CAPÍTULO 30 PESADILLAS Y SUEÑOS

Su. Puta. Madre.

Cuando finalmente le echamos el coraje suficiente para abrir la puerta y esa cosa se abalanzó sobre nosotros los huevos se me encajaron en la garganta. Bueno… sencillamente casi se me salieron por los ojos.

El preso tardó sólo dos malditos segundos en recuperarse del susto, al tercero apuntó con el subfusil de nuevo y disparó. Como el infectado no paraba de moverse no le dio en la cabeza, punto decisivo para acabar con uno de nuestros enemigos definitivamente, pero sí le dio en el pecho. Un olor corrompido y descompuesto inundó el mal ventilado receptáculo cuando la sangre de color marrón, espesa y viscosa, se esparció por las paredes del coche.

El infectado chilló con todas sus ganas lanzando dentelladas hacia nosotros. Nos habría mordisqueado con ganas si no fuera porque nuestro amigo aún tenía puesto el cinturón de seguridad y las esposas encajadas en sus muñecas. Salvados por la campana.

— ¡Me cago en mi vida! — espetó Black apuntando de nuevo —. Me voy a cargar a este jodido zombie… ¡al final me dará un puto ataque de nervios! — puse mi mano sobre su hombro.

—Espera… espera un momento — me acerqué un poco más al cuerpo jugando todas mis cartas al cinturón de seguridad. Esperaba que la Inspección Técnica del Vehículo la hubiera pasado en condiciones porque me estaba jugando las pelotas con ese trozo de cinta; si fallaba o se rompía ya me podía ir despidiendo de mi cara y de mi vida, pero tenía que comprobar algo —. Mira, tío.

— ¿Qué coño haces, Edward? Emmett nos está haciendo muecas, al tipo le está subiendo la tensión por momentos. Tenemos que salir de aquí ya.

—Mira esto y cállate un par de segundos… A este tío, o lo que cojones sea a ahora, debieron de dejarlo aquí metido el mismo día que estalló el virus en Nueva York.

—Con eso una vez más se demuestra que los presos siempre estamos en el último escalón de la sociedad — murmuró Black con ironía —. Se olvidan de nosotros hasta en el Apocalipsis.

—En eso tengo que darte toda la razón… pero no es ese el tema en el que estamos ahora. Míralo bien, dime qué ves.

Black se acerco un poco más sin dejar de apuntar con su arma. El infectado, si hubiera podido hacer el gesto se habría relamido los labios… pero al tipo le faltaba esa parte de su anatomía. Como fuera, Black lo miró, lo miró y lo miró de nuevo.

—Está hecho polvo — asentí —. Está como… consumido, los huesos apenas son cubiertos con piel. No tiene ninguna heridas salvo las auto infligidas — dijo señalando su boca y las muñecas —. O este tío era un yonki y estaba a punto de palmarla o simplemente se está desgastando.

— ¿Por la falta de alimento?

Black no me contestó. Se puso en posición, colocó el subfusil y disparó a bocajarro al infectado chillón esparciendo el contenido de su cabeza por todo el habitáculo. Qué guarrada de amanecer de los muertos, tío…

Black se adelantó y desabrochó el cinturón de seguridad con las manos enguantadas y protegidas. Cogió lo que quedaba del cuerpo dejando su apariencia de tipo duro a un lado aguantando las arcadas y lo tiró sin ningún miramiento en el suelo del garaje. Luego me miró a mí.

— ¿Falta de alimento? — preguntó al fin —. Puede ser. Tendremos que comentárselo a la doctora. Ahora vayamos a por la segunda parte del plan.

Black sacó finalmente el furgón del garaje y recogió a Emmett mientras yo volvía a la camioneta con mi poli. En un perímetro de tres o cuatro metros alrededor del coche había tres cuerpos rematados. Al parecer no habían estado aburridos, no.

— ¿Por qué habéis tardado tanto? — espetó Bella —. He empezado a asustarme de verdad, un puto minuto más ya habría salido de la maldita camioneta — dijo mientras aceleraba.

—El furgón venía cargado, ¿vale, tía? — me miró de reojo frunciendo el ceño —. Hemos tenido que encargarnos de él. Además, creo que hemos descubierto algo, algo bueno que creo debemos decir a la doctora.

Bella no me debatió nada más. Pisó a fondo el pedal del acelerador para salvar lo antes posible la distancia que nos separaba de nuestro esperado supermercado. Black nos pisaba los talones aunque no podía entender cómo ese hombre podía mantener sus cinco sentidos en la conducción; me apostaba un par de cigarros a que esos pobres tipos estaban a punto de vomitar por el olor que desprendían los restos del zombie que acabábamos de eliminar.

—Hay moros en la costa, chicos — murmuró Jasper a través del walkie.

Un par de cuerpos semi descompuestos estaban justo en el medio de nuestro camino. Bella no se lo pensó dos veces y atacó con el parachoques reforzado que había instalado nuestro ex convicto. El atropello fue casi de película, digno de cualquier película de Universal Pictures, joder. Los dos cuerpos, no sabía decir si eran hombres, mujeres i hermafroditas, saltaron varios metros por los aires cuando impactaron contra el coche dejando a su paso una ráfaga de fluidos corporales, piel y demás partes del cuerpo. Oh, mierda… espera, creo que uno de ellos sí que era hombre…

Bella derrapó para coger la última curva y frenó en seco, justo en la puerta del supermercado, como si fuera una especialista de películas de acción. Jasper y yo nos miramos con cara de lelos.

—La hostia puta, si no vomito por los hedores y por las vistas lo voy a hacer por tu conducción. ¿Dónde cojones te sacaste el carnet de conducir? — preguntó Jasper.

—Tuve el mejor maestro. Me enseñó a mi padre — le arrebató el walkie a mi amigo y pulsó el botón —. Emmett, baja del furgón para ayudarnos. Que Black se quede dentro y nos cubra en el caso de que sea necesario.

—Recibido —Bella se guardó el aparato en el bolsillo delantero.

—Uno de los dos se tiene que quedar con el motor encendido preparado para salir pitando —miré a Jasper y luego a Bella.

—Que se quede el rubio. Yo voy contigo, ya lo sabes — sentencié.

De nuevo esa mirada intensa e inclasificable sobre mí. No me dijo nada, simplemente asintió—

—El cierre del supermercado está a medias. Eso puede ser bueno y malo… —suspiró —. Bien, Edward, coge el hacha por si necesitamos tu fuerza bruta. Yo abriré paso en cuanto entremos — hizo una pausa —. Jasper, te quiero en mi asiento en cuanto me baje, ¿entendido?

—Cristalino.

—Está bien… ¡vamos!

Bella y yo, junto con Emmett pisándonos los talones, recorrimos en medio segundo los poco más de tres metros que había desde los coches hasta la tienda. De repente, mi mente imaginó miles de ruidos sospechosos y crujidos que provenían de todas las partes, pero no había tiempo para el miedo; la misión ya había comenzado y no había tiempo para una retirada por cagón.

Bella nos cubrió las espaldas mientras Emmett y yo inspeccionábamos la puerta.

—Cerrada — dijo mi compañero.

Le aparté un poco y levanté el hacha. El enésimo clank de la mañana nos permitió la entrada al mundo de las compras.

Dentro reinada el silencio.

—Huele mal, chicos… muy mal —susurró Bella mientras avanzaba poco a poco con su arma preparada. Una rápida inspección al local nos bastó para reafirmar que estábamos solos.

—Vamos a intentar hacerlo rápido — propuso Emmett —. Cogemos ese maldito carro de la compra — señaló hacia un rincón de la tienda —, y cogemos todo lo que sea posible.

—Tendremos que hacer más de un viaje —asintió.

—Yo me encargo de eso, puedo traer y llevar los carros mientras vosotros los llenáis —Bella y yo lo miramos con cara de preocupación —. Confiad un poco el mí, ¿vale? Ya hemos salido juntos otra vez, sabéis que soy un tipo resistente.

—Está bien, tú te encargas de llenar los coches. Si ocurre algo raro Black se encargará de ello. Al primer grito o disparo que se oiga os quiero a todos fuera.

Todos de acuerdo.

Como si fuera un sábado por la mañana cualquiera cogí un jodido carro de la compra rezando porque las ruedas no hicieran ese chirrido que me ponía de los nervios y caminé por el primer pasillo acompañado de Bella. La única diferencia era que no era sábado, que estaba en un supermercado en el que olía a perro muerto y que caminaba con un hacha bajo el brazo en vez de con una bolsa. Sí, un día normal de compras…

Tenía que reconocer que me había esperado mucho más jaleo y desorden. Mi cabeza visualizó en un segundo esas películas de desastres en las que los supermercados eran los primeros en sufrir los ataques indiscriminados por partes de los habitantes de la ciudad siniestrada. Pasillos llenos de restos de comida, estanterías arrasadas y vacías… pero no. Sólo se interpusieron ante nosotros un par de bolsas a medio llevar y alguna que otra caja vacía. Esto hacía las cosas más fáciles para nosotros.

Pasamos por las cámaras frigoríficas. Joder, qué ascazo. El olor de descomposición provenía de la carne de la sección de congelados. Casi tres semanas sin luz y las cámaras descongeladas. ¿El resultado? Un montón de carne podrida, verdosa y llena de gusanos blancos y moscas gordas como vacas ávidos de comida. Definitivamente la carne no iba a entrar en nuestra lista de la compra bajo ningún concepto.

Bella me hizo señas para que avanzara hasta ella eliminando así la visión de los gusanos de mi mente. Ante nosotros había un gran pasillo de latas de conserva, esas que tardaban un par de años, o tres, o cuatro en caducar. Oh, sí… conservas vegetales, de pescado, de carne... era la orgía de las conservas. Como un loco empecé a meter latas en el carrito llenándolo casi por completo. Cuando estuvo a rebosar Emmett se hizo cargo de él llevando nuestra futura despensa a los vehículos. Bella repuso el carro por otro nuevo. Lo que siguió fue un sinfín de comestibles aptos para todos; garrafas de agua, zumos, latas de todo tipo, pastas, arroces…

También incluimos el carbón de cocina que nos había aconsejado Black. Una rápida visita a la sección de bebés nos bastó para abastecernos de leche en polvo para Maddie en cantidades industriales, potitos, biberones y todo lo imaginable para ella. La sección de textil, mucho menos extensa que las demás, también fue víctima de nuestro robo. Cogimos todo lo que pudimos sin mirar talla, color o prenda. Todo era válido en tiempos de crisis, ¿no?

— ¿Qué más necesitamos? — susurré mientras Emmett se llevaba el último carro que habíamos llenado —. ¿Bella? ¿Bella, dónde estás?

¿Por qué demonios no contestaba? Caminé despacio por los pasillos para no tropezar con las cosas que yo mismo había tirado durante nuestro asalto. Se oían ruidos. Joder, se oían ruidos y Bella no me contestaba. ¿Dónde cojones me había dejado el hacha? Mierda. Toqué el lugar donde estaba la pistola para sacarla de su lugar y la empuñé como había visto hacer más de mil veces en la tele. Giré justo en el pasillo donde el ruido se hacía más alto… Quité el seguro del arma tal y como Bella me había enseñado y salté al otro lado de las estanterías como si fuera un Horatio Caine descafeinado en algún capítulo del CSI.

El frío metal del arma de Bella prácticamente me rozó la frente. La poli me estaba apuntando con su arma, mierda… parecíamos dos gilipollas en un duelo de antaño. ¿Cómo habíamos llegado a este punto?

— ¡Joder, Edward! Qué susto me has dado — dijo guardando la pistola.

—Que susto me has dado tú a mí, no te jode —espeté —. ¿Qué demonios haces aquí? Te estaba preguntando qué más necesitamos pero has pasado de mi culo. Puedo echarte una mano.

— ¿Has visto en qué sección estamos? Si quieres elegir compresas y tampones conmigo adelante — la miré confundido. Luego miré a las estanterías, Santo Cielo… —. Somos tres mujeres en el grupo, apagafuegos. Necesitamos productos de higiene femenina, ¿sabes?

— ¿Me estás diciendo que me acabas de pegar el susto de mi vida porque estabas eligiendo tampones? — Bella alzó la ceja.

—El otro día el preso se la jugó por cuatro putas botellas de alcohol. Ahora yo voy a hacer lo que me dé la gana y voy a coger todo lo que quiera. Estoy con el síndrome pre menstrual y te aseguro que en estos días puedo ser muy muy peligrosa.

—Oh, mierda — susurré.

—Sí… oh, mierda… Así que ahora déjame que coja unas cuantas cajas de…

—Bella…

—…todo lo que necesite y…

—Bella…

— ¿Qué? — chilló.

—Saca un Tampax de esos — rodó los ojos.

— ¿Por qué iba yo a…?

—Porque creo que le vendría bien que a la dependienta de la tienda le pusieras uno en el ojo. A la pobre se le ha caído uno —susurré tragando en seco.

Bella puso cara de "deja de vacilarme o te mandaré a la mierda de manera inminente"… aunque luego llegó la revelación. Supongo que mi cara de estupefacción fue lo que la hizo girarse para ver lo que yo estaba viendo. Una dependienta, o lo que quedaba de ella, se había acercado a nosotros cual serpiente del desierto de Nevada, reptando, silenciosa e implacable. El uniforme de la cajera se podría definir como una masa de tela, jirones sanguinolentos. Su cara era un poema, pero del neogótico. Uno de sus ojos colgaba de manera siniestra de su cuenca ocular balanceándose con cada errante movimiento reptante de su cuerpo. La mujer se arrastraba porque le faltaba una pierna a la altura de la ingle.

Bella alzó de nuevo su arma para acabar con ella, pero la paré en seco.

—No me jodas, Edward — susurró.

—Si esta mujer está así es porque alguien se ha encargado de merendársela… puede que haya más aquí dentro. Si disparas la detonación será como una bomba.

Corrí hasta el pasillo donde había dejado mi hacha y volví en menos de dos segundos. La infectada había avanzado bastante dejando una marca parduzca en el suelo blanco. Sin más dilaciones cogí mi arma y, con un enérgico y rápido, movimiento, separé la cabeza de su cuerpo. El sonido que provocó el filo del metal contra lo que quedaba de ese cuerpo fue el más asqueroso y repulsivo de mi vida. Sabía que tanto la imagen como el audio de ese momento que acababa de vivir no se me olvidarían por el resto de mis días.

—Joder — susurró Bella.

—Lo mismo digo — abrí un paquete de toallitas y limpié escrupulosamente el desastre que se había formado en el filo del afilado metal —. Ahora coge todo lo que tengas que coger pero, por el amor de Dios, vámonos ya.

Mientras salíamos del supermercado no sabía qué momento coronaba la lista de minutos surrealistas; si cuando le había cortado la cabeza a esa infectada estrenándome en mi marcador personal como cazador de zombies o cuando había limpiado sus restos de mi hacha con una toallita de higiene íntima. Para pieles sensibles, por cierto.

No me jodas.

Cero coma un segundos después volvíamos a estar dentro de la camioneta.

No hubo tiempo para que Bella se pusiera tras el volante, así que Jasper hizo de conductor por esta vez ofreciéndonos una conducción un poco más sosegada. Arrancó quemando rueda con el furgón policial detrás de nosotros.

El walkie crepitó.

—Chicos, ¿qué coño ha pasado ahí dentro para que tardarais en salir? — preguntó Emmett.

—Nos hemos encontrado con una cajera pero aquí el leñador se la ha cargado — de fondo pude oír las risas de Black. Bella rodó los ojos y cortó la comunicación sin despedirse.

— ¿Todo bien? — preguntó Jasper intentando no aplastar aún más los cuerpos regados por el asfalto —. Estás un poco blanco.

—No es para menos, Edward ha dejado de ser virgen, Jasper — murmuró Bella. La hice la mirada del tigre, fue entonces cuando se descojonó de la risa —. Ha sido su primera vez, ha matado a su primer zombie — estreché los ojos.

— ¿Cómo cojones no voy a estar pálido? La mañana ha sido de lo más movida. Hemos robado un coche de la policía con un infectado dentro. Después de cargárnoslo hemos asaltado un supermercado con premeditación y alevosía. Desaparece la jefa entre los pasillos —espeté mirándola acusadoramente —, y cuando voy a buscarla casi me vuela la cabeza con una bala— Jasper frunció el ceño. —. Y, ¿sabes por qué? Porque estaba eligiendo tampones. ¡Tampones! Entonces aparece una cajera, supongo que para asesorarnos en nuestra compra, pero… ¡oh! Estaba machacada, infectada y troceada, ¿sabes? —cogí aire —. Le he cortado la cabeza — susurré —, eso no ha sido nada agradable, te lo aseguro.

—Se te ha olvidado decir que tú también me has apuntado con la pistola — dijo Bella. Si hubiera tenido espacio habría puesto los brazos en jarra —. Podrías haberme matado.

—Y una mierda. Tengo reflejos, ¿sabes?

—Lo que tienes es más peligro que una caja de bombas —repuso.

—No digas eso, jamás te haría daño. Nunca.

Silencio.

Se podía decir que nos habíamos quedado a gusto con esta pequeña discusión, pero lo cierto es que no era así. Esto no era fácil, no lo era para nadie… y mucho menos cuando los sentimientos crecen en ti sin tu jodido permiso. Los lazos afectivos, amorosos y platónicos, que mi yo más gilipollas estaba dejando crecer hacia la poli me empezaban a afectar de veras.

Jasper tosió.

—Ehhhh… deberíais ir avisando a los chicos para que abran la puerta. Tiempo estimado de llegada, un minuto. Tenemos la estación justo en frente…

Bella avisó a la estación con un murmullo apenas audible para nosotros. Pasamos por la comisaría, esa en la que nos habíamos resguardado durante una noche al comenzar toda esta mierda. Esa en la que casi nos meriendan un grupo de infectados hambrientos. Las imágenes se agolparon en mi cabeza sin saber por qué cuando algo impacto en medio de la calzada. Jasper hizo un giro brusco dejando la furgoneta en medio de la carretera con los neumáticos echando humo por el frenazo. Black y Emmett tuvieron que subirse parcialmente a la acera para no arrollarnos en el proceso.

— ¿Qué ha sido eso? — pregunté.

—Es un puto móvil… están intentando llamar nuestra atención — murmuró Bella. Pasó por encima de mí aplastándome una vez más en el proceso, al parecer se estaba haciendo una costumbre, e intentó asomarse por la ventanilla —. ¡Mierda! Hay gente en el primer piso — me asomé poniéndome a su lado.

En efecto, había gente en el edificio de apartamentos que teníamos a la derecha. Un hombre agitaba los brazos con ímpetu mientras caía sobre nosotros el primer trueno de muchos. Era un superviviente más como nosotros, un hombre de unos cincuenta años y aparentemente con buen aspecto y con buen aspecto me refería a sano y sin mordiscos.

— ¿Qué hacemos? — preguntó Bella —. Acabo de tener un pequeño deja vu… cuando dejamos a Alice y a Garrett con el bebé en la tienda por mi culpa… — negó con la cabeza —. No quiero que eso se repita.

—Hay una chica — Bella dejó de mirarme para volver a centrarse en la ventana —. Rubia, unos catorce años… —los tres miramos cómo una chica pálida agitaba los brazos llorando junto a ese hombre. Querían salir, necesitaban salir…

—Chicos, ¿qué vamos a hacer? — preguntó Black por el walkie —. Os apoyaré en lo que queráis hacer, pero está empezando a llover y ya puedo ver al menos un par de infectados al final de la calle. Sin duda vendrán más en cero coma segundos.

—Y la sirena ya se está apagando porque tendríamos que estar ya en casa— susurró Jasper —. ¿Bella? — esta revisó su arma.

—Vamos a por ellos.

No sé por qué, pero sabía que iba a tomar esa decisión y la aplaudía. Por el espejo retrovisor vi cómo Black nos hacía señas con el pulgar levantado; estaba preparado.

—Cúbrenos, Black — dijo Bella a través del walkie.

El preso salió del vehículo robado con el arma preparada. Se había quitado el casco haciendo así que las primeras gotas de una monumental tormenta se pegaran en su pelo aplastándolo. Tras un rápido vistazo a la calle nos volvió a hacer señas positivas. Bella y yo salimos del la camioneta dejando solo a un muy acojonado Jasper. Corriendo con las pocas fuerzas que nos quedaban llegamos casi sin ningún sobresalto hasta la fachada del edificio. De cerca, el hombre estaba mucho más demacrado de lo que parecía. Las ojeras reinaban en su cara ocupándola casi por completo. La chica, aunque pálida, ofrecía mejor aspecto que él.

—Gracias, gracias por parar… Me llamo Dimitri — dijo con un marcado acento del este a través de la ventana —. Esta es Jane, mi hija pequeña.

— ¿Vais a sacarnos de aquí? — preguntó la chica llorando.

—Claro, claro que vamos a sacaros — dije con convicción —. Bajad, os llevaremos a un lugar seguro — la chica sollozó sonoramente.

— ¡No podemos bajar por la escalera! El edificio está lleno de esas personas — lloró.

—Hay gente infectada por las escaleras. No podemos salir sin que nos ataquen — desvié la mirada hasta la puerta de entrada. Mierda, ya la estaban aporreando para venir a por nosotros. Nos estaban oliendo, nos estaban esperando.

—Está bien, vamos a hacer esto y lo vamos a hacer ya — dijo Bella —. Black, Edward… van a salir por la ventana — la chica abrió los ojos como platos.

— ¿Qué?

—No te preocupes, Jane… estos dos fuertes chicos te cogerán, no dejarán que te pase nada — nos dio una mirada suplicante.

—Vale — suspiré —. Jane, vas a salir muy despacio por la ventana, te vas a sentar en la cornisa e intentaras bajar por esas tuberías. Mi compañero y yo te cogeremos.

La chica se abrazó a su padre con fuerza sin dejar de llorar, pero asintió. Mientras la puerta era zarandeada peligrosamente desde dentro pro los enemigos Jane hizo exactamente lo que le dije. Se sentó en la cornisa temblando como una hoja de papel; daba gracias a los cielos porque era un primer piso, unos seis metros más o menos. Aún así, un paso en falso y una caída en estas condiciones podrían ser fatales para todos nosotros.

Black y yo nos preparamos para cogerla en cuanto hiciera contacto con nosotros. La chica se portó como una verdadera campeona y bajó por la tubería despacio pero sin pausa. Cuando nos sintió se dejó caer agotada por el esfuerzo y el cansancio mental; se acurrucó en los brazos del preso temblando por el frío y el miedo.

—Llévatela a la camioneta — le dijo Bella a Black.

Los gemidos, alaridos y empujones que se sucedían detrás de la puerta me estaban poniendo nervioso, eso sin contar con el agua que nos empapaba dificultando nuestros movimientos y los truenos que nos ensordecían.

— ¡Ya puedes bajar, Dimitri! —chillé —. Tienes que hacerlo ya, la puerta no aguantará mucho.

El hombre hizo la misma operación que su hija. Se sentó en la cornisa y reptó hasta las tuberías. Más que demacrado, ese hombre estaba consumido. Apostaba lo que fuera a que las reservas de comida se las había ofrecido a su hija quedando en este estado de debilidad palpable.

La puerta se tambaleaba.

—Vamos, vamos… — susurré.

Una de las grandes bisagras saltó. Era cuestión de segundos que la puerta cediera.

—Un poco más, Dimitri — le animó Bella.

El hombre chilló. Sus manos se resbalaron de la tubería mojada por la lluvia haciéndose un desgarrón en ellas. La sangre cayó goteando hasta el suelo mezclándose con el agua.

— ¿Estás bien?

— ¡Me he clavado algo! — dijo a duras penas.

Otra bisagra fue eliminada del juego.

—Bella… si no baja tendremos que irnos.

— ¡No podemos dejarlo aquí! —el cielo tronó tan enfadado como la poli.

— ¡Mira la puerta! —empezaban a asomar las primeras manos grisáceas y verdosas. Ellos habían olido la sangre, ellos tenían hambre. Ellos venían a por nosotros.

— ¡Date prisa, Dimitri!

— ¡No puedo! ¡No puedo sostenerme!

No sé por qué no previmos la caída, pero Dimitri se chocó contra el suelo mucho antes de que alguno de nosotros pudiera hacer algo para evitar el tremendo golpe. Un ruido seco como el de una rama rompiéndose llegó hasta nosotros estremeciendo nuestros cuerpos.

Una de sus piernas había quedado en muy mal ángulo; su pantalón se tiñó de sangre. No hacía falta ser médico para saber que ese hombre se había hecho una fractura abierta en su pierna.

La puerta crujió. No teníamos tiempo.

—Tenemos que cogerlo — gritó —. ¡Black!

—No tenemos tiempo — Dimitri negó con la cabeza.

—Llevaros a mi hija… cuidadla — apoyó la cabeza sobre el suelo empapado —. No puedo seguir… no puedo seguir… estoy tan cansado… — susurró.

— ¡No! ¡La estación está a un minuto, Edward! ¡Un minuto! Vamos a cogerlo…

El primer cuerpo infectado sobre pasó la puerta. No sé cómo lo hice, pero disparé. El zombie chilló, un grito gutural, algo sordo, carente de vida. No acabé con él de manera definitiva, pero sentí satisfacción en ese momento de frustración.

—Tenemos que irnos. Tenemos que irnos, cariño… — arrastré a Bella bajo la lluvia hacia el coche dejando atrás al herido.

Caminé apretando la mandíbula, si miraba hacia él sabía que no podría con la situación; volvería e intentaría rescatarlo. Pero hacer eso seguramente nos llevaría a todos a una muerte segura. Bella se resistió, pero conseguimos llegar hasta la furgoneta.

— ¿Y mi padre? —preguntó Jane —. ¿Y… y mi padre?

—Está malherido. No podemos hacer mucho en estas condiciones — murmuré. Miró en su dirección.

— ¡Pero le van a morder! ¡Están saliendo por la puerta!

—Arranca, Jasper — susurré.

Los dos coches se pusieron de nuevo en marcha acortando la distancia con nuestro hogar. El dolor era palpable en el ambiente aunque incrementó hasta llegar a resultar insoportable cuando Jane se encogió sobre sí misma y gritó de rabia y dolor.

— ¡No, no, no! ¡No tengo a nadie! Estoy sola… — intenté abrazarla, contenerla… pero era imposible. Sabía por experiencia propia que ese dolor sólo sanaba con el tiempo.

Como por arte de magia la puerta del garaje de la estación se abrió. A Jasper apenas le dio tiempo a parar la furgoneta en el interior; Bella saltó del coche con el fusil y la pistola preparados. En otro momento hubiera hecho alguna broma por su parecido a Lara Croft, pero no lo hice porque la vi decidida.

A salir.

— ¿Qué coño haces? — pregunté cogiéndola del brazo ante la atenta mirada de todo el grupo. Jane seguía sollozando. Bella salió de nuevo dejado que la lluvia empapara aún más su cuerpo. Corrí detrás de ella.

— ¡No voy a dejar que te mates!

— ¡Voy a ir a por ese hombre!

— ¡Mira ahora cómo está ese hombre! — Bella se paró en seco. A una distancia de unos trescientos metros Dimitri estaba siendo atacado sin piedad por los infectados —. ¡No podemos hacer nada por él, Bella! ¡Nada!

El movimiento de sus hombros parecía sospechoso de lágrimas, aunque sabía que nunca conocería ese dato. Bella bajó el arma y se giró hacia mí derrotada.

Entonces un disparo rompió el aire sin saber muy bien de donde venía… impactando sobre Bella. Como si fuera una película la vi caer en cámara lenta al suelo con un gesto de contrariedad y dolor en el rostro.

La habían dado. Ese jodido maníaco había dado a Bella…

Mi terrible pesadilla se hacía realidad…


Lo primero de todo... mil perdones por haber tardado tanto. He estado (y estoy) enferma, no he podido escribir en varios días. Agradezco la paciencia que me habéis tenido. ¿Qué os ha parecido el capítulo? ¿Qué os ha parecido la odisea que han vivido nuestros protagonistas? ¿Y el final de Bella?

Muchísimas gracias por todos vuestros comentarios

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Nos me matéis por el final :P Nos leemos en un par de semanas! Un besote!