CAPÍTULO 23 ZONA DE SEGURIDAD

El atardecer caía implacable sobre Forks como una pesada losa.

Los bosques que rodeaban el pueblo casi en su totalidad normalmente guardaban secretos en sus sombras. Leyendas fantásticas que hacían volar la imaginación —o el miedo más irracional — de los más pequeños. Ahora esas sombras hacían mella también en los adultos. Ya no se trataba de leyendas ancestrales de animales feroces y criaturas fantásticas. No. En el presente el peligro era tan tangible como cada uno de los supervivientes que habían quedado en el pueblo.

Ochocientos tres supervivientes, de hecho.

Mientras el día se apagaba poco a poco Renee miraba cómo un nutrido grupo de hombres colocaban pesados bloques de hormigón reforzados con enormes troncos en lo que sería el último tramo del Muro de Contención que estaban construyendo, más conocido entre ellos como La Barricada. Un par de hombres velaban por la seguridad de los trabajadores expuestos a la Zona de Peligro con un rifle en la mano.

En apenas cuarenta y ocho horas habían acordonado el pueblo con un sinfín de materiales, todos diferentes pero resistentes. Hormigón, madera, vallas, cadenas…todo ello coronado con un buen alambrado de pinchos por si algún jodido infectado carente de todo raciocinio humano intentaba atravesar la valla en busca de comida…el muy cabrón se quedaría enganchado en ella como los vestigios de cualquier bandera patriótica venida a menos. Se podía decir que la zona centro del pueblo se había convertido completamente en Zona Segura. Cayo había capitaneado un grupo de vecinos llamado el Escuadrón de Limpieza. Ellos se habían encargado de limpiar minuciosamente la Zona Caliente del pueblo, allí donde se habían vivido las escenas más horrorosas de las primeras horas de la catástrofe. Habían enterrado todos los cadáveres enterrándolos en una de tantas fosas comunes que ahora salpicaban el perímetro exterior del pueblo. Eso había sido una tarea harto complicada y peligrosa por la exposición a la que se habían sometido. Luego se habían encargado de revisar que no quedaba nadie, ni vivo ni no-muerto, en las casas que quedaban fuera de la Barricada. En esa misma misión se habían encargado de recoger de esas mismas casas todo aquello que les podía servir a los supervivientes; medicinas, comida no perecedera, ropa, incluso colchones…El Escuadrón de Limpieza, tras cubrir palmo a palmo todo rincón posible de la casa, se ocupaba de cerrar la puerta, bloquearla con un tablón de madera y marcarla con un spray. Una simple cruz negra para hacer saber que la casa estaba vacía.

Allí quedarían todas las pertenencias que una familia había reunido a lo largo de los años…Fotografías de celebraciones, el diario de una adolescente enamorada, el regalo de cumpleaños del padre que nunca abriría…Toda una vida de recuerdos perdidos que quedarían esperando por una eternidad, suspendidos atemporalmente en esa vivienda sellada hasta que toda la mierda del presente acabara de una vez por todas.

Ahora habían dejado el pueblo reducido a una superficie de poco más de dos kilómetros cuadrados. Cinco calles. Tres edificios principales en los que resguardar a ochocientos tres supervivientes. ¿Cuánto tiempo sería necesario todo esto? ¿Meses? ¿Años? Renee no sabía qué pensar al respecto porque no sabían nada del mundo exterior. Seguían sin saber nada de nadie. Seguía sin saber nada de Bella…

—¿Cómo van las obras? — Renee se sobresaltó al escuchar la voz de Cayo tan cerca de ella. Cuando se giró para mirarlo se dio cuenta de que el muchacho había envejecido como diez años en menos de una semana acercándose más a la treintena que a la veintena. Seguramente ese era el aspecto de todos ellos.

—Muy bien. Esto va mucho más rápido de lo que pensaba. Nuestros chicos han demostrado ser los mejores — murmuró mientras observaba cómo una de las grúas del aserradero colocaba con precisión un nuevo bloque de hormigón separándolos un poco más de la Zona Caliente. Una vez colocado en su sitio otro par de hombros los reforzaba con gruesas maderas y el alambrado de pinchos.

—Está oscureciendo, Renee…¿no crees que deberíamos parar ya las obras y resguardarnos? — Renee lo miró con una ceja alzada, un gesto irónico que, aunque ella no lo sabía, a Cayo le encantaba.

—¿Y dejar que se nos cuele algún elemento no deseado por la noche? — ella misma negó con la cabeza ante su pregunta — No, no creo. Apenas quedan diez metros por cubrir y acabaremos.

—Al menos podrías dejar de ser tan testaruda e ir a descansar. Ellos saben lo que hacen — Renee suspiró.

—¡Chicos! — los obreros la miraron —Un poco más…sólo un poco más y llevaremos nuestros traseros hasta una cama limpia y un buen plato de comida. ¡Podemos hacerlo!

Todos los hombres murmuraron una exclamación de asentimiento a pesar del cansancio reinante entre ellos. Renee, con su metro sesenta, sus facciones delicadas levemente endurecidas en pocos días y su reciente viudedad, se había convertido en una verdadera capataz de obra capaz de realizar cualquier tarea como la mejor. Las circunstancias adversas y su propia historia personal encabezada por las pérdidas y la ignorancia de noticias le habían dado una fuerza irracional para poder con todo. O con casi todo.

Porque hacía un par de días que Bill había entrado en la sala de juntas del Ayuntamiento anunciando de manera jadeante por la falta de aire que había supervivientes en Manhattan. Lamentablemente la señal radiofónica se perdió de manera abrupta sin poder conocer más sobre la situación. Era difícil, pero Renee barajaba la remota posibilidad de que una de esas personas que resistían en la gran urbe fuera su hija. Bella era una chica lista que se guiaba por sus propias intuiciones, tenía el don de la supervivencia muy desarrollado…Sin poder hacer nada más, todos los días rezaba porque ella estuviera bien.

Si tan solo pudiera oír por ella misma esos sonidos al otro lado de la radio….pero ese deseo no le había sido concedido. Era como escuchar un vacío lleno de estática y silencio. Era un montón de nada. Era desesperante….

—¿Renee? ¿Vienes a descansar de una buena vez o tengo que echarte sobre mi hombro y llevarte yo mismo? — la mujer parpadeó volviendo al presente. Miró al muchacho rubio y le sonrió sin ganas.

—Perdona, Cayo…me he perdido un poco en mis pensamientos…

—Tienes que descansar si quieres seguir ayudando. Llevas desde las siete de la mañana en pie — los ojos oscuros del chico la escrutaron el rostro — Necesitas comer y dormir — Cayo la cogió del brazo y la arrastró con suavidad hasta el centro.

El reducido pueblo estaba milimétricamente y todo era gracias a ella.

Cayo escoltó a Renee por la Zona Segura mientras los vecinos empezaban a recogerse en los Puntos de Seguridad ya que las casas particulares habían dejado de pertenecer a sus dueños. Los habitantes así lo habían elegido a mano alzada en uno de los pocos descansos que había sucedido tras la gran masacre. El Ayuntamiento, donde se almacenaban todas las armas y munición que se había logrado requisar, era uno de esos Puntos Seguros. El Instituto era otro punto neurálgico, el más importante, de hecho; Esme y Carlisle habían trasladado una completa y equipada consulta médica a la enfermería del Instituto para tener a mano todo lo necesario en caso de emergencia.

Se podía decir que todos habían vuelto a su época académica casi sin quererlo.

Las cocinas y las despensas del lugar estaban repletas de alimentos, aunque nunca era suficiente. El Escuadrón de Limpieza seguía reuniendo cantidades ingentes de comida de todos los rincones del pueblo. En el gimnasio, en el mismo que hacía apenas un par de meses habían celebrado el último Baile de Fin de Curso, habían dispuesto ordenadamente una hilera de camas, camastros y colchones. Un lugar limpio y seguro donde dormir. Lo más importante de todo es que entre ellos no había rastro del virus NS10. Carlisle había dejado de atender casos de infectados para curar algún que otro corte provocado por las eternas horas de trabajo así como de alguna que otra magulladura. El Escuadrón de Limpieza se había encargado fervientemente de borrar todo rastro de sangre o fluidos corporales dignos de ser sospechosos; habían limpiado las calles con lejías, ácidos y cualquier elemento corrosivo y agresivo que pudieron encontrar para evitar cualquier susto innecesario.

Ahora era unos jodidos afortunados…

—¿Dónde está tu padre? —Cayo suspiró.

—Hace un par de horas ha ido a echar una mano a la Escuela Infantil…aunque supongo que ya habrá regresado a su despacho — A Renee le dieron ganas de reír, aunque finalmente no lo hizo.

Las familias con niños pequeños y bebés habían sido realojadas en la Escuela Infantil. El sitio tenía todo lo necesario para que los más pequeños no fueran conscientes del horror que se vivía; juguetes, cuentos y muñecos…un pequeño oasis de calma en medio de la tempestad del desierto.

—Un trabajo duro, agotador y peligroso, ¿no crees? — dijo con ironía —Ayudar a colocar cunitas y abastecer la despensa de potitos. Tu padre debe de estar cansado, seguro que ha sudado la gota gorda — Cayo chascó la lengua.

—¿Qué te puedo decir? Mi padre nunca ha sido un hombre valiente, ahora se está demostrando…Quizás cuando las cosas mejoren te podrías presentar como alcaldesa — ahora sí, Renee no pudo evitar reírse.

—Tengo cosas más importantes en las que pensar, créeme — el chico asintió.

—Lo sé — entraron juntos al Instituto — Esta noche le toca a Jessica estar en la radio. Quizás puedas pasarte luego e intentar contactar de nuevo con alguien. No pierdas la esperanza de encontrar a tu hija.

—No lo hago —susurró — En el momento que pierda la esperanza ya me puedo dar por muerta.

El chico le dio un apretón amistoso en el brazo antes de marcharse a seguir con sus tareas.

Renee miró a su alrededor; la gente iba y venía de un lado a otro de manera ordenada. Todos se habían propuesto echar una mano en estos difíciles momentos. Ahora más que nunca se veía lo unido que estaba el pueblo…o lo que quedaba de él.

Cuando pasó por la cafetería del instituto se coló por sus fosas nasales un delicioso aroma llegado de las cocinas avisando a todos que la hora de cenar se estaba acercando. Allí hacía al menos una decena de personas trabajando para ofrecer una cena en condiciones a varios centenares de personas; de todos modos, ni el sabroso olor hizo que su estómago clamara por comida. No recordaba la última vez que su cuerpo había ingerido una buena dosis de proteínas e hidratos de carbono.

Como fuera, ya comería más tarde…Renee se dirigía hacia el que fue el despacho de la directora.

La pobre señora Cope había muerto casi al inicio de la plaga. Había sido mordida por uno de sus alumnos más descontrolados y agresivos, uno que seguramente había sido llamado alguna que otra vez a su despacho para una expulsión disciplinar del centro…he ahí una paradoja cruel y sátira de cómo podía cambiar la vida en pocas horas…

De modo que ese despacho ya no pertenecía a ninguna directora. Ahora era el culo de Aro el que se posaba en el sillón de cuero giratorio. El maldito alcalde venido a menos que se cagaba en sus calzoncillos de marca al menor ruido procedente del exterior. Renee no podía entender cómo Aro era capaz de refugiarse en un cómodo despacho — o en su defecto en una Escuela Infantil intentando aparentar que hacía algo — mientras las personas que lo habían votado porque creían que sería lo mejor para Forks trabajaba duramente por la seguridad de todos. Sí, vecinos…mirad dónde está metido ahora vuestro jodido alcalde. Ella estaba segura de que, de no ser por el miedo irrefrenable que Aro sentía con toda esta situación, se habría apoderado del Ayuntamiento para é solito haciendo del edificio una vivienda digna de la alcaldía. Por desgracia para él, el pánico lo había atenazado llevándolo todas las noches a dormir al mismo lugar que el carnicero, el obrero o el barrendero.

No se molestó en llamar a la puerta del despacho para ver si estaba ocupado, simplemente entró.

Aro estaba allí sentado presidiendo una mesa vacía con un ordenador apagado. Una de las cosas buenas que había hecho Aro había sido instalar paneles solares en el instituto y en la escuela infantil. Aún así, debían de ahorrar energía para mantener las calderas de agua calientes y para mantener las herramientas conectadas a la toma de energía.

Mini punto para Vulturi.

—Renee…—dijo el tipo con su sonrisa de Mona Lisa — Acabo de llegar hace unos pocos minutos. Oh….qué desconsiderado soy, por favor, toma asiento….Debes de estar muy cansada…—Renee se tomó su tiempo para sentarse.

—Si de vez en cuando salieras al límite de la Zona Caliente quizás sabrías como van las cosas. Ahí fuera hay trabajo duro por hacer — Aro cruzó las manos encima de la mesa y suspiró.

—Tengo que reconocer que en días estás haciendo por este pueblo mucho más de lo que yo he hecho en años.

—No he venido a que me regales los oídos, Aro. He venido a informarte, como es mi deber — el hombre asintió — A la Barricada le faltan sólo unos metros para estar terminada. Los chicos acabarán el trabajo esta misma noche aunque tenga que iluminarlos con focos portátiles.

—¿Es seguro el trabajo en la Zona de noche?

—Tengo a dos hombres con escopetas velando por su seguridad. Si ven algo raro dispararán primero y preguntarán después —Aro frunció levemente el ceño, seguramente al imaginarse tal escena.

—El muro…¿es resistente?

—Te repito, si te alejaras de este maldito despacho más de cien metros aunque fuera para estirar las jodidas piernas verías con tus propios ojos el buen trabajo que estamos realizando — Aro desvió la mirada dándole la razón a la mujer. Renee suspiró — La Barricada tiene una altura de dos metros y medio y está rodeada por un cerco de pinchos. Más adelante, si la situación perdura, podremos mejorarlo. He puesto a un total de veinte hombres en el interior del perímetro con un arma y un walkie. Se turnarán cada cuatro o cinco horas.

—Me estás dejando impresionado, Renee — reconoció Aro de manera sincera — Este es justo el trabajo que estaría realizando Charlie — susurró. Renee bajó la mirada mientras observaba un pequeño agujerito en su camiseta; con esas simples palabras Aro la había mandado de nuevo a su mundo de fragilidad olvidada y apartada.

—Si no necesitas nada más de mí creo que es hora de marcharme — Renee se levantó. Aro hizo lo mismo, gesto que provocó una pausa en el cuerpo de la mujer.

—Eres tremendamente valiente, ¿sabes? Y quiero que sepas que admiro profundamente esa valentía — Renee apretó los labios.

—¿Y de qué me ha servido? — murmuró — Mi marido murió por una bala que yo misma le metí en la cabeza y no sé dónde está mi hija…ni siquiera sé si está viva o muerta. Ahora, dime…¿de qué me sirve la valentía? — Aro no supo qué contestar.

Renee se marchó de ese despacho con un regusto amargo en la boca, esa sensación de bilis subiendo por su garganta se apoderó de su pequeño cuerpo haciéndola casi imposible el simple hecho de respirar.

¿De qué me sirve la valentía?

De camino a la emisora de radio del instituto se auto convenció de que su valentía estaba logrando salvar vidas. Charlie había muerto. Sí. No conocía el paradero de Bella….pero estaba logrando, con ayuda, construir un pequeño terreno limpio de muerte y desolación en medio del estado de Washington. Quizás los habitantes de Forks eran los únicos supervivientes que podían andar por las calles sin tener que esconderse o mirar por encima de su hombro. Quizás Forks se había convertido en el único sitio completamente limpio de virus.

Por eso no perdía la esperanza. Por eso y por su hija.

Cuando entro en la emisora de radio vio a Jessica escuchando a través de los auriculares. Era tan extraño no escuchar absolutamente nada al otro lado…sólo estática. Si activaban los altavoces no escucharían los últimos hits del momento, escucharían un montón de nada…

—Te veo muy concentrada — Jessica alzó la mirada para encontrarse con los ojos de Renee.

—Por más que intento escuchar algo no lo consigo — dijo frustrada — Es como buscar una aguja en un pajar. Además, en caso de que contactemos con alguien…¿de qué nos sirve si esa persona está al otro lado del mundo? — Renee suspiró.

—En ese caso nos serviría para saber que dentro de toda esta barbarie no estamos completamente solos —Jessica asintió — ¿En qué modo de transmisión estás buscando?

—Bill lo dejó en Frecuencia Modulada. Se supone que actualmente es la más usada…o al menos lo era — susurró. Renee decidió ignorar el repentino bajón de ánimo del médico en prácticas del pueblo y sonrió.

—¿Por qué no probamos con otras transmisiones? Quizás tengamos más suerte…

—Supongo que por probar no se pierde nada. Creo que no se pueden empeorar las cosas más, así que…

Jessica manipuló los botones y ruedecillas del panel de control como si fuera una auténtica profesional en el medio. Al igual que todos, las ojeras de la muchacha se habían acentuado visiblemente; estaban en un lugar seguro, al menos de momento…pero su cuerpo no parecía haber captado aún ese detalle. Seguían durmiendo con un ojo abierto, listos y preparados para levantarse y huir en cualquier momento.

—¿Sigues sin dormir bien? — Jessica la miró de reojo.

—Creo que es evidente. Mis ojos no tienen ojeras, tienen cráteres…Carlisle me ha repetido hasta la saciedad que puede darme algún relajante…¡cómo si yo misma no me pudiera administrar alguno! — negó con la cabeza — No quiero pastillas. No quiero andar como una de esas cosas que hemos dejado fuera…Quiero estar con mis cinco sentidos alerta…

—Te entiendo. A mí me pasa lo mismo — de los auriculares se seguía escuchando estática, esta vez un poco más fina — Voy a por algo de comer y ahora vengo para cenar aquí contigo…por hoy no me apetece ver a nadie más — Jessica sonrió ligeramente.

Renee se levantó de la silla. Apenas tocó el tirador de la puerta con la punta de los dedos oyó la exclamación de Jessica.

—¡Oh, cielo santo! ¿Qué es esto? — Renee se giró con cautela — Son voces…estoy oyendo voces, Renee….Son ecos lejanos…pero los oigo….

La mujer rubia se acercó hasta el panel de control y le quitó los auriculares a Jessica en un gesto carente de sutilidad, aunque la joven no se quejó. Acercó sus labios al micrófono.

—Supervivientes en Forks, estado de Washington….repito…supervivientes en Forks, estado de Washington…¿me escucha alguien?

—Recibido, Forks…

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El Cazador se quitó el casco para poder mirar bien su pierna.

Esa hija de puta morena había acertado de lleno en su pierna haciendo que un dolor insoportable se extendiera por todo su cuerpo. A duras penas se apoyó en el borde de la azotea y examinó su herida detenidamente; sin duda, aquel agujero de bala no acabaría con su vida. Sí pondría su situación en una elevada y difícil posición…pero podría con ellos. ¿Acaso no había visto y sufrido cosas peores en el campo de guerra?

Oh, sí….Había visto de todo…

Había comenzado la caza de humanos como un puto hobbie…pero con el paso de los días y la falta de medicación los recuerdos más pavorosos habían regresado a su mente como si todo hubiera pasado ayer. Pero agradecía no tomar esas pastillas; embotaban su mente haciendo sus pensamientos un tanto más difícil. Ahora, con su mente trabajando al cien por cien, se sentía plenamente bien a pesar de tener que recordar todo aquello.

Las masacres allí se sucedían día sí y día también provocando las más horrendas visiones de cuerpos retorcidos, amputados y destrozados. Justo como aquellos pobres caminantes. Se había acostumbrado a ver todo ese tipo de cosas…Desde hacía años las veía en sus sueños. Paseando por la calle. En la cocina. En la ducha…ahora esas visiones de cuerpos inertes estaban por todos lados y no eran simple visiones. Ahora eran tan tangibles como su persona.

¿Dónde acababa la realidad y empezaba la pesadilla?

Estrés post traumático provocado por el infierno de la guerra….

¿En serio? Eso era lo que habían dicho los médicos…o algo parecido, no lo podía recordar bien. No sabía absolutamente nada salvo que ahora el Cazador se había convertido en el rey de la ciudad y no en un peón más. Ahora era la hora de salvar a aquellas pobres personas que pululaban por las calles. Eran tan parecidos a las víctimas de la guerra…Cada minuto que pasaba recordaba con mayor nitidez cómo sus propias manos habían provocado horrores a pesar de parecer tan frágiles. Ahora podría enmendar esos errores. Tenía que hacerlo. Además…era divertido…su único posible hobbie se había convertido en la mayor misión en la que participaría jamás. A pesar del dolor que sentía soltó una corta risotada embotada por una mente enferma. Esa misma mente enferma había tardado varios años en llegar a la conclusión de que el mayor enemigo del hombre es él mismo…Por eso se resarciría en su gloria acabando con esas inmundas ratas llamando personas.

Había llegado su momento. De hecho, llevaba días sucediendo sucediendo, desde que disparó a aquellas personas a través de las ventanas de su casa.

Con cuidado retiró los girones que la metralla había provocado en su pantalón de camuflaje; la jodida bala estaba dentro, la sangre fluía de manera continua. En el fondo tenía que dar gracias a que no había acertado en la femoral, eso sí que habría sido realmente jodido…apenas hubiera dudado unos minutos antes de desangrarse.

Pero eso no iba a pasar.

Porque era el Cazador. Y era invencible.

Rompió un trozo de tela de su chaqueta militar y se la enrolló en la pierna por encima de la herida. Apretó un fuerte nudo corredera con consistencia y se hizo un torniquete sintiendo la presión de la tela contra su piel. Por unos segundos vio puntitos de colores…No. No iba a marearse porque era fuerte. Molestaba, dolía y rabiaba como el infierno, pero al menos había dejado de sangrar.

No moriría.

Aún no.

Apoyó la cabeza sobre el murete en el que se había resguardado y miró hacia el cielo. Estaba completamente azul y despejado. No una sola nube sobre el horizonte. Parecía uno de esos largos días que había pasado en Oriente Medio, salvo que aquí no había cazas sobrevolando el cielo, lanzando ráfagas de metralla y bombas; el único aparato que se cruzó con su visión había quedado inservible gracias a las armas que llevaba. Sonrió. Ahora no tenía que acatar órdenes….

La calle había quedado de nuevo en silencio, sólo se oía el ligero murmullo de los gemidos de los infectados.

Hacía tanto calor…

Se pasó la mano ensangrentada por la cabeza rapada manchando su corto pelo en el proceso haciendo su imagen un tanto más siniestra aunque no pudiera ver su reflejo. No importaba…había dejado de importar años atrás porque hacía años que no se reconocía. Había dejado de ser quien era para convertirse en el Cazador.

Pero ahora el Cazador tendría que descansar un poco. Sus presas iban a tener su insulto momento de paz, aunque por poco tiempo. A pesar de la herida su cuerpo tenía ansias asesinas para un tiempo.

Acabaría con ellos…

Acabaría con todos…

Y la primera en la lista iba a ser la hija de puta que había herido su pierna….


¿Qué os ha parecido el capítulo? ¿Qué pensáis de la situación en Forks? Esta vez no hemos leído nada del bombero y sus amigos, pero era necesario conocer la situación en Forks.

Muchísimas gracias por todos vuestros comentarios

Viivii alice, ALEXANDRACAST, Nathy Cullen Black, NekoCullenPattinson, Analiaapocaliptica-2012, Marie Mars, Manligrez, Bella maru, Bella-Nympha, CrGr13, Mcleanderangel, Luciajanet, Betza MB, Miss jessygirls, Amy Swan, LauCullenBlackSwan, Darky1995, Solecitopucheta, EmilyLuchia, Yasmin cullen, Kriss21, Gatita Swan, Guest, Miriancullen32, Javiitaah Hale D' Cullen, S hakty Mellark Everdeen, Soles, Karina Masen, Isakristen, Lil, IsAbElA M CuLlEn, Laura Katherine, Karenca Cullen Grey, EriM, Evetilight, Nia Masen, Bellaen3D2, Lory24, NGO, Angie palomo, Ashleyswan, Eve Runner, Nyx-88, Ettena, Elizabeth Lecter, AraCullen8, YessBarrios, Nella Cullen, JimeBellaCullenSalvatore, Aldantwilighter15, Guest, Lilliana len, Esteph PV17, Gretchen CullenMasen, EMLIZABETH CULLEN, LunaS Purple, Maria Cullen, Guest, Lokaxtv, Masilobe, Kimjim, Sool Pattinson y todos los lectores anónimos.

Muchísimas gracias por seguir esta historia y por gastar un ratito de vuestro tiempo en leerla y en dejar todos estos comentarios ;) Por cierto, LunaS Purple, la situación era completamente como has descrito en tu review, me alegra que así lo hayas sentido porque era eso mismo lo que quería mostrar =) Nos leemos en un par de semas, un besote a todos!