CAPÍTULO 32 JUGUEMOS DE NUEVO

Las palabras de Bella resonaron en mi mente durante los siguientes días muy a mi pesar; se clavaban como putas agujas en mi piel.

Mientras mi bienestar mental caís en picado hacia el más absoluto vacío cada día, cada hora, yo era testigo silencioso de cómo las cosas en nuestro refugio anti no muertos de los cojones se normalizaban poco a poco. Los víveres que nos llevamos del supermercado y todo el avituallamiento que habíamos robado con premeditación, alevosía y mala hostia concentrada nos ofrecieron una sensación de tranquilidad y calma que sirvió para apaciguar un poco los nervios del grupo tras esa última excursión. Teníamos comida, teníamos un lugar seguro, resistente y cálido donde vivir mientras la tormenta, en todos los sentidos, se desataba en las calles de la gran y putrefacta Manhattan. Por último, como colofón final, nuestro oído interno terminó por acostumbrarse a los quejidos, gemidos y demás sonidos que producían los zombis.

Todo era genial, ¿no? Sin sarcasmo, por supuesto.

Cuando las aguas volvieron a su cauce y la estabilidad volvió al grupo tras la aparición del cabrón con fusil el Día D, tal y como bauticé a ese maldito día, supe que el alboroto y los gritos que se sucedieron a nuestra llegada fueron provocados por el intento infructuoso de atrapar al susodicho cabrón; en un acto de rebeldía innata cegada por el subidón de adrenalina y las ansias de venganza, un grupo encabezado por Félix subió a la azotea en el momento de mayor apogeo tormentoso para dar caza al hijo de la grandísima puta.

Lamentablemente no hubo suerte esa vez, pero la habría.

No sabía ni cómo ni cuándo, pero lo que tenía claro es que antes o después cogería a ese desecho humano por los cojones para dejarle bien claro quién demonios era aquí el jefe.

También fui testigo de cómo Bella se recuperaba satisfactoriamente, aunque no tan rápido como ella misma deseaba; la herida del brazo cicatrizó sin problemas, no así el impacto de bala que recibió en el pecho y que pudo costarle la vida. Los calmantes la ayudaban con el dolor, pero lo que la mataba lentamente era mantener el reposo por prescripción médica. Observé esa lenta mejoría en un distante segundo plano impuesto por Bella.

Me ponía los nervios de punta.

Ella apenas me miraba.

Ella casi no me hablaba.

La intempestiva relación que manteníamos desde que nos encontramos en esa sala de urgencias de aquel hospital infectado se había ido a la mierda y sin esperanzas de volver en un corto espacio de tiempo. Joder, echaba de menos sus comentarios mordaces dedicados exclusivamente a mi persona, deseaba que me insultara como lo había hecho días atrás con ese sarcasmo que la caracterizaba… pero no. Ella, mi poli, se limitó a ignorarme con todas sus ganas y con un amplio margen de ventaja que jamás eliminaría. Y lo peor de todo era el no saber el motivo de su ira, de su distanciamiento. Estaba jodido en una situación que rozaba lo absurdo y sin saber por qué.

Me estaba consumiendo poco a poco por culpa de la mujer que ocupaba mi mente día y noche.

Varios días después del puto día D, si las fechas no me engañaban estábamos tocando octubre con la punta de los dedos, todos parecían vivir una plenitud calma. Todos disfrutaban de ese momento de paz, ese paréntesis que la jodida vida nos había permitido para poder descansar la mente y el cuerpo. Todos se habían adaptado a la nueva situación creando un nuevo clan, una nueva familia aunque no compartiéramos lazos sanguíneos. Todos… menos yo. No tenía hambre, no podía dormir, nada me entretenía, nada me apetecía.

En cambio empecé a pasar mucho más tiempo con Black.

Ambos compartíamos largas noches de guardia con un cigarro entre los labios, una botella de alcohol entre las manos que racionábamos comedidamente y un arma preparada en caso de alarma. Nos contamos nuestra vida, recordamos con penas y alegrías momentos dignos de recordar… u olvidar.

También pasé largas horas hablando con la doctora sobre mis inquietudes en lo referente a los infectados; le narré con todo lujo de detalles sobre el descubrimiento del zombi consumido y su evidente ausencia de comida en el organismo de nuestros enemigos. Según Rosalie, había cierta lógica en el fallo del sistema regenerativo de esas cosas. En realidad, se parecía bastante al nuestro y la explicación era muy sencilla… el cuerpo, o en su defecto lo que queda de él, tira de las reservas del organismo ralentizando todo su sistema. Es decir, que para que los infectados entraran en un estado semi catatónico se tenían que quedar sin comida. Sólo el hecho de imaginarme ese funcionamiento desde dentro me daban arcadas… para quedarse sin comida el número de supervivientes tenía que disminuir hasta desaparecer.

Menuda mierda.

Así que muy a nuestro pesar, para olvidarnos de ellos de manera total, tendríamos que seguir aferrándonos a la teoría de la descomposición de los cuerpos. Lento, interminable y jodidamente asqueroso, por supuesto.

La espera sería larga y, teniendo a Bella en mi contra, no sabía cómo lo sobrellevaría. En serio, ¿cuándo coño iba a venir alguien a por nosotros?

—Estás hecho una mierda, tío — no me molesté en mirar a mi nuevo mejor amigo Black —. Colega, hablo en serio. Pensaba que con el paso de los días irías a mejor, pero veo que me he equivocado. Mírate… llevas la misma ropa que hace tres días y esa barba que te estás dejando te hace parecer un jodido vagabundo… por no hablar de tu cuerpo.

— ¿Qué pasa, Black? ¿Ya no te resulto atractivo, amor? — ironicé. El tipo suspiró.

—Vete a la mierda — se acercó a mí —. Has adelgazado bastante, tío. Mira, de momento no tenemos que salir y espero no tener que hacerlo en muchísimo tiempo… pero si se diera el caso tú y tu cada vez más esbelto culo os tendríais que quedar en casita. No podrías hacerlo, así no durarías fuera ni dos putos minutos.

—Como si me importara… como si le importara a alguien… — murmuré.

— ¡Oh, joder! — espetó quitándose uno de los guantes de trabajo con un además casi agresivo —. Maldito bombero, la autocompasión siempre me ha parecido un sentimiento carente de sentido — alcé una ceja —. Esto, lo que estás haciendo, no te lleva a ningún sitio, Edward. Entiendo perfectamente por lo que estás pasando.

— ¡No! No me entiendes — Black dio un golpe en la carrocería de uno de los camiones sobresaltándome de veras —. Si estuviéramos en condiciones normales me largaría de aquí e intentaría olvidarla… pero no puedo hacerlo, no si no quiero figurar en el menú del día como plato principal. Tengo que convivir con ella y con su desprecio lo quiera o no.

—Dejando de lado las mariconadas, no eres el único hombre en tu situación, ¿sabes? La única diferencia es que a ti te ha tocado en las peores condiciones y… — fruncí el ceño —, vamos, no me pongas esa cara. Te estoy ofreciendo todo mi apoyo…— alcé una mano para que se callara.

—Espera un momento…

—… y mis consejos para poder…

— ¡Calla un momento, cojones!

—Cabeza dura de mierda — murmuró.

—No, no es eso — ladee la cabeza para escuchar mejor —. Es Maddie. La niña está llorando de nuevo… ha estado toda la noche intranquila — el preso apretó los labios.

—Sí, creo que todos hemos sido testigos de ese detalle — me miró de lado —. ¿Subimos a ver qué pasa?

No le contesté, directamente dejé las herramientas y todo lo que estaba haciendo y subí las escaleras. Según íbamos acortando nuestro camino el llanto del bebé se hacía cada vez más sonoro. Cuando entramos en la enfermería vimos a Jasper y a Alice con la niña en brazos sujetando un termómetro bajo su diminuto brazo; en un momento no pude averiguar quién de las dos estaba más desesperada, si Maddie o Alice.

— ¿Qué… qué está ocurriendo aquí? — preguntó tentativamente el preso.

—Mejor pregunta qué no pasa — murmuró Rosalie. Dejó momentáneamente a Alice y nos llevó a parte, todo lo que el limitado espacio nos permitió —. La niña tiene una bronquitis de caballo.

—Joder, eso es chungo como la hostia.

—Mejor no lo podía haber descrito, Black — la doctora se pasó la mano por el alborotado cabello rubio —. No estoy especializada en pediatría, de hecho, la última vez que revisé a un niño estaba haciendo la residencia en prácticas… pero no es necesario ser una eminencia en medicina para saber que la bronquitis de Maddie está más que avanzada. La pobre tiene bronco espasmos… si no hacemos algo en breve se puede complicar severamente, incluso neumonía.

— ¿Y qué podemos hacer? — pregunté.

—Conseguir medicinas sería un buen comienzo.

— ¿Aquí no tenemos nada que pueda servir?

—Necesito un antibiótico, Edward… un antibiótico pediátrico y aquí no hay nada de eso — los ojos azules de la doctora me miraron con aprensión —. Lo necesita… ya… — llanto. Llanto de la pequeña y un leve pitido que desvió nuestra atención.

—Rosalie — murmuró Alice —, el termómetro marca treinta y nueve y medio — cerré los ojos y suspiré.

—Y tú habías dicho que no tendríamos que salir por el momento — susurré hacia Black. Clavé los ojos en la niña a la que en ese momento la estaban quitando la ropa para intentar bajarle la fiebre —. No la podemos dejar así por más tiempo.

—En eso coincido contigo — me giré al oír la voz de la poli a mis espaldas. ¿Cuánto tiempo llevaba ahí? —. Tenemos que salir cuanto antes, antes de que sea más tarde. El tiempo está horrible, no me quiero encontrar ahí fuera con una tormenta en mitad de la noche — dijo sin dejar de mirar al bebé mientras ella misma se quitaba el vendaje del brazo.

—Tú… ¿dónde demonios crees que vas? — no me miró a los ojos.

—Vamos a salir… y evidentemente yo iré en ese grupo.

—Ni lo sueñes — espeté. Bella me echó esa mirada que podía provocar diarrea al que la recibiera aunque no me inmuté. Ahora no era el momento.

—Si vais a discutir os agradecería que lo hicierais en el pasillo. Estáis poniendo más nerviosa a la niña — ambos miramos a Rosalie antes de salir de la enfermería. Retomamos nuestro duelo de palabras cuando estuvimos en nuestra relativa intimidad.

Manda cojones que el primer contacto que teníamos en día fuera para mandarnos a la mierda.

—No saldrá, punto y final. No es discutible — Bella puso los brazos en jarra.

— ¿Tengo que repetirte que no eres nada mío para que me digas lo que tengo o no tengo que hacer?

—Oh, no… no hace falta que me lo repitas, Bella… me lo recuerdas cada jodido día ignorándome, haciendo como si no existiera. ¿Tan triste y despreciable te resulta hablar con el pobre huérfano? — su expresión cambió ligeramente. Fue a abrir la mano pero la callé alzando la mano —. No, déjalo… no contestes. No es necesario porque en su momento me lo dejaste más que claro — agachó la cabeza y suspiró.

—Yo… iré con vosotros. Estoy al mando — suspiró sin mirarme.

— ¡Eres jodidamente cabezota! Me da igual que seas la dueña y señora de todo esto, agente Swan. Mientras no estés recuperada por completo yo seré el que decida. Puedes insultarme y maldecirme a tu gusto… pero no voy a arriesgar mi culo y el de mis amigos por tu cabezonería y orgullo. Ahora, si me lo permites, tengo que disponer un plan con mis hombres.

No supe cuál fue su reacción porque huí de esa escena antes de que me diera un ataque de nervios en toda su magnitud. Por el amor de todo lo sagrado, ¿qué cojones había pasado para llegar hasta este punto? Estaba más que claro que Bella y yo no podríamos mantener una conversación mínimamente civilizada. Entonces, ¿qué nos quedaba?

Edward, haz el favor de dejar tus desvaríos sentimentales para más tarde. Una década no estaría nada mal.

Sólo bastaron unos pocos minutos para que nuestra mini familia al completo estuviera al tanto de nuestros planes más inminentes. De nuevo, días después, volvíamos a nuestro centro de operaciones. Es decir, el garaje. Alguien se había adelantado a mis pedidos despojando una mesa de herramientas y demás material para extender unos mapas de la ciudad.

—Antibióticos. Ese es nuestro objetivo — dijo Jasper en alto.

—Eliminemos los centros de salud y consultas médicas del mapa — indiqué —. Sólo por seguridad… mucha gente infectada puede estar ahí dentro atrapada. Creo que deberíamos apostar nuestras cartas por una farmacia.

—La más cercana es la de la Calle Veintitrés, cerca de donde estuvisteis días atrás, al lado del supermercado — dijo Garrett mientras componía una de sus alarmas para poder salir con seguridad del refugio.

—Sí, pasamos por la puta puerta… si las cosas no hubieran sido tan precipitadas podríamos haber hecho una parada para coger medicinas — murmuré para mí mismo.

—La zona donde está nos da un punto de seguridad extra porque parece que no es un lugar muy saturado de cuerpos — apuntó el preso acercándose a mí —. En serio, ¿vas a salir, Edward? — puse los ojos en blanco cual niña del exorcista —. No me jodas, tío. No estás en tus mejores momentos.

— ¿Otra vez, tío? ¿Te crees que no lo sé? — susurré —. La poli no puede salir porque está más jodida que yo… Necesitamos rapidez y llegar con todas nuestras extremidades unidas al cuerpo, por el bien de la pequeña. Los demás no tienen experiencia en el exterior y no es momento de jodidos entrenamientos. Y evidentemente no te voy a dejar a ti sólo con el peso de la responsabilidad — Black sopesó mis palabras. Luego asintió aunque con cara de pocos amigos.

—Está bien… está bien… jodido apagafuegos de los cojones…. — se giró para mirar a todos —. ¡Necesitamos a un loco más que nos espere en el coche para salir cagando leches! ¿Quién se une a la fiesta?

Mientras Black hacía su propio casting tipo El Amanecer de los muertos, Rosalie y Jasper se alejaron del grupo para hablar conmigo. Tras ellos y en silencio se encontraba Bella apretándose el pecho con un gesto de dolor que me llegó al alma; desee poder acercarme a ella y aliviar todos sus males, pero sabía que había muchas posibilidades de acabar mandándonos a la mierda. No soportaría un nuevo rechazo en sólo unos minutos así que elegí el mal menor; ignorarla en la medida de lo posible.

—Iría con vosotros, Edward… creo que lo sabes. Pero no puedo dejar sola a Alice. Ahora no. Está muy preocupada y yo también. Si fuera con vosotros estorbaría más que ayudar — palmee el hombro de Jasper.

—Tu sitio está aquí con ella. No te preocupes por nada más — el rubio asintió aliviado y agradecido.

—Edward, te he escrito una lista de antibióticos listos para Maddie. Y en el caso de que la cosa no se os complique demasiado no me importaría que cogierais antiinflamatorios, calmantes… y algunas cajas de multivitaminas. No nos vendrían mal — asentí mientras empezaba a colocarme todas las protecciones. Cuando termine me guardé la lista de la doctora en el bolsillo que tenía más a mano.

Por el amor de Dios.

Sí… vale. Estaba nervioso como la hostia, para qué negarlo. Era la primera vez que salíamos sin Bella y era un poco extraño; me había acostumbrado a su presencia y a la sangre fría que parecía tener a la hora de tomar decisiones. Ahora en cambio, sería yo el que decidiría.

—Bien, vamos a hacerlo.

Cogí los guantes anti corte y me los puse; a estas alturas no sabía si toda esta jodida parafernalia de protecciones, cascos y demás valía para algo, aún así, cumplí las normas mínimas de seguridad que nos habíamos autoimpuesto. Al fin y al cabo, Bella no estaría aquí no fuera por ese maldito chaleco antibalas.

Mientras hacía de nuevo un repaso mental del camino que en pocos minutos íbamos a seguir el piloto James se acercó a mí. El tipo presentaba un aspecto infinitamente mejor que cuando nos lo encontramos en ese maltrecho helicóptero aunque aún arrastraba pequeños achaques. Cojeaba ligeramente y tenía una brecha en la ceja izquierda, pero aún así sonrió de manera tranquilizadora; a su sonrisa le faltaban un par de piezas dentales que le ofrecían un aspecto extraño y chocante debido al ligero atractivo de su cara.

A pesar de que íbamos armados hasta los dientes me tendió uno de los revólveres que quedaban.

—Debería ser yo quien arriesgara su vida y no tú. Me siento inútil por no poder ir con vosotros así que, aunque sé que sabes todo lo que tienes que hacer, te voy a dar unos consejos. Procurad dejar el coche lo más cerca posible de la puerta, actuad como unos jodidos aluniceros si es necesario — dijo pasándome una mano por el hombro —. Ahora el enemigo más temido no son los infectados sino el francotirador — dijo señalando al cielo —. Caminad pegados a la pared, un ojo en la calle y otro en las azoteas y pisos superiores. No dejéis de pensar que se tipo puede estar preparado para disparar en cualquier momento — asentí intentando meterme todo eso en mi cabeza —. Seguro que sale todo bien. Es pan comido para vosotros.

Eso esperaba… La hostia puta, si hubiera tenido tiempo le hubiera dado un abrazo pero no teníamos tiempo para sentimentalismos.

Me acerqué a mi montón de chatarra tuneada y di una vuelta a su alrededor a pesar de que Black y yo habíamos estado haciendo mejoras en ella.

—Dime, por lo que más quieras, que Quil es un tipo valiente — al girarme me encontré con Bella empuñando mi hacha.

—Conduce como un jodido loco — murmuré —. ¿Eso te sirve para algo?

—Más os vale. Black lo ha reclutado para ir con vosotros — cogí el hacha que me ofrecía sin mirarla mientras en mi interior juraba en hebreo. ¿Quil? ¿En serio? —. Edward, ten cuidado — alcé una ceja.

—Mira, te voy a decir la frase del momento. No eres nada mío… así que no debes preocuparte por mí — apretó los labios.

—Lo sé… pero no puedo evitar sentirme nerviosa. Ya sabes, por no estar ahí. Me gusta controlarlo todo — asentí —. No hagas nada que yo no haría, ¿de acuerdo? — suspiré despacio. Estaba dispuesto a largarme de ahí antes de que mis sentimientos me traicionaran —. Edward, espera…

— ¡Edward! ¡Esto ya está listo! — la voz de Garrett me salvó por los pelos.

—Bella, tengo que marcharme ya, ¿vale?

No miré hacia atrás.

Fui directamente hacia donde me esperaban mis compañeros. Palmee el hombro de Quil; si estaba acojonado o no, no lo estaba demostrando en ese momento y más le valía. El tipo no era precisamente pequeño, pero sí era el que tenía la complexión más delgada. De todos modos, con todas las cosas que llevaba sobre su cuerpo era casi tan ancho como Black. Recé en silencio a todos los santos, beatos y demás criaturas santas y/o celestiales para que el tío no se rajara a medio camino. Tenía confianza en él. Cojones, era un puto bombero y los bomberos éramos la hostia… aunque la euforia estaba un poco empañada por la confesión que el mismo Quil me hizo; le aterraba salir ahí fuera.

Edward, coño… debes ir dejando el mal hábito de pensar o te volverás loco.

Los próximos minutos se sucedieron con tal rapidez que cuando quise tomar aire me encontré sentado con Quil a mi izquierda y el preso a mi derecha y mi hacha entre las piernas. Buen lugar, por cierto.

El ritual de quemar rueda por el garaje para situarnos en la puerta y lanzar la maldita alarma que nos permitiría salir a la calle apenas nos tomó treinta segundos.

Agradecía que hubiera dejado de llover porque el espectáculo ya era demasiado dantesco de por sí.

Mi amigo no me defraudó con la tremenda salida que realizó. El olor de la goma quemada sobre el asfalto se mezcló con el de la lluvia pasada. Llevó hasta los límites mi preciada monstruosidad sobre ruedas y voló literalmente por la carretera a la vez que las puertas de nuestro refugio se nos cerraba a nuestras espaldas. Mientras mi amigo y compañero hacía gala de su alocada forma de conducir mi mente recordó un documental del Discovery Channel que vi hacía mil años en el que explicaba lo que sucedería en la Tierra si notros lo humanos desapareciéramos; descenso global de las temperaturas por la falta de nuestro calor corporal (juro por mi hacha que me pareció una soberana gilipollez cuando lo oí, increíble pero cierto), descenso drástico de la polución, agrupación en manadas de los animales domésticos, crecimiento de flores, plantas y demás seres verdes en lugares imposibles… y, sobre todo, el silencio sepulcral. De momento, y aunque me tomé un poco a coña esa hora y cuarenta minutos de mi vida, todo eso estaba ocurriendo delante de mis narices. La temperatura, a pesar de estar a mediados de otoño, era bastante fría tanto como para que en el interior de la Chevy se formaran nubes de vaho con nuestras respiraciones. El cielo, aunque nublado, ofrecía un aspecto infinitamente más limpio que antes de la catástrofe y debido al agua que había caído durante los últimos días, una fina capa de musgo empezaba a extenderse por las grietas del asfalto por donde deberían estar rodando los coches. La naturaleza, sabia e inteligente por sí misma, volvía a apropiarse del terreno que le habíamos arrebatado.

Todo eso era cojonudamente poético si no fuera por los miembros humanos putrefactos que salpicaban las calles.

Miré de reojo a Quil esperando que tal imagen no lo hiciera entrar en pánico aunque, al parecer, el chico sólo tenía ojos para la carretera.

—Gira a la derecha — le indiqué.

—Tardaremos menos si vamos recto.

—Si no quieres estampar tu cara contra un camión de Pepsi en mitad de la calle haz caso a Edward — murmuró Black.

El tipo giró haciendo que se me movieran los empastes.

Maldije para mis adentros no haber tenido una caja de mi ansiada Biodramina para estos casos; nota mental, buscar dos putas cajas de esa medicina en la farmacia y guardarlas como oro en paño por si esto se repetía.

La calle que nos encontramos nada más girar estaba mucho más maltratada que la principal; los cuerpos inertes salpicaban la carretera en diferentes estados de descomposición, tirados sin miramientos en ángulos imposibles, con heridas horribles… Quil tuvo que esquivar varios cuerpos, lo hizo más por inercia y, supongo, respeto, que por necesidad.

—Santo Dios, esto es terrible — murmuró mientras se agarraba con fuerza al volante. Tragó saliva con fuerza intentando asimilar la imagen carnicera que se alzaba ante nosotros. De todos modos no me defraudó ya que siguió conduciendo tan jodidamente alocado como siempre.

Fruncí el ceño cuando vi un infectado bajo las ruedas de un coche agitándose, intentando alargar la mano hacia una rata gigantesca que olisqueaba vete tú a saber qué. Eso me hizo caer en la cuenta de que era la primera vez en muchos días que veíamos un animal pululando por las calles. Cuando nos acercamos más a ella el ruido del motor de mi trasto hizo que el bicho saliera corriendo dejando al infectado con las ganas de un buen bocado, valga la ironía.

—Este silencio te pone los pelos de punta — dijo Quil a punto de girar hacia la derecha.

—Apuesto lo que quieras a que este silencio no va a durar mucho — murmuré.

— ¿A qué te refieres?

—Si no quieres que nos peguemos la hostia del siglo con la furgoneta no mires hacia arriba y sujeta el volante con todas tus ganas.

Lo dicho, dile a un amigo que no haga algo para que haga todo lo contrario. Quil miró hacia arriba, hacia los pisos superiores del edificio que teníamos frente a nosotros. ¿La imagen? Al menos un par de docenas de infectados saltando por la jodida azotea a catorce pisos del suelo. Los cabrones caían como muñecos de trapo estampándose segundos después contra el asfalto; el ruido de los cuerpos y los huesos al chocar era algo completamente estremecedor. Pero eso no era lo peor, lo más chungo, lo más escalofriante era ver cómo esas cosas se levantaban del suelo completamente descoyuntadas, desgarradas y rotas, ajenas completamente al dolor que debería haber existido en esos cuerpos. Su único cometido era acercarse anhelantes a su comida.

Es decir, nosotros.

Las piernas rotas y las caras desgarradas con la piel colgando como jirones después del tremendo impacto no les impedía avanzar hacia la furgoneta dejando tras de sí un reguero de piel, sangre corrompida y vísceras.

—Están cabreados y tienen hambre — canturreó Black.

—Estamos llegando a la farmacia. ¿Cómo demonios vamos a parar este puto trasto? — chilló Quil —. En cuanto lo hagamos van a desgarrar nuestros culos como si fueran muslos de pollo del Kentucky Fried Chicken.

— ¿Pero qué me estás contando? — dijo el preso con su peculiar sonrisa —. Nenas, no nos caguemos antes de tiempo. Soy un hombre de recursos.

La expresión "salirse los ojos de la cara" se hizo latente en mi cara cuando vi que ese puto loco sacaba de su mochila una granada. ¡Una puta granada! Si hubiera tenido espacio para moverme me habría santiguado.

— ¿Qué coño vas a hacer con eso? — grité mientras Black se movía hacia la parte trasera.

—Jugar al tenis, no te jode. Quil, rodea esa furgoneta que hay en medio de la calle y acelera con cojones, ¿me oyes?

Madre mía, madre mía, madre mía…

Me agarré al techo de mi trasto cuando Quil esquivó la furgoneta.

Click.

Boooom.

No hay mejor manera de resumir lo que pasó en los siguientes segundos. Jacob Black, el jodido preso lanzó una puta granada incautada por mi poli a unos traficantes de armas de vete tú a saber dónde haciendo que la furgoneta que habíamos dejado atrás explotara con mala hostia.

¿Lo mejor?

Que el plan de ese jodido loco salió bien ya que la explosión hizo de barrera entre la horda de infectados y nosotros dándonos un margen de tiempo, aunque no teníamos minutos para perder. Quil frenó frente a la farmacia dejando las ruedas de mi trasto tan lisas como el encefalograma de los zombis que nos perseguían.

—Joder… estamos vivos — susurré.

—Para que luego te quejes de mis ideas — dijo Black con una sonrisa en los labios —. Vamos, que no decaiga. Quil, no despegues los ojos de la calle. Si pasa algo lo suficientemente extraño como para que salgamos echando hostias de ahí dentro danos un toque.

—De acuerdo.

Black salió de la furgoneta empuñando su arma aunque no tuvimos que andar mucho; Quil había dejado el coche a tan sólo unos centímetros de la puerta tan y como habíamos hecho la vez anterior. La rapidez con la que se había sucedido el desastre en el que ahora estábamos hasta el cuello había hecho que la gente saliera echando hostias sin echar los cierres de los comercios. Mientras Black oteaba las ventanas apuntando con el fusil yo di un golpe en el cristal de la puerta con el mango del hacha.

El fuego crepitando y los gemidos tras el fuego eran el único sonido que rompía el silencio.

—Hagámoslo rápido — susurró Black —. No sé por cuánto tiempo va a aguantar nuestra barricada.

No podía estar más de acuerdo con el preso.

Empuñando nuestras armas entramos en la tienda; contuvimos el aliento cuando nuestras pesadas botas de seguridad aplastaron los cristales haciendo que crujieran bajo nuestros pies a sabiendas de que esos hijos de puta tenían el sentido del oído súper desarrollado. Tras unos segundos de tensión esperando que algo se abalanzara sobre nosotros pudimos avanzar con calculada tranquilidad. En el interior reinaba el silencio y la oscuridad así que encendí la mini led para poder guiarnos; la farmacia estaba en relativa calma. No había productos fuera de sus estanterías, ni signos de violencia. Lo único que podía sentir era ese típico olor a medicina y desinfectante que en estos momentos se me hacía hasta agradable. Con un gesto le dije a Black que pasáramos tras el mostrador. Cogí la mochila que llevaba a la espalda y arrasé con todas las vitaminas y barritas energéticas que encontré a mi paso. Abrimos todos los cajones que vimos y cogimos todo lo que creímos necesario: jeringuillas, material médico desechable que empezaba a escasear en nuestra enfermería, productos para bebés… Cuando nos dimos por satisfechos saqué la lista que me había dado Rosalie.

Fui a entrar en la rebotica cuando la mano del preso me paró en seco.

—Hay algo ahí — me señaló con la cabeza. Me asomé ligeramente para ver gotas de sangre. Sangre roja. Reciente.

—No me jodas — susurré.

Cuando entré en el almacén no me lo podía creer…


Lo primero de todo… Perdón por este horrible retraso con esta última actualización. Muchas/os sabéis que he tenido problemas de salud que no me han permitido escribir los nuevos capítulos con la puntualidad que me hubiera gustado. No voy a dejar ninguna historia, tarde más o tarde menos en subir capítulos. Agradezco vuestra paciencia y volver a pediros perdón por el retraso. Ahora sí, ¿qué os ha parecido el capítulo? ¿Qué o quién estará escondido en la farmacia? ¿Conseguirán salir de ahí todos? Muchas gracias por todos vuestros comentarios, de verdad

Kokoa Kirkland, Huezitto Cullen, EmilyLuchia, Karina Masen, VampireQueenR18, Viivii alice, ISABELCRISTINA, Carmen cullen93, Solecitopucheta, AndreaB, Lilliana len, Manligrez, Mcleanderangel, Nadiia16, Tecupi, Lovely amg, Guest, Lory24, divertido, Mary de cullen, Ine Flores M, Eve Runner, Guest, Bitah Hawhtorne Cullen Hale, Bere Moreno, Nanys sanz, Cloria Glz A, Mary28Cullen, LunaS Purple, Kimjim, Marie Sellory, Evetwilight11, Marie Mars, Inay Masen Cullen, Musegirl17, Nyx 88, Maryta lozano e, Angie Masen, Nella Cullen, MC, Orisweetcullen, SeventeenNights, Cote Mars, RbBlack, Laura Katherine, Bella maru, Anisa Eliana, Guest, Lokaxtv, Karmen eb, Bellaen3D2, Vallery Brandon, LIL, Grace, Sool Pattinson, Gretchen CullenMasen, Ettena, Soledadcullen, Any0239, Guest, M, Analiaapocaliptica 2012, Dragondefuego, Butterfly of Violet Wings, Gatita Swan, Flirt to dDie, ALEXANDRACAST, Ashleyswan, Ysliomir, Lupitha, FaNy GE, Masilobe, EriM, Ryomahellsing, Amanda Cullen Salvatore, Flirt to die, WhatsmynameRIRI, Guest, Ari Black, Karmen eb, Karlita carrillo, Karen, Dragondefuego, Angelesoscuros13, Gloria y todos los lectores anónimos.

Nos os puedo decir cuándo estará listo el nuevo capítulo, pero espero que sea lo más pronto posible. Muchas gracias por vuestra paciencia. Un besote a todos!