CAPÍTULO 29 NO ESTAMOS SOLOS
—Vamos, Edward… levanta de una jodida vez.
Esas fueron las palabras mágicas que me libraron de mi jodida pesadilla, esa que gracias a los cielos no podía ni quería recordar por completo. Un disparo, gritos… sangre. Me levanté con un desasosiego de la leche y completamente empapado en mi sudor. Genial, súper cojonudo. Tener ese tipo de sensaciones recorriendo tu espina dorsal justo antes de salir al jodido Zombieland versión unrated no era algo para lo que estar contento, pero no podía hacer otra cosa.
Cuando finalmente mis extremidades obedecieron a mi cerebro y me levanté, vi que Bella y su precioso cuerpo salían por la puerta de la habitación dejándome completamente solo. Una rápida visita al baño me bastó para sacarme todo el sueño que me atenazaba. Ignoré deliberadamente la entrada de la cocina y el delicioso olor a café que salía de ella; no queríamos comprometer a nuestros jodidos estómagos antes de visitar la Calle Casquería así que bajé directamente al garaje siguiendo los pasos de la jefa.
Muuuy bien. Ahí estaba nuestro comité de bienvenida. O de despedida, según se mire.
Todo el mundo había bajado al garaje a mirar cómo nos preparábamos; fuimos observados mientras protegíamos nuestro cuerpo… y mientras se nos subían los huevos a la altura de la garganta.
—Hey, tío — murmuró Garrett palmeándome la espalda —, tienes una pinta horrible. ¿Seguro que estás en condiciones de salir?
—Habló míster mundo, no te jode — el tipo se rió a carcajada limpia —, pues claro que estoy en condiciones. De lo contrario no haría esto.
Antes de ponerme con mis propias protecciones vi cómo mis compañeros de fatigas se ponían manos a la obra en la Operación Cebolla; teníamos que agradecer que el día se había levantado tan revuelto como se acostó ya que las capas de protecciones que llevábamos eran inaguantables con altas temperaturas. El cielo estaba encapotado y las nubes tenían unas ganas locas de soltar el agua que llevaban horas acumulando. Sólo esperaba que el diluvio universal se contuviera un poquito, al menos hasta que estuviéramos medianamente a salvo.
— ¿Lleváis el walkie? — preguntó Quil.
—Afirmativo — dijo Black.
— ¿Munición extra?
—Roger.
— ¿Lleváis…?
— ¡Por el amor de Dios, colega! Relájate un poco, llevamos de todo — espetó el preso —, ¿qué cojones te pasa? — Quil agachó la cabeza y se observó los pies como si fueran el show más interesante y cojonudo del planeta. Bueeeeeno, quizás en ese momento sí lo eran.
—Yo… ¡ugh! Me siento como un cagón consumado — dejé de ponerme el chaleco antibalas y lo miré —. Tío… yo aún no he salido ahí fuera. Vosotros sí, y varias veces… quiero ayudar, de verdad. Pero el hecho de imaginarme ahí fuera desprotegido me provoca náuseas — ladee la cabeza para mirarlo.
—Quil, todos nos sentimos como tú. Es normal.
—No, no es lo mismo. Vosotros sois más valientes que yo — me encogí de hombros.
—Oh, vamos… ¿qué ye hace pensar que estoy súper happy? — negué con la cabeza —. Estoy acojonado. De hecho, creo que si me palpas la garganta te puedes encontrar con un huevecillo mío — por el rabillo del ojo vi cómo Bella sonreía —. Supongo que ya tendrás tiempo de salir más adelante…
Quizás me podía haber ahorrado la última jodida frase, pero esa era la realidad. Todos, absolutamente todos tendrían que salir de aquí antes o después. Bien porque alguien se apiadara de nosotros, bien porque encontráramos un sitio mejor… o bien porque, Dios no lo quiera, la cosa se pusiera tan negra como nuestra vida y tuviéramos que salir de aquí cagando leches.
Mi estúpido monólogo fue interrumpido por la mano de Bella ofreciéndome una pistola. Oh, sí… nena.
—Así que el gran apagafuegos está acojonado…
La miré atentamente. Se había rehecho la coleta estirándose religiosamente el pelo hacia atrás, despejando su cara de cualquier mechón rebelde. Vaya… a pesar de su atuendo modelo estilo saco de patatas por lo grande que le quedaba todo, estaba perfecta. Agarré la pistola sin mucha convicción de lo que tenía entre manos y me la guardé en un sitio de fácil acceso.
—Para qué negarlo… seh. Cagado de miedo, en realidad.
—No tienes por qué salir. Ya has hecho esto varias veces — suspiré mientras la miré pelearse con el casco. Se lo arrebaté suavemente de las manos y se lo coloqué yo mismo.
—No tengo miedo por mí, eso lo deberías de saber — murmuré mientras se lo ajustaba —. En realidad, me aterra que pueda pasarte algo — me miró fijamente. Oh, santo cielo… esos inmensos ojos oscuros me estaban escaneando por completo.
—No te preocupes por mí. Sé cuidarme sola.
—Oh, eso ya lo sé — fruncí los labios —. Es sólo que… —negué con la cabeza —, estoy asustado. Supongo que es por lo que pasó la última vez.
—No va a pasar nada de eso, esta vez no. No dejaré que un pedazo de mierda descompuesto me muerda.
—Más te vale — suspiré —. Por cierto, tengo una pregunta existencial que me está tocando los cojones… ¿dónde demonios nos vamos a meter cinco personas en mi camioneta? Sólo entran tres, cuatro si vamos apretadísimos como el otro día… —Bella apretó los labios. No sabía si eso era bueno o malo.
—Bueno… alguien tendrá que ir detrás, en la jaula que hizo el preso— abrí los ojos con cara de "¿tía, me estás jodiendo?". Alguien a nuestras espaldas soltó un taco mucho más malsonante de los que yo solía decir cada doce segundos… y eso era mucho decir—. Es en serio — mi cara debía de ser un poema de Bécquer por lo menos.
—No te preocupes, campeón — Black me palmeó tan fuerte la espalda que me castañetearon los dientes —, la diversión de la parte trasera es toda para mí.
— ¡Pero vas a matarte, cabronazo! La conducción de la jefa aquí presente sumada a las garrafas van a hacer que te conviertas en puré de preso — me miró, me miró… y finalmente se encogió de hombros.
—Siempre me han gustado los parques de atracciones. Nunca he ido a ningún Six Flags, joder. Déjame que disfrute lo mío.
Maldito hijo de puta, siempre tan feliz de la vida.
Cuando los cinco héroes, o los cinco gilipollas según se mire, estuvimos listos y preparados, nos giramos hacia nuestros amigos. Mierda, la cara con la que nos miraban era de aterradora para arriba.
Joder.
Me santigüé antes de subirme a mi montón de chatarra tuneada. Los recuerdos de mi sueño, esos que habían estado jodiendo mi tranquilidad a pasos agigantados, los deseché poniéndome en modo copiloto de rally para centrarme en la puta carretera que íbamos a pisas en breves segundos. Fue un poco complicado, pero al final conseguimos meter casi doscientos cincuenta kilos de puro músculo y testosterona en la parte delantera del coche. Como pudimos, observamos a Garrett con el dispositivo creado por él mismo, el que activaría la alarma que nos permitiría salir con relativa tranquilidad de nuestro refugio. Tras apretar el botoncito un sonido martilleante se coló en nuestros tímpanos. Alcé el dedo pulgar enfundado en un guante anti corte cortesía del cuerpo de policía para hacer saber que todo estaba en orden.
Un segundo.
Dos segundos.
¡Tres!
— ¡Arriba! ¡Arriba la puerta! — gritó Félix desde el primer piso.
Hola de nuevo, inframundo de mierda.
Las calles aparentemente vacías nos recibieron con una silenciosa bienvenida. El asfalto estaba asquerosa y jodidamente sucio; según pasaban los días la carretera iba adquiriendo un tono cada vez más parduzco y vomitivo. Sí, joder… y maloliente. Nuestros amigos infectados iban perdiendo trocitos de sus cuerpos y esos trozos y extremidades se descomponían sin ninguna vergüenza. Sangre, carne humana y el olor dulzón de la descomposición, esa era la ecuación principal. Ugh, madre del amor hermoso de todos los santos, qué bien le vendría a este puto suelo una pasadita del equipo de limpieza del ayuntamiento que solía hacerme la puñeta por las mañanas.
Mientras Bella conducía con relativa tranquilidad ante el desolador panorama, pudimos comprobar que el único movimiento que se observaba en las ventanas era el de las cortinas ondeando por el húmedo viento. Algunas de ellas estaban manchadas de sangre. Huellas de manos que, en un intento desesperado por aferrarse a la vida, se habían agarrado a ese pedazo de tela colgante como si fuera la salvación eterna. La ausencia de movimiento me indicaba que en la batalla, había sido el humano el que había perdido aumentando así las filas del enemigo.
Cuando Bella finalmente aceleró quemando neumático, los ocupantes de la parte delantera, aún embutidos como sardinas enlatadas por el limitado espacio, tuvimos que agarrarnos donde pudimos porque los baches creados por los cuerpos infectados muertos y requetemuertos que salpicaban el suelo hacían que el coche se balanceara peligrosamente hacia los lados.
— ¡Joder! ¡Black! Di algo… ¿estás bien?
— ¡De puta madre, tío!
Seh… el tipo se encontraba ahora mismo en su mejor momento. Los que no estaban tan bien eran Jasper y Emmett, ambos luciendo en todo su esplendor en su cara un color verdoso tirando a preocupante. Podía jurar que incluso a mi rubio amigo se le habían bajado los rizos de su pelo.
—Es… jodidamente espeluznante — susurró Jasper.
El impacto visual de la primera visita al exterior después de la infección estaba suponiendo un absoluto shock en él. ¿Esto era Nueva York? Sí, pero parecía más las calles de cualquier país en conflicto bélico. Lo que estaba viendo se parecía muchísimo a las imágenes que hacía unas semanas echaban por la tele; cuerpos descompuestos, sangre reseca, polvo y suciedad por todos lados… Mi amigo tuvo que agarrarse al salpicadero cuando la poli dio un volantazo para esquivar un contenedor de basura que estaba tirado en mitad de la calle. Ratas de enormes dimensiones mordisqueaban "algo"… Cielo santo.
—Y eso que de momento estamos libre de infectados — murmuró la poli sin despegar los ojos de la carretera —. Espera a que aparezca uno de ellos con jirones de piel colgando. Eso sí que es espeluznante.
—Ay, señor…
De nuevo un giro a la derecha. Ya quedaba menos, apenas nos faltaban dos calles para llegar a nuestro primer destino. Eso si llegábamos enteros o antes de que echemos la primera papilla. Oh, oh… puta mierda…
— ¡Coño! — grité —. ¡Bella! ¿Qué cojones vamos a hacer?
—Buena pregunta — gimió Emmett.
Al final de la calle, justo donde nosotros teníamos que girar en el último cruce, había un enorme camión de reparto de Pepsi cortando la calle con cientos de botellas desperdigadas por todo el asfalto. ¿Pepsi? Mierda, yo prefería la Coca Cola, menudo final de mierda que íbamos a tener si nos chocábamos contra el camión… y eso era lo que con toda probabilidad iba a pasar si no hacíamos algo porque obstaculizaba por completo nuestra ruta a seguir.
—Si sigues a esta velocidad nos vamos a hostiar, Bella. Papilla… nos haremos cachitos chiquititos — anunció Jasper.
—Aquí no se hostia nadie sin mi permiso, que para eso soy la jodida jefa — metió cuarta, el coche se aceleró sintiendo y viendo cada vez más cerca el camión mientras las vibraciones del motor y de los amortiguadores se sentían en nuestros traseros —. ¡Agárrate donde puedas, preso!
— ¿Qué vas a hacer, tía?
No me contestó. En cambio me dedicó un grito de guerra que casi hizo que me meara en los pantalones. En realidad eso no era muy difícil de conseguir en ese momento. Con un violento giro de volante se subió en la acera a pocos centímetros de chocar contra el vehículo, el único hueco que quedaba libre para escapar.
Joder.
Joder.
Joder.
Habíamos rozado la puta gracia. Esto era peor que comer palomitas caducadas, en serio. Mi trasero se levantó más de un palmo del asiento cuando sorteamos el bordillo cuando los bajos del coche se chocaron contra la piedra. Emmett, debido a su altura, literalmente se comió el techo de la pick up. Un chichón para la colección, tío.
— ¡Mierda! Eso ha dolido.
— ¡Esto es la hostia, chicos! Tenéis que probarlo, bombero… — el preso seguía disfrutando en su propio parque de atracciones. Menudo cabronazo.
—Cada loco con su tema — murmuré cuando las ruedas volvieron a tocar el asfalto. Afortunadamente no nos bañamos en refresco marrón. No era el momento.
—Un minuto y llegamos a los juzgados — avisó Bella —. Rezad con todas vuestras ganas para que allí quede algún puto coche.
El eco de la sirena de Garrett aquí era un poco más suave, motivo por el cual nos encontramos con media docena de cuerpos pululando de manera errante por la calle. No nos supuso una mayor preocupación porque estaban muy machacados, al menos tres de ellos. Uno parecía un pez fuera del agua, boqueando tirado en medio de la calle cuando percibió nuestro olor. A otro se faltaba un brazo, de la otra muñeca colgaban unas esposas. Del tercero mejor no hablar, al tipo le faltaba jugar a la comba con sus propios intestinos.
Bella posicionó el coche en la entrada de los garajes del juzgado como si fuera una especialista de películas de acción. Tenía que preguntarla dónde había aprendido a conducir así.
—Jasper y yo nos quedamos en el coche con las armas preparadas — echó una mirada de soslayo hacia la calle —. Sólo dispararemos cuando la cosa se ponga fea, ¿entendido? No queremos llamar la atención de esas cosas — suspiró —. Bien, ya sabéis el plan.
—Suponemos que no hay electricidad que bloquee las puertas— anuncié.
—Punto para nosotros — Bella me miró a los ojos —. Coge el hacha y destroza esa maldita puerta.
—Sabía que al final terminaría gustándote mi arma, poli — puso los ojos en blanco.
—Salid de una puta vez… y ten cuidado, ¿vale?
Ah, su preocupación era para mí como una caricia en la mejilla. Sólo por ella iba a ser el hombre más cuidadoso del mundo.
—Chicos, a la de tres estamos fuera. Uno... dos… ¡tres!
Emmett, Black y yo salimos de la furgoneta como si fuéramos los SWAT en plena intervención. Con un ojo en nuestro culo y otro hacia delante fuimos rápidos y fugaces como las balas. Bajamos la rampa del garaje a tal velocidad que cuando llegamos hasta la puerta abatible nos la comimos por completo creando un ruido sordo y metálico al chocar con ella.
— ¿Podrás con esto? —preguntó Emmett —, es una puerta de seguridad.
—Ya, y hace un mes estarían viendo a tres tíos vestidos de mamarrachos y armados hasta los dientes por las cámaras de seguridad — señalé con la barbilla la cámara redonda que nos apuntaba —, pero ahí no hay nadie viéndonos. Fuerza bruta, amigo. Solo eso.
El preso se dedicó a cubrir nuestros culos mientras yo levantaba por primera vez el arma.
Clank.
Saltaron chispas por todos lados. Metal contra metal. Hice una muesca en la puerta, la muy puta era dura, como era de esperar. Emulando a Jack Nicholson en El Resplandor volví a alzar el hacha con mi cara de asesino en serie y machaqué de nuevo el metal.
Clank.
Sí, esa abolladura era cojonuda. Dejé momentáneamente mi arma para patear la puerta repetidamente en ese punto de unión un tanto débil a esas alturas. Un ruido sordo me avisó de que esa parte ya estaba desprendida.
— ¡Sí, joder! ¡Soy la hostia! — dije animándome yo solo.
—Pues podías ser la hostia un poco más rápido — un disparo, venía del coche —. Mierda, Edward… ahí vienen un par de dobermans cabreados — me avisó Black.
Mientras corría hacia el otro lado de la puerta pude oír con una espantosa cercanía los gemidos de los infectados que habían venido a ver qué hacíamos. Jugando al mismo número todas mis pocas fuerzas que quedaban en mi cuerpo levanté repetidamente el hacha mientras mis compañeros luchaban a cuerpo metal con nuestros enemigos. No me atrevía a mirar hacia atrás para ver en qué términos estábamos porque sería perder unos segundos vitales, pero los disparos furtivos me indicaron que tenían todo controlado. O casi.
— ¡Edward, dime que ya está esa jodida puerta! — espetó Emmett.
— ¡Su puta madre! ¡Dadme un respiro que no soy Hulk, joder!—grité.
Estaba nervioso. Atacado, más bien. Los gruñidos y las palabras nada finas que salían de la boca de Black provocaban en mí una urgencia increíble por ponernos a salvo. Debía de parecer un loco que se había escapado de algún psiquiátrico; volví a usar la fuerza bruta de mis piernas liándome a patadas contra la puerta de seguridad mientras gritaba de ira, miedo y frustración. Estaba al límite de mi resistencia. Me dolían las extremidades por el esfuerzo que había hecho en tan pocos minutos y la cabeza la tenía a punto de estallar.
¿Alguien tiene por ahí un jodido tensiómetro?
Bajo las capas de protección sentía cómo me caía el sudor por la piel de la espalda. Dios, me sentía completamente empapado. La última patada y ese sonoro clank final fueron como un canto celestial para mis oídos. Emmett y Black corrieron hacia la puerta y la subieron manualmente.
Dos segundos después estábamos dentro y aislados de los espectadores no muertos.
—Oh, Dios… —jadee —. Oh, Dios… aire….
— ¿Estás bien, tío? — se preocupó Black —. Estás pálido.
—Aire, sólo eso… busca el puto coche y… vámonos de aquí — Emmett inspeccionó el lugar con la potente mini led. El lugar aparentemente estaba vacío; eso nos facilitaba casi al cien por cien las cosas.
—Dos coches patrulla bastante tentadores… —murmuró Black mientras miraba el interior de los automóviles —. Pero el premio gordo lo tenemos aquí en forma de furgón. ¡Justo lo que buscábamos! — dijo palmeando el capó protegido del furgón.
Dejamos a Emmett junto a la puerta para inspeccionar el exterior del furgón. Aparentemente estaba en buen estado; apenas tenía un par de rasguños en la carrocería y un faro inservible, pero por lo demás el automóvil estaba en su punto.
— ¿Cómo lo ves? — le pregunté a Black.
—Perfecto, incluso precioso. De pensar que lo voy a tunear a mi manera hasta me emociono — abrió la puerta del piloto —. ¡Bingo, joder! No me puedo creer que las llaves estén puestas — me miró y sonrió de lado —. Y yo que venía con ganas de hacer un puente.
—Déjate de gilipolleces y sube de una puta vez al asiento.
Esto estaba siendo jodidamente fácil. Demasiado bueno para ser real. Pero, ¿qué coño? Teníamos que aprovechar esta pequeñísima racha de buena suerte; quizás incluso podríamos celebrarlo a la vuelta en la seguridad de nuestro refugio abriendo esas botellas que Black robó de la licorería.
Decir que por dentro el vehículo era la hostia era quedarse corto. Había un GPS que nunca utilizaríamos, el mando que accionaba la sirena y las luces y un sinfín de botones más que ya investigaríamos más adelante. De todos modos estaba completamente seguro de que en cuanto pudiera, el preso se pondría manos a la obra para hacer sus reparaciones.
—Aún me parece mentira que esté en ese asiento — dijo acariciando el volante.
—Arranca ya para poder salir cagando leches de aquí. Emmett tiene una cara de acojonado que no puede con ella. Y no es para menos…
—Oído, cocina. Agárrate fuerte, apagafuegos…
Giró la llave que colgaba del contacto y el motor ronroneó con suavidad. Sí, sí… íbamos a salir de aquí enteros. Metió primera y el coche empezó a moverse lentamente por el garaje y…
— ¿Qué coño es eso? — espeté.
— ¿Qué coño es el qué? ¿Ahora qué te pasa?
—Frena. Frena y apaga el puto motor — Black debió de ver mi cara de desconcierto porque me hizo caso al instante —. Escucha.
Golpes. Sólo eran pequeños toquecitos, pero al fin y al cabo eran golpes. Jodida mierda.
—Aquí no estamos solos, Black — susurré.
— ¿Por qué tardáis tanto? — gritó Emmett desde su posición —. Bella está de los nervios, desde aquí puedo ver su vena del cuello tan hinchada como una morcilla.
— ¿Dónde? — preguntó el preso ignorando deliberadamente a Emmett.
—Que me parta un jodido rayo si el ruido no viene de dentro — señalé la parte de atrás. Lacara del tipo adquirió un tono blanquecino. Quizás verde.
—No hemos mirado el compartimento de seguridad.
— ¿La parte trasera?
—Sí, cojones. La parte trasera — más golpes, más fuerte —, ahí atrás hay un compartimento en el que aíslan a los detenidos cuando se ponen un poco gilipollas. Ahí dentro estás esposado, cabreado y casi sin aire. Y, como te puedes imaginar, sólo se abre desde fuera — sacó las llaves del contacto —. Tenemos que abrir y ver qué cojones pasa, tío — cerré los ojos con tanta fuerza que me hice daño. No me jodas… a la mierda nuestro momento de buena suerte —. Joder, Edward… no pongas esa cara. ¿Y si quienquiera que esté ahí detrás está vivo?
— ¿Después de casi tres semanas sin agua ni comida? No me toques los huevos, Black — para cuando quise terminar la frase el muy cabrón ya se había bajado del furgón.
Con una palabrota de las mías lo acompañé y nos situamos al lado de la puerta trasera. Los ruidos ahí eran mucho más acusados, más altos y rabiosos. Sí, vivo mis cojones. Aún así, si ahí dentro había un infectado teníamos que sacarlo. El cómo hacerlo era la gran incógnita. Rebuscó entre el montó de llaves y probó varias veces hasta que dio con la indicada.
Sentí que metía la llave a cámara lenta. Alargué la mano y se las arrebaté. El tipo me miró confundido.
—Prepara el metal que tienes guardado, Black — dije señalando el subfusil que colgaba de su brazo —. Tu puntería es mejor… a mí me tiemblan las manos como la pita vida — el tipo asintió.
—Está bien. Abre esta puerta. Dentro habrá dos compartimentos independientes. Los ruidos se oyen en el que tenemos más cerca —asentí.
Tal y como me dijo, terminé de abrir la puerta. Puse un pie en terreno peligroso. Se oía más cerca. ¿Estaría acechándome detrás de la puerta? Por supuesto. Tras dos fallidos intentos metí la llave en la jodida cerradura.
— ¿Estás listo? — susurré.
—Para lo que sea. Abre la puta puerta.
Giré la llave y abrí la puerta. El chillido infrahumano perforó nuestros oídos. Y luego se abalanzó sobre nosotros…
¿Qué os ha parecido el capítulo? ¿Creéis que saldrán bien de ahí nuestros protagonistas?
Muchísimas gracias por todos vuestros comentarios
Monikcullen009, Orisweetcullen, Zhohar, Isakristen, Grace, SaraArwenCullen, Andy161616, Teresa cuencapiquer, Any0239, Maligrez, ALEXANDRACAST, Amanda-Cullen-Salvatore, Solecitopucheta, Meerr, Mcleanderangel, Ettena, Airelavcullen, Lil, Maripo Cullen, Nyx 88, Butterfly of Violet Wings, Lory24, AraCullen8, Angie Masen, Gaby Rivera, Marie Mars, Eve Runner, EmilyLuchia, Masilobe, PottericaTwilighterVictoria, Esmeraldamr, Karenca Cullen Grey, Vallery Brandon, Karenca Cullen Grey, Kisara Masen, Soledadcullen, Estelaa, Lilliana len, Kimjim, BonyMasen, Ashleyswan, Marie Sellory, Analiaapocaliptica 2012, Gretchen CullenMasen, Elizabeth Lecter, Vivi S R, Yoa P Stewart, Miila Cullen, Carol, Bella maru, Only love g, Estrella150488, Maru-Li Tsukiyomi, Belgica orosgarcia, Nella Cullen, Danielemosquera, Faithly, Laura Katherine, Miss jessygirls, Karina Masen, Bellaen3D2, Piainzunza, Ninna Somerhalder, Divertido, LunaS Purple, Karen's Lullaby Cullen Swan, Faithly, Bearmand, StayStrong86, Grace, Caritofornasier y a todos los lectores anónimos.
Muchas gracias por seguir leyendo! Nos vemos en un par de semanas, un besote a todos!
