Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, yo solo me adjudico la historia, prohibida su publicación en otros sitios sin mi consentimiento.
#EspecialSemanadeactualizaciones
Corazón errante
Capítulo 5: uno en un millón.
—Es un departamento muy lindo, es perfecto —contestó con esfuerzos. Bella se paró y giró sobre sus talones. La acción hizo que Edward se parara abruptamente y que casi tropezara con ella.
— ¿No nos conocemos de antes? — Bella lo miro con el ceño fruncido tratando de averiguar donde lo había visto antes.
Se acuerda, pensó Edward. Su boca estaba seca, no sabía si iba a poder contestar coherentemente.
—Uh…sí. Ambos chocamos en el aeropuerto.
— ¡Oh dios! Tienes razón. No rompí nada dentro de tu maleta ¿cierto? Porque si es así te lo pagaré, lo juró.
—Tranquila. No pasó nada —trató de tranquilizarla. Bella lo miró por un rato hasta que decidió que le decía la verdad.
—Bien, te creo —la castaña le sonrió. Se giró hacia la puerta y saco de su pantalón una pequeña llave —llegamos a tu habitación y antes de que digas algo, no te preocupes, yo no tengo copias de estás llaves así que estás seguro —bromeó. Abrió la puerta y lo dejó entrar —Si necesitas cualquier cosa, házmelo saber. Estaré justo enfrente.
—Gracias, Bella —la castaña asintió y cerró la puerta de la habitación dejándolo solo.
¿Qué estaba pasando? ¿Estaba en una especie de sueño surrealista? ¿Una broma de televisión? Cansado se tiró sobre la cama y pensó en cómo se debía comportar para no parecer un maldito acosador. Ahora iba a tener que convivir con ella por varia semanas y no sabía si iba a ser capaz de ocultar los sentimientos que creía tener porque podría pasar que solo era una manipulación de su mente y en realidad no era como aquella mujer de sus sueños.
Sin poder dormir, se levantó de la cama y con pasos pesados se acercó a su mochila de la cual sacó su bloc de dibujo. Fue hasta las últimas hojas y encontró uno de sus dibujos favoritos. Definitivamente no le hacía justicia a la verdadera. Se volvió acostar en la cama, cerró los ojos por un momento recordando la forma de su cara, la forma en la que caía su cabello por sus hombros, su nariz recta, sus labios rellenos y por ultimo sus ojos.
Salió de su pequeña ensoñación y se dispuso a terminar su dibujo.
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— ¡Llegaste!—Bella salió de su asombro y brinco sobre él enredando sus piernas torno a su cintura — ¿Por qué no me dijiste que llegabas hoy? Pude ir por ti al aeropuerto —su respiración le hacía cosquillas en el cuello.
Entró al departamento y cerró la puerta tras de él.
—Te extrañe mucho, mucho —Bella tomó su cara entre sus manos —Pero lo bueno es que ya estás aquí — Lo miró a los ojos antes de acercarse a él y capturar sus labios en un desesperado beso. El intentó controlar la intensidad del beso esperando que fueran más lento pero al parecer Bella tenía otros planes cuando delineo con su lengua su labio inferior. Aquella acción lo descontroló y le correspondió el beso de la misma manera.
—A la habitación, ya —Bella le exigió para pasar a dejar besos húmedos en su cuello. No dejaba de moverse contra él. Con pasos torpes y tratando de controlarse caminó hacia la habitación de la castaña para recuperar el tiempo perdido.
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El sonido de sartenes y movimiento lo despertaron. Desorientado se sentó en la cama tratando de descifrar donde estaba hasta que cayó en cuenta que estaba en su nuevo departamento, el cual compartía con ella, su musa, Bella.
Miró hacia su entrepierna y se dijo que debía de obligar a su cerebro a no volver a soñar con su compañera de esa forma. Ya bastaba con estar pensando con ella todo el día para que en la noche llegara con sueños subidos de tono.
Se levantó de la cama y después de ver si estaba presentable, salió al encuentro de su nueva compañera.
—Buenos días —la saludo con voz adormilada.
—Buenos días, Edward. Perdón si te desperté —Volteó a saludarlo antes de seguir cocinando lo que sea que estuviera haciendo —Sé que no has tenido la oportunidad de hacer la compra así que siente con total libertad de tomar lo que quieras.
—Gracias, Bella. Es más de lo que imaginaba al llegar aquí —agradeció.
Bella caminó hacia él y Edward se dio cuenta que sus piernas estaban desnudas, avergonzado retiró la mirada.
—La verdad no es nada. Eres amigo de mis amigos y la verdad me siento un poco desplazada así que espero que podamos serlo también.
—Yo creo que sí —le sonrió sinceramente.
—Como seremos amigos, debo confesar que al principio pensé que serias un total esnob, un tipo estirado que se cree mejor que todos solo porque es artista y creo que me equivoque.
—Qué bueno que supere tus expectativas. Y bueno, yo tenía un presentimiento de que me caerías muy bien, algo me lo decía.
—Alice te lo dijo.
—No, de hecho no sabía quién sería mi compañero hasta que abriste la puerta. Y cuando te vi pensé que eras una chica sencilla y agradable —Bella se sonrojó y Edward deseó tener la suficiente confianza para tocar su mejilla.
—Uh… gracias.
Ambos se sumergieron en un incómodo silencio.
—Eh… los chicos vendrán hoy a comer pizza y para saber si no nos hemos matado el uno al otro —le avisó Bella —Así que si no tienes planes, la reunión es a las siete por si decides salir antes a conocer la ciudad.
—Sí, seria agradable volver a verlos. Creo que antes iré a Central Park a correr y tomar unas cuantas fotografías por si quieres acompañarme —Ese era un vano intento para pasar un poco más de tiempo con ella.
—Sería agradable pero tengo que ir a la oficina a hacer algo de trabajo pendiente. Tal como lo sabes hace algunos días tuve que salir de la ciudad de emergencia y tengo que recuperar los días perdidos.
—Claro, no te preocupes —Edward ocultó su decepción tras una sonrisa que trato de ser amable.
—Tal vez en otra ocasión —le sugirió la morena.
—Si, tal vez.
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Horas después Edward se encontraba corriendo por los senderos de Central Park cuando tocaron su hombro. Sin dejar de correr miró a su lado y se encontró con Kate que igualaba su trote.
—Hey —le dijo con esfuerzo.
—Hola —se quitó uno de sus audífonos y le contestó. Pensó que solo lo iba a saludar pero Kate siguió corriendo a su lado. No quería ser grosero pero realmente disfrutaba de hacer sus ejercicios solo, concentrarse en la música, en el sonido que hacían sus paso al caminar, en la gente que pasaba a su alrededor o solo apreciaba estos momentos para pensar.
— ¿Cómo te fue en tu primera noche en Nueva York? —ambos seguían corriendo.
—Muy bien, gracias —Edward le sonrió por obligación y siguió corriendo. Vio como Kate fruncía el ceño por su escueta respuesta pero no le tomo importancia.
—Me encanta correr aquí, es como un mundo aparte de la ciudad, aquí me siento tranquila, en paz, relajada.
—Uh… si, es un lindo parque, nunca había tenido la oportunidad de visitarlo —Edward se paró y con el Kate, pero por su aspecto no debía de tener corriendo más de diez minutos por su apariencia fresca.
Edward se acercó a unas máquinas para hacer ejercicio y empezó a estirarse. Kate, tal como lo imagino, lo siguió.
— ¡No puede ser que sea la primera vez que visites Central Park!
— Veras, las veces que he estado en Nueva York he estado ocupado por trabajo o asuntos personales y no he tenido tiempo de visitar los lugares turísticos.
—Si quieres puedo ser tu guía de la ciudad. He vivido aquí por más de veinte años—le sugirió—Podemos vernos en unas dos horas y te llevo a conocer la ciudad.
—Gracias por la invitación, Kate y te la tomaré pero hoy no puedo. Tengo unos compromisos más tarde.
—Está bien —se encogió de hombros —habrá otra oportunidad.
Edward pensó que después de esa pequeña conversación y el incómodo silencio que siguió después Kate se marcharía pero se quedó ahí con él. Pronto la rubia se dio cuenta que ella también había estado haciendo ejercicio y empezó a estirarse junto a Edward.
— ¿A qué horas sales a correr? Así podríamos irnos juntos —Ambos caminaban hacia el edificio.
Kate era una buena chica pero ya lo estaba desesperado, no esperaba el momento de volver a entrar a su casa.
—No tengo un horario, salgo cuando tengo tiempo o me apetece — A partir de ahí, Kate empezó a platicarle sobre los beneficios de tener una rutina diaria de ejercicios y que estos se realizaran en la mañana.
—Te lo digo Edward, si lo haces en la mañana tendrás más energía y estarás de mejor humor.
Una risita proveniente de atrás lo hizo girar para descubrir a Bella tratando de contener la risa. Edward entendió el doble sentido que se le podían aplicar a las palabras dichas por Kate y se sonrojó al pensar que Bella estaba entendiendo mal las cosas. Su cara sonrojada y el constante morder de sus labios le hizo darse cuenta que efectivamente había malinterpretado las palabras de Kate.
Los tres entraron al ascensor. Kate seguía parloteando y Edward asentía a sus palabras o hacia algunas expresiones para fingir que la estaba escuchando. Bella se ubicó hasta el fondo sosteniendo sus dos bolsas de papel en sus brazos.
Al llegar al cuarto piso, Edward estaba a punto de despedirse de Kate cuando ella también salió del elevador. Edward miró las grandes bolsas que cargaba Bella en sus manos y decidió que la ayudaría.
—Bella, déjame ayudarte —le dijo tomando una de las bolsas de papel. Bella le murmuró un gracias.
— ¿Se conocen? —Edward y Bella sintieron el veneno recorriendo la pregunta de Kate pero ambos decidieron ignorarlo.
—Lo siento. Kate ella es Bella, mi compañera de apartamento y Bella, ella es Kate nuestra vecina.
—Yo pensé que vivías solo con un chico —le confesó haciendo un puchero.
—Hola Kate, soy Bella mucho gusto. Encantada de conocerte —Bella contestó sarcástica. Kate le respondió con un escueto hola incapaz de reconocer el sarcasmo. Bella rodó los ojos.
—Nos vemos luego, Kate —le dijo al llegar a su puerta tratando de despedirse y que esta no se auto invitara.
—Hasta luego, Edward. Me divertí mucho hoy en el parque, tal vez deberíamos hacerlo otra vez —Bella volvió a rodar los ojos al escuchar el patético intentó de que Bella se enterara lo que habían hecho ella y Edward.
—Si, tal vez —el cobrizo le dijo.
Kate se acercó a él y dejo un beso en su mejilla, de Bella solo la miro de arriba abajo y le dijo un seco adiós. Bella negó con la cabeza y entró al departamento, Edward la siguió de cerca hasta la cocina.
Bella empezó a sacar las cosas de las bolsas y las empezó a acomodar en donde correspondían. Edward sabía que Bella quería decir algo pero no sentía si era correcto.
—Vamos, dispara sino te sangrara la lengua de tanto morderla —Bella lo miró por un segundo para ver si podía confiar.
—Dios, es tan exasperante —lanzó las manos al aire —solo me bastaron menos de cinco minutos con ella para saber que no sería de mi agrado. Y luego la forma en la que me miró —se quejó la morena. Edward lo miraba divertido — como si yo fuera una amenaza, como si yo te quisiera quitar de su camino.
—Sí, un poco.
—Debes de decirle a tu nueva amiga que no soy una amenaza para ella, no quiero encontrarme con algún ritual de magia negra frente a mi puerta mañana —se estremeció.
—No tengo porque darle explicaciones, ella no me interesa de esa forma —Bella se sintió intimidada por la forma en la que la miraba Edward. Tímida, volvió a guardar las cosas de las bolsas.
Nerviosa sin saber porque, tiró uno de los frascos al piso, este al caer se rompió en miles de pedazos y la mantequilla de maní quedo dispersa por todo el piso de la cocina.
—Mierda —Bella se agachó y empezó a recoger los vidrios más grandes.
—Bella, cuidado. No te vayas a cortar —Edward se acercó y tal como si lo hubiera pronosticado. Bella siseó de dolor al ver como una línea de sangre corría por todo su dedo anular.
Edward sujetó su mano y la ayudó a levantarse del suelo. Tomó una de las servilletas de la cocina y presionó el papel contra su dedo.
—No me siento bien —Edward la miró sin entender. La castaña intentó explicarse —la sangre me marea —Bella sentía que todo se movía a su alrededor y que sudor frio empezaba a formarse por su frente.
Bella estaba a punto de desmayarse, lo sabía porque sus ojos empezaban a desenfocarse. Así que hizo lo único que podía para tranquilizarla.
—Tranquila Bella, estoy contigo —Con su mano restante movió su cabeza de tal manera que ambos se miraran a los ojos —concéntrate en mi —le dijo fijando su mirada y acariciando su mejilla con sus dedos. Tal como lo imagino su piel era suave y blanca como la porcelana. Y sus ojos eran puro chocolate líquido.
—Tienes unos ojos lindos
—Creo que estas desvariando —bromeó Edward.
—Tal vez, no lo sé —le dio un intentó de sonrisa.
Pero lo que si sabía, es que no se había sentido tan segura con un simple toque y una mirada desde hace mucho.
No pudo publicarles el capitulo durante el miércoles, pero estoy aquí el jueves a las 2:00 de la mañana subiéndoles capítulo recién terminado. Espero que les haya gustado y me dejen en un comentario que opinan del capitulo y de esta semana que solo le quedan dos días. ¿Quieren que lo vuelva a hacer más adelante?
Saludos.
