CAPÍTULO 33 SANGRE, SUDOR Y LÁGRIMAS

Sangre.

Mucha sangre. En sus primeras fases de coagulación, reciente, pero sangre roja. Humana, al fin y al cabo.

Vendas, tubos de cremas y desorden por doquier. Y más sangre, por supuesto. Sangre por todos lados. Agujas hipodérmicas abiertas, algunas de ellas incluso partidas, torcidas en un vano intento por inyectar la cantidad descomunal de antibióticos, antiinflamatorios y demás "antis" que se pudieran encontrar en una jodida farmacia como aquella. Y todo eso sería en parte la hostia de bueno (el hecho de tener más supervivientes con nosotros), si no fuera por el pequeño detalle que descansaba al lado de todo este caos.

Un puto chaleco de camuflaje del ejército.

Sucio hasta la saciedad, maloliente, roto y con la bandera de nuestro país figurando en primera plana como protagonista principal. ¿Un militar de los nuestros en apuros o el jodido francotirador intentando salvarse de vete tú a saber qué?

No era un ingeniero ni puñetera falta me hacía serlo para saber que los buenos, por lo general, buscan a los buenos, no huyen de ellos.

—No me jodas, tío — susurró Black mirando la escena y repitiendo mis palabras.

—Ahora, y sin que sirva de precedente te digo que sí te jodo… y lo peor de todo es que no sabemos dónde está el cabrón — cogí el walkie con todo el cuidado que pude reunir —, Quil, por todos tus ancestros, pon hasta el ojo del culo en la calle y agárrate al casco como si fueran tus huevos. El tirador está cerca.

—Y… ¿en qué te basas para decir eso? — murmuró. Si hubiera tenido tiempo y ganas hubiera puesto los ojos en blanco.

—Tú hazme caso y cállate. En cero coma estamos fuera, ¿de acuerdo? — cuando corté la comunicación con el kamikaze de mi compañero y me di la vuelta me encontré con el preso arrasando cajones y estanterías. No perdía el tiempo, cómo se notaba que al cabrón se le daba un poquito bien eso de robar.

Dejé que cogiera todo lo que le diera la gana y me centré en la lista que me había dado la doctora. Vamos, vamos… antibióticos infantiles, antitérmicos… nombres imposibles. No me jodas. Mis ojos pasaron rápidamente por las estanterías.

Hooostia puta.

Biodramina. Antiheméticos (1). De puta madre para mi estómago. Al saco.

Mi corazón latía fuerte. Vamos, Edward… encuéntralas, coge esas medicinas y lárgate de aquí cagando leches.

Estática. ¡Joder! Cuando cogiera a Quil iba a darle un manojo de collejas con la mano bien abierta por darme estos sustos.

—¿Qué cojones pasa ahora?

—Pues pasa que esas cosas pueden andar mientras arden, ¿sabes? Edward, varios infectados están consiguiendo llegar relativamente cerca de nosotros. Vienen para acá. ¡Mierda! Esto empieza a oler como las barbacoas que hacíamos los domingos… pero a lo chungo. ¿Te acuerdas de cuando Mike, en paz descanse, requemó las costillas la última vez? — oh, Dios… me tiraría de los pelos si no llevara el jodido casco puesto.

—¡Lo tengo! — me giré para ver a Black —. Tengo las medicinas de la enana — dijo levantando varias cajas como si fueran un trofeo —. Si a la señorita la viene bien podemos irnos de aquí cuando guste. Si el tirador se ha colado aquí quiere decir que hay alguna fisura en algún jodido rincón de este lugar. Nuestros amigos los podridos pueden entrar aquí…

Punto para el preso.

—Mete esas mierdas en la mochila y mueve el culo, ¡ya! No sabemos dónde está ese cabrón… pero lo que sí sabemos es que los infectados vienen hacia aquí.

—Y no queremos ese tipo de costillas asadas — humor negro a tope, ¿eh? Ignoré el comentario sarcástico y me comuniqué de nuevo con nuestro conductor.

—Ten calma, Quil. Ya está todo, ya salimos.

Corté de nuevo la comunicación para acto seguido sortear todo tipo de cristales, jeringas y manchas de sangre; sería el colmo de mi mala suerte estar viviendo un jodido apocalipsis zombi y palmar de alguna enfermedad grave que tuviera el tirador de los cojones.

Miré un microsegundo hacia atrás cuando vi que Black se paraba.

—¿Qué coño…?

—Más leche para Maddie, tío. Esa niña es nuestro futuro, ¿sabes? — dijo alzando dos botes metálicos de fórmula para bebés.

—Vámonos ya, preso. Quil está de los putos nerv…

¡Boom!

¡Crash!

¡Boom! ¡Boom!

Latidos en mis oídos. Tres disparos aún resonando en la calle, los edificios provocando eco por las tres detonaciones. Cristales rotos. Mierda, mierda y más mierda.

Quil.

—Preparémonos para vernos las caras con esas inmundicias… o lo que les quede de ellas — dijo Black pasando por delante de mí; no sé cómo lo hizo, pero aún con los dos botes de leche en polvo para bebés bajo el brazo amartilló su arma y apuntó como un profesional.

Yo hice lo mismo, más por inercia que otra cosa, y me aseguré de que tenía mi hacha a mano. Fuimos dejando atrás a paso ligero la farmacia que nos había sacado del apuro, al menos de momento, y me preparé para lo peor; decenas, cientos de infectados listos para su almuerzo. Dientes podridos y bocas con halitosis listas para pegar un buen bocado…

Y ni de coña mi final iba a estar en el estómago de lo que quedara de una de esas cosas.

Respira, Edward… con dos cojones y un palito. Allá vamos.

Salí de la farmacia gritando el silencio "por Esparta" cuando me quedé con la boca abierta; no había infectados, al menos no aún cerca de un radio de seguridad. El olor dulzón de la carne en descomposición se mezclaba con el del fuego arrasando tejidos infectados y coches por doquier; la habíamos liado parda con esa explosión y me lo hubiera pasado de vicio si no estuviéramos en esta situación. Sí, venían hacia aquí, pero los zombis estaban aún a una distancia casi prudencial. Entonces, ¿por qué los disparos? El preso y yo debimos pensar lo mismo cuando nuestros ojos se encontraron.

Sin necesitar palabras nos pusimos manos a la obra. Él me cubrió mientras yo suprimía corriendo como el viento los dos metros que nos separaban de la furgoneta. Los cristales rotos eran los del vehículo. Me cago en la puta. Sangre. Sangre de Quil. Mi compañero se agarraba con fuerza el cuello del que manaba líquido rojo entre sus dedos.

Su madre podría ser una santa pero el jodido militar era un hijo de la grandísima puta.

¡Boom!

Trozos de fachada cayendo sobre nosotros. Sabía que al final acabaría cagándome en todo lo que se meneaba en el día de hoy, aunque no me quedaran fuerzas.

¡Boom!

Un sonido metálico inundando mis oídos. El hijo de puta había alcanzado de nuevo a la furgoneta. ¿Dónde estás? Me giré sobre mí mismo oteando el lugar. Vamos, ¿dónde mierda estás? El tipo estaba apurando las últimas fuerzas que le quedaban en el cuerpo y yo estaba dispuesto a quitárselas de una puta vez…

—¡Joder!

Ok. ¿Habéis visto Matrix? Sí, sí… no estoy cambiando de tema, simplemente rememoré en mis carnes la famosa escena de la bala. Y no, no me doblé como Neo… pero la bala sí rozó mi casco acojonándome hasta lo imposible pero también dejándome ver de dónde provenía ese trozo de metal. Lo tenía, oh, sí… voy a por ti…

Amartillé mi arma y me preparé… hasta que un susurro me detuvo.

—Edward, tenemos que irnos… está muy mal…

Gemidos. Cada vez más cercanos.

Y olor a quemado. Joder, ese olor dulzón, pegajoso, cada vez más cerca. Carne quemada, carne humana. Llamas, teas andantes. Dios, no hagas que me maree ahora, por favor. Mantenme lucido un poco más.

Miré hacia atrás un segundo.

A parte de la herida del cuello Quil tenía parte del brazo destrozado. Por todo lo sagrado. Gemía entrecortadamente por el dolor.

—Necesitamos irnos ya, Edward — espetó Black.

¡Boom! Justo encima de nuestras cabezas. Miles de imágenes viniendo a mi memoria. El fuego, los cuerpos candentes, ardiendo, viniendo hacia nosotros. Bella cayendo sobre la carretera por un disparo de ese cabrón. Quil y su sangre. Sus quejidos. Bella de nuevo, desmayada ante mí, sangrando. Quil… Sangre y más sangre. Ganas de vomitar. Black tirando de mi brazo. Sudor cayendo por mis sienes.

Un coche. Y un cañón de un arma saliendo por una de las ventanillas.

A tomar por culo todo lo demás.

—Métete en el coche y aprieta esas putas heridas. Como aquí muera alguien sin mi permiso la voy a liar parda, ¿entendido? — dije sin mirar hacia atrás.

—¿Dónde cojones vas, Edward? — gritó Black —. Deja a ese puto loco y pirémonos ya de aquí.

Eso fue lo último que me dijo antes de avanzar. O eso creo porque no era consciente al cien por cien ni de su voz, ni del fuego, ni del hedor y ni de esas teas semi humanas que venían a por nosotros cada vez más deprisa.

Coche. Arma. Disparar y matar.

Eso era todo lo que podía retener con claridad en mi cabeza. Seguramente Black hizo exactamente lo que le pedí con alguna que otra blasfemia de por medio pero eso, ¿me iba a asustar a estas alturas?

Una polla como una olla.

—¡Sal del puto coche si puedes, cabronazo! — grité hacia el sedán oscuro.

¡Boom!

Su bala se fue a tomar por saco; el tío o estaba perdiendo facultades o estaba aún mucho más jodido de lo que quería mostrar.

Me acerqué poco a poco al coche dejando de lado los peligros que de allí podrían volcarse contra mí y reuniendo toda la rabia que tenía concentrada desde hacía días; la caza contra Alice, Garrett y el bebé, Quil y su brazo destrozado, la muerte de Mike y, sobre todo, las heridas que causo a esa mujer que me quitaba el sueño a pesar de su lejanía.

Ahí estaba.

Apenas era un batiburrillo de ropas anchas y sucias en el asiento de copiloto, pero ahí estaba. Por fin.

—¿Quieres… matarme…? — era apenas un susurro ronco.

Nos separaba apenas un metro, quizás menos. No sé cómo pude oírlo con el jaleo que había a mi alrededor. Mierda, joder. Podía morir de un mordisco o de un tiro, pero si me daba la vuelta e ignoraba la oportunidad de resarcir todo ese dolor que el loco cazador de humanos nos había causado jamás, jamás me lo perdonaría.

—Eso y también colgarte de los huevos, pero ahora no tengo tiempo para eso — el loco sonrió o al menos mi jodida cabeza así tradujo la mueca que hizo con los labios.

—Esos… pobres… Ya vienen… —¿pobres? Pobre tu puto padre. Si digo que no se me encogieron los huevos cuando le vi dispuesto a disparar de nuevo mentiría, pero el maldito no tenía fuerzas ni para rascarse la barbilla.

Abrí la puerta del coche con toda la mala leche que pude reunir.

—Edward, ¡coño! — gritó mi amigo —. Ese tío va a palmar ya. Y Quil lo hará pronto si no nos vamos ya, ¡joder!

Black no se equivocaba.

A mis pies cayó un despojo humano con un golpe sordo embutido en un enorme traje militar o al menos lo que quedaba de él. El arma se le cayó de las manos así que aproveché para, de una patada, alejarla de él aunque dudaba mucho que pudiera hacer tal movimiento; mierda, tenía una pierna destrozada, comida casi por completo por la gangrena y envolviéndolo un olor nauseabundo a carne descompuesta y con un color casi tan parecido al de los infectados aunque no le habían mordido, eso estaba más que claro. ¿Cómo pudo aguantar todo este tiempo así? El tipo parecía joven o mediana edad, quizás… aunque apenas se le veía la cara con el casco. Oh, vamos… remátale y vete a tu puta casa, Edward.

—Podía… ha… haberte matado — susurró —. Haz…lo ya… porque como me… muerdan… os perseguiré — tos, tos ronca con sibilancias. La infección se lo estaba comiendo por dentro—, hasta que… acabe con todos…

Me hubiera gustado saber el por qué. ¿Por qué no pudo unirse con nosotros y tratar de sobrevivir como lo estábamos haciendo? No me hacía falta preguntárselo, la respuesta era fácil. La locura había acabado con todo rastro de razón en ese descerebrado. Y esa locura nos había costado mucho sufrimiento.

¡Boom!

¡Boom! ¡Boom!

Dejó de moverse.

Aunque acerté en el lado izquierdo de su pecho a la primera gasté tres balas, pero me quedé tan a gusto como si me hubiera pegado unas vacaciones con todo incluido en Punta Cana. Le di la espalda al cadáver de uno de nuestros peores enemigos y me dirigí a mi trasto; si Black tuviera el pelo un poco más largo estaría tirándose de las greñas.

Pero aún había algo, algo que tenía que saber con todas mis fuerzas.

Caminé cada vez más despacio. Edward, mueve tu ahora delgado culo y vete. Vete. Ya. Las antorchas humanas quieren morderte.

—¿Por qué te paras? ¡Ven de una puta vez y vámonos! — gritó Black tan cabreado como una mona.

Pero como yo era un alma rebelde desde mi más temprana juventud hice todo lo contrario a lo que debía. La curiosidad mató al gato… ahm, sí… la frase me venía como un guante aunque esperaba que a este gato le quedaran sus vidas de repuesto.

Volví donde yacía el cuerpo del hijo de puta con un ojo en él y otro en los infectados a la barbacoa; estaban a apenas trescientos metros, quizás menos. Tenía uno o dos minutos como mucho. Aún así le quité el casco porque tenía que ponerle cara al mal personificado.

Cabeza rapada y cabello rojizo, corte típico militar. Rostro sucio y pálido por la muerte y la infección. Alguna que otra cicatriz en un rostro delicado, casi femenino.

Demasiado femenino.

No. Me. Jodas.

Abrí rápidamente el uniforme militar mientras el preso se acordaba de todos y cada uno de mis antepasados para descubrir un torso desnudo y destrozado.

De una mujer.

El cazador era, había sido una mujer. Teniente Denali. Sangre saliendo de su boca otrora carnosa, cara parcialmente destrozada por diversas heridas y unos ojos dorados ya apagados mirando sin ver a un cielo cada vez más oscuro.

Eso no me lo esperaba. Ni de coña. Quizás por eso no pude oír los gruñidos, quizás por eso mi sentido del olfato se había ido a dar una vuelta en el peor momento posible… quizás por eso oí la voz de Black demasiado tarde.

—¡Edward! ¡Escúchame, puto loco! ¡Detrás de ti! ¡Cuidado!

.

.

.

—Se han dejado el walkie abierto — murmuró Garrett.

Hasta entonces había estado concentrada en Maddie y en sus pequeños gimoteos de dolor y malestar por la infección. Me acerqué rápidamente a ver, más bien escuchar, qué era lo que estaba ocurriendo. Estaban tardando demasiado… o quizás sólo eran imaginaciones mías, no lo sé. No sabía nada.

Lo único que sabía era que me sentía dolida conmigo mismo, gilipollas y, sobre todo, muy muy asustada. ¿Qué mierda había estado haciendo durante todos estos días? Había estado cara a cara con la muerte. Sí, en realidad todos nos enfrentábamos a la parca día tras día; Mike nos había dejado semanas atrás así como los supervivientes de Dubai de los que no supimos nunca más qué demonios les había pasado tras la explosión. Pero una cosa es verlo en tercera persona y otra muy distinta era vivirlo en tus propias carnes.

El tirador había intentado matarme, eso era un hecho. Si no hubiera sido porque el destino había querido jugar a mi favor ahora mismo estaría criando malvas. Mis compañeros, esas personas desconocidas hasta hace poco que se habían convertido en mi familia me habían estado cuidando primorosamente.

Sobre todo él.

Él había arriesgado su propia vida para salvarme cuando mis huesos dieron contra la carretera, cuando el dolor y la confusión hicieron que no supiera dónde me encontraba. Si no hubiera sido por él… quizás no estaría en este mundo.

Sentimientos encontrados…

Cuando el mundo aún era mundo, cuando los humanos no nos convertíamos en bestias irracionales carentes de sentido en busca de carne fresca, entonces, había tenido a ese bombero exasperante hasta lo infinito a la vuelta de la esquina.

A tan sólo unos metros.

Nuestros trabajos, aunque bastante diferentes, estaban muy ligados entre sí… y de todos modos el destino no había querido que coincidiéramos hasta ese día en el hospital cuando la pandemia nos encontró.

¿Por qué ahora? ¿Por qué justo cuando el mundo se había vuelto loco? ¿Por qué era de esa manera conmigo a pesar de mis constantes desprecios? Desde las primeras horas del fin de todo tal y como lo conocíamos sabía que el único apoyo que tendríamos a partir de ese momento seríamos nosotros mismos, nuestro grupo, nuestra nueva familia; sabía que los lazos se estrecharían cada vez más, eso era algo inevitable.

Y algo que quería evitar a toda costa, lo supe en el momento en que Mike murió a escasos metros de mí, cuando su cabeza rodó por el asfalto. Entonces lo entendí absolutamente todo y se formuló en mi cabeza esa pregunta que aún me rondaba.

¿Y si hubiera sido Edward?

No.

No.

No.

Mi mente sólo podía responder con ese monosílabo.

Entendí que, a la larga, podría vivir sin cualquier otra persona. Dolería perder a un compañero, claro que sí. Pero podría seguir adelante, podría seguir luchando. Pero no sin él. Lo sé… en cierto modo sonaba cruel, muy cruel. Pero era lo que sentía. Y por nada del mundo quería que esa dependencia, que esos sentimientos fueran más allá y mucho menos que siguieran creciendo.

Pero, ¿quién manda en la razón de cada uno cuando el mismo mundo por completo la ha perdido? Se podía decir que hacía semanas que ya estaba infectada hasta las cejas, pero no por ese virus del demonio sino por uno más profundo y arraigado y del que estaba completamente segura que no había cura. Había intentado huir de aquello como si detrás de mí corriera un puto zombi, pero finalmente había caído en las redes de ese maldito bombero y de sus ojos verde mar. Y eso que aún no me había mordido.

Idiota.

Gilipollas.

Loca de mierda.

No podía crear lazos afectivos de ese tipo. No debía joder, no… No debía enamorarme, pero ya era tarde. Así como dos meses tarde….

—¿Qué está pasando?

"—Pues pasa que esas cosas pueden andar mientras arden, ¿sabes? Edward, varios infectados están consiguiendo… llegar muy cerca de nosotros. Vienen para acá. ¡Mierda! Esto empieza a oler como las barbacoas que… pero a lo chungo. ¿Te acuerdas de cuando…?"

Estática.

Tiraría contra la pared al maldito aparato si no nos fuera de gran necesidad.

—No hay que ser un genio para dilucidar que están en apuros — murmuró Garrett.

—¿Qué han hecho estos locos? ¿Por qué hay infectados quemándose? — espeté. Entonces recordé el trueno que resonó en la calle momentos, horas atrás —. ¡La padre que los parió! ¿Les han tirado una puta granada a los infectados? — me pasé la mano por la frente; estaba sudando y no precisamente por el calor —. Dios santo…

—No me jodas… ¿Son inmunes al fuego también? Eso va contra las leyes de la física — dijo James sacudiendo la cabeza.

—¿Y ahora nos acordamos de la física? — espeté —. Mierda, ninguno de nosotros podríamos saber que viviríamos en primera persona un videojuego de real survival contra zombis… así que podemos mandar a tomar por culo la física y toda esa mierda.

"—Vamos, vamos… por favor…" — no se oía bien, no podía distinguir quién estaba hablando ahora.

—¡Oh, vamos! ¿Qué demonios está pasando? Sea quien sea está acojonado — grité intentando disimular el miedo que me daba esta situación.

"Boom. Boom, boom."

"—¡No! ¡Ah, Dios!"

Los vellos de todo mi cuerpo se erizaron hasta el punto de ser doloroso.

—¡Hay un jodido tiroteo!

Garrett no me sacó de muchas dudas que dijéramos.

—"Aprieta esas… heridas…" — heridas… habían herido a alguien.

¿A quién? ¿De un disparo… o de un mordisco? ¿Los habían cogido? Fuera como fuera uno de los nuestros estaba mal, muy mal. Una herida de bala, por mínima que fuera, en estas circunstancias, podría ser fatal; eso por no hablar de un bocado de esos trozos de carnes con piernas. Con la estática y el ruido de fondo que estaba haciendo el grupo detrás de mí no podía saber quién estaba hablando, no distinguía su voz… y mis nervios estaban a punto de salir por mi boca en forma de gritos y blasfemias. O vómito, aún no lo tenía muy claro. Necesitaba saber qué estaba pasando y lo necesitaba saber ya.

—¿¡Edward!? ¿Estás ahí? — grité a través del aparato arrancándoselo a Garrett de las manos, aunque no obtuve ninguna respuesta, al menos no dirigida hacia mí.

—"Aguanta, ¿vale, tío?... no… muevas… No sangres más, lo digo en… serio… Joder, vamos…" — me pasé las manos por la cara desesperada —. ¡Coño!... ¡Ese tío va a palmar ya!

—¿Qué pasa? ¿Qué está pasando, por todo lo sagrado?

No me di cuenta de que estaba llorando hasta que James me apartó el walkie de las manos y vi cómo las lágrimas caían sobre la mesa del garaje. Alguien más, no puedo decir quién porque no era consciente de lo que me rodeaba, me cogió por los hombros y me apartó hacia un lugar más tranquilo. Me senté en el suelo haciéndome un ovillo, escondiendo mi cara entre mis rodillas… dejando que mi miedo fluyera libremente después de reprimirlo para no mostrar mis debilidades.

A pesar de que estaba lejos del grupo logré oír cómo alguien daba un portazo a través del walkie.

—"Joder, joder, joder. ¡Mierda! ¿Por qué has hecho eso? ¿Por…?"

—Bella, mírame — intenté enfocar mi mirada perdida en los ojos de quienquiera que me estuviera hablando. Me encontré con unos ojos azules, era Jasper —. Debes tranquilizarte. Si quieres ayudar tranquilízate, ¿de acuerdo?

—"Chicos… ¡chicos! Soy Black, tiempo estimado de llegada un minuto. ¡Mierda, jodido bache!"— espetó —. "Decidle a la rubia que se prepare, Edward y Quil están heridos, ¿me oís? Tengo dos heridos graves…"

Aparté a Jasper de mi lado y haciéndome un hueco a codazos volví al lado del walkie; la comunicación se había cortado. Agarré el aparato con todas mis fuerzas y presioné el botón para hacer contacto.

—¡Black! ¿Qué demonios ocurre? ¡Black, joder! ¿Qué tipo de heridas? ¡Dime qué tipo de heridas tienen, por todo lo sagrado!

Vi cómo Rosalie bajaba con una pequeña mochila y unos guantes azules enfundando sus manos.

—¡Black! ¡Maldito cabrón, contéstame! — grité. Pero el aparato seguía muerto, tan muerto como mis esperanzas.

Edward estaba herido. Era un hecho. ¿Otra bala? ¿Una fractura? ¿O… un mordisco tal y como había pensado en un principio? Por todos los santos, no podía más, tenía que saber qué estaba pasando, era una jodida necesidado me volvería loca al final del día. Graves, heridas graves… Joder, no, no, no…

—Garrett, acciona tu invento para distraer a los infectados— dijo Emmett desde el primer piso —. Ya estoy viendo la pick up. ¡Id abriendo las puertas!

Tiré el aparato sobre la mesa sin ningún tipo de consideración y me acerqué a la puerta observando cómo los chicos se preparaban para la entrada de la furgoneta aunque la doctora me cogió por los hombros y paró mi camino. Fui consciente de la mirada matadora que la dediqué sin ningún cariño. Intenté zafarme de sus manos, pero ella estaba más fuerte que yo. Suspiré.

—De momento no quiero a nadie cerca de los heridos y menos tú, Bella.

—¡Es Edward el que está herido! — grité.

—Quil también lo está — dijo poniéndose una mascarilla. Agaché la cabeza sintiéndome culpable de no pensar en mi otro compañero pero, ¿cómo poder compararlos? Simplemente, no podía —. No sabemos qué tipo de heridas traen, no sabemos si han sido atacados o han estado en contacto con los infectados. Si es así… no quiero a nadie cerca. Ya sabes qué procedimiento debemos seguir si eso ha pasado— susurró.

No me dio tiempo a replicar nada ya que el ligero chirrido de las puertas al abrirse fue suficiente como para ponernos a todos en alerta. Los neumáticos de la furgoneta se oían raspar contra el asfalto hasta que el vehículo se metió en el garaje; de las gomas salía humo cuando Black frenó.

Entonces llegó el caos.

Movimiento por parte de todo el mundo, empujones, puertas abriéndose, murmullos… Vi los cristales rotos de la ventanilla del piloto. También vi a Black pálido como una hoja de papel salir del montón de chatarra, como la llamaba Edward. Se oyó un ruido sordo, algo pesado cayendo al suelo… y luego se hizo un silencio enorme cuando el preso se pasó las manos ensangrentadas por la frente.

—Está muerto — susurró.

Entonces me dieron igual las recomendaciones de Rosalie o los consejos de Jasper; aparté con las pocas fuerzas que me quedaban a todo aquel que se cruzaba en mi camino. A mis pies encontré un cuerpo boca abajo, sus ropas estaban llenas de sangre así como sus manos. Un brazo colgaba en una posición compatible con una fractura abierta. Sentí que me mareaba cuando vi su hueso sobresalir por la carne. Fui a darle la vuelta pero de nuevo la doctora fue más rápida que yo. Con cuidado y sujetando su brazo roto lo giró.

Que Dios me perdonara, pero suspiré con cierta tranquilidad al ver la cara de Quil. Sí, llamadme mala persona, pero el corazón es el único entiende de prioridades sin pensar en nada más. Dejé a Rosalie buscando el pulso a Seth para coger por los hombros al preso.

—¿Y Edward, Black? ¿Dónde demonios está? ¿Qué le ha pasado?

No me habló.

Sólo me señaló el asiento de copiloto de la furgoneta.

—Bella… — oí a la doctora, pero no la hice caso —. Bella, déjame a mí…

Cuando abrí la puerta me encontré finalmente con Edward. Tenía parte de su ropa desgarrada, el chaleco antibalas había desaparecido como por arte de magia. Se agarraba con fuerza al salpicadero del coche, sus nudillos estaban blancos por el dolor que sufría. Sudaba, su piel brillaba por el sudor, apretaba la mandíbula haciendo rechinar sus dientes… y gruñía.

Oh, Dios… no, por favor… No.

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(1) Medicamentos para los mareos y contra los vómitos.

Primero de todo, os pido perdón por esta larga espera. Siento haber estado meses sin actualizar, pero mi situación personal no ha sido muy fácil que digamos. Agradezco vuestra preocupación por Facebook y siento no haber podido responder mucho antes. Espero poder actualizar de manera mucho más regular desde ahora. ¡Mil perdones!

Ahora… ¿qué os ha parecido el capítulo? ¿Qué pensáis sobre el estado "anímico" de Bella? Aquí hay salseo del bueno, ejejjeje.

Muchísimas gracias por todos vuestros comentarios

Soles, EmilyLuchia, Luliluar45, Isakristen, Mary de cullen, Esmeraldamr, Carmen cullen93, eve Runner, ZAVACULLEN, Only love g, Maryta lozano e, Ashleyswan, ALEXANDRACAST, Alex Kacr, Lokaxtv, Orisweetcullen, Ine Flores M, SeventeenNights, Evetwilight11, Soledadcullen, Naiielii hernandez, Tecupi, Dsl cullen, Grace, ISABELCRISTINA, Anisa Eliana, CarlieS, Gretchen CullenMasen, Karnnlizz, Bella Nympha, Mcleanderangel, Manligrez, Bitah, Nyx 88, Angy21, Zhohar, Cacosa, Mary28Cullen, Divertido, Vallery Brandon, Karina Masen, Nadiia16, Solecitopucheta, Laura Katherine, Lily len, Analiaapocaliptica 2012, Marcyecullen, Karmen eb, Amanda Cullen Salvatore, Ross, MAsilobe, Lory24, Natzin ortegaarmas, Darihana, Liduvina, Amy Sean, Flirt to die, Bellaen3D2, Pianzunza, MicaTwilighter, Ettena, Raquelvs, Lil, LauraGarcia, Valro, EriM, Romiina, NaniCullen, Yazmin Rodriguez, Tefyta Cullen, Gatita Swan, Petit c, Laury D, NAIARA23, Karen McCarthy, C g l nena143, Sra Kokoro, Marina amaya, Hoshi Hikari Li Kinomoto, Vtzaa Cullen, Ronnie calove, AstralShadow, Angie palomo, Miss jessygirls, PilikaLuna, Karlita carrillo, Clon kooks, Kimm, Raquelvs, Ysliomir, Didi, Baarbii4, Marie Edwards, Lucia888, Amorgen Lestrange, AG, Anguie MAsen, Lur Fary, Evelyn Sarango, Arianna, Ryomahellsing, Clon Kooks y a todos aquellos lectores silenciosos.

Bueno, como he dicho más arriba no puedo decir con exactitud cuando será la próxima actualización. Iré avisando por Facebook y pondré adelantos… espero no tardar, haré todo lo posible =) De todos modos Suavemente Me Matas llega muy muy pronto, aviso para los que leáis a la Bestia ;) Un besote a todos, nos leemos pronto!