CAPÍTULO 25 DESDE EL CIELO

Benjamín siempre había pensado que la vida se veía diferente desde el edificio más alto del mundo.

Desde la Torre Burj Khalifa, a ochocientos veintiocho metros de altura, todo se veía completamente diferente. Las personas pasaban de ser seres humanos a diminutas manchas casi invisibles sobre el suelo. Esa torre era el ejemplo más claro de poder material construido hasta ese momento por el hombre. Era el paradigma del lujo que las mentes más brillantes habían diseñado y que habían logrado llevar a cabo.

Como la torre de Babel, erigiéndose hacia el cielo en busca de más. En busca de todo lo posible.

Ciento cuarenta y cuatro apartamentos privados y ciento sesenta habitaciones de lujo pertenecientes al Hotel & Residences Armani. Novecientos apartamentos de lujo. Oficinas. Restaurantes. Un mirador panorámico situado en el piso ciento veinticuatro…una obra arquitectónica que había costado miles de millones de dólares. La Torre Dubai era un edificio para ricos en un país de ricos…y ahora se había convertido en una gran cárcel de lujo para huir de la devastación que estaba sufriendo el mundo.

Desde el mirador, a más de setecientos metros sobre el suelo, Benjamín observó de nuevo en lo que se había convertido la joven y próspera ciudad de Dubai.

En los años noventa apenas era una pequeña mancha en el desierto. En ese momento, apenas veinte años después, se había convertido en un oasis de riqueza. Ahora la riqueza se había convertido en muerte; donde antes había fuentes y canales emulando la belleza decadente de Venecia ahora había suciedad y todo tipo de trastos arrastrados por el viento. En las bellas fuentes se podían distinguir masas de lo que parecían cuerpos humanos flotando alrededor de coches medio sumergidos.

Era el horror en estado puro.

Todo estaba quiero salvo los grupos de esos otrora humanos que se reunían haciendo una pequeña masa compacta de carne cuando veían u olían algo para comer.

Era vomitivo.

La destrucción que había sufrido la ciudad en tan solo doce días había sido tremenda. Tanto, que Benjamín apenas podía reconocer los paisajes que observaba. Los edificios estaban sucios, sus cristales — los que aún aguantaban, los que aún no estaban rotos — no brillaban debido a la arena del desierto. Ya no quedaba nadie, no había operarios que se encargaran de limpiar aquellas perfecciones arquitectónicas.

Estaban solos.

No quedaba nadie.

Era hora de dejar de mirar al exterior. Decidió bajar poco a poco los pisos que le separaban del lugar que había elegido para vivir. Algunas personas habían decidido compartir habitaciones, eran demasiado espaciosas como para que dentro cupieran cinco o seis sin ningún problema de espacio. En cambio él había preferido la soledad de una de las suites de lujo situada justo en la mitad de la torre. Desde ahí tenía acceso por igual a los pisos superiores e inferiores. Además, conocía todos los recovecos del edificio porque sólo unos días atrás había sido uno de los recepcionistas de la torre.

A pesar de que el edificio contaba con generadores que funcionaban con diferentes tipos de energía renovable y de que mantenían las condiciones básicas de agua, luz e incluso gas — hasta que hubiera algún problema con los conductos, cosa que Benjamín se esperaba en cualquier momento— habían vetado los ascensores por seguridad. Así que cuando llegó a su piso tenía la frente perlada de sudor y la espalda pegajosa.

Esa espalda en la que se notaba el peso de las circunstancias cayendo sobre él.

Siempre había estado acostumbrado a ser un trabajador más, una persona que no adquiría responsabilidades porque prefería que otros las tomaran por él. Se había acostumbrado a acatar órdenes, a preguntar si tenía dudas, a ser un peón más porque era lo más sencillo…Ahora se había convertido en uno de los responsables de esta enorme cantidad de gente por el simple hecho de ser un trabajador de la torre que comenzó aquella maldita noche hacía ya casi dos semanas.

Aquella apacible noche una fuerte explosión, más o menos a las diez, se había llevado a un montón de gente, tanto trabajadores como clientes y propietarios al exterior. Una bola de fuego se había alzado seguida de un enorme estruendo. Un accidente de coche múltiple!", "¡Un camión cisterna ha chocado!", gritaba la gente…Benjamín prefirió escuchar las noticias a través de la gente antes de salir él mismo, se comportó como un maldito cobarde y se ofreció a quedarse en la enorme recepción con el personal auxiliar mientras los demás salían a ayudar.

Ese fue el principio del final.

Los gritos se incrementaron por segundos. La gente se volvió loca…las personas se mordían unos a otros. ¿Qué estaba pasando? Alguien gritó que se activaran los elevadores de seguridad y así lo hizo; a falta del encargado, del director o de quién demonios se tratara, Benjamín fue hasta urna de seguridad, la rompió con el codo porque no disponía de la llave — aún no sabe cómo se atrevió a aquello — y activó los sistemas de seguridad que los dejarían aislados del mundo exterior. Desde dentro vieron cómo los equipos de urgencias no daban abasto, desde la televisión conocieron cómo los hospitales se colapsaban, cómo los especialistas hablaban de no sé qué virus…siempre desde lejos. Siempre en la relativa seguridad del edificio.

Hubo gente en estado de histeria, gente que quería salir de allí…pero Benjamín no desactivó los elevadores de seguridad cosa que agradeció la gente porque horas más tarde una horda de gente desquiciada, con las ropas desgarradas y llenas de heridas rodeó las entradas del edificio buscando sangre fresca.

Infectados.

Se pasó las manos por el corto pelo oscuro rememorando aquellos primeros momentos en los que el virus mortal recorrió la ciudad arrasándola por completo. Aparentemente ya no quedaba nadie más. Las señales de vida que habían estado observando estos días en la lejanía de los edificios contiguos se habían espaciado cada vez más hasta casi desaparecer. Ya no se veían luces tililantes a través de las ventanas. Ya no se veía movimiento en los coches de la calle…Nada.

Eran los únicos vivos en toda la ciudad.

Una jodida maravilla.

Tayler, un chico americano que estaba de vacaciones en el momento y lugar equivocados fue corriendo hasta él antes de que pudiera abrir la puerta del apartamento.

—¡Tienes que venir, Benjamín! ¡La radio!

Benjamín frunció el ceño. ¿La radio? Habían intentado por todos los medios contactar con alguien, pero no había sido posible. Ni tan siquiera con los equipos de seguridad de la ciudad habían tenido contacto, por eso habían perdido toda esperanza de hablar con alguien de fuera. Sin decir nada siguió al muchacho hasta el piso mecánico más cercano, el piso setenta y cuatro. Cada treinta pisos más o menos había un par de pisos mecánicos dispuestos para la maquinaria y el funcionamiento en sí del edificio. En cada uno de ellos habían instalado unas rudimentarias radios; hasta ahora no creyó que pudieran hacer ninguna labor…

El señor Banner, un profesor londinense retirado tras un golpe de suerte con la lotería que había decidido hacer una larga parada en el paraíso de Dubai —jodida suerte, pensó Benjamín—, estaba al mando de la radio. El hombre les dedicó una gran sonrisa cuando aparecieron.

—¡Funciona!

—Forks…supervivientes….en Forks, estado de Washington…¿me escucha alguien? — ambos se miraron.

—Recibido, Forks…—dijo el señor Banner.

—¿Hola? Hola, me llamo Renee…—Benjamín sonrió al escuchar la suave voz de mujer al otro lado. Era la primera vez que sonreía en días.

—Renee….te recibimos…Soy Benjamín...¡No sabes lo contento que estoy de escuchar tu voz!

—¡Oh, Dios! Estáis ahí….Créeme que puedo decir lo mismo, Benjamín. ¿Desde dónde te escuchamos?

—Emiratos Árabes Unidos…Dubai —a pesar de la lejanía en la que se encontraban él sonrió como un niño pequeño —. ¿Nos podéis decir vuestra situación, señorita?- estática.

—Estamos en un sitio completamente seguro, Benjamín. Forks es un pueblo situado en el estado de Washington rodeado de bosque…todo lo contrario a Dubai — su amigo sonrió —. Tuvimos nuestro momento de tensión, cayeron muchos de los nuestros…pero lo superamos. Construimos una barricada que nos mantiene alejados de esas…cosas. Podemos salir con tranquilidad sin temer nada.

—Me alegro mucho de escuchar eso. Ojala estuviéramos nosotros allí. ¿Tienen provisiones? ¿Cuántos supervivientes son? Oh, perdona mi ansiedad…pero es que necesitábamos desesperadamente encontrar a más personas…—Banner lo miró y sonrió siendo consciente de su ansiedad por saber más.

—No te preocupes, amigo. Te comprendo perfectamente porque nosotros nos encontramos igual — hizo una pausa para coger aire —. Somos unos ochocientos habitantes y sí….de momento tenemos bastantes alimentos no perecederos almacenados. También estamos bien surtidos de medicinas. Creo que estaremos bien, al menos de momento. ¿Cuál es vuestra situación? ¿Estáis en un punto seguro?

—Los puntos seguros nunca existieron, señorita. Al menos aquí no dio tiempo a ponerlos en marcha…Aquí se empezaron a conocer los primeros casos del virus cuando en Estados Unidos aún no lo conocían. Fue…de repente…

—Me lo imaginaba — murmuró Renee —. Me imaginaba que las noticias nos llegaban con cuenta gotas. Y este es el resultado…

—De todas formas no nos podemos quejar. Nosotros somos algo así como unos privilegiados…¿Conoces la torre Burj Khalifa?

—Eh….hola — frunció el ceño cuando oyó una segunda voz femenina —, soy Jessica….¿Estás hablando de la Torre Dubai? ¿El edificio más alto y lujoso del mundo?

—Así es, Jessica. Encantado, por cierto — pudo adivinar una sonrisa en la cara desconocida de la mujer. Estaba sacando su lado más amable de recepcionista implicado.

—Ese…ese edificio es uno de los más ultramodernos que existen, ¿no? — estática.

—Sí, Jessica…yo soy…bueno, era uno recepcionistas del lugar.

—¿Y cómo estáis? ¿Cuántos sois más o menos? — preguntó Renee.

—El edificio tiene una capacidad para treinta mil personas, más o menos… aunque lamentablemente no somos tantos. Somos unas cinco mil doscientas personas…es un poco difícil de contabilizar en estas circunstancias.

—¡Oh, joder! — ambos hombres tuvieron que separarse de la radio por el tremendo grito de la mujer —. Mierda…¡cinco mil personas! Hemos encontrado un grupo de supervivientes de más de cinco mil personas…¡Es una pequeña ciudad!

—Esa era la idea, crear una péquela ciudad hacia el cielo. Todavía es un poco caótico porque a veces nos cruzamos con gente a la que no conocemos, aunque supongo que tendremos tiempo — vio cómo Banner asentía —. Estamos abastecidos de comida y estamos seguros. Hemos evitado habitar las primeras plantas por seguridad aunque hay personas vigilando los accesos. De todas formas contamos con un gran dispositivo de seguridad que soporta más de cinco toneladas de fuerza…

—¡Santo cielo! Sois más personas que lo que alguna vez fuimos en Forks…¡Estáis en uno de los puntos seguros más lujosos de todo el puto mundo —exclamó Renee —. Oh….perdona por mi lenguaje, por favor….

—No hay nada que perdonar, amiga…—un doloroso codazo del señor Banner le hizo perder el hilo de la conversación.

Miró al hombre que tenía al lado…tras las gafas tenía los ojos abiertos como platos sin apartar la mirada de los grandes ventanales que tenían ante ellos.

—Oh, joder…—susurró olvidándose de las normas de cortesía delante de su nueva amiga.

—¿Pasa algo? — estática —. Benjamín, ¿pasa algo? — preguntó Renee.

—Está cayendo algo del cielo…

·

·

·

—¿Sí? ¿Me…oís? —preguntó la voz de una mujer.

—Sí, te recibimos…ahora te escuchamos mejor….¿Con quién hablo?

—Soy Carmen…Carmen Denali…Os hablo desde Alaska, Juneau — estática —. Llevábamos días recibiendo señales entrecortadas…gracias a los cielos hemos podido contactar con vosotros…—Bella sonrió. Oh, sí….eso bastaba para que me alegrara este día de mierda…

—¡Gracias a los cielos! Lo mismo digo, Carmen…¿cómo es la situación en Alaska?

—Somos una pequeña comunidad…unas cuarenta personas — todos suspiramos. Cuarenta persona, santo cielo…eso era cojonudo —. Vivimos en una zona de difícil acceso, para llegar a nuestra ciudad hay que coger una avioneta — no pude evitar sonreír.

—Gracias a los cielos, ¿uh? Apuesto que eso es lo que os ha salvado la vida…

—Y que lo digas — de nuevo ruido de fondo —. Vivimos un poco apartados del pueblo…allí hubo como una decena de infectados… — hubo una pausa —. Perdona, pero si tienes tiempo podemos hablar largo y tendido…No sabes lo reconfortante que es escuchar a gente nueva…

—Tiempo es lo que ahora mismo nos sobra, Carmen — contestó Bella — Podemos hablar cuanto quieras…

Me retiré discretamente de la recién estrenada sala de comunicaciones. Por supuesto, quería saber cómo estaban viviendo estos momentos aquellos supervivientes a miles de kilómetros de nosotros. Era una muy buena noticia, por supuesto…pero, egoísta de mí, sabía que igualmente habría una parte negativa y aún no quería conocerla. Aún no. Sabía que más tarde, cuando Bella y yo hiciéramos la necesaria guardia nocturna ella me lo contaría todo. Las malas noticias pronunciadas por sus labios sonaban ligeramente menos amargas…o eso me parecía a mí.

Me fui a la cocina, nuestro destino inicial antes de la nueva y buena noticia, y preparé algo de comer. Como yo no era precisamente un cocinillas, cogí la parte de la carne que quedaba en el congelador a sabiendas de que, cuando se acabaran las pocas raciones que quedaban, estaríamos mucho tiempo sin probarla. Mientras cortaba la ternera y preparaba la freidora me vino a la mente el virus de las vacas locas, la encefalopatía esponginosequé…Vale, ¿los bichos, los animales en general…también se infectarían? Con toda la probabilidad, sí…aunque aún no habíamos visto ninguno. Tampoco es que me hiciera ni puta gracia encontrarme con un perro zombie al más puro estilo de Resident Evil….Una vaca zombificada podría resultar hasta cómica, desde lejos, por supuesto….

Gilipollas….solo a mí se me podría ocurrir pensar en esas soplapolleces mientras hacía la cena….

Cuando terminé todo guardé un par de raciones para Bella y para mí y el resto lo dispuse en los platos correspondientes. Cuando el cielo empezaba a oscurecer las calles siniestras el grupo empezó a entrar de manera ordenada en la cocina. A veces parecíamos un jodido campamento de verano….Bella no estaba, así que supuse que seguiría hablando con la recién conocida Carmen.

Alice llevaba en brazos a Maddie, la niña estaba tranquila pero a la joven se la veía bastante demacrada. Me acerqué a ella.

—¿Te encuentras bien, Alice? — suspiró. Frunció el ceño.

—En realidad, no mucho…

—¿Qué te pasa? — pregunté revisando su cuerpo de arriba abajo en busca de alguna señal de alarma aunque era completamente innecesario; la chica no había pisado la calle desde que llegó acompañada de Garrett y no había traído heridas sospechosas.

—Ni tos, ni fiebre, ni nada parecido….así que no me mires raro — murmuró. Luego se sonrojó —. Cosas…cosas de chicas — susurró mientras acunaba al bebé mientras se le cerraban los ojitos. Eh….seh, vale…cosas de chicas. Este tema si duda no estaba entre mis favoritos.

—¿Le has dicho a Rosalie que te dé un…calmante o algo así? No sé qué demonios os tomáis las mujeres en esos casos — dije rascándome la cabeza. Seguro que me veía como un gilipollas hablando de este tema con una jovencita post adolescente….

—¿Un calmante? Sinceramente, prefiero que Rose guarde las medicinas para algo más importante que un simple dolor de tripa por síndrome menstrual….

—Pero tienes mala cara…¿duermes bien? — desvió la mirada.

—Maddie está un poco revoltosa por las noches…

—Puede que le estén empezando a salir los dientes — dijo Rosalie —. Y eso sí que es inevitable — Alice suspiró.

—Lo sé….estoy bastante cansada —reconoció.

—Yo…puedo echarte una mano, si quieres…claro…—dijo Jasper sorprendiéndome gratamente. Alice parpadeó rápidamente con sus enormes ojos azules —. Bueno…me gustan los niños. ¡No se me dan mal, te lo prometo! Además, estoy bastante descansado por mi reposo…—Alice asintió con una sonrisa.

—Pues te lo agradecería…de veras…

De nuevo me retiré de la escena.

Me alegraba sinceramente que mi amigo intentara superar sus momentos angustiosos del pasado; sabía que convivir con un bebé le recordaba cruelmente aquello que la vida le arrebató antes de tiempo…aunque sin duda lo que acababa de hacer era un gran paso para él.

Observé cómo cenaba mi grupo notando la evidente y notoria ausencia de Mike Newton. Todos lo habíamos tenido que superar a marchas forzadas; el duelo y el dolor ya habían quedado atrás relegado por la supervivencia, la superación personal y, por qué no, por la esperanza.

Cada uno de los integrantes del grupo fue retirando su plato y sus cubiertos para lavarlos según iban acabando. Había sido un día agotador tanto para los que habíamos salido como para los que se habían quedado dentro. Todos se fueron a dormir en cuanto tuvieron ocasión.

El único que se quedó rezagado fue Black. Se acercó a mí masticando un palillo con sus dotes más refinadas posibles.

—Estás cansado, tío...¿Quieres que haga yo la primera parte de la guardia? Sabes que no me importa — se le veía sincero. Aún así, no pude evitar sonreír.

—Gracias, pero no. Prefiero mantenerme un rato más despierto…lo necesito.

—¿Por qué no has cenado con nosotros? — no me dio tiempo a responderle. Sonrió enseñándome los dientes —. Vale…la poli…No sé si desearte suerte o darte un chaleco antibalas para estar a solas con esa mujer…—pareció pensárselo —. Yo me decantaría por la segunda opción…

El tipo se marchó riéndose a carcajada limpia. Será cabrón…aunque razón no le faltaba. Prácticamente después Bella apareció en la cocina. El gesto de su cara estaba levemente más relajado, sin duda la conversación con nuestros vecinos había ido bien. Se sentó a mi lado mientras las luces de nuestro búnker particular se iban apagando poco a poco y las voces de nuestros compañeros sonaban cada vez más susurrantes.

—¿No has cenado? — preguntó.

—No — me encogí de hombros —. Prefería cenar contigo — me levanté y cogí un par de botellas de agua.

Caminamos hasta la sala de estar y nos sentamos en el sofá grande, justo donde los chicos y yo nos sentábamos cuando teníamos que hacer turno y había un buen partido que ningún bombero se debería perder. No nos importaba el deporte que fuera; mientras pudiéramos irradiar una buena dosis de testosterona e insultar a algún árbitro jurando en hebreo nos bastaba. Desterré con añoranza esos recuerdos y me centré en encender una pequeña lámpara a pilas para iluminar la sala que poco a poco se iba quedando a oscuras por nuestra seguridad; las luces de emergencia no parecían ser suficientes para alejar el horror que se colaba por nuestras ventanas en forma de gemidos infrahumanos.

Bella se preparó concienzudamente antes de coger sus cubiertos; sacó su potente linterna mini led y su pistola. Comprobó el seguro y la dejó sobre la mesa de la sala, a escasos centímetros de ella.

—¿Qué nos cuentan los supervivientes de Alaska? — probó la carne. El gesto que hizo con sus labios me indicó que el sabor le resultaba agradable. Oh, sí…me había convertido en el puto amo de la cocina, fuck yeah.

—Parece que están bien, al menos de momento. Juneau es un pueblo que linda con la costa así que eso está bien para ellos…de todos modos ellos viven en un complejo residencial, a poco más de un par de kilómetros de allí. La mala accesibilidad a la zona y la suerte de vivir en un residencial apartado y con seguridad les ha salvado el culo. Por lo que ha dicho Carmen el sitio está cercado por un muro de dos metros y medio, totalmente inaccesible para alguien desmembrado — fruncí el ceño cuando miré la carne de mi plato.

—Debemos suponer que están todos sanos, ¿no? — asintió.

—Están sanos….pero cuentan con una embarazada de ocho meses — silbé.

—Eso es jodido…lo que no entiendo es cómo no se le ha adelantado el parto con el susto.

—Eso mismo pensé yo. Lo malo de todo esto es que no cuentan con un médico entre los integrantes del grupo…cuentan con una enfermera y con un veterinario — solté una carcajada corta —. Hey, tío….no te rías. Esto es serio.

—Bueno, mejor un veterinario a no tener a nadie con conocimientos…médicos, ¿no crees? — tomó otro bocado y prosiguió.

—Todas las casas cuentan con una generosa despensa, ya sabes…hacen acopio de víveres para cuando lleguen las malas temperaturas invernales…y eso es lo que les preocupa — chascó la lengua —. De momento están haciendo vida con el mínimo combustible posible…

—Pues deberían pensar algo al respecto. Allí el frío debe de ser más que jodido…y llegará en muy poco tiempo. De hecho, las noches deben de ser ya bastante frescas. Joder, si no los mata el virus podría hacerlo el frío…—sí…las complicaciones nunca llegan solas…

—Son conscientes de ello…Se están preparando para ir al pueblo en un par de semanas, supongo y espero que nos mantengan informados. Prácticamente estamos en septiembre…—soltó el tenedor sobre el plato vacio y se apoyó sobre el sofá —. Nosotros mismos deberíamos pensar en algo. Deberíamos hacer acopio de combustibles, alguna mierda que nos dé calor por si nos pilla aquí la época invernal…

—Tienes razón. Este sitio es muy grande y los paneles solares no podrán con todo el gasto de energía que conllevaría encender radiadores de calor…Un generador de combustible no nos vendría mal.

—Pero para eso necesitamos un vehículo más grande…y un jodido sitio donde encontrar un puto generador sin que nos muerdan el cuello…—a veces perdía la cuenta de sí Bella era policía o camionera. Menuda boquita de piñón…—. Ya pensaremos en eso — espetó mientras se levantaba —. Vamos…hagamos la primera ronda para poder descansar un rato…

Le di un trago rápido a mi botella y la seguí por el pasillo. Una a una fuimos comprobando las puertas y ventanas alumbrados simplemente por la linterna de Bella. Era concienzuda en su trabajo; examinaba una y otra vez todas las rendijas existentes, sobre todo de la planta baja. Vamos…no me imaginaba a un infectado escalando hasta el piso superior para entrar en nuestro refugio; si llegara ese día me mandaría a la mierda a mí mismo, palabra de bombero. Tras poco más de media hora de reconocimiento en completo silencio nos permitimos el lujo de tomarnos un pequeño descanso.

—Hace un calor de mil demonios — dijo Bella. Mmm, sí….eso era evidente. Su camiseta, mejor dicho, una de nuestras camisetas que se había apropiado para ella, se le estaba pegando a su torso humedecido por el sudor. Al recordar ese pequeño y apetecible cuerpo pegado a mi espalda desnuda en el baño sentí un escalofrío de los buenos atravesando mi columna vertebral en toda su longitud.

—Podemos subir a la azotea…las vistas desde ahí arriba solían ser bonitas — me miró de lado.

—Bueno…en realidad con que me dé un poco de aire me basta…

Subimos la escalerilla que nos llevaba a la azotea.

Sin duda alguna las vistas habían cambiado a un escenario apocalíptico y catastrófico. Los vestigios de algún pequeño incendio aún eran visibles, a pesar de la oscuridad que se cernía sobre la ciudad. El olor a rancio, a quemado, a podrido y a mierda se colaba por nuestras fosas nasales, aunque cada vez nos resultaba más familiar…ya no arrugábamos tanto la nariz al oler este hedor. A lo lejos, se podía ver alguna ventana débilmente iluminada. Joder, saber que a escasas calles de nosotros había gente sobreviviendo sin poder contactar con ellos y hacerlo con personas que estaban en la otra punta del país me daba una rabia de la hostia. La unión hace la fuerza, cuantos más fuéramos, mejor…

Bella y yo nos sentamos sobre la tela asfáltica que cubría la azotea.

La noche estaba usualmente tranquila salvo por algún que otro sonido del exterior; suponía que la alarma creada por Garrett, la que usamos en la licorería, aún estaría emitiendo sus últimos estertores atrayendo así a nuestros amigos descompuestos. Se podía ver a algún que otro infectado pululando por las calles, pero no era nada comparado con lo que habíamos vivido días atrás. Tampoco se había oído ningún tiro furtivo…

—No se oye rastro del tirador — murmuró Bella como si me hubiera leído la mente.

—Puede que haya muerto — negó.

— Ese tipo llevaba un uniforme militar…y si ha aguantado tanto tiempo solo en estas condiciones y teniendo en cuenta su comportamiento me hace pensar que es un militar de verdad. La herida que le causé no es mortal. Dolorosa, sí….pero él sabrá lo que tiene que hacer. Me apuesto diez pavos que no tengo a que el tipo vuelve a la carga — alcé la cabeza para mirar el cielo estrellado; parecía mentira que poco más de diez días sin coches en la ciudad y cómo había bajado el nivel de polución. El cielo nocturno contrastaba en belleza con lo que se vivía en las calles.

—Bonita noche….lástima que estemos en medio del jodido apocalipsis zombie. Y yo que me partía el culo viendo Zombieland…—Bella sonrió —. En vez de estar en esta azotea haciendo una guardia para velar por la seguridad de nuestros compañeros…en una situación normal podríamos estar tu y yo en el cine poniéndonos morados de palomitas y refresco — me miró con una ceja alzada.

—No te equivoques, apagafuegos…posiblemente tú y yo no habríamos cruzado ni una sola palabra.

—O puede que estuviéramos predestinados…Tu trabajo y el mío están conectados…

—Deja de soñar, ¿quieres? — dijo sonriendo; mmm, buena señal. Luego se puso seria —. Dijiste que me contarías tu historia — la miré intensamente —. ¿Te apetece? — busqué entre mis bolsillos el puto paquete de cigarros. Saqué uno y lo encendí.

—¿Te apetece a ti?

—Te lo estoy pidiendo. Quiero saber más cosas de ti. ¿Por qué estás solo, Edward? ¿Y tu familia?

—Sabes que no tengo familia, Bella…—suspiré. Seguramente me vendría bien echar toda la mierda que llevaba encima —. Vale, antes de todo quiero que sepas que no me siento orgulloso de lo que hice en su momento — suspiré —, mi madre se llamaba Elizabeth — Bella se acomodó inclinando el cuerpo levemente hacia el mío —. Tenía dieciséis años cuando se enamoró de un cabroncete…—hice una pausa —, bueno, el término sería jodido señor cabrón, con mayúsculas y todo. Era preciosa, ¿sabes? Era una mujer tan hermosa que llamaba la atención…así que el señor cabrón no tardó en darse cuenta de la belleza de mi madre. Ella no supo que él la quería sólo para una noche hasta un mes después…cuando se enteró de que estaba embarazada.

—Tan joven…—murmuró Bella —.Deduzco que nunca llegaste a conocer a tu padre…

—No…se hubiera llevado una hostia con la mano bien abierta de mi parte — suspiré—. En su momento no fui consciente, pero mi madre fue una mujer realmente valiente…Me porté mal con ella, ¿sabes? Cuando enfermó mi abuelo nuestra precaria economía sufrió un duro revés que empeoró con su posterior muerte — Bella me escuchaba atenta—. No pude seguir estudiando en el lugar donde quería porque era privado y mi madre ya no se lo podía permitir. Fui injusto con ella…No intenté comprenderla cuando ella se sintió sola. No tenía familia más familia que un hijo nacido de un amor no correspondido — me miré las manos—. En ocasiones fui cruel con ella…alguna vez la insulté. La culpé por no tener los estudios básicos finalizados y por no poder tener un trabajo que no fuera de limpiadora. La culpé por no haber podido mantener a su lado al cabrón que la dejó embarazada — sentí la pequeña mano de Bella sobre mi brazo —. La culpé por todo cuando sólo yo era el culpable de todo. Si ella hubiera decidido no tenerme su vida habría sido más fácil, como la de cualquier chica de su edad. Habría estudiado, habría conseguido grandes cosas…habría vuelto a enamorarse, a compartir la vida con alguien que sí la quisiera de verdad…y no un hijo tan cabrón como su padre. De tal palo tal astilla — escupí.

—Si ella decidió tenerte a esa edad tan temprana fue porque te amaba, porque te quería — asentí.

—Lo sé…lo sé, pero me di cuenta muy tarde — miré al cielo esperando que ella me viera desde algún lugar, esperando que ella estuviera escuchando esta conversación —. La última vez que la vi fue tras una bronca muy fuerte, una bronca en la que el último participante activo era yo…Ella nunca me replicaba, nunca se defendía…¡Dios! Sólo asentía a mis malas palabras como si tuviera razón. Debió de abofetearme, debió de gritarme para que dejara de ser tan hijo de puta, debió de ser fuerte…pero no lo era. Esa noche me enfadé mucho porque no tenía el dinero que yo le pedí para salir con mis amigos. Me enfadé con ella por una puta fiesta — apreté la mandíbula —. Me largué del piso donde vivíamos enfadado y vagué por las calles ese sábado por la noche mientras mis amigos se divertían. Cuando regresé a casa vi que el edificio estaba en llamas — Bella apretó los labios con los ojos acuosos —. Todo era un caos. Había policía, dotaciones de bomberos y ambulancias por todos lados — miré a los ojos a Bella —. Era nuestra planta la que estaba ardiendo — sus dedos me apretaron con fuerza —, fui testigo de cómo nuestras vidas se consumían en un jodido incendio. No pude decirle cuánto la quería...no pude pedirla perdón y tratarla como la princesa que era — me quité con rabia un par de lágrimas traicioneras.

—Por esa razón ingresaste en el cuerpo de bomberos. Y por eso el tatuaje, ¿no? —negué lentamente.

—Ingresé en el cuerpo intentando redimirme…o esperando morir en algún momento de mi carrera, eso no lo tengo muy claro — dije con sinceridad. Bella frunció los labios—. El tatuaje me lo hice por el mismo motivo.

—Eres tú acabando con tus propios demonios — sonreí con pena.

—En realidad, a veces me veo como uno de esos demonios con los que acaba San Miguel. No me veo como el tipo bueno…eso es imposible.

—Yo jamás te podría ver como un demonio, Edward….Puede que a veces te pases de listo y te comportes como un gilipollas — sonreí —, pero eres un buen tío. Ayudas a los demás sin importarte nada más. Eres generoso, el primero que se ofrece para ayudar en lo que sea…A pesar de lo que hiciste en tu adolescencia estoy segura de que tu madre está orgullosa de ti por todo lo que estás haciendo. Además — suspiró —, no me gusta que digas eso de que esperabas morir.

—Ahora he dejado de lado esa idea — murmuré —. Tu presencia la ha alejado de mi mente.

Miré a Bella sin saber muy bien qué hacer o qué decir. Le había contado mis mierdas más grandes y ella me estaba apoyando incondicionalmente. Ella sí que era generosa y jodidamente comprensiva…era perfecta, coño.

Me acerqué a ella sin saber muy bien lo que iba a hacer. No sabía si la besaría, si ella me dejaría o si por el contrario me daría una buena hostia…entonces una luz brillante en el cielo llamó nuestra atención. Era como si una estrella fugaz elevada a la máxima potencia nos sobrevolara. El ruido era como el de un avión viajando a muy baja altura. Nos separamos abruptamente.

—Pero…¿qué coño…?

No acabé la frase porque una terrible explosión nos hizo estremecer.

¿Y ahora qué mierda estaba pasado?...


¿Qué os ha parecido el capi? Pensé que os gustaría saber qué estaba pasando en otras partes del mundo…¿Qué os ha parecido la historia de nuestro bombero? ¿Qué será lo que ha caído del cielo?

Muchísimas gracias por vuestros comentarios

Butterfly of Violet Wings, Airelavcullen, Mcleanderangel, Nathy Cullen Black, Ettena, Orisweetcullen, Yasmin Cullen, Monikcullen009, Marie Mars, Solecitopucheta, Belgica orosgarcia, Baarbii4, Nyx-88, Isakristen, Marie Sellory, Nanys sanz, FallenDana, Ashleyswan, EriM, Kriss21, Vallery Brandon, Lil, Any0239, Soledadcullen, AraCullen8, Soledadcullen, Sool Pattinson, Amorgen Lestrange, Meerr, Mary de cullen, Manligrez, ALEXANDRACAST, ZAVACULLEN, Bitah Hawhtorne Cullen HaleLaura Katherine, Elizabeth Lecter, Lory24, Carol, Blueskys, Guest, Analiaapocaliptica 2012, NekoCullenPattinson, Guest, Angie palomo, Kimjim, Bella-Nympha, Carlie Stoessel, Bella maru, Bellaen3D2, Karen's Lullaby Cullen Swan, Soles, Nella Cullen, Amanda-Cullen-Salvatore, Karenca Cullen Grey, Masilobe, Valeria, JimeBellaCullenSalvatore, JessBarrios, Maryol, Eve Runner, Guest, Maru O B, RbBlack, lunas Purple, Lilliana len, Gretchen CullenMasen, EmilyLuchia, Yoa P Stewart, Emmett McCartys angel y a todos los lectores anónimos.

Muchas gracias por seguir apoyando esta locura =) Sé que algunas esperabais que fuera Renee la que hablara con Bella…llegará el momento, os lo prometo! Nos leemos en unos días, un besote!