Hola, gracias a todos por dejarme sus comentarios, me hacen increíblemente feliz, aquí les dejo otro cap de esta historia, amo terriblemente este anime y no voy a superar a esta pareja jaja.

Ya saben, los personajes no me pertenecen, todos los derechos a sus respectivos dueños, espero les guste y me dejen reviews. Gracias y felices fiestas.

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Cerró los ojos unos segundos, el sueño se había disipado desde hace horas, sabía que no era bueno ya que por la mañana se sentiría distraído y con un dolor de cabeza pero no podía dejar su mente en blanco.

Aun sentía como el corazón latía deprisa a demás de que la boca del estomago le molestaba bastante. Fue una loca idea la de ir de turistas por el lugar, jamás pensó que Yuri se calmaría con ese tipo de actividades, pero se divirtieron visitando lugares emblemáticos y visitando las diferentes tiendas.

Victor se revolvió el cabello con desesperación, estaba feliz de haber podido ver los ojos de Yuri brillando de nuevo, sintió como sus mejillas adquirían color solo de recordarlo. El japonés solía hacer eso cuando buscaba algo y se sintió aun mas abrumado cuando lo arrastro a la joyería.

Infinidad de cosas y su pupilo decidió tomar un par de anillos, alianzas para ellos. Sintió como si en verdad ambos se estuvieran comprometiendo al entregárselos y cuando vio brillar esa joya en su dedo se sintió más feliz de lo que jamás se había sentido. Tenía algo irremplazable y estaba seguro que jamás se lo quitaría, lo tendría en su dedo por toda la vida.

Cuando vio el mismo brillo en la mano de Yuuri sintió una inmensa emoción, además de que recordó como todos se tomaron la noticia en la cena, parecía que no les molestaba ni les asombraba ni por un segundo el hecho de que ellos pudieran estar juntos.

-¿Victor…?- la voz del joven japonés le hizo girar sobre su cuerpo, acomodándose sobre su brazo derecho, los ojos de ambos se conectaron y ambos se contagiaron una dulce sonrisa. A pesar de estar acostumbrado a la presencia de su pupilo esta vez se sentía algo ansioso; no sabía muy bien qué hacer.

No quería incomodar a Yuuri, ni quería que esa atmosfera se rompiera por hacer algún comentario o movimiento inadecuado. Así que se quedo callado, aguardando a que el otro volviera a hablar, mirándolo fijamente intentando transmitirle las emociones que se habían apoderado de él desde el momento en que Yuuri le había tomado de la muñeca y le había colocado ese anillo en su dedo.

-Lamento que… que en la cena todos hayan hecho esos comentarios, Pichti suele dejarse llevar- le dijo sonriéndole de manera nerviosa.

- No me incomodo, me pareció algo muy tierno saber que tienes un amigo que te apoyaría pase lo que pase- respondió Victor aun sin apartar sus ojos azules del cuerpo del patinador japonés.

Un leve sonrojo volvo a aparecer en las mejillas de Yuuri, sintió que su corazón saltaba al escuchar que no le había incomodado todo ese malentendido, le hizo sentir que tal vez a Victor no le molestaba que le relacionaran con el de manera romántica.

-Voy a ganar mañana - murmuro el pelinegro poniendo un semblante serio aun con sus mejillas carmín. Estaba agradecido por todo lo que Victor le había dado, le ayudo a volver a ponerse de pie, a no abandonar su sueño, no quería decepcionarlo, daría todo lo que tenia y aun mas para llegar a portar la medalla de oro, quería demostrarle a todo el mundo que él podía lógralo, quería que todo supieran que Victor le había hecho cambiar, lo había transformado en alguien más seguro, más sensual, más valiente.

Quería que su entrenador supiera que desde que era un chiquillo se quedo prendado de su figura, que le admiraba en todos los sentidos y que le agradecía haberse tomado un tiempo para entrenarlo. Porque esos ocho meses habían sido lo más emocionante y maravilloso que había experimentado. Solo por tener a Victor a su lado.

-Lo sé Yuuri- respondió el ruso, sonriéndole lleno de confianza. Claro que sabía que su pupilo ganaría, conquistaría los corazones de todos como hace tiempo conquisto el suyo, cuando se colgó a su cuello y con esos enormes ojos brillantes le pidió que se volviera su entrenador. Desde ese momento Victor Nikiforov supo que jamás apartaría su mirada de Yuuri, por que jamás en toda su vida había visto algo tan hermoso como ese pequeño chico de ojos amables y dulce sonrisa.

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