Capitulo 5
A la mañana siguiente desayunamos tranquilamente en la comodidad de nuestro departamento, no hablamos nada referente a la misión si no hasta que llegamos a la guardia. Naruto ya no esperaba en la entrada, junto con el grupo que sería nuestro respaldo por si las cosas se ponían mal.
–Bien, repasemos el plan – comenzó a hablar Sasori, el agente que liderará a nuestro apoyo, era algo enigmático aun, casi no se lo veía pues prefería tener trabajos externos, ese hombre pelirrojo con mirada chocolate y piel bronceada era conocido también por su poca paciencia y sobre todo no perdonaba fallos – cuando lleguemos al objetivo, nosotros, el equipo "B" estaremos situados en puntos estratégicos alrededor de dicho lugar. Nosotros llegaremos primero para verificar que el terreno a explorar está seguro. Shino te dejo la comunicación a cargo, tú me reportaras directamente lo que suceda a los alrededores.
–Entendido.
–Lee, quiero que asegures la vía de escape, ten varias alternativas por si llegamos a requerir dividirnos.
–Déjamelo a mí – dijo entusiasmado.
–Ten Ten, tú serás nuestra artillera, ya sabes que hacer.
–Descuida, no sabrán ni quien los golpeo.
– ¿Qué quiere decir? – pregunté a Naruto en voz baja.
–El artillero se encarga del armamento, es un trabajo pesado es como decir que estará en todos lados, nos vigilara la espalada al mismo tiempo que si requerimos de mas equipo ella no lo proporciona.
–Naruto – habló Sasori – yo me encargaré de vigilar junto con Shino, tendremos todo el perímetro cubierto.
–No esperaba menos de ti.
La mirada de Sasori era inexpresiva, pero sin duda, su equipo confiaba ciegamente en él. También se le conocía por sus excelentes planes para derrotar a la mafia. Gracias a él, habían bajado considerablemente sus acciones como marca de territorio, venganza a otros bandos, trata e incremento en el mercado negro, entre otras cosas más.
–Bien, nosotros partimos ahora, en cuanto lleguen se dará comienzo al plan definitivo – dio la espalda para irse junto con su equipo que lo seguía – Nos mantendremos informados mediante Hyuga.
El equipo salió directo del sector cuatro, unas camionetas negras con vidrios polarizados los aguardaba ya en el estacionamiento listos para marcharse.
–Bien ahora a esperar – dijo Naruto cuando nos volteo a ver – esto será pan comido.
–Si, como no – dijo Sasuke – y más con tu presencia – concluyó con sarcasmo.
–El líder aquí soy yo – dijo Naruto orgulloso – los principiantes sólo obedecen.
–Como si me importase – dio media vuelta para irse.
–Oye ¿a dónde vas? – exigió saber Naruto.
–A donde sea que no estés.
Sasuke se alejó del lugar dejando a Naruto más que cabreado. Así era en cada misión a la que salíamos, pero como era de siempre, Sasuke sólo iría a asegurarse de que nuestro equipo estuviera en perfectas condiciones y no hubiera problemas con ello.
El plan era sencillo, llegar al lugar, libraríamos la seguridad, recolectar evidencia y después sorprender y atacar. Aquel secretario conocido como Utakata, se le acusaría por lavado de dinero y vender secretos del gobierno a otros países. También se rumoraba que tenía nexos con el narcotráfico. Sin duda lo atraparíamos.
–Sasori me dijo que todo está calmado, han confirmado la llegada de Utakata hace dos minutos, todos están en posición – dijo Hinata, mientras que le entregaba a Naruto un reporte detallado.
–Perfecto, es hora de partir.
Los tres subimos igual a una camioneta que ya nos esperaba, ésta era de color gris y con los vidrios polarizados. Aquel viejo almacén no quedaba muy lejos de donde estaba la Guardia. Naruto iba adelante junto con el chofer y yo iba atrás con Sasuke, él estaba viendo por un pequeño portátil el croquis del almacén junto sus alrededores.
–Bien, entiendo, nosotros estamos a dos cuadras de ahí – habló Naruto por el intercomunicador – cambio y fuera. Bien chicos ya estamos cerca – nos volteó a ver – estén listos.
Al dar una respuesta afirmativa de nuestra parte, la camioneta dio un giro a la derecha y después de unos metros se detuvo en frente de un gran almacén.
–Sasori y el equipo B ya nos tiene en la mira – dijo bajando una maleta que contenía intercomunicadores extras que enseguida Sasuke y yo tomamos – nos dividiremos en dos equipos – prosiguió mientras nos pasaba un par de Five–seveN – Sasuke y tu irán a lado este yo iré al oeste – explicó mientras cargaba su arma – estaremos en contacto cada momento que sea necesario, cuando alguien encuentre a Utakata lo informaremos en seguida.
–Entendido – dijimos al unísono.
Naruto dio la señal, entramos por la puerta principal y nos dividimos. El lugar olía a viejo y abandonado, la humedad se mezclaba con lo podrido del lugar. Todo estaba oscuro, así que nos ayudamos con la pequeña linterna de nuestra arma. Ratas y cucarachas se veían cruzar a nuestros pasos. Pasábamos varios contenedores y a cada esquina revisábamos por si no había ningún sospechoso en la mira. Al parecer nadie estaba ahí, todo estaba en silencio, sólo se escuchaban nuestros pasos sordos en el camino.
–Este lugar esta desierto – dije en voz baja a mi acompañante – seguros que aquí está el objetivo.
–No hay duda – dijo Sasuke en voz baja – oye idiota – habló por el intercomunicador – será aquí.
–Lo tengo – se escuchó decirle a Sasuke.
Nos detuvimos ahí sin hacer movimientos y ruido. Ese mundo de contenedores parecía un laberinto de metal. Si aquí lo atraparíamos entonces el plan sería que Naruto lo atrajera hasta nosotros para poder capturarlo.
El tiempo se me hacía cada vez más largo y sin duda lo que se agotaba era mi paciencia, pero no podía explotar así de la nada si no arruinaríamos esta "sencilla" misión. Me recargué un poco en el contenedor que teníamos a un lado, el cansancio comenzaba a parecer… ¿Cuánto tiempo pasó? 10 minutos, 20 minutos, 40 minutos… una hora.
– ¿Qué es eso? – solté alarmada
Una explosión se escuchó a lo lejos de nosotros, me paré de inmediato y sostuve mi arma con las dos manos a la altura de mi pecho. Una segunda explosión se escuchó. Sentía que sudaba frio, por alguna razón me sentía extraña. Estaba segura de que era una misión muy fácil, además de que no necesitábamos de mucho, pues extrañamente aquel sujeto parecía que no le tenía miedo nada, por lo general siempre nos teníamos que enfrentar a sus guardaespaldas por no decir gorilas de cada sujeto que arrestábamos. Pero esta vez era muy diferente.
Una tercera explosión se escuchó, ahora cerca de nosotros, dispuesta a moverme de ese sitio, di un paso para doblar la esquina de aquel contenedor que nos cubría, pero algo o más bien Sasuke me impidió hacer nada cuando me vi prisionera por sus brazos.
– ¿Qué haces? – Dije confundida – tenemos que movernos – él seguía sin decir nada y sólo apretaba mas el abrazo –Sasuke, ¡reacciona!
Una cuarta explosión se escuchó y esta vez el pánico me invadía.
–Lo siento – escuché de su voz débilmente – gracias por todo…
Antes de decir nada una quinta explosión se escuchó dando paso para que Sasuke me inyectara en el cuello un somnífero, de mi boca sólo salió un quejido por aquella acción brusca. ¿Qué le sucedía? ¿Por qué hacia esto? Mis preguntas se quedaron en mi mente mientras sentía como se cerraban mis ojos lentamente producto de aquella inyección, mi cuerpo sentía que se adormecía y que si no fuera por los brazos de Sasuke seguro caería al suelo de forma estrepitosa.
–Ya sabes que hacer… cuídala cómo tu vida…
Escuché que unos fuertes pasos se acercaban, no vi de quien eran, todo era tan confuso, que ahora mi vista me traicionaba al ver doble, trataba de enfocar bien pero era inútil.
–Descuida, yo me encargo…
Aquellas voces ya ni sabían de quienes eran, a ese punto aquel somnífero me tenía en una posición que no sabía en verdad si estaba alucinando o ya había caído en un profundo sueño. Los ruidos eran diferentes, aquel calor que sentía antes producto de aquellas explosiones ya no lo sentía, los olores desaparecieron y todo se volvió negro. Mi cuerpo lo sentía ligero, sentí que alguien me susurraba al oído pero eso que me dijo era algo indescifrable o tal vez algo que yo no quería aceptar.
Confusión…
Miedo…
Desastre…
Traición…
Escuché el ruido de la televisión… fui despertando poco a poco, sentía un extraño frio, un dolor en la cabeza y en el cuello, algo que jamás había sentido. A tientas, buscaba bajo las sabanas aquel cuerpo que todas las mañanas siempre me calentaba, aquella persona que me hacía sentir protegida y segura, pero era inútil, me levanté de golpe y sólo vi las cortinas cerradas, la televisión encendida y aquella habitación sin su presencia. Vestía mi pijama, aunque todos los recuerdos del día anterior eran algo confusos, por no decir inexistentes. Me levanté de la cama y me puse mis pantuflas, me dirigí al baño y no estaba ahí, busqué en las demás habitaciones y nada, la cocina, el comedor, la sala, no había ni rastro de él.
Llegaron esas escenas de aquella última misión, ese almacén, todo llegaba a mi cabeza como flashes, y fue cuando me desmoroné, cientos de preguntas circulaban en mi cabeza a alta velocidad, confundiéndome, molestándome, irritándome… no encontraba motivo ni solución. No sabía cómo había llegado a casa y mucho menos sabia cuanto tiempo había pasado de aquello.
Me dirigí a la habitación y busqué mi ropa por todos lados, encontré mi pantalón sobre cómoda que teníamos enfrente de la cama, estaba mi carnet y también mi teléfono celular, busqué frenéticamente en la lista de contactos su número y marqué.
"Lo sentimos, el numero que usted está marcando esta desconectado o fuera de cobertura"
– ¡Maldición!
Arrojé aquel aparato y se estrelló contra la pared, me vestí rápidamente y busqué las llaves de mi auto, por un momento creí que encontraría su auto al lado del mío como era de costumbre, pero sólo me engañaba a mi misma creyendo que no pasaría nada.
Conduje como una maniática por la ciudad al único lugar que tendrían respuestas, cuando llegué el vigilante levantó la plumilla y me dejó entrar, me estacioné y no me importó si lo hice bien o si ocupaba el lugar de alguien importante de ahí. Me bajé y fui corriendo al elevador, oprimí cómo una loca el botón para llamarlo, cómo si tratará de que así bajara más rápido, una vez dentro sólo miraba impaciente los niveles que iba dejando abajo. Cuando las puertas se abrieron, las personas que estaban por ahí, al verme me miraron recelosas y sorprendidas, algunas murmuraban con otras, no le tomé importancia a eso y seguí con mi camino. Llegué a la oficina del jefe y entré, aun cuando su secretaria me impedía el paso.
– ¿Dónde está? – Exigí saber.
–Disculpa – dijo Orochimaru viéndome por el rabillo del ojo, el estaba de pie observando por aquel ventanal que tenía su amplia oficina.
– ¡No se haga el idiota! – Grité – ¿Dónde está Sasuke?
–Eso quisiera saber niña – se giró y me miró con sorna, apretó un botón en su escritorio y su secretaria se escuchó por la bocina de aquel aparato – dile que pase.
Naruto entró y su cara lucia seria, trataba de pedir una explicación con la mirada, pero todo era en vano pues sólo me evitaba.
–Explica Naruto – ordenó esa maldita serpiente.
–Sakura… Sasuke… – no sabía cómo empezar o por donde comenzar a explicar – la misión de ayer fue una finta…
– ¿Qué? ¿Cómo que una finta? ¿De qué hablas?– pregunté estupefacta y colérica.
–Todo fue una trampa… desde la información, Utakata, todo eso era una mentira…
– ¿Qué quieres decir? – pregunté con temor.
Naruto no sabía como darme una buena respuesta, hasta que la voz fría y afilada del jefe irrumpió con aquella explicación.
–Desde ahora, Uchiha Sasuke es considerado como traidor.
Traidor… esa palabra resonaba en mi cabeza. Horrorizada, vi a Naruto para que me diera más detalles, una explicación, pero era en vano encontrar su mirada que ahora era cabizbaja.
Tapé mi boca para que no saliera ningún grito de ella, mis ojos comenzaban a nublarse mientras retrocedía lentamente para salir de aquel infierno. Sin darme cuenta ya estaba corriendo a la salida, sólo alcance a ver una sonrisa de satisfacción en Orochimaru mientras que Naruto trataba de seguirme.
Llamé al elevador y este no venia, corrí hacia las escaleras y las bajé rápidamente, casi caía, algunas veces tuve que bajar de dos o de tres en tres escalones para llegar rápido. Agitada, llegué al último piso y me dirigí a mi auto, me subí y metí la llave desesperadamente para dar arranque. En cuanto encendió, metí reversa y después acelere a fondo, si no fuera por la rapidez del vigilante, seguro me llevo la pluma de la caseta de vigilancia, pero eso no me importó, seguí acelerando esquivando cada auto al que me acercaba, tocaba la bocina y maldecía a cualquier conductor que cerraba mi paso. Llegué hasta un sendero de tierra que dirigía a un mirador que casi nadie visitaba. Me bajé del auto y comencé a gritar, cuestionando las acciones de Sasuke, buscando las razones por la que había hecho eso pero todo eran estupideces y cosas sin sentido. Lloré como nunca antes lo había hecho, creo que era la primera vez que lloraba de una forma tan desgarradora desde la muerte de mis padres, o al menos eso creo, la verdad es que tengo recuerdos vagos de eso.
Dolía y mucho y por más que tratara de suprimir ese dolor era imposible, por más que llorara, pedía, suplicaba y maldecía era imposible que se fuera.
Buscaba soluciones y empezar a actuar y una de ellas fue la decisión de salirme de la Guardia y buscar a Sasuke por mi cuenta, pero eso sería como decir que era su cómplice y no podía darme ese lujo, me veía de manos atadas en la Guardia, no quedaba de otra más que seguir y fingir que nada había pasado. Seguramente me tendrían más que vigilada por si llegara a tener contacto con él. Me sentía tan inútil en ese momento, sabía que debía comenzar a buscar, pero por dónde, quería buscar razones pero no las había.
–Sakura…
Naruto me había puesto su mano sombre mi hombro, yo estaba de rodillas al piso con las manos tapando mi cara llorosa. ¿A caso era lastima? No, cuando lo encaré, se veía tan afligido como yo.
–Lo encontraremos… – me dijo al fin.
– ¿Cómo fue que pasó? – pedí explicaciones inútilmente.
–No lo sé… – él pobre no sabía cómo continuar – cuando llegué a donde estaba ese tal Utakata las explosiones comenzaron… no pude comunicarme con nadie inclusive con Sasori… cuando fui por ustedes… te encontré recargada en un contenedor, Sasuke… él ya no estaba, todo era una trampa, los archivos que teníamos de Utakata eran una finta en el sistema, ese sujeto en primera no existía, solo fue un actor en la escena.
Entonces era verdad, Sasuke había hackeado el sistema e inventó todos esos datos para salir de la Guardia… ahora entiendo porque estos últimos días había actuado tan extraño y me evitaba… desde un comienzo había estado planeando su traición hacia la Guardia… hacia mí.
– ¿Pero por qué… por qué Sasuke? – quise saber de forma igual inútil.
–No lo sabemos aun…
–Tengo que buscarlo, tengo encontrarlo y pedir una explicación…
–No puedes – me dijo Naruto autoritario – desde este momento solo seguirás ordenes directas de Orochimaru…
– ¿Qué? – Pregunté recelosa – ¿Qué quieres decir?
–No confía en ti… desde ahora te tendrá vigilada, cambiaras de residencia, los autos donde te transportes tendrán rastreadores, las misiones a las que vayas sólo serán aprobadas por él… tendrás la placa de la Guardia Nacional y asistirás a la universidad.
– ¿Universidad? ¿Y eso para qué? No me salgas con estupideces Naruto, eso no tiene nada que ver en todo esto.
–Es requisito para tu placa, serás rango Especial a partir de ahora – me tendió mi nueva placa – se te dirá que estudiar y en donde, nuestro equipo se ha disuelto hasta nuevo aviso – me dio la espalda – andando…
–No voy a ningún lado, – tiré esa placa al piso – esto es una estupidez, sí, Sasuke se volvió un traidor y ¿qué? Yo no soy su cómplice, si lo fuera ya me hubiera largado de aquí…
–Sakura… – cerró sus manos fuertemente al grado de volver blancos sus nudillos – yo te ayudaré… – volteó a ver – lo encontraremos, te lo prometo, pero por favor sólo sigue esas órdenes – me miró suplicante – yo trataré de convencerlo para trabajar juntos y buscarlo…
No muy segura, tomé esa placa del suelo, la miré no muy confiada, me levanté del suelo y pasé de lado de él, me importaba un bledo lo que él quisiera hacer o si quería ayudarme o lo que tramara Orochimaru… yo lo encontraría por mis medios, le pediría una explicación, lo maldeciría y lo golpearía hasta que me cansara…
Pero el tiempo pasó y mi actitud flaqueó…
Me cambié de residencia y me fui a vivir a un lugar más chico, sólo una habitación y lo demás vacío y solitario. La llave de ese hermoso departamento que compartía con Sasuke la conservé recelosamente en un cofre que tenía en lo más profundo de mi closet, junto con mi anillo de matrimonio, todos los recuerdos con él los deje ahí guardados. Iba a la Guardia y servía a Orochimaru, Naruto al parecer lo pudo persuadir para que él y yo siguiéramos trabajando juntos, pero a esas alturas el partido, ya me daba igual, aquella Sakura que parecía un robot salió a flote de nuevo, sólo alimentándose, recibiendo ordenes y haciendo todo a conveniencia, ya no había brillo en esos ojos y mucho menos ganas de vivir.
Entré a la Universidad de Konoha, igual un lugar élite donde niños ricos prodigio estudiaban, aunque más que prodigios eran huecos y estúpidos, ahí me di cuenta que el dinero lo vale todo. Me hice "amiga" de una chica rubia, Yamanaka Ino, su padre era dueño de una de la compañía más importantes de Japón, mientras que su madre era modelo y tenía su propia agencia y revista de moda. Ella tenía su carácter, no era tan estúpida como creí, la carrera que estudiábamos era Ingeniero en Química, a mí se me hacía demasiado fácil, mientras que a la rubia algunas cosas se le dificultaban, ella siempre me buscaba y me pedía ayuda y yo pasaba de ella, no me importaba si me hablaba o no – aunque ella siempre lo hacía – Ino era como Naruto, aunque yo dijera que estuviera bien, intentaban sacar una sonrisa, pero nunca lo lograban… Ino no sabía de mi vida como agente y era mejor, tampoco sabía donde vivía, vamos, decir que sabía mi nombre y mi apellido era mucho.
Los días fueron pasando muy lentamente, en las noches aun recordaba su ser y eso me deprimía, me ponía de malas o terminaba diciendo que era una completa idiota por caer en sus redes. Pero debía encontrarlo…
–En la Sala Directiva aun no se enteran, – comenzó el sermón Orochimaru – debemos encontrarlo y cuando lo hagan – hizo una pausa dramática para mi gusto – deben eliminarlo – su cínica sonrisa se asomo afilando mas su rostro y recordándome más aun a una maldita serpiente.
¿Qué reacción esperaban de mí? No lo sé. Sin inmutarme salí de su oficina y me fui al campo de entrenamiento, desde ese entonces la única forma de sacar mi enfado por no decir desahogarme era disparándole a esos blancos fijos. Tras cada disparo era un maldición, tras cada disparo era una forma estúpida de liberarme del dolor, tras cada disparo mi ira iba incrementando… tras cada disparo comenzaba a odiarlo más.
Paso un año y mis ganas de buscarlo se estaban yendo al caño cuando no encontraba ni una mísera pista de él, era como si el diablo se lo hubiera tragado. Pasaron dos y la desesperación cada vez se acrecentaba, a veces me preguntaba si en verdad había existido… Al tercer año quise solucionarlo al darlo por muerto, pero cada que entraba a mi habitación y la veía sola sin su presencia sólo acrecentaba más el dolor y la desesperación por buscarlo. Cuatro años después, me rendí y me sentí vacía, mas vacía que nunca, porque ahora creía que en verdad todo aquello era pura mentira y que aquel sueño o más bien utopía llamada Sasuke jamás había existido. Ese nombre se había convertido en tabú para mí, todo ese nombre sólo significaba destrucción, desesperación, dolor y traición.
Ahora que recibí la noticia de que la Sala Directiva busca a Sasuke vivo y que me tiene en la mira ha movido mi cómodo mundo. Aquellas sensaciones, emociones y sentimientos se han vuelto a engranar pidiendo a gritos poder verlo… pero el pánico no ayuda, porque sé que me desmoronare en su presencia, aunque sé que debo matarlo. Hubiera sido más fácil haberme pegado un tiro desde que todo esto comenzó, pero creo que olvide el pequeño detalle que soy una maldita cobarde, que dependo tanto de él que seguro aun teniéndolo en frente no sería ni capaz de hablar. Soy tan cobarde y estúpida que lloraré y gritaré exigiendo una explicación. Pero si soy valiente, aunque sea sólo un segundo, acabaré todo esto con un tiro y después, juntos diremos adiós a este mundo.
Sería la forma más digna para acabar de un robot…
