CAPÍTULO 34 EL MILITAR, EL MUERTO Y EL BESO

La imagen de los helicópteros descendiendo sobre una de las explanadas de la zona segura de Forks podía no distar mucho de una supuesta aparición Mariana.

La mayoría de los habitantes del pueblo, a excepción de los que cuidaban del perímetro de seguridad, se congregaron mirando al cielo esperando a que finalmente se obrara un milagro.

De hecho, el milagro.

Quién le iba a decir a Renee que sus plegarias a santos que no había rezado en su vida vendrían en forma de recios militares enfundados en uniformes de camuflaje y armados hasta los dientes.

Se hizo un silencio sepulcral cuando un hombre tan alto como un armario y con algunas canas que se dejaban entrever bajo su gorra ladeada se acercó hacia el centro del círculo; nadie dio un paso al frente, ni siquiera el alcalde Aro. El hombre alzó una ceja en tono inquisitivo.

—Mayor Thomas Phillips. ¿Quién está al mando? — sin pensárselo dos veces Renee dio un paso al frente; Cayo no pudo reprimir la sonrisa en sus labios al ver la cara de confusión de su padre.

—Renee Swan, viuda del sheriff del pueblo — otro alzamiento de ceja.

—¿Político a cargo? ¿Sólo la viuda del sheriff?

—Creo que el ser político en estos tiempos está un poquito sobrevalorado. No es que hayan podido hacer mucho por los simples civiles, ¿no cree, Mayor?

—Buena respuesta, mujer — farfulló —. Está bien, señora Swan. Puede que la clase política no haya podido hacer mucho en este caso… pero nosotros estamos aquí, con ustedes — dijo mientras al menos una decena de soldados bajaban de ambos vehículos y se posicionaban marcialmente.

—Si le parece podemos en un lugar de manera más tranquila, creo que el Gobierno o quién demonios esté a cargo nos debe algunas explicaciones.

—Venimos de muy lejos, señora. A eso hemos venido, a hablar. Y a ayudar, por supuesto.

Renee notó el tono con el que habló el Mayor así que sin más y, haciendo una seña a Cayo para que la acompañara, caminaron hasta el ayuntamiento.

Sin decir una sola palabra los tres entraron en el edificio cruzándose con personas anonadadas por la visión de un forastero vivo y militar; no pararon hasta llegar a la sala de plenos. El Mayor no quitaba ojo de todo lo que veía y a su vez Renee seguía todos sus movimientos porque no sabía con qué intenciones venían las Fuerzas del Estado. Los tres se sentaron mirándose las caras.

—Si lo que le preocupa es que tomemos el pueblo cual vikingos incendiando casas y raptando mujeres por doquier está usted muy equivocada — Cayo se adelantó un paso.

—¿Por qué deberíamos pensar eso? ¿Acaso no vienen a rescatarnos?

—¿Es que no han salido ahí fuera? ¿No han visto cómo están las cosas?

—Por suerte o por desgracia, no. No nos hemos movido de este maldito lugar en semanas. Se podía haber acabado el mundo y nosotros no nos habríamos enterado.

—De he hecho, en parte es así. La humanidad se ha perdido, señora Swan y no me refiero sólo a los cuerpos caminantes… la ley del más fuerte impera en las calles y por desgracia nosotros no podemos hacer nada.

—¿A qué se refiere? — preguntó la mujer.

—Pues que me sorprende que nos hayan recibido de esta manera y no con metralletas y rifles.

—Podríamos haberlo hecho, tenemos infraestructura suficiente para ello — Renee codeó a Cayo con fuerza.

—La gente no se fía de nadie, nosotros nos hemos convertido en enemigos naturales porque no hemos podido hacer más por la gente. Porque creen que vamos a tiranizarlos, porque necesitan armas y no dudan en acabar con la vida de cualquier hombre por conseguirlas. He visto cómo mataban a mis hombres, cómo cogían sus fusiles y cargaban contra nosotros por unas malditas latas de comida — dijo con rabia contenida.

—Nosotros no somos unos bárbaros. Sólo queremos estar seguros, ir a un lugar seguro…

—Quizás no lo haya, señora — Renee frunció el ceño —. Quedamos pocos militares, no tenemos los suficientes medios como para reconstruir un punto seguro. Seguro de verdad, no como las mierdas que se repartieron al principio de la pandemia y que acabaron con la mayoría de los civiles.

—Creo que estoy confundido — murmuró Cayo.

—Joven, estoy diciendo que hemos estado estudiando la situación. Hemos sobrevolado las principales ciudades y lo que hemos visto ha sido desolador. Apenas hemos visto unos cuantos supervivientes, no los suficientes como restablecernos e intentar hacer algo.

—¿Y el Centro de Prevención de Enfermedades Infecciosas? ¿No están intentando encontrar algún antídoto?

—Los científicos están trabajando en bases militares como pueden, pero es complicado. Ellos lo están intentando. Nuestro deber ahora es encontrar el mayor número de gente sana y luchar.

—¿Me está diciendo que Forks es ese lugar? — preguntó Cayo. El Mayor asintió —. ¿Cómo lo sabían?

—La radio. No quisimos interferir antes, no sabíamos si podrían ser hostiles. Decidimos llegar por sorpresa arriesgándonos.

—¿Y Washington? ¿Nueva York? — preguntó Renee desesperada.

—Se lo he dicho, señora. Tenemos reportes de supervivientes, sobre todo en Nueva York. Al menos eso es lo que nos dijo uno de nuestros hombres antes de chocar.

—¿En qué zona? ¿Dónde? — Renee empezó a temblar.

—Tribeca — la mujer cogió aire.

—Mi… mi hija. ¡Ahí trabajaba mi hija! Era… ella es policía, señor. Tenemos… tenemos que intentar y por ellos.

—¡No sabemos si esos supervivientes siguen con vida! — espetó el Mayor —. La entiendo, señora… pero no podemos arriesgar la vida de una docena de hombres intentando salvar una utopía — Renee negó.

—¡No! Estoy segura de que Bella está allí, si hay supervivientes ella es uno de ellos.

—Señora, lo que importa es el aquí y ahora — dijo con gesto serio pero comprensivo —. Deme pruebas de que esas personas siguen ahí e intentaremos hacer todo lo posible por ellos. De momento, le pido y le ruego que me ayude. Tenemos que hacer de Forks el principal refugio de supervivientes de Estados Unidos. ¿Podrá hacerlo?

·

·

·

Estaba mareado.

Oh, Dios mío, ¿dónde demonios estaba mi maldito eje de gravedad?

Estaba peor que aquella noche en la que celebramos el cumpleaños número treinta de Jasper. ¿O la noche en la que cogí aquel melocotón* tan grande fue cuando cumplió los veintinueve? Como fuera, esa noche eché por mi cuerpecito hasta la primera papilla que me dio mi santa madre. Que me jodieran vivo, pero prefería mil veces esa maldita resaca a estar pasando por esto.

Aunque en realidad podía jurar que no sabía qué era exactamente lo que me estaba pasando.

Creo que mi consciencia iba y venía como le daba la puta gana porque oía al preso de los cojones gritar como una niña histérica a través del walkie. ¿Qué hacía sin los guantes anti corte? Y lo peor de todo, ¿por qué sus manos estaban completamente cubiertas de sangre? De lo último que tenía un recuerdo más o menos lúcido era de cuando descubrí la cara de la soldado Denali… y del grito que pegó Black haciendo que nos oyeran hasta en Singapur… si es que allí quedaba alguien aún. Alguien vivo, obvio.

Dolor.

Escozor.

Quemazón.

Tampoco recuerdo cómo llegué al coche, lo que sí recuerdo es que la sangre se extendía en el interior hasta llegar a las maltratadas alfombrillas. A parte de lo mío, había pasado algo, algo muy malo. Oh, malo de cojones. Black hablaba de heridos. Plural. ¿Habrían cogido también a Quil? ¿Le habrían mordido? ¿Y a mí? ¿Qué demonios me habían hecho? No sabía si en el tiroteo una bala despistada se chocó contra mí… o simplemente si me habían mordido.

De ser así era una mierda, estaba jodido. Estaba muerto. Caducado. Caput, joder.

Sí, debían haberme mordido porque mi cabeza era un completo caos. No, nada de imágenes de toda mi vida pasando a toda velocidad a modo de película ni bla, bla, bla… Lo único que ocupaban mi mente y mi cuerpo era mi poli. Por dejarla sola y, sobre todo, por no haber aprovechado más estos últimos días con ellas.

—Black… no dejes que me convierta, ¡coño! — me quejé. Entre derrapes y baches provocados por cuerpos destrozados el tío me miró como si fuera verde; vale, bien… quizás no me quedaba mucho tiempo para que mi piel adquiriera ese color.

—¡No me jodas en estos momentos, Edward! No te vas a convertir en nada, por el puto cielo.

Me agarré al salpicadero. Creo que grité.

Me cago en la hostia puta, como dolía la condenada herida.

—Ya llegamos, Edward. Ya llegamos, aguanta por lo que más quieras.

Cerré los ojos y me dejé llevar de nuevo por la inconsciencia, era más fácil y más llevadero. Que pasara lo que tuviera que pasar; no sabía si creerme las palabras de Black. Estaba seguro que al menos uno de esos hijos de puta podridos se me había echado encima. Si me había clavado los dientes sonrisa Profident ya no había vuelta atrás, sólo quería ver esa cara de mala hostia enmarcada por su pelo marrón y esos ojos marrones que me volvían un poquito más loco.

Un giro excesivo hizo que me empotrara contra la puerta del copiloto; daba igual, como si no llevara ya suficientes hostias en mi cuerpo.

Los siguientes minutos fueron borrosos para mí.

Revuelo. Gritos.

Pisadas de gente corriendo, yendo y viniendo.

Y ese dolor que me hacía aullar.

Bella.

Bella estaba gritando, dando órdenes.

Gruñí cuando alguien me cogió bajo los hombros para sacarme de mi montón de chatarra.

—¡Que no le toque nadie! ¡Fuera todo el mundo, joder! — parpadee hasta abrir los ojos y ver una melena rubia y una mascarilla.

—Oh, no… no te acerques, no vaya a ser que me de por… por morderte…

—¿Qué ha pasado? ¿Qué tipo de heridas tiene? Si le han mordido…

—Ni de coña, tía —espetó Black —. Son quemaduras, al bombero casi lo fríen —intenté fruncir el ceño.

—¿No… no me han mordido? — alguien me estaba desgarrando la camiseta con algo metálico.

—Parece ser que no. Tranquilo, machote… esos abdominales que estoy viendo no se pudrirán, que no nos prive el cielo de estas vistas, ¿eh? Tenemos que subirlo arriba, ¿me ayudáis, chicos?

De repente noté cómo mi cuerpo se elevaba del suelo sin tener que hacer el mínimo esfuerzo. Quemaduras, mierda. Su puta madre, cómo dolían las cabronas. Si me quedaba algún consuelo era que no me merendaría a ninguno de mis compañeros.

La llegada a la enfermería fue otro cantar.

Quien coño me llevara a cuestas me echó sobre la camilla con la delicadeza de una hostia en la cara con la mano bien abierta. Creo que me cagué muy sutilmente en algún familiar suyo, aunque no lo pueda recordar estoy seguro de que lancé por mi boquita alguna de mis finas perlas.

—¡Con más cuidado, joder! — espetó la doctora —. Os quiero a todos fuera. ¡Ya! Bella, Black… quedaos conmigo por si necesito ayuda. Los demás que se ocupen de la niña, que le den el antibiótico ya.

—¿Bella? ¿Está…está aquí? No…, joder, Bella no… — gemí —, no quiero que me vea así.

—¿Así cómo? ¿Llorando como una nena?

—Quil ha muerto — murmuré. No sé por qué lo dije, pero ahí lo dejé. Supongo que tenía miedo.

—Lo sabemos y lo sentimos — intenté aclarar mi mirada. A duras penas lo conseguí aunque el esfuerzo mereció la pena; pude ver a Bella, a mi poli, a escasos centímetros de mi cara. Sin duda estaba en el jodido cielo —. Tú te quedas con nosotros como que me llamo Isabella Marie Swan, ¿entendido?

No pude contestar porque rápidamente me colocaron boca abajo no sin pocos dolores. Los próximos minutos fueron un verdadero suplicio para mí y mi castigado cuerpo; sentía frío, calor, sudor, ganas de vomitar. Todo junto. Ah, y estaba mareado, el puto no se iba ni queriendo. Sólo era capaz de oír algunas palabras sueltas de la conversación que mis compañeros estaban teniendo. Quemaduras de segundo grado, vías con suero, gasas húmedas… hasta que casi sin querer caí rendido en esa incómoda camilla, no sé si por el cansancio, por los medicamentos o por qué mierda, pero no me enteré de mucho más.

No sé cuánto tiempo pasó,

Mi cuerpo flotaba. No literalmente, si no estaría jodido. ¿Estaba drogado? Mierda, por lo más sagrado, pues claro que sí. Intenté mover el cuello sólo para darme cuenta de que aún seguía boca abajo y que mis cervicales dolían como la vida entera. Bueno, me dolían hasta las uñas de los pies, pero gracias a lo que fuera que estuviera pasando por mi torrente sanguíneo me sentía como un corcho. Traspasado por un millar de agujas, evidentemente.

Parpadee hasta abrir los ojos completamente.

La primera persona a la que vi no fue exactamente la que esperaba.

—Hey, tío…— la voz de Black me devolvió parcialmente al mundo de los conscientes —. ¿Cómo estás?

—Como la mierda — murmuré intentando incorporarme.

—Yo que tú no haría eso. Tienes la espalda como un bistec de ternera a la barbacoa. No te muevas o las gasas húmedas te molestarán — dijo un poco más serio.

—Mierda. ¿Qué… qué pasó? ¿Cómo es que estoy aquí y no en el estómago de alguno de esos cabrones?

—Ni yo mismo lo sé, bombero. De un momento a otro todo se fue a tomar por el culo. Esa tía disparando a diestro y siniestro, tú que no te quedabas atrás, los infectados a la parrilla… y luego el disparo de Quil. La bala le alcanzó el cuello, creo que ahí me perdí — lo miré a los ojos como pude —. Los cabrones se debieron de poner ansiosos por el olor de la sangre frescas, no sé… porque en apenas unos segundos los tenías encima. No te mordieron porque ni Dios ni mi arma quisieron, Edward. Tómatelo como una alineación de planetas o un milagro, yo que sé. Aunque no logré salvarte del todo. Joder, éramos tres y volvemos uno y medio — tuve que reírme por sus palabras a pesar del latigazo de dolor que eso me provocó.

—¿Es muy chungo lo que tengo? — el preso se lo pensó largo y tendido.

—Un poco — murmuró —. Estarás fuera de combate, eso seguro. Tienes que estar hidratado y esperar pacientemente a que esa piel se regenere. Si estuviéramos en un hospital todo sería más fácil, pero… — cerré los ojos con fuerza.

—Lo que me faltaba, ser un estorbo.

—No vas a ser un estorbo, gilipollas. Además, yo que tú me aprovecharía de los cuidados médicos que vas a recibir. Ya me entiendes — su boca deformada me dedicó una sonrisa que pretendía ser pícara.

—No, gracias. La doctora mala hostia no es mi tipo. Aunque suene raro las rubias no me van — dije con ironía.

—No me refiero a la rubia, ella ya está pillada… créeme. Te estoy hablando de la poli.

—¿Bella?

—¿Acaso conoces a otra poli que conviva con nosotros y por la que suspires corazoncitos rojos? — puse los ojos en blanco —. La tía se ha tirado aquí toda la noche velándote. He tenido que despegarla de la silla para hacer el relevo — parpadee confuso.

—¿Ella? ¿Toda la noche? ¿Pero qué puta hora es?

—Creí que dejamos claro que nada de jaleo en…— la voz de Bella se perdió en la enfermería. Sólo se pudo escuchar la puerta chocándose contra la pared.

Ah… ahí estaba mi poli mala…

—¿Cuándo se ha despertado? ¿Y por qué no nos has avisado antes? — preguntó al preso. Tenía ojeras, el ceño fruncido, una coleta mal hecha y un cabreo como el demonio pero aún así me pareció la mujer más perfecta del mundo. Hostia puta, me estaba convirtiendo en un sentimental de mierda.

— Se acaba de despertar ahora mismo, tronca. Estábamos teniendo una necesaria conversación entre hombres. Relájate un poco o te saldrán arrugas prematuras.

—No tengo el coño para ruidos, Black. Tenemos a un herido aquí presente, a una bebé enferma y para colmo acabamos de sacar por la puerta de atrás el cadáver amortajado y descabezado de uno de los nuestros — suspiró —, es demasiado — dijo en un susurro. Vi cómo mi amigo le ponía la mano sobre el hombro con un gesto de comprensión en la cara.

—Lo sé, tía… pero así están las cosas. Nadie, nadie tiene la culpa de lo que nos está tocando vivir — ella asintió.

—Lo… lo siento mucho, preso — murmuró —, para ti tampoco ha tenido que ser fácil.

—No, claro que no lo ha sido… pero ya no se puede hacer nada. Sólo nos queda sacar lo bueno y eso es que, al menos, sabemos que nadie nos va a apuntar a la nuca a la menor de cambio. Un malo menos — el tipo suspiró —. Os dejo, creo que no me vendría nada mal descansar un poco.

Mi amigo salió de la habitación sin darnos tiempo a réplica alguna. Bella miró mi cuerpo con detenimiento; a juzgar por sus gestos no estaba en mi momento más atractivo. Bueno, pues a tomar por el culo el sex appeal.

—¿Te pregunto cómo te encuentras o lo dejamos para más tarde? — sonreí a duras penas. Esas eran las primeras palabras que me dirigía en días.

—Mejor lo dejamos para luego — cogió el taburete y se sentó quedando casi cara a cara conmigo.

—Eres un maldito cabrón, Edward. ¿Lo sabías? — espetó. Pues sí que empezábamos bien —. ¿Cómo… por qué? ¡Ah, Dios! Si no estuvieras convaleciente en esa puta camilla yo misma haría que te tuvieran que pegar los huevos al cuerpo después de habértelos arrancado — su boquita de piñón era de lo más fino que pululaba por estos lares, sin duda alguna —. ¡Te podían haber mordido! Podrías… oh, podrías haber muerto quemado a lo bonzo delante de una puta farmacia y todo por hacerte el héroe y matar a ese tipo, tipa o lo que coño fuera.

—Tenía que hacerlo, Bella — me defendí.

—¡Y una mierda como una catedral! Tenías que coger unos putos medicamentos y volver con toda tu maldita piel pegada al cuerpo. ¿Tan remotamente difícil era eso?

—Pues sí, me resultaba jodidamente difícil — alcé un poco más la cabeza obviando el dolor de cuello que la postura me provocaba —. Era dejar viva a la persona que te apuntó con un subfusil con la idea de matarte. No podría haberme perdonado la idea de no vengar tu disparo teniendo la oportunidad en la palma de mi mano — su gesto se ablandó. Poco, pero lo hizo.

—Pero no a costa de tu vida.

—Ahora somos hormigas, Bella. Los infectados son los pies gigantes que amenazan con pisarnos en cualquier momento. Esa militar directamente era un spray contra insectos. Jodida mierda, Bella… ¡te disparó! Te disparó y tú pretendías que no hiciera nada al respecto — negué efusivamente —. No, ni lo sueñes. Ni de coña.

Bella se levantó y me dio la espalda. No me dijo nada, solo silencio hasta que empezaron a sonar unos hipidos. Oh, no…

—Bella — susurré —, Bella, ¿no estarás…?

Se giró dejándome ver sus ojos enrojecidos. Pues sí, como mucho me temía, estaba llorando.

—No debiste hacerlo. Me disparó, ¿y qué? Estoy bien —sollozó —, en cambio tú… ¡Mira cómo estás?

—No… no es tan malo como parece. Estoy bien.

—¡No! No lo estás. Tú no puedes verte las heridas, pero yo sí. Apuesto a que si no tuvieras toneladas de calmantes y analgésicos en la vía estarías retorciéndote de dolor — buen punto, porque a pesar de las drogas esto empezaba a doler como su puto padre.

—Bella…

—¡Ni Bella ni hostias! — se pasó la mano por la coleta —. Hemos… acabamos de despedir a Quil. Apenas habíamos intercambiado tres frases seguidas y estoy como la mierda por haberle dejado en el callejón de atrás a modo de entierro. Ya no nos queda ni tan siquiera una muerte digna. Y si hubieras sido tú, ¿eh? ¿Y si hubieras sido tú al que apenas hace media hora hemos enrollado en una sábana y…? — negó con la cabeza antes de terminar la frase —. No… simplemente, no.

Me quedé sin palabras.

¿Esto se trataba de una declaración de intenciones o simplemente era la madre de todas las broncas provocadas por un ataque de histeria?

—¿Qué… qué pasa, Bella? — me miró con la cara completamente húmeda por las lágrimas. Sin tan sólo pudiera alargar el brazo y apartarlas lejos de ella…

—Pues pasa que ya hemos perdido a dos de los nuestros y de momento estoy lidiando con ello como puedo… pero no podría haberlo hecho si uno de ellos hubieras sido tú. Es cruel por mi parte, lo sé. Pero es así, ¿no lo entiendes? — me espetó —. Te has vuelto tan malditamente imprescindible para mí que no soportaría la idea de perderte. No. A ti también no…

Por la madre del cordero, no podía estar tan dopado como para imaginarme lo que Bella me estaba diciendo, ¿o sí?

—¿Qué quieres decir?

—Quiero decir que me he enamorado de un gilipollas como tú. De hecho, el mayor gilipollas que pueda quedar en todo el jodido mundo. Eso es lo que quiero decir — suspiró cogiendo una gran bocanada de aire. No pude evitar sonreír —. ¡Y no pongas esa sonrisa prepotente en tus labios! ¡Ah! — gritó.

—Ven, anda… acércate — se cruzó de brazos e hizo un mohín muy gracioso con los labios.

—Te mataría a collejas si no es porque estás como estás.

—No, no es verdad… acércate, por favor…

Poco a poco se acercó a mí; estaba enfadada y a la vez no. Era gracioso o al menos eso me parecía a mí. Gracioso, enternecedor y una fuente de alegría para este presente bombero.

Alcé el brazo y cogí un mechón suelto de su coleta. Su gesto se suavizó, se sentó en el taburete y me miró con una expresión que no había visto en ella jamás.

—No vuelvas a hacer eso, ¿vale? No vuelvas a ponerte en peligro porque si no te matan los de ahí fuera lo haré yo misma, ¿entendido? — sonreí —. Ya he perdido a bastante gente, juro que no quiero perderte a ti también.

—No. No lo harás. Si algún día vienen a rescatarnos te prometo que tendrán que separarme de ti con una ganzúa — sonrió —. ¿Por qué no le haces un favor a este indefenso enfermo y me besas de una puta vez?

No me dijo nada, simplemente se acercó a mis labios y juntó nuestras anatomías haciéndome el hombre más feliz del mundo. Sus labios carnosos eran el mejor manjar del mundo y su lengua mala, como ella, hicieron que los dedos de los pies bailaran como Pedro Picapiedra conduciendo el rocoauto.

¿Apocalipsis? ¡Y una mierda! Yo ahora mismo me encontraba en el mismísimo cielo. No había zombis, ni hambre, frío o penurias. Sólo éramos ella y yo.

Y que se jodiera el resto.


Siento muchísimo este retraso en las actualizaciones, espero volver a hacerlo con la asiduidad de antes. ¿Qué os ha parecido el capítulo? ¿Y la relación del Fireman y la Poli?

Muchísimas gracias por todos vuestros comentarios

Amorgen Lestrange, Marie Sellory, Marie Mars, Soledadcullen, ALEXANDRACAST, Laura Katherine, Isakristen, Mary28Cullen, Guest, Aryam Shields Masen, MCRG, Esmeraldamr, Anisa Eliana, Muse3841, Tecupi, Alex Karc, Maeenma, Nathy Cullen Black, Ine Flores M, Karen McCarthy, Luliluar45, Manligrez, Estelaa, Nadiia16, Lily Len, Bethany Cullen H, Emmet McCartys angel, Divertido, ZAVACULLEN, Lore562, Caresgar26, Evelyn Sarango, Deboracha, Gatita Swan, EriM, Amesthys, Soles, Nyx 88, LunaS Purple, Lovelove13, Piainzunza Ashleyswan. LauraGarcia, Bellaen3D2, Solecitopucheta, Yayi, Lory24, Luavigut, Vanes, EMLIZABETH CULLEN, AnabellaCS, Maryta lozano e, Bitah, Andreita correa, Angiie Malfoy Vulturi, NAIARA23, Orisweetcullen, Miss jessygirls, PottericaTwilighterVictoria, Ettena, Vany, Vallery Brandon, Romiina R, Bella Nympha, Vtzaa Cullen, Darkmoonkari, LizzieSwanFerrell, Dragondefuego, CarolFernandez, Lokaxtv, Analiaapocaliptica 2012, Dayana ramirez, Karlita carrillo, Monikako2010, EmilyLuchia, Ysliomir, Cassiel Lightwood, Kimjim, Camila, Masilobe, Arianna, Raquelvs, Laury D, Megankvdw, Ryomahellsing, Mery, Laur todos aquellos lectores anónimos.

Espero que el capítulo haya sido de vuestro agrado! Podéis encontrarme en Facebook, Twitter e Instagram, ahí pongo adelantitos, como ya sabéis. Nos leemos pronto, un besote a todos!