CAPÍTULO 31 CAMBIO DE DIRECCIÓN

—Estoy realmente preocupada, Cayo.

Renee jugueteaba con un hilo que se había encontrado pegado a su sudadera. Hacía apenas media hora que habían terminado el turno de seguridad en la Barricada. Tras una breve visita al nuevo despacho de la alcaldía en el que simplemente dieron parte de su turno a un muy cobarde e incompetente Aro, se marcharon a descansar a la sala de máquinas; no era el mejor lugar y ni mucho menos el más cómodo, pero ahí sí podían expresar sus temores sin miedo a que los demás les escucharan.

—En las condiciones que estamos es lo más normal del mundo que te sientas así, ¿no crees? — si las palabras de Cayo tenían intención de tranquilizarla no obraron ese efecto final.

—Siento que tenemos con nosotros a la madre de la mala suerte — espetó —. Justo cuando encontramos a los primeros supervivientes después de la infección pasa algo… algo malo. Tú oíste cómo se cortó la comunicación y que me parta un rayo si lo que oímos a través de la radio no era una explosión — Cayo apoyó los codos sobre las rodillas acercándose irremediablemente a Renee, oliendo el jabón que usaba para el pelo.

—Renee, tenemos que tener presente que, a partir de ahora, cualquier cosa que nos imaginemos por imposible que nos parezca, puede suceder. Apuesto a que no te imaginabas hace un mes que los muertos despertarían para atacar a los vivos.

—Sigues sin tranquilizarme, ¿sabes? Si te soy sincera, ahora mismo eres una ayuda de mierda — el chico tuvo que sonreír de lado.

—Es que no es mi intención tranquilizarte. Ahora quiero y necesito ser realista. ¿Es probable que esas personas hayan sido bombardeadas? Sí, claro que es posible — se encogió de hombros —, pero no sabemos lo que ha pasado, así que hay que seguir intentándolo. Sigue probando suerte para contactar con ellos… si finalmente no lo consigues ya puedes imaginarte la suerte que han corrido — Renee lo miró intensamente.

—Eres valiente y directo — susurró.

—No más que tú — la mujer sonrió con tristeza.

—Tengo cuarenta y cinco años, se supone que he tenido más vivencias y experiencias que tú, Además, yo he tenido que ser valiente a la fuerza, desde el principio. Creo que la adrenalina aún corre en grandes cantidades por mi cuerpo y por ese motivo no sé por cuánto tiempo voy a poder mantenerme en esta situación. Necesito un aliciente, algo… Si encontramos a esas personas al otro lado del mundo, ¿por qué no podría encontrar a mi Bella? — sollozó —. Oh, Dios mío… Mi Bella… necesito saber de ella, justo ahora sería mi salvavidas para seguir adelante — lloró.

Cayo se levantó de la tubería en la que se había sentado y la envolvió entre sus brazos. Renee se enganchó con fuerza a su chaqueta y escondió la cara en su cuello. No supo por qué, pero el olor que desprendía la piel de Cayo la tranquilizó casi al momento, así como las caricias rítmicas que ejercía sobre su espalda y los susurros de consuelo en su oído. Demasiado cerca, demasiado íntimo… cuando los lloros pasaron se instaló entre ellos un silencio entre incómodo e íntimo que hizo que ambos se separaran mucho antes de lo que Cayo hubiera esperado. Y deseado.

—Bien — susurró Renee —, puede… quizás esto no debería de haber ocurrido — dijo limpiándose las lágrimas.

—No entiendo por qué. Tú estás mal y yo te consuelo. Sabes que puedes contar conmigo — puso su mano sobre la de Renee —. Lo sabes.

—Yo… lo he sentido como algo más que consuelo, Cayo — murmuró. Abrió la boca antes de darle oportunidad de volver a hablar —. ¿Me acompañarías a la radio? — preguntó cambiando de tema.

—Claro, por supuesto.

Recorrieron los pocos pasillos que los separaban de la sala de radio en completo silencio sólo interrumpido por el sonido que provocaban sus pesadas botas de trabajo en esa parte del instituto, muchísimo menos transitada que el resto del edificio. Ambos se miraron de reojo, pero no dijeron ni una sola palabra. Cuando entraron en la sala de radio vieron a Jessica manipulando el panel de control y todos sus botones como si fuera toda una profesional, aunque la cara de la chica anunciaba pocas nuevas noticias.

— ¿Cómo va eso? — preguntó Renee mucho más tranquila al tener a una tercera persona entre ellos.

— ¿Qué cómo va? No sé… todo es un poco raro — Renee alzó una ceja —. No sé si soy yo y mis ganas de oír algo nuevo, pero a veces me parece escuchar voces a través de las ondas — le pasó los auriculares a Cayo. El joven frunció el ceño como si de esa manera pudiera oír mejor. Después frunció los labios… y finalmente negó con la cabeza.

—Puede que con un poco de imaginación sí que se distinga alguna voz. Puede que las ondas a las que estás sometida en exceso sean perjudiciales para la salud — Jessica puso los ojos en blanco.

—Sé lo que oigo, Cayo. Me he pasado bastantes horas pegada a este trasto como para saber distinguir entre la estática y una interferencia en condiciones.

—Puede que se trate de nuestros amigos de Dubái — opinó Renee esperanzada.

—Si te soy sincera, Renee, no me importa quién demonios nos responda con tal de volver a sentir a alguien al otro lado — la mujer captó la desesperación con la que se teñían las palabras de la joven doctora.

— ¿Has vuelto a pasar revisiones con Carlisle? — preguntó para cambiar de tema, detalle que la chica agradeció.

—Sí, y de momento podemos estar absolutamente tranquilos. Como habéis comprobado, el perímetro es seguro, no se han avistado infectados tras la barricada, así que a la consulta sólo ha acudido algún que otro hombre con algún corte o magulladura por los trabajos de mantenimiento y algún que otro resfriado. Han acudido a la consulta tres niños con síntomas catarrales — Jessica frunció el ceño.

—Pero un resfriado no es importante. Además, tenemos medicinas suficientes para eso en caso de que se contagien varios niños en la guardería, ¿no? —asintió —. Entonces, ¿por qué esa cara?

—Se trata de la chica Webber.

— ¿Qué pasa con ella? — preguntó el rubio —. ¿Algún signo… extraño en ella?

—Si con raro te refieres a virus, por todo lo sagrado, no. Aunque sí se puede decir que ha dado positivo en algo — Renee y Cayo se miraron entre ellos —. Está embarazada.

— ¡Mierda! ¿Cómo que está embarazada? Sólo tiene dieciséis años.

—Pues está embarazada… y bien embarazada — murmuró Jessica —. De quince semanas.

—Joder — murmuró Cayo —. Ángela es diabética, ¿no es así? Es un embarazo de alto riesgo…

—De altísimo riesgo. Lo ha mantenido oculto hasta ahora por miedo a la reacción del señor Webber… No ha podido elegir un mejor momento para decírselo — dijo Jessica con ironía —. Debería de haber empezado a tomar ácido fólico y vitaminas semanas atrás — suspiró —, eso por no hablar de las revisiones. No tenemos un ecografo, ni un ultrasonido y mucho menos un laboratorio en el que hacer un triste análisis. Sólo contamos con el glucómetro y eso es dar gracias a los cielos — echó la cabeza hacia atrás para tomar aire —. No sé cómo va a resultar todo esto. Carlisle está de los nervios…

—Al menos dinos que tiene tratamiento suficiente para nivelar la glucosa — la doctora en prácticas hizo una mueca.

—De momento sí, pero no sé, Renee… Estamos aquí, en nuestra relativa seguridad… pero no paran de sobrevenirnos imprevistos que descuadran este supuesto orden que hemos creado — alzó la cabeza para mirarlos a los ojos —. Esto me está superando. No logro relajarme, tengo pesadillas… me despierto sobresaltada y asustada como cuando con cuatro años me diagnosticaron terrores nocturnos. Siempre estoy a la espera de que algo o alguien venga a por mí… a por todos… — se hizo el silencio.

—Tenemos… tenemos que vernos a nosotros mismos como unos privilegiados, Jess — dijo Cayo —. Estamos en medio del horror, pero estamos juntos. Y seguros. Tenemos un techo y una cama donde dormir. Tenemos comida y una comunidad que está dispuesta a ayudar en las condiciones que sean. Saldremos de esta, ya lo verá — Renee no pudo evitar sonreír sinceramente; despacio, enganchó su mano en el brazo del chico para apretarlo suavemente. Él sonrió a su vez…

Hasta que alguien abrió la puerta estrepitosamente.

Renee se separó rápidamente de la calidez que le ofrecía la cercanía del cuerpo de Cayo levantándose justo cuando Esme Cullen entraba en la habitación; con ropa ancha y cómoda y una coleta casi deshecha distaba mucho en apariencia de la mujer que había sido semanas atrás.

—Tenéis que ver esto — dijo jadeando por aire —. ¡Es un helicóptero! Un helicóptero ha sobrevolado la zona… ¡y es del ejército! ¡Vienen a ayudarnos!

·

·

·

No sé si grité, no lo recuerdo con claridad.

Supongo que mi cabeza finalmente explotó por la gran cantidad de pensamientos fatalistas recurrentes que, por desgracia, se habían materializado en realidad. No era consciente de nada, sólo del cuerpo de Bella cayendo como a cámara lenta sobre el asfalto mojado. Los truenos retumbaban por todas partes mientras sus ojos se conectaban con los míos en ese instante de confusión y dolor.

Rápido, rápido…

Los infectados dejaron de lado el cuerpo desmadejado y mordisqueado de Dimitri para fijarse un nuevo objetivo en Bella. En mí. En todos nosotros…

Oía voces detrás de mí. Gritos, llantos y maldiciones de diferente calibre mientras alguien subía al piso de arriba. En verdad no me importaba en lo más mínimo el alboroto que se estaba sucediendo en el interior de nuestro refugio porque en ese mismo momento sólo podía ver el cuerpo de Bella tendido a menos de dos metros de mí como si fuera un muñeco de trapo.

Finalmente reaccioné.

Salí corriendo internándome de nuevo bajo la incesante lluvia que asolaba la ciudad convertida ahora en torrente de agua que limpiaba las calles ensangrentadas, que se llevaba los trozos de lo que otrora habían sido personas y no cuerpos muertos y hambrientos.

Treinta segundos y ya estaba con Bella.

Joder, semanas anhelando tenerla entre mis brazos, cubrirla con mi cuerpo… y lo que obtenía a cambio era esto. No sabía que el toque de su cuerpo podía ser tan jodidamente amargo. Temblé de rabia, de miedo y de frío al ver que sus ojos estaban cerrados. No pude comprobar si se trataba de un simple desmayo o algo peor porque un pequeño pero peligroso y ávido de sangre grupo de infectados había avanzado ya parte buena parte del camino. Y lo hacían con una rapidez sorprendente.

Dejando un reguero de agua volvimos al interior mientras alguien cerraba la puerta tras nosotros; apenas diez segundos después, esa turba de ultratumba se hizo presente tras el portalón de acero aporreándolo con ganas.

— ¡Oh, Dios mío! — sollozó alguien.

— ¡Apartaos! — grité mientras la dejaba con delicadeza en el suelo —. ¡Dejadla respirar! ¡Joder, Rosalie!

— ¿Está… está muerta? — luego me arrepentí, pero le eché a Félix una mirada matadora de las que hacen historia.

—Vuelve a decir eso de nuevo y te arranco los ojos, ¿me oyes?

Se hizo un enorme silencio mientras Rosalie se agachaba a su lado para quitarle el casco con sumo cuidado. Mantenía los ojos cerrados aunque asintió cuando la tomó el pulso.

—Está bien, ella está bien. Debe haberse golpeado… Ayudadme a cogerla, la subiremos a la enfermería para ver qué heridas tiene.

Me abalancé sobre ella para que nadie más pudiera cogerla, fue entonces cuando sentí la humedad en mis manos. Y no se trataba del agua que nos había caído encima, era una humedad más espesa y mucho más terrorífica para mí.

Mis manos estaban manchadas de sangre de Bella.

—Tiene sangre —susurré —. ¡Está sangrando, joder!

De nuevo me vi sumergido en un sinfín de imágenes, ruidos de pisadas y demás locuras y, sin saber muy bien cómo, de pronto me vi en el piso de arriba en la jodida enfermería dejando a Bella sobre la camilla.

—Sal ahora mismo de aquí, Edward — murmuró Rosalie mientras sacaba unas tijeras del armario.

—Y una mierda — espeté —. Me quedo. Ya puedes jurar en hebreo que de aquí no me muevo — Rosalie suspiró, pero no volvió a decir nada.

De repente vi a Jasper a mi lado; agradecía su presencia ya que yo en ese momento no podría servir de mucha ayuda.

Sentí que el corazón galopaba fuertemente en mi interior cuando Rosalie empezó a cortar las capas de ropa que habían protegido a Bella con dudosa eficiencia. Examiné el chaleco antibalas que la doctora desechó en el suelo y observé con horror que había un impacto de bala justo en el centro. Por fortuna, esa pieza sí que había hecho su labor reteniendo el plomo entre las láminas de kevlar; era la constatación de que Bella, si no hubiera llevado ese chaleco, ahora mismo estaría muerta. Tiré el chaleco a un lado y puse de nuevo atención en lo que le estaba haciendo Rosalie. Mis ojos no se fijaron en su desnudez apenas cubierta por su ropa interior, simplemente se limitaron a localizar el foco sangrante.

—No me lo puedo creer — susurró Rosalie.

— ¿Qué demonios pasa, joder?

—Mira, Edward…

Rosalie levantó el brazo de Bella para que viera la herida; la puta bala, esa caprichosa hija de puta se había colado por la ropa desgarrando la piel por la parte interna del brazo izquierdo de mi poli. El cabrón del cazador iba a matar y esta vez se había acercado demasiado, tanto como para destriparlo sin ningún remordimiento si es que alguna vez pillábamos a esa rata.

— ¿Es grave?

—Para nada. Creo que ni tan siquiera la pondré puntos.

— ¿Y por qué cojones no se despierta? — Rosalie examinó de nuevo las constantes vitales de Bella y palpó su cuerpo buscando algo más.

—Tiene un gran hematoma en el pecho — señaló con el dedo la piel que empezaba a oscurecerse.

—El chaleco ha absorbido parte del impacto, pero no todo — dijo Jasper mientras sacaba más gasas de sus paquetes.

—No hay fractura, pero no descarto una fisura ósea — Rosalie continuó curando la herida del brazo —. Supongo que el desmayo se debe a la situación, al estrés post traumático. Intenta que nuestra Bella durmiente vuelva con nosotros. Si lo hago yo puedo ser mucho menos delicada de lo que seguro serás tú — la miré confundido —. ¡Cachetitos en la cara para despertarla, por el amor de Dios!

Esperé pacientemente al lado de Bella mordiéndome las uñas mientras Rosalie terminaba de tapar la herida del brazo; ella, como era de esperar, tenía razón. La herida una vez lavada tenía un aspecto mucho menos aterrador del que me había esperado. Aún así, unos centímetros más y el impacto a pesar del chaleco antibalas podía haber sido fatal. Rosalie desechó todo el material médico que había usado y luego nos dejó rápidamente en completo silencio seguida de Jasper, detalle que les agradecí con la mirada.

Me puse a su lado e hice lo que me dijo la doctora; le toqué la cara, le retiré los mechones mojados de pelo y la llamé suavemente por su nombre. Minutos después que parecieron horas Bella parpadeó frunciendo el ceño. Le costó unos segundos, pero abrió los ojos; lo hizo con una expresión confundida en el rostro. Agradecía que hubiera tardado un poco más en despertar ya que de esta manera estábamos solos en la enfermería. Un lugar muy poco práctico, nada romántico y mucho menos acogedor, pero lo suficientemente tranquilo como para mantener este momento en la más completa intimidad.

Sus ojos escanearon con atención el entorno hasta llegar a los míos.

Cuando comprendió dónde estaba intentó levantarse aunque, seguramente, el dolor que sentía en el brazo y en el pecho se lo impidieron. Con toda la suavidad que pude reunir la empujé por los hombros y tapé su cuerpo semidesnudo con la sábana que la cubría.

— ¿Qué… qué demonios me ha pasado, Edward? — su voz sonaba ronca, desconocida en ella.

— ¿No recuerdas nada? — pregunté acercándome a ella. Desvió la mirada hacia el infinito, intentando recordar. Luego asintió.

—Pues claro que recuerdo todo lo que hemos hecho. Los juzgados, el supermercado… la chica y su padre — susurró —. ¿Ella está bien?

—Está sana y es joven. Tiene que pasar por el duelo, pero re repondrá. Si quiere sobrevivir en esta situación no le queda más remedio.

—Me disparó ese loco — murmuró —. ¿Qué me ha hecho?

—Sólo un rasguño en el brazo… y un golpe en el pecho por el impacto de la bala. Estás bien — dije acariciando su pelo —, te pondrás bien…

— ¿Cómo pude cometer ese fallo? Me quedé en mitad de la calle sin reaccionar sabiendo que hay un tío que se dedica a disparar a la gente. Una diana en la frente hubiera sido más discreta, joder — negué con la cabeza.

—Querías salvar a ese hombre, sólo eso. De todos modos si me hubieras hecho caso ahora no estarías tendida en esa camilla — la regañé —. Primero la escenita del supermercado y luego lo de Dimitri. ¿En qué coño estás pensando?

—No me hables así, no tienes ningún derecho — espetó.

—Tengo todo el derecho del mundo. Ahora no somos individuos, joder. Somos un núcleo.

—Tú no lo entenderías — susurró.

—Pues claro que no lo entiendo. Mierda, te podrían haber matado. Entonces, ¿qué demonios habría hecho yo? — apretó la mandíbula.

—Eres un egocéntrico de mierda.

—Y tú una inconsciente — repliqué.

— ¡No quería separar a una hija de su padre! ¿Entiendes? ¡No quería! Tú no puedes entenderlo porque estás jodidamente solo. Mis padres están en algún lugar de Washington… si yo me hubiera encontrado en la misma situación que esa chica habría agradecido que alguien luchara por mí — me miró a los ojos —, pero tú no lo entiendes porque no tienes a nadie. Estás solo.

—No estoy solo. Te tengo a ti — susurré.

— ¿Y de qué te sirve? No somos nada y es mejor que no lo seamos nunca — su frente estaba cubierta de sudor, desee aliviarla… pero no me atrevía, no era el momento —. No necesito ni tu protección ni tus consejos. ¿De qué me vale crear un lazo con alguien en estos momentos? Sólo serviría para sufrir, como lo ha hecho Jane hace un rato. Mañana puedo morir yo, o tú… y si eso pasa lo único que se puede hacer es seguir hacia adelante — la miré perplejo, como su la viera por primera vez. No entendía el por qué de sus frías palabras.

— ¿Qué me estás contando? ¿Qué demonios te ha pasado para que me hables así? Debes de ser ciega y sorda para no saber lo que siento por ti — Bella desvió la mirada definitivamente rompiendo lo que quedaba de mi corazón y sin saber un motivo tangible de su comportamiento.

—Estoy cansada, Edward. Cierra la puerta al salir, por favor.

—¿Bella? Dime qué pasa…

—Edward, por favor — rogó—. Necesito estar sola. Ve a ayuda a alguien que quiera o necesite tu presencia, ¿de acuerdo? Déjame sola…


¿Qué os ha parecido el capítulo? ¿Qué pensáis sobre las nuevas noticias de Forks? ¿Y el comportamiento de Bella?

Muchísimas gracias por todos vuestros comentarios

Marie Sellory, Huezito Cullen, Pianizunza, Naiielii hernandez, Mrs. Not Longer Black Lautner, Gatita Swan, Mary de cullen, Butterfly of Violet Wings, EmilyLuchia, Mcleanderangel, Tecupi, CarlieS, Monikcullen009, Shibubi, Lilliana len, Zhohar, Yeya Azucar Cullen, Caritofornasier, ZAVACULLEN, Yoa P Stewart, Maryta lozano e, Carmen cullen93, Angie Masen, Lucianajet, Dsl cullen, PottericaTwilighterVictoria, Gretchen CullenMasen, Esmeraldamr, ALEXANDRACAST, Solecitopucheta, ISABELCRISTINA, Ashleyswan, Gaby Rivera, Elizabeth Lecter, Vallery Brandon, Karina Masen, AraCullen8, SeventeenNights, Evetilight, Kisara Masen, Laura Katherine, Albaaaa, Nella Cullen, Ettena, Nina Somehalder, Dreams Love Troubles, Amanda Cullen Salvatore, BonyMasen, IsAbElA CuLlEn, Eve Runner, Any0239, Bellaen3D2, Nyx 88, Grace, Dragondefuego, Tanya, Syreney, Kimjim, Lokaxtv, Meli, RbBlack, NAIARA23, Guest, Lory24, Coco Cu, LunaS Purple, Maru Li Tsukiyomi, Annabella EA, Maru O B, Lil, Orisweetcullen, Butterfly of Violet Wings, Bella Nynpha, Masilobe, Analiaapocaliptica 2012, Nadiia16, Grace, Guest, JimeBellaCullenSalvatore, Inay Masen Cullen, Andrea B, Raquelvs, Guest, Dany Cookie, Musegirl17, Guest, Ari Black, Miss jessygirls y a todos los lectores anónimos.

Lo primero, disculparme por el retraso. Lo segundo, mil gracias por hacer que esta historia en parte tan atípica sobrepase los dos mil comentarios. El capítulo es un poquito más corto de lo habitual, pero era necesario. Espero que no me matéis por ese final! Nos leemos en unos días, un besote a todos!