Capitulo 6
La habitación se veía más ensombrecida, supuse que ya era noche, y en efecto. Me levanté de la cama y tiré de la cortina para ver la vista con la que contaba. La noche estaba en todo su apogeo, creo que de tanto recordar me quedé dormida. Revisé mi móvil y tenia llamas perdidas de Naruto. Le marqué. Pésimo error.
– ¿Dónde estás? – preguntó histérico, tuve que despegarme la bocina del oído, pues ya comenzaba su sermón.
–Puedes callarte, he estado en el departamento todo este tiempo, en mi habitación, dormida, ¿algún problema con ello?
–Orochimaru me está presionando qué quieres… en vista de que ya no son horas para que vayas, mañana nos quiere a las 7 de la mañana en su oficina, ya está planeada y trazada la estrategia. Interceptaremos a Sasuke en el Aeropuerto.
– ¿En un aeropuerto? Que original – solté con cinismo.
–Aun puedes retractarte…
–Cómo si pudiera, esa serpiente no me dejaría, es tan sádico y retorcido que seguro va querer que yo le pegue el tiro en la cabeza.
–Déjate de eso, por eso somos equipo, ya sabes que yo me puedo encargar de eso y disfrazar el reporte.
–Debo hacerlo y lo sabes, he tratado de escapar de todo este embrollo que siento que me asfixio. También sabes que debo de pedir explicaciones
–Y qué, ¿Cuándo te explique por qué sólo lo mataras y ya?
Dudé.
–Eso ya lo sabré en el momento.
–Si no decides en este momento entonces no te dejaré buscarlo, aunque Orochimaru se oponga.
–Deja de actuar como un niño…
–No – me interrumpió – tu deja de actuar como una niña, claro Sasuke te abandono y ¿Qué? Exígele una explicación y lárgate con él.
–Naruto no seas idiota, sólo escucha lo que dices.
– ¿Lo amas?
–Ya sabes la respuesta, pero no deja de ser un traidor.
–Entonces piensas matarlo de todas formas, esa es tu última decisión.
–Ya veré que hago, mejor ocúpate de tus asuntos.
–Oye, me preocupo por ti…
–Más de lo debido – dije tajante – tienes una novia que atender y estas aquí tratando de consolar a una pobre alma en pena – termine dramática.
– ¡Sakura!
–Nada, ándate con Hinata, nos veremos mañana – y colgué. – ¿Qué se supone que haré ahora?
Me dirigí a mi closet y saqué de lo más recóndito aquella cajita que dejé atrás hace años, donde tenía todos esos recuerdos con él. La llave de ese departamento que habíamos ocupado alguna vez, ni siquiera me molesté en cancelar los servicios, ese lugar está abandonado desde cuando todo comenzó. Mi anillo de matrimonio sólo lo toqué y con eso basto para recordar el día que unimos nuestras vidas, aquellas fotos que nos tomamos en nuestras salidas desde la preparatoria hasta el día que nos separemos.
–Soy masoquista.
Pero al menos me sentía viva de tener su recuerdo. Miré de nuevo por la ventana y observé esa luna llena que estaba por encima de todos aquellos edificios, sin querer me quedé hipnotizada por su luz. Aquel anillo lo sostuve fuerte en mis manos y la resolución volvió a mí. Dejé aquel cofre dentro del armario de nuevo y tomé una cadena de oro que tenía en mi joyero. Metí el anillo como si de un dije se tratara y me colgué la cadenita al cuello. Si, así como afirmando una sentencia de muerte.
Nos habíamos metido a la mafia disfrazada de milicia, dónde los sentimientos no deben existir y sólo la función automática debe resalir para que los fines únicos de una persona que anhelaba paz efímera exista. ¿A costa de qué? De la infelicidad de otros, y es cuando entraba mi pregunta… ¿Por qué? ¿Por qué lo hizo? ¿Habrá caído en aquel vicio llamado poder? Simplemente no me imagino nada que lo libere de su traición.
Me metí a la ducha y dejé que el agua caliente corriera por mi cuerpo, me sentía en paz por primera vez, era como si al irse el agua también lo hicieran todas esas cosas que estoy cargando durante mucho tiempo. Salí y me sequé, después sólo me fui a la recamara envuelta en una toalla. Y otra vez esa luna me hipnotizaba, ahora el reflejo apuntaba al objeto que traía en el cuello, lo tomé. Algo tan puro se mancharía de sangre, pero a esas alturas del partido, eso se vería como la limpieza de un pecado.
Me puse una pijama cómoda y me metí a la cama, mañana seria un día pesado, pero más que eso sería el decisivo, el último, en dónde todo iba cambiar para bien o para mal.
A pesar de haber dormido como una roca por la tarde, la noche se me pasó tranquila y sin prisa.
Cuando sonó la alarma fue justo al término de una pesadilla, lo vi tan claramente a él viéndome con esos ojos negros como la noche, estaba serio y en su mirada había determinación. En sus manos tenía una Glock 31, cuando vi que me miraba me apuntó y presionó el gatillo. No recuerdo más. Me llevé las manos a la cabeza, hasta mis sueños me estaban jugando chueco. Sentí el sudor que había en mi frente, en verdad era una pesadilla de lo más vivida.
Me levanté y fui al baño, me lavé con agua fría la cara para quitar todo el rastro de ese sueño, suspiré resigna, éste día iba ser pesado y el más largo de todos, pero si todo salía como iba mi plan descansaría en paz al fin. Tomé unos jeans azul oscuro junto una blusa color verde olivo, me puse la ropa y me dirigía a la cocina para mínimo desayunar algo ligero, lo único que bebí fue un vaso de jugo de uva que había en la nevera y comí dos tostadas. Encendí la televisión, eran las seis de la mañana así que no había gran cosa más que esos noticieros con el mismo palabrerío de siempre. Me lavé los dientes y me puse mis zapatos, tomé las llaves de mi pequeño departamento y las de mi auto. Salí y cerré todo.
El camino fue tranquilo y sin prisas, recibí un mensaje de Naruto diciendo que ya me esperaba en la oficina de Orochimaru.
Cuando llegué, me estacioné y fui directo al elevador pulsé el botón del último piso y el andar del elevador me hizo recordar patéticamente como si fuera mi condena de muerte. Cuando salí, salí feliz, era raro, ya que me dirían cómo matar al amor de mi vida pero aun con eso me sentía libre y feliz.
–Llegas a tiempo – me dijo Orochimaru mostrándome su pútrida sonrisa y fue cuando la mía se desvaneció.
–Me dijo Naruto que lo atrapáramos hoy en el aeropuerto – dije seria – ¿es qué acaso ya cuenta con avienes privados?
–Nuestros informes indican que descenderá en un hangar privado, por lo que han dicho en la Sala Directiva, se ha unido con la mafia Yakuza.
–No le creo – arremetí a Orochimaru – es verdad que nos haya traicionado, pero no creo que sea tan estúpido como para unirse a Yakuza, él es un excelente hacker, tal vez hasta esa información es falsa como la última vez. De todas formas iremos a confirmar si es que llega allá.
–Has aprendido bastante – dijo Orochimaru con su voz retorcida.
–Si solo dice eso para ponerme aprueba será mejor que se evite sus comentarios, le recuerdo que sigo aquí por voluntad y porque también no me queda de otra.
–Naruto – terminó satisfecho y agudizando sus mirada – vayan inmediatamente al lugar, si llegan a verlo ya saben cuál es la orden… mátenlo.
–Si – dio una reverencia y salimos del lugar.
En silencio, nos dirigimos a la salida de esa maldita oficina, de un tiempo para acá, no había día que me dieran muchas ganas de partirle la cara en dos a esa repugnante serpiente. Naruto se burlaba de mí y a veces recibía golpizas de mi parte para controlar mi ira.
–Ya está listo el equipo – dijo Hinata mientras nos veía salir del elevador – ya no debe tardar el avión en aterrizar en el aeropuerto.
–Bien es hora de movernos – dijo Naruto – nuestro apoyo será Sasori.
–Esto trae recuerdos…
–Sakura…
–Bien – dije para que no empezara con esa lastima – tenemos que ir al aeropuerto, si lo ven ya saben qué hacer.
Me puse un chaleco antibalas y enseguida mi chaqueta, me subí a la camioneta y enseguida lo hizo Naruto. Tendríamos que ir al otro extremo de la ciudad. Nos fuimos equipando en el camino y también nos informamos de cómo estaríamos posicionados.
Llegamos al aeropuerto, había mucha gente en la terminal. Nos dieron acceso rápido para pasar a los hangares, a unos escasos metros del hangar objetivo nos detuvimos y mandamos desalojar los demás. Teníamos al equipo de Sasori cubriéndonos en todos los puntos. El avión donde supuestamente estaba él, iba aterrizando en la pista, la puerta del hangar se abrió de forma automática y todos tomamos posiciones, Naruto y yo nos fuimos a la parte trasera del lugar, abrimos la única puerta que había y nos metimos.
El avión estaba ahí, la escotilla estaba abierta y no había nadie. Naruto desenfundó su arma y se dirigió al avión con sigilo, con una seña me dijo que me quedara abajo y me dirigí a un contenedor que habían cerca de ahí. Todo estaba muy silencioso, demasiado para mi gusto. La escotilla del avión se cerró de un golpe y las luces del hangar se apagaron.
–Quédate donde estas.
Una voz profunda me hizo quedarme estática en mi lugar, sentía el cañón de su arma en la cabeza. Mi pulso se aceleró y cerré mis ojos fuertemente.
–Levanta las manos donde pueda verlas – dijo – la tengo en la mira, ¿qué procede? – Preguntó tal vez por su radio– entendido.
Sin más puso las manos tras mi espalda y las esposó, después la poca visibilidad que tenía se me retiró completamente con una venda que me pasaron por los ojos.
–Camina – ordenó de forma brusca.
– ¿Quién es usted? – pregunté de una forma calmada.
–No tengo órdenes para responderle, así que cállese y camine.
No supe por donde salimos y mucho menos sé si mi equipo me había visto o cómo había salido Naruto del avión. Mi intercomunicador al parecer no funcionaba. Sentí que me metió a un auto y después de eso el sonido de las puertas indicó el rápido arranque a saber a dónde. Después de un tiempo aquel vehículo en el que íbamos se frenó de golpe y una de las puertas se abrió, aquel sujeto que me retuvo me sacó del auto y caminamos de forma apresurada. Me quitó la venda y todo estaba oscuro, lo poco que veía estaba completamente borroso, después me quitó las esposas y me empujó provocando que cayera fuertemente al piso. Se escuchó que una puerta se cerraba y todo se quedó en silencio nuevamente
No sabía dónde estaba, traté de acostumbrarme a la oscuridad y reconocer el terreno. Me di cuenta de que me habían despojado de mi arma, pero no la que tenía escondida en mi chaleco. Ahora más que nunca mis sentidos se agudizaron y mi corazón se acelero más. Escuché pasos lejanos y mi presión se disparó al cien. Me levanté del piso y retrocedí unos cuantos pasos sacando cuidadosamente mi arma y apunte hacia la persona que se acercaba.
– ¿Quién es? – Pregunté – identifíquese.
–Hace mucho tiempo que no nos vemos.
La luz del sol se filtró por una ventana rota en el techo y pude ver que estábamos en una enorme bodega. Ese solitario rayo de sol que se coló por una ventana rota sólo hizo que mi sorpresa se viera más obvia. Ahí, iluminando a esa persona que desde hace cuatro años no veía.
Estaba tan bien vestido con un traje color gris oscuro que sólo adornaba perfectamente a su blanquecina piel, sus ojos negros brillaban gracias a los rayos del sol, jamás lo había visto tan apuesto desde que nos casamos.
Tragué sonoramente y sentía el sudor correr por mi sien, mis manos me temblaban pero aun apuntaba hacia mi objetivo.
–Sa… Sasuke.
