estado tan cerca de ella y ahora la había perdido. Y no sabía si alguna vez la iba a poder ver otra vez.

— ¡Hey, hombre! ¿Qué te pasa? Parece como si hubieras visto un fantasma o algo así —la voz de Emmett lo hizo dar un respingo porque no se lo esperaba.

—Uh… algo así. Hola, Emmett.

— ¿Seguro? —le preguntó un Emmett preocupado. Edward asintió —Bueno, es mejor que vayamos a dejarte al hotel, hay algunas cosas que debo de preparar antes de la noche.

—Si quieres, puedo ayudarte en la galería, dormí durante el vuelo —ambos caminaron hacia la salida.

—No te preocupes, solo quedan unos simples detalles que arreglar.

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—Bella ¿estás en casa? —Isabella tiró las prendas de ropa que tenía en las manos y la tiró en la maleta antes de dirigirse a la puerta —Hola nena…pero mierda, ¿qué es lo que te pasa?— La rubia se quedó parada en la puerta de su casa— ¿Está todo bien?—La sujetó por los hombros.

—No —Bella negó intentando aguantar las lágrimas que estaba a punto de derramar — Tengo que ir a Forks, a Charlie le dispararon.

— ¡Diablos! El…el esta

— ¡No! No, por suerte no. Pero te juró Rose que cuando recibí la noticia me quería morir. Aún sigo temblando de miedo —le confesó la castaña. De sólo pensar que Charlie se fuera, hacía que su respiración fallara, sabía que no sobreviviría otra perdida tan pronto.

La muerte de Demetri le había calado en fondo, aún seguía llorando por su perdida. Pero Charlie, junto con su madre era su todo, era la fuerza que la mantenía adelante, porque estaba agradecida por la vida de aquel hombre que con el sueldo de un oficial de un pequeño pueblo, pero con un gran corazón le dieron los mejores momentos de su vida.

— ¿Qué fue lo que pasó?—Rose envolvió su brazo por sus hombros y la llevó a uno de los sillones de la sala.

— Alguien de otro pueblo intentó asaltar la tienda de deportes de los Newton, el chico entró en pánico cuando vio a la policía y disparó hacia la primera persona que vio, Charlie. Por suerte la bala no perforó ninguno órgano y no tendrá consecuencias más que un Charlie enojado porque no podrá trabajar en un mes —Bella secó sus lágrimas.

—Bueno, en lo que cabe son buenas noticias, nena. Charlie está bien.

—Sí, creo. Pero solo pensar en perderlo—Bella se estremeció.

—Tranquila ¿te ayudo a empacar?

—Uh, ya casi termino —ambas se levantaron —Muchas gracias, Rose. Por estar siempre en los momentos más difíciles.

—No te preocupes, nena.

—Discúlpame con Emmett, estaba demasiado emocionado con que fuera a esta exposición.

—No sé qué se trae entre manos. Pero le diré de tu parte.

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Treinta minutos después, Bella seguía esperando a que un taxi se parara y la llevara al aeropuerto. Su vuelo salía en una hora y no estaba segura si sería capaz de llegar a tiempo. Unos cuantos segundos después tuvo que pararse en medio de la calle para obligar a que un taxi a que se parara.

Después de una mirada malhumorada del conductor, se subió al auto y le indicó que la llevara al aeropuerto lo más rápido que pudiera.

Miraba su reloj impacientemente, en veinte minutos su vuelo se iría y aún tenía que recorrer medio aeropuerto y documentar su equipaje y pasar por todos los filtros de seguridad.

—Gracias, quédese con el cambio —aventó unos cuantos billetes y entró corriendo al aeropuerto.

Nunca había sido una buena atleta, ni una buena corredora pero estaba agradecida que sus piernas estuvieran coordinadas por primera vez en su vida. Bella siguió corriendo sin importarle las miradas acusadoras de las personas a su alrededor. Esquivaba personas, niños, maletas, hasta que un pequeño niño se atravesó en su camino en el último momento.

En un extraño movimiento con su cadera y con sus piernas (que afortunadamente no recibió un esguince) pudo esquivar al pequeño. Emocionada por su buena fortuna, siguió corriendo y no se dio cuenta que casi enfrente de ella, habían dejado unas maletas con las cuales se tropezó.

—Mierda, lo siento—Fue lo único que pudo decirle al propietario de las maletas. Tonta, Bella, tonta. Sus rodillas dolían y sus manos escocían por la fricción que había hecho al deslizarse unos centímetros por el piso.

— ¿Te encuentras bien? — El hombre le dio su mano y ella lo aceptó para incorporarse.

—Sí, gracias. Lo siento…

El altavoz del aeropuerto sonó llamando a los pasajeros del vuelo con destino a Seattle por lo que Bella no pudo escuchar lo que el hombre decía. Era un hombre muy guapo y joven. No Bella, deja de pensar en tontenterias.

De pronto recordó el anunció del parlante y se dio cuenta que estaba retrasada y a punto de perder su vuelo.

—Mierda, me tengo que ir —la mujer tomó la pequeña maleta que le entregó el trabajador del aeropuerto—Lo siento mucho, de nuevo —Se disculpó antes de voltearse y salir corriendo hacia la sala de abordaje.

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Bella suspiró aliviada cuando leyó el mensaje que su madre le envió, su padre había salido perfectamente de la operación. Suspiró aliviada y mandó una respuesta a su madre antes de apagar su teléfono.

—Señorita—le habló a una azafata — ¿Tiene crema para las raspaduras? —le preguntó enseñándole sus manos.

—Claro que sí, cielo. No tardo —la azafata le sonrió y caminó hacia la cabina.

Después de usar la crema en sus manos y agradecerle a la azafata, Bella se pusó sus audífonos dispuesta a prepararse para el largo viaje que le esperaba antes de llegar a casa.

Subió el volumen a todo lo que pudo y cerró los ojos quedándose dormida casi al instante. Lo que nunca se imaginó fue que en sus sueños se encontraran unos profundos ojos verdes observándola desde la oscuridad y más que asustarla o sentir pavor, sintió una calidez en su pecho que la hizo sentir segura y amada.


*Se esconde tras una montaña de papeles*

Se que no tengo perdón y que las palabras sobran para disculparme y explicar la razón de mi larga ausencia. Créanme que yo tampoco me leería después de tardar tanto. Pero entre una combinación de tareas en exceso en la escuela y una temporada de sequía de inspiración total en este fic y de inspiración congelada en mi otro fic por fin regresé, con una lista de capítulos para escribir con la cual la historia va tomando forma.

Técnicamente han pasado un año y tres meses desde la ultima vez que actualice y créanme cuando les digo que intenté escribir innumerables veces. Así que en búsqueda de su perdón y que lleguen nuevas lectoras, les traigo una sorpresa que debe de incluir redobles de tambor.

#EspecialSemanadeactualizaciones ¿Qué quiere decir esto? Bueno, mis querid s amig s. Esto quiere decir que está semana(30/03/ — 3/04) a partir de hoy y hasta el viernes cada día habrá un nuevo capítulo esperando por ustedes.

Como les dije, ya tengo una lista de capítulos con un pequeño resumen de que va a contener el capitulo, por lo que va hacer más fácil para mi escribirles.

Espero que les haya gustado mucho el capítulo de hoy y ese primer encuentro. Recuerden agregar esta historia en sus favoritos, seguirlo, dejar un review, entrar al grupo de facebook donde se enteraran de las actualizaciones y de avances.

Nos leemos pronto.